Vive tus emociones

El de los adornos

¿Recuerda que le había prometido a Hikari que iría a verla a la escuela? Pues eso hice por la mañana. Quería verla pero no pude, en su lugar, me encontré a Yamato intentando entrar en el edificio. Yamato me vio e igual de sorprendido se acercó. No dijo nada. Yo le hablé cuando ya no tenía dudas de que esa persona era Yamato.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, me extrañó verle en el colegio—. Te estábamos buscando.

—No, todos te estábamos buscando a ti. —De inmediato supe que se refería a cuando él e Izzy me buscaron la noche de irnos.

—Es una larga historia ¿Dónde has estado? Al menos deberías hablar con Koushiro, está muy preocupado.

—Lo estuve buscando, precisamente. —Debía querer terminar con la conversación pues me empezó a ignorar y siguió subiendo las escaleras.

—Está en casa de Joe —le dije algo más alto.

Yamato se paró y sin mirarme preguntó pues lo de la casa de Joe le desconcertó.

—¿En casa de Joe? ¿Qué … —le interrumpí.

—Explicaciones luego, tengo que ver a mi hermana.

—¿Llevas la autorización?

—¿Qué? — pregunté parándome en seco. Nos cambiábamos los papeles.

—Si no, no te dejan hablar con ella. Es una maldita norma nueva.

Ahí supe que porqué Yamato iba al mismo sitio que yo, preguntando se entera uno. Sólo pensé que era una gran casualidad que ambos tuviéramos a nuestros hermanos en el mismo centro. Gran casualidad que ambos tuvieran la misma edad. Puede que hasta se conocieran, dijimos ignorantes.

Yamato me ayudó a falsificar la autorización y después entramos. La letra de él es más de padre que la mía.

En portería me dijeron que mis padres habían llamado diciendo que Kari estaba enferma y que no había ido a clase. Una gran metedura de pata la mía. Pude preocuparme por si llamaban a mis padres o por si pensaban que lo de Kari era mentira pero lo que me preocupaba era el estado de mi hermana. Me hizo recordar alguna de las veces en las que enfermó de niña, quiero decir, de más niña, que eran muchas. Momentos horribles. Ahí sí sentí deseos de ir a casa y cuidarla aunque lo que tuviera no llegara ni a un resfriado. Yamato me detuvo.

—Escucha, y si no está enferma. Y si se ha quedado en casa durmiendo y tus padres llamaron para salvarle —Podía ser, mis padres hicieron alguna vez eso por mí—. No podrás seguir adelante con el plan.

—Yo no estoy en ningún plan.

—Entonces ¿qué se supone que estás haciendo?

No le contesté. Tenía razón. No quería ir a casa, algo me lo impedía, pero tampoco irme por tiempo indefinido.

No tengo motivos. No hay quien lo entienda. Ni yo lo entiendo.

—...

—No me convence. Da igual, olvide eso.

Yo no pude ver a Kari pero Yamato sí pudo sacar a su hermano. Al principio ni me di cuenta, pensaba en que hacer, pero pronto vi que ese niño no era ni más ni menos que Takeru, la sombra de mi hermana.

Pues bien, ya lo conocía de antes.

Estuvo en mi casa algunas veces. Es muy amigo, según Sora que algo más y yo lo empiezo a pensar, de mi hermana.

Qué pequeño es el mundo, jamás pensé que mi compañero de cuarto y el rubio que seguía a mi hermana a todas partes tuvieran parentesco. Físicamente, se parecen mucho. En personalidad, lo que muestran al menos, no.

Es como si la apariencia de Takeru la llevara su hermano por dentro.

Esa misma mañana, descubrí que sus padres estaban divorciados y que no vivían con el mismo padre. Me enteré porque les pregunté por qué no se apellidaban igual, de apellidarse igual supongo que hubiera sabido de antes que eran hermanos. Tiene algo que ver con el motivo de que ellos se vayan al pueblo perdido ese. Yamato me lo confesó esa misma noche. Ya le contaré. Por desgracia, el motivo de Izzy sigue en completo secreto aunque entre usted y yo hemos conseguido saber más acerca del indescifrable Koushiro.

