Hola sempais :D Jo.. lamento haber tardado tanto en escribir la conti... es que... es que... D: Mary no lograba sacar nada de su mente u.u. Espero que sigan leyendo la historia y les este gustando y que este capítulo compence haber tardado tanto en actualizar.
Mary is a good girl, sempais :d
CAPÍTULO 2
¿Qué quería decir con eso? ¿Cómo que deseaba verme pero no podía ser bueno? ¿A qué estaba jugando? Fuera lo que fuese y tanto quisiera él como no, yo ya había entrado a ese juego.
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–No lo sé.
Me quede callado con el ceño fruncido y completamente estupefacto.
–Es una broma ¿verdad?– le pregunte –Oye, si no quieres decirme tu nombre solo tienes que decirlo, hum.
–Es enserio.
–¿Cómo puede ser enserio?– grite –¿Qué no sabes tú propio nombre? No me jodas, hum.
Él se quedo callado mirando el piso como niño regañado. Ofendido y cansado de la semana que había tenido para rematarlo con una discusión sin sentido con un pelirrojo súper sexy e idiota me di media vuelta y saque las llaves del pantalón y abrí la puerta con coraje. Me metí a la casa y cerré la puerta con un fuerte golpe. Inmediatamente hice una mueca de disgusto y la volví a abrir. Él se había dado media vuelta y estaba empezando a caminar. Suspire.
–De todos modos, gracias por lo que hiciste, hum.
Y antes de que él pudiera hacer o decir algo volví a cerrar la puerta. Esta vez quedamente.
Recargue mi cabeza en la puerta y suspire cansado. Luego de estar ahí parado varios minutos me fui a la sala y me eche sobre el sillón de tres piezas y antes de poder siquiera darme cuenta, había cerrado los ojos y quedado dormido.
En el sueño estaba completamente oscuro y volvía a sentirme sofocado. Mis manos estaban en mi garganta, apretándola con fuerza, estaba dando arqueadas y no las podía controlar, seguían apretándose cada segundo más a mi piel. Me dolía y sentía los ojos a punto de salirse de mis cuencas.
Caí de rodillas y escuche como si callera sobre vidrios rotos. Frente a mí se escuchaban los pasos de alguien andando de un lado a otro, como si fuera uno de los grandes felinos salvajes cuidando a su presa.
Yo era su presa. En cualquier momento se abalanzaría contra mí y me mordería. Me haría desangrarme hasta morir.
Mis ojos se estaban haciendo pesados y me di cuenta de que posiblemente aquel ser extraño que se paseaba de un lado a otro frente a mí estaba esperando a que yo mismo terminara el trabajo para empezar su labor.
No podía respirar ya. No se sentía realmente mal, parecía como si me estuviera venciendo el sueño. Volví a susurrar aquel nombre, pero como la última vez, mi cabeza no lo retuvo en mi memoria.
Sentí como cerraba los ojos, mis manos todavía apretaban mi cuello, y luego sentí el frío piso golpearme el costado. Un escalofrío recorrió cada fibra de mi ser en un segundo. Y luego, solo hubo más oscuridad.
–¡Deidara!
Gemí mientras con un esfuerzo abría levemente los ojos. La luz del sol que entraba por la ventana principal de la sala me pegaba con fuerza en todo el rostro e hizo que volviera a cerrar los ojos, apretándolos para no sentir esa molesta luz.
–¿Te encuentras bien, hermano?
La voz de Naruto volvió a sacarme de mi flojera y me obligo a abrir nuevamente los ojos y pasar mi mano por mis cabellos.
–Hola Naruto, hum– le dije mientras me sentaba en el sofá y tallaba distraídamente mis ojos –¿Qué te pasa?
–Oh, nada. Eres tú el que ha estado murmurando en sueños– me dijo Naruto con el ceño fruncido –¿A qué hora llegaste anoche?
–Hum… en la madrugada– conteste, hice un esfuerzo por recordar exactamente qué había pasado –Estaba muy cansado y nada más me eche sobre el sofá me quede dormido, hum.
–¡Ah! ¿Ya lograste despertarlo?– pregunto la aguda voz de Hikari, sonaba preocupada y corrió a mi dirección y me puso la mano en la frente. Aturdido, tarde en alejarme de ella en un ademán grosero, ella frunció el ceño pero inmediatamente sonrió –Entonces supongo que no necesitamos ir al hospital.
–Claro que no necesito ir al hospital, hum– conteste con irritación en la voz –¿Es a caso que te has vuelto loca? Estoy bien, hum.
Ella arqueo una ceja.
–Sí, supongo que si llamas bien a estar sudando y murmurando cosas mientras duermes… tú estás perfectamente.
Sentí como el sonrojo se hacía presente en mis mejillas. Mire a Naruto en busca de apoyo pero lo que encontré fue su ceja levantada y una expresión que por desgracia parecía darle toda la razón a Hikari. Bufé por lo bajo y suspire para calmarme.
Mire a Hikari con el ceño fruncido y con odio en la mirada. Odio, que se fue convirtiendo en desconcierto cuando apareció ante mí la imagen del pelirrojo, parpadee rápidamente para asegurarme de que no era más que una ilusión, cuando quedo claro que eso era, baje la mirada al suelo.
