El mundo de Twilight, así como sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía, el resto (que comprende al maravilloso, sensacional, hiper-sexy, re-violable Edward Cullen) es todo de ella... además, si fuera ella ya hubiera publicado Midnight Sun y/o Forever Dawn (v.v como la envidio...)


Advertencia: este capítulo contiene escenas lemon, duro y puro. No recomendadas para hipersensibles, personas con presión alta (pueden sufrir hemorragia nasal), embarazadas, hipocondríacos, personas con problemas cardíacos o moijgatos. No me hago responsable de nada. Si no les gusta, omitan este capi y piérdanse de lo bueno, ahí ustedes XD.


Desde Alfa hasta Omega
By Hana Hime

Fuego y trueno

Jasper

Todo el maldito lugar se llenó de lujuria en menos de un segundo y mi poder reaccionó inconcientemente. La lujuria se duplicó, se triplicó y cuadriplicó por cada vampiro que había en la sala, incluyéndome.
Rose y Emmett ya estaban jadeando a pesar de que no necesitaban respirar, Bella estaba fuertemente aferrada a Edward, como si fuera a desmayarse si no lo tenía bien asido y yo no era la excepción a nada de esto. Miré a Alice, queriendo tener por el poder de decirle "Sexo, ahora" sin tener que mover los labios. Porque sabía que si abría los labios algo ocurriría. No estaba seguro de qué, pero algo ocurriría.

Leah y Seth se miraban más descaradamente que ninguno de nosotros. En realidad, como si ninguno de nosotros existiera, como si solo estuvieran a una centésima de segundo de desnudarse y montárselo en el piso del karaoke.

Ya estaba maquinando la forma de sacar a Alice de allí y llevármela lo más lejos posible, donde pudiéramos hacer todas las cosas que tenía pensado, que iba y voy a hacerle, cuando la lujuria decreció un poco. Mi cerebro se dividió entre la parte que quería a mi mujer ahora y la parte racional que quería saber qué demonios pasaba. Esa parte de mi cerebro buscó la fuente del cambio y descubrí que no era el único dividido.

Leah estaba flaqueando. Desprendía deseo por cada célula de su cuerpo, por cada poro, y aún así se resistía. La observé y vi que tenía los puños apretados; estaba tan tensa como la cuerda de un arco, como si se esforzara en buscar en algún lugar de sí misma la suficiente determinación para hacer algo. Y cuando la encontró, se aferró a ella como a un salvavidas y huyó.

Leah

Cada célula de mi piel dolía por cada paso/zancada que daba lejos de Seth, como si estuviéramos enganchados en todo el cuerpo por minúsculos, microscópicos hilos.
Lo había imprimado, él me había imprimado. Mi hermano. Seth.

Tiré los malditos stilettos (perdón Alice!) a la mierda y empecé a correr fuera de la carretera.
Si pudiera me hubiera pateado el culo una y mil veces por ser tan estúpida, por exponerme así, por hacernos esto. Porque los efectos de la imprimación estaban presentes en mí, dejando que la posesividad y el deseo que sentía por Seth antes estuvieran a la altura de un pepino. Mi cuerpo entero ahora ardía en llamas que no pararían jamás, que reclamarían una y otra y otra vez porque Seth las extinguiera (o avivara) con la piel de su cuerpo.
Todavía sentía sus ojos sobre mí, con una mirada de deseo tan visceral, tan malditamente hambrienta, tan incitante. Esa mirada paralizaba y quemaba. Me derretía y me volvía a materializar sólo para él, para que me acostumbrara a lo que vendría. Y vendría porque la bestia dentro mío rugía, arañaba, bramaba y pateaba exigiendo satisfacción a la llamada de apareamiento que acababa de realizar a su compañero.

No, no, ¡NO!, ¡NO!

