El mundo de Twilight, así como sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía, el resto (que comprende al maravilloso, sensacional, hiper-sexy, re-violable Edward Cullen) es todo de ella... además, si fuera ella ya hubiera publicado Midnight Sun y/o Forever Dawn (v.v como la envidio...)
Desde Alfa hasta Omega
By Hana Hime
Seth
-¿Dónde estuviste?- le pregunté apenas traspasó la puerta.
Le había dado una semana exactamente para que se decidiera a decirme dónde había estado ese día que había ido a "visitar a su amiga del instituto" (si claro, uno vuelve pálido como un vampiro después de visitar a un amigo, aja…) pero ella no me había dicho nada. Sólo se limitaba a mirarme fijamente (no pidiendo sexo, lamentablemente) como si buscara algo en mí.
-Yo…-cerró los ojos ella, y casi pude ver como su mirada se desviaba a la izquierda al abrirlos. Venía una mentira.
-No…-estrujé los puños, frustrado- no me mientas Leah…- no hay cosa que odie más que el que ella me mienta, el que ella me oculte cosas… Siento como si no estuviera a su altura, como si yo no fuera lo suficientemente confiable como para ayudarla a solucionar sus problemas, o entenderla. Me hacía sentir impotente.
Largando un aullido, se derrumbó a mis pies.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Perdóname Seth!- chilló con el cabello cayéndole sobre el rostro, llorando como una Magdalena- ¡No quise mentirte nunca! ¡Lo juro! ¡Odio mentirte!- lloró agarrándose el pecho.
Mis manos se sentían casi tan estúpidas e inútiles como yo. Las estaba meneando de un lado a otro, vacilante en la duda si debía levantarla, acariciarla, abrazarla… cualquier cosa que pudiera aliviar su llanto.
-Yo… yo…-hipó- fui a ver a un médico…-susurró pasándose el dorso de la mano por la cara, secándose las lágrimas que insistían en seguir precipitándose. Al oírla, mi corazón trastabilló. Nunca me gustaron los médicos. Y a ella tampoco. Si ella había ido a un médico es que algo muy, muy malo (malísimo) le sucedía… y ella no me lo había dicho.
El animal dentro de mí reaccionó ante la amenaza a su compañera. Tomé a Leah de los hombros y la estrellé contra la pared de la cocina, apretando entre mis manos esos brazos tan malditamente delgados… ella era tan… tan frágil.
-¡¿Por qué no me matas de una vez?- estallé a pocos centímetros de su rostro- ¡Maldita sea! ¡Soy tu puto compañero! ¡Entiéndelo de una jodida puta concha vez! -gruñí sintiendo como ella temblaba entre mi cuerpo y la pared -¡¿Cómo te sentirías…? Dime… ¡¿Cómo te sentirías si yo te hiciera lo mismo? ¡¿Cómo te sentirías si yo te ocultara algo? ¡Y encima relacionado a mi salud!- bajé la cabeza, tratando de calmar a la bestia, pero era en vano. Me sentía como si todo mi mundo se viera amenazado y no pudiera hacer nada para defenderlo.
En medio de mi furia, percibí como ella susurraba algo inentendible. Su cabeza, aún baja, era totalmente cubierta por sus cabellos.
-¿Qué?-le exigí.
-Hay… Dios… Hay…-pude sentirla tragar saliva.
-Dímelo Leah… dime qué puede ser tan terrible…- temblé ante el dolor de saber que algo le sucedía a mi compañera- moriré si no me lo dices…
-Hay una posibilidad… de que esté embarazada…
El universo se detuvo en su totalidad… mis dedos lentamente suavizaron su agarre sobre sus brazos… mi rostro alcanzó la altura del suyo, permitiéndome clavar mi mirada en la de ella.
Claras perlas grises. Sus ojos eran calmos lagos. Sin la turbiedad de la mentira y el engaño que habían logrado empañarlos durante las últimas semanas.
-¿Cómo?- no tenía sentido. Estaba diciéndome la verdad, pero no tenía sentido… en lo absoluto. Del estupor mis piernas se habían doblado, sentándonos a ambos en el suelo.
-El que…. Ahh… al no transformarme, podría decirse que… mi cuerpo ha ¿empezado a… calentar el horno…? –hipó.
Incluso temblando como una hoja, incluso después de la bestialidad con que la traté, aún con la visible angustia que experimentaba, ella trataba de hacerme reír, de calmarme…
Estreché su cuerpo contra el mío, tratando de traspasarle mi calor, de demostrarle la inmensidad de mi amor por ella, de compensar mi furioso exabrupto con toda la ternura que pudiera inocular a mi abrazo.
-Cuando hicimos el amor por primera vez… no me dejaste tomarte sin antes prevenirme de todos los "contra" –reí contra su hombro- ahí tienes… una menos. *1
-No seas estúpido…-susurró aferrándose a mí, atrapando mi cuerpo entre sus piernas- biológicamente… somos… hermanos…-sentí las lágrimas de ella deslizándose por mi espalda- el bebé podría nacer… mal… -la percibí sorber con intensidad- con alguna malformación… con alguna enfermedad congénita…-presionó su frente contra mí, como si buscara fundirse con mi cuerpo.
-Yo lo querría aún si naciera con tres brazos, dos cabezas, ocho piernas, un ojo, de color verde y cantando Justin Bieber… lo amaré porque será tuyo… lo amo porque es nuestro…
-Seth…-jadeó restregándose contra mí. Sin darme cuenta había empezado a acariciar su espalda, a masajear sus nalgas. Su respiración se detuvo cuando coloqué mi mano sobre su suave vientre.
-Leah ¿Tendrías a mi bebé…?- pregunté antes de besarla, preso de la necesidad de sentir a mi mujer, de alejar de ella toda angustia, de sanarla a base de caricias, de hallar en ella y sólo en ella, en su dulce cuerpo, mi paz… mi hogar.
Nos sacamos (o mejor dicho nos arrancamos) lo imprescindible para poder tomarnos el uno al otro, en una entrega nacida de la necesidad, del miedo a la pérdida; en una muda promesa hecha entre nuestras almas, a través de nuestros cuerpos, de siempre estar el uno para el otro. Sin mentiras, sin engaños. Lo bueno y lo malo.
Resbalamos, ondulamos, nos mecíamos en una agónica danza. En un vaivén angustiante y desenfrenado, sin un ápice de deseo erótico, sólo necesidad en el estado más puro. Leah era el aire para mí. Sin ella no podría. No intentaría ni siquiera seguir viviendo.
Cuando, agotada, se recostó sobre mí, sólo una palabra salía de su boca. La única respuesta que quería obtener de ella.
-Si…
-¿Y…?
-¿Y….? –inquirió con los ojos aún desenfocados.
-¿Cuándo tenemos cita con el doc? –sonreí de costado, acariciando su nariz con la mía.
Ella rió entre mis brazos…
El mundo volvía a tener color.
Hola! No están alucinando! Soy yo! Otra vez!
Les explicaré. Lo que pasa es que hay un bar/confitería en mi ciudad, que cuando voy, me inspira a escribir mucho. Voy ahí cuando falta algún profesor de la facu a tomarme un café... y esto es lo que sale! xDD
Me parece que unos cuantos profesores míos van a terminar quebrados gracias a ciertas lectoras XDD
1*- Del capítulo "Fuego y trueno" Leah le dice a Seth:
-No podremos tener hijos…-murmuró muy bajito sobre mi oído- nos repudiarán, porque no creo poder mantener esto en secreto… -suspiró sobre mi piel.
Espero poder volver a actualizar pronto! :D
Kisses, Hana ;)
