Era casi imposible creerlo. Imposible creer que Hermione Granger se había culpado de lo ocurrido con el troll. Esa niña que había sido totalmente insoportable hasta ese momento, mostró su lado humano, y Harry y Ron estaban dispuestos a darle una oportunidad.
Era la mañana siguiente, y estaban como de costumbre en el Gran Comedor desayunando. Ella estaba muy callada, les echaba miradas, hasta que Harry rompió el silencio.
-Lamentamos habernos comportado mal contigo. No fuimos justos…- Dijo. Pero ella lo interrumpió.
-No fueron injustos, ¿Qué actitud podía esperar siendo una sabelotodo insufrible..?- Dijo afligida y cabizbaja.
-No lo eres- Replicó Ron –De hecho, yo fui el más injusto, solo querías ayudarme, y me enoje injustamente. Ella sonrió.
-Nunca tuve muchos amigos- Dijo triste. –Esperaba poder encontrarlos en Hogwarts… Pero al parecer…-
Al verla tan triste. Harry quiso cambiar la conversación, pero Ron se le adelantó.
-Nos salvaste Hermione, y prometemos no volver a insultarte.
-¿Enserio?
-Sí. ¿Para que están los amigos?.
El rostro de Hermione se iluminó. Ellos eran amigos. Y no quería perderlos.
De repente miró el reloj. Eran las 9:30, y les quedaban diez minutos antes de tener Transformaciones, la primera clase del día.
-Vamos- Dijo Hermione apurada. –Vamos a llegar tarde a Transformaciones.
-Oh Hermione, no seas exagerada, nos quedan…- Ron miró el reloj, y su cara se puso palida. –1O minutos… Si llegamos tarde McGonnagall va a matarnos. Corramos.
Harry, Ron y Hermione salieron corriendo hacía las escaleras.
Ese fue el comienzo de su amistad, una amistad que nunca terminará.
