Hola a todo el mundo.
Primero que todo agradecer a todos los magníficos reviewers que han dejado su opinión (may, saruko, luna, ninfa, sasuchan, Dafne y strawberry balck). Muchísimas gracias de veras.
Y bueno, como dije he tardado menos de tres meses esta vez, así que espero que no estéis muy enfadados conmigo. ^_^
Y nada, este capítulo me gusto escribirlo, así que espero que os guste leerlo también.
Capítulo 3: ¿Quién eres Daniel Johnson?
Estaba siendo un día largo y pesado. desde las siete y media de la mañana había estado trabajando en la tienda poniendo orden en la nueva sección de artículos egipcios. Ayer por la noche, Forbes había regresado eufórico con infinidad de objetos mágicos de un socio suyo. Ahora, a las tres y media, mi querido jefe aún estaba desaparecido en algún lugar de Londres. No es que me preocupara por su seguridad, es más, si no fuera porque mi sueldo dependía de él no me importaría en absoluto lo que le ocurriera, pero por mi propio bien y por el del único trabajo estable que había logrado encontrar no podía evitar inquietarme un poco.
Fue entonces cuando oí el sonido de la puerta al abrirse y al girarme vi como mi jefe entraba en la tienda dirigiéndose a su oficina con rapidez sin ni siquiera mirarme antes de cerrar la puerta tras de él.
Forbes vivía estresado por todo pero principalmente por sus negocios con personas poderosas. Todo el mundo en esta ciudad sabía que aquel viejo era capaz de conseguir cualquier rareza con la condición de que pudieras pagar una sustanciosa cantidad de galeones. Personalmente opinaba que Forbes se aprovechaba desmesuradamente de sus clientes que al ser la mayoría inmensamente ricos no ponían pegas a las desorbitadas sumas que exigía por un trabajo bien hecho.
Al ver que no necesitaba nada de mí seguí con mi trabajo, limpiando y colocando con cuidado los objetos en los estantes. Habían algunos realmente espléndidos, como un puñal venenoso del siglo primero a.c que perteneció a Taimhotep o un amuleto curativo de jade del bajo Egipto que databa del 600 a.c.
Oí de nuevo el sonido de una puerta pero no me giré hasta que escuché a mi jefe llamarme.
"¿Qué ocurre señor Forbes? ¿Necesita algo?" Dije con cansancio volviendo mi vista hacia el desagradable hombre.
"Necesito que entregues un paquete." Ordenó seriamente. Me quedé en silencio esperando a que continuara. Era algo habitual que me enviara a repartir sus entregas más importantes y sobretodo aquellos objetos que no quería que vinieran a recoger a la tienda, ya fuera por su dudosa legalidad o por algún otro motivo más oscuro y peligroso.
"Tendrás que llevar esto a mi más preciado cliente." Explicó extendiendo su mano y mostrando el pequeño paquete que sostenía. Asentí silenciosamente haciéndole entender que comprendía el encargo y cogí la pequeña caja.
"He avisado al señor Donovan de que se lo llevarás a su casa en Silver Forest en media hora. Este traslador te llevará hasta allí." Dijo ofreciéndome una moneda con un extraño símbolo que no reconocí. Lo cogí y lo observe durante unos segundos. 'Silver Forest' Susurré para mi mismo con incredulidad.
"Sí, y tendrás que estar ahí en media hora, así que te sugiero que dejes lo que estabas haciendo y te prepares." Forbes parecía un poco agitado desde que había entrado y ahora entendía el porqué, John Donovan debía ser alguien muy importante si vivía en una zona como Silver Forest.
