Capítulo 14: Blame

"Revela la cicatriz"


—Sus palabras exactas —reafirmó Kurt, luego de haber pedido unas magdalena al camarero—. No creo ser gay.

Estaban en la cafetería cerca del centro comercial. A su lado Justin bebía su café con expresión pensativa.

—¿Y? —preguntó el mayor—. ¿Cuál es el problema?

Kurt se asombró. Había estado hablando por correo electrónico con el guitarrista desde su primera visita al Lolita y, si bien todavía le impresionaba su alta estatura y anchos hombros, le gustaba hablarle. Acostumbrado a tratar con otros jóvenes gracias a su página en facebook, Justin era un excelente oyente. Muchas cosas él mismo no entendía, pero no le molestaba que se las explicaran. Si bien ellos dos eran radicalmente diferentes, Kurt encontraba fácil sincerársele, seguro de que siempre oiría una voz razonable contestándole. Casi sin pretenderlo se había enterado de su propia historia y sentía una indefinible simpatía por ella. El falso enamoramiento de Alice cuando eran adolescentes y vivían en el mismo edificio de departamentos. Su intento por conquistarla hasta que ella misma le dijo que era lesbiana y él se dio cuenta de que no lo lamentaba mucho. Aceptación de que, de hecho, ninguna chica le gustaba cuando se imaginaba con ella y sí imaginarse con hombres. Relaciones fallidas hasta que se hizo amigo de Albert en un concierto de Korn y el año entero que tuvo que pasar hasta que se sinceró y le dijo que estaba enamorado de él. Dos años y contando...

Pero esa no era la respuesta que Kurt esperaba.

—El problema —dijo— es que un segundo me está besando, me dice que quiere salir conmigo ¿y al siguiente no sabe que es gay? ¿Qué se supone que debo interpretar de todo eso?

—Está experimentando entonces —afirmó Justin relajadamente, apoyando un codo en la mesa—. Siempre es mejor hacerlo con amigos. Uno puede tener una idea de qué esperar y atenerse a ello.

—No me gusta —replicó Kurt—. ¿Significa que si un día decide dejar de experimentar conmigo yo sólo debo aceptarlo? ¿"Gracias por hacer que me enamorara de ti, ahora vuelve a la senda hetero en paz"?

Había elevado la voz sin quererlo, imprimiéndole mayor ironía.

—No, no —dijo Justin negando con la cabeza. Paciencia, su mayor virtud—. Como yo lo veo, pasa esto: este chico está interesado en ti. Que tú sepas nunca se ha interesado en otro chico. Más aun, confía en ti. En otras palabras, te está dando permiso para que lo convenzas de que lo mejor es estar contigo. Aprovéchalo y deja los enredos mentales para después, para cuando haya verdadero peligro.

Por un largo rato Kurt permaneció en silencio, masticando esa respuesta sin acabar de digerirla. Le trajeron la magdalena pero se le había quitado el hambre. Suspiró haciendo a un lado el pequeño plato.

—No entiendo por qué debe ser tan complicado —dijo arreglándose un mechón de cabello; un movimiento para simular su deseo de retraerse sobre sí mismo—. Uno es o no lo es. Sinceramente no comprendo ese empeño en negarlo.

—Lo que pasa es que no es lo mismo nacer sabiendo, o siquiera intuyéndolo, que crecer y que te aparezca algo que te hace replantearte todo —dijo Justin tomando un sorbo de café—. En un caso es la gente la que trata de confundirte, en el otro tú eres el confundido. Tienes suerte de que todo esto esté pasando mientras aun son jóvenes. Luego se vuelve más complicado el asunto, porque uno ya tiene su vida hecha y es difícil cambiar las cosas.

—No me siento afortunado —comentó el muchacho, apoyando su mentón en una mano. Dejó pasar un momento antes de agregar—: Entiendo lo que dices, de verdad, pero temo que cualquier día sienta deseos de ir tras una chica y de repente se de cuenta de que lo nuestro fue un total error —Desvió la mirada, impotente—. Listo, lo dije. No quiero que me desechen como pañuelo usado. Demándame por tener sentimientos.

—Kurt, si hablas por temor de ser abandonado, da igual a qué acera vaya. Lo mismo da mujer u hombre. Si te pone los cuernos será porque es un cabrón mentiroso, no porque resulte hetero —Justin tomó otro sorbo en tanto Kurt esbozaba lo que llamaba su cara pasmada.