Correr, yo debía concentrarme en correr. Eso. Ya.
Olvidada mi anterior precaución, entré en fase destrozando el hermoso-depravado conjunto de cuero.
Una loba gigante y plateada era ahora la que corría dentro del espeso, húmedo, oscuro bosque como si la persiguiera el diablo. Pero no estaba sola. Todo mi pelaje se erizó cuando sentí su presencia detrás de mí. Y la única razón por la que no estaba apareándose conmigo era porque siempre, siempre (gracias a Dios!) he sido más rápida que él.

Queridas patas, agradezco su esfuerzo con todo mi corazón, las amo (L) en serio, y aunque suene tiránica y mal agradecida… MUÉVANSE CARAJO!!

Seth hizo algo que no preví. Utilizando sus patas traseras se impulsó mientras corríamos y cayó sobre mi espalda, mordiendo sutilmente la parte mi nuca, desestabilizándome, casi aplastándome con su ahora fibroso, duro y peludo cuerpo.
Caíamos y rodamos aparatosamente sobre un montón de musgo y helechos de los tantos que había en los bosques de Forks, de manera tal que mi cuerpo quedó boca arriba debajo del suyo con mis patas alrededor de las suyas.
Era totalmente estúpido, pero siendo loba, siendo un animal, lo encontraba aún más apetecible que antes. Mis instintos, mis tripas, cada plateado cabello de mi cuerpo me decían que él tenía los genes perfectos para tener cachorros, que para la bestia era lo verdaderamente importante. Y la moción de la bestia fue casi aprobada por toda mi voluntad cuando sentí la erección del lobo contra mi vientre.

Oh, no… eso si que no!

Flexioné mis patas para que quedaran entre nosotros y con un brusco y rápido empujón lo mandé a volar lo más lejos posible de mí.
Si lograba enfocarme lo suficiente para mantenerlo alejado de mí todo estaría bien. Tenía que separar a Seth de la bestia que era ahora. Tal vez si lograba razonar con él, tal vez si le hacía ver lo que éramos, tal vez si pudiera hacerle comprender lo miserable que sería su vida si me tomara. Porque sería miserable, porque yo apenas estaba dejando de ser una arpía, porque éramos hermanos y nunca podríamos tener un futuro juntos.
Cada afirmación de mi conciencia era como una puñalada a mi corazón, pero eran la única realidad. No había opción para nosotros, no había un futuro para nosotros. Pero existía más allá de mí una vida para Seth, la posibilidad de una familia, de tener un futuro maravilloso tal y como se lo merecía.

Salí de fase y me di cuenta de lo poco inteligente que había sido mi idea por un pequeño detalle. Estaba totalmente desnuda… lo cual me dejó indefensa unos segundos que él aprovechó a mirarme descaradamente, ardientemente… pero me recuperé. Tomé mi amor por él y lo transformé en determinación. Esto era lo mejor para Seth.

-Seth. Mírame.-le ordené agradeciendo que hasta ahí no había balbuceado.

Él salió de fase y me abofeteé a mí misma mentalmente por darle ideas. Ahora ambos estábamos solos y desnudos en medio del bosque. Volví a juntar la poca fuerza de voluntad que me quedaba y la dividí. Una parte a mis ojos para que no recorrieran su cuerpo tan impúdicamente como lo estaba haciendo él con el mío y la otra a mi cerebro para que coordinara el habla de mi (temblorosa) boca.

-Aléjate de mí. Es una orden- le espeté lo más tajantemente que pude. Esperaba y a la vez no, ver un estibo de perplejidad en sus ojos. Quería (y a la vez no) que él reaccionara y pensara algo como ¡¿Qué mierda estoy haciendo?! Pero nada de eso ocurrió. El se me quedó mirando fijamente (y no a mis senos, lo que era un avance) y cuando al fin habló, luego de unos segundos que parecieron interminables, lo hizo como si estuviera hablando del clima.

-No quiero, no puedo… lo siento.-me respondió y las palabras sonaban despreocupadas y a la vez vehementes. Toda una maldita y excitante contradicción.

