Vive tus emociones

Conociendo a Kido

—...

—No, no le acabo de contar un sueño. Me refiero a que me dejé llevar, cómo en un sueño, sin pensar en por qué hacía eso.

Continúo, estábamos por la estación ¿No?

En el vagón coincidí con una mujer que podría ser mi madre –por eso de la edad– aunque vestía jovial, me pareció atractiva. Quizás por el hecho de que llevaba mucho sin ver a ninguna mujer.

Se fijó en mi vestimenta, el uniforme, y la reconoció enseguida.

—¿Eres de N.S.A.? Mi hijo estudia ahí.

—¿Quién es? —le pregunté intrigado, aparte me apetecía hablar con esa desconocida.

—Kido, Joe Kido. —Vaya, aquello sí fue una sorpresa.

Pensándolo bien, sí se parece un poco a Joe. El pelo negro –Joe lo tiene negro azulado-, muy liso, al igual que su hijo, hasta la mitad de la espalda. No es muy alta, pero sus piernas en comparación con el tronco son largas. Los ojos los tiene negros también y el color de piel igual que el de Kido. Viéndola a ella y viendo a su hijo, me puedo hacer una idea de cómo es el padre de Joe.

Tras ese comentario, yo sólo le sonreí. La verdad, después de saber quién era, no me apetecía hablar.

—¿Le conoces? —. Pero ella insistía.

—Sí, compartimos el baño. Me llamo Taichi Yagami.

—Le diré que te conocí. Y qué tal os lleváis ¿Sois amigos?

Parecía muy interesada en el tema. Debe de creer que su hijo es un mundo por descubrir, pero la verdad es que de Joe no hay mucho que saber, recalca su personalidad y su impecable vida con cada frase que dice. Probablemente tendrá un futuro intachable trabajando en algo de gran responsabilidad y por el bien de una comunidad. Lo que no me gusta de Joe es que piense que todos debemos comportarnos como él.

—Sí, somos amigos—. Bueno, no era del todo cierto, pero en Aguador desde luego que lo más parecido que había a unos amigos eran ellos tres.

—¿De verdad? —Estaba muy contenta de descubrir que su hijo tenía una vida más allá de los estudios—. Yo pensaba que Joe no tiene amigos, nunca me habla de ellos. Siempre estudiando, se parece mucho a su padre.

—Este Joe...Le da vergüenza contarle nuestras historias a sus padres —le dije para satisfacerla, por un momento hasta me creí que Joe montaba las mejores fiestas.

Seguimos hablando y compartiendo teorías acerca del incuestionable Joe. Me cayó muy bien, la verdad.

En toda conversación hay un momento de silencio. Cuando llegó el nuestro, me empecé a preguntar que hacía la madre de Joe en ese tren si Joe debía estar en su casa. No le pregunté nada por respeto. Ella, sin embargo, se preguntaba otra cosa que no dudó en decirme.

—Y bien, Taichi, cuéntame. Que hace un chico como tú en este tren a estas horas. Creo que el día para poder ir a casa era ayer.

Pensé en mentirle y decirle cualquier cosa. No lo hice. Puede que fuera la desesperación de que el momento de entrar en casa se acercaba.

—Hice la maleta y me fui. De todos modos, me iban a echar, sólo les adelante el momento y les quite el gusto de decírmelo a la cara. Espere, ni eso, que me iban a mandar una carta. Ahí, con la nobleza que tan orgullosos dicen que tienen—. Terminé y cogí aire. No pareció asustada, súper tranquila que estaba, Joe me habría montado un escándalo. Definitivamente, no se parecen.

—Y tus padres están de acuerdo. —Negué con la cabeza—. Así que estás huyendo.

—Sí. —Pareció gustarle mi humilde sinceridad.

Después, me dijo algo tan cierto que nunca olvidaré, cuánta sabiduría derrochaban aquellas palabras. Más bien fue su manera de decirlo.

—Sólo huye el que tiene dónde ir.

Y yo no tenía ningún sitio al que ir. Empecé a pensar a quien podría llamar o a dónde podía ir con el dinero que me quedaba. Podía llamar a Mimi, aunque prefería hacerlo más tarde.

—...

—Es algo así como mi novia. Somos amigos desde la infancia y bueno, digamos que nos pilló el revoloteo hormonal.

Podía también llamar a Hikari, ella no me delataría y podría ayudarme con mis padres. También pensé en llamar a Sora. Tenía muchas ganas de verla, pero era una tontería, llevábamos dos años sin vernos, me tomaría por loco. Pronto se me presentó una nueva opción.

—¿Tú tienes algún sitio dónde ir?

—Estoy entre varios.

Ya había aceptado que tendría que volver a casa tras la peor fuga de la historia.

—Oh, pues incluye venir a mi casa. Joe estará encantado. —Sí, claro. Definitivamente, esta mujer no conoce a su hijo.

—Creo que no puedo aceptar.

—Al menos quédate a comer hoy. —Creo que quería ver cómo era su hijo con los otros chicos o que ella también había huido alguna vez— y a desayunar —añadió mirando la hora, sí, era muy pronto.

—Gracias... madre de Joe. —Fue algo tonto llamarla así, pero aún no sabía su nombre.

—Llámame Noa.

Acepté su oferta, al menos no me tendría que preocupar hasta la tarde del tema. Estaba hambriento y cansado. Noa me tenía fascinado y tenía curiosidad por saber más de aquella familia. Siempre pensé que en la familia de Joe eran todos como Joe, hasta me los imaginaba con las mismas gafas. Qué gracia comparar a esa mujer con su hijo. Quizás, Joe tenía otros motivos, lejos de su familia, de ser así.

