Hola a todos. ^_^ Ante todo quiero pedir disculpas por estar desaparecida durante estos últimos meses, pero la verdad, es que como me he mudado a USA y he estado un poco ocupada. Aun así, he decidido que ya era hora de subir un capítulo y de recompensar a todos los maravillosos lectores de mi historia y sobre todo a aquellos que dejan review . Por cierto, dar las gracias a May, que me ha insistido tanto en que subiera un nuevo capi que no he podido negarme. ^_^


Y nada, aunque es un poco rollo, voy a hacer una breve explicación de este mundo y su relación con lo muggle para dejarlo más claro. A ver, lo que ha hecho Al es prohibir el uso de magia en el mundo muggle, o sea, si a un muggle están a punto de dispararle y tú le salvas la vida con magia, te vas a la cárcel, antes simplemente te daban una palmadita y a tu casa. Por ello cualquier aplicación de la magia para ayudar a los muggles en cualquier sentido está penada con cárcel. Lo que sí se permite es el uso de algunos aparatos que estaban muy ligados al mundo mágico como para prohibirlos, y se permite tener relación con muggles pero no revelarles el mundo mágico. En pocas palabras, hay muchas leyes que prohíben acciones para ayudar a los muggles, pero pocas que prohíban acciones'contra' los muggles.

Por otra parte, se le ha vuelto a dar más importancia a aquellos con familias prominentes y con sangre más pura (mestizos y sangrelimpias), y aunque los hijos de muggles no son discriminados abiertamente sí que tienen más dificultades.

Además se ha legalizado parte de las artes oscuras, se han hecho cambios con respecto a muchas de las criaturas mágicas, y bueno, ya iré relatando en capítulos siguientes cómo ha cambiado todo.
Esto es un mini resumen para que no os penséis que Al es Voldemort, porque para nada. Eso sí, en este mundo no hay un completa igualdad para todas las personas. Y por eso hay facciones que luchan contra el señor tenebroso. ^_^

Pues nada, después de esta explicación como siempre quiero agradecer a todos los que dejaron review en el capítulo anterior y también a todos los que leyeron el fic. Estoy muy feliz porque esté consiguiendo que la gente lea fics de HPASP… si al final se hará popular y todo… ¡Ojalá! ^_^

Y ahora el capi…


Capítulo 2: Un comprador intrigante

"¿Hey Dan, te apetece ir a correr esta tarde?" Oí decir a Tomas desde su habitación.

"No puedo, hoy tengo que trabajar. Ya sabes que a Forbes le encanta eliminar mis días libres." Dije aún un poco molesto por el comportamiento de mi jefe.

"Ok, no hay problema. Pero deberías encararle, Dan. No creo que sea legal hacerte trabajar todos los puñeteros días." Comentó el chico de pelo rizado acercándose a mí.

Suspiré con cansancio. "No puedo hacer nada. Necesito este trabajo, así que si me despide estoy perdido."

"Sabes que Chen y yo te dejaríamos vivir aquí hasta que encontraras otro trabajo y…" Explicaba el rubio.

"No importa Tomas, por lo menos me las paga. " Dije mirándole derrotado. "Bueno, tengo que irme ya. ¡Nos vemos luego!" Exclamé antes de salir por la puerta.

Bajé los tres pisos de escaleras corriendo, llegaba tarde tres minutos y sabía lo exasperante que podía ser Forbes con nimiedades así. Seguí rápidamente hasta llegar a la calle Westmore observando que ya había un cliente esperando.

"Mierda." Solté al verle allí. Cuando estuve más cerca me disculpé sin siquiera mirarle demasiado. "Perdone, es que he tenido un contratiempo y por eso, bueno en seguida abro."

"No importa." Oí tras de mí. La voz me sonaba familiar, pero como tenía prisa no le di más importancia y entré rápidamente a encender las luces.

"Lumos." Dije acercándome hacia el mostrador y preparándolo todo. "Puede mirar mientras acabo de abrir la tienda y si ve algo que le interesa no dude en decírmelo." No oí respuesta alguna por lo que supuse que el cliente estaba observando entre todo nuestro surtido. No tarde en incorporarme viendo que el comprador estaba esperando tras el mostrador.

"Desea al… go." Esa pausa fue provocada por la imagen frente a mí. Era el mismo hombre que había venido una semana antes a hacer negocios con Forbes, pero esta vez no llevaba la capucha puesta. De alguna manera extraña me resultaba familiar, pelo negro corto y liso, espalda ancha, aproximadamente un metro ochenta y cinco y unos ojos verdes que perturbaban.

