Hola! Primero que nada una disculpa. No actualice el domingo, pues por que es domingo y los domingos no hago absolutamente nada, jijiji, ayer fue un dia muy agitado en mi oficina, que cuando llegue del trabajo quede dormida inmediatamente...lo siento. Pero aqui estoy con el siguiente capitulo.

Disclaimer: Los personajes son de Meyer, la historia de Penny Jordan, yo solo la adapté a nuestros personajes favoritos.


Capítulo 5

EN forma gradual, Bella descubrió que se integraba a la vida del pueblo.

Después de vivir en Nueva York tanto tiempo, todavía le extrañaba el ser saludada con amabilidad por personas a quienes apenas conocía, pero ya empezaba a reconocer sus rostros y dejó de sentir, poco a poco, el dolor y la angustia por la muerte de Ángela. Siempre le dolería que hubiese muerto tan joven, pero su dolor ya se hacía más tolerable.

La mañana en la que Bill Hohbs la informó de que ya podía mudarse, apenas podía contener su excitación. Mucho después de que los obreros se marcharon, recorrió las habitaciones vacías, aspirando el olor mezcla de madera recién cepillada y los enlucidos frescos, sin importarle lo que el polvo hacía a su ropa, o lo vacío de las habitaciones.

Ese era su reino. De ella y de nadie más. Quiso conservar ese conocimiento para ella sola, abrazándose. Le daba una sensación de calor y seguridad que tuvo la inteligencia suficiente para reconocer que surgía del terrible temor y la desolación que sintió a la muerte de Ángela.

Puesto que ya no podía confiar en los seres humanos para que fueran parte permanente de su vida, usaba la casa como un sustituto. La muerte no podría quitarle la casa. Sería suya mientras ella así lo quisiera.

De pronto sintió un ligero movimiento en su interior, tan breve y delicado que contuvo el aliento, temiendo que lo imaginaba. El que sintiera los movimientos de su hijo le pareció una buena señal para el futuro. Considerándose una tonta, trató de reprimir las lágrimas.

Tenía mucho trabajo por delante; se recordó. Debía estar haciendo algo de provecho y no estar soñando despierta. Ya había decidido permanecer en la posada mientras los decoradores trabajaban en el local y cuando los llamó para notificarles que podían empezar; la felicitaron por su decisión.

—Podemos hacer nuestro trabajo mucho más aprisa teniendo la casa vacía—le informó el decorador— Mi equipo estará allí mañana temprano y esperamos no demoraremos mucho. Ya tengo todos los detalles de lo que usted quiere.

Abajo en el área de tienda, el aroma a madera nueva era penetrante. Su sentido del olfato parecía haberse hecho más agudo y el olor le agradaba.

Los jóvenes hicieron una excelente labor de limpieza en el jardín. Todavía no decidía que haría con él. Tendría que ordenar la elección de una cerca en la orilla del arroyo, para proteger al niño.

Salió y siguió la senda serpenteante y empedrada descubierta por los muchachos. Había un viejo manzano en el centro del jardín y pensó en colocar un banco bajo su sombra.

La hortaliza estaba separada del resto del área por rosales trepadores que tendrían que reemplazarse, no quería rosas y sus espinas, sino una enredadera predominante de flores. Su padre las cultivaba en su casa suburbana y ella las adoraba.

Parte de los vidrios del invernadero ya habían sido reemplazados y hacia allá se dirigió, hasta que, de pronto, fue quitada del lugar de peligro con violencia. Escuchó cómo el vidrio se hacía añicos contra el suelo, pero el ruido fue ahogado por los brazos que la protegían

— ¿Estás bien? —el fuerte sonido de la voz reverberó en su cuerpo.

¿De dónde salió Edward? No lo oyó llegar. Sacudida por el susto, sintió que se desvanecía. Tratando de controlarse, se oyó lanzar un gemido y sintió que la presión de los brazos de Edward aumentaba.

