Mary (señalando un punto en el cuarto): –¡AHHH! ¿Qué es eso? ¿Es un avión? ¿Es un Tobi volador? ¿Qué es, sempais? ¿Qué es, qué es, qué es? ¿Es un fantasma?
Sasori: –Claro que no ¬¬
Deidara: –OoO ¡Dios mío, hum, es… es…!
Itachi (sin interés alguno): –El nuevo capítulo de Anata no tejun o mite.
Mary: –No Ita kun… ¡ES MI CHOCOLATE!
Saso/Ita: ¬¬
Deidara (se avienta sobre el chocolate): ¡ESE ERA MÍO, HUM!
Mary: –¡NO! XO ¡Es mío, Dei sempai!
Itachi: –Ridículo.
Sasori (suspira): Pues ya ves que sí. Bien. Como todos estos…– se detiene al sentir la mirada asesina de Itachi –Como Deidara y esa mocosa que se hace llamar Mary están ocupados… yo presentare… – respira profundamente, no parece tener interés alguno –Bienvenidos al capítulo 8.
Itachi: –Ellos esperan que lo disfruten… yo no ¬¬
Saso/Ita (sin emoción): ¡3…2…1…CONTI!
=CAPÍTULO 8=
DEIDARA PO´V
9:17, abrí la puerta, esperando a Tobi pero me encontré con otra persona. Ahogué un grito y traté de cerrar la puerta otra vez.
.
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Me quede con la cabeza agachada sobre el váter: Jadeando y con el estómago todavía revuelto. La sensación de asco no se me había quitado desde haberme encontrado con Itachi en el centro comercial y de eso ya casi un día. Aún continuaba llorando y el regusto al pasar mis labios sobre los labios sentía más el sabor salado de las lágrimas que del Onigiri que había preparado Hikari, y que prácticamente me había obligado a comer.
Con apenas fuerzas, jale a la taza del baño y retire la cabeza para que no me salpicara nada del líquido asqueroso y espeso que había salido de mi estómago momentos antes.
No me puse de pie, sin embargo. No tenía fuerza. No quería salir de aquí y no quería ver a nadie. Apreté los dientes, molesto.
Ahora que no estaba Naruto (él se había ido de aquí a tres días con Kakashi sensei), Hikari se la había cargado conmigo nuevamente.
Sonreí amargamente. Bueno, al menos parecía que algo volvía un poco a la normalidad.
Dejé de sonreír y tuve que hacer un esfuerzo en ponerme de pie, todo me daba vueltas. Volví a sentir asco, pero contuve las arqueadas. No quería volver a pensar en la ausencia de Sasori, ni en que Itachi muy quitado de la pena negaba tener algo que ver. ¡Yo lo sabía! El simple hecho de que estuviera hablado con ese sujeto…
Kisame, creo recordar que se llama. Mi cuerpo se estremeció bajo aquel recuerdo…
~~Flash Back~~
Habíamos pedido una pizza mientras le contaba a Tobi todo sobre el sueño de Sasori. Y había sido eso lo que por poco nos había impedido escuchar el supuesto plan que tenía Madara para encontrar a Sasori. En cuanto ambos salieron del cuarto para ir a ver quién llamaba a la puerta, Tobi y yo nos escabullimos y nos encerramos en el cuarto de Tobi, poniéndonos audífonos para fingir que habíamos estado absortos en la música, y no sacarnos un regaño y un antecedente penal (¿se podía hacer eso por espiar en los asuntos de policías?)
Madara, si bien no se había percatado de nuestra existencia en la habitación dónde había hablado con Kisame, pensó que podríamos estar silenciosos en la habitación de Tobi, pues aceptó la pizza y pagó por ella e inmediatamente después subió a con nosotros y tocó la puerta un par de veces. Ambos nos miramos, pero seguimos fingiendo escuchar música.
El padre de Tobi entró en seguida con la pizza en manos.
–Hola chicos– nos dijo con una sonrisa. Ambos fingimos sorprendernos. Me quite los audífonos y me puse de pie.
–Buenas tardes, Madara samma, hum– dije con un tono de respeto, que más bien uno podría decir que seco, y luego agregue con falsa consternación –¡Oh! ¿A tenido que pagar por la pizza, hum?
Madara me sonrió mientras se acercaba a nosotros y la dejaba a los pies de la cama. Tobi le sonrió tímidamente a su padre.
–Hola– le dijo. Madara le hizo un asentimiento con la cabeza y Tobi sonrió un poco más, esta vez, aliviado –Gracias, papá.
Aunque no quiera admitirlo, sentí una horrible punzada en el pecho mientras me sentaba en flor de loto y cogía un pedazo de pizza. Aquella palabra me causaba cierta… consternación, verdadera.
–De nada– dijo con una sonrisa un poco maliciosa. Note que de Kisame no había rastro –Desgraciadamente, no he tenido dinero suficiente para pagar el refresco y no me lo ha querido dar, ¿ustedes creen? Qué gente tan desconfiada, como si Tobi no pidiera pizza cada dos horas.
–No importa, hum– conteste empezando a comer –¿Por qué no se queda a comer con nosotros, Madara san, hum?