–No te preocupes Hikari– dije con voz tranquila y desprovista de sentimiento –Estoy bien.
Tanto Hikari como Naruto parecieron desconcertados por mi respuesta tan… ¿amable?
–Bien…– dijo Hikari y luego sonrió, noté que en sus ojos negros había aparecido un brillo que nunca le había visto y que la transformaba en una mujer todavía más hermosa –Les preparare algo delicioso para desayunar. Naruto, ve y dile a tu padre que se baje. Hoy pasaremos el día juntos tal y como acordamos ahora que vino Deidara chan.
De haber tenido fuerzas suficientes habría resoplado o algo así. Sin embargo, me quede callado con la mirada baja y pensando en ese chico.
–¿Qué me dices, Deidara?– pregunto Naruto a mi lado, lo mire y vi que estaba sonriendo –Creo que te irá bien visitar a tus amigos ¿no?
Hice una mueca de desagrado.
–En realidad, vi a Itachi y a Tobi ayer, hum– le dije, e incluso me sorprendí a mí mismo por haber dicho eso, yo siempre estaba bien puesto para ir a visitar a Tobi y a Itachi –Hoy más bien planeaba ir a comprar arcilla, hum.
Naruto me miro con ambas cejas arqueadas. Luego sonrió.
–Vale, como quieras.
Y luego de decir eso se fue escaleras arriba a hablarle a Yondaime para que bajara a desayunar.
Me pase las manos repetidas veces por la cara, buscando despejarla. Atrás de mí escuche la suave risa de Hikari, me voltee a verla. Ella ahora tenía una sartén en las manos y un mandil rosado y con corazones que decía "Kiss the cook", levante una ceja.
–Deidara, me estaba preguntando…– comenzó a decir ella mirándome atentamente, con los ojos resplandeciendo y con una sonrisa tímida en la cara –Si después de desayunar piensas ir a buscar tu arcilla.
La mire varios instantes.
–Pensaba tomar una ducha primero, hum.
–¡Oh! Vaya– dijo con voz cantarina –¿No te molestaría que fuera contigo? Debo hacer unas compras y… podríamos aprovechar para pasar tiempo juntos, ¿no te parece?
Era increíble que por no responderle demasiado feo se creyera que por eso ya sería como mi madre. Y era increíble que me encogiera de hombros y le soltara un inaudible "si" que definitivamente pareció escuchar con claridad porque me sonrió y regreso a la cocina con pequeños saltitos.
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Ahora íbamos los dos caminando por el supermercado. Hikari iba revisando los productos de la despensa y comparándolos con otros siete diferentes productos que hacían prácticamente lo mismo, para después escoger uno (la mayoría de las veces el primero que había cogido) y empujar el carrito conmigo al lado con las manos metidas en los vaqueros y suspirando de vez en cuando.
A mi lado pasó un chico de mi edad que venía inspeccionando los productos de limpieza. Tenía el cabello completamente negro, corto y le caía en mechones a los lados, tenía unos ojos grises y la piel blanca.
Me le quede mirando medio atontado. El chico metió un producto en su carrito y se giro a verme. Aparte la mirada y me quede viendo un detergente. Por el rabillo del ojo vi como el chico se iba por el largo pasillo.
Venga. A la hora de hacer despensa se podía encontrar chicos lindos ¿no?
–¿Entonces… el Maestro Limpio?– me pregunto Hikari señalando el producto. Lo mire y suspire nuevamente.
–Es lo mismo, hum.
–Por supuesto que no, Deidara.
–Para mí sí.
–Oh… debes empezar a preocuparte más por la casa. Cuando te cases…
La mire escandalizado y con los ojos en blanco.
–¡A penas tengo diecinueve años, hum!
–Hay que irse adelantando– dijo ella encogiéndose de hombros y volviendo a empujar el carrito indiferente a mi terrible sonrojo –¿No lo crees?
Bien. Ahorita mismo me estoy pensando que debí declinar su oferta de hacer la despensa juntos. A todo eso… ¿qué demonios estaba yo haciendo con ella?
Quedar en ridículo, eso es lo que estaba haciendo con ella.
El resto de las compras las pasamos en silencio, sin embargo ella seguía sonriendo. Cuando subimos al carro y cerré la puerta sentí un pesado ambiente creado a partir de que Hikari dejó de sonreír. La mire con una ceja levantada, ella no me miraba y solo fijaba la vista en la camioneta platinada que estaba frente a nuestro BMW azul.
–¿Puedo preguntarte una cosa, Deidara?
Su voz se había escuchado tímida y bastante cautelosa, cosa que hizo que todas las partes de mi cuerpo se tensaran en un segundo.
–¿Qué, hum?
–¿De casualidad… tú no eres… ehm…? ¿Cómo decírtelo?– aguardo unos segundos y tomo aire –¿Eres gay?
Parpadee varias veces, incapaz de creer que… bueno. Abrí la boca mientras dentro de mí crecía un horrible vacío y mis mejillas ya estaban ardiendo.
