- ¿Has hablado con Richard? – Preguntó Marín. Giró a verla y se notó la expreción de enojo ante la exasperación que ella ya le había provocado.

...

- ¿Me ves cara de haberle preguntado? – Dijo. Ella puso los ojos en blanco, ante su mala respuesta.

- ¿Estas con abstinencia, no? – Dijo y volvió a teclear en la computadora.

Tenían que terminar un trabajo para Richard y apenas íban por la mitad. Ya llevaban fumándo 5 cigarrillos. La nicotina que contienen lograba calmarla.

Marin , ella es de esas amigas que ya no se encuentran fácilmente. Llevan viviendo juntas aproximadamente 2 años. Se conocieron en la Universidad y desde ahí han estado juntas en todo. Ahora consiguieron un empleo en el centro de New's Corporation y no debebian desaprovecharlo.

- ¿Podrías mover tu lindo trasero y ayudarme, no? – Le dijo Marín a June.

La miró y tiró la colilla del cigarro al tacho. Se puse de pie y se acercó a ella. Miró hacía la pantalla blanca y brillante de la computadora.

- Los números del consumidor final están mal – dijo apretando los dientes. Ella suspiró frustrada.

- ¿Puedes hacerlo tú? No doy más – Se levanto de la silla. June se sentó y miró bien aquellos números. Comenzó a hacer cuentas en mi cabeza.

"¿Qué necesidad tengo yo de pasar por todo esto? Soy una mujer exitosa, que con sus pocos años tiene todo para ser grande en la vida. ¿Qué necesidad tengo de rebajarme a hacerle trabajitos idiotas a un gordo panzón que apenas puede verse la punta de los pies de lo gordo que es? Creo que estoy demasiado estresada. Hace aproximadamente veinticuatro semanas que no tengo sexo. Básico y muy necesario para la vida. Es capaz hasta de sacarme los dolores de cabezas más intensos. Y no lo tengo, estoy más sola que un perro." -Pensaba June,mientras trabajaba.

- Terminé – Le dijo a su amiga. Ella se incorporó del sillón y dejó a un lado el cigarrillo.

- Gracias a Dios June – dijo y se acercó a ella

June. Tengo 24 años. Era una mujer independiente, sociable, algo testaruda, atrevida y sobretodo una mujer bastante sensual. Pensó hacer algo, para su bien, algo para ella.

"Voy a venderle mi alma al Diablo a cambio de todo en la vida"

- ¿Marín? – la llamó. Ella,giró a verla.

- ¿Qué pasa? – Preguntó. June sonrió levemente

- ¿Qué pasaría si un día decido venderle mi alma al diablo? – le preguntó.

Marín tomó una cruz que colgaba en su pecho. Ella era muy creyente y esas clases de temas la alteraban un poco. Tanto así que después terminaba rezando tres rosarios y como veinte padres nuestro.

- ¡Que tu boca se haga a un lado Camaleón June! – Gritó y toco su pecho izquierdo. Eso significa, deshacer lo que has dicho

- ¿Qué tiene de malo? – Le preguntó divertida.

- Sabes lo que pienso sobre eso, prefiero tener a la parca frente a mí antes que al señor rojo – rió por lo bajo,y se puso de pie.

- Pues – Levantó sus brazos hacía los costados – Le vendo mi alma al diablo, por algo que no se bien aun – Dijo elevando la voz

- ¡Cállate! – Le gritó Marín al oirme decir se reía.

- Ay, Marín, por el amor de Dios, ¿Qué puede pasar o qué? ¿Se me va a aparecer en un callejón o algo? – Preguntó divertida. Marín negó con la cabeza

- Nunca subestimes a lo que no conoces June, nunca – Le respondió y se fue hacía la cocina.

- Perseguida – Dijo June en voz baja,negando con la cabeza y terminó de acomodar todo.

La noche se hizo larga. Vivir en el centro de Los Ángeles no es lo más recomendado para las personas que sufren de ataques al corazón, ataques de asma o algún ataque de algo. Es muy ruidosa y por ende algo peligrosa. Vivian en la calle 87, ente la 60 y la 62. Es un lindo departamento, pero ya se está volviendo algo chiquito. Se despertó al sentir el sonido del maldito tren que pasa todas las mañanas a la misma hora, a unos 5 metros de su casa. Entró al baño y se dió una refrescante ducha. Despertó a su amiga y partieron hacía el trabajo.

"Tener puesto este vestido de oficina es odioso,los zapatos los soporto,se me ven lindos" -Pensó June

- Tengo que ir por Shaina, nos vemos en la oficina – Le dijo a June y se despidió con un beso.

Cruzo la calle y June siguió derecho, antes de continuar se detuvo en Starbucks a comprarce un rico Café de todas las mañanas. Los tacones de sus zapatos hacían un ruido muy molesto. La calle estaba bastante desolada, para esa hora. Su corazón comenzó a latir más rápido al sentir que alguien estaba siguiéndola. Se dió vuelta, pero no había nadie. Seguió su camino. Apuró sus pasos, esto se estaba volviendo algo malo. Dobló por un callejón, creyó que así cortaría camino. Su respiración se agitó al sentir la presencia de alguien allí. Se di vuelta para mirar atrás de nuevo y no había nadie. Volvió a ver al frente

- ¡Ay por el amor de Dios! – dijo espantada al chocarse con alguien de frente.

- ¿Por qué siempre lo nombran a él? – preguntó. Ella se alejó un poco y lo miró bien.

Completamente vestido de negro ese hombre era un Dios en vivo y en directo. Sus ojos miel eran, ¿cómo decirlo sin sonar idiota?... impresionantes. Su pelo Verde y de buen porte.

- ¿Quién eres? – le preguntó después de unos segundos de observarlo.

- Hola preciosa, me dijeron por ahí que ayer me anduviste nombrando – Le dijo. Frunció el ceño. Sonrió de costado.. Demasiado calor hacía en ese callejón.

- ¿Qué? – le preguntó. De una manera inexplicable para ella, él se colocó a un paso de su cuerpo.

- Un gusto, soy el Diablo.