Finalmente he podido subir el último capítulo de este fic. Gracias por todos sus comentarios y por esperar pacientemente. Pronto espero seguir escribiendo más fics, así que ojalá me sigan =D Disfruten el show.
Booth se acercó más, pero Brennan hizo lo contrario y bajó de la cama. Seguía con su sonrisa traviesa, así que Booth supo que no se estaba rindiendo sino que lo invitaba a seguirla. Brennan se detuvo un momento frente a la ventana de donde la luz del faro de la calle atravesaba y rebotaba sobre su piel desnuda. Booth pensó que su belleza se multiplicaba a media luz. La niña asustada y triste que había llegado a su departamento hacía apenas una hora había desaparecido y en su lugar aparecía una hermosa mujer. Booth le extendió la mano para traerla de regreso a la cama, pero Brennan se alejó más y desapareció por la puerta del baño. Antes de que Booth pudiera seguirla, Brennan cerró la puerta.
- Huesos, esto ya no es divertido.
- No, pero lo va a ser. ¿Puedes esperar unos minutos? Te prometo que valdrá la pena.
Booth lo pensó un poco pero sabía que con Brennan las cosas no iban a hacer normales de ninguna manera, así que decidió calmarse y aguantar un poco más sus ganas.
- Huesos, he esperado por ti por años, unos minutos no me harán daño. Eso espero.
Booth escuchó correr el agua y ruidos de botellas del gabinete.
- ¿Necesitas ayuda?
- No. Ya casi termino.
Una vez más habría que esperarla. Booth cruzó los brazos y recargó la frente en la puerta, intentando descifrar por los ruidos lo que Brennan estaba moviendo dentro del baño. A los pocos minutos escuchó quitar el seguro de la puerta, seguido de la voz de Brennan.
- Ya puedes entrar.
Le costó un poco vislumbrar por el vapor, pero finalmente pudo llegar con Brennan, quien lo esperaba junto a su bañera rebosante de espuma. Booth estaba algo decepcionado. Su mente había volado y se había imaginado a Brennan de mil posiciones.
- Así que esto es lo que preparabas, un baño de espuma. ¿Para esto me dejaste afuera?
- Entra en la bañera. No sabrás exactamente lo que hice hasta que estés dentro.
Booth obedeció. Seguía decepcionado pero si no hacía lo que Brennan ordenaba, tal vez después lo lamentaría.
- Pues, huele muy bien. Al menos eso debo agradecerte.
- Booth, entra ya. Tienes que estar bien adentro para que surta efecto.
- ¿Efecto? ¿Qué efecto?
- Ya lo vas a sentir y tú mismo me dirás lo que es.
Al meterse por fin a la bañera, las burbujas se rompían y soltaban un fuerte olor a vainilla y algo que Booth no supo distinguir pero le provocaba cierto cosquilleo.
- Huesos, ¿qué le pusiste a mi bañera?
- No voy a decirte lo que tiene, hasta que me digas lo que sientes.
- Se siente raro, pero es muy agradable.
- ¿Quieres que te llene tu casco con cerveza y te consiga un cómic?
- No. Prefiero que tú me acompañes.
- Creo que el baño está surtiendo el efecto que esperaba.
- Es relajante pero al mismo tiempo está reavivando mis deseos más oscuros.
- Definitivamente, el baño está teniendo el efecto que yo quería.
Brennan entró a la bañera y se acomodó entre los brazos de Booth, en el espacio que quedaba justo para su figura. Durante minutos ninguno dijo una sola palabra. El contacto de sus pieles con el agua tibia y espumosa era suficiente. Booth posaba sus labios de repente en su cabello y Brennan entrecerraba los ojos. Y así se quedaron hasta que Brennan hizo volverlos a la realidad.
- Mañana tengo que levantarme temprano, Booth. Debería irme a dormir a mi departamento.
- No. No lo hagas. Quédate conmigo.
- Booth, los días festivos terminaron. Debemos volver al trabajo y a la rutina.
- No digas rutina. Eso suena a que volveremos a como estábamos antes. Tú y yo resolviendo crímenes sin ningún otro contacto más que el trabajo.
- Eso no va a pasar si no lo queremos.
- Cuando me diste ese beso en vísperas de Navidad, no pensé que en Año Nuevo acabarías en mi bañera. Es el mejor regalo de Navidad que me han dado.
- ¿Ni siquiera cuando eras niño y creías en el mito de Santa Claus que te dejaba regalos cuando dormías?
- No, Huesos, has vencido oficialmente a Santa Claus.
- Bueno, en primera yo no soy un mito y, en segunda, soy bastante buena en lo que hago.
- Pues te diré que el baño mágico está entrando a ciertos lugares y ya está resultando algo incómodo.