No importaba cuántas veces llevaran hablando, todavía le impresionaba su manera rotunda de ver las cosas y la manera en que, lo que a él le parecía tan grande, podía reducirlo en un frase que casi como por obligación incluía una palabrota. Cuando le habló de los abusadores en su escuela, de la manera en que percibía a la gente susurrar a sus espaldas cuando andaba por los pasillos con uno de sus más fabulosos diseños (de esos que median entre de "chica bonita" y "chico bonito"), lo único que tuvo por decirle fue "todo mundo está jodido. Más jodidos se ponen cuando se dan con algo que no lo está y resulta que no es como ellos". Lo que básicamente era lo mismo que Kurt siempre había pensado, pero, de alguna forma, logró confortarlo. Tal vez el mero hecho de que fuera mayor le daba más credibilidad a sus palabras. No lo bastante viejo para olvidar ser joven ni lo bastante joven para ser inmaduro.

—Supongo que tienes razón —admitió casi a regañadientes, revolviendo distraído su café—. ¿Entonces qué me sugieres que haga?

—Métete en sus pantalones.

Kurt por poco derramó su café encima. Su cara, perfecto tomate.

—¿Perdona? —prácticamente chilló. Vio la sonrisa de Justin y frunció el ceño—. No fue gracioso.

—Vale —aceptó alzando sus manos, pero sin dejar de reírse un poco—. Lo que quiero decir es que lo intentes y mira adónde te lleva. No te digo que seguirán el ejemplo de Elton John, pero hey ¿qué tienes que perder?

Obviamente Justin trataba de imprimirle optimismo, pero esa era una pregunta que Kurt ya se había planteado anteriormente y no le veía nada bueno.

—¿Qué te parecen mi dignidad, mi amor propio, mi tiempo y mi fe en la bondad de los chicos hetero?

Justin casi, casi hizo girar sus ojos. Su extraño sentido de la delicadeza -que, de nuevo, no le impedía llegar a ser provocador- fue lo único que se lo impidió. Kurt lo percibió claramente en el modo en que por un momento subió las cejas, y se decidió a escuchar lo que le dijera. Ya qué. No tenía de otra ya que él lo invitó sólo para oírle.

—Lo plantearé de otro modo —dijo Justin, mirándole seriamente—. ¿Te gusta el chico? Sal con él. ¿No funcionó? Bueno, al menos lo habrás intentado y dado tu mejor esfuerzo. Con eso yo estaría satisfecho. Rompiéndote la cabeza con "quizá" o "tal vez" no irás a ninguna parte, así de simple.

Kurt bajó la vista. Alisó el largo de su blusa que llegaba hasta su regazo y, pasado un tiempo, suspiró. De pronto pensó que llevaba demasiados suspiros encima.

—De acuerdo, entendí el punto —dijo y se encogió de hombros. Por alguna razón, una sonrisa se coló en su rostro—. Le daré una oportunidad.

Kurt no tenía problemas con decir que era gay. Después de su intento fallido por ser "uno de los chicos" y salir con Brittany había decidido que tanto trabajo no merecía la pena. Estaba feliz y satisfecho con quien era, y no dejaría nunca de pensarlo. Sin embargo...

Sin embargo el corazón le latía a mil por hora mientras caminaba por el pasillo, las manos aferradas a su bolso sudaban y a cada paso que daba parecía volverse más sordo al mundo entero. Sólo podía ver una camisa azul, pantalones jean y cabello negro. A lo mejor algo así sentían los sentenciados a muerte caminando hasta la horca. Un paso más hacia lo inevitable. Lo peor, la esperanza de que la cuerda se rompiera o la trampilla bajo sus pies no funcionara. Cuando llegó vio por un momento que Mike revisaba el contenido de su mochila y le pareció, en ese momento, tonto dudar de él. Mike, gay o no, no iba a ahorcarlo. Eso sería absurdo.

—Buenos días —dijo con entusiasmo, balanceando sus pies.

Mike lo miró y sonrió.

—Hey —y continuó guardando sus cosas.

"De acuerdo, ahora o nunca" pensó Kurt e inspiró profundamente por la nariz.

—Tengo una pequeña duda existencial, Mike, y sería genial que me la aclararas.

—¿Ah, sí? Dime.

—¿Te molesta... de alguna forma que la gente sepa que somos novios? Sé que besarnos en paz en cada esquina y tomarnos de la mano cuando queramos es meramente utópico, al menos por ahora, pero está bien en sitios seguros como el coro, ¿cierto?

Esa era la prueba que Kurt necesitaba. Podía aceptar que tuviera que abstenerse de ciertas cosas (los constantes empujones de Karofsky ya eran bastante estresantes sin darle una razón), siempre y cuando supiera que Mike era capaz de aceptar abiertamente lo que tenían en un ambiente seguro. Si no podía dentro del club Glee, donde todos eran aceptados, no lo haría en ningún lado. Y aunque le doliera en el alma, Kurt sabría que nada de lo suyo tenía sentido.

