Los destellos iluminaban el cielo de tal forma que imaginó si se miraran desde muy lejos, en otro panorama, y desde una perspectiva diferente, sería algo bastante único. Pero desde la suya, desde la de todos sus amigos y compañeros de colegio que ahora se encontraban luchando en contra del bando oscuro, admirar el cielo en esos momentos estaba lejos, muy lejos de ser siquiera una posibilidad. Y de hecho, cada destello era un escalofrío. Porque significaba una posible muerte. Sangre. Un duelo. Y en definitiva, un ganador y un perdedor.

No había neutros, ¿Cómo podía haberlos? Aquello era blanco o negro. Lamentablemente vivías o morías, y todo gracias al que No-debe-ser-nombrado. Y ella, Harry, Ron, y todos los que consideraba amigos y aliados, esa noche, estaban dispuestos a morir por sus creencias, por la libertad, por Hogwarts, por ellos, y por todos.

Y sin embargo, en el momento en el que pensó que tenía todo bajo control, sin contar las lágrimas que amenazaban escapar de sus ojos cada vez que miraba de reojo los rostros de alumnos que perdieron la vida, apareció de la nada un chico de su edad. Vestido como un mortífago, con las creencias –creía ella hasta ese entonces, y aún quizá también- de los mismos, con la marca en su antebrazo, una familia constituida por mortífagos y allegada a Voldemort, atacando a tres de los que se suponía estaban del lado de él. Más encima, para defender a quienes defendían lo que él y los suyos vinieron a destruir. O al menos a hacerlo en un principio.

Hermione no podía concentrarse, porque no podía entenderlo. Y no podía vivir con algo que no entendía, mucho menos pensar bien. No encontraba a ninguno de sus dos mejores amigos –cosa que no ayudaba- y apenas podía centrarse para defender y atacar aquí y allá cada vez debía hacerlo mientras continuaba atravesando las ruinas fueras de Hogwarts.

¿Qué se supone que hacía Malfoy? ¿Era un truco? ¿Alguna especie de manipulación hacia todos por si ellos ganaban la guerra y él podía así quedar bien con todos? ¿Había hecho bien en dejarlo ir así sin más? ¿Y si había sido burlada por él? ¿Y si de hecho, segundos después de dejarlo, atacó a alguien? ¿A Harry? ¿A Ron? ¿A Neville? Muchas, por no decir todas las posibilidades eran de hecho, posibles. Después de todo, poco y nada conocía al Slytherin. No tenían absolutamente nada en común más allá de Hogwarts y el odio mutuo. Es decir, sabía que era un engreído, arrogante, bueno para nada, con un cerebro que dejaba de funcionar cada vez abría la boca. Pero realmente, no conocía a Draco Malfoy.

Y aún así, en su mente la imagen de él con la varita en alto, enfrentando a aquellos tres mortífagos para luego, atacar a uno y lograr de esa manera que no le atacara a ella, se había quedado grabada. Pocas veces en su vida se había quedado sin palabras, siempre tenía algún tipo de respuesta, lo que llevaba justamente, a muchas peleas verbales con Malfoy. Pero esa noche, y hacía unos minutos, le había costado increíblemente demasiado hablar. Fue un balde de agua fría, como si estuviese en otro universo paralelo.

Y es que la misma palabra 'Malfoy' era sinónimo de maldad, arrogancia y desagrado a su forma de verlo. Específicamente Draco, quien en todos esos años en Hogwarts, jamás la había dejado tranquila por estúpidos asuntos de sangre. Pero ahora en esos momentos, ni siquiera quería seguir pensando más en lo sucedido, porque más lo pensaba, menos se lo creía. Terminaría llegando a la conclusión de que se lo había imaginado todo por un golpe en la cabeza. Y sinceramente, quizá sería lo mejor.

Hermione pasó su mano derecha, la cual llevaba la varita, a través de su frente, y se quitó gotas de sudor y restos de tierra que había ganado a lo largo de la noche. Su espalda estaba ahora apoyada contra lo que en otros momentos hubiese sido una pared completa. Su pecho ascendía y descendía, a un ritmo muy alto, casi con la misma rapidez e intensidad con la que sus pensamientos iban y venían dentro de su cabeza. El sonido de un estruendo a su derecha la hizo despegarse de aquel lugar, y volver a correr hacia el mismo lugar por el cual había venido. Eran muy pocos a comparación de ellos, y no estaba segura de las posibilidades de ganar que tenían. Harry era la única, y no podía encontrarlo. Sólo rezaba porque estuviese bien, junto con Ron.