—Bella, todo está bien... Estás a salvo —su voz era gruesa por la preocupación; su cuerpo la sostenía y le brindaba protección. Bella advirtió el peligroso impulso de quedarse allí, cerrar los ojos y disfrutar el calor y la sensación de seguridad de estar en sus brazos, pero luchó para sobreponerse a su debilidad.

Mientras luchaba para soltarse del abrazo, pensó que él no se lo permitiría, pero no fue así. Al alejarse de Edward vio su pálido rostro y comprendió el peligro en el que estuvo.

No pudo reprimir el impulso de mirar sobre su hombro a los vidrios destrozados en el suelo.

—Esos muchachos idiotas deberían recibir unos latigazos por dejar el invernadero en ese estado tan peligroso.

—Llegaste en el momento preciso.

—Vi el reflejo del sol en el vidrio cuando empezó a deslizarse —comentó molesto—. Nunca corrí más en mi vida. ¿Estás segura de que estás bien? —extendió la mano para quitar unas hojas secas de la parra de la cabeza de Bella y al hacerlo observó la señal inequívoca de su vientre. Contuvo el aliento y todo pareció girar a su alrededor— ¡Estás embarazada!

El momento que ella tanto temía había llegado. Quería salir corriendo para alejarse de él, para ocultarse del mensaje devastador que leía en sus ojos cuando su mirada fue de su vientre a su rostro.

— ¡Mi hijo... llevas a mi hijo en tu seno!

La voz de Edward estaba gruesa de asombro... y algo más… Y ella se llenó de pánico. Esperaba que la interrogara, pero nunca anticipó ese grado de seguridad, esa certeza de que el niño fuese suyo. Tenía la boca seca por el temor y la aprensión. La alarma corrió por su espina dorsal, haciendo que su piel se erizase. Hasta en las yemas de los dedos la sentía así.

—No... No, Edward. No es tuyo —dijo con los labios secos.

Él fijó la vista en ella, pero no parecía verla. Estaba asombrado, atónito y, al mismo tiempo, complacido, y Bella supo que no había captado su negativa.

El saber que, a pesar de su asombro, estaba complacido la atemorizaba.

—No es tuyo, Edward —repitió con voz más firme. Ahora sí la escuchó y en su rostro apareció un gesto de disgusto.

— ¿Qué quieres decir?

—Exactamente lo que escuchaste. El niño es de mi esposo. —se llevó la mano al vientre—. Es de Ángel —en el momento en que lo dijo sintió como si fuese verdad; que, de alguna forma, tendría al niño por su amiga, la amiga cuya identidad había alterado intencionalmente Pero no tenía otra alternativa, pensó para justificarse. No podía permitir que Edward creyese que la criatura era suya... No podía.

— ¡Mientes! —a pesar de lo terminante de su voz, Bella detectó cierta inseguridad en sus ojos. Ya había salido de su asombro y casi podía ver el flujo de sus pensamientos en su cerebro. Tendría que ser muy cuidadosa.

—No, Edward, no miento. Reconozco que cuando me acosté contigo no sabía que estaba embarazada. El niño debió ser concebido... poco antes… poco antes de la muerte de Ángel —de alguna forma logró tragarse lo amargo de su boca.

—El último intento de un hombre de dejar su nombre a la posteridad —Edward frunció el ceño, con el rostro pálido bajo los rayos del sol— Entonces fuiste a mi cama casi al salir de la de él y, sin embargo, habría jurado que al hacerte el amor, hacía mucho tiempo que no habías estado con un hombre. Pudo haberte dado un hijo, Bella, pero no te satisfacía —le indicó con crueldad.

Bella tenía que detenerlo. Debía hacerlo antes de que la obligase a decirle la verdad.

—Estás equivocado, Edward —le señaló con voz profunda— Me satisfacía de la forma más intensa que un hombre puede satisfacer a una mujer. Me dio un hijo —no supo de dónde sacó las palabras o cómo se enteró de que lastimarían al hombre que las escuchaba; sólo supo que así sería.

