Gracias por sus comentarios, como siempre, que me hacen seguir escribiendo. Este capítulo es desde la mente de Brennan.
Diciembre en Guatemala es tan caluroso y húmedo que a veces te hace olvidar esas frías mañanas de Washington. No has dormido lo suficiente y sientes que las noches se hacen más largas conforme pasan los días. El día, sin embargo, está lleno de trabajo, de huesos por reconocer y catalogar, además el personal de apoyo es mínimo por los días de asueto, eres básicamente tú y el director del instituto, quien amablemente insistió en que te quedaras en su casa, en vez de ir a un hotel. Noé es un hombre de casi 60 años, casado desde hace 40, y, dice él, feliz de compartir tantos años con su mujer.
Para ti ha sido extraño ver una pareja feliz en un matrimonio, pero ahora no puedes evitar pensar que es algo que no podría ser malo.
Al menos parece ser la vida que Noé siempre quiso.
Siempre has tenido la convicción de que el matrimonio es una institución arcaica, que el amor es una reacción química y que la idea de un ser supremo es simplemente irracional. ¿Por qué ahora de repente todo esto puede tomar otro sentido? ¿Por qué tus ideas y convicciones pueden dar un giro inesperado al ver a Noé recargado en el hombro de su mujer?
Y no puedes evitar volver a Washington en tu mente. Recuerdas el día de Navidad que te llevó al aeropuerto y no dijiste una sola palabra. Preferiste no verlo a la cara durante todo el camino. Habías querido pasar más tiempo con él, en la fiesta, en el estacionamiento, en tu apartamento. Es este estúpido sentimiento de confusión. El hacer lo que siempre has hecho pero ahora ya no tiene el mismo sentido.
Tomaste tu maleta y no querías ni voltear a verlo. Querías volar en ese momento, desaparecer y no tenerlo frente a ti preguntándote si podría decir algo para que te quedaras con él.
Ahora no.
- No.
Y el mundo se te vino encima.
- Se ve cansada, doctora. Debería irse a recostar.
- ¿Puedes contestarme una pregunta, Noé? ¿Eres feliz?
Yo creo que sí. Me siento feliz con lo que soy, con mi trabajo y sobre todo con las personas que tengo a mi lado, mis trabajadores, mis amigos, mi familia No puedo imaginarme siendo feliz sin ellos. Sí, creo que soy muy feliz. Y usted, doctora, ¿es feliz?
No lo sé. Últimamente no estoy segura de muchas de las cosas que me pasan.
Yo creo que cuando regrese a su casa, sabrá la respuesta. Y ahora debería de irse a dormir. Mañana es su último día con nosotros.
- Buenas noches, Noé.
- Hasta mañana, doctora.
Cuando regreses a casa, sabrás la respuesta. Mañana.