Silver Forest era conocido por ser el lugar más exclusivo de toda Gran Bretaña. A pesar de ser una de las más grandes áreas mágicas no había más de cien personas viviendo allí entre ellos mi propio hijo, el Dark Lord. Había oído hablar mucho de Silver Forest como un lugar especialmente encantador rodeado por un frondoso bosque verde pardo que contenía un sinnúmero de animales exóticos, era un lugar tan fascinante y mágico que en su interior podías ver desde unicornios hasta mantícoras. Silver Forest fascinaba a todo aquel que oía hablar de él, en mi caso había querido visitarlo también, pero hasta ahora había tenido miedo de lo que podría ocurrir si me acercaba al lugar donde alguien de mi propia sangre vivía. Y ahora, no tendría más opción que ir a entregar aquel dichoso encargo al misterioso señor Donovan. A no ser de que…
"Señor Forbes, estoy seguro de que sería más adecuado, ante tan distinguido cliente, que usted mismo llevara el encargo." Razoné lo más adecuadamente posible intentando escaquearme del trabajo.
Forbes no tardó en replicar. "No, debes llevarlo tú. El sr. Donovan especificó que quería que se lo trajeses tú." Respondió escuetamente.
Qué exraño. Me preguntaba porque aquel hombre quería que yo específicamente le entregara aquel paquete. Es más, no entendía porque habiendo estado tantas veces en esta tienda no venía él mismo a recogerlo.
"Pero estoy seguro de que…" Empecé a replicar. Mi jefe me cortó en seguida.
" Daniel, lo llevarás tú." Ordenó firmemente. "Y espero que trates al señor Donovan con respecto. Como tu bien has dicho es alguien muy importante y odiaría tener que despedirte si queda descontento contigo." Amenazó sin sutileza alguna.
O sea que era alguien lo suficiente poderoso como para que Forbes le tuviera tanto miedo como para despedirme a mí, el único empleado eficiente que había tenido en décadas.
"Esta bien, me prepararé." Dije depositando el paquete y el traslador encima de la mesa. "Supongo que preferirá que cierre. ¿O quiere hacerse cargo de la tienda mientras voy a Silver Forest?"
"Mejor cierra por hoy." Comentó dirigiéndose de nuevo a su despacho. " En cuanto acabes el encargo puedes irte a casa." Y dicho esto salió de la sala dejándome solo.
'Silver Forest', pensé sorprendido aún. Había tan poca gente viviendo allí y tan influyente y poderosa que siempre creí que sería imposible que alguien de allí viniera a comprar a esta tienda. Pero evidentemente me equivocaba.
Faltaban quince minutos para irme así que decidí recoger un poco el desastre que había en la nueva sección de la tienda y de ese modo dejarlo todo preparado para seguir trabajando mañana.
Los quince minutos pasaron antes de que me diera cuenta y pronto me vi sujetando el traslador en mi mano y esperando a la habitual sensación que venía asociada con su uso. Durante unos segundos me sentí descolocado. Desde cuarto año que había odiado los trasladores con toda mi alma y si tenía opción evitaba usarlos para viajar.
Cuando sentí que mis pies tocaban el suelo de nuevo y todo dejaba de girar descontroladamente miré a mí alrededor, estaba en una sala de paredes blancas decoradas ostentosamente con numerosos cuadros renacentistas. Miré pero no detecté a ninguna otra persona en la habitación así que decidí esperar unos minutos a ver si alguien me recibía. No tardo ni medio segundo en aparecer un hombre de mediana edad vestido con el típico uniforme negro de mayordomo.
"Usted debe ser el empleado del sr. Forbes." Comentó con cara seria y formal. Ante mi ligero asentimiento el hombre me hizo un gesto para que le siguiera.
"El señor le espera en su despacho." Explicaba mientras seguía caminando con paso firme.
El resto de camino hasta la sala fue en silencio absoluto, nuestros pasos resonaban con fuerza ante aquella calma sepulcral y eso de alguna manera me ponía nervioso. Sabía que no tenía por qué estarlo ya que en menos de media hora estaría fuera de aquel lugar, pero mi intuición me decía que algo malo iba ocurrir y normalmente mis intuiciones solían ser bastante acertadas.
El mayordomo se detuvo ante una puerta enorme de roble antigua que seguramente debía costar miles de galeones. En toda su extensión habían tallados diversos tipos de dragones, colacuernos húngaros, hocicortos suecos y dientes de vípera peruana entre otros. Deje de admirar la puerta cuando oí la voz del señor Donovan decirnos que podíamos pasar. El mayordomo abrió la puerta lentamente elevando su brazo en símbolo de que podía continuar, con un suave asentimiento entre dentro de la habitación y segundos después oí la puerta cerrarse de nuevo.
