Mary: –Hola, hola sempais que siguen todavía con esta historia ya tan larga ^^U

Sasori: –Pero eso no será por mucho tiempo, ¿verdad, mocosa?

Mary: –Tristemente, mi Danna tiene razón u.u No creo poder alargarle más de uno o dos capítulos.

Sasori: –Para los que ya se cansaron de ver las actualizaciones, es un alivio ¿no? ¬¬

Itachi: –¿Realmente habrá alguien?

Deidara: –T^T Voy a extrañar esta historia, Mary san, hum.

Mary: –Tranquilo sempai. Todavía no termina u.u Mientras disfruta la conti.

Deidara: Okey, hum.

Mary: Ustedes también queridos lectores, da~ ^o^


=CAPÍTULO 11=

DEIDARA PO´V

"Tomo entre sus manos mi mentón y me beso, lancé un suspiro sorprendido y cuando Sasori se separo y vi sus ojos, supe que quizá esto podría ser una despedida"

.

.

Me eché sobre la cama y solté un enorme suspiro. Pensaba en la mirada de Itachi, en aquellos ojos que antaño me habían causado tantas emociones diferentes y que sin embargo ahora parecían tan lejanos como lo era la civilización desde dónde nos encontrábamos.

Sasori cerró la puerta y permaneció ahí, mirándome. Solo lograba verlo por el rabillo del ojo, y desde ahí encontraba que su anguloso rostro estaba un poco más colorido que cuando hubiéramos llegado a la cabaña.

–A ti…– comenzó él, rompiendo el silencio y lo miré –Te gusta Itachi, ¿verdad?

Inmediatamente mi corazón se disparo y me senté sobre la orilla de la cama, con las mejillas ardiendo y abriendo la boca para declinar el comentario de Sasori, pero las palabras no me salieron. Ni una sola. Y solo me limite (después de unos segundos de haber tratado de mantener la mirada a la par de la suya) a mirar el suelo de madera y mis pies removiéndose, nerviosos.

–¿Deidara?– volvió a llamarme Sasori y se formó un nudo en mi estomago –¿Te gusta?

Apreté los puños, entre mis dedos la sábana comenzó a arrugarse. Quería responder que no. Itachi ya no me gustaba. Pero cada vez que recordaba siquiera la idea de perderlo, ó cuando lo vi sonreír tan amargamente al decirme que me amaba… Itachi era mi amigo, y por mucho tiempo le quise en secreto, pero ahora estaba Sasori. Y lo que sentía por él eran cosas que ni en una vida podría describir.

Sasori dio unos pasos hacia la cama y se paró frente a mí. No pude levantar la mirada y me quede muy quieto, el nudo subió hasta mi garganta, y entonces Sasori me sujetó el mentón con sus manos y me levantó la cara hacia él. Esperaba verlo con el ceño fruncido, recriminándome, pero lo que vi fue una sonrisa.

–Porque nadie te culparía por ello, claro– dijo y aunque su voz sonaba un tanto amarga, hizo que mi estomago se retorciera por algo muy diferente al miedo –Está guapo. Demasiado, uno podría decir.

–¿Por qué me dices esto, hum?

–Porque te he visto mirarlo– contestó él aún sonriendo y luego con un ademán indiferente soltó mi rostro y se sentó a mi lado, tomo mi mano sin embargo –Pero… te he visto mirarme.

–¿Y?– pregunté desafiante, pero mi voz sonó ronca y nerviosa, noté como mis mejillas ardían de nuevo –¿Cómo crees tú que te veo?

La sonrisa de Sasori se amplió y cerró los ojos, altanero. Al parecer como sea que yo lo viera le subía el ego hasta las nubes, lo cual me hacía sentir ridículo. Como una colegiala enamorada, de esas de las que tanto me reía cuando las veía persiguiendo a Itachi o Sasuke (En alguna parte, pensé, alguien se está riendo de mí)

–Me atrevo a decir que… te gustó más que él– termino de decir y abrió los ojos para voltear a verme –¿Ó me retracto?

Lo miré largo rato antes de tirarme pesadamente (y con un largo suspiro) en la cama, Sasori me observaba mientras yo me abstraía con las manchas negras que tenía el techo. Su sonrisa se fue desvaneciendo, podía notarlo por el rabillo del ojo, pero luego de unos segundos se recostó a mi lado, nuestros hombros se rozaban y sentía como se movía su cuerpo al respirar, sin embargo no aparté la mirada de la madera.

