Hola sempais :D aqui vengo con la conti, (el último capitulo contado por Itachi, al menos de momento). Estoy ansiosa por dejarselos (así como espero que ustedes lo quieran leer) así que aquí se los dejo.


CAPÍTULO 7.

A través de la puerta sus voces no eran más que tenues susurros. Entonces lo supe. Supe que esos gritos no eran ningún sueño.

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Con ayuda de Kisame me deje caer en mi cama con gesto agotado. Todavía me dolía aquel terrible chichón en mi cabeza y parecía punzar como si tuviera vida propia. Hasta ese momento no podía pensar en nada sin que el dolor fuera como un cuchillo clavándose en mi frente. Mi tío nos había dejado en la puerta de la casa y se había llevado a Sasori a la estación de policías.

Sasuke había salido a recibirnos a ambos cuando tocamos la puerta (no encontraba en ninguna parte las llaves) y nos había acompañado por las escaleras en silencio, aunque parecía tener muchas dudas.

–¿Te sientes mejor, Itachi san?– me preguntó Kisame con su aguda voz y trate de asentir, sin embargo sentí que mi desayuno se me venía a la garganta. Respire profundamente. Kisame se giro a ver a Sasuke –¿Tienes una cubeta o algo donde pueda vomitar él?

Sasuke asintió y salió corriendo del cuarto.

Kisame me dio unas palmaditas en la espalda.

–Tienes un buen hermano– me dijo, lo mire con el ceño levemente fruncido –¿Cuántos años se llevan?

–Tres– respondí secamente. Kisame arqueo ambas cejas, sonriendo.

–Deben llevarse bien, ¿no?

Negué con la cabeza. Kisame entrecerró los ojos.

–¿Pero lo quieres?

–Tengo qué.

Kisame lanzó una carcajada y yo arquee una ceja al no encontrarle tremenda gracia para reír así. Al parecer, Kisame reía mucho y por cosas tan triviales que resultaba ridículo. Sasuke regreso con una cubeta roja y se la extendió a Kisame.

–Si necesitas vomitar hazlo aquí– me indicó poniéndome la cubeta en las piernas. Claro, podría imaginar que era la cabeza de Sasori y yo encantado –Me quedare con ambos en lo que llega Madara samma. Si necesitan algo solo díganlo.

Sasuke asintió en silencio, mirándolo con cierta desconfianza. Yo no respondí de ninguna manera, y solo vi a Kisame salir del cuarto.

–¿Quién es ese?– preguntó Sasuke señalando con la barbilla hacia la puerta y luego girándose a verme a mí –¿Y a ti que te pasó?

Lo miré unos segundos.

–Me pelee con alguien– respondí sinceramente. Sasuke arqueo las cejas y luego las frunció en un gesto molesto.

–Si tú, como no– me dijo sarcásticamente. Algo debió de ver en mi rostro, porque inmediatamente se puso serio –¿Con quién?, ¿Y por qué te peleaste?

En realidad su acción burlona no me causo ninguna molestia. Yo no era para nada propenso a dar pelea a cualquiera. Sin embargo no le quise responder y me limite a meter la cabeza en la cubeta antes de vomitar un poco.

–¿No necesitas nada?– me pregunto Sasuke.

Negué con la cabeza. Ahora solo necesitaba descansar.

0*0*0

Una hora después Tobi se ofreció a ir por un ungüento para aliviar el dolor en la cabeza y Sasuke lo acompañó de buena gana a la farmacia. Yo aún estaba recostado sobre mi cama, mirando el techo y analizando qué era lo que había pasado en las últimas horas.

¿De verdad había golpeado a Sasori solo porque Deidara estaba enamorado de él? Ok. Reconocía que era la sandez más terrible de la que había escuchado en mi vida. Y yo… que me jactaba de mi serenidad e inteligencia era quién lo había causado. No tenía por qué arrepentirme de nada al saber que Sasori era un prófugo de la ley, simplemente es que no dejaba de sentirme mal por haber llegado a golpearlo solo por… solo por el placer de hacerlo.

Me avergoncé de mí mismo, y con las manos me cubrí la cara. Lancé un gruñido al tocar el chichón y recibir el dolor.