Miré a mi alrededor fascinado. Aquella habitación era preciosa repleta de libros antiguos y de multitud de objetos mágicos y no pude evitar acercarme a uno de los estantes y admirar un precioso anillo que si no me equivocaba era del famoso mago ruso Rasputín. Me quedé mirando boquiabierto aquel precioso anillo sin darme cuenta que había otra persona en la habitación con la que tenía negocios pendientes.
"¿Es magnifico, erdad?" Me giré súbitamente para encontrarme cara a cara con aquel hombre al que ya había visto varias veces anteriormente. Sus ojos ahora estaban fijos en mí observándome y analizándome detenidamente.
"Sí, lo es." Susurré suavemente volviendo mi vista de nuevo a aquella exquisita pieza de joyería. "Es una gran reliquia." Añadí maravillado.
"Lo es. El anillo curativo de Rasputín. Algo que me costó mucho conseguir pero que ahora es una pieza indispensable de mi colección."
Le volví a mirar con fascinación. " No dudo que le costara conseguirlo, yo mismo pensaba que tan sólo era una leyenda." Permanecimos allí de pie durante unos segundos observando aquella belleza hasta que la voz de Donovan rompió el silencio.
"Supongo que traes el paquete de Forbes." Comentó ahora más formalmente perdiendo todo el brillo que había podido detectar en sus ojos minutos antes.
"Sí." Dije con rapidez. "Aquí está." Me saqué el paquete de la pequeña bolsa que llevaba conmigo y se lo ofrecí. No tardó en cogerlo, dirigirse a su mesa y depositarlo sobre ella.
"Será una buena adición a mi colección." Comentó más para sí mismo que para mí. Decidí no preguntar nada al respecto, si había aprendido algo en estos años era a no dejarme llevar por la curiosidad cuando algo no me incumbía.
"Y dime Daniel, ¿Te gusta mi hogar?" Dijo de repente cambiando de tema completamente.
Le miré extrañado pero aun así respondí. "Sí, tiene una casa preciosa señor Donovan." El hombre sonrió ligeramente y prosiguió conversando.
"Supongo que alguien tan enterado como tú será capaz de apreciar muchos de los libros que tengo en mi colección, como…" Durante unos segundos sus dedos acariciaron algunos de los tomos buscando con interés uno en particular. " … ah sí, aquí está." Dijo sacándolo de su sitio y ofreciéndomelo. Miré el libro detenidamente y al leer de que trataba me quedé inmóvil.
"Magia de ocultación avanzada." Leyó en voz alta. "Uno de los pocos tomos existentes hoy en día. En sus páginas se pueden encontrar hechizos de gran utilidad. Hay uno en particular que permite al mago cambiar su aspecto permanentemente sin necesidad de pociones y aunque es complicado de ejecutar no se puede discutir su eficacia." Al ver que me miraba expectante me agité un poco, debía salir de aquí y cuanto antes. Estaba claro que el hombre en frente de mi sospechaba algo y prefería no verme ante la espada y la pared si era posible.
"Sí, es un libro excepcional." Opiné lo más calmadamente posible. Aun así no podía evitar que en mi interior mi sangre hirviera de inquietud.
"Aunque siempre que pienso en este hechizo me surge una duda." Comentó mirándome con desinterés. "Me pregunto por qué alguien utilizaría un hechizo tan complicado para ocultar su aspecto cuando sería mucho más sencillo otras opciones como la poción multijugos. Al fin y al cabo para mantener el aspecto simulado el mago necesitaría mantener con su núcleo mágico la ilusión y con la poción no haría falta. Y ya no hablar del peligro asociado con esta clase de hechizos." Argumentaba sin quitar sus ojos de mí. "La única ventaja que veo es que de este modo se puede impedir que accidentalmente un escudo mágico pudiera descubrir su engaño ya que son completamente inmunes a los contrahechizos habituales. "
Estaba al borde del ataque de los nervios así que no pude frenarme y le corté. "Perdone señor Donovan. Gracias por la conversación pero mi jefe me espera cuanto antes ya que aún me queda trabajo en la tienda." Dije lo más calmadamente posible antes de girarme y dirigirme rápidamente hacia la puerta de salida. No necesitaba su aprobación, tan sólo una escusa para largarme de allí.
