Vive tus emociones
Le decían loco
—...
—No, no era Sora. Eso habría estado bien. Era Izzy.
—...
—Sí, el mismo Koushiro del Ensa del que tanto he hablado.
Pues figúrese que yo estaba igual o más sorprendido que usted. Koushiro lucía cansado, pero feliz. Mucho. Tenía una lista interminable de preguntas para hacerle pero él se me adelantó, como siempre.
—Por fin te encuentro. —Probablemente querría decir algo más pero paraba a menudo a coger aire.
—¿Me buscabas? —pregunté inconsciente de la situación.
—¿Qué? Nos tuviste un buen rato buscándote por los alrededores del Ensa. Pensamos que te había pasado algo.
—¿Me están buscando? —Mi mundo se vino encima, no pensé en esa consecuencia de mi irresponsable huida. Empecé a bloquearme con pensamientos de mis padres y mi hermana buscándome por todas partes mientras yo tomaba tan tranquilo un chocolate caliente. Por suerte, pronto un Koushiro con respiración ya normal desmintió esa teoría.
—¿Por qué no esperaste por Yamato y por mí? ¿Te vio alguien?
—No... —Entonces comprendí algo, quizás tardé demasiado —. Espera ¿Yamato y tú... os fugasteis?
—Claro ¿en qué piensas? —Buena pregunta— Todo salió bien. Estamos los tres libres —Qué exageración— y en buen estado. Joe dijo que no duraríamos ni hasta el mediodía y ya es por la tarde. —Parecía muy contento comentando esa locura de aventura.
—Espera ¿Joe también lo sabía?
—Bueno, Joe sabía de mí y de Yamato. De ti no sabe nada. Te incluimos en el último momento.
Entonces pensé que eso era lo que Koushiro me decía cuando miraba por la ventana. Quizás por eso me levanté y me fugué, mi mente seguía las instrucciones de Izzy aunque no lo sabía. El subconsciente que le llaman ¿no?
—...
—Ah, supongo que es más complejo de lo que pensaba. No se moleste en explicármelo, ya lo intentó el de filosofía en su día.
—...
—Eh, deje, que no lo entiendo ni lo voy a entender ni quiero entenderlo.
—...
—Vale... sí. Muy bien.
Izzy no se mostraba desconcertado por mi actitud. Estaba demasiado metido en su fuga como para pensar en la mía. Me empezó a explicar que Yamato y él (sobre todo él) llevaban toda esa semana preparándolo todo. Era un plan mucho más complejo que salir por la puerta –por la puerta principal– pero necesitaban que hiciera esa labor para que ellos... no sé, algo raro. Ni me enteré, la verdad, entre lo rápido que hablaba Koushiro y que yo sólo me preguntaba cuáles habrían sido los motivos de mis amigos para fugarse y cuáles eran los míos para seguir escondiéndome.
—Por un momento pensé que nos habías dejado tirados por lo de Yamato.
—¿Qué de Yamato?
—Ya sabes, —ni idea— lo de ayer a la noche.
—Ah. No, no fue nada grave.
Koushiro me miró como preguntándome "seguro". Yo le respondí del mismo modo que sí. Curioso que nos entendiéramos. Y era verdad, yo ya había olvidado lo de Yamato. Pasó un rato hasta que me decidí a realizar la gran pregunta.
—Oye, y por qué os marchasteis.
—No sé los motivos de Yamato ni Yamato los míos —dijo serio, menuda respuesta—. Ah, no lo has preguntado. Yamato no está conmigo porque se fue a por su hermano, quiere unirlo a nuestro grupo.
—Ah, oye y por qué dejaste Ensa. —Qué creía ¿qué se me iba a escapar con esa salida?
—Pero se fue por la mañana y ya es tarde. —Koushiro hacía que no me escuchaba y su tranquilidad se perdía a gran ritmo.
—Si no confías en mí, no importa.
—No es eso...
Koushiro no me miraba, buscaba la mejor respuesta en las manchas de la mesa.
Decidí salvarle, estaba claro que no me lo quería decir, con otra pregunta.
—¿Y cuándo vais a volver? —Koushiro levantó la mirada como si acabase de decir una barbaridad.
—Nunca. Tai, no estamos de vacaciones, no vamos a volver nunca.
Miraba a Koushiro sin comprender. En boca de otra persona me reiría y diría que es un mal chiste, pero él estaba tan convencido...
—¿Y cuál es vuestro plan ahora? —Una nueva posibilidad se abría ante mí—. No me digas que habéis hecho todo eso para volver a casa —En mi caso, sólo fue adelantar mi adiós a N.S.A.
—Pues el plan A es ir a una casa perdida en el pueblo de la abuela de Yamato. Actualmente, la mujer, vive con uno de sus hijos en la ciudad. —No sonaba del todo mal.
—¿Y no crees que os encontrarán tarde o temprano?
—Improbable. Es un pueblo fantasma.
—Estáis locos. —La verdad, era incapaz de creerme sus palabras pero a él le creo todo.
Jamás pensé que Koushiro pudiera provocar tal cambio de destino. Además, un pueblo ajeno a cualquier signo de avances tecnológicos ¡anclado en el... vaya usted a saber qué siglo! Con lo que le gusta a mi amigo la tecnología... Debía de tener un gran motivo para renunciar a su vida.
—...
—Puede ser aunque no es el caso... no crea que Koushiro es infantil. Ya le conté mucho de Koushiro ¿recuerda? Sabrá entonces lo mucho que me chocaba que Koushiro, el solucionador del jaleo, tan prudente, podía haber empezado algo como eso.
No quise preguntar por el plan B. Aunque en el momento, lo que me contaba Koushiro, me pareció estúpido pronto se me mostró una idea tentadora.