Originalmente iban a permanecer juntos, pero el derrumbe de una de las escaleras y el techo de un aula de arriba de ellos los separó, dejándola a ella de un lado, y a ellos dos del otro. Podrían haberlo rodeado, pero los mortífagos eran demasiados, y no podían contra ellos, no solos. Por eso habían corrido lo más que pudieron hasta encontrarse al menos ella, con Remus y Tonks, quienes hicieron lo posible e imposible, hasta que finalmente pudieron establecer aquella zona. Y ahora, no solo no sabía qué hacer, sino que tenía en su mente la indecisión sobre Malfoy. Tenía miedo de haber tomado la decisión incorrecta, ya que en medio de la guerra y hechizos, probablemente había decidido muy rápido, o quizá no. No tenía ni tiempo físicamente hablando para pensarlo. No si quería volver adentro en una pieza.

Pero en algún pequeño momento, había vuelto a tomar una decisión, sin saberlo, y aquella era que buscaría al Slytherin nuevamente y seguiría sus pasos desde cerca. De un modo u otro, debía buscar a sus amigos, y daba igual si era dentro o fuera de Hogwarts, era un cincuenta y cincuenta por ciento de probabilidades.

Esquivó un hechizo de una forma bastante ágil, tanto que incluso se sorprendió así misma y se sintió orgullosa. De estar en otras situaciones hubiese alzado la vista sonriendo para ver si alguien la había visto hacerlo. Pero aquel pensamiento ni siquiera logró formarse, ya que aprovechó que un auror se hizo cargo del mortífago que la había atacado, y corrió casi tropezando un par de veces hasta nuevamente entrar al castillo.

—¡Stupefy!— gritó casi por inercia al ver un borrón negro acercándose a ella entre tanto polvo que había en el aire, pero estando segura de que no era uno de los suyos. El hombre salió disparado hacia un punto en el que la castaña no se tomó tiempo de observar, ya que alguien la tomó del hombro y la giró, pero no lo suficientemente brusco como para sentir peligro de aquel agarre.

El rostro sucio y redondo de Neville la recibió, junto con una mueca que quería ser una sonrisa en medio de los rasguños que la delineaban. Sus ojos no se centraban en su cara, ya que el castaño cada cinco segundos miraba a sus costados, sin embargo Hermione se sintió aliviada al encontrarlo nuevamente, y sobre todo, sano y salvo.

—Neville— Murmuró suspirando para luego sonreír débilmente. —Me asustaste, c-creí que quizá Malf— Se vio interrumpida por la mirada de su compañero.

—El idiota se fue por allí— le dijo señalando la entrada de un pasillo, la cual tenía una de sus partes laterales derrumbada. —N-No entiendo qué le sucede, Hermione. Es como si de repente el sabor de las ranas de chocolate cambiase al de una hormiga muerta. Demasiado extraño, y muy sospechoso. —

Sus ojos se fijaron en los de ella, y fue muy claro que los pensamientos y sentimientos de él hacia Draco eran todo menos buenos. Y obviamente, eran justificados y hasta ella misma sentía y pensaba igual.

—Lo sé. Por eso quiero encontrarlo. —

—¿Encontrarlo? —Preguntó confundido, frunciendo el seño. —P-Pero si lo dejaste ir hace apenas unos segundos. A menos que hayas descubierto que era todo un engaño.. ¡Juro por Merlín le meteré la vari— Se interrumpió así mismo con un estruendo que hizo temblar hasta el mismo piso, y ambos se corrieron unos pasos a un costado.

La castaña negó rápidamente su rostro, con la respiración agitada. —No, pero me arrepentí. No sé si estuvo bien mi decisión, y lo mejor sería qu—

Otro estruendo esta vez aún mayor logró que comenzaran a caer algunos cuadros y con el mismo gritos empezaron a aparecer, asustados y de terror. Hermione abrió los ojos sin entender, y cuando se dispuso a seguir a Neville quien había dado un paso en orden de ver qué sucedía, la detuvo con sus manos.

—Hermione, ve por Malfoy. Yo puedo aquí. Además tienes que encontrar a Harry ¿Verdad? —Le preguntó alzando sus cejas con una esperanza contagiosa, y ella tras dudarlo unos segundos, asintió rápidamente.

