Vive tus emociones

Nacida para brillar

Pude ver desaparecer entre la gente y la oscuridad a Koushiro y, por fin, fui directo a casa. Miento, primero pasé por el súper, estaba cerrado y no pude coger mi maleta.

Las piernas me pesaban. Muchísimo. Como de cemento. Mi cuerpo no quería que afrontara mi destino. La única salida. Al contario que cuando deje el Aguador, en esa ocasión, ni notaba que pisaba el suelo.

Creo que tardé en llegar a casa. A saber. Como habrá notado, mi percepción del tiempo es relativa.

Agradecí el entrar en el edificio. El calor que desprendía la calefacción me hizo pensar que mi regreso sería como la parábola del hijo prodigio.

—...

—Ah, el hijo pródigo. Bueno, el nombre es lo de menos.

El miedo estaba ausente en mí. No había miedo, nada de eso. Había aceptado mi única opción. Lo de huir al pueblo fantasma... mis amigos debían de haber tomado setas raras cuando se les ocurrió.

—...

—Hombre, que ya sé que no. Sólo es una manera de hablar.

Bueno, no veo por qué seguir dándole emoción al asunto. El caso es que abrí la puerta, ya sabe, esperando un grito de mi madre o algo parecido y me encontré con una casa aparentemente en silencio y a oscuras.

Equivocada impresión, abrí la puerta –la que sigue a la de la entrada– y me encontré con el lado salvaje de mi hermana.

—...

—Qué risa, qué mente más depravada la suya. Qué va, mi hermana es sólo una cría, aunque resulta muy madura.

Iba a decir que todas las luces estaban encendidas y mi hermana bailaba exageradamente a medio camino entre la ropa de la calle y el pijama.

Fue muy gracioso verla así. Y lo mejor su reacción al verme. No habló enseguida. Se mostraba algo tímida aunque no incómoda o cosas de esas por verla así. Me saludó como cada vez que vengo de visita, siempre se me tira encima. Menos mal que no pesa mucho.

—¡Has vuelto! ¿Te han dejado venir antes?

Tardé en contestarle. La verdad, no sabía muy bien si mentirle, decir que volví antes y dar buen ejemplo o dar una muestra de sinceridad y confianza.

Elegí lo segundo y le conté que me habían expulsado pero le oculté mi fuga por un tonto orgullo.

Kari no dijo nada al respecto. Por desgracia, sus ojos, que es difícil saber si te miran fijamente o se pierden en un punto, acompañados de la manera que tiene de cerrar la boca según qué casos decían mucho.

Como habrá notado, en esta historia faltan mis padres. Pues bien, Kari me dijo que habían salido y que no estaban en casa. Vaya, todo estaba a mi favor. Me duché y cambié de ropa, aún llevaba el uniforme, qué bien me sentó poder cambiarme. Kari y yo cenamos y estuvimos tan bien juntos...

Siempre me siento muy bien cuando estoy con Kari. Tenemos mucha confianza el uno en el otro.

Kari es especial. Todos los que la conozcan lo saben. Una especie en extinción.

Tiene algo que hace que la gente se sienta bien. Es por su cara, muy dulce, inspira bondad. Siempre tranquila, cuando no lo está es que es para preocuparse. Aunque esté triste siempre tiene una sonrisa, por nosotros, para que no nos preocupemos por ella, su manera de decir que todo va bien.

Es una sufrida.

La primera en preocuparse por otros. Convierte el dolor ajeno en propio, del mismo modo que comparte la felicidad de los demás. Quizá por eso siempre tenga una sonrisa, porque cree que todos somos como ella.

No está hecha para este mundo, se pasará la vida intentando salvar almas perdidas y son miles. Y si las salva... quién la salvará a ella ¿yo que ni me puedo cuidar solo? Haría lo imposible, porque es de las personas por las que hay que luchar. Nació para brillar y en este mundo, con tanto dolor, es difícil.

Creerá que exagero pero el que no vea algo especial en Kari está tonto.

A ella no le puedo ocultar nada. Al final le conté toda la historia, no mucho, la verdad. No le conté nada ni de Yamato ni de Koushiro, aunque sí de Joe y Noa.

Y lo peor, Kari se rió, se rió muchísimo, me dijo que estaba loquísimo, que sólo a mí se me ocurre. Vamos, se lo pasó genial. Daba gusto verla así. Yo también me reí –lo único que podía hacer–, de lo patético que me resultó contárselo.

Pronto Hikari reaccionó y se dio cuenta de que, aunque con el tiempo sería una anécdota recuerdo de un pronto que tuve, la situación para mí no debía ser divertida.