Se sintió enferma al verlo darse vuelta. Un músculo temblaba en su mente y sintió el alocado impulso de alargar la mano y acariciarlo, confortarlo en su dolor.

En realidad le importaba, se percató con humildad, pero tenía que aprender, al igual que ella, que es peligroso preocuparse por alguien. Al final, él se lo agradecería.

Y su hijo, ¿se lo agradecería? Le dolía pensar en ello, ¡lo que hacía estaba equivocado! Estaba negando a su hijo el derecho de conocer a su padre.

—Bella…

—Creo que volveré a la casa, Edward, me siento muy cansada.

—Tan fría y distante—La desafió él, tratando de dominar su frustración— Pero no fuiste tan fría en mis brazos, ¿verdad, mi casta Bella?

Bella sabía que trataba de provocarla y por qué lo hacía, pero eso no impidió que se ruborizara.

—Eso fue diferente. Sólo fue la emoción del momento.

—Y ahora ya no sientes nada por mí. ¿De eso se trata?—Le exigió con amargura.

—Nada—se obligó a responderle, volviendo la cabeza como si su negativa fuese cierta.

Sabía que estaba disgustado, pero nunca imaginó que lo tomaría de esa forma, haciéndola girar en redondo en sus brazos antes de acercarla hasta hacerla consciente de su masculinidad. Volvió a sentir en su interior aquel movimiento de vida, como si su hijo quisiese hacer contacto con su padre.

—Entonces no sientes nada por mí.

La fuerza de su boca lastimó sus labios y sus manos se hundían en su piel al tenerla junto a él, mientras su lengua era inclemente en sus labios; no sabía, si lo que sentía por él era real o emocional, pero sus manos habían subido hasta el cuello de Edward y sus senos palpitaban atormentados, como si su piel recordara y deseara la sensación de tener su piel contra la suya.

No supo cuánto tiempo permanecieron allí, en ese sensual abrazo; sólo advirtió que fue Edward quien se apartó primero, con la respiración agitada en una mezcla de excitación y enojo.

—Eres una cobarde, Bella —le señaló con voz gruesa— No tienes las agallas para reconocer que me deseas tanto como yo a ti; quizá no eres la mujer que yo imaginaba —se alejó y se volvió cuando ya estaba a unos metros de ella, para decirle tajante: Si quieres verme, sabes dónde encontrarme —y se marchó, dejándola más desolada que nunca en su vida, incluyendo la muerte de Ángela.

La asombró que pudiese sentir esa emoción por un hombre a quien apenas conocía. Un hombre que era el padre de su hijo, se recordó con dolor. Quería llamarlo para que regresara, correr detrás de él y suplicarle que la comprendiera. Pero, ¿comprender qué? ¿Temía perderlo al comprometerse con él? ¿Que quería su respeto y amistad, pero que no podía decirle la verdad respecto a su hijo? No, era mejor que se separaran por completo. A la larga, así sería mejor.

Temblando, como respuesta a su desolación y a su reacción, regresó a la casa. Toda su alegría había desaparecido. Ya no anhelaba vivir allí sola. En lo único en lo que podía pensar era en cómo le dolía el cuerpo después del beso salvaje de Edward... En su hijo y en cómo se sentiría al no tener padre.

De todos los sitios del mundo, ¿por qué la llevó allí el destino? ¿Por qué no fueron ella y Edward como dos barcos que se cruzan en la noche?

Estaba en libertad de mudarse, pero no quería hacerlo; ya había perdido el ímpetu que la hizo salir de Nueva York y dejar atrás todo lo que conocía. Allí se sentía segura, por extraño que fuese, quizá debido a su temor constante de que Edward se enterase de la verdad, pero lo peor ya había pasado. Ya estaba enterado de su embarazo y había aceptado su versión de lo acontecido.