-Seth, vete. Es en serio. No sé qué mierda de ideas tienes en este momento en la cabeza ¡Y no quiero saberlas!-puntualicé cuando él empezaba a abrir la boca con una sexy mueca.- solo, vete...

El se acercó un paso más a mí y yo instantáneamente retrocedí dos. ¿Qué mierda había pasado con la arpía? ¿A dónde puta se había ido mi valentía? ¿Es que habían decidido irse juntas de vacaciones justo AHORA? Estaba temblando como si fuera una mosquita y yo nunca fui una mosquita ni lo seré. Pero la cercanía de su cuerpo era ciertamente peligrosa para mi cerebro, que terminaría hecho papilla de tanto esfuerzo. Todavía tenía que controlar mis ojos para que no miraran ciertas partes del cuerpo de Seth. Ciertas tentadoras-duras-esculturales-cobrizas-musculosas partes del cuerpo de Seth.

Mierda, mierda, mierda…

-Tengo las mismas ideas que creo tienes tú en este momento Leah-afirmó él y mi nombre en su boca se volvió algo entre un llamado y una caricia.
¿Es que ahora leía la mente? No es necesario, si tu solita te delatas mirándole así, estúpida… respondió mi conciencia. Cerré los ojos unos segundos y volví a mirarlo directamente a los ojos esta vez.

-Tú no sabes lo que pienso, solo eres un niñato que no tiene idea de nada.-Ahora ambos empezamos a movernos en círculo como animales, esperando la reacción del otro. Huída o pelea- Vete a casa y déjame en paz- le espeté esperando que la negatividad hiciera su trabajo, pero el muy maldito ni se inmutó, sólo se limitó a mirarme más deseosamente que antes si eso era posible.
Sino dejaba de mirarme así terminaría de destrozar mi menguada voluntad. Lo natural (según mi cuerpo, la bestia y mis instintos) era estar con él, era entregarme a él, era fundirme con él. Lo antinatural era estar separados, estar peleados, distanciados, que era lo que estaba buscando desesperadamente mi conciencia.

Si solo pudiera… por solo un momento… por un instante nada más…

La bestia aprovechó mi pequeño momento de flaqueza y casi me deja de rodillas con una onda de puro placer anticipado. Todo mi cuerpo palpitó ansioso ante la cercanía de un mismo macho de mi especie, un macho perfectamente dotado para darme cachorros.

Y él lo sintió como no podía ser de otra manera. Sus pupilas y sus orificios nasales se dilataron visiblemente, captando mis aromas, mi vacilación y avanzó un paso más hacia mí.

No podía hacer nada. Me temblaban incontrolablemente las piernas pero no tenía frío. Y comprendí que esto era resultado de la lucha entre mi cuerpo y mi corazón. Eran dos partes profundamente ligadas entre sí, fundamentales y normalmente armónicas. Pero ahora que estaban encontradas sus voluntades, la batalla por el control era feroz. Y me estaba destrozando, me dejaba vulnerable, expuesta. Literalmente.

Seth realizó en tiempo record un mínimo de imperceptibles zancadas que lo dejaron a un insólito metro de mí. Estaba perdida, perdida, perdida a más no poder. En cuanto me pusiera una mano encima el minúsculo equilibrio que había logrado mantener se iría al demonio y me arrojaría sobre él para violarlo, de eso estaba segura.

Seth

No quería hacerla sufrir, para nada, es lo que menos quería, pero no podía negarme a quererla, no podía negarme el desearla como lo hacía. Era un maldito y feliz egoísta.
Ya nada más importaba en este mundo para mí, porque ella ya no era mi hermana, era solo Leah, y Leah era la mujer con la que quería estar más que otra cosa en el universo. No era deseo (solamente), no era lujuria (únicamente), era más fuerte que eso, era el lazo por el que habíamos sido unidos de manera permanente, y que resultó ser la confirmación de los extraños sentimientos que crecían día a día en mí. Esa bizarra, visceral y casi enferma posesividad que me embriagaba cuando ella se alejaba de mí, esos irracionales y furibundos celos que me despertaba ver a otros hombres mirándola o hablando de ella, los confusos pero excitantes instantes en los que me quedaba mirando su cuerpo descaradamente. Todas habían sido señales más claras que el agua, pero recién ahora lograba encajar las piezas. Leah era mía, porque había sido creada para mí y para nadie más. Y yo la quería. Dios, la amaba! La amo!