"Y de paso se invita a su amigo que ha espiado a Sasori conmigo, hum" agregué para mis adentros.
–Mmm…– contestó Madara –Creo que está bien. Pero…– miró a Tobi –En la mesa y con un buen refresco, ¿vale?
Tobi se puso de pie.
–Iré por el refresco– se ofreció. Él odiaba poner la mesa, vete a saber el por qué –¿Me acompaña, sempai?
Asentí.
–En realidad…– intervino Madara y ambos le miramos –Preferiría que Deidara se quedara aquí a ayudarme a llevar la pizza y poner la mesa. ¿Me harías el favor?
Su mirada me causo escalofríos. Miré a Tobi, pero él solo se encogió de hombros y asintió.
–Ok, hum– conteste un poco nervioso.
En cuanto se fue Tobi sentí la pesada mirada de Madara sobre mí. Me gire a verlo, un poco nervioso.
–¿Sucede algo?– pregunté y Madara se encogió de hombros.
–Iré al grano– dijo de pronto Madara. Abrí los ojos sorprendido hasta la tan de pronto cercanía de Madara a mi espalda, su respiración me cosquilleaba la nuca, me gire a verlo, asustado –Dime dónde está Kaoru.
Tragué saliva ruidosamente.
–No… No sé de quién me habla, hum– conteste, bajando la mirada una centésima de segundo. Madara me cogió del brazo y me jaló hasta la mesa, donde me hizo inclinarme hasta que mi cabeza golpeo con la madera.
Fue un golpe sordo. Su aliento a menta me pegó en el rostro con la misma poca sutileza que su sudor. Gemí contra su peso, ahogando un gemido de dolor. Su brazo empujaba exactamente mi nuca y me provoco un agudo dolor. Abrí los ojos con el ceño fruncido.
A la sala entro el chico de cabellos azulados, observando a Madara con una expresión un poco atemorizada.
Hubiera tratado de llamar a Tobi (aún a pesar de que no me oiría), pero de mi garganta solo bullía un extraño sonido.
–Escucha bien mocoso– me susurro Madara al oído, doblaba mi brazo con la mano libre y por un momento, al retorcerme levemente, tuve que morderme el labio para no llorar porque el dolor era inmenso –Sé que escuchaste todo lo que hablaba allá arriba– hizo una pausa –Ese chico es un prófugo de la ley y ha sabido evadir a Kisame, vete a saber por qué. Esto es un mal necesario, créeme, pero si no dices lo que sabes…
Apretó la fuerza sobre mi brazo y no pude evitar gritar.
–Madara san…– habló el peli azul acercándose –No creo que…
–¿Es este el rubio del que hablabas, no? Es un cómplice si no dice nada…
El chico se hizo para atrás.
–No sé de qué me está hablando, hum– susurre entre dientes. Madara me jaló hacia atrás y cuando mi cabeza golpeo el suelo me sentí aturdido.
–Dime dónde está– exigió Madara, entorné los ojos en su rostro.
–No.
Él levantó una ceja.
–Puedo hacerte mucho daño, jovencito– ¿me estaba amenazando? Le mantuve la mirada, desafiante –¿Qué dices de eso?
Hubo unos segundos de silencio.
–Que mi respuesta no cambia, hum– conteste.
Madara cerró el puño derecho y con fuerza me golpeo la mejilla. Fue como la vez que Hikari me había planteado una cachetada, no sentí nada hasta segundos después. Alcancé a ver la cara contorsionada del peli azul. Esta vez, el ardor no cesó en segundos, en realidad, más bien parecía que me hubieran golpeado con un palo de madera: No ardía como mil hormigas caminando en la piel, era más bien como si una persona mantuviera presionada mi mejilla con el pie, recargando todo su peso sobre mí.
Giré a ver al hombre que yacía sacudiendo la mano con gesto un poco adolorido.
Antes de que pudiera decir o hacer algo, Madara me recogió del suelo, tomándome del cuello de la camisa y levantándome violentamente. Le seguí mirando desafiante, incluso hasta que su forma se fue distorsionando por las lágrimas.
–¿Dónde está?– volvió a preguntar.
–No se lo diré, hum.
Entonces se escucho la puerta principal, y Madara cambió su expresión sanguinaria por la de siempre. Me sobó la mejilla y yo, tan aturdido como estaba, no me pude hacer hacia atrás.
–¡Ya llegué!– gritó Tobi y camino hasta el comedor, nos miro a mí y a Madara, luego al peli azul –¿Qué pasó?
–¡Oh, Tobi!– gritó Madara con exagerada preocupación, mientras me pasaba una mano por atrás del cuello –Deidara kun se ha resbalado y golpeado con la barra.
Tobi se acercó corriendo a mí. Abrí la boca para decir que no era cierto, pero Madara me apretó el cuello y ahogue una exclamación.
–¿No es así, Kisame?– preguntó Madara. El otro asintió sin apartar la mirada de los ojos del Uchiha mayor.
–¡Ah, sempai!– gritó Tobi preocupado –Debe tener más cuidado…
~~Fin del Flash Back~~
Me mire en el espejo. El moratón ya solo era una mancha un poco oscura. El golpe que me había dado Itachi se notaba un poco más. Me los roce con la mano en un gesto distraído, sin mirarlos realmente. ¿Sasori era un prófugo de la ley? Bah. Los Uchiha lo eran. Todos y cada uno de ellos eran unos bastardos mentirosos.
