Capitulo 2: nuestros mellizos

Los cullen observaban a edward, paralizado por la sorpresa. Sabían muy bien como se sentía eso, ya que ellos pasaban por el mismo tipo de sentimiento, y sobre todo, no querían que se sintiera mal, eso de encontrar a su hermana y a la vez ver lo que le pasaba a bella... .El era parte de la familia, y al involucrarse sentimentalmente con bella, ella se había vuelto parte de la familia. Incluso jasper y rosalie, que preferían no tener mucho contacto con ella, el primero por el peligro de que quisiera morder a bella y la segunda por la envidia, la querían y la apreciaban por el milagro que era en la vida de su hermano. Para alice, ella es la mejor amiga que nunca ha tenido, y aunque no le guste ir de compras (ya le gustaría ha alice =) ), la quiere tal como es . Emmet la considera su hermanita pequeña, alguien a quien debe cuidar ( podría ir a golpear a lauren o a mike). Y claro, para esme y carlisle es una hija mas, parte de la familia cullen. Y no es necesario leer mentes, sentir emociones o cualquier otro don para ver cuan grande era el amor que se profesaban edward y bella. Un amor tan puro y tan importante para los ellos dos. No estaba en consideración el perderla.

Y a su hermana también la querrían, ya que era obvia la alegría que le traería a edward el saber que tenia una melliza, alguien de su propia sangre.

Poco a poco edward recupero el movimiento y después el habla. Su encapuchada melliza se saco la parte de arriba de la capa, rebelando un largo cabello cobrizo y unas facciones idénticas a las de edward, claro que en versión femenina. Era muy bonita.

Ella le sonrió a su mellizo. Edward levanto la mano lentamente y le acaricio el largo cabello, ella le lanzo una mirada, como si pidiera permiso. Cuando el asintió, se tiro a sus brazos, sollozando.

-te extrañe, hermano mío- murmuro, llorando sin lagrimas.

Edward tardo un tiempo en contestar. Podía escuchar los sonidos de bella y estaba a punto de ir a su lado.

-yo…-vacilo- creo que yo también, hermana.

Mientras ellos se abrazaban, la otra figura encapuchada se acercó hacia donde estaba bella, aun retorciéndose y gritando de dolor.

De debajo de la capa saco una mano, que comenzó a despedir un fulgor negro. Presionó la mano en el escudo que protegía a bella y este se retiro, permitiendo que entrara y la tomara en brazos.

Una suave melodía cantada en una voz de tenor, como la voz de un ángel, salio por la boca del hombre en la capa, haciendo que bella se tranquilizara y cayera desmayada. Un suave fulgor inundo el cuerpo de bella, aumentando hasta que formo una nítida aura blanca a su alrededor.

Edward levanto la cabeza y soltó a su hermana. En su mente se empezó a formar una extraña idea, que pronto se transformo en una necesidad: alimentar a bella con su sangre.

Se detuvo, extrañado con su instinto que le decía que era lo que bella necesitaba, ya que ella no bebía sangre. Pero se vio obligado por si mismo a continuar, como una función automática de su cuerpo.

Llego al lado de bella y miró al encapuchado, como si el supiera cual era la causa del extraño sentimiento y comportamiento que estaba teniendo.

El encapuchado llevo la mano que antes brillaba hasta su capa y saco una delicada daga, elaboradamente ornamentada con turquesas y esmeraldas en su empuñadura y afilada con diamante, por lo que podía con la piel de vampiro. Se la entrego a edward, quien la miro un momento antes de tomar la daga con su mano derecha y con un fluido movimiento, hacer un tajo en su muñeca izquierda.

La sangre comenzó a brotar de la herida y edward, tomando a bella para que quedara con la cabeza apoyada en su pecho, ya que estaba flotando, le acerco la muñeca a los labios.

La reacción de bella fue instantánea. Se afirmo firmemente el brazo de Edward, succionando ávidamente lo que el le ofrecía.

Para edward fue un momento muy intimo. Sentía el placer de bella al succionar su sangre, su cuerpo vigorizándose gracia a lo que el le daba de alimento.

Pero eso no le quitaba lo raro.

Ningún humano se alimentaba de sangre. Ni tampoco los vampiros se alimentaban entre ellos. Bella seguía siendo humana. Y empezaba a aparecer un problema en edward: sentía necesidad de la sangre de bella. Pero no haría nada, jamás le haría daño a ella. Lleno de auto confianza, siguió alimentándola, sin temer en caer en un error.

Bella disfrutaba del sabor. Era dulce y a la vez salado… el dulce néctar de la vida. Sangre. No podía ver a nadie, no tenia forma de saber quien era el que la estaba alimentando, pero en el fondo, un instinto le decía que era edward.

Edward. Edward. ¡Edward!

Desesperada por verlo, por saber que estaba bien a pesar del estado en el que ella estaba, dormida pero a la vez despierta, intento abrir los ojos. La esperanza de encontrarse con la sala de los cullen desapareció tan pronto como tuvo los ojos abiertos.