- ¿Te quieres salir?
- Sí. Pensé que no lo dirías nunca.
Ambos salieron de la bañera. Booth cubrió a Brennan con una toalla para secarla. Brennan salió del baño con Booth tras de ella todavía goteando agua, pero él se detuvo en el puerta pensando en que en unas horas todo volvería a la normalidad. Brennan se deshizo de la toalla y se metió de nuevo entre las sábanas, viendo la cara de Booth.
- ¿Qué te pasa, Booth? ¿Tan mal te dejó el baño?
- No, no es eso. ¿Recuerdas esa sensación que te daba en el estómago un día antes del primer día de escuela? ¿O cuando tenías un examen? Pues así me siento ahora.
- En realidad no sé qué significa eso, porque nunca lo he sentido.
Booth le sonrió. Por supuesto que Temperance Brennan nunca había experimentado el sentirse casi enferma antes de presentar un examen. Booth se acercó a la cama y se sentó a la orilla, hasta donde llegaban los pies de Brennan escondidos bajo la sábana.
- No quiero perderte, Huesos.
- No vas a perderme. No te entiendo.
- Dime que mañana cuando despierte vas a estar junto a mí.
- Te prometo que mañana cuando despiertes me vas a encontrar a tu lado. Aunque si es muy tarde tendré que dejarte para ir a cambiarme a mi departamento. No voy a ir con la misma ropa.
- Está bien, pero prométeme que me despertarás.
- Prometido. Ahora ven conmigo que me está dando mucho frío.
Booth se acostó a su lado y la abrazó. Su nariz rozaba su cabello húmedo y sus manos trazaban círculos en su estómago. Brennan no tardó en darse cuenta que sus labios no dejaban de morder su oído y buscar más de su piel, por lo que no dudó en voltearse para disfrutarlo más. Sus labios se encontraron finalmente. Sus besos eran largos y dulces, saboreaban cada segundo. Sabían que las horas pasaban como agua y que llegaría el momento de despertar y regresar a la realidad pero querían alargar el sueño de tenerse así de cerca y fundirse en uno solo. No había prisa pero no podían esperar. Su lengua contra la suya. Booth estaba enfocado en su boca, pero instintivamente el resto de su cuerpo comenzó a trabajar. Piernas, manos, caderas. Brennan no tuvo más opción que corresponder a su singular petición. Con solo frotar sus dedos por su barbilla y hacia su oreja y jugar con su lóbulo, y esos ruiditos que hacía al besarlo, Booth creía que iba a morir, pero debía corresponderle y con la palma de su mano tomó camino hacia sus muslos y su cadera. Acción y reacción. La sangre bombeaba y debía seguir su recorrido hasta llegar a su destino y no faltaba mucho. El simple hecho de oír como un susurro su nombre en su oído podía comenzar todo. O sus uñas recorriendo su espalda. O sus manos que continuaban ese placentero masaje. Para Brennan su punto de ebullición estaba a punto de ocurrir. Aún no tenía claro si era su boca en su cuello (aunque no lo admitiera), su lengua cerca de su ombligo, o sus dedos haciendo mágicos y rápidos movimientos. O tal vez era la combinación de los tres en bucle. Repite. Una y otra vez.
En conclusión, Booth había permitido que ella participara en todo el proceso. Brennan era pieza fundamental y encajaba perfectamente. Desde la primera vez que se besaron lo sabían. Era cuestión de tiempo y de hacer a un lado prejuicios y razonamiento. Había que hacerle espacio al corazón, aun cuando Brennan diría que el amor está ligado al cerebro, incluso cuando las ideas se nublan y lo que sucede en esa cama solamente es guiado por el instinto.
Booth abrió los ojos antes que Brennan. Esta vez el cansancio la venció y ni el astro sol entrando por la ventana pudo con ella. Booth no quería despertarla. Se hubiera quedado felizmente admirándola por horas, pero la realidad le pedía que no atrasara lo inevitable. Booth tomó un mechón de su cabello y al soltarlo en su cara le hizo cosquillas en la nariz. Brennan protestó. Sabía dónde estaba y con quién estaba y tampoco quería que terminara. Finalmente abrió los ojos.
- ¿Es muy tarde?
- Mmm... no.
- ¿Seguro?
- Tenemos tiempo.
- ¿Para qué?
- Para decir te amo.
- Te amo. Ahora tengo que irme. ¿Nos vemos más tarde?
- Nos vemos más tarde.
Un beso selló el trato. Brennan quería asegurarle con ese beso que no era un adiós, que al volverse a ver su historia continuaría como esos días, pero Booth lo único que pensó fue que después de ese beso se empezaría a escribir su nueva historia juntos.
FIN