Mike hizo ese gesto, ese gesto pensativo, sólo por un segundo, y se encogió de hombros.

—Claro, me parece bien. Nadie se va a meter con nosotros ahí.

Nosotros. La palabra alegró a Kurt, haciendo imposible de creer que hubiera tenido miedo antes. Ni siquiera parecía que el asunto hubiera consumido la cabeza de Mike la mitad que a él, es decir, no tenía problema con su relación.

—Fantástico —dijo, en paz de nuevo—. Entonces supongo que nos veremos ahí después de clases.

—Espera un momento —dijo Mike acabando con sus útiles y cerrando el casillero—. Hay algo que quiero mostrarte.

—¿Un regalo? —inquirió Kurt, ilusionado.

—No —respondió Mika, ahora preocupado—. ¿Por qué? ¿Debería darte algo? No me digas que olvidé una fiesta importante.

Su turbación era tan genuina que, aunque realmente se hubiera olvidado de algo, Kurt se lo hubiera perdonado.

—No, no. Disculpa, fue sólo lo que asumí.

—Ah —liberó Mike y sus hombros se relajaron—. Pues no exactamente pero espero igual que te guste. Sígueme.

Kurt, como no, lo hizo. Llegaron hasta el baño de chicos más cercano y esperaron en silencio (Kurt intuyó que así debía ser) a que el único otro estudiante presente acabara sus asuntos en unos de los cubículos. Apenas se fue, quedaron completamente solos. Kurt dejó de arreglarse el cabello y se enfrentó al asiático.

—Muy bien, ¿cuál es el...?

De nuevo lo estaba besando, sin dejarle terminar la frase, pero fue muy diferente a la primera vez. A Kurt le estremeció el pensamiento pero había ahí un hambre contenida, insaciable, que buscaba satisfacerse de nada más que su boca, sus labios y ("Oh Dios mío, me quedo sin aire") su lengua. Era tan seguro y pasional que por un momento sintió miedo de lo que iba a pasarle. Había tenido erecciones, desde luego, pero no enfrente de otro y ciertamente jamás por un beso. La sangre estaba hinchándole abajo y calentando su rostro de una manera totalmente nueva para él. Pero no podía separarse, por temor a herirle, del mismo modo que no podía responder tan bien como quisiera. Sencillamente no sabía bien qué hacer, aunque de algo no tenía duda. Confuso y abrumador, el beso parecía ser mucho más que eso y, juntando su poca experiencia con el deseo carnal, sabía que se sentía bien. De modo que trató de acoplarse de la mejor manera a la boca y de alguna forma imitar sus movimientos. El contacto de lengua (directo, buscado, ¿deseado?) fue el acabóse. No podía resistirlo más.

Se alejó sin aliento, sin voz, y se dio cuenta de que Mike le sostenía por la espalda del mismo modo que él se agarraba a la suya. No podía mirarlo. Necesitaba un tiempo para respirar, aclarar de nuevo su cabeza y (no podía creer que le pasara eso) esperar que el bulto en sus pantalones se calmara.

—Lo lamento —dijo apenado—. Soy nuevo en esto. Me tomará un tiempo acostumbrarme.

—Está bien —afirmó Mike, acariciándole la nuca, reconfortándole—. Me daban ganas de hacerlo desde ayer —Se inclinó hasta su oído y susurró—: Me pones bien caliente, ¿lo sabías? Acabo de darme cuenta. Sobretodo cuando te pones esos pantalones ajustados.

Kurt abrió los ojos más que cualquier pez globo. ¿Eso era una voz sexy? El tono bajo y ligeramente enronquecido. Debía serlo porque la cosa en sus pantalones -pantalones ajustados, para mayor información- así parecía creerlo.

—Bueeeeno —dijo elevando demasiado la voz, separándose por entero. Abrió la canilla y juntó un poco de agua en sus manos. Todo un balde de agua helada era lo que necesitaba pero habría que conformarse con empaparse la cara. Luego caminó apresuradamente hacia la salida, incapaz de verlo al otro—. Eso fue genial, increíble diría yo, pero llegaremos tarde a clase si no nos apresuramos. Nos vemos en Glee, ¿vale? Hasta luego.

—Kurt... —lo llamó Mike.

Con una voz tan intranquila que Kurt no habría podido resistir abandonarlo así. Después de todo Mike no había hecho nada malo. Se detuvo con una mano en la puerta y trató de dar una sonrisa.