–Yo…– dije mientras ahora mi vista se volvía borrosa por las lágrimas, Hikari volteo a verme, preocupada –Yo…
–¡Oh, no! No me malentiendas, Deidara– dijo poniendo sus manos en mi cara, estaba tan anonadado que ni siquiera me aparte de ella –No es… eso no es nada malo.
–¿Entonces?– le dije con la voz quebrada y ronca –¿Qué te hace sacar a colación el tema? ¿A caso piensas decírselo a Yondaime cuando me porte mal, hum?
–¡No!– grito ella, escandalizada –Si tú no quieres que lo sepa, yo no se lo diré.
El aire me faltaba y me sentía exactamente como en el sueño, tan sofocado, como si dos manos apretaran mi cuello. Note que las manos de Hikari bajaban a mi cuello y el pánico se apodero de mí, sin embargo no me pude mover. Cerré los ojos con fuerza, esperando que ella dijera algo o comenzara a apretar contra mi cuello.
Pero en vez de hacer eso, me estrecho contra sí. Abrí los ojos, sorprendido de que ella me abrazara.
–Hi… Hikari
–Descuida Deidara. Seguro que podremos hacer algo con eso.
Abrí más los ojos y me separe de ella.
–¿Qué cosa?
Ella se mordió el labio.
–A menos que tú no quieras.
Parpadee varias veces, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.
–¿No acabas tú de decir que no tiene nada de malo, hum?
–No, no lo tiene… es solo que… bueno, eres un chico y es normal que un chico se fije en mujeres…
–¿Me estás llamando anormal, hum?– pregunte enojado alejándome de ella hasta la puerta del carro, sorprendido y molesto. En parte porque eso era una falta de respeto, en parte porque igual yo mismo me llamaba anormal.
–Por supuesto que no…– dijo ella poniendo una mano sobre mi hombro –Pero quizá podemos hacer algo con respecto a eso. ¿No te gustaría?
La mire asqueado. Y no es que me molestara pensar en cambiar mis… eh… gustos.
–¿Tú no recibes a diario chicos y chicas con mis mismas características, hum?– le pregunte irritado –¿Es esto lo que les dices, qué son anormales? ¿Esa es tu idea de una buena terapia, hum?
–Deidara yo solo quiero… ayudarte. Creo que tu… homosexualidad podría ser un factor a que nuestra familia sea…
–¡¿Nuestra?– repetí en un grito –¿Crees que eres parte de nuestra familia?
–Pues… ¡a mí me gustaría serlo!
–Pues ya rugiste. Te gustaría poder serlo. Pero no importa cuánto lo intentes Hikari. Naruto y yo jamás te aceptaremos, hum.
Ella me miro ofendida.
–¿Y qué te hace hablar por Naruto?
–Pues que lo conozco, soy su hermano, hum– respondí tajante –¿No te das cuenta de que los dos te detestamos? Y en todo caso de que algún día Naruto podría quererte, tú no cambiarás a mi madre y yo JAMÁS te considerare como ella, hum.
–¿Y cómo tu amiga? ¿Al menos puedes hacer el intento? ¡Deidara, quiero ser tu amiga, nunca he pretendido ser tu madre!
–Pues vaya amiga que saliste, hum. Diciéndome anormal, ¿cómo te parece que eso te deja?
–Esta familia no tiene remedio, ¡es tan disfuncional!, todo gracias a ti.
–¿A mí? Si todo estaba muy bien sin ti, hum.
–Claro. Con tu padre tomando todos los días y ustedes abandonados ¿no?
–Pues al menos no se escuchaban los ruidos de lo que toma ahora desde su habitación, hum.
–¿De qué…?
–No te hagas, si todas las noches se ponen a follar como animales en celo, y nosotros seguimos como perros abandonados, hum.
Y entonces Hikari levantó la mano y me plantó una cachetada de lo lindo. Al principio solo vi mi cabeza voltear hacia el parabrisas. Luego de unos segundos fue que comenzó a arder mi mejilla como si me hubieran apagado un cigarro en ella.
Voltee a ver a Hikari, sorprendido. Ella tenía la mano en la boca y me miraba estupefacta.
–Deidara…– susurro con la voz quebrada mientras de sus ojos salían cataratas de lágrimas –Yo… no sé qué… lo siento tanto.
Fruncí el ceño.
–¡Vete al cuerno, perra, hum!
Y entonces salí del carro y cerré la puerta con fuerza. Luego eche a correr por todo el estacionamiento hasta salir a la avenida y correr por la acera, empujando a la gente y esforzándome por no llorar, ¿Qué tenía ella que hacer en nuestras vidas? ¿Por qué había tenido que llegar?
Unos minutos luego de correr ya sentía dormidas mis piernas y aún así seguía corriendo lo más que podía. Llegue a la esquina de la calle y gire. No quería que Hikari me encontrara, así que me metí en la primera tienda que encontré abierta. En la misma entrada choque con alguien que llevaba un montón de cajas, y ambos caímos al suelo.
–Joder– susurre sentado en el suelo, adolorido mi trasero. Levanté la cabeza y me encontré con el pelirrojo que me miraba con los ojos abiertos de par en par –¿Tú?
