Capítulo 1 - Buenos días:

(MACC)

Aporrean mi puerta. Me paso una mano por la frente y abro los ojos ante una luz cegadora. Reacciono entonces. Me visto deprisa, y corriendo alcanzo el pomo de la puerta a tiempo antes de ser destruido por esos golpetazos.

-Mika, ¿has venido corriendo? –le pregunto a la mujer de ojos oscuros y ansiosos que jadea sin lograr calmarse- ¿Qué pasa?

-¡Macc, por favor ayúdame! –dice mientras se agarra con fuerza a mi blusa. Se calma y sigue- Ayer, llegó una chica nueva. Es la nueva compañera de Levi, pero me he pasado por su habitación y dice que no se ha presentado nadie. Y sí…

-No le ha pasado nada –mis intentos para calmarla, son un esfuerzo en vano. Sus nervios empiezan a contagiárseme-, ¿no sabes dónde puede estar?

Ya respirando normal, cierra los ojos y empieza a pensar. Michaela siempre es muy sobre protectora con sus alumnos y cualquier ser, cosa o animal que tenga relación con el internado. Aun que sí que es cierto que no se puede dejar a los alumnos nuevos mucho tiempo solos. Ha dado el caso de ver espías merodeando con la intención de secuestrar a los inexpertos para educarlos y unirlos al gremio enemigo. Mika abre sus ojos oscuros de repente –de una manera algo terrorífica- y sigue con el tema:

-Bueno, me preguntó por la biblioteca y le indique el camino. Pero, ayer fue domingo, estaba cerrada… ¡Soy lo peor!

Entrelaza sus dedos en su rubio cabello, pensando donde puede estar. Espera, ¿Ayer fue domingo? Yo soy el encargado de la biblioteca y no la había cerrado. Mierda. Mika, no es lo peor… ¡soy yo!

-Mika, ya sé donde está, voy a buscarla. Diles a mis alumnos que hagan la página catorce.

Echo a correr, escuchando unos gritos a mis espaldas.

-¡Macc, no sabes cómo es! ¡Como esperas encontrarla!

Me paro enfrente de una enorme puerta de madera blanca, que efectivamente está abierta. Entro y al ver la enorme construcción que me encuentro, suspiro. La biblioteca tiene una sala por cada asignatura. Así que me esperaban por comprobar diez salas que de pequeñas, nada.

Algo desesperado ya, por mirar nueve sin ningún efecto, entro a la última. A simple vista, nadie se encuentra aquí y resignado, ya dispongo a marcharme. Pero entonces, caigo en que no he mirado la última mesa, la que está escondida entre las estanterías. Sinceramente, dudo que este ahí, pero es el único sitio en que… Bingo. Un bulto rojo y marrón duerme apoyado en la mesa. Es una chica, lo indica su larguísimo cabello castaño oscuro, escalado hasta el final de la nuca, y liso lo demás. Hay dos maletas azules al lado de la mesa, y un bolso de cuero negro encima de ella, así que no me equivoco, es la nueva. No se le ve la cara, porque mira hacia la pared donde la mesa está prácticamente pegada. Una sensación de alivio recorre mi cuerpo al ver que está bien.

-Buenos días –digo en un tono más alto de lo corriente.

Las delgadas y cuidadas manos en las que antes se apoyaba su cabeza, ahora apartan los libros donde se había acostado encima. Se empieza a estirar de una manera felina y entonces, un par de ojos azul grisáceo buscan el origen de la voz que antes había surgido de la nada. Me quedo abstraído mirando el rostro de esa chica; una piel blanca y delicada, ojos grandes con el iris de diamantes, cara ligeramente redonda, labios finos, el inferior un poco más carnoso. Refleja inocencia por todos los lados, parece una muñeca, delgada, delicada.

Entonces, una sonrisa asoma por sus labios melocotón.

-Buenos días.

(KAY)

Mi sueño se ve interrumpido por un hombre. Es alto y corpulento. Es muy atractivo, con esos ojos turquesa y su cabello castaño desaliñado. Me froto los ojos y cierro los libros que previamente había apartado para estirarme cómodamente.

-¿Qué haces aquí? ¿Sabes la hora que es? -dice con tono serio e imponente, pero poco me importa.

