Cuando Brennan salió del baño, Booth estaba sentado al borde de la cama con la mirada perdida. Al oír ruido, Booth se volteó a verla sonriéndole casi tímidamente antes de recostarse. Brennan le devolvió la sonrisa y se acercó a la cama. Brennan usaba su sudadera, enorme, con sus pantalones de deporte, al menos era más cómodo que el vestido que traía, aunque a Booth no le hubiera importado que durmiera con ese vestido. Lo que le preocupaba a Booth en ese momento era el hecho de estar en la misma cama con la mujer que había querido por años. Brennan apartó la sábana y se acostó junto a Booth. El simple roce de sus brazos fue como un toque de electricidad que recorrió su cuerpo. Booth se apartó sutilmente y se volteó dándole la espalda a Brennan.

¿Por qué había tomado la decisión de dormir con Booth? La respuesta no estaba del todo clara. Varias veces había dicho que el sofá de Booth era uno de los lugares donde ella se sentía más cómoda, pero el hecho de pasar la noche en el departamento de Booth por primera vez hacía que la razón de dormir juntos fuera hasta cierto punto inevitable. Booth había sido un caballero; era muy tarde y las copas de vino seguro habían hecho efecto para que Brennan saliera de ahí en su auto. Las copas de vino, precisamente, habrían sido las causantes de que Brennan espontáneamente sugiriera, no, pidiera, dormir en la misma cama que Booth. ¿Cierto?

¿Por qué había accedido? Si algo quería Booth era acostarse con ella. En el sentido más coloquial de la frase. Pero, Brennan era la que quería pasar la noche como amigos, ¿por qué ahora lo hacía pasar por esta situación? Los amigos no duermen juntos, ¿o sí? No iba a preguntárselo. Seguro que Brennan saldría con la más científica de las razones.

Era su día, él lo dijo, así que iba a pasarlo como ella lo quisiera. No hay más explicación que ésa. Aunque no sea una explicación muy adulta.

Son más de la 4 a.m., nada suena con sentido a esta hora.

Un resoplido de Booth, pauta para Brennan.

- ¿Sigues despierto?

- Sí. Creo que el vino finalmente está haciendo efecto.

- Sí, yo también. Aunque el vino realmente provocaría que tus sentidos se hicieran menos receptivos.

- Huesos, son más de las 4 a.m., cualquier palabra de más de 2 sílabas es sólo ruido a mis oídos.

- Booth, si yo soy la que te molesto, puedo dormir en el sofá, no pasa nada.

- Huesos, tú no molestas.

- ¿No te pongo nervioso?

- ¡No! no. No. No. No, por qué ibas a … no

Booth respiró profundamente y sacó el aire sonando la boca. ¿Nervioso, él? Para nada. Aunque de repente la habitación y la misma cama se hacían más pequeñas y era casi imposible respirar. Booth se levantó de golpe, tirando la cobija al piso.

- ¿A dónde vas, Booth?

- Al… baño. Necesito… agua. ¿No sientes como que hace mucho calor aquí?

Y Booth desapareció.

¿No te pongo nervioso? ¡La mujer que ha deseado los últimos 3 años está en su cama! Esa mujer con quien ha trabajado y pensado día y noche y con quien ha fantaseado incluso cuando recita las palabras y hechos científicos más complicados. Nunca hubiera imaginado que ella le pidiera dormir juntos.

(Las fantasías de Booth, además de la bibliotecaria, casi siempre se centraban en encontrar a Brennan en el laboratorio o en su oficina del FBI usando sólo una de sus corbatas -al estilo Mujer Bonita. Aunque a veces el lugar era lo de menos. Brennan siempre terminaba tomando el control de la situación en un elevador o en su lugar favorito: en el baño del estadio de los Phillies.

- ¿Booth, estás bien?

- Sí. Ahora salgo.

¿Bien? ¿Quién va a sentirse bien después de revivir sus fantasías favoritas con la mujer que lo espera en su cama?

Booth salió del baño y se dirigió a la cama. Brennan seguía acostada en la misma posición donde la dejó, si no hubiera visto su sudadera en la silla, habría pensado que no se había movido. Brennan se había quitado su sudadera. ¿No sientes como que hace mucho calor aquí? (¿¡Por favor, dime que estás usando algo!) Booth ni siquiera quería voltear a verla. Como pudo llegó a su lado de la cama, levantó la cobija y se acostó dándole de nuevo la espalda a Brennan.

- ¿Te sientes mejor?

- Ajá

- Booth, ¿te pareció raro que yo te pidiera dormir contigo?

- Por supuesto que sí, Huesos. Digo, yo, nosotros no somos más que amigos, o ¿no es eso lo que tú dijiste? ¿No es eso lo que tú querías esta noche?

- Sí. Pero también dije que quería dormir contigo sin tener sexo.