Abajo se escuchaba que algo se freía en una sartén y además, comenzaba a llegar a mi nariz un delicioso aroma. Me levanté con pesadez y camine cojeando levemente de la pierna derecha hasta la cocina.

Me asome y noté como con total tranquilidad, Kisame cogía las cosas del la alacena y las ponía encima de la barra donde cocinaba. Me le quede mirando con detenimiento, parecía dársele muy bien la cocina. De pronto, él se giro hacia mí y me sonrió. Por alguna razón me sonroje, quizá por el hecho de que había sido atrapado mirándolo detenidamente.

–Hola– me dijo –¿Ya te sientes mejor?

¿Por qué tenía que preguntarme eso a cada rato? Asentí levemente, incapaz de encontrar las palabras en mi garganta.

–Bien– respondió –¿No te apetece un poco de dango?

Ante la mención de mi platillo favorito levanté la cabeza.

–¿Sabes preparar dango?– le pregunte, curioso. Y sepan que eso no pasaba a menudo.

–Sí. Me gusta mucho comerlo, es de mis platillos favoritos– me respondió mientras formaba una bolita perfecta con la masa –Madara me comentó que te gustan mucho.

Asentí con la cabeza.

–Es mi favorito– dije con un susurro.

–¡Bien!– gritó –Si te sientes bien puedes ayudarme un poco.

Me acerqué a la barra donde Kisame dejaba una quinta bolita. Cogí un poco de la masa y con mis manos torpes para la cocina comencé a formar una bolita, tratando de imitar a las de Kisame. Él me miro, con esa sonrisa siempre bien puesta.

–Resultan mejor si te mojas las manos primero– me dijo. Asentí y deje la bolita para mojarme las manos, volví a coger la bolita para prepararla –Y dime… ¿Cuántos años tienes?

–Diecinueve– conteste –¿Y tú?

–Somos de la misma vejez– contesto sonriendo, dejando a un lado otra bolita. Yo logré terminar la mía.

Pasaron unos minutos de silencio entre ambos que no me molestaron en lo absoluto. De repente miraba por el rabillo del ojo s Kisame, tratando de imaginarme qué podía hallar un chico como él en una estación de policía como aprendiz de Madara.

–Y…– dije, rompiendo el silencio –¿Por qué Sasori es prófugo de la ley?

–¿Quién?

–Sasori. El pelirrojo.

Kisame dejó la octava bolita y me miró, recargándose un poco en la barra y frotándose las manos, distraídamente. Lo observé fijamente antes de volver a dejar otra bolita.

–Creo que ya te había dicho que por ser sospechoso– me contesto Kisame, taciturno. Asentí poniéndome un poco rojo, claro que lo recordaba –¿Qué más necesitas saber?

Por el tono de su voz me di cuenta de que era una pregunta que no necesitaba respuesta. Cualquier duda que yo tuviera no me sería respondida. Eso concernía a la ley. Me encogí de hombros.

–Solamente… quería saber cómo saben que es él…

–Pues… estaba aquel día en el barco. Un barco pesquero lo sacó del agua y lo trajo aquí, pero el día que debían interrogarlo escapo.

Entrecerré los ojos. ¿De verdad Sasori habría hecho eso? Mire a Kisame que metía las doce bolitas en una olla con agua hirviendo.

–Ahora solo se trata de esperar cinco minutos– susurro Kisame. Se giro nuevamente a verme y nuestras miradas se encontraron por un segundo antes de que él la apartara mientras sonreía nuevamente –Tú y Madara se parecen mucho, ¿no?

Me quede callado y analice aquella pregunta. Me di cuenta de que era una afirmación.

Recordé el rostro de Deidara y el horrible moretón que tenía en la mejilla.

Tú tío es un demente, hum.

Sabía que Deidara siempre sintió hacia mi tío un poco de recelo, por alguna razón. Cuando se enojaba me decía que era como él: cerrado de mente y demasiado soberbio como para poder coexistir con vida humana.

