El mundo de Twilight, así como sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía, el resto (que comprende al maravilloso, sensacional, hiper-sexy, re-violable Edward Cullen) es todo de ella... además, si fuera ella ya hubiera publicado Midnight Sun y/o Forever Dawn (v.v como la envidio...)


Desde Alfa hasta Omega
By Hana Hime

Bella

Pensaba levantarme más que nada por consideración a mi hija, que debía de estar por despertarse (la única bebé del mundo que no se despertaba chinchuda al cantar el gallo), pero tan pronto como me moví medio milímetro, la mano de Edward que tenía prisionera mi cintura aumentó su agarre y su otra mano comenzó a acariciar nuevamente mi piel, enviando como siempre descargas directamente a mis huesos.
-Edward…-jadeé cuando su mano recorrió mis muslos desnudos, dirigiéndose a mi entrepierna.
Habíamos estado haciendo el amor toda la noche como salvajes en el sentido más literal de la palabra. Aún después de convertida y teniendo su misma resistencia, mi esposo seguía tratándome delicadamente, como el caballero educado a la antigua que era. Y nunca se me hubiera ocurrido quejarme, para nada. El era demasiado generoso, demasiado dulce, demasiado perfecto. Pero anoche había sido distinto.
Como si algún ente extraño hubiera truncado nuestra estable mente vampírica, y enviado una sola e implacable orden a su centro: sexo, sexo y más sexo. Ahora.
Luego de las primeras seis veces que lo hicimos, ambos llegamos a la conclusión (entre frases entrecortadas y muchos jadeos) de que la mezcla de los atuendos de cuero, el talento de Jasper y los sentimientos encontrados en ese pequeño local, habían sido los culpables (sin mencionar que cualquier oportunidad para llevarnos mutuamente a la cama era buena).
Habíamos probado cada posición conocida, y alguna que otra más, lo que me llevó a sospechar que en la biblioteca de mi esposo, entre todos esos libros de medicina y enciclopedias, estaba escondido algún Kamasutra para vampiros, escrito por alguien como Emmett o Tanya (lo que no me extrañaría para nada).
Había perdido la cuenta en la vez número veinte que lo hicimos y mi marido aún no parecía lo suficientemente saciado con la dosis, aunque siendo sinceros, yo estaba empezando rápidamente a querer más. Era un giro interesante, la verdad. Siempre era yo la que necesitaba que le recordaran que el mundo existía más allá de las sábanas de mi amada cama (más específicamente, que existía un mundo más allá de los brazos de mi marido).
Pero Renesmee iba a despertar en cualquier momento y no tenía ganas de causarle un trauma a mi pequeña y muy inteligente hija. Dios, esto era una blasfemia, pero debía resistirme a Edward.
-Edward… Nessie, ella… ah, despertará en cualquier momento…-siseé al sentir sus labios recorriendo mis hombros, mi cuello y mi mandíbula, mientras sus dedos de pianista hurgaban y acariciaban mi entrepierna-por favor… Edward…-gemí aferrándome fuertemente a las sábanas de la cama hasta que las sentí rasgarse como si de papel se tratase.
La mano que sostenía mi cintura empezó a amasar mis senos, acariciando y pellizcando entre sus dedos mis pezones, volviéndome totalmente loca. Dos de sus dedos habían dejado de acariciarme para penetrarme lento y rápido, fuerte y delicadamente. Era demasiado, como siempre era demasiado placer. Aplasté mi cabeza en el colchón, tratando de sofocar los eróticos gemidos que salían de mi boca. Al final no pude resistirlo. Me corrí con un sofocado chillido, con los dedos de mi marido aún punzantemente dentro de mí, con su mano apretando firmemente mi pecho derecho y sus dientes clavados en mi cuello.
Me desplomé sobre el colchón con mi innecesaria respiración agitada.
-Fanfarrón…-gimoteé viendo aún como mis dedos estaban firmemente clavados en el colchón como garras. Genial, debíamos reponer el colchón, sino es que la cama entera.
En respuesta el esbozó su sonrisa torcida, mi favorita, aquella que lograba encenderme así de sencillo como un ¡puf!
-¿A qué ha venido eso último? –pregunté curiosa-No es que me esté quejando… -ante ese comentario Edward sonrió aún más-pero pudiste haber despertado a Nessie…
-Es sólo que… realmente no quería escuchar otra cosa que no fueran tus gemidos, cariño.
-Oh…-simplemente respondí. Sabía exactamente a qué se refería.
Seth y Leah habían huido del karaoke alejándose kilómetros, pero eso no había impedido que algunos ecos llegaran a nuestros hipersensibles (condenados) oídos.
Durante la noche, Edward me había contado acerca de su maquiavélico plan en el que Alice había participado y en el que de paso me había visto afectada. Todavía habían algunos retazos de cuero azul en el suelo, al costado de la cama.
-Cariño, tienes que dejar de destruir la ropa que nos gusta…-le canturreé recordando ese conjunto de encaje negro que había usado en nuestra estancia en la Isla Esme. Había sido el primero de una larga lista de atuendos destruidos en un arranque de pasión de mi marido.
Edward me sonrió provocativamente y tuve el presentimiento de que en cualquier momento querría otra dosis. Pero ese presentimiento se esfumó al voltearse él hacia la ventana y fruncir el ceño.
No necesitaba ser lectora de mentes para saber que Leah y Seth se encontraban en esa dirección y que probablemente lo estuvieran haciendo otra vez. Bien por ellos.