Y verla desnuda, temblando y llorando sola en el bosque me estaba destrozando.

Me acerqué milímetro a milímetro, esperando el rechazo que seguro vendría y la tomé por los hombros como si estuviera hecha de porcelana (caliente, sexy y suave porcelana).
No pienses en esas cosas ó terminarás cagándola. Me advirtió mi conciencia que otra vez tenía la voz de Jake.

Ella finalmente levantó la vista, regalándome la visión de su amazónico y temerario rostro. Sus ojos eran fuego y hielo, llenos de confusión y furia, y me atravesaban como buscando la respuesta a algo, como tratando realmente de hallar el norte. Parecía casi tan perdida como yo.
Luego de unos segundos sus carnosos labios temblaron antes de hablarme.

-Por favor… déjame ir… -suplicó largando unos lagrimones que resbalaban por sus mejillas dejando un brillante sendero- por favor Seth… no me lo hagas más difícil…

-No tiene que ser difícil… -susurré acariciando sus mejillas y de paso borrando aquellas lágrimas- yo te quiero Leah… yo te a…

-¡No!¡No lo digas!-chilló ella apartándome bruscamente y tapándose los oídos.

¡Estaba declarándole mi amor, y ella que no quiere escucharme! Pero no iba a darme por vencido. Jamás. Le tomé las manos y las aparté de su cabeza. Forcejea lo que quieras- quise espetarle, porque nada me detendría. Leah sacudía el rostro de un lado al otro, pero de todos modos me iba a escuchar.

-¡Te amo! ¿Lo entiendes? ¡Te amo! ¡Me importa una mierda si eres mi hermana, realmente me importa una mierda! No te voy a dejar ir Leah, así que puedes negarte todo lo que quieras, puedes golpearme, puedes escapar, pero ten siempre por seguro que te encontraré y te traeré de los pelos ¡¿Me escuchaste?!

En respuesta ella solo empezó a llorar más aparatosamente, casi aullando. Me sentía tan inútil. ¿Acaso tan terrible era que la quisiera?

-Sé que soy menor… y bastante idiota a veces, infantil… y que no puedo compararme con muchos otros de la manada…-las palabras eran veneno puro y en cuanto terminé de decirlas, mi corazón y mi bestia interior se pusieron de acuerdo en matar a quien quiera que se le acercara a Leah- pero te quiero Leah… sé que puedo hacerte feliz… si me dejas, claro.

Y si no me dejaba iba a hacerlo igual. No tenía la fuerza de voluntad para dejarla en paz.

De pronto ella se me quedó mirando totalmente en blanco, totalmente carente de emociones, pero al menos había parado de llorar.

-¿Acaso eres idiota?-me preguntó y parecía que lo hacía en serio, no retóricamente- ¡¡Eres mejor que cualquiera de esos estúpidos!!-empezó a gritarme casi histérica- ¡¡Cien veces mejor, mil veces mejor!!-me chilló agarrándome la cara para que la viera fijamente- ¡¿Es que no lo entiendes?! ¡¡La que está mal soy YO!! ¡¡Yo!!- y entonces se largó a llorar otra vez, pero esta vez zarandeándome- claro que te quiero… te quiero demasiado para tu propio bien ó para el mío… pero está mal… está muy mal. No debemos, no, no debo… no…

-¿Me quieres…?- en cuanto formulé la pregunta quise golpearme, pero todo era demasiado irreal. Ella me quería, era correspondido, ella-me-quería, tal vez tanto como yo a ella, Leah-me-quería. Tuve el impulso de salir corriendo y gritárselo al primero que me encontrara, pero me contuve.
Solo con eso era feliz (y me quedaba corto), realmente dichoso, el hombre más afortunado de todo el jodido mundo. Ni siquiera me molesté en escuchar sus objeciones. Ella me había aceptado.