- Los amigos no duermen juntos, en una misma cama, y menos los amigos de diferentes géneros (y mucho menos si ya se han besado y casi dormido juntos con intención de tener sexo).

- Peróname, Booth, me equivoqué.

- ¿En qué te equivocaste?

Brennan se quedó en silencio y Booth tuvo que voltear a verla para saber su respuesta. La respuesta de Brennan no se hizo esperar, aunque a Booth le parecieron los segundos más largos de su vida. Brennan se deslizó hacia Booth tan solo unos milímetros que los separaban, hasta tocar su brazo, lo tomó y lo pasó sobre ella para abrazarla, mientras se acomodaba casi encima de su pecho. Booth no respiraba. ¿Realmente Brennan había hecho eso? Su brazo quedaba perfectamente acomodado en la espalda de Brennan. Y sin abrir los ojos, sólo con su brazo, ahora ya sabía lo que Brennan usaba bajo la sudadera. Ahora ya sentía el pequeño gancho de su sujetador. Brennan cerró los ojos por un momento y respiró profundamente, perdiéndose su aroma. Booth tenía que recuperar la respiración, aunque con cada respiro de Brennan sobre su pecho, parecía que a él se le acababa el aire. Lo que no pudo evitar fue captar el aroma de su cabello. Falta de aire y ahora intoxicación. ¿Cómo iba a sobrevivir a este desastre? Booth bajó la cabeza hudiéndose en su cabello. Sus labios apenas tocaron su cabeza y Brennan soltó una risita. ¿O fue un gemido? Brennan abrió los ojos y giró su cabeza hacia arriba, a sólo milímetros de la cabeza de Booth. Su sonrisa seguía en los labios. Y fue lo último que vio Booth.

Brennan se lanzó sobre su boca, primero con besos pequeños, como dándole oportunidad a que dijera que no, y aunque ése fue el primer pensamiento de Booth, los siguientes besos de Brennan lo habían hecho desistir precisamente de ese pensamiento. Ambos lo querían desde hace mucho pero la racionalidad de una y la inseguridad del otro los habían detenido. Pero ahora no había marcha atrás. Al menos no en la mente de Brennan. Teniendo el control que le daba estar casi encima de Booth, era imposible que él lograra detenerla, aun si lo hubiera querido (La fuerza y el peso de Booth hubieran sido suficientes para tomarla de las manos y voltearla para tomar una posición que lo harían recuperar el control y una de dos: salir del cuarto, o terminar a su manera lo que ella había empezado). Brennan era la dueña del momento, del día y de todo lo que pasaba. ¿Así era como quería pasar su día? Por supuesto que sí. Aunque por la cabeza de Brennan pasaba toda clase de ideas menos aquella tradición de fin de año.

Brennan dejó la boca de Booth para besar su oreja mientras enviaba mensajes eléctricos a Booth. Captados. Booth puso a trabajar sus manos con el objetivo de deshacerse de todas las prendas posibles, no es que quedaran ya muchas, mientras Brennan hacía lo propio con la pijama de Booth. Sí, estamos hablando de Booth que duerme con la pijama más complicada del planeta. Brennan lanzaba gemidos ahora de desesperación por no poder contra esa prenda del demonio. Que no la oyera Booth o iban a empezar con el dilema del bien y el mal, y no quería ninguna discusión en ese momento. Booth entró a ayudarla finalmente y a buscar con igual desesperación la protección que les haría falta en unos minutos más. Pero para Brennan el tiempo apremiaba. Urgía. Apresuraba sus manos y su boca no paraba de besar, y cada segundo necesitaba más de él. Su cuello, sus brazos, su pecho. Era deseo, urgencia, lujuria y algo más que no podía definir. Era imprimirse, tatuarse en él. Era cubrir cada parte de su cuerpo, cada arruga, cada pliegue, cada lunar, cada centímetro con su propia piel. Una de las funciones de la piel es incrementar la irrigación de sangre para conservar la temperatura en el cuerpo. Porque había que explicar científicamente el aumento de la temperatura. Era Brennan, después de todo. Aunque dentro de su cabeza no existía explicación lógica y científica para todo lo que su cuerpo hizo y deshizo esa noche. Más allá de las necesidades biológicas. Más allá de unas horas de placer. La mera satisfacción de sentir a Booth por primera vez dentro de su ser quedaba muy lejos de resumir su verdadera intención. Había mucho más incluso en ese grito al unísono casi ahogado por la primera luz del día.

Salió el sol. El primer sol del nuevo año. Brennan abrió los ojos y vislumbró la espalda desnuda de Booth y de repente todo el cansancio del día y la noche anterior cayeron sobre su cuerpo y su mente. Se levantó en silencio, recogió su ropa, y salió del cuarto y del departamento.