Leah

Tanto Bella como yo teníamos un miedo común, y era la certeza de que la vida te proporciona una parte de alegría proporcional a la tristeza. Así pues, considerando lo eufórica que me encontraba en este momento, es normal tener un sano miedo por esa proporción negativa que vendría.
Seth me tenía contra el grueso tronco de un árbol, penetrándome profundamente desde atrás. Después de nuestra primera vez nos habíamos dormido y apenas había despuntado el primer rayo de luz de sol, recomenzamos donde habíamos quedado.
El había sido delicado la primera vez y sólo se había sobrepasado un poco gracias a mis amenazas, pero ahora era él el que acometía contra mí con toda su fuerza, casi estampándome contra el árbol sino fuera porque yo también tenía esa fuerza.
Sus manos estaban fuertemente aferradas a mis caderas, casi como garras, clavándose en mi carne. Era doloroso y placentero, y como se iban a curar rapidísimo, hasta me daba pena no poder dejarnos marcas.

-¡Seth…!-chillé cuando una de sus poderosas estocadas golpeó de manera feroz un punto dentro de mi que me volvía aún más loca. Estaba tan maldita y profundamente clavado en mí. Era salvaje, brutal, incontenible.
Mis uñas se clavaron aún más en la corteza del pobre árbol que temblaba gracias a nuestra fuerza. Seth me alzaba con tanta fuerza, que casi estaba sobre la punta de mis pies y chillaba en el limbo entre el dolor y el placer. Era demasiado, estaba demasiado dentro de mí, demasiado fuerte…

Con un aullido ensordecedor llegué a un brutal orgasmo que dejó mi cuerpo convertido en papilla. Me desplomé contra el árbol respirando como si me estuviera ahogando, pero él no se detuvo. Aún embistiéndome, levantó una de sus manos y la metió en mi boca. Instintivamente comencé a morder y chupar sus dedos, desesperada porque casi no podía respirar. Era una tortura. Si tortura podía definirse como una serie de acciones de sometimiento que te dejan como muerta.
Cuando consideró que estaba preparada, llevó sus dedos empapados con mi saliva hacia mi entrepierna y comenzó a acariciar mi clítoris.

Seth

Me estaba extralimitando, lo sabía. Sabía que le estaba doliendo un poco, que quedaría molida, incluso me estaba suplicando que me detuviera, pero no podía. Leah desnuda, gimiendo como una posesa, con su trasero levantado para mí, sus pechos rebotando con cada estocada que le daba, mi miembro entrando y saliendo de su cálida y apretada entrepierna… era más de lo que mi razón podía manejar. El animal comenzó a reinar desde la primera estocada y sólo buscaba el placer, la aceptación de la que consideraba su compañera. El animal mordía, rasguñaba, marcaba a fuego a su compañera, a Leah, para declararla suya y solo suya.
Un nuevo orgasmo invadió a Leah y su interior vibró estrechándome con fuerza. Con un monumental esfuerzo, conseguí no acabar, aunque fue por un pelo. Todavía no había terminado con ella, para nada.