Bajé la mirada. Nunca me había peleado con él sin que no me dijera eso… y a pesar de todo, esta vez parecía ser definitiva. Nuestra amistad se había terminado; Y cualquier cosa que pudiera ser más que eso también. Pero yo no era una persona que se lamentara demasiado tiempo por las cosas ridículas como las sandeces por las que se preocupaba Deidara. Yo no era una persona que se lamentara de perder un amigo. Porque los amigos no existen, igual que el amor.

–Son puras sandeces– susurre.

–¿Eh?– preguntó Kisame mirándome, con el ceño fruncido –¿La salsa de dango?

Levanté la mirada, un poco sorprendido, dándome cuenta de que había hablado en voz alta. Negué con la cabeza y trate de sonreír.

–No… estaba pensando.

–¿A sí?– preguntó Kisame, curioso –¿En qué?

–En nada en especial.

Miré con indiferencia las bolitas que comenzaban a elevarse en el agua hirviendo.

Para cuando Tobi y Sasuke llegaron a la casa, Kisame y yo habíamos terminado con el dango.

–¡Yo quería dango Itachi san!– gritó Tobi, molesto.

–De verdad que tú tienes que revisarte eso, Itachi– me dijo molesto Sasuke mientras dejaban la bolsa con el ungüento en la mesa, malhumorado –No es posible que te comas seis bolas de dango y nos dejes nada a nosotros.

–¿Seis?– preguntó Kisame burlón –Apenas si me dejo coger tres.

Enrojecí de inmediato mientras Kisame se burlaba. Sasuke me miro con expresión pensativa mientras fruncía cada vez más el ceño, Tobi sonreía tímidamente.

A la noche me recosté en mi cama. Di un par de vueltas sin llegar a conciliar el sueño. No dejaba de pensar en el agradable día que había pasado en compañía de Kisame y (por primera vez en mucho tiempo) de Sasuke y Tobi. Pero tampoco dejaba de pensar en mi pelea con Sasori, ni el beso con Deidara. Ni la promesa de Kisame al volver al día siguiente.

Había sido un día muy extraño, además de agitado. La oscuridad que cubría mi habitación apenas me dejaba divisar un poco de los objetos que se hallaban en esta. La oscuridad se hizo más profunda al cerrar los ojos.

La puerta se abrió y alguien encendió la luz. Mire con un poco de curiosidad a mi tío, que entraba a la habitación con una leve sonrisa pintada en el rostro.

–¿Qué pasa?– le pregunte educadamente a mi tío, aunque por ahí quizá se había escapado un tono malhumorad de mi voz. Mi tío me extendió la mano, donde llevaba un vaso con agua.

–Creo que necesitas refrescarte la boca, Itachi– me dijo –Kisame me contó que te habías comido demasiado dango. Parecía sorprendido de que comieras tanto.

Me senté en la cama y le mire con el ceño fruncido. Era muy extraño que él se comportara así.

–Claro– tomé el vaso con agua –¿Puedo hacerle una pregunta, Madara?

–Adelante.

–¿Ha dicho algo Sasori?– lo mire a los ojos. Él dejo de sonreír.

–No. No ha dicho palabra. Creo que tendrá que permanecer en la estación de policías hasta que decida cooperar.

No me imaginaba cómo podría perdonarme algo así Deidara. ¡Joder! Había llevado a la cárcel a su amigo, claro que con eso quedaba claro que yo tenía razón. Y que lo que hice (aunque no hubiese sido la razón) iba a ayudar a Deidara y él estaría bien, tarde o temprano y quisiera admitirlo como si no.

Mire el vaso y luego mire a Madara que sonreía maliciosamente. Esperando no se qué.

Las palabras de Deidara en el parque resonaron en mi cabeza: Tú tío esta demente, hum. Tú tío esta demente. Tú tío…

Al ver aquellos ojos que se parecían tanto a los míos, a los de Sasuke, a los de Tobi, a los de mis difuntos padres… No. Era imposible que mi tío estuviese demente. Parecía una persona ruda y quizá hasta tenebrosa, pero no era mala. Había cuidado de mí y de Sasuke a la muerte de mis padres, y lo seguía haciendo con gusto. Miré el vaso que yacía entre mis dedos, sentí un escalofrío.

