Muchas gracias por todos sus comentarios. Una gran disculpa por no actualizar seguido. Les dejo un pequeño capítulo, espero les guste. Aún no sé si el siguiente sea el final o lo deje para otro capítulo más.

Felicidades por tu santo, Pimar. Perdón por no regalarte el capitulo en tu día, pero aunque sea un poco tarde ahí te va =)


Desde que lo conoció, Brennan había considerado en pasar al menos una noche con él. Cualquier mujer con poquito sentido común habría pensado lo mismo al verlo. Pero después de casi 4 años de trabajar con él, las cosas habían cambiado. La Brennan de aquella noche de tequila no habría tenido reparos en hacerlo. La Brennan de esta noche de vino pudo soltarse lo suficiente como para meterse en su cama semidesnuda. ¿Qué hay de la mañana siguiente? Brennan no pudo con eso. El efecto de efervescencia había desaparecido para entonces y no quiso enfrentarse al momento incómodo. ¿Qué le diría cuando lo viera de nuevo? ¿Cuál sería la reacción "correcta" después de esa noche?

Brennan pensaba que si hubieran dormido juntos cuando se conocieron, la mañana siguiente habría sido como cualquier otra. Después de todo, ni siquiera iban a volverse a ver. Tal vez un par de veces más. Brennan se jactaba de ser buena amante y tenía la sensación de que Booth y ella iban a acoplarse al instante. (Aunque Brennan no solía usar el término fantasía sexual, jugaba con la idea de someter a Booth a sus deseos más primitivos e imaginaba que él no oponía resistencia alguna) Ahora, después de tantos años de convivencia continua, Brennan huía del departamento sin saber qué palabras usaría el momento en que viera a Booth de nuevo.

Se puso el vestido de la noche anterior y salió a la calle. Hubiera podido salir hasta desnuda, igual como se había despertado, pues ni un alma se veía pasar a las 11 a.m. Comenzó a manejar su auto sin rumbo, con tantas preguntas en la mente y tantos sentimientos encontrados. Tenía que ir a donde encontrara paz por el momento, las respuestas tendrían que esperar. Enfiló hacia su refugio, el Jeffersonian. Ahí tenía su trabajo, su vida, su pretexto, y hasta ropa limpia para intentar hacer a un lado lo que acababa de pasar.

El guardia de seguridad era la única persona viva en el edificio aparte de Brennan, pero eso era un alivio para ella. A medias. En el silencio podía trabajar mejor, aunque sin ruido exterior su cabeza se aturdía con cuestiones. Ocupó las dos planchas que estaban en la plataforma para llenarlas de huesos y llenar de otras ideas su mente.

No estaba arrepentida de lo que había hecho y cómo podría estarlo. Como lo había imaginado, Booth y ella se acoplaron perfectamente, como si hubieran sido diseñados el uno para el otro. A pesar del alcohol, estuvo segura y conciente durante toda la noche. Recordaba cada momento, cada movimiento, cada parte de esa aventura. Desde su decisión de dormir en la misma cama (aunque no encontrara razón lógica para explicarlo), hasta su decisión de hacer todo, menos dormir en esa cama. Cada detalle seguía en su mente y no escaparía de ahí en mucho tiempo. Lo recordaba y lo sostenía. Si Ángela estuviera en ese momento frente a ella y le preguntara dónde pasó la noche de Año Nuevo, sin duda le contaría que fue con Booth. De eso no estaba confundida. La razón de su confusión residía en lo que pasaría ahora. No negaría que lo que pasó con Booth fue una de sus mejores experiencias, del tipo que se le ocurriera, pero había algo que no la dejaba pensar claramente, que no la dejaba seguir con normalidad su vida diaria. Ese algo que no había podido definir desde que se atrevió a besarlo en Nochebuena, algo que no sabía ni siquiera que ahí estaba, que existía dentro de ella. Definitivamente no pasó con ninguna de sus parejas anteriores, ni siquiera con Sully. Con él, pasó buenos momentos, pero no fue suficiente. No como ahora.

Brennan continuaba haciendo el doble trabajo de intentar concentrarse en los huesos que tenía enfrente y de aclarar su mente cuando sintió una presencia a su espalda. Sabía que era él. Era inconfundible cada vez que se acercaba. Conocía su aroma y ahora lo llevaba en su piel y no iba a escapar de él. Ni creo que lo quisiera.

- Huesos, ¿qué haces escondida aquí?

No estaba lista para escuchar su voz de nuevo, ni mucho menos para verlo a los ojos.

- Huesos, sólo quiero saber que estás bien.

- Estoy bien, Booth.

- Huesos, mírame.

Brennan no pudo más que aparentar. Booth conocía perfectamente esa reacción. Era la Brennan de siempre. La fría expresión de la Brennan que Booth conoció y que, tristemente pensó él, no había cambiado.

Cuando Booth salió del Jeffersonian, Brennan ya no pudo aparentar más. El semblante frío se convirtió en un mar de lágrimas imposible de contener. La misma Brennan no recordaba la última vez que había llorado de esa manera. Eran lágrimas de impotencia, de coraje, de miedo. Miedo a perder algo que ni siquiera sabía que era suyo. Miedo a no saber cómo recuperarlo, a no saber qué era en realidad.

Brennan quería salir corriendo tras de él y explicarle, pero no encontraba las palabras para hacerlo. Como pudo llegó a su oficina y se sentó en el sofá sollozando. No supo cuánto tiempo pasó así, ni cuándo se quedó dormida pero las luces del Jeffersonian se encendieron de un solo golpe y la obligaron a despertar. Al levantarse su celular cayó al suelo. Cinco llamadas perdidas y 3 mensajes de texto, todos de Booth, y todos de antes de visitarla en el Jeffersonian. La tristeza cundió de nuevo su rostro.

Tengo algo más que decirte. ¿O ya es muy tarde?

Booth no sabía qué contestarle. Estaba ansioso por tenerla de nuevo en sus brazos, pero sabía que con Brennan las cosas no iban a ser tan fáciles. La conocía de sobra para saber que si iban a continuar con lo que empezaron el día anterior, se le iban a venir más complicaciones. ¿Y si Brennan no quería seguir? ¿Qué es lo que tenía que decirle después de esa escena en el laboratorio?

En el momento en que abrió la puerta las respuestas a esas preguntas no parecían importar más que la felicidad que le provocaba el simple hecho de verla parada frente a él.