Leah

Todo era paz y armonía ahora. La batalla había terminado y mi moral, mi conciencia habían sido totalmente abatidas… qué curioso, se sentía bastante bien.
Sólo me dejé llevar con el calor del cuerpo de Seth que me abrazaba por entero y con mucha fuerza, dejando cada trocito de su ardiente piel en contacto con la mía.
-Te quiero… te quiero…-repetí aliviada. Después de pasar tanto tiempo conteniéndome, tanto tiempo negándolo hasta a mí misma, tanto tiempo ocultándolo.
Me abracé fuertemente a su espalda, clavando mis uñas en su carne, aferrándome a más no poder. No iba a soltarlo nunca más, jamás de los jamases. Él era eso que, aunque suene cursi, llamaban alma gemela, mío y únicamente mío, creado para mí, moldeado para mí, para ser amado por mí.

Mi corazón casi dejó de palpitar cuando sentí sus grandes y duras manos recorrer mi espalda, dejando un sendero de puro placer y calor, asfixiante y delicioso calor.
Es sólo un abrazo, sólo un abrazo, sólo un…-me repetía una y otra vez. Pero no estaba para nada convencida.

-Seth…-jadeé sobre su oído sin poder contenerme ya. Dios, se sentía tan benditamente bien. El no apartaba las manos de mí y yo tampoco tenía la intención de apartarlas de él. Las suyas habían pasado de mi espalda a mi cintura, donde me agarró firmemente, y a mi nuca, donde desparramó deliciosos y estimulantes movimientos circulares con el pulgar.
Yo quería todo de él desde la punta de sus cabellos (donde enterré mi palma jalándolo suavemente) hasta los últimos deditos de sus pies (que acaricié con los míos propios). Pero había algo en especial que necesitaba ahora, en este preciso instante.
Lo volví a jalar del cabello y levanté mi rostro para ver directamente esos ojos de plata derretidos. Sus labios me llamaban como un imán a las virutas de hierro, magnético, electrizante, anhelantemente. Y no era lo único electrizante.
Algo como un pulso eléctrico me atravesó cuando Seth rozó sus labios con los míos. Suspiré y no pude evitarlo… llevaba demasiado tiempo soñando con esto y era muchísimo mejor, inmejorablemente perfecto.
Mis dos manos subieron a su cuello donde se aferraron como a un salvavidas en medio del mar. No me hubiera molestado para nada que el mundo se detuviera y yo me quedara por siempre así, desnuda, entre sus brazos y besándolo.
Sus labios atraparon los míos, los mordieron, los chuparon hasta dejarme las malditas rodillas temblando. Dios, esto se siente TAN bien…
Pero podría ser mejor… Enardecida comencé a mordisquear su labio inferior, no pidiendo permiso, sino exigiendo explorar esa boca que era por derecho y por izquierdo mía.

No tuve que insistir mucho. Es más, no tuve que esforzarme nada. Abrió su boca y lamió mi labio inferior con vehemencia, con verdadera hambre, como si no pudiera saciarse lo suficiente de mí. Y eso me encantaba.

Seth era un hombre, y como hombre que era no podía dejar las manos quietas estando una mujer desnuda. La mano que atrapaba y presionaba mi nuca se deslizó suavemente por mi cuello, rozándome con los dedos, con la palma, con los nudillos; descendiendo por mi cuello y parándose en mi corazón unos momentos, sintiendo los descoordinados latidos que daba mi pequeño traidor hasta finalmente llegar a mis senos.
Nunca me sentí más mujer en mi vida que en el momento en que encontré sus ojos devorándome los pechos.
Apenas apoyó su mano en sobre uno de mis pezones, arqueé la espalda, atravesada por una descarga de adrenalina, de placer que casi me hizo perder la razón.
Perdida la mojigatería del primer momento, pellizcó, apretó y circundó mi pezón como si fuera un niño averiguando como funciona un juguete nuevo (y maravilloso por lo que expresaba su mirada).
Yo simplemente no podía hablar, ni siquiera podía jadear. Cada minúscula inspiración se me hizo valiosa como nada. El aire parecía nunca llegar del todo a mis pulmones.

