Agradezco infinitamente sus comentarios y sobre todo su paciencia. Después de todo, éste no es el último capítulo, pero espero les guste.


- Hola

- Hola

Booth notó que Brennan había estado llorando. Su cara parecía la de alguien más joven y hasta más baja de estatura.

- Sé que debí llamarte por teléfono antes de venir, pero es que no me contestaste el mensaje y pensé que tal vez era mejor que yo viniera y tratara de explicarte en persona. ¿Puedo pasar?

- Claro, Huesos.

Booth no podía dejar de sonreírle, era como una niña. Creo que nunca había visto a Brennan así. Realmente se veía afectada y quería consolarla al menos con su sonrisa. Brennan entró a su departamento y se volteó hacia él casi con lágrimas en los ojos.

- Perdóname, Booth. Yo sé que no debí salirme así, pero es que no sabía qué decirte cuando volviera a verte, no sabía cómo comportarme. He dormido con bastantes hombres…

- Desearía no haber sabido eso.

- …pero contigo pasó algo diferente que no sabía cómo explicar y lo primero que se me ocurrió fue salir corriendo de aquí y luego no sabía ni a dónde ir, ni qué pensar…

- Huesos…

- …y luego tú me encontraste y yo me porté tan mal contigo y estaba tan enojada cuando el enojado debiste ser tú, pero no, llego aquí y me recibes con una gran sonrisa y yo…

- Huesos…

- ¡No, déjame terminar, tengo que decirte todo o si no voy a explotar!

- Eso es imposible que pase en un cuerpo humano.

- ¡Eso lo sé! Pero esto que siento es tan extraño, va más allá de mi entendimiento y de mi inteligencia, supera mi experiencia, y es sofocante e increíblemente aterrador. Me provoca llorar como nunca lo había hecho y no encuentro las palabras correctas, mi mente es un caos, Booth.

- Huesos, calma. No intentes explicar lo que no tiene explicación. Sólo siéntelo.

Booth avanzó hacia ella despacio. Tenía tantas ganas de abrazarla y sentirla contra su pecho, y decirle que todo iba a estar bien.

- Y no debes sentirte mal por formar parte de los millones de seres humanos en este planeta que sienten como tú.

- ¿Tú también te has sentido así?

Booth asintió con la cabeza y se acercó aún más.

- ¿Sabes cómo lidiamos con eso? Sólo nos dejamos llevar.

- Pero…

- Verás que lo sofocante y aterrador se convierte en algo increíblemente placentero.

- Necesito una explicación, Booth.

- Lo que necesitas es abrir tu corazón. Y no me digas que eso es imposible. Huesos, a veces es mejor no saber cómo suceden las cosas, simplemente hay que esperar el resultado y pedir por que sea lo que deseamos. Creer en que las cosas pasan, de una manera u otra, si es que han que pasar.

- ¿Y si no pasan?

- Entonces no eran para ti.

- Tengo que reconocer que estás siendo más inteligente que yo.

- Gracias, Huesos, eso es muy reconfortante.

- Yo no sé cómo abrir mi corazón, Booth. Vas a tener que ayudarme.

Booth finalmente puso sus manos sobre la cara de Brennan

- Yo no soy más inteligente que tú, ni siquiera en esto. Yo también tengo miedo, Huesos. Bastante miedo. Así que tú también vas a tener que ayudarme.

- Booth, te amo. Te amo. Te amo.

- Sabes, puedes decirlo las veces que quieras y no va a dejar de sonar bien. Te amo. Te amo. Te amo.

- Tienes razón. La tercera vez es la que mejor se oye.

- Creo que estamos aprendiendo muy rápido.

Por primera vez desde que la conoció la vio reírse tan abiertamente.

- ¿Vas a besarme o tengo que hacerlo yo?

La sinceridad y atrevimiento de Brennan hizo reír aun más a Booth. El permiso de avanzar ya estaba dado. El cuarto beso en una semana, ¿pero quién estaba contando?

- Quiero que te quedes conmigo esta noche. Esta vez lo haremos a mi manera.

- Lo de anoche fue muy desconcertante para ti, ¿no es cierto?

- Digamos que fue diferente. Aunque confirmó lo que siempre había pensado de ti. Eres la que tiene que llevar las riendas.

- Ni que esto fuera un carruaje, Booth. Pero está bien, yo tuve mi oportunidad, tú tendrás la tuya.

- Me alegra que pienses así.

- ¿Ya vas a empezar?

- Sí, tú lo quieres.

- Es tu turno, tú sabrás cuándo y cómo lo haces. Haz lo que quieras de mí.

- Guau, si eso no me excita, entonces no sé qué más.

Booth miró tiernamente a Brennan quitándole el cabello de la cara y se acercó para besarla de nuevo. Booth estaba más que convencido de lo que había dicho, y aunque Brennan se veía sincera, sabía que con su comportamiento tan errático y su molesto hábito de buscar siempre una explicación a cualquier asunto, no iba a resultar un paraíso su relación. Si es que ella la quería. Porque lo que es él, por supuesto que la habría.

- ¿Booth? Eso que haces en mi oreja lo hiciste también anoche.