Dentro de mi pecho se retorcía algo, un profundo odio. Era horrible, hacia subir por mi garganta la bilis y lo único que esta hacia era provocarme más nauseas. Ahora mis ojos se llenaban de lágrimas por la rabia.
Ahora Sasori estaba desaparecido, y me apostaba la vida a que se trataba de algo con Madara. También, casi podría jurar, que Itachi estaba envuelto en ello. De qué manera, eso no me quedaba claro, pero lo sabía.
¿Sasori estaría en la estación de policías? ¿Estaría bien? ¿Pensaría en mí en estos momentos? ¿Me echaría la culpa?
–¡Deidara!– gritó Hikari desde abajo –¿Estás bien?
Yo estaba bien. Pero necesitaba saber si lo estaba también Sasori danna. Me cubrí con el cabello ambos moretones (que suerte era que hubieran quedado del lado izquierdo donde siempre llevaba el cabello) y salí del cuarto de baño, a regañadientes para hacerle de compañía a Yondaime y Hikari.
0*0*0
–No nos tardaremos nada– me dijo Hikari mientras se despedía de mi, llevaba un hermoso vestido verde pistache que le llegaba hasta los pies, se había pintado ligeramente los labios de un rojo carmín y su cabello estaba recogido en un chongo por una estilista de la colonia –Si tienes hambre puedes coger Onigiri de la mesa.
Yondaime iba a su lado (procurando no verme a los ojos), ataviado con un traje negro. Ambos iban a una fiesta a honor del jefe de Hikari. Me habían invitado ir, pero argumente que me sentía mal del estomago y que tenía diarrea. Ellos se lo creyeron.
–Sí– conteste taciturno y fastidiado –Ya se pueden ir, no es la primera vez que me quedo solo, hum.
Esto último lo dije mirando con amargura a Yondaime. Él se dio media vuelta y salió serio de la casa. Hikari me miro, me sujeto de la mejilla y me hizo girar a verla. Pensé que me reprocharía, pero en su mirada solo alcance a ver… autentico cariño. Se me encogió el corazón de culpa.
–Cuídate mucho, ¿eh? Tu padre y yo te queremos– se acercó y me dio un ligero beso. Me sonroje casi de inmediato –No lo olvides.
Y con ello se dio media vuelta y se fue. El silencio en la que quedo sumida la casa cuando se fueron el BMW y giraron de la esquina de la calle, se me antojo demasiado profundo, torturador y casi intolerable.
0*0*0
Telefonee a Hidan y platiqué un poco con él sobre cosas triviales.
–¿Y cómo esta Itachi, hum?– le pregunté. Sí, como no. Cosas triviales.
–Bien– me contestó Hidan un poco extrañado, y supongo que no era para menos –¿Por qué? ¿Te has vuelto a pelear con él?
–Son cosas suyas, no le he hecho nada, hum– conteste, aún a pesar de saber que había sido yo quién comenzó todo –Ya sabes que siempre se pone sus moños y se cabrea por cualquier sandez. Ya se le pasara luego.
No había sido una sandez. Y no me extrañaría que jamás se le pasara. Lo que le había dicho era horrible.
–Bah. Uchihas. No puedes vivir con ellos, pero sí sin ellos, ¿no? Está uno más a gusto.
Mis ojos se llenaron de lágrimas en ese momento. Y tuve que morderme el labio para no dejar escapar un sollozo. En este momento yo… daría todo por hablar con un Uchiha, por pretender que nunca nada había pasado, por seguir siendo yo.
En resumen. Por no haber conocido a Sasori jamás.
La imagen de Itachi besándome se hizo presente en mi mente y mi corazón se disparo. Itachi… Yo le gustaba a Itachi…
–Sí– contesté cuando mi voz se recupero un poco. Dos lágrimas cayeron por mis mejillas y me las limpié tallándolas con fuerza, me lleve a la boca un pedazo de Onigiri y tragué casi sin masticarlo –Son unos idiotas, hum.
De repente, el timbre de la casa sonó y mire hacia mi ventana.
–Uy, visitas– me dijo Hidan –¿Te dejo?
–Te hablo luego, hum– le conteste.
–Oh, por Jashin, no lo hagas– contesto burlón –No quiero escuchar tus tragedias.
–No digas eso, hum– le conteste mientras bajaba las escaleras –Que mis tragedias es lo único interesante que has escuchado el día de hoy, ¿verdad que sí? Por eso no has colgado, hum.
–¡Agh! Pues lo voy a hacer ahora, rubia.
–No si yo lo hago primero, hum– y le colgué.
Sonreí mientras dejaba el teléfono en la mesa y me limpiaba las manos en el pantalón. Miré el reloj de la pared. 9:17, abrí la puerta, esperando a Tobi pero me encontré con otra persona: era ese tal Kisame. Ahogué un grito y traté de cerrar la puerta otra vez.
Él no alcanzó a reaccionar y se quedo fuera. Puse el seguro y me aleje de la puerta como si fuese un bicho.