–¿No debería yo de decir eso?– me pregunto sonriendo levemente –¿Estás bien?
Se puso de pie y me extendió una mano blanca, la cogí y me ayudo a ponerme de pie.
–Lo siento– le dije mirando las cajas que estaban tiradas –Espero no haber roto nada, hum.
–Lo dudo– dijo él riendo un poco y sentí mis mejillas arder por el calor –Estaban vacías.
Él me miro y de inmediato la sonrisa desapareció y su mueca de alegría se transformo en una sombría. Acercó su mano a mi mejilla derecha y la acaricio con toda la libertad, como si fuera algo común que se hiciera eso. Me quede estático en mi lugar. Nada más me toco y sentí que me recorría una corriente eléctrica, y una calma enorme llego a mi corazón. Cerré los ojos, saboreando ese momento. De repente su voz interrumpió mis absurdos pensamientos cuando lo escuche hablar ronco y cabreado.
–¿Quién te hizo esto?
–Eh…– recordé la cachetada de Hikari –¿El qué?
Él frunció el ceño.
–Te han dado una cachetada, ¿fue tu novia?
Note que su voz se escuchaba un poco triste y casi me echo a reír, pero entonces me percate de que llevaba un uniforme: un chaleco dorado y una camisa blanca con mangas cortas, un pantalón negro y un gafete que decía: "Hola, mi nombre es Sasori"
Fruncí el ceño y señale la tarjeta.
–¿Ese es tu nombre? ¿Sasori?
Él miro la tarjeta. Y luego me miro a mí.
–Ehm… sí– respondió.
–Ah– dije –Entonces para saber tu nombre ¿tuve que encontrarte de repente donde trabajas y ver tu gafete, hum?
–Suena como si me estuvieras acosando– rió él como queriendo desviar el tema, al ver que yo no parecía estar jugando y que además me había puesto colorado por la comparación se puso serio, se agacho a recoger las cajas que estaban regadas en el suelo –Pero cuando te dije que no lo sabía hablaba enserio.
–Si de eso ha pasado un día, hum– proteste –Corrijo. No ha pasado ni un día.
Sasori se encogió de hombros.
–Supongo que no, pero… el nombre me vino esta mañana. Me di cuenta de que lo necesitaba.
Levantó un par de cajas y lo mire con la ceja levantada.
–Creo que sí, hay muchas cosas para las que necesitas un nombre, hum.
–Ajá, pero en lo único que se me ocurría pensar eran en tus palabras.
–¿Cuáles?
–En eso de que si no quería darte mi nombre eso te dijera. La verdad es que me habría matado por tener un nombre que darte.
Me puse rojo al instante, eso no eran cosas que debieran decirse. A menos que él estuviera flirteando conmigo.
–Eh… ¿por qué dices eso, hum?– pregunte con voz ronca. Él me miro como si no entendiera la pregunta –Eso no se escucha bien.
Aunque a mí me sonaba bien no podía andar por ahí dejando que me coquetearan.
–Oh, lo siento– se disculpo y bajó las cajas –Es que… bueno, yo me refería a que me habría gustado darle mi nombre a cualquiera… no, espera, eso tampoco sonó muy bien… me refiero a que me habría gustado tener un nombre que dar.
–Ah…hum.
Él levantó una ceja.
–Oye, no te molestes pero… ¿siempre dices eso?
–¿Decir qué, hum?
–Eso… el "hum"
–Ah… sí, es mi palabra de artista, hum– dije con orgullo y levantando el puño, él me miro como si yo fuera un idiota y luego sonrió.
–¿De verdad eres artista?
–Sí. Me gusta mucho el arte.
–Oh, y seguro el arte que más te gusta es el…
–¡Efímero!– grite yo.
–Eterno– dijo él al mismo tiempo.
Nos quedamos callados mirándonos a los ojos.
–Eh… disculpa, ¿qué dijiste?– me pregunto él con una mueca de extrañeza.
–Ehm… que me gusta el arte efímero… ya sabes, el que se crea e inmediatamente desaparece, hum.
Se quedo callado mirándome unos instantes, mientras yo sonreía y ponía la señal de victoria, y sacaba la lengua.
–Debes estar de broma, eso no parece algo que… se pueda apreciar.
–¿Cómo de que no? Si que se puede, y… la persona que lo ve tiene mucha suerte de apreciarlo.
–Pero si no hay nadie más que la vea… eso no tiene sentido. La verdadera belleza de las cosas radica en que sean admiradas incluso después de tu muerte.
–No tiene porque ser así, hum– le dije regresando mis brazos a los costados y metiendo la lengua, para mirarlo como Itachi miraría a Tobi dejando que un perro le lamiese la cara… o sea… un poco "esto es ridículo" –Nada puede durar para siempre.
–Por supuesto que sí.
–Por supuesto que no, hum.
Ambos compartimos una mirada de rivalidad.
–¡Sasori!– grito una chica desde el fondo, Sasori rompió nuestro contacto visual para ver a la chica. Yo también gire a verla (había interrumpido un gran momento).