Seth

Leah arqueaba su cuerpo, dejándome sus suculentos senos justo en la cara… era simplemente demasiado para mi autocontrol. Bajé mi rostro y comencé a besar y lamer sus redondos, firmes, suaves, maravillosos y torneados pechos, los mejores pechos que hubiera visto (y tocado) en mi corta vida. Pude quedarme por siempre así, mordiendo y chupando sus pezones, sintiéndolos endurecerse en mi boca, besando y amasando sus senos, viéndolos hincharse entre mis manos; era maravilloso. Pero yo quería más… apenas estaba empezando a saborearla, y aún sabiendo prácticamente nada del tema, supe que mi instinto y mi espíritu animal iban a guiarme.

Me separé a regañadientes de su pecho para volver a sus labios que me consolaron bastante bien. Leah me devoraba, me saboreaba tal y como yo estaba haciendo con ella, sin inhibiciones, sin miedos, sin trabas.
Con cuidado la recosté sobre una pila especialmente suave y húmeda de helechos, y me coloqué entre sus piernas. Me encantaba la manera en que mi cuerpo cubría el suyo por completo, atrapándola, protegiéndola, abarcándola por entero.
Sin dejar de besarla, tomé uno de sus pechos y seguí estimulándolo, siendo recompensado por los jadeos y quejidos de mi Leah; y con la otra mano empecé a explorar el resto de su cuerpo. Su ejercitado abdomen, su pequeño y rasgado ombligo, la suavidad de sus cremosos muslos, sus torneadas piernas, incluso los pequeñitos dedos de sus pies.
No quería dejar nada sin mi marca, no quería dejar ningún rincón sin antes impregnarlo de mi aroma. Cuanto más pudiera amarrarla a mí, cuanto más pudiera retenerla, amarla, complacerla… no pararía nunca, nunca quedaría saciado de ella.

Retrocedí en mi recorrido y me dirigí hacia aquello que me había negado mirar antes. Apreté firmemente su nalga, empujándola contra mi ingle para que sintiera lo que me causaba, lo duro y firme que ella me ponía.

Ambos largamos un gruñido cuando nuestros sexos se rozaron, fue levemente, pero sentí con toda claridad el calor y la humedad que me esperaban.

-Dios… húmedo…-jadeé casi sin aire.

Y si bien no lo esperaba, ella me contestó.

-Mmm… duro…-ronroneó ella atrapándome con sus brazos alrededor de mi espalda y sus piernas alrededor de mi cadera. Usándome de soporte, se balanceó a sí misma, acariciando mi miembro con su entrepierna.
Estaba tan húmeda que el caliente líquido goteaba por sus muslos hasta los míos y empapaba mi tronco.
Desesperado, casi desquiciado, apreté los dientes y empecé a pensar en otra cosa… cualquier cosa que evitara que me corriera allí mismo y sobre ella.

Osos, los osos son grandes y feos, y saben mal… y son peludos… y Dios…

Era difícil. Jodidamente difícil. Quería, necesitaba estar dentro de ella. Más que ninguna otra cosa en el mundo. No podía más…

-Leah… -casi gimoteé. Sin decir más, ella entendió perfectamente lo que quería.

Con una de sus manos tomó mi miembro (temblé de pies a cabeza como si me hubiera atravesado un rayo) y lo acarició suave y fuerte, rápido y lento, de arriba abajo, como si no estuviera lo suficientemente excitado ya…
Sino entraba en ella, iba a morir. Era la única seguridad, la única certeza que tenía en el mundo en ese momento. Moví mis caderas contra su mano, queriendo llegar a ella, pero me detuvo con un apretón.