Él volvió a tocar la puerta.
–¡Oye! ¡No vengo a hacerte nada malo!– me gritó –¡Abre la puerta, por favor!
–¡Vete de aquí, hum!– grite desde dentro, buscando con la mirada algo que pudiese usar como arma. Cogí un paraguas. Sí, vaya arma.
–¡No me iré de aquí!– gritó él –¡Por favor! ¡Vengo en nombre de Itachi!
Dejé de respirar. Por un momento mi corazón dejo de latir, no podía escucharlo bajo aquel terrible silencio que se formo entre los dos.
–¡No me jodas, hum!– grite, reaccionando luego de unos segundos –¡Si crees que con eso me harás salir, puedes irte mucho a la mierda!
–¡Pues me voy mucho a ella!– grito él, escuche desesperación en su voz –Por favor… Itachi… Itachi está muy malherido y quiere verte…
¿Malherido?
–¿Ita…?– el resto de mi voz se ahogo tras mi garganta –¡Mentira!
–Es verdad…– susurro –Madara, disparó… Él lo ha hecho… yo… Itachi pide verte… Por favor… se está muriendo…
Solté el paraguas. Su golpe sordo fue para mí como una avalancha. Abrí la boca pero de ella no salió ningún sonido. Trate una y otra vez de asimilar aquellas palabras. Itachi se está muriendo. Cada una de ellas perforaba mi corazón y comencé a negar con la cabeza una y otra y otra vez. De repente me di cuenta de que mis oídos zumbaban con fuerza, y tras aquel estruendoso ruido mi voz se abría paso.
–¡NO!– gritaba –¡Itachi no puede estar muriendo, hum! ¡Es mentira! ¡Vete!
–Ven conmigo, por favor…
Su voz se quebraba. ¿Era algo real? ¡Itachi! ¡Madara! ¡Itachi!
Sin pensármelo más abrí la puerta. Ahí estaba el chico, con los ojos un poco llorosos y mirándome como si fuera un Santo.
–¿Dónde…?– pregunté –¿Dónde está Itachi, hum?
0*0*0
Tomamos un taxi que nos dejo frente a un edificio desgastado y maltrecho que daba la apariencia de ser uno de los barrios pobres. Parecía abandonado. Inmediatamente bajé del taxi, lamente haberlo hecho. ¿De verdad había sido tan idiota cómo para creerle a este sujeto? ¿A un perro de Madara? Gire la mirada hacia él, que avanzaba precipitadamente por el camino. Su expresión era lastimera, y su respiración acelerada. Lo seguí. La misma corazonada que me decía que Sasori no era malo, era la que me decía que él no mentía.
Kisame (como me había pedido que le llamara en los doce minutos que anduvimos en el taxi) decía la verdad.
La puerta crujió cuando Kisame la empujo para abrirla. Seguí sus pasos sobre aquellos tablones de madera desvencijados. El lugar estaba demasiado oscuro y el miedo se apodero de mí. Esperaba que me cayera una emboscada o algo así, pero mientras avanzábamos al tercer piso hasta el cuarto del fondo del pasillo no paso nada. No se escucho nada que nuestros jadeos y nuestros pasos.
Kisame abrió la puerta del apartamento 15B y la puerta volvió a crujir, con una disculpa prendió una luz amarillenta que colgaba del techo. El lugar no era muy grande, una especie de cuarto grande, del tamaño de una sala, era el lugar del comedor, la cocina y había un par de sillas de las que se plegaban. Y dos habitaciones, una que parecía ser el baño y otra donde asomaban los pies de una cama. Las únicas dos ventanas estaban cubiertas por ladrillos y aún conservaban un par de cortinas grises y raídas. Olía a rata muerta y a demasiada humedad. Miré a Kisame, y él me hizo un gesto en dirección al cuarto con cama.
Camine lentamente, como si de cualquier lugar me fuera a saltar un zombi, como en esa película que tanto me gustaba: Resident Evil. Por Jashin, casi los podía escuchar retorcerse. Había, en el fondo de la habitación, una especie de silbido. Mi corazón latía con tanta fuerza que me dolía, hacia que olvidara un poco el repugnante olor que cubría el… departamento.
–Itachi– llamó Kisame adelantándose al cuarto. La gran estatura de Kisame me impidió ver hacia dentro cuando la puerta ya me quedaba de frente –¿Estás bien?
Escuche un gemido. Y aunque no fuesen palabras ni nada parecido, abrí los ojos desmesuradamente y corrí al cuarto. Hice a un lado (con algo de esfuerzo) a Kisame y me lo quite de en medio. Entré al cuarto y me detuve justo en ese momento.
Itachi estaba tumbado en la cama, con unas sábanas blancas más o menos limpias, a excepción de unas manchas oscuras… rojas. Mis piernas, que temblaban demasiado, reaccionaron y me llevaron hasta el costado de la cama ahí me arrodille.
–¡Itachi, hum!– grité mientras le tomaba de la mano y entrelazaba mis dedos con los suyos. Su mano estaba fría, pero seguía respirando lentamente, mientras un zumbido le acompañaba cada una de sus inhalaciones –¡Itachi!
Las lágrimas corrieron por mis mejillas.
