Vive tus emociones

Vivir el dolor

—...

—Sí, continúo ¿Ya está interesado en mi historia no? Pues la continuación es mejor. No se preocupe, sólo hice una pausa dramática.

Poco tiempo pasó hasta que entró Koushiro, uno de los chicos con los que Yamato y yo compartíamos el baño –por donde entró-, vamos, los del otro lado de la habitación.

Koushiro es fascinante, nunca podré saber qué pasa por su mente. No es que me interese saber qué hay en su cabeza pero él siempre se adelanta a mis reacciones, parece comprender muy bien a todo el mundo.

Le gusta estar solo, a su bola. La verdad, ahí todos estábamos un poco a nuestra bola. Yamato más que gustarle estar solo parece no querer estar con nadie. Joe, el que comparte cuarto con Izzy –el apodo de Koushiro– se pasaba el día estudiando y recordándome que de seguir así no llegaré a nada en la vida. Qué pesado es, parece mi tutor.

Koushiro no sé muy bien a que anda, él solito podría ser protagonista de una película o un libro en el que todo le rodeara a él y a la vez no le afectara en absoluto, testigo mudo de las extrañas formas de vida de quienes le tratan. Yamato también podría ser protagonista de lo mismo, aunque en él si se centraría la acción, podría serlo si tuviera un trágico pasado o algo así que conmoviera a la gente y explicara su cambiante personalidad. Quizás lo tenga, no sé mucho de él. De Koushiro tampoco sé mucho, de su pasado y esas cosas. Definitivamente, a Joe, le tengo demasiado encasillado como para poder ser protagonista de alguna peli, recurrente secundario en todo caso.

Koushiro tiene la capacidad de aparecer cuando hay jaleo a solucionarlo, yo de formarlo y Yamato de desaparecer. Joe de estar a mil metros del jaleo. Joe es el típico niño estudioso y responsable, odio eso, pero es buena gente. Usted tiene pinta de haber sido así. Deje, no me lo cuente.

Bueno, volviendo a esa noche. Koushiro me miraba, daba miedo, parecía intentar leerme la mente e, incluso, conseguirlo. Tiene una mirada muy despierta este Koushiro, aunque muchas veces se abstrae del mundo y es tan despistado como yo. Se fija mucho en detalles que cualquiera pasaría por alto y le importan cosas raras por las que ningún chico de su edad tiene interés.

Todo un personaje.

Me cae bien, siempre me intenta ayudar con cosas de clase y tal, aunque yo paso mucho del tema.

Esto, a lo que iba. Al menos, si ha estado atento, ahora tiene una mejor idea de quienes son Joe, Yamato y Koushiro.

—¿Salió otra vez Yamato con alguna no? —me preguntó, quizás me notó raro.

—Y se llevó mi chaqueta —disimulé. Qué se creía, ¿qué iba a ser fácil descifrar mi mente?

Koushiro captó la indirecta. Se levantó a mirar por la ventana –su motivo tendría- y empezó a hablar, no sé de qué, no me acuerdo y creo que en ese momento tampoco le prestaba atención. Yo sólo le decía " claro" o "sí" o "tienes razón" de vez en cuando.

Me podía haber llamado de todo que no me iba a enterar. Sé que no lo hizo, buen tipo es Koushiro, sí que lo es.

Koushiro no da la impresión de tener una máscara como Yamato, tampoco de ser un ser tan estereotipado como Joe, se guarda muchas cosas para su inteligente mente pero tampoco va actuando contra su ser, ni siquiera para ocultar lo que guarda.

Creo que aún pensándolo mucho, jamás podría idearle un pasado a Koushiro ni un futuro, ni transcribir sus pensamientos ni nada. No saber que se trae me pone nervioso.

—...

—Sí, es importante hablar de Koushiro, pero ya sigo.

Cuando Koushiro terminó de hablar, me levanté y pude ver lo que vigilaba. Yamato había dejado la verja abierta. No le di importancia al hecho y bajé a cenar, si a eso se le puede llamar cena. La comida de allí sabe a plástico precocinado. Es asquerosa.