-No podremos tener hijos…-murmuró muy bajito sobre mi oído- nos repudiarán, porque no creo poder mantener esto en secreto… -suspiró sobre mi piel. Casi podía sentir como trataba de no llorar- aún cuando nos amemos… somos hermanos… esto destruirá a mamá…-ya lo sé… quise decirle- aún así yo quiero, yo deseo esto… ¿Lo quieres tú?-preguntó mirándome al fin. Mostrándome el amor, el deseo, la desazón, el miedo y el anhelo en los profundos confines de su alma. ¿Cómo podía no quererla? Ni siquiera podía pensar en la posibilidad.

-Si, quiero…-pronuncié con la mayor vehemencia, con el mayor fervor posible a pesar de que estaba en mi límite. Sentí casi como si estuviera en el altar y quise estar ahí con ella. No había lugar para ninguna duda dentro de mí. Todo el universo tenía ahora un maravilloso centro y era ella. Leah.

-Te amo…-jadeó guiándome directo a la gloria. Porque no había mejor palabra para describirlo. Tal vez paraíso… cualquier palabra o pensamiento quedaba corto. La estrechez, la humedad, el calor, la suavidad… era cielo puro. Toda mi verga quedó firmemente apretada, contenida, empapada y estimulada por el interior de Leah. Mi cuerpo era fuego puro, nada de pensamientos, nada de racionalidad. Solo deseo, deseo y más deseo.

Empecé a embestirla suavemente, adorando la fricción que producían nuestros movimientos, el movimiento en sincronía de nuestros cuerpos, los mansos jadeos que emitíamos. Con mi boca besé sus labios, su mandíbula, su cuello y ahí me detuve a chupar y lamer su piel. Cuando hacía eso, se estrechaba aún más.

De repente, oí un quejido y me detuve un momento. Su rostro estaba ligeramente contraído, como si estuviera adolorida… pero, eso no era posible… ¿O si?

-¿Estas... bien?-estaba plenamente (y malditamente) consciente de que Leah y Sam lo habían hecho. Sabía que ella ya no era virgen, ¿Es que acaso yo estaba haciendo algo mal?

-Si…-me respondió con un gemido, suavizando su expresión. Seguramente leyó mi confusión, ya que rápidamente me explicó-… cuando pasa mucho… ah… tiempo, puede que duela… un poco…

-¡¿Te duele?!-me envaré de pronto angustiado. Tendría que haber sido un poco más cuidadoso o algo… Dios, ¿qué hago?

-No se te ocurra parar…-jadeó restregándose contra mí, presionando sus pechos contra mi torso. –Si te detienes… ah… te aniquilaré…-amenazó comenzando a morder mi cuello, mis hombros.

-Agh…-no pude evitar jadear. Ese mordisco había enviado impulsos por todo mi sistema, incluso sentía temblar las puntas de mi dedos. No tenía intención de detenerme y aunque tuviera la intención, mi determinación se habría esfumado en menos de un segundo.

Seguí moviéndome contra ella manteniendo un ritmo lento y entrando profundo. Era una tortura que solo puedo describir como deliciosa. La forma en que nuestras pieles resbalaban, el ligero golpeteo de nuestros cuerpos, la acompasada manera en como ella soltaba su cálido y dulce aliento sobre mi rostro.
De a momentos temblaba imperceptiblemente, y arqueaba su cuerpo, retrasando su inminente orgasmo, ó movía la cabeza de un lado al otro, como si no pudiera contener la energía que la asaltaba.

-Seth, por fa… ugh…-gimió incrementando el apretón de sus piernas a mi cadera, alzando su pelvis en un acto que me pareció puramente instintivo- más... fuerte…

Casi me vengo al escuchar esa frase salir de esos labios hinchados y rojos de besos.
La tomé de las caderas e incrementé la velocidad sin pensarlo siquiera.