Se miró el cuerpo; su embarazo ya era evidente. El momento de hacer público su estado había llegado. Como una joven viuda, debía aparentar estar feliz de tener un hijo de su esposo. Podría atribuir su anterior silencio a su temor de perder el niño, como en verdad fue, pero los primeros meses críticos ya habían pasado. Sí, quizá ya era el momento de anunciar que pronto sería madre.

La oportunidad de hacerlo se presentó antes de lo esperado. El trauma emocional de esa mañana la dejó agotada, así que esa tarde fue al jardín del hotel y se relajó en una cómoda silla de bambú.

Alice la encontró allí cuando se dirigía a la vicaría.

—Para algunos está bien —bromeó— ¿pero no se supone que tienes, una casa y una tienda por decorar?

—La culpa no es enteramente mía —respondió, acariciándose el vientre. Al instante comprendió que Alice captó el mensaje.

— ¿Para cuándo? —preguntó feliz, acercándose.

—Dentro de cinco meses. Me había guardado la noticia por que... bueno... después de perder a Ángel.

—Entiendo; sin embargo, debes estar emocionada.

—Lo estoy —aceptó Bella con sinceridad— Si bien el niño me está volviendo perezosa.

—Será peor y no mejor —la informó Alice sonriendo— pero aprovecha la ocasión. Una vez que el niño llegue, no tendrás tiempo ni para respirar. Incidentalmente, quiero disculparme a nombre de mi hijo. Edward le llamó la atención esta mañana. Yo no sabía que hubiesen dejado un peligro en tu invernadero.

—En primer término, yo no sabía que hubiese algún peligro. De ser así, no les habría permitido que metiesen la mano allí. Me aterroriza pensar en lo que pudo haber ocurrido.

—Bueno, tomas las cosas con mucha calma... a diferencia de Edward. No recuerdo haberlo visto nunca tan disgustado. Por regla general, tiene muy buen carácter. Pensaba invitarte a cenar una de estas noches, ¿te parece bien el sábado?

Bella quería negarse, sabiendo que había algo más que lo que la invitación de Alice parecía a simple vista. Tenía la impresión de que la hermana de Edward reanudaba sus actividades de casamentera; pero, ¿cómo podía negarse sin ofenderla?

—El vicario y su esposa estarán allí. Supongo que quieren que te unas al Comité Juvenil; siempre están buscando voluntarios para sus proyectos.

Alice hacía imposible que se negara sin parecer ser una pedante y Bella sospechaba que estaba muy consciente de ello, a pesar de su expresión inocente.

—En ese caso... acepto —replicó tensa. No preguntaría si Edward estaría presente. Temía saber la respuesta. Charlaron unos minutos más, antes de que Alice se marchara. Tenía que asistir a una reunión en la vicaría para planear la fiesta de verano.

—Edward nos permite celebrarla en los pastizales atrás de la casa. Este año queremos tener un baile después, pero necesitaremos organizarlo muy bien. Si tienes tiempo y quieres ayudarnos, serías una bendición para nosotros. ¿Te interesa?

Debía negarse, pero en verdad contaba con capacidad para organizar, además, ese era uno de los motivos por los cuales decidió mudarse a una población pequeña, porque quería participar en las actividades comunitarias. Todavía pasaría un mínimo de seis semanas antes de abrir la librería. Habría tiempo para ello.

—Si crees que pueda ayudarlos, me gustaría intentarlo.

— ¡Maravilloso! ¿Por qué no me acompañas ahora? Kath estará feliz, la organización de estas fiestas casi siempre recae en ella y ya está demasiado ocupada. No tienes idea de lo activa que es la vida de la esposa de un vicario. En ocasiones no tiene ni un minuto para ella misma

Alice era una de esas personas con facilidad para involucrar a otros en sus actividades. Habría sido una excelente directora de escuela, se dijo Bella con una sonrisa, al dejarse conducir por su amiga.