Me entretuve mucho tiempo en el comedor, estaba solo. Todos habían acabado ya y yo me quedé pensando otra vez en mis padres y en la bronca que me echarían por la expulsión. Volví a recordar también lo mucho que me molestaba quedarme allí hasta las Navidades con mi destino sellado.

Cuando salí de mis pensamientos, estaba dando una vuelta por los jardines del Ensa. Buen césped aquél. Estaba húmedo, se notaba al pisar y en el ambiente. Tienen una máquina de estas que riegan automáticamente a cierta hora. Me gusta el césped mojado, tanto pisarlo, olerlo, tocarlo y verlo. Es agradable a todos los sentidos menos el gusto, un día cuando era pequeño lo probé y no se lo aconsejo.

Caminaba sin rumbo por esos jardines hasta que el frío me recordó que no llevaba chaqueta.

Hasta que el frío me recordó quien tenía mi chaqueta, con quien estaba el que tenía mi chaqueta.

Hasta que el frío se convirtió en dolor.

—...

—Perdón, sólo me emocione un poco. Ya me siento.

Me pasó algo muy raro, me imaginé a mí mismo rodeado de un halo negro grisáceo. No pregunte por qué. El caso es que tuve frío y raros pensamientos, así que volví para adentro.

Cuando llegué a mi cuarto, Yamato ya había llegado, estaba metido en cama, más bien, destapado. Pensé que era bueno porque era temprano y eso significaba que nada interesante había pasado con Sora. Incluso me imaginé una escena en la que él le intentaba meter mano y ella le dejaba la marca de su mano en la cara –tiene bastante fuerza para ser una chica-. Creo que hasta me reía maliciosamente para mí mismo. Para mi sorpresa, mi cuerpo sabía que me reía. Lo notaba en los músculos de la cara.

No se confunda, aprecio a Yamato pero odio que cada semana salga con una y que Sora pase a su lista me molestó especialmente. Ni siquiera sé por qué sale cada semana con una, quiero decir, conozco más casos, pero a él no parece gustarle.

—...

—¿Qué? No, Yamato no... No creo... Aunque... No, a Yamato le van las chicas. Seguro.

Quería decir que lo de Yamato es costumbre y como muchas costumbres, aburre. Un hábito que tampoco le emociona. Quizás, la sociedad y su físico le inciten a actuar así. Viéndolo así, da pena ¿no?

—...

—Bien. De todos modos, poco importa si es gay o no para el caso que me trae ¿Por dónde iba? Ah sí, había llegado de mi paseo y Yamato ya estaba en cama.

Pronto vi la hora. Mierda, estaba equivocado. Yamato volvió más tarde que de costumbre.

Parece mentira cómo pasa el tiempo cuando uno se pone a dar vuelta por un estúpido internado mientras piensa en muchísimas cosas. Y tanto pensar para qué, ni me acuerdo muy bien qué pensé o qué decidí o qué recordé, menuda pérdida de tiempo.

Ay, Sora. Pensaba que si hubiese bajado a saludarla podía avisarle de las intenciones de Yamato... ¿y si me decía que por ella estaba bien? No, no podía ser así. Sora no había podido cambiar tanto desde que jugábamos al fútbol. Ni siquiera me besó nunca –ni yo a ella-. Y vale, éramos casi unos niños pero eso no importa. Ahora que lo pienso... el último verano que la vi debíamos de tener la misma edad o un año más que tiene Hikari, mi hermana, en parte estoy aquí por ella.

—...

—No, al contrario. Quiero mucho a Hikari y nos llevamos muy bien.

Bueno, volviendo a esa noche.

No saber que había pasado entre Sora y Yamato me inquietaba. Tonto de mí, le pregunté. Esperaba una contestación que confirmara mis temores y no me dejara dormir, qué masoquistas somos todos a veces, aunque quedarme con la duda igual era peor. Yamato no me contestó, creo que intentaba que yo pensara que se había dormido. Le volví a preguntar.

—Y tú por qué vuelves tan tarde —me respondió con otra pregunta en su particular defensiva.

—Qué importa. —A Yamato le daba igual el motivo y yo tampoco sabía por qué había llegado tarde.

—No importa nada y tampoco te importa que pasó con Sora. —¿Eso que significaba? Yamato siempre tan misterioso.