—Lo lamento —repitió—. ¿Recuerdas lo que te dije sobre que ciertos gays aceptan el lado sexual de una relación antes que el romántico?

Mike parecía no entender la relación.

—Sí.

—Yo soy el opuesto. No tengo problemas con el romance pero lo otro, bueno, digamos que es algo a lo que no estoy habituado. Sólo te pido que tengas paciencia, ¿está bien?

Estaba desilusionado. Mike trató de disimularlo con un simple cabeceo, señal de que entendía, pero Kurt se daba cuenta. Se acercó de nuevo y le dio un beso en los labios. Sonrió.

—Que te diviertas en clase de álgebra.

—De acuerdo, chicos —dijo el profesor Schuester, una vez estuvieron todos los miembros—. Rachel nos va a presentar su trabajo para la semana pasada acerca de lo que ella considera expresarse. Rachel...

Así le fue cedida la palabra a la chica morena. No se adelantó de un salto, como era su costumbre, si no que se puso frente a todos a pasos pesados.

—En realidad, para este proyecto —comenzó suavemente—, quisiera hacer una presentación apropiada y para ello deberían pasar conmigo al auditorio. Los chicos de la banda ya están allá, así que…

Hizo un gesto de invitación hacia la puerta. Schuester la apoyó repitiéndolo, y pronto estuvieron en camino. En el lugar de su destino los chicos tomaron asiento cerca del escenario y Rachel subió por unos escalones hasta el centro del mismo. En efecto, detrás de ella, formados en semicírculo, los chicos de la banda esperaban.

—Originalmente tenía otra canción en mente para esta tarea, en referencia a la superación de mi angustia por la retirada de Finn —dijo la joven—. Sin embargo, se me ha hecho saber que tal elección podría no ser del todo apropiada así que tuve que cambiar todo mi enfoque. Esta canción es más una reafirmación que deseo mantener en el futuro. Sé que les encantará, como todo lo que hago... así que siéntense y disfruten.

—Seguridad no le falta —comentó Kate de manera apreciativa a la gótica a su lado.

Inclinada hacia adelante apoyaba los brazos en la cabecera del asiento frente a ella. Esa iba a ser sólo la segunda vez que viera a Rachel cantar un número entero.

—Le sobra como un tumor cancerígeno —acotó Tina suspirando—, ese es el problema.

La rubia se encogió de hombros sin molestarse en agregar más. Esa cualidad no le molestaba tanto, sobre todo cuando la persona no mentía acerca de su talento. Alice tampoco había sido un ejemplo de modestia.

—Si bien este no suele ser el género en el que me muevo —continuó explicando Rachel—, debo confesar que la letra fue lo que finalmente me hizo elegirla.

Movió la mano en dirección de los chicos de la banda. Primero el pianista, introduciendo notas suaves, casi solemnes. Rachel abrió su boca para no decir palabras. Era como una simple prueba para su garganta de lo alto que podía llegar. No, nunca mentía cuando decía que podía encantar con su voz. Talento tenía.

—The rebel inside. A mind of my own —entonó, alto y claro.

Kate se irguió de pronto, súbitamente asombrada. Sólo era el reconocimiento de una de sus bandas favoritas.

—Yo se lo recomendé —murmuró Kurt a Mike, en unos asientos algo apartados.

El joven de pelo castaño aprovechó el simple comentario para tomar la mano de Mike sobre su rodilla. Sentía la necesidad de tocarlo mientras escuchaba a su compañera y recordaba el por qué de la canción. Casi retrocedió cuando percibió que se tensaba pero, en lugar de hacerlo, apretó más firmemente.

—Si te hago sentir incómodo, sólo dilo —le susurró, apremiante.

—No, perdona —dijo Mike, negando con la cabeza. Le ofreció una sonrisa serena—. Está bien.

—¿Seguro? —preguntó Kurt. Aunque le dolía, tampoco quería obligarlo a hacer lo que no deseaba.

—Me sorprendiste, es todo —le respondió Mike, y para acabar de calmarlo giró su palma bajo la de Kurt y juntó sus dedos. Las miró con curiosidad—. Todavía me asombra que las tengas tan suaves. Más que las de mi madre.

Kurt sonrió, apoyándose un poco en su hombro.

—Nunca subestimes el poder de una buena crema humectante.

Finalizada la presentación de Rachel, los estudiantes comenzaron a despejar el auditorio. Kurt fue de los primeros en salir porque debía atender a un mensaje de su padre y Mike se dispuso a seguirle porque se suponía que el otro le llevaría a casa, ahorrándole una llamada a casa. Sin embargo, a medio camino, Puck le llamó con un gesto.

—Hey —dijo el del mohicano cuando el asiático se acercó.