Se encontraba en un bosque, parecido al que rodeaba el monte Olimpic, acostada en una roca con forma ovalada y alta, justo del tamaño de ella. Los árboles la rodeaban, tan espesamente que la luz, si es que la había no se distinguía. Frente a ella, una figura cubierta con una capucha negra, de apariencia esbelta y poderosa, y rodeada de un aura negra, le comenzó a hablar.

- de ahora en adelante ya no serás una humana. El destino te ha elegido a ti y a el que lleva tu misma sangre para cumplir con el destino del que depende el mundo. Ahora serás una kilara vampira y como tal notaras que no serás normal otra vez. Levántate amina-tveni, ahora bella torricelli.- le dijo, su voz destilando poder. La figura comenzó a desaparecer.

- ¡espera! Aun no me has dicho a que te referías con alguien de mi propia sangre. Y lo demás también…- la figura se despidió con la mano y desapareció. Y ella noto que volvía a quedarse dormida.

Edward noto que el calor aumentaba en el cuerpo de bella y que su muñeca dejaba de estar sujeta por sus ¿filosos? dientes. La luz que la rodeaba aumento de volumen, cubriéndola completamente. En esos momentos debería haber estado aterrado con lo que le podía pasar al amor de su vida, pero había algo dentro de el que le decía que todo iba a estar bien y que ella iba a salir sana y salva de todo este raro asunto. Hubo una explosión de luz que los segó a todos por su intensidad y luego bella descendió suavemente del aire, aterrizando en el piso.

- ¿bella?- edward la removió arrodillándose al lado de ella- ¡bella!

Los ojos de bella se movieron y miraron fijamente a edward. El se quedo congelado de la sorpresa, de nuevo. Este estaba siendo un dia muy raro. El iris de los ojos de ella era color verde oscuro.

Bella se alegro de encontrarse en el hogar de los cullen otra vez. Buscó a edward con la mirada, pero cuando lo vio, su alegría desapareció. Sus ojos eran de color verde esmeralda, ya no del calido dorado que siempre tenían. Aunque debía admitir que eran los ojos mas sorprendentes que había visto alguna vez. Y seguían siendo tan profundos que podías perderte en ellos.

- ¡tus ojos!- se exclamaron el uno al otro al mismo tiempo.

- los tuyos son verde oscuro- le informo edward a bella mientras la levantaba y colocaba en sus piernas de modo que pudiera abrazarla. Y es que a edward no le importaba que sus ojos color chocolate a no fueran los mismos. Seguía siendo ella. Y seguía siendo muy hermosa.

- y los tuyos verde esmeralda- le dijo bella mientras le acariciaba los parpados.

- OH. Igual que cuando era humano. Salvo que creo que sigo siendo vampiro- edward se llevo un dedo a la boca. Luego toco la piel de su brazo- sip, aun soy vampiro- le sonrió a bella.

- ¿podría alguien decirme que pasa aquí?- los interrumpió alice, aun impactada- esto es muy extraño y de verdad que no lo entiendo.

- creo que necesitamos que no explican- le dijo carlisle a la hermana de edward. El resto de los cullen asintieron, de acuerdo con lo que decía.

Recién ahí bella salio de la burbuja en la que estaba con edward y se dio cuenta de lo que había fuera. Todo lo que había a su alrededor se había caído, pero no roto. Los cullen estaban apoyados en la pared más lejana y carlisle estaba un paso por delante de todos. Había una joven de aproximadamente 17 años, pelo cobrizo…

¡Un momento!- pensó bella.- ¿pelo cobrizo? Y se podía decir que era extrañamente parecida a edward. Pero el nunca había mencionado a ninguna hermana… y no le mentiría ¿verdad?

- ¿Quién es ella?- le preguntó bella a edward con la mirada acusadora.

Edward sonrió aun más ampliamente. La levanto y la llevo hasta la joven sospechosamente parecida el.

- bella, te presento a la melliza que no sabia que tenia. El porque, no lo se, pero ya me lo dirá ella- miro a su hermana.- se llama…

- danella, me llamo danella- danella sonrió y le tendió la mano a bella.

Bella se la tomo y se la estrecho, feliz por edward.

- me alegro de conocerte- le dijo sinceramente.

- y yo me alegro de conocer a mi cuñada, ya sabes que no me refiero a que tu seas la pareja de mi hermano- ella rió. Tenía una voz muy bonita.- o talvez no lo sabes- agrego riéndose de nuevo.

Bella rodó los ojos. Igual que edward. Pero luego entendió lo que dijo.

- ¿cuñada?- le pregunto extrañada.

- sip, y tengo que presentarte a alguien- la condujo hacia la pared donde estaba un hombre encapuchado. Y sorpresa, era el mismo del sueño de bella. Bella volvió a rodar los ojos. Ya nada le parecía raro.- el es Alexander, mi pareja.

El encapuchado se saco la capa negra. Tenía el pelo café chocolate y los ojos color verde oscuro. No había duda de que se parecía mucho a bella.

Bella creyó que le iba a dar un infarto.

- y, querida hermanita, yo soy TU mellizo- dijo riéndose de la cara de "esto es un sueño" de bella.

-¿Qué? Pero ¿Cómo? Tú… yo. ahhh- bella se tambaleo para atrás y callo desmayada.

- OH no- murmuro edward.- ¡bella!