Con una fuerte inhalación me tomé el agua cristalina del vaso de un trago, reprochándome el siquiera haber dudado de mi tutor, de mi segundo padre. Madara sonreía y cuando termine de tomarlo él extendió la mano para llevárselo. Extrañado, se lo di.

–Gracias– le dije en un susurro.

–De nada– me dijo él y luego me acarició la mejilla fraternalmente –Espero que el chichón no te duela tanto.

–No– respondí –Ya no me duele.

–Me alegro– dijo poniéndose de pie y acercándose a la puerta, se giro a verme, sonriendo –Buenas noches.

Asentí mientras él apagaba la luz y cerraba la puerta. Volví a recostarme. Suspiré.

Di varias vueltas en la cama antes de que el cansancio me asaltara de pronto. Mis ojos comenzaron a cerrarse pesadamente, las siluetas de las cosas que había en mi cuarto se fueron disolviendo. Suspire, creí sentir mis labios formar una palabra pero ningún sonido llegó a mis oídos. Inmediatamente después me quede dormido.

Esa noche soñé que Deidara gritaba una y otra vez.

0*0*0

Habría podido declinar la oferta de Kisame de salir a dar una vuelta, pero los escalofríos de mi sueño de anoche todavía no me daban pie a sentirme bien y descansado. Todavía en mis oídos resonaban los gritos que había soñado, a pesar de que mi cuerpo se sentía descasado, mi mente estaba completamente en las nubes. A pesar de los intentos de Kisame por hacerme hablar un poco, normalmente mis monosílabos le hacían sonreír incómodamente y luego de encoger los hombros seguimos caminando por la calle.

–¿Qué quieres hacer ahora, Itachi?– me preguntó Kisame andando a mi lado. Me encogí de hombros, desinteresado. Kisame sonrió de lado, como lamentando haber decidido pasar el tiempo en mi compañía –¡Ya sé!– gritó, haciendo que girara a verlo sorprendido –En el centro hay una feria, ¿no te gustaría que fuésemos?

–No me gustan las ferias– respondí secamente. Kisame dejó de sonreír y me miro como si fuera un fenómeno.

–¿No te gustan las ferias?– negué con la y él me sonrió picaronamente –¿Entonces vamos a los baños termales de mujeres y las espiamos?

Lo mire escandalizado, lanzando un gritillo agudo.

–¿¡Por… por qué querría yo hacer eso!– le grite, rojo como tomate y sudando frío. Kisame se lanzó una carcajada –¡¿Qué tiene tanta gracia?

–La manera en que lo dices– contesto él entre risas –¿De verdad que nunca has visto a una mujer desnuda?

–¿Tú sí?– pregunte molesto. Él se encogió de hombros, lo mire con el ceño fruncido –Debería darte vergüenza…– susurre.

–Bueno, bueno– dijo él levantando las manos, como si la policía se lo hubiera ordenado –No es como si de verdad me sintiera muy culpable.

–¿Y quieres ser policía?– pregunte burlón.

–Venga. Todos los chicos lo hacemos, ¿no?

Enrojecí. Sí, lo hacían todos los chicos, menos los que eran como yo. Pensar en que Kisame veía chicas desnudas o al menos las imaginaba me causaba (por una extraña razón) molestia. Quizá por la manera en que me habían educado.

–Bueno, lo que te dije era broma ¿eh?– dijo de pronto –No me gusta nada ver mujeres desnudas. Solo quería ver tu reacción y…– lanzó otra carcajada –Vaya que ha sido buena.

Kisame me pasó un brazo por los hombros. Él me sacaba como doce centímetros* y tenía que levantar la vista para verlo a los ojos. No estaba acostumbrado a hacer eso porque yo era de los más altos de mi clase, en realidad, creo que el más alto.

–Creo que te vendría bien pasar más tiempo en lugares divertidos ¿no lo crees?– me dijo mientras yo fruncía más el ceño, lo empuje a un lado, apartándome de él. Kisame no pareció molestarse –Entonces… ¡nos vamos a la feria!

Abrí los ojos, sorprendido cuando él me agarro del brazo y me jaló por toda la calle.