–¿Qué sucede Hinamori san?– le pregunto Sasori cortésmente.
Hinamori era una chica muy bien proporcionada de todo el cuerpo, con largos cabellos negros y rizados y unos profundos ojos verdes, de piel blanca y siempre muy bien maquillada. Iba en mi salón y era la chica más popular de éste. Me había pedido mil veces salir con ella y yo me había negado (no había sido nada personal), luego regó por ahí que yo era gay, y aunque lo era, nadie tenía porque saberlo.
Me había costado salir con veinte chicas y hacer que la relación durara lo bastante como para que no se pensara que era un Don Juan, para que los cuchicheos sobre mí se calmaran un poco. Así que Hinamori a mí, en lo personal y desde el fondo de mi corazón… No me caía bien.
–Oh, hola Dei chan– me dijo Hinamori guiñándome un ojo, entrecerré los ojos, fastidiado –¿Qué se te ofrece? ¿Vienes a comprar muebles?
El padre de Hinamori era el dueño de una tienda de muebles rústicos, su hija (igual que Kakuzu) trabajaba como gerente de la tienda durante determinados días.
–¿No vienes a comprar?– pregunto con una maliciosa sonrisa –Entonces deberías irte y no quitarle tiempo de trabajo a Sasori.
–Pero mi turno ya termino– dijo Sasori con un tono de voz tranquilo y un poco divertido por la hostilidad de Hinamori y yo –¿No es verdad, Hinamori?
Ella lo miró un segundo y sonrió.
–Por supuesto que sí, Sasori kun.
–¿Sasori kun?– pregunte con una ceja levantada –¿Ahora él es tu presa?
Ella se enderezo como un pavorreal herido. Sonreía maliciosamente.
–Si nada más vienes a insultarme, mejor vete.
–Oh… es que… creí que podría robarme a Sasori un rato, ya sabes… por lo que dijiste ya no tendré que esconderme más, hum.
Sasori me miraba con una ceja levantada y con expresión pensativa.
–¿Y por qué mejor no te vas con Tobi e Itachi? Apuesto a que se hacen un buen trío.
Eso no lo había visto venir, me puse rojo como tomate.
–No me digas que también te rechazaron…hum– le dije con voz ronca –Bueno… es que somos más del tipo de chicos que buscan chicas con cerebro– me toque la frente.
–¡ah! ¿No son más del tipo de chicos que buscan estar con chicos con buenos paquetes?
–Bueno, no seríamos tan diferentes de ti, hum.
–¿Entonces? ¿Piensas que Sasori kun tiene un buen paquete?
–No lo sé… oye ¿por qué no le dices que te lo presente, hum?
¿PERO QUÉ DEMONIOS ESTABA HACIENDO? ¿Estaba de verdad discutiendo sobre el paquete de Sasori con una chica frente a Sasori?
–Eh… disculpen, pero están hablando de mí– dijo Sasori con voz irritada e incómoda.
Lo mire y sonreí.
–Lo siento Sasori kun– dije imitando la voz de Hinamori (en lo que a mí respecta no quedo perfecta, pues le puse una dosis extra de agudeza y perversión, que hizo que Sasori me mirara con miedo y sonrojándose) –Pero con ella tendrás que cuidar más que solo el paquete y el trasero, hum.
–¿Te… te has fijado en mi…?– comenzó Sasori a preguntar poniéndose más rojo, y yo lo gire a ver sorprendido.
–Por supuesto que no– mentira –No soy gay. Y mejor me voy, hum.
Camine hacia la salida de la tienda con grandes zancadas, consciente de la penetrante mirada de Sasori y Hinamori mientras caminaba. Al salir, le di la espalda a la avenida donde creía que todavía podía llegar a encontrarme Hikari.
Caime varios minutos con la cabeza gacha y las manos metidas en el pantalón con expresión distraída, como siempre. No podía creer lo mal que me estaba yendo todos estos días, todavía si me tocaba el pie me dolía un poco el piquete del escorpión.
A mi mente llegó el gafete de él. "Hola, mi nombre es Sasori". Y entonces me puse a pensar, exactamente ¿qué clase de nombre era ese? Si de verdad había personas que se llamaban así estoy seguro de que eran una en un millón.
Pero ¿quién era yo para juzgar nombres? Quiero decir, mi nombre significaba ¿qué? Y muchos me habían confundido con una mujer (más aparte de la apariencia) por el nombre.
Pero... ¿sería pura casualidad que su nombre significara Escorpión y él se lo hubiera puesto luego de conocerme? ¿Sería yo la causa de su nombre?
El claxon de un auto me despertó de mis pensamientos y automáticamente di un salto atrás. Me di cuenta de que había estado a punto de morir (otra vez) y exhale. Estaba harto de esta especie de trance en que me sumergía cada vez con más frecuencia. Menee la cabeza y decidí que debía regresar a casa, o ir a la tienda de arcilla y comprarla, o ir a la casa de Tobi e Itachi.
Mientras esperaba que el semáforo marcara que los peatones podían pasar, decidí que quería estar un rato solo. Quería aclarar la mente. Y aclararla de qué, eso sí no lo sabía. O quizá era que no quería tener absolutamente nada en la mente. Para eso necesitaba estar con personas… o sólo con Tobi.