–Itachi es mi amigo, hum– me decidí a decir por fin –Y sí. Hubo un tiempo en que me gustaba… y he de confesar que quizá me guste todavía ahora, hum.

–Espero que ahí venga un pero…– dijo Sasori un poco burlón –¿Lo hay?

Voltee a verlo, Sasori también me miraba. Sus ojos destellaban en el cuarto y parecía ansioso. Sonreí y eso pareció aliviarlo.

–Pero hay algo que es diferente contigo, hum.

Sin soltar mi mano, Sasori se recargo en el codo y levantó su torso y giro su rostro hacia mí. Permanecí quieto mientras sus dorados ojos me escrutaban detenidamente, como si fuese un león a punto de atacar. El pensamiento me hizo sonrojar y Sasori pareció notarlo, soltó mi mano para acariciar mi rostro y de inmediato toda mi piel se erizó. Cerré los ojos y dejé escapar un suspiro.

–Me alegro de que eso sea así…– me susurro y se acercó a mí, sus labios rozaron los míos en un tacto apenas perceptible, antes de volver a chocar un poco más violentos contra los míos, rodee con mis manos su cuello, atrayéndolo hacia mí y sintiendo como su mano recorría mi rostro y mi cuello después, se separó un momento de mí–Gracias, Deidara.

–¿Por qué?

–No lo sé.

Sonreí mientras volvía a besarlo. Fuera del cuarto donde ambos estábamos escuché la sonora risa de Kisame, y por un instante me pregunté si le estaría contando un chiste a Tobi y a Itachi y se reía de ello, o por el contrario había sido Tobi quién había hecho algo gracioso.

Por un momento, en vez de olvidarme de que existía el mundo aparte de nosotros dos, mi mente divago un segundo en Kisame. No tenía mucho tiempo de conocerlo, parecía tener una gran afición a las cosas relativas al mar y una personalidad bastante alegre. Aquella sonrisa que tenía que lograba hacer que tú también tuvieras que sonreír, (en cierto modo me recordaba a Tobi), pero…

–¡Sasori san, Deidara sempai!– gritó Tobi mientras abría la puerta violentamente –¡Kisame san dice que vayan a comer algo! ¿Ah? ¿Sempai, Sasori san?

Del susto me empujé a Sasori hasta quitármelo de encima y me senté de sopetón, completamente rojo. Sasori gruñó algo. Tobi nos miró a ambos mientras un rubor teñía sus mejillas. Sasori se sentó en la cama, al parecer malhumorado.

–Sí… ya vamos, hum– jadee mientras me ponía de pie y arreglaba mi camisa –Yo… vamos, Sasori.

Sasori se puso de pie y asintió. Una leve sonrisa se le abrió paso por el rostro mientras me tomaba de la mano y me llevaba fuera de la habitación, y supuse que pensaba en que ojalá hubiera hamburguesas entre las "provisiones".

0*0*0

Aunque no eran hamburguesas, los chocolates parecían gustarle a Sasori, que se llevaba un Bubulubu* a la boca y parecía disfrutarlo. Tobi, a su lado observaba unas galletas Oreo* que había decidido compartir conmigo.

–¿De dónde han sacado toda está comida, hum?– pregunté mirando a Tobi –¿Por qué no han traído más que chucherías?

–No sé– contestó Tobi y me lanzó una sonrisa cómplice –Pero no creo que a usted le moleste. ¿O sí, sempai?

Negué con la cabeza. Esto me venía muy bien, en especial si no tenía nada en el estomago desde ya hace un día. Seguí comiendo galletas mientras miraba hacia el cuarto de Itachi, de donde salía él apoyado en Kisame y caminando lentamente hacia la mesita que había en el centro de la cabaña.

–No deberías ponerte de pie todavía– dijo Sasori arrancándome las palabras de la boca. Itachi frunció el ceño –Se te abrirán los puntos.

–No recuerdo que alguien como tú pudiese sentirse lo suficiente como para decirme qué hacer.

–El que no oye consejo, no llega a viejo– se limito a decir Sasori un poco ofendido. Me puse de pie.

–Siéntate aquí, hum– le indiqué.

–No– declinó Itachi con su siempre tono cortante y grosero, parecía volver a ser el mismo de siempre –Kisame, ¿me podrías ayudar a andar hasta el sillón de allá?

–Claro, Itachi san– dijo Kisame mientras esbozaba otra de sus grandes sonrisas mientras le ayudaba a caminar –¡Con cuidado! No quieras ir tan aprisa.

–Hmph– se quejó Itachi y podría jurar que le vi sonrojarse –Es que tú vas muy lento.