Siguieron unos minutos muy tensos. Yo intentaba descifrar que quería decir Yamato, me pregunto qué era lo que hacía él.

—¿Le mandaste saludos míos?

—No. Se me olvidó —contestó muy borde, maldita fachada. Ni siquiera me pidió perdón por olvidarse.

—Y cómo está ella. —Eso sí me importaba.

—Tai, cállate. —Yamato se levantó bruscamente de la cama—. Yo qué sé cómo está —gritó.

Escuché un portazo, supuse que se había metido en el baño. Volví a notar la puerta abrirse y no pude evitar hacerle más preguntas mientras cerraba los puños esperando una respuesta.

—...

—No, no tenía intención de pegarle. Cerraba los puños pues... como el que se muerde el labio, ya sabe, por no derrumbarse con la tensión.

Bueno, pues le pregunté otra vez sobre la maldita cita.

—¿Significa que mal? —Mal hecho, Yamato no me respondía, creo que fue al baño sólo para evitarme. Me pierde la boca.

Y aún dije algo más, no puedo recordar lo que pues inmediatamente Yamato me empujó contra la pared. Nunca antes le había visto tan violento pero no lo culpo, estaba siendo muy pesado y había algo más que en ese momento no sabía.

—...

—Me enteré ayer mismo por la noche. Es una larga historia, pero ya llegare a eso. No se preocupe, tengo tiempo.

Yamato se quedó mirándome de pie, respirando nervioso. No parecía muy orgulloso de su acto pero tampoco me pidió perdón. No quise estar más tiempo en con él y crucé por el baño hasta la habitación de Koushiro.

—Me quedaré esta noche a dormir aquí —le dije—, en la cama de Joe. —Aclaro que Joe estaba en su casa.

Koushiro estaba despierto y no parecía tener intención de dormir.

—Discutiste con Yamato.

—No —le dije. Menuda estupidez, probablemente habría escuchado la pelea.

—Ya. Es por la chica con la que salió ¿no?

—¿Cómo sabes eso?

—Yamato llegó de su cita casi llorando porque al parecer, cuando le dio tus saludos, se pasó toda la noche hablando de ti.

—¿En serio? —La simple idea de imaginarme a Sora hablando súper emocionada de mí y a Yamato aguantando me gustaba muchísimo.

—No, Yamato volvió algo enfadado pero no dijo nada –qué raro- y las paredes de este sitio parecen de cartón.

Estuve pensando que si Koushiro decía esas cosas alguna razón tendría. Quería que sus suposiciones fuesen ciertas. Me gustaba pensar que así era.

—¿Recuerdas lo que te dije por la tarde?

—Cómo olvidarlo —. No me apetecía tener que escucharle. Koushiro sonrío buscando complicidad en mí.

Lo que pasó después fue parecido a mi paseo por el césped. Me imaginaba cómo podía haber sido la noche de Yamato, con la versión que me gusta y con la que no.

Hasta pensé que igual Sora, cuando Yamato me nombró, se puso a llorar y a decir que me odiaba, a dar motivos y por eso Yamato se puso así conmigo. Descarté enseguida esa idea, sólo fue fruto de pensar demasiado en la madrugada.

De repente me sobresalté y vi la hora, llevaba dos horas y media perdidas en absurdos pensamientos sobre algo que era imposible saber con certeza.

Aún no sé por qué, ni lo pensé. El caso es que sentí el impulso de coger y marcharme. Me vestí, hice la maleta y salí de la habitación. Antes de salir, me dio la impresión de que tanto Yamato como Koushiro estaban despiertos.

No me despedí de nadie. Todo estaba en silencio y pude escaparme sin un plan premeditado ni nada, tuve mucha suerte. Nadie me detuvo y la verja aún seguía abierta. De no ser así, creo que nunca me habría fugado del Ensa. Quedaría como un tonto, volviendo a mi habitación otra vez.

Fui andando hasta la estación de tren, no tardé mucho, y compré un billete para mi ciudad.

No quería ir a casa, pero no conocía mucho mundo.

Hice todo eso sin parar a pensar. Como en un sueño, daba la impresión de ser un sueño provocado por el plástico precocinado.