—Si, gracias Neville. Y cuídate por favor. — Le pidió apretando los labios, comenzando a caminar como pudo, debido a que los temblores continuaban. Sin embargo no había hecho ni cinco pasos que escuchó a su amigo gritando su nombre. Se giró con el corazón en la boca, sin saber qué pensar, y al observarlo ileso y aún en su lugar, el mismo volvió a su lugar.

—¡Tú también! ¡De él especialmente! –Le gritó con todas sus fuerzas, y aún así a Hermione le llegó con dificultad, pero entendió sus palabras.

Volvió a asentir, y mientras con cierta dificultad se introducía en aquel oscuro pasillo y con la varita en mano, pensó que Malfoy debería de cuidarse de ella si le había mentido. Mas sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando a pesar de la oscuridad, a unos metros observó el cuerpo de un mortífago inconsciente en el suelo. Entreabrió sus labios a medida se fue acercando al mismo, y sus ojos lo observaron casi atónitos, sin saber ella qué pensar. Y es que había muchas probabilidades de que el Slytherin hubiese sido el responsable de aquello.

Un temblor se hizo notar, y dio un paso adelante para estabilizar su cuerpo, sin querer pisar el cuerpo que aún seguía a sus pies. Pero eso no importó, ya que ahogó un gemido de susto y sorpresa, comprobando que había sido Malfoy el atacante de aquel mortífago tras escuchar su voz y un segundo después verlo frente a ella, mirándola con el desagrado de siempre.


En el momento en el que se dio paso por aquel pasillo, con un movimiento de varita realizó el hechizo Lumus ya que no veía una mierda. Sus pasos sin embargo eran lentos y precavidos, él bien conocía las instrucciones de casi todos los mortífagos, había grupos pequeños de no más de tres que tenían un objetivo específico. Por ello sabía que mínimo a uno se encontraría por allí.

Sin embargo, sintiendo el peso de su capa como un estorbo, se detuvo tras girar en la primer curva y se la quitó rápidamente, y con una mueca de asco en su rostro. Sus dedos se movieron con rapidez y casi torpeza, como si el contacto le quemara. Y es que había sido su padre el que aquella noche le había acomodado aquella prenda antes de partir, mientras le susurraba al oído que no había lugar para errores o fallos, que estaba el nombre de la familia en sus manos.

Draco dejó caer la capa mientras alzaba una ceja recordando sus palabras, e inmediatamente alzó su varita tras escuchar pasos frente a él. Tragó saliva cuando dos mortífagos se acercaron.

—¿Malfoy? —Preguntó estúpidamente uno cuando lo tuvo demasiado cerca como para que aquello fuese una obviedad. Este le dio un codazo a su compañero, quien llevando también una máscara, no mostró ninguna emoción y no se veía tan social. —Te dije que era él—

—¿Qué hacen aquí? —Preguntó con frialdad y tono cortante. Podría atacarlos antes de que reaccionaran, pero le servía cualquier tipo de información que sea ajena a la que él sabía. Después de todo, las cosas podrían haber cambiado después de aquel llamado que el mismo Voldemort les había hecho hacía menos de diez minutos.

—Venimos de buscar el—

—La pregunta es qué haces tú aquí, Draco. — Dijo el otro mortífago, o mejor dicho, mortífaga, interrumpiendo la respuesta del primero.

Lentamente los ojos grises del Slytherin se deslizaron a ella, observando su mirada a través de su máscara, y parpadeó con una tranquilidad que comenzaba a perder.

—Es bueno saber que sigues viva, Pansy. — Murmuró mientras un temblor lograba desestabilizar la superficie del suelo, pero el único que se movió por inestabilidad fue el otro mortífago. Ni Draco ni ella se movieron, y aún se sostenían las miradas.

Ella llevó su mano libre, la que no sostenía su varita, y se retiró la máscara plateada, para luego bajar por inercia su capucha. Su cabello castaño y sus ojos verdes, así también como sus facciones se hicieron ver. Draco siempre había pensado que su rostro era fino, delicado y agresivo al mismo tiempo.

—Gracias. Sigues sin contestar mi pregunta. — Demandó la castaña, mientras el otro mortífago comenzaba a incomodarse.

Draco por su parte, guardó silencio. Y en aquellos segundos que transcurrieron, sus ojos se afilaron, y su rostro pareció congelarse incluso a pesar de que no movió un músculo. Pansy tragó saliva, pero no bajó la mirada. Abrió los labios para decir algo, pero Malfoy habló antes.