Nunca había visto a Itachi tan… tan desaliñado. Mantenía los ojos cerrados, apretados con fuerza y respiraba con rapidez y dificultad. Sudaba, incluso a pesar de que estaba demasiado frío. Tenía en la comisura de los labios un rastro de sangre que manchaba su barbilla. Y, por primera vez desde que le conocía, tenía el cabello suelto, desparramado en una almohada. Una toalla blanca y un poco húmeda reposaba en su frente. Yo… yo ya no tenía la capacidad de hablar. Sin embargo apreté su mano con más fuerza, Itachi hizo lo mismo, solo un poco, sus dedos apenas rozando mi piel. El silencio solo roto por sus jadeos.
–I…Itachi, hum– susurre con la voz quebrada –No… por favor…
Hubo un ligero movimiento en sus parpados que no paso desapercibido por mí, y al parecer, tampoco por Kisame, pues se arrodillo a mi lado. No tuve tiempo ni de reírme por su actitud ni de extrañarme demasiado tiempo, porque Itachi abrió lentamente los ojos. Me miro y podría jurar que sonrió levemente, ¿Ó habría sido solo mi imaginación desesperada por verle sonreír?
–D…– parecía hacer un esfuerzo sobrehumano por hablar. Negué con la cabeza.
–No te fuerces a hablar, ¿ok? Aquí estoy, hum.
Itachi frunció el ceño.
–Dei…Deidara.
Tercos como unas mulas. Eso es lo que eran los Uchiha, joder. E Itachi, que no se le podía obligar a obedecerte, lo era aún más.
–No digas nada, hum– le dije en un susurro, las lágrimas todavía corriendo en mis mejillas. Itachi abrió la boca para seguir diciendo algo.
–Lo…lo sien… lo siento…
Un borboteo de sangre salió de su boca, sentí que el alma se me iba a los pies. No, quizá eso era quedarse demasiado corto.
Le apreté más la mano. Él hizo otro esfuerzo por seguir.
–Vaso de…agua. Madara…y yo… Dormía y no podía… despertar…
–Itachi– susurre y le mire con reproche amoroso –Estás muy malherido. ¿Qué te crees hablando en estas condiciones, hum?
–Sa…Sasori… Yo… Deidara… yo…
¡No podía ser posible! La voz de Itachi se estaba quebrando, le mire con detenimiento el rostro, y la vi. Vi correr una gota desde el rabillo de su ojo hasta su barbilla. Al principio creí que era una gota de sudor, pero solo porque no quería o podía creer que fuera una lágrima de verdad. Los Uchiha no lloraban. ¡Itachi! Él era… ¡Era Uchiha Itachi! No podía llorar, porque parecía nunca sentir nada.
Que tonto soy. Itachi siente. Es un humano. Con todas sus habilidades y dones, con todo su orgullo y cara de sabelotodo… él era humano.
Le puse una mano en sus labios, noté que temblaban un poco. Él no apartó la mirada de mis ojos. Le retire la mano suavemente.
No volvió a caer otra lágrima.
A mi lado, Kisame se removía, inquieto. Itachi parecía no notar su presencia.
–Sasori… sótano… y Sasuke…– susurro Itachi –Madara quiere… Deidara… salva a…mi hermano… Por favor…
Me costó un poco recibir cada una de las palabras. Miré a Kisame. Él frunció el ceño.
–Madara los quería muertos a ambos…– susurro Kisame. Itachi, que se giro a ver a Kisame, le dirigió la mirada más horrible que yo le había visto hacer –Le disparo a Itachi cuando descubrió los… los interrogatorios de Madara con Sasori.
–Tú…– susurro Itachi y se removió un poco en la cama, pero al instante soltó una maldición –Me… me… mentiste… tú… sabías todo, siempre… lo… ayudabas…Sasori… estaba, sangraba… y yo…
Miré a Kisame, asqueado. Pero él encogía la cabeza, culpable. Arrepentido. De verdad. Decidí pasar por alto eso, en vista de que Kisame se estaba haciendo cargo de Itachi.
–¿No deberíamos llevarlo a un hospital, hum?– pregunté. Antes de que Kisame contestara, Itachi negó con la cabeza, ahogo un gemido –¿Por qué?
–Madara… registros… me encontrará… me… me matará… Deidara… Sasuke…Está en peligro… Por… Daño…
De las palabras que yo le entendía era solo porque no las susurraba, como el resto. Pero entendía el camino por el que iban. Madara tenía registros de los hospitales y lo encontraría. Y me estaba pidiendo que salvase a Sasuke.
Itachi, que nunca me había pedido nada. Ahora con los ojos me rogaba.
Miré a Kisame.
–¿Dónde tiene a Sasori, hum?– pregunté –Tenemos que salvarlo…
Kisame no se atrevió a mirarme.
–Quizá… – susurro –Quizá sea demasiado tarde… Madara, Madara le torturaba… busca que él diga que tiene la culpa del barco… No, yo creo que busca algo más. Lo matará para no arriesgarse a que diga algo.
–La estación… quiere… – susurro Itachi. Lo mire con reproche –Mato a mis… padres… Kisame… lo sabías…
–Yo no sabía nada de eso– le dijo Kisame, mirándolo –Lo juro.