Metí la mano en el bolsillo y busque a ver si tenía un poco de dinero. Cual fuera mi no sorpresa al ver que estaba corto de efectivo. Suspire con un aura negativa rodeándome. La casa de los Uchiha estaba como a cuarenta minutos caminando… mi tobillo se moriría si se me ocurriera caminar tanto.
Saque mi celular y marqué el número de Tobi.
Contesto al tercer timbrazo.
–¿Hola?
–Tobi, hum.
–¡Deidara sempai!
Aparté el teléfono de mi oído debido al horrible zumbido que atravesó desde el celular. Luego de unos segundos de risas de él, volví a pegarme al teléfono.
–Sí, que ya lo sé, hum– le dije mientras se me escapaba una sonrisa –Escucha Tobi, ¿hay problema en que… salgamos tú y yo a alguna parte?
–Mmm, no lo sé sempai. Estoy con Itachi san, Sasuke san y Naruto san.
–¡Vamos!– le grite un tanto en broma, un tanto enserio –Necesito tratar contigo un tema… delicado, hum.
–Oh… ¿sobre qué exactamente?
Noté el susurro que tenía al mencionar eso. Imagine a Sasuke, Naruto e Itachi fruncir el ceño.
–Sobre… algo. Es… Hikari… ¡me ha sacado de quicio! Yo… no quiero regresar a mi casa, ¿crees que Naruto y yo podamos… dormir ahí?
–Mmm… supongo que sí.
–¿Puedes pasar a recogerme? Me he quedado sin dinero, hum.
–¿Solo yo, sempai?
–¿No sería problema?
–Para nada, ¿dónde está?
–¿Qué pasa con Deidara?– escuche que preguntaba Itachi –¿Tobi? ¿Deidara está bien?
–Sí, lo está. Tan solo voy a por él. Quiere quedarse a dormir aquí, junto con Naruto ¿no te apetece, Naruto?
–¡Oh, sí! ¡Más tiempo para jugar Halo!– sí, ese era Naruto –Y claro que patearle el trasero al teme de Sasuke… Jajaja.
–¡Venga, vienes perdiendo dobe!– grito Sasuke –Te estoy haciendo pedacitos.
–Se ve que la cosa allá esta divertida, hum– comente sin mucho ánimo –¿Entonces Tobi? ¿Vendrás a por mí, hum?
Tobi lanzó varias risitas desde el otro lado de la línea.
–Sí, claro sempai ¿dónde lo busco?
–Puedes buscarme en…
Una moto rugió a mi lado y di un saltito en mi lugar, girando a verla. Una Kawasaki ER–6 color negra con un chico que llevaba un casco negro cerrado. Levanté una ceja, mirando molesto al chico que miraba hacia mí.
–Puedes decirle que en la puerta de su casa– dijo el chico y me ruborice enseguida reconocí la voz bajo el estruendo de la moto –¿Te llevó entonces?
Trague saliva.
–¿Por qué querrías llevarme?– le pregunte inseguro mientras apartaba un poco el teléfono, él se encogió de hombros –¿Es en serio?
Él asintió.
–¿Deidara sempai? ¿Está ahí?– seguía preguntando Tobi y carraspee.
–Si Tobi. Sigo aquí…– hice una pausa mientras Sasori se quitaba el casco y me sonreía –Olvídalo… yo… ya me he encontrado algo en qué irme… eh… los veo en un rato ¿vale?
–Pero sempai…
Le colgué. Mire a Sasori que sacó de alguna parte otro casco y me lo ofreció. Lo cogí y con cierta inseguridad me monté en la moto detrás de Sasori. Luego de ponerme el casco me agarre fuerte del asiento. Sasori volteo la cabeza hacia atrás.
–Yo que tú no haría eso… mejor…– se quedo callado un segundo –Será mejor que te agarres de mí.
–¿Qué cosa?– le pregunte escandalizado y completamente rojo. Gracias a Dios por el casco que llevaba puesto.
–Rodéame con tus brazos, si solo agarras el asiento, ten por seguro que te matas.
Con lentitud me solté del asiento y con todavía más lentitud abrace el cálido cuerpo de Sasori, mientras él dirigía la mirada a la calle.
–¿A dónde?– me pregunto y yo tuve que repetir la respuesta, porque la primera vez mi voz solo había sido la voz de una hormiguita.
–Es en la avenida 3. En la colonia Sakura, ¿la conoces, hum?
–Seguro que sí.
La moto vibro bajo nuestro cuerpo, mientras que con un ágil movimiento en el manubrio, Sasori daba una vuelta en U y hacía correr la moto en dirección la casa Uchiha. Permanecimos en silencio. Mi abrazo se hacía cada vez más fuerte mientras el vértigo de andar pasado tan rápido y tan cerca de los autos crecía.
Podía sentir la respiración de él bajo la ropa de los dos. Y pronto trate de acompasar la mía con la suya. Vaya, era embriagante esta sensación de tenerlo cerca, de sentir su espalda subir y bajar lentamente. Podía convertirlo en una droga.