Me salí de su interior y la di vuelta, apoyando su espalda en el árbol.

-Seth…-gimoteó Leah sobre mis labios al mismo tiempo que pasaba sus brazos por detrás de mi cuello para sostenerse. Temblaba y jadeaba aún por el orgasmo que acababa de sufrir, lo que no ayudó para nada a que se me achicara el ego, se los juro- no puedo más…-susurró bajito, casi avergonzada.

¿Es que acaso esta mujer no sabía lo que causaba en mi cuerpo que actuara así?

Si había alguna pequeña posibilidad de dejarla, se esfumó por completo cuando ella se abrazó a mí al perder el equilibrio. El sentir sus pechos y cada deliciosa curva de su cuerpo sobre el mío, casi me hacer perder del todo la cordura.
Apretándola contra mí, me adueñé de esos labios ya hinchados de besos, explorando y dominando cada zona de su boca, saboreando su exquisito sabor que me parecía afrodisíaco, disfrutando con cada gemido, por ínfimo que fuera, que lograra arrancar de ella. Me invadía una desesperación que nunca creí sentir o conocer, no era suficiente, no podía estar lo suficientemente cerca o adentro de ella. No quería que hubiera siquiera un milímetro entre ambos, ningún hueco por el que pudiera filtrarse algo o alguien y arrancármela de los brazos.

Sin pensarlo siquiera me puse de rodillas frente a ella, le separé las piernas pasando mis brazos entre ellas y…

Leah

Chillé, juro que vi estrellas frente a mis ojos y volví a chillar. La lengua se Seth hurgaba y se desplazaba inclemente sobre mi sexo que aún palpitaba de la ronda anterior. Desquiciada empecé a revolverme incapaz de soportar las oleadas de placer, que más que oleadas, eran ya un tsunami. Sacudí la cabeza sin poder contenerme, totalmente enajenada y sorprendida de cómo mi cuerpo se arqueaba y retorcía, poseído por las deliciosas pulsaciones que la lengua y las manos de Seth enviaban por todo mi ser.
Atrapé su cabeza entre mis manos y enredé mis dedos entre los largos y deliciosamente suaves mechones de cabello oscuro, buscando un punto de apoyo, ya que mis piernas no respondían para nada de lo temblorosas que estaban.
Los dedos de el empezaron a hurgar y bombear dentro de mí, lo que finalmente me llevó al límite. Me corrí en un grito ya sin sonido, mis cuerdas vocales rasgadas, mi garganta seca, mi cuerpo por entero molido y satisfecho, palpitante.
Me abracé a él y bajé mi mano hacia el miembro, queriendo devolverle el favor cuando ambos nos tensamos ante un sonido que reconoceríamos a kilómetros de distancia. El aullido de Sam.

No necesitábamos palabras. Ambos cambiamos a nuestra forma lupina y noté con pesar que él todavía estaba por completo erecto. Ya me encargaría de eso más tarde.

Regresamos a casa, olfateamos y con alivio descubrimos que mamá no estaba en casa. Igualmente, Seth insistió en que permaneciera oculta mientras me buscaba una muda de ropa. Más tierno… puaj!!! ¡¿Desde cuando me había vuelto tan pastelosa?! Joder… pensando en eso me di cuenta de que no era fácil no serlo cuando alguien a quien quieres te cuida hasta en las cosas más simples, te protege, se preocupa por tus necesidades. Era realmente agradable, placentero, que alguien me quisiera así… porque me costaba entregarme a alguien, pero una vez que lo hago, mato por esa persona, muero por ella, y es jodidamente maravilloso que me correspondan, que Seth me ame como yo a él…

Una vez que él volvió, lo hizo con sólo unos jeans y una remera negra sobre su cuerpo, era simple, holgado, normal y aún así se me hacía agua la boca. Cambié de fase y corrí a vestirme tras unos arbustos al ver la lujuria renacer en sus ojos. No es que no quisiera… pero teníamos que ocuparnos de algunas cosas antes.

Cuando terminé, fuimos a la casa de los Cullen… ya no podía llamarlos sanguijuelas, se los debía por todo lo que habían hecho por mí.