–¡Hey! ¡Espera! ¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame Kisame, no quiero ir a la feria!– le gritaba mientras clavaba los talones al suelo para evitar que me llevara, pero me fue totalmente imposible gracias a su tremenda fuerza. Al final, solo se detuvo cuando estuvimos frente a la feria.

0*0*0

–La casa de los espejos es una de las mejores atracciones de las ferias. Toda feria digna de llamarse así debe tener una– me dijo Kisame mientras yo me examinaba el ridículo sello que llevaba en la muñeca, que era el pase a los juegos –¿Entramos?

Levanté la mirada y me encontré con una casa de un piso, con una fachada de un infantil castillo de color azul con torres moradas. Mire a Kisame con una ceja levantada.

–Eso es un juego para niños, ¿no?– le pregunté. Kisame hizo algo parecido a un puchero.

–Nada de eso. Cualquier persona de cualquier edad puede disfrutar de ella. Así que lo haremos nosotros– me dijo jalándome de la muñeca. Suspire, dejándome llevar, total que no tenía caso –Verás que te parece emocionante.

A mí casi nada me parecía emocionante, mucho menos algo como eso. Bajé la mirada a su mano sujetándome y me sonroje levemente.

Subimos unos escalones y entramos a la casucha. Una cortina negra separaba dos caminos unos pasos después de la puerta.

–¿Derecha o izquierda?– me preguntó él –Quien llegue primero gana ¿va?

Suspire y mire los dos caminos.

–Derecha– le dije. Él asintió.

–Te veo cuando salgas– me dijo mientras se metía a la casa del lado izquierdo.

Yo también comencé a caminar. Mientras andaba casi me choco tres veces con un espejo. Todo daba vueltas, todo giraba en torno a mí. Me detuve a mirar el chichón en mi frente, ahora menos grande y rojo, y me lo sobe. Ya casi no me dolía.

Me entretuve varios minutos observándome. Luego de ello comencé a caminar nuevamente, procurando no golpearme con nada.

Dos minutos después ese juego me estaba hartando, y tres minutos después creí que no saldría de ahí jamás. Comencé a dar zancadas más largas y a chocar más frecuentemente con los espejos. La casa era más grande de lo que me había parecido.

El silencio de pronto me resulto horrible y comencé a buscar frenéticamente la salida. De pronto sentí la presencia de alguien, me observaban. Quizá fueran mis ojos multiplicados que comenzaban a producirme irritación los que me miraran. De pronto vi una sombra acercarse a mí, abrí los ojos sorprendido y cuando gire vi a Kisame que reía a carcajada limpia por haber visto mi cara.

–No te espantes que soy yo– me dijo.

–No me he espantado– le conteste –Es solo que pensé que la casa estaba más pequeña. Ya me he hartado.

–Pues llevas como diez minutos dando vueltas. Ya he salido como dos veces. He ganado.

–¿Cómo sé que no me estás diciendo eso para ganar?– le pregunte a la defensiva. Kisame me miro con una sonrisa.

–¿No te gusta perder o de verdad que no confías en nadie?

Evite su mirada. No me gustaba perder ante nadie. Y no confiaba en nadie.

–No confió en quién acabo de conocer hace menos de veinticuatro horas– le dije cortante, sin sentirlo realmente.

–¿De verdad?

–No– gire a verlo y sonreí amargamente –No confió en nadie.

Pero eso no era cierto. No del todo.

Confiaba en Sasuke y Tobi. Y aunque siempre tratara de negarlo también confiaba en Deidara… también…

La tristeza me embrago el corazón y lo oprimió con fuerza. No sé qué tan mala debió de ser mi expresión porque Kisame me puso una mano en el hombro.

–¿Estás bien, Itachi?

Lo mire, y luego de unos segundos hice un gesto brusco que apartó su mano de mi hombro.

–Sí– respondí –Solo quiero salir de aquí ya. Esto es ridículo.

0*0*0

¡TING!

El timbrazo del juego ese volvió a sonar cuando Kisame golpeo la goma con aquel martillo y el otro pedazo de metal se elevaba hasta la campana. Kisame sonrió victorioso, echando sobre su hombro el martillo.