Kisame sonrió y lanzó una carcajada nerviosa mientras ambos caminaban hasta el sillón. Permanecí parado observándolos. Había algo en Kisame que me causaba (ahora que sabía estaba de nuestro lado) confianza y ganas de contar chistes mientras asamos malvaviscos alrededor de una fogata como si fuésemos amigos de toda la vida.

Cuando Kisame dejó a Itachi en el sillón noté que mientras estaba cerca de él su mirada brillaba y su sonrisa era todavía más amplia, sus movimientos quizá se hacían un poco más torpes a pesar de que se notaba su determinación por hacerlos bien y porque nadie los notara.

Y entonces me llegó como lo hacían mis obras de arte, una chispa de iluminación y me sentí completamente estúpido por no haberlo notado antes: Kisame estaba enamorado de Itachi.

–¿No piensa sentarse de nuevo, Deidara sempai?– escuché que me preguntó Tobi y giré a verlo –¿Ó necesita ir al baño?

–Eh… no– susurre mientras volvía a tomar asiento, sin apartar la mirada de Itachi y Kisame. Tomé otra galleta y me la llevé a la boca.

Kisame se agachó frente a Itachi, sonriente.

–¿Quieres algo de comer? Hay chocolates y galletas. Creo que por ahí queda un panque de chocolate.

Itachi frunció el ceño, mirando a todas partes pero nunca a Kisame. Sonreí, al parecer a Itachi lo ponía nervioso la mirada de Kisame, aunque no sabía si eso era una buena o una mala señal.

–¿No hay dulces?– preguntó por fin y tuve que sonreír más, Itachi y su manía por los dulces –No quiero otra cosa, en realidad.

–Aquí creo que hay gomitas– dijo Tobi mientras se levantaba y se acercaba a la caja rebuscándola y encontrando por fin las gomitas –Son de azúcar. Creo que le irán bien, ¿no, Itachi san?

Itachi se limito a asentir mientras Kisame se ponía de pie y alzaba la mano para alcanzar las gomitas. Tobi se las pasó y Kisame se las dio a Itachi. Recargué mi cabeza en la mano mientras masticaba otra galleta. Itachi abrió el paquete de gomitas y justo después me miró, todo mi cuerpo empezó a temblar e Itachi volvió a mirar las golosinas, sin coger ninguna y quedándose quieto. Kisame suspiró, parecía un lamento de alma en pena.

–¿Tú no quieres comer algo, Kisame, hum?– pregunté con voz ronca y mirándolo mientras él apartaba la vista de Itachi y me sonreía levemente –Todavía queda ese panque de chocolate, hum.

–No tengo mucha hambre, Deidara. Gracias– hizo una pausa antes de agregar con voz triste –Bueno. Iré a mi arbolito. Regresó pronto. Cuiden de Itachi.

–No es necesario que lo diga, Kisame san– dijo Tobi mientras hacía bolita el empaque de Oreo –Tobi es un buen chico y cuidará a su primo.

Kisame nos dirigió una sonrisa y salió de la cabaña. Itachi le dirigió una mirada, antes de suspirar y comer una gomita.

Afuera, todavía chispeaba.

0*0*0

Salí de la cabaña y cerré la puerta tras de mí. Miré de un lado a otro, me recibió el viento todavía frío que venía desde el lago y atravesaba todo el bosque con un susurro algo escalofriante. Me metí las manos en la chaqueta y tirite debajo de ella.

Camine hasta los pinos, buscando con la mirada a Kisame, que acababa de salir hace un minuto, pero del que no parecía haber señales.

–¿Kisame?– susurre con voz temblorosa –¿Estás ahí, hum?

No me respondió nadie más que el viento. Con el ceño fruncido camine hacia la mata de árboles y me metí en ella. Un escalofrío me recorrió la espalda mientras bajo de mis pies las ramas crujían.

–¿Kisa…?

Vi que Kisame permanecía sentado al pie de un árbol y me acerqué a él procurando no hacer mucho ruido con mis pisadas. Sin embargo Kisame pareció percatarse casi enseguida de mi presencia.

–¿Qué sucede, Deidara?

–Ah… bueno, yo… quería saber si estabas bien, hum…

Kisame se giro a verme y sonrió levemente.

–¿Por qué no lo estaría?

Enrojecí violentamente y patee una rama por los nervios.

–Es que… yo creí que… bueno, vi que mirabas a Itachi y como que te ofendió que Itachi no sea un poco más amable contigo, hum…

Kisame se encogió de hombros.