Pero la mirada que le dirigió Itachi era de alguien que estaba a punto de escupirte en la cara.
–Mierda…– susurre –¿Y Tobi?
Kisame tardó en encontrar su mirada con la mía.
–No mataría a su propio hijo.
A estas alturas, no podíamos estar tan seguros.
–Debemos salvar a Sasori y a Sasuke. Y Tobi, por si acaso, hum– le dije firme. Él parecía que no iba a ir conmigo, más la mirada que dirigió a Itachi fue más significativa que nada para mí –Iré solo… tú cuidarás a Itachi…
–No… – dijo Itachi y ambos giramos a verlo –Sasori. Sasuke…más importantes… Esta…Estaré bien…
–Ni de broma, hum.
–No podemos…decir…nada…– susurro Itachi –Ellos… quiero… salven…
–Pues no te dejaré a ti solo, hum– contesté firme –De no dar tan mal aspecto te juro que te golpearía…
Pero tenía razón. No podíamos confiar en nadie, los que ya sabíamos todo éramos demasiados. Me daba miedo enfrascar a alguien más. Pensé en Naruto, ojalá y estuviese aquí…
–Iré yo solo, hum– contesté firme –Puedo apañármelas perfectamente, hum.
–No… Deidara…yo…
–¡Nada! ¿Crees que eres el único que puede ser terco, hum? ¡En eso yo te gano mil, hum!
Itachi me miró unos segundos. Un atisbo de sonrisa se hizo presente en sus labios, tan bella como siempre.
–Te… amo, Deidara…
Abrí los ojos de par en par, y creo que también la boca. Kisame emitió una especie de gruñido lastimero, se puso de pie y como si tratara de darnos intimidad se marchó del cuarto. Por primera vez, pude sentir lo que era lástima por otra persona. Miré a Itachi.
¿Cuántas noches y días había esperado eso? Sueños, imaginaciones mías, momentos en que me sonreía, momentos en que peleábamos. Era un anhelo. Era algo que veía como imposible, y aprendí a verlo así: Inalcanzable. Y hoy que se había vuelto real…
Podría besarlo. Podría decirle que yo también lo amaba. Bajé la mirada.
Pero… Yo amaba ahora a Sasori. ¡Qué irónico! Sentí la mano de Itachi levantarse en un pesado gesto y acariciarme la mejilla.
–Sé… tú quieres a…Sasori…tarde… yo… quería decir… decírtelo antes de…
Levante la mirada, enojado.
–¡Ni te atrevas a terminar esa frase, hum!– le grité. Aún sonriendo, Itachi dejó caer la mano en la cama, fue, poco a poco cerrando los ojos. Sentí que todo paraba, no importaba nada –¿Me escuchas? Itachi… Oye, Uchiha bastardo, no te atrevas a morir, ¿eh? ¿Escuchaste, hum?
Itachi no respondía, su respiración se iba haciendo más acelerada y el silbido más constante.
–Oye… Oye… – le dije. Kisame volvió a correr en dirección al cuarto –Tú… tú no puedes morir… dijiste que me ibas a llevar de picnic, con todos, hum– más lágrimas que corrían por mi rostro, ya no estaba seguro de si le gritaba o no, no escuchaba nada gracias al zumbido en mis oídos –Ahí estaremos todos, Hidan, Kakuzu peleando… Y Pein y Konan se estarán besando… Tobi dirá tonterías… yo… Sasuke habrá invitado a Sakura y Naruto por fin admitirá que su pareja ideal es Hinata… Tú y yo competiremos por quién come más dango en menos tiempo, hum. ¡Prometiste siempre competir conmigo, hum! Prometiste ganarme siempre…
Itachi abrió los ojos.
–Yo… a mí… ya me ganaron… tú… tú siempre me… ganaste… Siempre volaste más que yo… y… y viviste…
–¡Tú estás vivo! ¡Siempre lo has estado, idiota, hum!
–¿Qué… qué decías de los… libros? Eran para personas sin… vida…
–¡Era mentira, hum!– grité –Siempre lo fue… me… siempre me ha gustado cómo leías libro tras libro y me contabas sus aventuras… yo pensaba… yo pensaba que esperaba vivir una aventura así contigo… con todos… y tú y yo… siempre como los amigos locos que se pelean pero…
Itachi me sonrió levemente, volviendo a cerrar los ojos. No como si se fuera a dormir, sino, como si pensara todo lo que le estaba diciendo.
–Iríamos a alta mar a pescar el pez más grande… siempre compitiendo por ver quién lo hacía primero, hum… y que al final… lo haríamos los dos…– hice una pausa, para sorber por la nariz –Si te mueres, Itachi… yo… Si me prometes que no morirás yo te prometo que… que salvaré a Sasuke, hum. Lo haré aún así… por eso, por eso tienes que seguir vivo ¿ok? En cuanto todo termine… te traeré el mejor dango, hum.