Le mire perplejo. Al parecer a Kisame le gustaban mucho los juegos de destreza, y aquel supuesto "medidor de fuerza" no era nada contra él.

–Felicidades, señor– le dijo el dueño del juego –Escoja por favor un premio.

Kisame paseo su mirada por la fila de premios que había ahí. Al final sonrió y señalo una pecera con un pez dorado nadando en su interior. El dueño asintió y le ofreció el pez. Kisame dejó el martillo y tomo la pecera, puso la cara contra el cristal, haciendo que desde mi posición se viera un poco deforme.

Sonreí levemente.

–Te llamaré Itachín– dijo Kisame mirándome a mí, sin dejar de sonreír torcí los ojos –¿O crees que sea hembra? Entonces será Itachina.

–Eso suena ridículo, de verdad.

–A ti todo te parece que lo es.

Asentí.

–Le has dado al clavo– le dije burlón –Ahora, vámonos ya que me he fastidiado.

Kisame se encogió de hombros. Habíamos pasado toda la tarde como dos buenos amigos en la feria.

–Bueno, vámonos. Pero…No me dirás que no te has divertido ¿eh?

No le respondí, porque sí, me había divertido.

0*0*0

Kisame me dejo en la casa y se fue inmediatamente después, alegando que tenía muchas cosas que hacer y que había perdido tiempo (buenamente, agregó) al ir tanto tiempo a la feria. Me dijo que en compensación por haberme aguantado todo el día, mañana iríamos a una biblioteca.

Sonreí y acepte. Después de todo, no me vendría mal despejar la mente. Subí a mi cuarto. Al abrir la puerta me quede sorprendido al ver a Sasuke sentado, esperando.

–¿Qué pasa, Sasuke?– pregunté y Sasuke se giro a verme.

–¿Eres igual a Deidara?

La respiración se me corto y me quede estático. Mire hacia abajo, y luego mire directo a sus ojos. Sasuke no era tonto, y en su mirada se veía que aquellas cuatro palabras que había dirigido hacia mí no eran una pregunta.

Y así como el no había dado rodeos a su pregunta–afirmación respondí.

–Sí.

Sasuke me miro, cruzó los brazos.

–¿Por qué nunca lo dijiste?

–Creí que tú lo sabías suponer.

–Lo supuse siempre. Sí– contesto él –Pero no hay como el que te tengan la confianza, hermano.

Era la primera vez en dos años que Sasuke me llamaba hermano con aquel tono tan… ¿cariñoso? Me encogí de hombros y me senté a su lado.

–¿No hay problemas?– le pregunte. Aunque sabía que no. No eran necesarias las palabras.

–No habrá– dijo Sasuke –No los hay– se levantó y se dirigió hacia la puerta del cuarto. De pronto se detuvo y se volvió –¿Te gusta… Deidara?

No dije que sí. Pero tampoco dije que no.

Sasuke asintió y salió del cuarto sin decir más.

0*0*0

Por la noche se repitió lo mismo. Madara vino con un vaso de agua y me lo ofreció. Mantuvo una breve conversación conmigo (no mencione a Sasori esta vez), me bebí el vaso y él se fue. A los tres minutos me quede dormido. Volví a soñar con alguien gritando, esta vez eran gritos más desgarradores, y tuve la certeza de que hoy no era Deidara.

A la mañana desayune, platique un rato con Sasuke y Tobi y luego de dos horas de estar leyendo en mi habitación llegó Kisame para ir a la biblioteca. Noté como bajos sus ojos crecían sombras de que al parecer no había dormido bien, pero no le di importancia.

Esta vez fue él quien se aburrió bastante, pero no se quejó para nada. Ahí duramos cinco horas porque decidí tener piedad de él y fuimos a almorzar al centro comercial.

Esa noche volvió a pasar. Madara me dio un vaso con agua, y soñé con alguien gritando. Pero esta vez fue diferente en algo: Antes de que viniera me había levantado de la cama hacia el baño, cuando salí vi como Madara hablaba con Sasuke. También le tendía un vaso con agua y le sonreía. Cuando Madara giro a verme sentí que un escalofrío bajaba por mi espalda. Me metí rápido en mi cuarto y me cobije con las sábanas. Cuando entro Madara, fingí no haber notado nada. Me quise negar el trago de agua, pero al ver los ojos de mi tío lo hice enseguida.