"Espero que todo le vaya…" Me quedé callado cuando al intentar abrir la puerta el pomo no giró.
"No se vaya aún, señor Johnson. Quédese a hablar un rato." Dijo con visible diversión.
Me giré a mirarle con un poco de rabia. "Debo irme, de veras." Intenté de nuevo abrir la puerta pero estaba completamente bloqueada. Saqué mi varita en un acto de desesperación por abrir la dichosa puerta y aunque sabía que eso me delataría no me importaba.
Antes de que pudiera decir ni un solo hechizo el molesto hombre habló de nuevo.
"No se abrirá sin mi permiso. Y por si decidieras actuar impulsivamente debes saber que esta sala está preparada para neutralizar cualquier hechizo mágico que sea pronunciado por alguien que no sea yo. Así que deberías sentarte y relajarte, Daniel." Dijo con un tono perverso.
No quería pasar allí ni un minuto más pero por lo visto no tenía más opción, así que me giré y me acerqué unos pasos a aquel ser.
"Y ahora que ya hemos dejado claro que no te irás hasta que yo lo diga voy a dejarme de rodeos. " Dijo seriamente perdiendo su anterior actitud juguetona. "Iré al grano. Primero quiero saber quien eres." Su rostro seguía serio y severo.
"Ya se lo dije mi nombre es Daniel Johnson." Sabía que no iba a creérselo pero tenía que seguir con mi tapadera. Ante mi respuesta me miró con diversión.
"Te aseguro que no te gustará si tengo que extraer esa información por mi mismo así que yo de ti hablaría." Me amenazó sonriendo macabramente.
Le miré expectante esperando a que algo o alguien cayera del cielo y me sacara de allí pero nada ocurrió. Estaba seguro de que su amenaza implicaba oclumencia y si eso era con lo que pensaba descubrir mis secretos se llevaría una sorpresa. No es que fuera un maravilloso Oclummens, ni lo había sido ni lo sería nunca, pero sí que podía proteger mi mente lo suficiente como para que aquel peligroso hombre no descubriera mis secretos.
"Me llamo Daniel Johnson." Afirmé de nuevo sin apartar mis ojos de él.
Su sonrisa se intensificó y me miró con fascinación. "Así sea." Dijo antes de sacar su varita con una rapidez pasmosa para segundos después apuntarme con ella. Cuando el hechizo me alcanzó sentí como algo intentaba acceder en mi mente, en mis recuerdos, en mí ser… pero yo ya no era aquel niño de quince años que intentaba impedir que el dark lord poseyera su cuerpo y su razón, ahora había madurado tanto psicológicamente como mágicamente y no iba a dejar que nadie volviera a entrar tan profundamente en mi ser.
Luché contra la intrusión con todas mis fuerzas y tras lo que me parecieron minutos la presión en mi mente desapareció expulsando con ella a aquel que quería invadir mi mente. En cuanto volví en mí me di cuenta que Donovan me estaba mirado con fascinación. Supongo que no era alguien al que la gente negara nada y eso le divertía. Odiaba con todo mi ser a la gente prepotente y arrogante como él.
"Interesante." Susurró para si mismo. "Así que sabes oclumencia." Dijo pensativo. "Esto será más divertido aún de lo que había previsto." Comentó acercándose hacia mí. "Si piensas que no voy a lograr toda la información que busco estás muy equivocado." Sus pasos firmes le iban aproximando más y más a mí y en un arranque de desasosiego me quedé allí, paralizado, mirando como aquel ser se acercaba a desentrañar todo los misterios de mi existencia.
No pude hacer nada cuando me cogió del brazo y me aproximó aún más a él.