"Creo que sí que he encontrado algo que me interesa." Dijo adornado su frase con una mueca que juraría que trataba de ser sensual. Estaba desconcertado de pensar que alguien, y más aún, un hombre estuviera tonteando conmigo, pero intenté hacerme el sueco.

"Y dígame, ¿De qué se trata?" Él se había dado cuenta que intentaba hacerme el tonto y sorprendentemente me siguió el juego.

"Es el collar que me mostraste el otro día, deseo comprarlo." Dijo sin más dilación.

"He de avisarle de que no le puedo hacer ninguna rebaja como el señor Forbes ya que no soy el propietario, aun así si desea esperar a que…" Explicaba dirigiéndome hacia la joya.

"No, el precio me parece bien." Me acerqué a él y le entregué el collar para que le echara un último vistazo antes de decidirse. "Es una pieza exquisita." Susurró más para sí que para mí.

"Sí, lo es." El hombre elevó su mirada y la fijó en la mía. No sé por qué podía detectar sorpresa en sus ojos. '¿Le parecía tan extraño que alguien le mantuviera la mirada?' Pensé con diversión. "¿Desea que se lo envuelva para regalo?" Pregunté cogiéndolo de nuevo de sus manos y dirigiéndome detrás del mostrador. Al llegar susurré un encantamiento y segundos después tenía la caja frente a mí.

"No, no hace falta, me lo llevaré tal cual." Podía notar como sus ojos aún estaban clavados en mí, observándome, y odiaba que la gente me observara, lo había odiado desde que era un crio. Lo deposité dentro de la caja lo más correctamente posible y la cerré lanzándole un complejo encantamiento para que sólo pudiera abrirlo la persona a quién él se lo obsequiara.

"Ya que no he podido hacerle un descuento le he hecho un pequeño extra." Mi vista se fijó en la suya. "Tendrá que cambiar la contraseña que está en la tarjeta, y de esa manera sólo usted y la persona a la que se la regale serán capaces de abrir la caja." El hombre bajó su vista al objeto del que estábamos hablando y al pequeño sobre a su lado.

"¿Estás seguro de que un alohomora o cualquier modificación de un hechizo de apertura no será capaz de abrirlo?" Dijo un poco extrañado.

"No, se lo aseguro. Es un hechizo antiguo que poca gente conoce, así que no creo que nadie sea capaz de contrarrestarlo. Pero le animo a intentarlo, si se atreve." Le sonreí socarronamente mientras señalaba con mi mano la caja, a lo que el hombre correspondió con un mueca prepotente.

Le vi sacar la varita con una rapidez de auror y hacer varios hechizos velozmente. Su sonrisa burlona fue disminuyendo a medida que pasaba el tiempo y un par de minutos después desistió.

"Excelente hechizo." Dijo más sorprendido que molesto.

Le miré sonriente manteniéndole de nuevo la mirada. "Gracias." Me voltee a mirar la tabla y sí, eran tres mil galeones, la última vez no me había equivocado.

El cliente pareció entender y sacó el dinero depositándolo en la mesa, un billete de diez mil galeones, era la primera vez que lo veía. La persona ante mí debía ser extremadamente rica para poder permitirse el ir por ahí con billetes de tanto valor.

"Un segundo, en seguida le devuelvo." Dije volteándome y dirigiéndome hacia la caja registradora de la esquina, que al ser mágica me devolvía todo el cambio que necesitara.

"Por cierto, el último día no me dijiste tu nombre." Oí decir al comprador. Me dirigí de nuevo a él con los billetes de su cambio.

"Me llamo Daniel." Sabía lo que quería decir, pero no sé si era bueno acceder. Ante mi respuesta sonrió con diversión.
"Eso ya lo sé, pero tu apellido es…" Sabía que el hombre ante mí era de las personas que obtenían lo que querían y pensándolo bien, sería casi peor no decírselo, eso seguro que despertaría su curiosidad. Además, era una persona inexistente, no encontraría nada en absoluto sobre mí en ningún lado.

"Daniel Johnson." Dije finalmente. Era el nombre más común y menos mágico que pude encontrar en toda Gran Bretaña, por eso lo elegí.

"Yo soy John Donovan." Alzó su mano para que la chocara con la mía, la cual cosa hice segundos después. Su nombre era tan inventado que quería reírme en su cara, ni de coña tenía pinta de llamarse John.

"Muchas gracias por su compra, señor Donovan." Asintió educadamente para segundos después girarse y salir de la tienda.


"Veo que hay algo que te interesa mucho últimamente." El rubio tras de mí me miró con diversión.

"Nada que te incumba." Repliqué poniendo los papeles que estaba sujetando sobre mi escritorio.