- Huesos, recuerda, déjate llevar.

- Tienes razón. Continúa.

Booth pasó de su oreja a su cuello en instantes.

- Eso también lo intentaste anoche.

- Huesos, hablando de anoche, ¿recuerdas todas las veces que te interrumpí diciéndote cómo debías besarme?

- No.

- Exacto, porque no lo hice. ¿Podrías entonces dejar de darme instrucciones? Yo también he tenido muchas mujeres.

- Bien. Eso es bueno, Booth.

Booth intentando hablar como Brennan, sin éxito, y por supuesto sin obtener la respuesta que quería de ella. Booth se dio por vencido y caminó hacia la cocina.

- ¿A dónde vas?

- ¿Sabes qué? Nos haría falta una copa de algo. Creo que sobró vino de anoche. Nos relajará, estaremos más tranquilos, y con suerte lograremos nuestro objetivo.

- Tener sexo. O como quieras llamarle.

- Hacer el amor no es lo mismo que tener sexo.

- Lo de anoche fue muy bueno.

- Lo de anoche fue muy bueno porque además de sexo había amor. Lo acabas de confesar, acabamos de decir te amo. Es ese algo que ni siquiera tu gran cabecita puede descifrar. Eso es lo que hace la diferencia. Habrás tenido muchos hombres, Huesos, pero nunca tendrás la experiencia completa si no lo haces con alguien a quien amas. Salud.

- Salud.

- ¿Lista?

- Lista

Booth empezó a besarla y a llevarla lentamente a su recámara. Horas antes, Brennan lo había convencido de dormir juntos, sin ninguna amenaza de terminar teniendo una agitada pero maravillosa velada. Hoy las caricias de Booth resultaban de lo más dulces y cariñosas, comparadas con la urgencia y hasta agresividad de Brennan. Booth había apartado con mucha delicadeza su abrigo y blusa, sin dejar de besarla en alguna parte de su cuerpo. La mantenía ocupada, aunque por dentro la mente brillante no paraba de pensar. ¿Aburrida? No, exactamente. Podía notarse cierta pasión pero incluso Booth estaba sospechando que su compañera no estaba al 100% con él y no tardó en comprobarlo. Mientras Booth trazaba su camino en dirección al sur, Brennan comenzó su relato.

- Booth, ¿sabías que el sexo ayuda a tu sistema inmunológico? Según estudios las parejas que tienen al menos 2 encuentros sexuales a la semana pueden elevar sus anticuerpos. Además de que previene el cáncer de próstata, y baja tus niveles de colesterol, reduce la ansiedad, y produces endorfinas, lo que ayuda a combatir la depresión. Es recomendable para disminuir el estrés, te relaja y además haces ejercicio, sin mencionar que ayuda con los síntomas de la mediana edad. Los hombres y mujeres que tienen sexo en promedio cua-a-tro veces a la semana lucen hasta… 10 años… más… jóooovenes. ¡Booth!

- ¿Ya tengo tu atención?

- ¿Qué hiciste?

- Lo que tenía que hacer para traerte de vuelta a esta cama conmigo, porque aparentemente estás en algún salón dando una conferencia.

Booth decepcionado se apartó de Brennan y se sentó a su lado con la cara hacia ella. Brennan también se levantó para quedarse sentada junto a él.

- En serio, Huesos, ¿te parece esto tan aburrido que tienes que ponerte a recitar los beneficios del sexo para que tu cabeza te diga que estás haciendo lo correcto aunque no lo disfrutes?

- No, Booth, sólo me perdí un momento. Pero eso que hiciste hasta el último fue bastante disfrutable.

- Lo peor de todo es que escuché cada palabra que dijiste, lo que significa que ni siquiera yo estaba enfocado en lo que hacía. Lejos de disminuir el estrés, creo que estamos muy presionados.

- ¿Crees que haya sido el vino entonces el que nos hizo relajarnos y nos desinhibió anoche?

- No, no creo que sólo haya sido el vino.

- Es seguro que la atracción física es un detonante para el sexo y nosotros nos atraemos mutuamente.

- Yo estoy seguro que te amo, Huesos. No tengo ninguna duda.

- Booth, estoy acostumbrada a tener siempre una explicación y una prueba tangente, y cuando no la tengo, me resulta difícil de creer, pero ante todo yo confío en ti. Si tú me dices que me deje llevar por lo que siento, entonces no tengo ninguna duda tampoco.

- Sin presiones.

- No. Pero me vas a dejar participar a mí también. Debemos empezar como dos, aunque al final terminemos como uno solo. Eso es lo que tú dices, ¿no? Romper las reglas de la física.

- ¿Demandas una explicación para el amor, pero estás de acuerdo en romper las leyes? ¿Qué clase de científica eres?

- De la clase de científicos que dejan a un lado las leyes para enamorarse.

- ¿De verdad lo crees?

- Lo que creo es que estamos perdiendo el tiempo hablando. Son los últimos minutos del día, mi día, y quiero pasarlos contigo.

Brennan sonrió traviesamente, con la mirada clavada en los labios de Booth. Él sabía perfectamente lo que venía tras esa sonrisa y no quería arruinarlo con más discusiones.