Koushiro y yo seguimos hablando, intentando no tocar el tema de su automarginación social pero, en el fondo, él quería contarme y yo quería saber más.
—Izzy, no logro entenderlo. No hace falta que me digas si tienes problemas en casa o no sé pero... ¿por qué quieres ir al pueblo de Yamato?
Mi amigo hizo señal de empezar a hablar muchas veces. Es difícil que Koushiro se quede sin respuestas. Parecía intentar controlar la situación. Su cara estaba roja, roja de enojo, muy tensa.
Estalló.
Llamó la atención de todos quienes se encontraban en el local. A cada palabra que decía su voz se elevaba y más loco parecía. Koushiro perdió el control. Koushiro sí que aprovecha el tiempo que utiliza para pensar y no como yo, que sólo me sirve para aumentar la confusión.
Puede deducir por su monólogo que se había vuelto loco, pero lo cierto es que muchas fueron las veces en las que Koushiro decía paranoias así, nosotros le decíamos loco y, después, tenía razón. No se extrañe si Koushiro es reconocido como genio por mentes del futuro tal como hoy estudiamos al Da Vinci.
—...
—Eh... sí, ahora le digo que fue lo que dijo Koushiro.
No entendí del todo sus palabras. Ni siquiera creo que tengan mucho que ver con lo que le pregunté.
—Porque... porque somos el resultado de nuestras experiencias, nuestros recuerdos, valores, conocimientos, nuestras cualidades, de quienes dejamos atrás... De nuestros orígenes. —Después de eso se calmó, poco le duró
—¿Te pido algo? —Koushiro siguió con su discurso aunque yo no le pregunté más.
—Estamos condicionados desde que nacemos por todo eso y qué pasa. Son cosas que no se pueden cambiar ¿Y si me despierto mañana con la memoria borrada? ¿Sería el mismo? ¿Sabemos quiénes somos? ¿Si no tuviéramos ni recuerdos ni orígenes ni nada, seríamos todos iguales?
—¿Qué? —Por su voz debía de ser algo muy interesante pero yo ya me había perdido.
—Plantéatelo así, —por suerte, ya hablaba en bajo aunque eso lo hacía aún más raro— qué pasaría, si mañana, Taichi Yagami despertara sin saber quién es y le contáramos otra vida que no es la suya. —Al Izzy sí que le hacen falta unas sesiones.
—Intentaría vivir según lo que me han contado. —Acerté con la respuesta, Izzy asintió.
—Imitar un modo de vida. Ser otro. Y si a un grupo de personas les hicieran creer que han llevado tu vida ¿Serían iguales que tú?
—Serían una versión peor. Nadie puede ser igual que uno mismo. —Eso va contra toda mi lógica.
—Y cómo sabes que tú no eres tú. Cómo sabes que todo con lo que te autodefines es cierto, que pasaría si descubrieras que no eres quien creías ser.
—Yo no me autodefino de ninguna manera —dije, me lo tomé como algo personal. Koushiro puso los ojos en blanco.
—Lo que somos fue lo primero que te dije y de manera sencilla además. —Koushiro me miró algo desesperado—. No lo has entendido.
—¿Cómo voy a entenderlo? Estás loquísimo. Si era un truco para esquivar mi pregunta, lo has conseguido.
—Ya. —Koushiro sonrió satisfecho.
Debe ser que a Koushiro el frío también le hace pensar o a saber de dónde sacó aquello.
—...
—Ya le había dicho que Koushiro no es como los demás chicos de esa edad. Veo que le impresionó su razonamiento. Vaya, y yo que pienso que sólo se puso a decir cosas raras sin sentido. Y no lo tiene, si le borraran la mente a Koushiro y le contaran mi vida, aún así, no sería como yo.
—...
—Puede ser así. Entonces en parte me dijo su motivo y parte su loca teoría.
Qué retorcido es Koushiro. No podía haber dicho claramente sus problemas, no.
Aun así, sigo sin saber el motivo por el que descubrió que no es quien cree o qué fue lo que descubrió para creer eso.
Bueno, algún día tendrá que decírmelo. Hasta ayer conseguí que Yamato me dijera el suyo y vaya, esperaba otra cosa.
—...
—Es un tema complicado, no logró imaginarme a mí en una situación parecida. Ya se lo explicaré, si lo cuento ahora me desordeno los acontecimientos y es un lío. Sigo.
Cuando la noche llegó, abandonamos la cafetería y fue el momento de la despedida. No despedida total, volví a ver a Izzy después de eso.
—Tai, debo ir a la estación de autobuses. Yamato tiene que estar ya ahí. Qué vas a hacer tú.
—Yo... —Estaba claro que Koushiro se refería a que me fuera con ellos—. Me voy a casa. Con mi familia y todo eso. Será una larga noche pero supongo que el Aguador ya habrá llamado a nuestras casas y ahora estarán preocupados. Quizás se alegren de verme con vida y todo.
—Ah, se me olvidó decirte. Que sepan en el Aguador, nosotros tres llevamos en nuestras casas días y no vamos a volver —. A este comentario puse mi típica cara de "¿Qué?"— Amigo, milagros de la informática. —Qué va, milagros de Izzy. Resultado de una mente brillante aunque, por lo que acababa de presenciar, demente.
—Pero y qué importa. Acabarán sabiendo todo. —El plan me resultaba absurdo.
—Sí, pero ya estaremos lejos.
—Bueno, no voy a ser vuestro Joe —. Izzy se rió despreocupadamente aunque en su situación no debería, y él lo sabía—. Ojalá os vaya bien. —De verdad, pensaba que no les iría bien— Toma, mi número. Espero que no lo necesites.
Le di el número y un abrazo. No sé quién lo necesitaba más.