Apenas llegamos a la puerta que Edward nos abrió, con una sonrisa traviesa en los labios.

-Parece que la han pasado bien… -susurró, pero a mí no me engañaba, sabía que todos los de la casa, lo habían escuchado.

-Si, igual que tú y Bells cuando estuvieron en la isla donde, ¡Oh!, destrozaron ¿¿Cuántas camas??- pregunté con una dulzura que no creí capaz. Él golpeaba, yo golpeaba, es ley.

-Edward, déjalos en paz…-lo regaño Bella apareciendo por detrás de él- y sería bastante cortés que les permitieras pasar a tomar asiento, y de paso invitarles a comer algo ¿No?

-Si Edward, aliméntanos…- pidió Seth con una sonrisa de oreja a oreja.

Pude ver como Edward miraba para otro lado, casi haciendo un mohín, y supe que de poder sonrojarse, lo hubiera hecho.

Adentro estaba Renesmee sentada sobre el sofá, jugando con la cabeza arrancada de una muñeca Barbie cuando llegó Jake desde la cocina con una taza con… ugh… eso para la beba.
Mi alpha nos miró a ambos, sus ojos casi se desencajaron, sus labios se crisparon y casi pude leer todas las emociones en su rostro: incredulidad, enojo, desilusión, asco, comprensión, enojo de nuevo, culpabilidad y por último resignación.

-Joder…-masculló tomando la cabeza de la muñeca de manos de la beba y uniéndola al cuerpo otra vez antes de pasársela- y lo peor es que no puedo decir ni mierda…

-Jacob Black, si quieres seguir viendo a mí hija, será mejor que cuides tu lengua o te la arrancaré- amenazó Eddie y Bella lo secundó asintiendo vehementemente.

-Bueno, jod-… ¡recórcholis!-exclamó conteniendo la palabra en la punta de su lengua, para luego mirarnos seriamente a ambos- soy su Alpha, así que si a mí no me molesta ni Quill, ni Embry pueden decir nada… -en ese momento supe que Jake estaba de nuestro lado, lo cual supuso un alivio más grande del que me imagine que sería- pero no creo que a Sam, con todo lo pesado-conservador-proteccionista-de-la-manada que es le guste esto, sépanlo aquí y ahora... estoy seguro que hará lo que sea para separarlos.

-Eso si se entera, o si alguien se lo dice…-murmuró Seth endureciendo la mirada, casi amenazando al mundo a que intentara separarnos.

-Chico, no te vayas a ofender, ni tu tampoco tú Leah… pero todo su apestoso aroma está desparramado por el maldito bosque… muy discretos no fueron que digamos…

-¡Joder!-exclamé sin poder evitarlo, si conocía lo suficiente a Sam, sabía exactamente lo que haría- Edward, ¿Puedes decirme dónde está Sam ahora mismo?

Vi como sus ojos se desenfocaron, buscando la voz mental de Sam en los alrededores y luego volvían a la normalidad, sólo para mirarme con pesar.

-Donde tú bien sabes Leah… está en casa de Bella, hablando con Sue…

Y la gravedad nos hizo caer de nuestra nube…


Hola a todos!!!!!! Lamento muchísimo, no saben cuanto, la tardanza... sé que fui una perra al dejarles tanto tiempo sin actualizar. Me merezco los tomatazos, lo sé!!! Lo siento, lo siento, lo siento... es sólo que pude disfrutar de unos pocos días de vacaciones en diciembre y en enero empecé a trabajar de mañana y de tarde, así que mucho tiempo para escribir no tuve la verdad...

Aún queda uno o dos capis de este fic... y trataré con todo mi corazón de no publicarlos tan espaciados.. u.u

Kisses & Bites especiales para:
-ADELINE (eianem)- niña, tu eres la principal promotora de este fic, aún cuando no tenga fuerzas, aún cuando todos dejen de leer, seguiré escribiendo sólo por la cantidad de reviews de apoyo que dejaste, te adoro, ESTE CAPI Y LOS QUE VENGAN ESTAN DEDICADOS A TI.
-Rosary Blacu
-Clarisse
-Yadee
-Megamolpe
-Renesmeew(punto)alicew
-Karicatura

Nos vemos en el próximo capi

Los amo, Hana ;)