—Ponme a prueba y vuelve a demandarme algo. — Siseó lentamente, pero con un tono de voz que provocaría escalofríos en cualquiera. Y de hecho, el que aún mantenía la máscara, dio un paso atrás y murmuró algo que no logró escuchar.

La castaña entrecerró levemente los ojos, observando al rubio. No estaba pensando en decirle algo, ni tampoco dudaba en si hacerlo o no. Estaba intentando saber qué estaba haciendo él allí, sin la máscara. Y Draco supo que aquellos eran sus pensamientos. Por ello mismo, siendo demasiado rápido como para que ella pudiese parpadear, alzó su varita.

—¡Depulso! —Gritó mientras hacía un ágil movimiento de varita. El compañero de Pansy, al que nunca sabría quien era, recibió el impacto en el pecho y el impulso lo envió hacia atrás, desmayándolo al instante.

Pansy había girado su rostro con rapidez para observar al mortífago siendo expulsado por el suelo, para luego volver a mirar a la serpiente.

El rubio mantuvo su varita alzada, enfrentando a la castaña. Podía observar como sus dientes hacían presión unos contra otros, mientras su mano se cerraba cada vez más y con mayor fuerza alrededor de su varita. Claramente, si no se hubiesen conocido, ya le hubiese atacado. Pero no lo haría. Él estaba seguro de eso. Y fue por ello que con lentitud bajó su mano, sin perder nunca el contacto visual con ella.

La castaña siguió en cambio el camino de su mano y su varita, para luego volver a alzar sus ojos verdes hacia él. Su cabello lasio estaba un poco despeinado, y sus ropas apenas tenían suciedad. Supuso habían entrado por algún área del castillo donde no había mucha actividad. El hecho de haber llevado su máscara hasta hacía minutos había protegido su porcelánico rostro de cualquier daño. No era ninguna mentira que Pansy le parecía atractiva, y aquello había sido suficiente al principio como para enrollarse y compartir sábanas con ella durante los últimos dos años sobre todo. Entre muchas otras. Y sin embargo no le unía ningún sentimiento amoroso con ella, ni nada parecido. Aunque sabía ella no podía decir lo mismo, pero sinceramente, no le importaba.

—¿Qué estás haciendo, Draco? —Preguntó ella entonces, casi con debilidad.

Observó que sus hombros ya no estaban firmes, sino que relajados, y de hecho toda su postura y su cuerpo ahora lo estaba. Como si se hubiese dado cuenta que pelear contra él era una estupidez, lo cual lo era.

—Debes irte. — Respondió él tras unos segundos, con cierta acidez, mientras la observaba con firmeza.

—No hasta que me digas que sucede. Tus padres, ¡¿Qué crees que d—

—Me importan una mierda mis padres. Y una mierda me importas , así que te vas por las buenas o por las malas. —

Sus palabras la hirieron, él lo pudo ver en la forma en la que sus ojos se abrieron con dolor, y una leve capa de lágrimas se formó en ambos, más Pansy se mantuvo firme. Tragó saliva antes de hablar.

—Ambos sabemos que lo primero no es así. No con tu madre. Y lo otro… — Inhaló aire, con sus labios temblando por la mezcla de rabia y dolor. Pero su orgullo la hizo continuar. — Lo otro no lo dudo, pero a mí me importas Malfoy. —

Draco mantuvo su postura, con su mirada fija en sus ojos, fría e inescrutable. No le agradó lo primero que dijo, en parte porque tenía razón. Sin embargo no dijo nada al respecto, ni tampoco cuando se acercó y ella rozó sus labios. Sus manos femeninas subieron hasta sus hombros, ejerciendo fuerza con sus dedos al llegar a ellos.

Ella era casi tan alta como él, por lo que a diferencia de muchas chicas, no tuvo que ponerse en puntas de pie. Él no movió sus labios, sin rechazar el contacto, pero tampoco queriéndolo. Aquello sin sorprender a Pansy, la motivó aún más, y presionó sus labios con mayor fuerza sobre los de Draco. Él permaneció con sus ojos grises mirándola, y ella al notar que aún él no hacía movimiento alguno entreabrió sus labios y mordió su labio inferior. Primero levemente, tentándolo, y luego con fuerza. Finalmente el rubio la tomó de sus muñecas y la separó de él. La castaña se removió entre sus brazos, pero él apretó sus dedos alrededor de su piel y ella se detuvo. La obligó a mirarlo a los ojos.