"Me dirás todo lo que quiero Daniel Johnson. No quieres tener a alguien como yo como enemigo. No es bueno para tu salud tener a un dark lord como enemigo. Así que más vale que obedezcas y me digas lo que quiero saber." Amenazó ahora ya perdiendo todo el aire juguetón.
"¿Dark Lord?" Pregunté estupefacto.
"Sí, soy el dark lord y por última vez…. ¿Quién eres?" Su voz oscura y peligrosa no podía sacarme del estado de desconcierto.
Lord, el dark lord de Gran Bretaña. Por Merlín, quién tenía en frente era aquel al que había querido evitar, aquel que era mi propia carne y sangre, mi hijo Albus.
Le miré fijamente sin parpadear y sin mover ni un músculo, estático de la impresión que aquella revelación me provocaba. El silencio se prolongó durante unos segundos que me parecieron interminables hasta que mis labios sin poder evitarlo pronunciaron aquellas palabras que sellarían mi destino.
"Me llamo Daniel Johnson." Susurré bajito. Y antes de que me diera cuenta una varita se posó duramente en mi frente.
"Cómo desees." Oí decir a mi hijo antes de que penetrara mi mente de una manera brutal y violenta.
Intenté por todos los medios pararle, protegerme de aquella intrusión, pero no podía, no podía detener a aquel devastador ser que intentaba entrar en mis memorias. Y cuando no pude mantener más mis barreras noté una implacable presión que las derrumbó en pedazos. Nunca había sentido nada igual, nada tan devastador. Mi mente estaba completamente abierta para su deleite y no sabía como detener aquello. Quería poder reagrupar mi energía pero aquella fuerza no dejaba que me defendiera.
Y entonces memorias y más memorias flotaron en mi mente, como si estuviera en una de esas escenas de las películas muggles donde el personaje va a morir y ve toda su vida a paso acelerado, recordando buenos y malos momentos antes del suspiro final.
Memoria tras memoria…. Ginny y yo abrazándonos, yo recibiendo la medalla de honor de los aurores, James llamándome papa, el día que sostuve a Al por primera vez ….
"No, no…." Susurraba una y otra vez en estado febril. Las memorias, Al no debía verlas, no debía pero…. "para, por favor…" Me oí decir totalmente fuera de mí sintiendo el descontrol y el dolor que se agolpaba en mi mente.
Pero el show no se detuvo hasta minutos más tarde donde noté como todo a mi alrededor se movía girando sin control. Notaba una pequeña gota que descendía desde mi oreja izquierda por mi cuello hasta llegar a mi clavícula. Al recogerla me di cuenta de que no era sudor sino sangre. Me notaba muy mareado pero aun así elevé mi vista al frente para observar de nuevo a mi hijo.
Al tenía los ojos cerrados y respiraba agitadamente. La vista era abrumadora, sabiendo que era el hijo al que había renunciado cuando vine a esta época y que él era consciente de ello.
Entonces sus ojos se abrieron y me miraron asombrados con un brillo que me quitó el aliento. Le oí susurrar unas palabras que reconocí mientras me apuntaba con su varita. Y cuando le vi abrir los ojos aún más en gesto de sorpresa supe que se había desecho de mi disfraz.
El mareo me volvió en enormes oleadas y mis ojos se cerraron sin poder evitarlo. Notaba como mi cuerpo caía y como unos brazos fuertes me sostenían con suavidad.
Lo último que oí antes de perder completamente el conocimiento fue la voz de mi hijo susurrando con preocupación…
"Padre."
Bueno, esto es todo por hoy. Como ya he acabado este semestre y ahora estoy viajando por Estados Unidos, pues entre viaje y viaje intentaré escribir. Aunque como siempre no aseguro nada. De todas formas, la última vez dije que tardaría menos, y he tardado menos, así que espero que eso sirva de algo. ^_^ Y nada, ahora que tengo vacaciones intentaré escribir más para manteneros contentos.
Gracias a todos por leer y por aguantar las largas esperas.
Un besito a todos,
Debauchi