La llegada de los hermanos a casa de Joe fue una grata sorpresa. El mundo de Izzy volvió a estar ordenado, dentro de lo posible en su loca aventura. Discutieron un rato, acerca de quién era la culpa de haberse perdido el uno del otro pero acabaron con la conclusión de que daba lo mismo. El plan podía seguir su curso y yo, sin darme cuenta, cada vez estaba más dentro de él.

Esa tarde había quedado con Mimi ¿Recuerda? Pues bien, fui a su casa como habíamos acordado.

Mimi no me esperó para empezar a colocar las cosas de Navidad. Es algo impaciente.

Empecé a poner algunas cosas pero cada dos por tres me decía que algo estaba mal así que paré y me senté a mirar cómo ponía todo. Cuando necesitaba mi ayuda –por motivos de altura– me lo hacía saber y me daba un beso tras mi "heroica" actuación. Al menos es agradecida (y agraciada).

—Te está quedando muy bien. —Demasiado recargado para mi gusto, pero no estaba mal y era bueno verla tan contenta.

—Eso es porque estás aquí. Me inspiras.

Mimi me miraba como… como enamorada y no exagero. Casi se le salían los ojos. Quizás fue el peor momento para preguntarle lo que siempre ronda en mi mente.

—¿Por qué sigues conmigo? ¿Qué te aporto? —Ya he dicho, a mí me encanta su modo de ver el mundo y como se porta conmigo pero siempre me pregunté qué pensaba ella.

—Me gusta estar contigo.

—¿Y no hay chicos con los que te guste estar más que conmigo?

—Pues no. Ninguno. —Su expresión cambió, esperaba una mala noticia. Seguro.

—Pero... yo casi nunca puedo estar aquí. Y tú debes poder hacer lo que quieras. —Ahora que lo pienso, pudo parecer que cortaba con ella.

Lo cierto es que Mimi apenas sale, ni tiene amigos. Parece mentira, con lo sociable que es y la cantidad de simpatías que se gana. Me hace sentir muy culpable.

Mimi sólo esperaba a que yo pudiera venir algún fin de semana y eran pocos pues dependían de las asignaturas aprobadas.

—Ya lo sé. Siempre dices eso —dijo cansada.

—No sales con nadie y es por mí.

Mimi se puso a llorar. Sin ruido al menos. Sólo con la cara arrugada y lágrimas, eso sí. La abracé para intentar calmarla, ella se dejó abrazar, lo esperaba.

—Ei, por qué lloras. No llores. Para.

—Dices eso porque no quieres verme más.

—Siempre nos seguiremos viendo. Y aunque estemos con otras personas seremos amigos —le intentaba explicar.

—Pero si ahora ya quedamos poco, cuando estés con otra más guapa que yo ya no querrás verme y yo si voy a querer.

Al final la convencí de que era una tontería, para contentarla le dije que era imposible estar con una chica más guapa que ella. Bueno, si Mimi no es la más guapa que conozco será de las más. Yo que sé, nunca hice un ranking.

Volvimos a nuestra antigua tranquilidad y a pasar de dramones. Hablamos de cosas divertidas y normales. Yo no podía disfrutar de esa conversación, por dentro estaba muy estresado. Necesitaba despejarme y hablar con alguien del plan o de lo que fuera. No podía hablar con mi hermana, quitando que no podía verla no iba a ser capaz de decirle que estaba pensando en irme. No es que lo estuviera pensando, más bien que me dejaba llevar y todo conducía al pueblo de Yamato.

Me estoy complicando mucho, quería contar que sin más Mimi me preguntó si yo pensaba en otra chica.

Pude mentirle. Sería muy cruel. Quizás contar que hay otra también sea cruel.

No me gustaría que lo pasara mal pero creo que es mejor que uno sepa las cosas así que le conté de como nunca había besado a Sora Takenouchi.

Ella opinó que es imposible que esté enamorado de ella y que sólo recordaba continuamente una etapa de mi vida en la que había sido muy feliz. No digo que no, que puede ser.

Supongo que Mimi se autoengañaba creyendo en nuestro gran amor. Por primera vez, Mimi me dio pena. Tener que inventarse un mundo para poder ser feliz. Al menos lo es, y lo vive en presente y no como yo, viviendo de mis tardes con Sora.