—Déjame adivinar —se adelantó Mike, resignado—. Necesitas copiarte de mi tarea de español.

—Nah, ya tengo amenazado a un cerebrito para que la haga por mí —Le invitó a aproximarse moviendo la mano—. No está en nuestra clase pero si no lo hace bien, ya sabe lo que le espera.

Como para dar cuenta de sus músculos, agitó con indiferencia los anchos hombros bajo la chaqueta.

—Podrías habérmela pedido. Ya sabes que no me importa —le recordó Mike. Aunque en líneas generales Puck le agradara, nunca había visto el atractivo de mantener el estado de las cosas a puño limpio—. Yo no soy el que se las verá negras en el examen oral.

—¿Dónde estaría la parte divertida? —cuestionó su compañero y su rostro se volvió súbitamente serio—. Pero, oye, de eso no quería hablarte. Los vi. Me incliné para recoger una moneda y te vi tomado de la mano de Hummel. Sólo quería saber ¿están ustedes saliendo o él intentaba adivinar tu futuro?

Mike se quedó de piedra. Echó un vistazo a la puerta principal, donde Kurt, que lo esperaba, le devolvió una mirada interrogativa.

—Yo…—balbuceó al inicio. Al final asintió con la cabeza, tragándose su nerviosismo—. Sí, así es. Desde hace unos días.

Puck puso la misma cara que tenía durante las clases de matemáticas. De no entender nada.

—¿Desde cuándo eres gay? —cuestionó y abrió mucho los ojos—. No me digas que durante las duchas, tú…

—¿Qué? —preguntó Mike, aparentando inocencia—. ¿Si he visto el lunar en tu nalga izquierda?

Ahora parecía que Puck había comido algo podrido.

—Viejo…

Mike no se aguantó más. Echó a reír.

—Era broma, amigo. No eres mi tipo —Y ahí tuvo que reírse más porque Puck frunció el ceño, ofendido—. Lo siento. Es demasiado fácil. No puedo resistirlo.

—No me respondiste —objetó Puck. A un nerd que le hiciera bromas así ya le hubiera dado una paliza, pero tratándose de un miembro de su mismo equipo no había necesidad de ser tan estricto—. ¿De aquí a cuándo te van los chicos? Hemos visto las mismas revistas porno desde los trece años.

Mike se rascó la nuca. Ni él mismo lo sabía bien o no había pensado lo suficiente al respecto, pero la verdad era que no tenía una respuesta clara.

—No los chicos —especificó—. Sé que Kurt es el único que me ha interesado siempre.

—¿Por qué?

Se encogió de hombros.

—Me gusta su ropa —dijo pensando en sus pantalones ajustados, y esbozó una sonrisa sin darse cuenta. Pero más que la forma en que delineaban su figura perfectamente, le encantaba verlo usarla con confianza, cual modelo en su propio desfile. Eso era algo que siempre le había llamado la atención, incluso antes de que iniciara ese año— y es agradable estar con él.

—Basta, viejo. No quiero escuchar cursilerías —le espetó Puck levantando las manos—. Sólo para terminar de poner la cosa clara, ¿Kurt es el único que te interesa? ¿No vas a empezar a hacernos insinuaciones ni nada así, cierto?

Mike recordó una frase que había oído en una comedia. Los hombres hetero siempre temen que los gays los violen apenas se descuiden. No le había prestado atención en ese momento, pero ahora podía ver que no había salido de ningún lado. El desagrado de Finn por la insistencia de Kurt, aunque infantil, sí había tenido cierta razón de ser. No era difícil entender un no. Pero ahora, la revelación de que tal noción no necesitaba ni siquiera de una razón le causó un desconcierto que no supo identificar bien.

—No, sólo él —dijo sinceramente. No quería seguir esa conversación—. ¿Es todo?

—Sí, claro. Todo bien, viejo —aclaró—. Lo que la gente haga con su tiempo a solas es su problema. Nos vemos.

Le dio una palmada amistosa en el hombro y subió por el pasillo hasta la salida. Pasó al lado de Kurt dándole nada más que un gesto de despedida con la mano. Al poco rato Mike estaba con él.

—Nos vio —dijo el asiático de forma inmediata, dando un suspiro—. Tranquilo, no le importa mientras no intente volverlo gay a él también.

El cuerpo de Kurt, tenso ante la noticia, se relajó.

—Bueno, supongo que eso es algo positivo —dijo encogiéndose de hombros con resignación—. ¿Nos vamos?

—Sí, vamos.

Más adelante en el pasillo, aprovechando que ya eran los últimos en salir, fue Mike quien adelantó su mano para tomar la de Kurt.