—No me importas del modo en que tú quieres tan patéticamente que haga. Nunca lo haré. —Susurró sobre sus labios, sin emoción. —Pero eso no quita el que no quiera asistir a tu funeral, Pansy.— Dijo con cierta burla y sarcasmo, pero a pesar de todo con sinceridad. Él no quería a la castaña, no le producía ningún sentimiento que no sea más que la pasión o lujuria. Ni siquiera verdadera confianza. En realidad nunca habían sido amigos, ya que nunca le había interesado como amiga. Pero después de tantos años, habían formado un lazo, quizá de alianza. —Yo quiero que te largues. Pero haz lo que quieras. Siempre y cuando no te metas en mi camino. ¿Entiendes? — Preguntó en un susurro entre despreocupado y amenazante, y cuando ella asintió con lentitud, soltó sus muñecas y se alejó de ella.

Parkinson lo observó con su orgullo casi deshecho, pero tras tragar saliva, irguió su postura, y pasó una mano por sus cabellos largos. Le dedicó una última mirada al rubio antes de desaparecer sin decir nada más.

Malfoy observó por unos segundos el lugar por el que había desaparecido la Slytherin. No tenía idea de qué haría ella, pero esperaba le hiciera caso. No tenía ganas de lidiar con ella nuevamente en el futuro, ni estaba seguro de cómo saldrían las cosas en caso de que eso sucediera.

Revolvió su cabello rubio platino, y luego deslizó las yemas de sus dedos por el mismo para peinarlo hacia atrás. Decidió que la idea de los pasillos no era tan buena. Había tenido suerte esta vez por ser Pansy y un energúmeno que aún debería de seguir en el suelo. Y tras recordar a este último, decidió volver en sus pasos para encontrarlo y verificar que no se había levantado aún.

Giró nuevamente por el pasillo, y cuando iba a alzar sus ojos hacia el frente, un nuevo temblor afectó al lugar, y tuvo que apoyar su mano contra la pared. Relamió su labio inferior, sintiendo levemente dolorida la zona en la que Pansy había mordido; pero casi se muerde él accidentalmente al encontrar a Granger parada a los pies del mortífago que ahora confirmaba, seguía en el piso. Ella parecía no haberlo visto, y le pareció tan indefensa en aquellos momentos, que por un segundo hubiese querido no haber cambiado de pensamientos a último momento en aquella guerra para poder atacarla.

Sus ojos grises observaron la manera en la que ella observaba el cuerpo de aquel idiota, y él alzó una ceja al interpretar su mirada como una mezcla de confusión y casi interpretación. Sus labios instintivamente se fruncieron con la sola imagen de ella.

—Por ser tan inteligente, puedes ser muy estúpida. —Siseó con un tono de voz elevado ya que los jodidos hechizos provocaban cada vez más temblores en aquella área. De seguro alrededor de las paredes de aquellos pasillos se estaban dando duro. Y mientras tanto él allí, con Granger. — Creí haber dejado en claro que me dejaras en paz. — Puntualizó alzando sus cejas con sarcasmo, para luego volver a apoyar su mano contra la pared para estabilizarse.

La castaña tenía sus ojos abiertos, observándolo casi sin creerlo al principio, pero entre los temblores y su mente que parecía trabajar rápidamente, entrecerró los ojos con odio y alzó el mentón con decisión.

—Omitiré lo primero. Pero con respecto a lo segundo, creo que no estás en posición de pedir absolutamente nada, Malfoy. — Sus ojos parecían determinados, y el rubio la observó como si estuviese borracha.

—Pues crees mal, Granger. Yo estoy en todo mi maldito der—

Primero fueron gritos los que interrumpieron al rubio. Pero lo segundo principalmente fue lo que captó su atención y la de la castaña a partes iguales. La pared por la cual los dos estaban apoyando sus manos tembló con mucha intensidad, y el techo sobre sus cabezas comenzó a agrietarse y a moverse de igual forma. Algún estúpido había olvidado que a pesar de estar en una jodida guerra, la gente seguía yendo y viniendo por los pasillos.

Fue cuestión de dos segundos en los que la entrada por la que entraba luz, aquella por la cual ambos habían entrado, se vio tapada por completo cuando el techo próximo a la misma se derrumbó. Y luego fue como un efecto dominó, donde cada trozo de techo comenzó a agrietarse y caer, en ese orden hasta llegar a ellos. Malfoy dio un paso hacia atrás, y luego otro mirando hacia arriba, sin siquiera recordar que estaba Granger frente a él. Y cuando se dispuso a correr en el lado contrario, escuchó un grito de dolor.