Al otro día Kisame (con unas ojeras todavía más pronunciadas) y yo solo programamos una comida en el centro comercial.

Nos sentamos media hora después de comer, cada uno con un helado. Él de chocolate y yo de galleta. Comíamos en silencio, pero Kisame seguía sonriendo. Yo no dejaba de pensar en lo que había pasado anoche, y de acordarme sentía escalofríos.

De pronto escuche que alguien me llamaba.

–¡UCHIHA BASTARDO, HUM!

De no haber agregado el Hum habría jurado que era Hidan. Tanto Kisame como yo (y otras siete personas) se giraron a ver por el pasillo a Deidara. Él venía, completamente cabreado hacia nosotros.

No logre ponerme de pie antes de que él se plantara delante de mí.

–¿Qué le hiciste?– preguntó molesto. Parpadee confundido –¿Dónde está, hum?

–Deidara…– susurre, tratando de calmarlo –¿De… de qué hablas?

–¡Sabes perfectamente de quién hablo, idiota, hum!– gritó Deidara –¡No puedo creer que te quieras hacer al tonto!

–Oye amigo…– dijo Kisame mientras se ponía de pie. Deidara giro a verlo –Cálmate ¿sí?

–¡No me digas que me calme, perro de Madara, hum!– le gritó Deidara y abrí la boca sorprendido. Kisame a mi lado, se tensó inmediatamente –Déjame en paz– me miro –¡Itachi, eres un completo idiota! Dime qué le hiciste, hum.

Noté como las lágrimas afloraron en sus ojos y sentí que el corazón se me partía. Me puse de pie, y Deidara me empujo.

–¡¿Qué fue lo que le hiciste, hum?

–No entiendo… – dije mientras Deidara me tiraba el helado de la mano y me miraba con un terrible y agudo odio en los ojos. Una vez más el alma se me fue a los pies.

–¡Sasori no aparece en ninguna parte, hum!

0*0*0

Escuche como Madara le daba el vaso a Tobi y me di cuenta de que no sólo nos había dado a Sasuke y a mí (Sasuke había tenido un campamento de hoy a tres días con su maestro Kakashi). Cuando entró e hizo la plática de siempre yo fingí no darme cuenta de nada. Madara me dio el vaso y yo me lo fingí que me lo tomé. Asentí con la cabeza y sin mencionar palabra me metí en las sábanas dándole la espalda a Madara. Escupí el agua en la misma almohada.

–¿Itachi?– preguntó Madara.

–Lo siento– le dije sentándome, limpiando discretamente el agua que corría por mi mejilla –Gracias.

–De nada– dijo él, al parecer sin sospechar nada. Se levantó y salió del cuarto.

Espere a que pasaran diez minutos antes de salir a hurtadillas de mi habitación. Revise la habitación de Tobi y lo vi completamente dormido. Abajo escuche la puerta principal.

–Buenas noches, Kisame– dijo la voz de mi tío. Al pie de las escaleras me quede helado, agudizando el oído.

–Buenas noches, Madara samma– le contesto Kisame. Mi corazón se disparo de tal manera que me pregunte si no lo escucharían, ¿qué hacía ahí Kisame?

–¿Cómo fue el día de hoy?

–Bien. Itachi san está bastante tranquilo, hoy tuve un percance con aquel rubio del que le conté–

Dejé de respirar. ¿Deidara?

–Bueno, si sabe demasiado habrá que hacer algo.

Oh por Dios. ¿Hablaba de lastimar a Deidara?

–¿Estás despierto para la sesión de hoy?– pregunto Madara. Kisame dijo que sí. Escuche las zancadas de ambos y la puerta que daba acceso a nuestro sótano. Bajé las escaleras y me acerqué a la puerta. Escuche. A través de la puerta sus voces no eran más que tenues susurros.

Y entonces escuche algo que me desgarró el alma. Fue un profundo grito. Entonces lo supe, supe que aquellos gritos no eran parte de un sueño y me sentí como un completo imbécil. Incluso ahora reconocí aquellos gritos.