De hecho, la reunión resultó ser muy interesante. Además de Kath Fielding, la esposa del vicario, allí estaban media docena de señoras, incluyendo a representantes de la Unión de Madres, del Club de Mujeres y de la Sociedad Floral, Bella pronto fue electa para hacerse cargo de la organización del festival, con la responsabilidad de informar a Kath Fielding cuando fuese necesario.

—No tienes idea de la carga que me has quitado de encima —le indicó Kath, cuando Alice y ella quedaron solas— Con la participación de tantos grupos y todos tratando de superar a los demás, suele hacerse pesado y, como la esposa del vicario, se supone que debo permanecer neutral. Créeme, la tarea de Salomón era fácil comparada con ésta.

—No estoy segura de que eso me agrade —respondió Bella, riendo con las dos mujeres.

—No te preocupes. Podrás ser con ellas más firme que yo. Ten cuidado con Marie Philips, tratará de forzarte a permitir que el Club de Mujeres instale puestos adicionales y eso siempre causa problemas con la Unión de Madres.

—Y no supongas que tendrás que realizar ningún esfuerzo físico... ese aspecto siempre queda a cargo de los hombres—comentó Alice— Bella está esperando un hijo —explicó a Kath.

— ¿De veras? ¡Qué emocionante! Extraño a los dos nuestros, ahora que ya están grandes y viven lejos de casa, si bien es terrible que tu esposo no esté aquí para compartir ese placer contigo.

Como siempre, Bella se sintió incómoda cuando se habló de su marido imaginario. Se sentía culpable al recibir tantas muestras de cariño cuando en realidad no las merecía; pero, para su fortuna, Kath atribuyó su reticencia a tocar el tema al hecho de que ella no quería hablar de su desaparecido esposo, y cambió el tema de con versación.

¿Sería siempre así?, se preguntó Bella más tarde, cuando se preparaba para dormir. ¿Sentiría siempre la sensación de culpa por estar engañando a todas las personas y a su propio hijo? Pero, ¿qué otra alternativa tenía? Si le decía a Edward la verdad, quizá trataría de quitarle al niño, o peor aún, le permitiría conservarlo, pero tratando de participar en su vidas de alguna forma.

Bella había tenido que modificar su opinión de Edward. Se había percatado de que no era del tipo de hombre machista que se metía en la cama con la primera mujer que se encontraba; era un hombre compasivo que nunca le permitiría mantener a su hijo lejos de él.

En un principio pensó que la perseguía porque la consideraba una compañera de cama conveniente, pero ya sabía que estaba equivocada; que había en él un interés más profundo por ella, que le interesaba como persona, como mujer. ¿Pero cómo podía ser eso? Era tan diferente a los hombres egoístas que conocía, que le resultaba difícil comprenderlo. Se sentía atraída por él en lo emocional y en lo físico, pero sería muy peligroso permitir que esos sentimientos se desarrollasen; tenía que apagarlos desde ese momento. Se dijo que sólo quería a alguien a quien amar, a alguien que llenase un vacío, pero el niño habría de llenarlo. No necesitaba a nadie más.

Se quedó dormida con la mente convertida en una confusa masa de pensamientos atormentadores y en conflicto.

No se sintió mejor al despertar por la mañana. El sentimiento de culpa daba un sabor amargo a su boca, nublando su anterior felicidad.

Ese día iniciarían sus labores los decoradores y quería estar presente cuando llegaran. Después de desayunar se dirigió a la casa a pie. El olor a madera nueva seguía permeando el local de la librería.

Desde una ventana del piso superior vio la llegada del camión de los decoradores y, despacio, bajó a abrirles. Un jovial pelirrojo en mono blanco, se presentó como el "líder de la pandilla".

—Me llamo Roger y esos dos lacayos son Judy y Phil.

Judy era una chica de baja estatura, con cara de pillete y el cabello más corto que Bella hubiese visto jamás; en tanto que Phil era alto y delgado y con expresión melancólica.