El Slytherin se apoyó sobre el respaldo de una de las lujosas sillas frente a mi escritorio y me miró con determinación. "Llevas un par de días indagando en algo, lo sé, y quiero saber lo que es."

"¿Y desde cuando me das ordenes?" Dije intentando no prestarle demasiada atención.

"Soy el ministro de magia." Esa declaración me hizo mirarle con diversión.

"Y yo el señor tenebroso que gobierna el mundo mágico, gano." Ante tal frase ambos reímos, parecía mentira que a pesar de los años Scorpius y yo tuviéramos aún la misma relación que cuando íbamos a Hogwarts. Eso sí, frente al resto del mundo, todo era diferente. Él, el perfecto y eficaz ministro de magia, y yo, el poderoso e indomable señor tenebroso.

"Vamos, sé que te mueres por decírmelo."

Tras varios segundos decidí que era verdad. "Échale un vistazo." Le comenté pasándole los documentos que antes había estado leyendo.

Scorpius los cogió y los fue analizando para finalmente mirarme sorprendido. "Esta persona no existe."

"Lo sé." Declaré sin duda alguna.

"¿Y qué interés tiene para ti el tal Daniel Johnson?" Preguntó con curiosidad.

"Ninguno."

"He podido ver la mentira hasta yo. ¿No será uno de tus juguetes?" El mero pensamiento de que pudiera ser así me llenó de una sensación cálida.

"No, pero…"

"¿Pero qué?" Preguntó rápidamente.

"No sé, hay algo en él que me atrae de alguna manera extraña." No sabía si era la forma en la que me miraba, tan intensamente, tan vigorosa, o si era la forma en que su voz provocaba extrañas sensaciones por mi cuerpo, pero lo cierto es que había algo que me hechizaba.

"Pues he de decirte que no es demasiado bueno que te obsesiones con él, porque o está huyendo de alguien o tiene algo turbio que no quiere que sepan."

Las palabras de mi mejor amigo se me clavaron en la cabeza. ¿Qué es lo que estaría ocultando Daniel Johnson?


No ponía tanto empeño en algo desde que intenté aprender el hechizo de transfiguración que utilizó Minerva Mc Gonadal en la batalla de Hogwarts. Me había costado medio mes, pero al final había salido y ahora era un maestro en reanimación de objetos inanimados.

Seguí caminando hacia la tienda del estúpido de Forbes, era curioso que alguien tan enigmático como Daniel Johnson trabajara con aquel idiota. Aunque debía decir en su defensa que era bastante competente en su trabajo, conseguía muchos objetos prácticamente imposibles de encontrar sin sus contactos.

Parecía que la puerta estaba abierta por lo que al entrar no hizo el típico ruido tintineante. Miré por toda la tienda y lo encontré en la esquina, de nuevo con un libro en la mano comportándose como si aquello que sujetaba fuera lo más interesante del mundo.

Sabía el valor de los libros, no por nada había acabado en la casa de Rowena, y no podía dejar de admirar el mismo comportamiento que me había impulsado a convertirme en lo que era hoy en día en otras personas.

Le seguí observando, ya que él estaba tan inmerso que aún no había detectado mi presencia. Su pelo oscuro y largo caía tapándole la frente y el cuello. No era demasiado alto, siendo un poco más bajo que la media inglesa, tampoco era demasiado corpulento, pero se podía adivinar bajo esas ropas la suficiente musculatura como para poder defenderse de la mayoría, pero el rasgo más enigmático eran aquellos ojos marrones, que por alguna razón no parecían pertenecerle. Aquel ser no era especialmente hermoso, ni particularmente atractivo, pero poseía algo cautivador y único que me hacía no querer apartar mis ojos de él.

"Hmmm… Hmmm…" Tosí un poco bajando mi capucha al mismo tiempo para que notara mi presencia. Al levantar la mirada del libro noté la sorpresa reflejada en su rostro.

"De nuevo aquí. ¿Vio algo que le gustó también en su última visita? ¿O viene por una cita con el señor Forbes?" Su voz sonaba formal y tranquila.

"No, hoy no vengo a ver a Forbes. Buscaba aumentar mi biblioteca personal." Dije con un pequeño movimiento de brazo. El chico miró el libro en sus manos y se levantó del asiento rápidamente.

"¿Desea algo en especial? He leído muchos de ellos podría recomendarle varios." El chico se acercó hacia la enorme estantería a la derecha y se giró a encarame." En la primera fila puede encontrar libros antiguos sobre curación, en la segunda sobre criaturas mágicas, la tercera es sobre historia y linajes mágicos, y los cuatro estantes últimos son sobre diversos tópicos dentro de las artes oscuras." El chico continuaba mirándome esperando que le dijera que es lo que me interesaba.

