Hola, aquí estoy nuevamente con el segundo capítulo que es un poco más acorde a la forma a la que se van a desarrollar los demás de aquí en adelante… Muchas gracias a Martila por su comentario.
Ya quisiera yo poder escribir por lo menos un capítulo de los de Rowling… por ahora me conformo…
Curioso.
Ha sucedido, finalmente podré hacer lo que siempre he soñado, en este momento contemplo como la insignificante muggle me mira como esperando que yo la libere, que la deje ir. No sabría precisar si es que ella es muy expresiva o yo muy perceptivo, pero en su mirada sé que sí le dejo ir nunca abrirá su boca, nunca dirá absolutamente nada de lo que aquí le han hecho…
Ella tiembla… y no puedo dejar de pensar en la forma en la que he de catalogarla, de procesarla en mi cerebro, mara mí eso, es menos que un elfo doméstico, esos molestos seres por lo menos tienen magia, sin embargo (y es importante lamentarlo) nuestro lenguaje no tiene palabras, nombres que diferencien las partes que le componen, a los órganos del cuerpo de nosotros los sangre limpia, es curioso, es molesto tener que tratarle de "ella" por no existir palabras que diferencien lo que eso y yo somos…
He de iniciar correctamente, después de todo la primera impresión es la que cuenta, por eso es que no he querido decir nada, simplemente bajé con mi reluciente túnica de Slytherin al sótano de mi casa, y le vi encadenada y supe que eso y yo no somos iguales, no tiene el porte, no tiene la dignidad, no sabe cómo comportarse, eso no es nada. Es curioso, muy curioso, nunca había estado tan cerca de un muggle, son tan frágiles, tan patéticos que por un momento me pregunto si realmente esto es lo que quiero hacer, si realmente vale la pena desperdiciar mi valioso tiempo en esta empresa…
Volviendo al momento. Me está mirando, lentamente se va dando cuenta de que de este lugar no va a salir, hasta ahora, no había visto el rostro de la persona que la trajo a nuestro acogedor sótano. Me ve y no sabe qué esperar, veo mi reflejo en sus ojos, veo lo que ella está viendo; un joven con una túnica un poco extraña, de no más de 16 años, y es ahí cuando me permito una sonrisa de satisfacción. Es hora de empezar…