–No es para culparlo, en realidad– me dijo –Lo traicione y merezco que sea tan cortante conmigo.

–Itachi siempre es así…

–Sé que no– se limito a decir –Yo… he visto cómo te mira y sé que lo que me estás diciendo es mentira.

–Bueno– agregué para tratar de arreglar algo –Los Uchiha son rencorosos, pero… Siempre perdonan. En el fondo, las personas a las que quieren siempre se quedarán ahí en su corazón. Estoy seguro de que Itachi…

–Por favor– pidió Kisame mientras apretaba los puños –No digas más. La verdad es que… nunca podría olvidar lo que le hice. Casi muere por mi culpa. Sabía que Madara estaba torturando a Sasori y no dije nada… Yo… yo no hice nada por detenerlo…

Pensar en que Madara torturo a Sasori me hizo tener que tragar bilis.

–Sí. Fue horrible lo que hiciste, hum– le dije –Pero, al final has hecho lo correcto, y eso es lo que importa.

Kisame se llevó las manos a la cara.

–Quiero hacer algo… desearía poder…

–¿Desde cuándo conoces a Itachi, hum?– pregunté, interrumpiéndole. Kisame, se quedo callado y se quitó las manos del rostro –Porque a ti no te gusta solamente, ¿verdad? Lo que tú sientes por Itachi es algo más fuerte, hum.

Kisame se sonrojo.

–¿Desde cuándo lo conoces, hum?

Pensé que tendría que repetir la pregunta otra vez o que Kisame se pararía y me amenazaría para que me callara, pero Kisame solo suspiro y soltó una risa amarga que hizo que el corazón se me encogiera.

–Me mandaron vigilarlo desde hace un mes y medio– respondió con voz cansada y yo abrí los ojos por la sorpresa –En ese tiempo Madara nunca me hizo saber que los quería matar, y de hecho, hasta esa noche en que le disparo a Itachi no sabía de sus intenciones. Él solo quería que no apartara la mirada de Itachi por si en algún momento llegaba a sospechar…

–¿Qué cosa?

–Antecedentes de la familia Uchiha– contestó mientras me miró –Al parecer… Itachi había estado haciendo preguntas sobre lo qué sucedió con su familia.

–¿Y qué sucedió que era tan malo?

–Cuando Madara me mando vigilarlo… juro que me había hecho creer que solo quería protegerlo de la venganza. Que eso es lo que había llevado a la ruina a su padre… pero… Ahora sé que solo quería evitar que lo supiera… que él lo había hecho, quiero decir. Los había matado a ellos.

Hubo un silencio entre ambos. El viento sopló con fuerza, ahogando el silencio.

–Itachi debe pensar que es mi culpa. Y si no lo hace ahora, lo hará después– dijo en un susurro –Pero los ayudaré. Lo haré hasta que Madara quede entre las rejas.

Me acerqué a Kisame y me senté con él. En mi pecho algo se retorcía, no sabría decir si era odio o repulsión, pero no me moví de ahí. Miré el cielo, todavía surcado por nubarrones grises que amenazaban con dejar caer un diluvio.

–Amas a Itachi, hum.

–No.

–Lo amas.

Kisame se giro a verme de manera violenta. Parecía dispuesto a volver a negarlo, pero en vez de eso me miro con detenimiento y sonrió amargamente.

–A alguien como tú no se le puede ocultar, ¿verdad?– dijo burlón –La manera en que miras a Sasori, y él te mira a ti… Je. Uno podría decir que matarían a cualquiera que sufra de amor.

–¿Lo hacemos, hum?

–Era un decir, claro.

Otro corto silencio mientras yo miraba el cielo y procuraba no encontrarme con el rostro de Kisame. Al fin, me decidí a volver al tema de antes.

–¿Por qué no se lo dices, hum?

–Porque sería una estupidez, ¿no te parece?

–Quizá… eso sea lo que más necesita Itachi, hum– susurre mientras recordaba la manera en que miro a Kisame, como si sentir algo por él fuera prohibido –Créeme. Yo lo sé.

Otro silencio.

–No se lo diré. No tengo derecho– dijo por fin Kisame y lo mire, abriendo la boca para contradecirle pero él atajó primero –Y esta tarde me iré de regreso a la casa de Madara. Salvaré al hermano menor de Itachi san. Solo así podré mirarlo a la cara y rogar su perdón. Y aún así– agregó con voz destrozada –Dudo que pueda perdonarme.

Después de decir eso se puso de pie y me dio la espalda, caminando de nueva cuenta hacia la cabaña. Con un gruñido me puse de pie y lo seguí de cerca. La verdad, ahora ya no sentía tanto frío.