–Eso… Eso suena bien…– susurro Itachi, sonriente –Eso…Te prometo… seguir aquí cuando… regreses… y llevarte a ese estúpido picnic– su sonrisa creció un segundo, burlona y luego se fue haciendo su siempre gesto serio –Tengo mucho sueño, Dei…– no supe si me decía así de cariño o mi nombre se le ahogo en la garganta, pero aún así, el corazón se me encogió –Creo que… dormiré…un… rato…
Y se quedo muy quieto. Seguía respirando, suave y lentamente. Más normalizado. Miré a Kisame, que tenía la vista hacia otro lugar, me puse de pie y solté con cuidado la mano de Itachi.
–¿Es en el sótano?– pregunté. Kisame asintió –Iré allá. Tú quédate con Itachi. Más te vale no dejarle morir, hum.
–Nunca.
Avancé por el cuarto.
–Ya podría ser tarde, ¿sabes?– me dijo Kisame. No lo tomé a mal, sino como mera advertencia.
Gire a verlo por encima del hombro.
–Pero podría no hacerlo, hum– le conteste –Pregúntale a Itachi… yo nunca me rindo, hum.
0*0*0
Me escondí entre los autos y ahí permanecí bastante tiempo. Hasta que la última luz de la casa se apagó. Me pregunté si Tobi no sospechaba que algo raro pasaba. Desde hace dos horas, la única lámpara que se había mantenido prendida era la de la habitación de Madara. Eso me hizo sentir nauseas. Tobi. Tobi, ¿dónde estaba?
Estaba esperando que Madara se fuera a dormir, pero vi que cuando apago la luz de su cuarto comenzó a prender la luz de la sala. Luego de unos cinco minutos, Madara subió por las escaleras, con un vaso de agua.
Recordé a Itachi hablando de ello. Madara se metió a la habitación de Tobi y luego de otros cinco minutos salió. Apagó todas las luces, excepto la de la sala. Y ya no volvió a subir o a bajar.
Corrí hasta la puerta de la entrada diez minutos después. Saqué de mi pantalón las llaves que me había ofrecido Itachi al venir aquí. Tenía que sacar a Tobi y a Sasori de aquí. ¿Cómo? No lo sé. Pero tenía que hacerlo…
Pegué la oreja a la puerta. No se escuchaba nada, ni la tele encendida. Y entonces… hubo un grito.
Sin pensármelo dos veces cogí las llaves y abrí la puerta violentamente. No tenía ningún plan. Bueno, sí: Golpear a Madara hasta dejarle inconsciente o matarlo. Cogí un reloj de metal que los Uchiha tenían sobre una mesa y seguí corriendo hasta la puerta del sótano. La abrí violentamente justo en el momento en que Sasori volvía a gritar. Bajé las escaleras. Hubo otro desgarrador grito.
Madara me daba la espalda cuando llegué. Levanté el reloj de metal. Otro grito. Escuche un crujido y sentí que el corazón me daba un vuelco.
Esta vez fui yo quien grito. Para cuando Madara se giraba hacia mí, lo golpee con todas mis fuerzas en la sien con el reloj de metal. El sonido de su cabeza contra el reloj fue algo que jamás olvidaría. Luego de unos segundos, Madara cayó pesadamente al suelo.
Solté el reloj. Mis manos temblaban demasiado. Miré a Sasori, de su boca escurría sangre, tenía heridas abiertas en las mejillas. Pero lo más terrible eran sus dedos, tres de ellos girados hacia diferentes direcciones, cuando levantó la cabeza a mirarme, su mirada estaba perdida por el dolor. Caí de rodillas a su lado. Sasori hizo un gesto de apartarse de mí.
–Sasori– le llamé –Sasori soy yo, soy Deidara, hum. Estás bien, he venido a sacarte.
–Dei…Dei… ¿Deidara?– susurro mirándome, le desaté, y luego que las cuerdas aquellas que le habían dejado roja y sangrante la piel lo liberaron, Sasori levantó su mano con dedos sanos y me acarició la mejilla –¿Qué… qué haces?
–Te sacó de aquí, hum– le dije mientras hacía que pasara su brazo por mis hombros y lo ayudaba a pararse, él lanzó un gruñido.
Miré de reojo a Madara, tenía metida en los pantalones una pistola.
–Espera– le susurre un momento mientras lo dejaba caer con cuidado en la silla, me agache y cogí la pistola. Por un momento, cuando noté que Madara seguía respirando, a pesar de la sangre que corría desde la sien, le apunté con la pistola. Estaba dispuesto a matarlo.
Por lo que me hizo a mí. Por lo que le hizo a Itachi. Por lo que le hizo a Sasori. Por lo que planeaba hacerle a Sasuke.
–Deidara…– susurro Sasori, cuando gire a verlo él se estaba tratando de poner de pie jadeando –No… no lo hagas…– se fue para delante y preferí soltar el arma e impedir su caída –Vámonos… por favor…
Volví a pasarle la mano por la axila y a ayudarle a poner de pie.
–Debo ir por Tobi, hum– le susurre mientras él gruñía y me seguía cojeando.
–Ajá– susurro, irritado.
Lo deje sentado en el sillón en lo que subía a por Tobi. Llegué al cuarto de Tobi y lo zarandee al verlo dormido a pierna suelta. Al parecer lo que les daba Madara si hacia un buen efecto adormecedor.
–¡TOBI, HUM!– grité mientras lo zarandeaba –¡TOBI!