–¡OYE!– grito Sasori y de súbito todo mi cuerpo comenzó a temblar –¿NO TE MOLESTA SI HAGO UNA PARADA?
Fruncí el ceño.
–¡NO!– grite –¿A DÓNDE?
Sasori se metió entre dos carros y me hizo gritar y estrecharlo con más fuerza, cosa que hizo que él se riera de mí a carcajada limpia. Unos segundos después se metió en un estacionamiento subterráneo. Tomo un ticket y se metió.
Ahí dentro el aire ya no le pegaba al casco y todo se escuchaba un poco más silencioso. Sasori buscó un lugar para estacionar la moto y la apagó. Yo seguía respirando agitadamente y sin soltarlo.
–Bien. Ya está, tranquilo– me dijo él riendo mientras se quitaba lentamente el casco y sacudía sus cabellos rojizos de un lado para otro. Sentí que se trataba de un súper modelo que salía del agua para parecer un chico guay… pero lo era. Me sonroje y di nuevamente las gracias por el casco –Ya puedes soltarme.
Asentí y poco a poco, casi temblando lo solté y me quite el casco. Me bajé de la moto un segundo antes que él.
–No viajas mucho en moto, ¿verdad?– me dijo mientras dejaba el casco en el asiento. Fue entonces que note que ahora llevaba una camisa negra con mangas largas y unos pantalones de mezclilla –¿Eh?
–No. Hikari no me deja, hum.
–¿Quién es Hikari?
Ambos íbamos caminando ahora por el estacionamiento.
–Es mi madrastra– conteste, asegurándome de que tuviera el efecto de odio que tenía hacia ella, distraídamente me toque la mejilla herida.
–¿Ella fue la que te golpeo?– preguntó, note que su voz había adquirido una aguda cantidad de molestia, gire a verlo –¿Es eso?
–Ah… bueno…– tartamudee. Estábamos subiendo las escaleras eléctricas y yo comenzaba a reír nerviosamente –Yo… ¿qué venimos a comprar, hum?
Inmediatamente el semblante le cambió y se encogió de hombros.
–Quería comprar comida.
–Oh– dije mientras me lamía los labios, la verdad es que ahora mismo tenía bastantita hambre. Entonces escuche que mis tripas gruñeron. Sasori me miro parpadeando –Lo siento.
–Jajaja– comenzó él a reír –¿Esas fueron tus tripas?
Me sonroje notoriamente. Él me miro divertido.
–¿No has comido?
–No, hum.
–Entonces te invito a comer algo.
Se dio media vuelta y comenzó a caminar lentamente. Lo mire atontado y luego le seguí.
–Eh… no es necesario– le dije –Cuando llegue a la casa de Tobi comeré algo, hum.
Él me miro, serio.
–Mmm. Anda, de verdad. No me he podido hacer de muchos amigos.
Lo mire detenidamente, me mordí el labio y luego sonreí.
–Supongo que… eso está bien, hum.
Sasori compró unas sopas, y carne de hamburguesas. Fue bastante rápido y cuando salimos me invito a comer una hamburguesa del Burger King.
–A ti…– le dije mientras lo veía llevarse un bocado a la boca –¿Te gusta comer hamburguesas?
Sasori me miro, tragando el bocado.
–Sí– contesto con sencillez –Me llenan– luego agrego con voz pensativa –Siempre tengo mucha hambre, incluso cuando acabo de comer bastante aún tengo hambre…
Lo mire mientras comía un poco. Cuando pase el bocado trate de sonar indiferente.
–Pues… eso suele pasar, hum– le dije encogiéndome de hombros, y luego me señale –Yo siempre tengo hambre.
Sasori me miro con una sonrisa.
–Sí, puedo verlo.
–Jejeje, sí… ¿eh? ¡Espera! ¡Qué!–
Sasori me miro con una sonrisa y luego de que me pusiera rojo comencé a reírme de mi propia estupidez.
–Muy bien… así que… te llamas Deidara ¿no?– me dijo sorbiendo de su refresco. Asentí.
–Sí, hum. Soy Deidara Uzumaki.
–Uzumaki…– susurro Sasori frunciendo el ceño, como si tratara de recordar algo. Luego se encogió de hombros – ¿Y cuántos años tienes?
–Diecinueve– conteste. Él abrió la boca para comentar algo, pero lo ataje –¿Y tú?
Sasori se quedo callado, mirándome. Levante una ceja.
–¿No lo recuerdas, hum?– pregunte, atónito.
Sasori entrecerró los ojos, bastante distante.
–¿Sasori?
–No.
Me quede callado observándolo. En realidad, eso era bastante ilógico.
–¿No sabes entonces dónde vives, hum?– entrecerré los ojos, incrédulo y lo mire atentamente. Sasori negó con la cabeza –¿Qué? ¿Entonces dónde vives, hum?
–Vivo– dijo y luego sonrió –Por ahí.
Una gota recorrió mi nuca.
–Entonces– dije –¿No sabes qué de ti?
Sasori dejó de sonreír.