—¿Sabes? No debería decirte esto pero... no es buen momento para que estés en casa. En serio, a papá le han quitado la paga de Navidad. Mamá se lo llevó a dar una vuelta por eso, estaba muy triste. Siente que nos ha decepcionado. Y ahora tú llegas diciendo que te han expulsado y hay que llevarte a un nuevo colegio y pagarte nuevos libros y esas cosas.

Kari pareció de pronto asustada, supongo que por mi cambio de expresión.

—No lo había pensado así —dije finalmente—. Tienes razón, no debería haber venido. Me voy.

Empecé a levantarme pero Kari me empujó de nuevo contra el sofá.

—No me refería a eso, sólo que es el peor momento pero y qué, acabarás volviendo y el gasto será el mismo. No te vayas ¿A dónde piensas ir? Hace mucho frío. No sobrevivirás una noche ahí fuera.

Por mi mente pasó la idea de ir a la estación de autobuses donde –esperaba– estarían Yamato y Koushiro. Pero otra opción ocupó su lugar.

—Dormiré aquí, en casa. Debajo de tu cama. Y si me descubren pues ya está, no puedo ocultarme y si no lo hacen, debo de seguir vagando por ahí.

Creo que, en el fondo, prefería que me pillaran de una vez.

Kari negó con la cabeza en señal de desaprobación pero en plan "bueno, eres mi hermano y te apoyo aunque estés loco".

La noche pasó y no, no me pillaron. De ser así no estaría aquí. Kari ayudó bastante a que no me descubrieran. Recuerdo que mi madre le dijo que parecía que su hijo había pasado por casa pues a sus ojos, mi hermana había comido muchísimo. Tuve que aguantar la risa ante la improvisada contestación de Kari.

—Esto... Es que andaba baja de oligoelementos . —Me quedé "¿eh?", supongo que habría estado estudiando eso.

—Ah, claro. —Creo que mi madre intentaba ocultar su desconocimiento de la nutrición.

Total, que antes de que saliera el sol Kari me despertó. Increíble, conseguí dormir debajo de una cama, llevaba mucho tiempo sin dormir. Mi cuerpo sin frío y mi razón querían seguir en la casa pero no les hice caso. Me iría por dónde vine.

—¿Seguro que no quieres quedarte?

—Parecerá estúpido, quiero quedarme, quiero contarles la verdad, aguantar la bronca y sufrir el castigo pero siento que hay algo, llámalo el destino si quieres, que me dice que no debo seguir aquí. —Debo decirle que es lo que he estado sintiendo todo este tiempo. Algo me guía y yo lo sigo sin preguntarme si es lo mejor.

—Ay Tai, siempre tan impulsivo e instintivo. Nunca cambiarás, por suerte, es lo que te hace ser tú.

Bueno, eso último no lo dijo pero sé que lo piensa.

—Toma, te preparé un bocadillo. —Qué amable.

—Gracias —le dije muy bajo, no quería despertar a mis padres. Me quedé mirando en silencio los ojos de ella perdidos en el suelo.

—Prométeme que acabarás con esta absurda aventura y estarás siempre conmigo, — diciendo esto, Kari resultaba ser mucho más niña de lo que yo pensaba.

—Que sí. —No estaba muy seguro de cómo reaccionar ante su nueva actitud.

—Prométemelo —volvió a decir de la misma manera que antes. Los ojos le brillaban.

—¿Qué te pasa? —pregunté y se aferró a mi cuerpo.

—No quiero que me dejes.

—Kari, no seas tonta —dije apartándola—. No te voy a dejar, como muy tarde, si se me ocurre a dónde ir esta noche, nos veremos mañana. En serio, iré a tu escuela a verte. ¿Vale? —Kari sonrió y asintió. De verdad, se veía mucho más pequeña. En parte me gustó verla así.

Cuando Kari me dejó marchar volví a la calle. Una fría calle envuelta en lo que llaman el calor navideño. No me gustan demasiado las Navidades. Bueno, sí, pero no me gusta que todo esté con luces y motivos navideños. Esos muñequitos que adornan escaparates parecen sacados de una peli de terror. Y luego la comercialización. Por no hablar de las películas que repiten en Navidades año sí y año también, llegan a ser intragables.

A mi hermana lo que no le gusta de las Navidades es pensar en que hay gente que está sola y no tiene a nadie con quien pasar las fiestas o que se le haya muerto alguien en esa fecha y que anuncien la Navidad desde Octubre no haga más que recordárselo. Desde muy pequeña lo vio así. Esa clase de cosas me hacen pensar en lo consciente que es del mundo que le rodea pero todos aceptamos eso y no sufrimos por personas anónimas. Ya dije que Kari no nació para un mundo con dolor.