0*0*0

–¡No seas idiota!– le gritó Itachi elevando la voz tres cuartos –¡Ir tú solo! No me jodas.

–Puedo hacerlo– replicó Kisame ofendido –Y rescatar a Sasuke y acusar a Madara. Podrás volver a tu casa y…

Itachi dijo una sarta de groserías que dejarían cortos a Hidan y a Sasori. Abrí los ojos como platos. Sasori miraba a Itachi con el ceño fruncido, asintiendo mientras observaba a Kisame en señal de que (y sorprendentemente) estaba de acuerdo con Itachi. Tobi no había querido participar en la discusión y miraba la ventana con el ceño fruncido y haciendo de cuenta que no existíamos.

–Itachi… ¡ITACHI!– gritó Kisame, alterado, haciendo que Itachi parara de maldecir –Tú no puedes ir y darle un tiro a Madara. Deberías de saberlo, y solo no te dejaré.

Itachi soltó una carcajada escalofriante.

–¿Tú? ¿Dejarme a mí? ¿Crees que soy un perro faldero y lastimado? ¡Puedo ahorita mismo demostrarte lo contrario y con una sola mano!

–Eso es ridículo.

–Nunca digas eso a un Uchiha, hum– susurre, a sabiendas de que el orgullo de ellos les hacía ser capaces de lo que decía en este momento Itachi y más.

–Tus heridas todavía no sanan, no pienso llevarte en la camioneta. Iré solo.

–Solo irás a que te maten– contestó tajante Itachi y puso los ojos en blanco, y luego fulmino a Kisame de una manera que nunca le había visto hacer con nadie –No dejaré que estés solo con Sasuke. No después de lo que me hiciste a mí.

Kisame retrocedió un paso, ofendido y al parecer realmente herido.

–Kisame tiene razón– dijo Sasori, interviniendo por primera vez, Itachi le dirigió una mirada furibunda –Te quedarás aquí. Con Deidara y con Tobi. Yo iré con Kisame.

–¡De eso nada!

Miré a Itachi, por primera vez creyendo que era un completo idiota.

–¡Quiero ser yo el que le vuele los sesos a Madara!

–¡ITACHI SAN!– gritó Tobi desatendiendo la ventana –¡Sé que ha hecho cosas malas, pero por favor, no olvide que es mi padre!

El silencio volvió a dominarnos. Itachi bajo la mirada, ruborizado. Kisame miro hacia bajo, Sasori me miro a mí y yo a él para luego dirigir la mirada hacia Tobi que nos miraba suplicante e incluso con lágrimas en los ojos.

–¡Por favor!– volvió a gritar Tobi –¡Sé lo que hizo mi padre, y sé que planeaba hacer, pero… pero…!

–Lo siento, Tobi– dijo Itachi mientras se sujetaba el costado, ahí donde la bala le había atravesado –Yo… no quería…

Tobi asintió y se limpió las mejillas donde corrían las lágrimas. Mire a Itachi.

–Me resigno a quedarme– dijo Itachi de nuevo, esta vez más tranquilo –Kisame. Necesito ir y salvar a mi hermano.

Kisame se acercó al sillón donde estaba Itachi.

–Él estará bien. Yo lo traeré sano y salvo. Te lo prometo.

Itachi lo miro largo rato, Kisame le dio una sonrisa que decía, que pedía que le creyera. Sé que Itachi quería hacerlo. Pero también sé que no podía decir que estaba bien…

–No confiaré en nadie más que en mí para esto.

Pero tanto Kisame como Sasori, tanto Tobi como yo, supimos que se refería a que no iba a confiar en él.

0*0*0

Sasori abrió la puerta y me ayudó a meter a Itachi al carro. Al final, siempre se hacia lo que la bendita voluntad de los Uchiha dictaba. Kisame cerró con violencia la puerta, cabreado por haber perdido e Itachi soltó un suspiro que yo supe muy bien, era de victoria.

–Lo siento– se disculpó Sasori al pensar que había sido él –¿Te he lastimado?

Tobi subió al asiento de atrás, donde lo habíamos traído antes y se hizo un ovillo. Por fin logramos dejar a Itachi en el asiento y ponerle el cinturón.

–Yo me quedo atrás– dijo Sasori mirándome –Sé un poco de medicina y si lo necesita puedo ayudarle.

Lo mire fijamente y asentí, pasándome al asiento de copiloto. Kisame encendió el motor en cuanto nos subimos ambos.