Leah

Creí morir cuando Seth me obedeció. El frenético ritmo que llevábamos ahora me hizo perder noción de la realidad, del tiempo y del espacio por completo.
El arremetía contra mí con toda la fuerza de nuestra especie y yo lo recibía con la misma resistencia. Jadeaba desesperada por coger algo de aire, aunque fuera una pizca. Me aferraba a él de repente más ansiosa, más… no sé… urgida de tenerlo dentro de mí. Codiciando todo lo que Seth pudiera darme.

Bajé mis manos por su espalda, rasguñándolo sin importarme ya. Quería, necesitaba hacerlo. Dejar marcas como las que él había hecho en mi cuello, para que mañana al despertar hubiera alguna prueba de que todo no había sido un sueño, una maldita ilusión de mi cerebro.
Cuando llegué a su trasero, apreté salvajemente la suave piel de esa zona.
No quería hacerlo, pero habiendo estado antes con un hombre, tenía cierta idea de las cosas que los enloquecía. Y si bien esto sobrepasaba cualquier cosa que pudiera haber sentido antes, no podía evitar usar algunos truquitos.

Seth gruño sobre mi cuello y volvió a aumentar la velocidad.

Comenzamos a aullar, presas del delirio, del frenesí, de la adrenalina que corría por nuestras venas.
Sentía el final tan pero tan cerca… casi ahí… casi ahí…

-¡Seth…!-chillé cuando finalmente me corrí en el orgasmo más largo, las placentero y más increíble de mi vida. Todo mi cuerpo se contrajo mientras era atravesado por pulsos, rayos, destellos, descargas y centellas… (Como quieran llamarlos).
Segundos después escuché un ronco taco de Seth, seguido de dos poderosas embestidas que lo llevaron directamente a su propio orgasmo. Sentí su caliente semilla inundando mi ser y (con felicidad) me deleité con nuevas contracciones.

Lo sentí aflojarse sobre y dentro mí, pero sin tumbarse del todo. Enfebrecida lo abracé fuertemente, obligándolo a acostarse sobre mi cuerpo.

Me sentía completa y dichosa teniéndolo aún dentro de mí, saciada y saboreando aún los vestigios de mi TOP en la lista de orgasmos de mi vida. Su inconstante y agitada respiración sobre mi cuello aún me ocasionaba deliciosos escalofríos.

Lamentablemente fue allí cuando nuestra naturaleza comenzó a salir a flote. Los parpados me pesaban como si pesaran una tonelada. Como nunca odié nuestra maldita necesidad de dormir, pero no pude evitarlo… cerré los ojos y con el cuerpo de él sobre el mío, como la más espectacular manta del mundo, me dejé vencer por la somnolencia.

-Te amo…-le respondí bajito antes de dormirme del todo.

Seth

-Yo también Leah…-le contesté antes de abrazarla más fuertemente. Con el alboroto que habíamos armado, ningún ser vivo se acercaría a nosotros, así que tranquilo, me permití dormir.


Aquí para ustedes, el capítulo más largo del fic y como no podía ser de otro modo... LEMON!!! jajajaja
Lamento mucho la espera y realmente espero que les guste. Trato en lo posible de no hacer las limonadas (guiño guiño) demasiado parecidas, pero como hace no mucho que las hago me cuesta. Así que por fi, si no les gusta algo, o quisieran cambiarle alguna cosita, les agradecería lo pusieran en sus reviews (ojo, si les gustó tb díganlo!! XDXD)
Pueden haber notado algunas palabras un poco fuertes (saben a cuales me refiero), pero la verdad es que no puedo imaginarme ni a Leah ni a Seth usando palabras por demás rebuscadas... pido disculpas si afectaron la sensibilidad de alguien. u.u
La historia aún no termina, aviso por si las dudas... todavía quedan uno o dos capis más (si no decido extenderlo más XD)

Kisses & Bites especialmente para:
-eianem (Adeline) - cinco reviews de una!!! qué cosa contigo!, graxx!! n.n
-Yadee
-clarisse
-megamolpe