"Echaré un vistazo." Respondí seriamente, a lo que el dependiente se alejó de mí con un pequeño asentimiento y volvió a su lectura.

Estuve varios minutos mirando los volúmenes en aquella estantería pero mi mente vagaba por otro lugar. Estaba empezando a obsesionarme con el dichoso muchacho de aquella estúpida tienda y lo más extraño era que a pesar de que era de lo más normal que había en el mundo mágico no podía quitármelo de la mente. Esa había sida la razón de que ahora estuviera en este lugar, quería averiguar algo sobre él, por lo menos, su nombre real.

Lo más fácil sería ir a destajo y utilizar legeremancia, pero con los años me había vuelto más refinado, no quería que el juego acabara tan pronto y menos si finalizaba con el joven a mis pies gritando de dolor por la intrusión.

Seguí mirando los tomos en la estantería, sí, este parecía ser de mi agrado. Sería aproximadamente del siglo VI a.c. y centrado en curación céltica. Nunca había leído sobre este tema y parecía un libro bastante completo. Antes de que me diera cuenta tenía una presencia a mi espalda.

"Si me permite, yo le aconsejaría este otro." Se acercó rápidamente cogiendo uno de los de la parte izquierda y ofreciéndomelo. Rocé con mis dedos la piel del chico cuando el libro llegó a mí, y percibí una extraña sensación que me recorrió por todo el cuerpo. Le miré durante unos segundos curioso pero el rompió el silencio.

"Este es un poco más actual que el que había elegido, del siglo IV a.c., y le puedo asegurar que explica mucho más detalladamente el arte de la curación céltica. El primero es más filosófico que práctico, estoy seguro que le gustará mucho más esta elección." Parecía seguro de sí mismo y no pude evitar fiarme de sus palabras.

"Está bien, me quedo con este." Ante mis palabras una pequeña sonrisa se formó en su rostro.

"Le aseguro que no se arrepentirá, es una lectura fascinante. Yo mismo me lo he leído dos veces desde que lo tenemos aquí." Explicaba mientras volvía hacia el mostrador. "Además es más barato que el otro." Comentó con diversión.

Le seguí mirando evaluando su personalidad. Al principio me había parecido alguien taciturno e inmerso en su propio mundo, pero ahora podía ver que no era eso en absoluto, era el ambiente y los clientes de esta tienda los que le hacía actuar de tal modo.

"Serán ciento cincuenta galeones." No miré ni el dinero que le daba por no apartar mi mirada de él. El chico cogió el dinero y se fue a la máquina registradora.

Segundos después volvía con mi cambio. "Aquí tiene. Gracias por su compra." Su voz volvía a ser formal e indiferente. Tras el pequeño momento de emoción que sentí cuando hablaba del libro todo había vuelto al mismo ambiente serio.

"¿Señor Donovan? Su cambio." Oí que decía de nuevo ofreciéndome insistente el dinero. Aun así yo solo seguía mirándole a esos ojos que tan poco adecuados eran para él.

El chico, visiblemente incómodo, intentó romper el contacto visual, pero con mi mano rápidamente le cogí la barbilla y le encaré hacia mí, haciendo el momento mucho más violento. Pasó por lo menos un minuto antes de que Daniel intentara apartarse.

"Suélteme." Oí que decía molesto.

No le hice el menor caso, por alguna razón no quería hacer lo que me pedía aunque dentro de mí sabía que no era muy normal mantener en esa posición a alguien que ni siquiera conocías.

"Le he dicho que…"

Entonces vi algo que me causó sorpresa y le solté. No tardé mucho más en coger el dinero y el libro y girarme para irme. Sabía que el chico estaba extrañado por mi comportamiento pero no le di importancia.

"Nos vemos pronto, Daniel." Comenté dirigiéndome a la salida.

No oí ni una sola palabra proveniente de la otra persona en la habitación pero no me importó. Lo que sí que me había importado era algo que había detectado en el chico minutos antes. Sí, no sólo llevaba un glamour en el rostro sino que sus ojos ocultaban algo importante. ¿De quién se estaba escondiendo el muchacho para llegar tan lejos como para cambiarse su propio rostro? Aún no sabía la respuesta pero muy pronto la descubriría.


Bueno, y ya hemos llegado al final del capítulo. El siguiente es donde empieza la acción, así que preparaos. ^_^ No sé cuándo podré subirlo pero esta vez tranquilos que no tardaré tres meses más.

Besitos,
Debauchi