–No me gusta nada esto. Se los juro– nos anunció.

–Limítate a llevarnos devuelta– dijo Itachi, ansioso. Kisame gruñó y echó la camioneta hacia atrás, por el camino.

Miré una última vez la cabaña. Y cuando Kisame retrocedió creí ver ahí tirado en el suelo el libro que había tenido Itachi hace unas horas.

0*0*0

Eran más o menos la una de la tarde cuando divisamos a lo lejos la ciudad, y de inmediato noté como cada parte de mí se tensaba en menos de un segundo. A mi lado, los dedos de Kisame se volvieron blancos por apretar el volante con demasiada fuerza. Por el retrovisor me atreví a mirar a Itachi que mantenía los ojos cerrados como si se hubiese mareado (varias veces lo había escuchado contener arqueadas) y Sasori mantenía la vista fija en el espejo, mirándome.

Inmediatamente me sonroje al recordar las palabras que hace horas Kisame me hubiera dicho acerca de nuestras miradas. Aparté la mirada justo después de dirigirle una sonrisa nerviosa a Sasori y que él me la respondiera con los leonados ojos destellando como soles.

¿Sería eso por lo que me resultaba tan obvio que Kisame estaba enamorado de Itachi? ¿Podía yo saber cómo me veía yo cuando miraba a Sasori? Seguramente tan ridículo como Kisame. En cambio, cuando Sasori me miraba parecía que estuviera posando para una cámara profesional. Sus ojos serenos y al mismo tiempo intensos.

–Nos detendremos a comer aquí– declaró Kisame mientras estacionaba la camioneta cerca de una tienda ambulante de comida rápida y se giro a ver a Itachi –Si le parece bien a su majestad.

Itachi abrió los ojos lentamente y frunció el ceño. A su lado Sasori lo miro expectante, Tobi aún hecho un ovillo también le miro triste.

–A su majestad no le parece– respondió Itachi con desdeño –Quiere llegar a su palacio YA.

Si no fuera tan grave nuestra situación me habría echado a reír por los ademanes de Itachi con las manos como si de verdad fuera un rey o algo así. Kisame abrió la puerta y salió para abrir la de Itachi.

–Pues lo lamento, su señoría. Pero el chofer tiene que descansar al igual que sus súbditos, para poder atrapar al malvado rey que gusta usurpar su trono.

–No– atajó Itachi mientras Kisame le trataba de quitar el cinturón –Que Tobi y Deidara me ayuden.

Me miro suplicante. Me quite el cinturón y salí de la camioneta en dirección a la de Itachi, Kisame se hizo a un lado y trate de sonreírle pero mi sonrisa se ahogo en alguna parte antes de salir a la luz. Tobi, con menos ganas que Kisame al hacerse a un lado, salió y se acercó a la puerta.

Tobi le pasó un brazo a su primo por debajo de la axila, y yo por la otra. Itachi se aferró a nosotros mientras caminábamos hacia la tienda.

–¡Buenas tardes!– nos saludó una mujer mayor mientras pasábamos y luego miró extrañada a Itachi –¿Se les ofrece algo?

–Solo queremos comer– respondió Kisame cortante –¿Ya ha abierto?

La mujer no perdió ni un instante la sonrisa, pero su mirada se dirigió hacia Sasori, y luego a un punto dentro del local. Extendió las manos y nos señalo la entrada.

–Por aquí, por favor.

Dimos unos cuantos pasos cuando noté que Sasori irrumpió.

–Kisame– llamó Sasori y Kisame lo miró –No quiero comer aquí. Será mejor que llevemos a Itachi dentro de la camioneta y pidamos para llevar.

Todos giramos a verlo, curiosos y extrañados.

–Pero Sasori san– dijo Tobi con voz quebrada. Sasori nos miro y luego miro a la mujer, uno podría decir que desconfiado –¿Por qué no quiere…?

–Pasen, por favor– insistió la mujer –La especialidad del día de hoy es ramen.

–No– insistió Sasori –No tengo hambre, Kisame. Vámonos.

Kisame miró a Sasori segundos que me parecieron eternos. A mi lado, Itachi gruñó una maldición.

–Creo que es una buena idea, Kisame, hum– dije sin apartar la mirada de Sasori –Creo que Itachi ni siquiera puede comer ahora. Vámonos.

–Muy bien– dijo Kisame mientras se apartaba de la mujer –Creo que no es necesario que comamos ahora, Sasori.

La mujer dejó de sonreír.

–¡Pero Tobi necesita ir al baño!– dijo Tobi mientras se bamboleaba de un lado a otro –¡Kisame san!