Luego de bajar del tren, seguí a Noa hasta la cafetería de la estación. Me dijo que ahí había quedado con su hijo. Me pareció raro que quedaran en una cafetería en vez de verse en casa. No le pregunté, no me pareció apropiado. De todas maneras, no tardé en averiguar el motivo.

Me invitó a algo, le dije que llevaba dinero pero insistió en invitarme. Seguimos hablando un buen rato, estaba muy interesada en saber cómo era el Ensa y la vida que llevábamos allí. Yo adornaba las cosas para que pareciera un lugar mejor.

—Y el césped está muy bien cuidado y la comida... tiene sus días.

Resultaba muy agradable, daba mucha confianza. Parecía encantada de hablar conmigo, hasta pensé que ella hubiese preferido tener un Tai en vez de un Joe. Al parecer, Joe pensó lo mismo.

Verá, Joe no se había retrasado, estaba observándonos desde lejos, eso me lo admitió luego.

—Hola Joe, siéntate con nosotros —le dijo Noa.

—No, mejor vámonos a casa.

Joe no me quitaba las gafas de encima.

—He invitado a Tai. —Ya me llamaba con diminutivo— A comer, quiero decir. Nos acabamos de conocer y me ha contado que sois amigos.

Tuve miedo de la contestación de Joe pero él simplemente siguió el juego. Parecía más nervioso que yo por lo que podía pasar y, por momentos, enrojecía en azul. Durante toda la caminata hasta la casa de Joe, él estuvo callado y sólo aceptaba las exageraciones de algunas anécdotas que contaba yo de nuestros días de internos. Noa se reía mucho conmigo, parecía divertida por la nueva idea que tenía de su hijo. Según yo contaba, era parte de los sucesos más insólitos de aquel lugar. Pasó de ser aburrido a ser un chico reservado con sus padres.

Cuando llegué a la casa de Joe, pude observar el desorden que tenía. Me pareció muy raro, el único desorden que hay en el Ensa del mundo de Joe son sus apuntes y porque son muchísimos.

Noa me pidió disculpas por ese desorden, Joe le dijo que no importaba, que mi habitación estaba peor. Su madre se rió. No era un chiste, a veces nos reímos de cosas que dice Joe aunque esa no sea su intención, más bien, decir los defectos ajenos.

Noa se fue a la compra. Joe empezó a ordenarle la casa a su madre. Me contó que no vivía con ella, sus padres estaban divorciados. Despejó mis dudas acerca de por qué quedaron en la cafetería y, un poco, explicaba que apenas se parecían en la forma de ser y la curiosidad que tenía su madre por conocerle. Joe estaba muy serio mientras me contaba eso, más serio que de costumbre. Llegó el momento que intentaba evitar.

—Tai, que haces aquí.

—Tu madre me invitó a comer. Es muy simpática.

En lugar de apreciar mi comentario, se puso aún más serio.

—Me refiero a por qué no estás en Nuestro Señor. —Qué gracia que lo llamara así.

Pues nada, que le conté toda la historia de que me habían expulsado aunque no le dije que me fugué. Cambié la verdadera versión por otra que no era del todo mentira.

—Y cuando me subí al tren para volver inmediatamente y cuánto antes a casa...

Le mentí porque no me apetecía escuchar su sermón, sobre la fuga y eso, ya bastante me dirían en casa. No hablamos mucho más. Le volví a mencionar a su madre, pues estaba interesado en saber más acerca de su relación con ella. Encontré un punto débil a mi amigo.

—Tu madre debe estar orgullosa de ti.

—¿Por?

—Ya sabes, por ser ambicioso sin creer que el fin justifica los medios. —Lo dije totalmente en serio. Jamás he visto a Joe hacer nada perjudicial.

—¿Piensas eso de mí? Gracias. Supongo que no todo el mundo aprecia eso.

Joe no dijo mucho más, puedo interpretar de su conversación que se sentía frustrado por hacer siempre lo que se debe y que su madre parecía preferir un hijo al que consentir y castigar luego.

—...

—Pues nada, le diré a mi amigo que venga aquí a una sesión.

Si lo pienso, Joe también me da pena.

Estos días descubrí que todos tenemos algo que influye mucho en nuestras acciones y que a los ojos de los demás no es nada.

—...

—Bueno, eso mismo, dicho en mi idioma.

Creo que saltare que pasó entre la conversación que tuve con Joe y cuando su madre volvió para comer.

—...

—Pues porque no pasó nada, para mí fueron unos momentos tranquilos aunque creo que Joe estaba deseando que me marchara. Noa insistió en que me quedara más tiempo pero a eso sí que no pude aceptar. Le mentí, le dije que podía seguir huyendo porque ya sabía dónde ir. Noté que Noa sabía que era mentira pero no me detuvo.

Lo peor que me encontré en la calle inmediatamente, el frío. Hacía mucho frío y aún lo hace. Di muchas vueltas. Muchísimas. Entre en tiendas para refugiarme. Aproveché y dejé mi maleta en una taquilla del supermercado. No quería cargar con ella.

Fui a una cafetería que solía frecuentar cuando no estaba interno. Iba con Mimi. Estuve allí unas dos horas, estaba aburrido y emocionado a la vez. Sabía que tarde o temprano volvería a casa y tendría que dar explicaciones con la consecuencia de una larga charla sobre tal acto. Tomaba un chocolate caliente sin prisa por adelantar esa situación cuando ocurrió un reencuentro.

Bueno, quizás les hubiese gustado leer más sobre los otros personajes pero... ¿qué se puede esperar de un capítulo que se titula conociendo a Kido? Aviso que esto avanza lento, aunque publicare rápido.

A Noa me la inventé, creo que en la serie nunca se menciona la situación familiar de Joe o los nombres de sus padres.

Siguiente capítulo... "Le decían loco" (¿quién será?)