–No sé nada. No recuerdo nada. Solo…– cerró los ojos –Lo último que recuerdo fue… el sol cayéndome en la cara, entraba por la ventana estaba tirado en una cama… había un hombre ahí…
–¿Un hombre, hum?
Él abrió los ojos y asintió.
–Él me ha cuidado durante estos días– dijo encogiéndose de hombros –Yo… le estoy muy agradecido en realidad.
–Mmm, ¿y quién es? ¿Cómo se llama?
Entonces Sasori se paro de la silla. Lo mire sorprendido.
–Será mejor que nos vayamos.
–¿Eh? ¿Por qué, hum?
–Tu celular ha estado sonando durante un rato, seguro que son tus amigos que ya se han preocupado.
Mire el celular que había dejado en la mesa y vi que era cierto. Tenía dos llamadas perdidas, parpadee rápidamente, no me había dado cuenta.
–Ah… bueno…– dije poniéndome rojo –La verdad es que…
–Vamos.
Me pare y salí junto a él de la tienda. Mientras íbamos por el estacionamiento quise saber…
–¿Y por qué Sasori?– le pregunte, él me miro con la ceja levantada.
–¿Qué?
–Ah… ¿por qué te… pusiste Sasori?
Él me miro y se encogió de hombros.
–Quería un nombre– dijo –Yo… creí que era bueno.
–Lo es, hum– conteste –Es solo que…– me quede callado –¿Tú eres el chico que me salvó del veneno de escorpión aquella vez?– inmediatamente noté como se puso tenso y me miro con el ceño fruncido –¿Lo eres? Estoy seguro de que te vi antes de que pasara… ¿por qué te fuiste al llegar la ambulancia, hum?
Llegamos a su moto y Sasori se subió bruscamente a ella, lo mire mordiéndome el labio.
–¿Por qué?– pregunte –Sasori…
–Sube. Te llevare con tus amigos.
Sasori se puso el casco, y luego de que yo frunciera el ceño me senté a su lado, cogí el casco y me subí. Esta vez no me agarre de su cuerpo y me sostuve fuerte del asiento. A cambio, cuando entramos a la avenida, Sasori bajó la velocidad y tuvo cuidado.
Durante el resto del camino me mantuve pensando que Sasori se había puesto bastante cortante respecto al porqué de su nombre. Inmediatamente el semblante le había cambiado.
–Ya llegamos a la colonia– me dijo mientras bajaba todavía más la velocidad –¿Dónde viven tus amigos?
–Yo… puedo ir desde aquí a pie, hum.
–No. Yo te llevo– contesto y fruncí el ceño.
–En la segunda calle. Es… es la casa más grande, hum.
Sasori detuvo la moto frente a la casa estúpidamente grade de los Uchiha. La casa tenía tres pisos, desde el segundo, en la ventana más grande vi a Itachi sorber algo de su taza de café, entonces bajó la mirada y frunció el ceño. Me bajé de la moto y me quite el casco, se lo extendí a Sasori.
Sasori lo cogió y lo ajusto al asiento. Lo mire con la cabeza gacha.
–Muchas gracias, Sasori.
Sasori se quito el casco y miró hacia arriba, hacia Itachi. Gire a ver la ventana, Itachi me miraba atónito y luego levantó una ceja. Dejó la taza en la mesilla que tenía a su lado y echó a correr.
–¿Ese es tu amigo?– pregunto Sasori y yo lo mire, asintiendo –Bueno…
–¿Cuándo te veo, hum?– le pregunte mientras Sasori se ponía el casco nuevamente –¿Sasori?
Sasori giro la cabeza.
–Yo… – susurro –Ya no deberíamos vernos más.
Parpadee rápidamente.
–¿Qué?– pregunte entonces y Sasori prendió la moto –¿Por qué? ¿Qué… qué fue lo que te hice, hum?
–Nada– me respondió, no podía ver su rostro –No es que no quiera verte… es que… creo que no debo verte más.
–¿Eh?
–Mira… sólo… olvídate de que hablamos. Y… que tengas buena vida.
La moto rugió y entonces Sasori desapareció por la calle, dejándome estupefacto.
La puerta de la casa se abrió.
–¿Deidara?– pregunto Itachi –¿Estás bien? ¡Te hemos estado llamando como treinta veces! ¿Quién era ese?
Ese se llamaba Sasori. Y era un idiota, ¿qué demonios quería decir con eso? ¿No es que no quiera verte, es sólo que no debo verte? ¿A qué estaba jugando?
Fuera lo que fuera, y tanto como quisiéramos o no él y yo… Tenía una cosa muy clara. Yo ya era parte del juego. Y no me iba a sacar así como así. De eso… él podía estar más que seguro.
–¿Deidara?– pregunto Itachi a mi espalda. Voltee a verlo y le sonreí, él me miro con el ceño fruncido –¿Qué… qué te paso en la mejilla?
–Hola Itachi. Vaya… creo que hay muchas cosas que contar ¿no?
TO BE CONTINUED.
Jajaja, por fin. Esta es la primera vez que el fic se tiene que tratar en más de una sesión ^^u Pero bueno~ espero que les haya gustado y merezca sus reviews. La conti depende de ellos OwO
Matta ne~