–El baño está al final del pasillo– declaró la mujer, de nuevo con rostro amable. Se me hizo un nudo en el estómago. Kisame se acercó a Itachi y aunque él rezongo Kisame ocupo el lugar de Tobi mientras el buen chico corría al establecimiento –Podrían pasar si quieren.

–Esperamos en la camioneta a nuestro amigo. Muchas gracias– respondió Kisame mientras con un rápido movimiento me arrebataba el peso de Itachi de los hombros y se lo cargaba en brazos. Itachi inmediatamente se sonrojo –¿No necesitamos pagar el servicio, verdad?

–No. Para nada.

Y sin decir nada la mujer se metió al local y cerró la puerta. Se acercó al mostrador e hizo una llamada. De pronto mi corazón latía con fuerza y tenía nauseas.

–¿Qué estás haciendo, idiota?– grito escandalizado Itachi –¡Bájame! ¡Ahora!

–Sasori… hum– llame mientras le dirigía una mirada nerviosa –¿Qué pasa?

–Esa señora sabe quiénes somos– se limito a decir Sasori, Kisame ya daba media vuelta con Itachi todavía en brazos hacia la camioneta –Madara debe de haber dicho algo.

–En cuanto Tobi salga nos vamos– dijo Kisame metiendo a Itachi a la camioneta mientras él parpadeaba y gruñía maldiciones con voz ronca –Esto ha sido una mala idea.

Normalmente las ideas de Itachi nunca son malas, habría comentado hace un par de horas, y es que, lo había hecho. Mi opinión hizo que Sasori y Tobi levantaran la mano y se decidiera por votación que se haría la voluntad de Itachi.

Esperamos a Tobi. Pero pasaron cinco minutos y luego diez y el meollo en mi corazón se hizo cada vez más grande.

–Ese Tobi tarda mucho– dijo Kisame tamborileando con los dedos el volante.

–Kisame– llamó Itachi mientras temblaba (de repente le habían entrado escalofríos y Sasori le había dado su chaqueta) y terminó con los dientes castañeando–To… Tobi no se tarda nunca en el baño.

Kisame abrió los ojos sorprendido. Y luego miro hacia Sasori.

–Si pasa algo, conduces Sasori.

Antes de que pudiera decir algo Kisame salió de la camioneta y corrió al establecimiento. Antes de decir arcilla, Sasori se pasó al frente.

–¿Sabes conducir, hum?– le pregunté mientras escuchaba rugir el motor, Sasori me miró con una sonrisa.

–No puede ser tan diferente a una moto, ¿verdad?

Parecía tranquilo a pesar de todo, sonreí como idiota.

–¡Uy sí!– dijo Itachi atrás –¡Ahora sabes conducir!

Miramos como Kisame abría la puerta y salía tomado de la mano con Tobi. Rodearon la camioneta y se metieron, en cuento lo hicieron Sasori arranco el auto, el chirriar de las llantas me lastimo los oídos.

0*0*0

–¡Tobi tenía mucho miedo!– gritó Tobi mientras se estremecía –La mujer le encerró en el baño y dijo que iba a llamar a mi padre… Que todo estaría bien.

–Ahora estamos bien y es lo que importa– dijo Kisame mientras miraba hacia enfrente (había cambiado el lugar con Sasori en cuanto entramos a la ciudad) –Llegaremos a la casa de Madara y rescataremos a Sasuke.

–Pero todavía no regresa de su campamento, ¿verdad?– pregunté curioso, Kisame ni siquiera se molestó en mirarme y solo apretó las manos. No hizo falta que dijera más –Ah…

–Llegaremos en cinco minutos– anunció Kisame, atrás, Itachi volvió a maldecir –No te preocupes, Itachi. Sasuke estará bien.

Ya no había pizca de la hostilidad y la burla de hace rato.

0*0*0

Vimos el Ferrari rojo de Madara estacionarse (nosotros todavía en la camioneta) y vimos salir a Sasuke con la cabeza gacha. Su mirada no se apartaba del suelo y me atrevo a decir que parecía abatido. Madara se acerco a él y le paso un brazo por los hombros susurrándole algo a los oídos.

–Hijo de puta– susurro Itachi, Tobi frunció el ceño y tragó saliva –Salgamos ahora y salvemos a mi hermano.

Kisame negó con la cabeza.

–No creo que le haga nada, Itachi san– se limito a decir –Sabrá que nosotros volveríamos por él y no tiene por que matarlo.