La Gryffindor había tardado en correr, y por ende, una roca del tamaño de una Quaffle le había rozado la espalda al caer, dejando un corte de una línea en su remera y espalda; empujándola al suelo. El rubio entreabrió los labios al verla, intercambiando aquella visión con la del techo que continuaba desmoronándose. La idiota no se levantaba, y tenía los ojos cerrados con fuerza por el dolor asumía él, y por ello Draco resopló, gruñendo.

—¡Joder! ¡Tienes la reacción de una babosa Granger! — Gritó malhumorado, dando tres pasos largos y rápidos. Pequeños trozos de piedra comenzaron a caer sobre ellos, y al llegar a su cuerpo, el Slytherin dudó un segundo antes de tomar su brazo con su mano y tirar de ella hacia su lado. Apenas tuvo que hacer fuerza para levantarla, y al impulsarla hacia él con más fuerza de la requerida, terminó tropezándose y llevándosela a ella sobre él.

Él cayó sobre alguna jodida roca, ya que sintió una punzada en la parte media de su espalda, y como cereza del postre Granger encima suyo. La castaña automáticamente gritó aún adolorida, y totalmente espantada por el contacto entre ambos, lo cual en otras circunstancias le habría parecido sumamente divertido. Pero el punto es que ella se movía y lograba que la roca se incrustará aún más en su espalda.

—¡Mierda Granger, deja de moverte! —Demandó tomando sus antebrazos con sus manos, mientras pensaba por qué demonios no había dejado que el techo se le cayera encima.

—¡D-Déjame ir! —Demandó ella en un chillido, moviéndose ahora aún más, logrando que el Slytherin gimiera de dolor. Al escucharlo, la castaña se detuvo y abrió los ojos observándolo casi preocupada.

Ahora que ella se había detenido, pudo notar que la distancia era muy poca. Demasiado poca. Por lo que Malfoy pudo ver sus propios ojos reflejados en los de ella, y el detalle de sus pecas sobre sus mejillas. Y allí fue él quien comenzó a removerse. Aprovechando que la tenía agarrada de los brazos, la empujó a un lado, separándola de su cuerpo y sin importarle si lo había hecho con poca delicadeza. Le daba igual.

Por su parte, Hermione se dejó caer en el suelo, y se deshizo del agarre del rubio de mala gana y con rudeza.

—Vuelve a tocarme Malfoy, y te olvidas de tus manos. —Murmuró entrecortada por la agitación del momento, con sus ojos observando el techo que tenían sobre ellos, el cual si bien estaba agrietado, dentro de todo estaba sano. Parecía que ya no había nada más que caía del mismo, aunque pequeños temblores y estruendos se seguían escuchando de afuera, solo que ahora estaban más apagados o débiles.

—Ya lo creo, yo mismo me las corto. —Murmuró con desagrado mientras lanzaba la roca que había tenido bajo su espalda. —Puta roca. — Susurró mientras se levantaba no sin cierto esfuerzo, sintiendo como apenas podía enderezarse. Observó de reojo a la castaña aún en el suelo y rodó los ojos, antes de desviar su mirada grisácea al lugar por el que ahora no podrían ellos salir, ni nadie entrar. Las mismas piedras y trozos de techo que habían caído, se habían encargado de sellar la entrada.

—Supongo tu sueño se hará realidad después de todo, Granger. ¿O tus temores quizá? — Preguntó dándole la espalda, para luego girarse y enfrentarla con una sonrisa ladina en sus labios. Por supuesto que la idea de estar allí con ella le era tan desagradable como el hecho de pensar en besar a McGonagall. Pero ahora tenía a favor que le había salvado el trasero, y pensaba utilizar eso a su favor.

El brillo en sus ojos grises en medio de la oscuridad se intensificó por sus pensamientos, y por el modo en el que la castaña le devolvió la mirada, supo que adivinó lo que él estaba pensando.


Hola nuevamente!

Bueno, sé que tardé un poco en actualizar, pero hasta noviembre/diciembre los profesores en la universidad tienen como objetivo quitarme la vida social y tiempo libre, por lo que me fue un poco difícil sentarme a escribir.

Pero al final pude, y esto es lo que salió! Introduje a Pansy a la historia, no la quise hacer como una chica débil o llorona, sino como simplemente una chica enamorada del chico equivocado.

En fin, espero que les guste como quedó, y como dije antes, cualquier crítica constructiva es más que bienvenida, y sugerencias también :3

Un beso!