Él murmuro algo. No podría cargarlo si llevaba a Sasori. ¿Qué iba a hacer? ¡Kami samma!
Abajo se escucho un auto. La puerta principal.
–¡Deidara!
¿Kisame?
–¡Deidara, vámonos!
Vi a Kisame correr en dirección hacia el cuarto y sin esperar reacción alguna de mí cogió a Tobi entre brazos y se lo cargó al hombro.
–¿Qué…?– grité –¿Qué ha pasado con Itachi, hum?
–¡Lo tengo en el auto!– gritó Kisame mientras me jalaba del brazo.
–¿Auto?– repetí.
–¡Nos vamos!– dijo Kisame –Nos han atacado casi después de que te fuiste. Secuaces de Madara. No podemos regresar.
–¡Pero Sasuke…!
–Regresamos por él cuando venga. Ahora es más importante buscar refugio para Sasori e Itachi.
Seguí corriendo hasta donde había dejado a Sasori.
–Vámonos, Sasori, hum– le insté mientras lo ponía de pie –Tenemos que salir de aquí.
–Él… Él está con Madara…– susurro señalando a Kisame.
–No. Está con nosotros.
–Lo he visto. Ayudaba a Madara a…
–Lo sé, hum– le dije firme –Pero ya no. Tienes que confiar en mí, ¿ok?
Sasori frunció el ceño, pero se dejo ayudar hasta la puerta. Una camioneta esperaba aparcada en la banqueta. Kisame abrió la puerta de hasta atrás y lanzó a Tobi en toda su estatura. Mientras, yo abrí la puerta de los segundos asientos y metí a Sasori ahí, Itachi descansaba al otro lado, respirando rápidamente. No abrió los ojos, pero ver que seguía aquí me hizo suspirar de alivio. Le puse el cinturón a Sasori pensando en sus dedos. Le eché un vistazo rápido.
–No importa…– me susurro él, lo mire y asentí. Iba a cerrar la puerta cuando Sasori me interrumpió –Deidara.
–¿Eh?
Kisame se metió a la camioneta con rapidez y encendió el motor.
–Gracias– dijo y se adelantó a mí y me beso.
Inmediatamente cerré los ojos y disfrute de su beso, de aquella caricia que sabia a sangre y metal.
–Eh… no quiero interrumpir– nos dijo Kisame –Pero tienes que subir ya, Deidara.
Con un leve suspiro desilusionado me separé de Sasori, que me dirigió una triste sonrisa y luego se miro los dedos e hizo una mueca de dolor.
–Hay que hallar un lugar donde escondernos– dijo Kisame en un susurro mientras yo me subía al asiento de copiloto –Que este lo suficientemente cerca para volver por Sasuke…
–¿Y luego qué?– pregunto desde atrás Sasori, con voz cansada –¿Huir siempre?
Kisame se giro a verlo, un poco alterado.
–Eso lo has hecho ya mucho tiempo, ¿no?
Sasori bufó algo.
–Sé dónde podemos ir, hum– intervine –Sé dónde estaremos a salvo, hum.
TO BE CONTINUED.
Mary: -Por un momento les juro que creí que el fic se iba a quedar en el capítulo anterior.
Sasori: -Se supone que iba a acabar hoy, mocosa o.ó ¡Que por eso es que hemos aparecido nosotros!
Mary: -Pero… ¡Pero, Danna! A Mary le hace muy feliz escribir en este fic Q.Q
Itachi: -¿Y por eso piensas que a los demás también les gusta?
Mary: -Pues… no lo sé ._.
Deidara: -Pregunta, hum- se gira hacia la audiencia -¿Quieren que termine el fic o les gustaría que la loca de Mary le alargue un poco, hum?
Sasori: -Eso ya lo hizo, idiota.
Deidara: -¿Sabe una cosa? Me gusta más en el fic, hum ¬¬
Sasori: -Eso es porque literalmente estás enamorado de mí en el fic, baka~
Deidara: -¿Y qué?, usted también lo está, hum.
Sasori: -¡Nada que ver! O/Ó
Mary: -Eres genial Deidara sempai, tu si me comprendes ^o^
Deidara: -Yei, ya lo sabía, hum u/u Soy tu Akatsuki favorito, ¿verdad?
Sasori: -¡Yo soy su personaje favorito de TODOS los animes!, así que no eres su Akatsuki favorito. Y también te comprendo, soy yo quien aguanta tus abusos del yaoi, mocosa.
Ita/Dei/Mary: Ó.O (¿Celoso? XD)
Sasori: -Puedo hacerlo, por si se enteran ¬¬u
Mary: -Ay, ajá.
Deidara: -¡Uy! Uso sarcasmo con usted, danna, hum.
Sasori: -¡No te metas!
Itachi (ignorándonos a los tres): -Como sea, el fic va a tener que terminar alguna vez, quiera ella, quieran los lectores o no. Pero por ahora… supongo que tendrán que esperar conti, porque Madara aún vive y al parecer aún falta eh,... acabar el ItaKisa ¬/¬.
Mary (deja de ver la nube de humo en la que pelean los "tortolitos") :-¡Y dejen review! Matta ne~ sempais :D