No necesitaba decir que la palabra "Aún" se la había comido para no alterar a Itachi, pero no funciono.

–¡Lo torturara!– gritó molesto y luego ahogo un grito por el dolor.

–No dejaré que le haga lo mismo que a mí a ese mocoso– dijo Sasori mientras abría la puerta de la camioneta –Seré yo quien vaya. Kisame quédate aquí y cuídalos.

En cuanto hubo cerrado la puerta yo me quite el cinturón y salí.

–¡Deidara!– gritó Itachi. Pero yo no regrese la mirada.

Sasori se movía con sigilo entre el callejón donde nos habíamos escondido, y yo lo cogí de la mano.

–¿Qué estás haciendo, hum?– le pregunté cuando él me miro –¿Estás loco? Madara te hará daño. Podría matarte, hum.

–Itachi necesita a Kisame.

–Y yo te necesito a ti, hum.

Sasori parpadeo rápidamente y abrió la boca para decir algo. La puerta de la camioneta se cerró, pero el único que hizo ademán de darse cuenta fue Sasori, al ver que Kisame se acercaba, cerró la boca.

–Quédate con Itachi– me dijo mientras me soltaba de la mano.

–¡No!– grité –¡Voy contigo, hum!

–Deidara– me dijo pacientemente y con una sonrisa, tomo entre sus manos mi rostro y me beso, lancé un suspiro sorprendido y cuando Sasori se separo y vi sus ojos supe que quizá esto sería una despedida –Hazlo por mí. Quédate con Itachi.

–Pero…

Kisame nos dio alcance.

–Hazlo.

Con el corazón matándome por dentro, asentí y di media vuelta.

=MINI EXTRA=

SASORI PO´V

.

.

No sé quién soy, de donde vengo ni quiénes son mis padres. Si algún día tuve hermanos o supe tocar algún instrumento (si hubiera uno, desearía que fuese el piano o el violín). Sé que puedo dibujar muy bien, y que necesito rescatar al hermano de ese Uchiha engreído, que por muy mal que puede llegar a caerme, es amigo de Deidara y necesita ayuda.

Sé que no puedo recordar nada, pero ahora comprendo que no es tan necesario como me lo parecía antaño.

Mientras Kisame y yo caminamos a la casa de los Uchiha mi corazón latía con fuerza, mire por encima de mi hombro a Kisame y él me dirigió una mirada pesarosa. Sacó de su pantalón un pasador, y yo gire a todos lados para ver si no venía nadie. Toda la calle estaba vacía, parecía una película de terror. Kisame asintió y en un segundo abrió la puerta. Asentí en silencio.

Dentro se escuchaba una canción de ópera, sonaba tan fuerte que estremecía mis huesos. Kisame tragó saliva fuerte y se pasó la lengua por los labios resecos. Parecía que Madara y Sasuke estaban en el piso de arriba. Íbamos a ir en silencio, pero…

–¡QUÉ HACES, MADARA!– gritó alguien y supuse que sería el hermano de Itachi. Antes de decir algo, Kisame salió disparado hacia arriba y yo lo seguí un poco aturdido.

Aquella habitación de donde habíamos escuchado el grito estaba al fondo y era al parecer la más grande, ahí la puerta estaba abierta. Kisame entró con pasos firmes y yo le seguí. Ahí estaba ese hombre, aplicando una llave a un chico que realmente se parecía mucho a Itachi, torciéndole el brazo y Sasuke mordiéndose los labios, mientras Madara le amenazaba con una navaja en el cuello.

–Un paso más y lo mató– dijo Madara con la misma sonrisa que tenía cada noche al visitarme y me estremecí –¿No? ¿Kisame, Kaoru?

Kisame paro y apretó los puños y yo no aparté la mirada del tío de Itachi.

Aún se escuchaba esa canción. Además de ella solo el gemido de Sasuke cuando el fino hilo de sangre le corrió por el cuello.

TO BE CONTINUED.


Mary: -La conti del día de hoy ha terminado, da~

Deidara: -Los invitamos a dejar un review, hum.

Itachi: -Y así ayudaran a que Sasori maltrate a Mary ó que le prohiba hacer más yaoi.

Sasori: -¡Me hacen ver como el aguafiestas, joder!

Mary: -¿Eso quiere decir que admite su ser yaoistico, danna *¬*?

Sasori: -¡No me he dicho eso! O/Ó

Mary: u.u

Dei/Ita: -Hasta el próximo capítulo.

Mary: Matta ne sempais ^^

Sasori: ¡Y dejen review ó Jashin los castigará! o.ó