Bella ya había aprobado los bocetos que le fueron presentados para el mural y llevó al grupo al área en que se venderían los libros infantiles.

—Muy bien —comentó Roger a sus ayudantes. — Los dejaré aquí para que empiecen, mientras yo recorro el resto de la casa —y siguió a Bella escaleras arriba—. Entiendo que quiere una decoración muy sencilla acá arriba, que vaya acorde con las características de la construcción. Tonos magnolia suaves en muros y techos, cosas así.

—En efecto. Considero que el papel tapiz se vería mal aquí, por mucho que me agraden los tapices modernos.

—Sabia decisión —aceptó Roger—. Debe tener una fuerza de voluntad muy firme. La mayoría de nuestros clientes actúan al contrario; dicen: "sé que no va con la época de la construcción pero me encanta".

¿Ella fuerte de voluntad? se cuestionó, analizando el comentario. Quizá lo era, pero eso no era malo para una mujer que vivía sola y que tendría que educar a un hijo. Tendría que tener mucha fuerza de voluntad.

Volvió a la planta baja, con Roger, y observó cómo los ayudantes empezaban a trazar el mural. El olor a pintura le provocó náuseas y se disculpó. Decidió ir a Port Angeles para ver cómo iban sus cortinas. Todavía no decidía respecto al mobiliario para su dormitorio. Alice le habló de una casa especializada en la elaboración de muebles de estilo antiguo. Tenían una pequeña fábrica en las afueras de Port Ángeles. Tendría que pedirle a Alice los datos exactos de cómo llegar allí. Antes de ir a Port Ángeles, decidió pasar a la hermosa granja en que vivían Alice, su esposo y sus hijos. Además de la casa, contaban con un número de edificios adicionales y dos pequeñas dehesas. La instalación ideal para el veterinario rural. El marido ejercía sus funciones en un granero adaptado. Ya había varios autos estacionados en el patio exterior. Bella bajó del suyo y se dirigió hacia la casa.

Alice abrió la puerta, recibiéndola con una amplia sonrisa.

—Pasa, te ves muy bien. Pareces un botón de rosa, no crees, Edward —preguntó por encima del hombro.

Ya era demasiado tarde para retirarse. Confiando en la oscuridad de la cocina, Bella oró para que Alice no la hubiese visto palidecer. Vaya mala suerte. Lo último que esperaba era encontrarse con Edward.

—No puedo quedarme —se apresuró a decirle— Solo vine a pedirte instrucciones para llegar a la fábrica de muebles en Port Ángeles.

—Aquí tienes la respuesta a tu petición, Edward. Mi hermano vino a preguntar si yo podría ir a Port Ángeles en busca de las medicinas de mamá. La farmacia local no las tiene y las necesita para dormir. Hay un problema en la granja y Edward no puede ir. Tres de sus vacas están pariendo, Jasper se encuentra allá. Yo tampoco puedo ir en este momento. Tengo que recoger a los niños de una vecina en la escuela y no podría regresar a tiempo.

Descorazonada, Bella supo que no podía negarse a ayudar. Reacia, aceptó la prescripción que Alice le entregó, sentía una mezcla de culpa y enojo. Temía encontrarse con Edward después de lo acontecido el día anterior. Sabía que se había comportado mal con él, no solo se sentía culpable, también se sentía malvada, en especial al recordar lo valiente y alegre que era la madre de él.

—No tienes por qué meter a Bella en esto.

Bella advirtió lo conciso de su voz cuando Edward se acercó a ellas. Su apariencia física la asombró. Necesitaba afeitarse. En su rostro había muestras de agotamiento y sus ojos estaban casi negros en la palidez de sus facciones.

Su expresión debió revelar su asombro, ya que él se frotó el mentón y esbozó una sonrisa avergonzada.

—Pasó toda la noche despierto, cuidando sus vacas —le informó Alice— Son de una nueva especie con la que ha estado experimentando, sólo que ha habido problemas con sus partos. Ya ha perdido tres becerros.