Abrí la puerta violentamente y baje las escaleras del sótano. La luz estaba prendida, y a un lado de las escaleras estaban Madara y Kisame. Sentado (o sería mejor decir que amarrado) estaba un ensangrentado Sasori.

–¿Qué están…?– pregunté a grito, pero mi voz se ahogo.

–I…Itachi– susurro Kisame sorprendido, Madara me miro con un deje de molestia. Sasori, levantó una ensangrentada y magullada cara hacia mí. Sus labios y mejillas partidas de las que manchaban sangre. Tenía cara de moribundo. Y aún así parecía que se alegraba de verme.

–Itachi…– dijo Madara.

–¡Qué le están haciendo!– grité y corrí hasta dónde Sasori, haciendo a un lado a los dos hombres que yacían a sus lados–¡¿Sasori estás bien?

–Ita…Itachi…– susurro Sasori.

–No te preocupes yo…– le dije, pero entonces sentí que alguien me jalaba hacia atrás y me tiraba con fuerza al suelo. Caí de sentón y mire a Madara, que sacaba de su pantalón una pistola. Me quede helado.

–Creo que es hora de que arregle ciertas cuentas pendientes…– susurro él mientras me apuntaba.

–¡Madara samma!– gritó Kisame mientras se adelantaba –No haga eso…

Madara lo miro.

–¿No hacer qué? Es de esto de lo que se trata… quedarme con la estación de policías y que nadie se entere de mis antecedentes.

–Pero… Pero incluso parece que este chico no sabe nada– dijo Kisame señalando a Sasori –E Itachi…

Madara golpeo a Kisame en la mejilla. Él cayó al suelo. Sentí que mi corazón quería salir por mi boca.

–Esto es algo que debí hacer hace seis años…– Madara cargó la pistola, me quede mirándole, sorprendido –¿Sabes Itachi? Aquella noche, mientras los ojos de tu madre y tu padre se apagaban con un último suspiro, fui realmente feliz…

La pistola no se apartaba de mi rostro y sentí que el alma se me iba a los pies. ¿Mis padres?

–¿Tú los mataste?– susurre con la voz quebrada, Madara asintió. Kisame turnaba su mirada entre Madara y yo –¡Maldito hijo de…!

Me puse de pie, pero Madara me pateo el rostro. Escuche mi nariz crujir antes de que un dolor terrible me hiciera olvidar todo. Vi a Kisame. Vi a Sasori, y por último a Madara. El odio volvió a apoderarse de mí.

–Descuida Itachi… me cuidaré a Sasuke muy, muy bien– dijo Madara.

–¡ITACHI!– gritó Sasori con voz estrangulada.

Oí el disparo. Sentí el terrible dolor en mi abdomen, y el líquido caliente chorrear bajo mi ropa. Oí el golpe sordo de mi cuerpo caer de costado. Oí a Madara reír. Oí a Deidara decir que mi tío estaba demente.

Sasuke… Deidara…

Mientras tardaba en cerrar mis ojos vi como Kisame me observaba con los ojos desorbitados.

Lo sabía todo… Kisame lo sabía… es por eso que no confió en nadie… es por eso que…

Cerré los ojos y ya no supe más del mundo.

TO BE CONTINUED.


¡Oh! El capi de hoy ha finisheado sempais D: ¿Qué pasará con Deidara, Sasori e Itachi? Tendrán que dejar review si quieren enterarse... y yo tenré que dejar la conti de mi otro fic SasoDei para no dejarlo abandonado ^^u

*: Sé que Kisame mide como veinte centimetros más que Itachi, yo cambié esa estatura para este fic ^^u

Nota: Para aquellos que odiaron a Itachi por el capitulo anterior, espero que no lo odien,,, Itachi es un magnifico personaje *-* que yo también amo. Si hizo esas locuras (como golpear a Danna ¬¬) es por dos razónes: Una: yo estoy escribiendo u.u y dos: El amor se trata solo de cometer locuras y estupideces ¿no lo creen?

Bueno Hasta luego. Espero leerlos en un review! OwO

Matta ne~