—...

—¿En serio cree que por lo que le he contado de Mimi estoy enamorado de ella? Bueno, ojalá, no lo descarto.

Mimi estuvo muy tranquila explicándome todo eso. Me escuchó atenta y no me arrepiento de habérselo contado.

—Bueno, Tai. Yo pensaba que la razón que estuvieras tan raro era que había otra y no me lo habías contado pero si es sólo eso es que hay otra cosa ¿Por qué estás así?

—¿Estoy raro? No sé, supongo que es porque nunca le había contado eso a nadie — Mimi se lo iba creyendo pero no estaba muy convencida—. Mira a ti te tengo que contar esto. —Me agarró la mano con fuerza, volvía a esperar algo malo. —Tranquila, nada que ver con mujeres.

Le conté lo que planeaban mis amigos y cómo ellos se habían fugado del Ensa. Yo no, claro está. A mí me habían dado las vacaciones anticipadas y sólo estaba muy preocupado por ellos. Bueno, al final le confesé que eso de las vacaciones anticipadas era un sinónimo de expulsión. Nada más. No estoy tan loco como para contarle que me había ido yo también y que puede que no nos volviéramos a ver más. Mejor no preocuparla. Me gusta más la Mimi despreocupada que me transmite esa sensación.

Volvía a escucharme más atenta y me propuso algo totalmente descabellado.

—No me parece mala idea.

—¿Lo del pueblo?

—No, lo de huir del mundo.

—¿En serio?

—Si te vas, me voy contigo. Sé que no te preocupa no verles más. Tú siempre te quejas de ese horrible lugar. Sé que tú estás en el mismo caso. —Va ser que empezaba a mentir mal de nuevo o que Mimi me conoce mejor de lo que creía.

—Mimi... Te juro que no me iré.

—Vete ¿Y si te mandan a un internado que esté tan, tan, lejos que no puedas venir nunca a verme?

—No creo.

—Es que no entiendo porque no apruebas. Hazlo por mí. Hazlo por tu futuro —le faltó decir " por tus hijos" —¿En qué te gustaría trabajar?

—No lo tengo pensado. —Ni me apetecía pensarlo en ese momento.

—¿Nada te gusta?

—Sí, me gusta estar aquí contigo.

—Pero eso no es un trabajo —dijo apartándome sonriente.

—Pero podría hacerlo siempre. —Me apartó de nuevo.

—Pero así no ganas dinero. —Por primera vez fui yo quien se apartó, sólo para poder hablar más alto.

—No entiendo por qué tenemos que trabajar. Por qué tenemos que ganar dinero. La gente hace cosas horribles por dinero, vende su alma por dinero. Se convierten en cosas que no son. Yo sólo quiero estar igual que como estaba hace un momento, ayudándote a colocar adornos. La gente no aprecia esas cosas.

—Podrías ser colocador de adornos —dijo pensativa.

Luego reímos. Mimi suelta chistes así en conversaciones serias, su forma de escapar de ellas.

—No, en serio. Ese tipo de vida que algún día llevaremos no me atrae en absoluto.

—Pues huyamos. Podemos cambiarlo. Vámonos a cualquier parte en dónde no importe nada. Ni haya que fingir —¿Fingir? ¿Mimi había utilizado esa palabra?— En dónde podamos ser siempre así. Antes de que dejes de pensar que el dinero no es importante. —Según lo iba diciendo la idea se me hacía muy atractiva.

—¿Abandonarías tu vida de comodidades?

—Mi vida me aburre muchísimo. —Quién lo diría—. Quiero vivir una aventura cómo la que dicen tus amigos. Será genial.

—Pues vámonos. Aún estamos a tiempo de no ser contaminados por quienes no viven sus emociones.

—Vámonos. —Apoyó de nuevo. Después de un pequeño silencio dijo lo que ambos sabíamos— ¿Ese lugar no existe, verdad? —preguntó desanimada. Debió de preguntarse bien, vámonos pero adónde.

Recuerdo que cuando termine este capítulo pensé " vale ¿y ahora qué? "¡Hasta el próximo!