—Gracias, Alice, pero estoy seguro de que Bella no está interesada en los problemas de mi ganado —la interrumpió Edward bruscamente—. Lo cual me recuerda que debo regresar. Recogeré los artículos que Jasper me pidió de la sala de cirugía y me marcho.

Se detuvo a corta distancia de Bella y ella tuvo la impresión de que él no quería acercarse más a ella. Era evidente que quería guardar distancias. Pero, ¿por qué no había de hacerlo después de la forma en que ella se comportó?

Se sentía atrapada entre dos emociones en conflicto. Una parte de ella se alegraba de que él aceptase su rechazo con tanta calma y la otra se sentía desolada por su indiferencia manifiesta. Pasó a su lado y, unos momentos después, escuchó un auto que se alejaba.

—Pobre Edward, las cosas no le han salido muy bien últimamente —suspiró Alice—. ¿Sabes que en realidad él no quería la granja? Sólo la aceptó por mamá. Nuestro tío era muy anticuado y Edward trata de ponerla en condiciones del siglo veinte. Te daré las instrucciones. Eres muy afortunada al empezar de la nada. Hay ocasiones en que me gustaría remodelar este lugar, pero de pronto me encuentro con unos zapatos llenos de lodo en una silla y cambio de opinión. Sigo prometiéndome que tendré todos los tonos pastel y las cosas bonitas que quiero cuando los chicos se marchen.

Anotó la dirección en un papel que entregó a Bella, haciendo una pausa antes de preguntar:

— ¿Te importaría llevar las medicinas de mamá directamente a su casa? No te desviarás mucho y... Bueno, el otro día mencionó que disfrutó mucho conversar contigo. Este es el primer año que no participa en la organización del festival y se siente mal. El verte la alegrará.

¿Cómo podía negarse, sin ser grosera? Al salir, Alice le gritó:

—No olvides la cena del sábado.

Encontró la fábrica sin dificultad y, después de ver los talleres, decidió comprarles algo. Se enamoró de una mesa de cocina tradicional y le gustó un tocador que elaboraban sobre pedido para un cliente. Algo como eso se vería bien en su habitación. Pero todavía necesitaba otro mueble para colgar sus vestidos. Había suficiente espacio en el vestidor que unía el dormitorio con el baño, pero quería algo más acorde con la construcción que lo que había visto hasta entonces. Al hablar de ello con el hombre que la guiaba, éste sonrió, feliz.

—No hay problema —la aseguró—. Podríamos diseñar algo que se ajuste a sus necesidades. Le mostraré algunas fotografías de piezas que hemos elaborado para dormitorios con decorado antiguo.

Las fotos despertaron su interés. Antes de salir, ya había ordenado que fuesen a tomar medidas del vestidor para hacer el mueble.

—Por supuesto que no será autentico, pero irá a la perfección con el edificio —se le dijo antes de partir.

En Port Ángeles surtió la prescripción médica y comprobó que las cortinas estaban casi listas. Serían colocadas cuando los decoradores terminaran su labor

Había hombres trabajando en el campo, mientras Bella volvía a casa. Gracias al buen clima, los agricultores esperaban poder levantar dos cosechas y ya preparaban sus tierras para ello.

El campo requiere de un trabajo arduo, se dijo. Recordó las facciones cansadas de Edward y lo lamentó, ya que el sentimiento de culpa renació de inmediato. No podía permitirlo. No tenía por qué sentirse culpable.

¿O sí?


¿Que les ha parecido? ¿Me dejan un review?

Ya saben, tanto la descarga del cap original como el adelanto del sig capitulo esta en mi blog. (Tambien subí otra entrada del libros academia de vampiros, ahí mismo pueden descargar el libro)

El link:

http : / alma- lau. blogspot. com /

(junten los espacios)

PD. Las que leen mi otro fic de amado enemigo...mañana actualizo.