-La verdad es que no… ¿Aún es domingo? -pregunto frotándome los ojos- No, supongo que no.

A él no puede evitar escapársele una sonrisilla, pero intenta cubrirla para volver a su cubertura de imponencia.

-¿Cómo te llamas, en que clase estás?

-Me llamo Kay Moone y… -saco un papel que contiene mis datos personales, la clase en la que estaré y el horario. Me lo dio ayer una mujer; Michaela se llamaba- mira, yo no me entero, así que me harías un favor si me lo aclararas.

Coge el papel y lo mira unos momentos. Observo mi alrededor. En comparación con el resto del edificio, la biblioteca es un anticuario; con este suelo de madera desgastada y las estanterías viejas, pero pese a la apariencia llama la atención que apenas haya polvo y los libros estén encuadernados y en muy buen estado. Alguien cuida muy bien de este sitio.

-Bueno Kay, soy Macc, tu tutor –dice sin saber que expresión poner.

Me sorprendo. Justamente él, que me ha pillado durmiendo el primer día de clases… Casualidades de la vida.

-Vaya… ¡Al menos me ha tocado uno guapo! –exclamo con una sonrisa, tomándomelo por la parte positiva.

Él se ríe, se pasa la mano por el pelo y me mira fijamente a los ojos.

-Contigo no se puede fingir seriedad.

-Supongo que no. Igualmente, no deberías fingir algo que no eres. Si quieres que la gente te tenga respeto, es mejor que sea por tus cualidades.

Parpadea estupefacto. Me mira dudoso y sonríe, enseñando unos dientes perfectamente colocados y blanquísimos. Su sonrisa me ciega.

-¿Qué hace una alumna echándole una charla así a su profesor? –pregunta riéndose mientras coge los libros encima de la mesa y se sienta enfrente mío.

Los empieza a ojear. Me aparto el pelo, dejando al descubierto un piercing en la parte superior de mi oreja izquierda. Él sube la vista del libro y la posa en mí.

-Bonito piercing –dice observando mi aro de brillantes.

-Gracias, estoy orgullosa de él –contesto con una sonrisa.

-Una pena que lo tenga que confiscar...

Me quedo mirándole incrédula. NADIE me confisca mi orgullo, NADIE.

-¿Cómo? No voy a dártelo… Me niego… No.

El se ríe, supongo que por le expresión que pongo y rectifica.

-Está bien, no te lo confiscaré hoy. Si lo llevas puesto mañana; despídete.

Se levanta y coloca los libros, justamente en el sitio del cual yo los había sacado, ¿es el encargado de aquí? Entonces coge mis maletas y me hace un gesto con la cabeza para que coja mi bolso. Sonrío por el acto y se lo agradezco.

Salimos de la biblioteca y empezamos a andar hacia una dirección desconocida para mí. Macc sigue sujetando el papel de información, así que confío en él. Nos quedamos en silencio, pero no en uno pesado. Voy fijándome en los detalles y características del increíblemente grande edificio. Todo es de mármol blanco, el suelo, las paredes, el techo, los marcos de las ventanas… Sus vidrieras son preciosas: con extraños mosaicos de símbolos y dibujos con diferentes tonalidades de azul. Los techos son altísimos, los pasillos amplios y hay mucha iluminación. Sin darme cuenta ya diviso mi habitación al fondo del pasillo.

-Bueno profe guapo, gracias por guiarme–digo pícara. No espero ninguna reacción en concreto, pero me gusta ver los distintos comportamientos de la gente y aprender de ellos.

Macc suspira y sonríe.

-No puedes decirme eso –responde acorralándome entre sus brazos. No, no me esperaba esa reacción.

-¿Porqué? –pregunto sin poder evitar mirarle los labios. Mierda. Vuelvo a dirigir mi mirada a sus ojos claros.

-Soy profesor, y tu alumna… -vuelve a ponerse recto y me hace un gesto para que abra la puerta. Ahora él sonríe pícaro, se ha quedado conmigo por completo.

-Gran deducción –aseguro guiñándole un ojo para arreglarlo un poco-. Guapo e inteligente, no se puede pedir más…

Cuando me dispongo a abrir, una chica con el pelo recogido en una coleta altísima aparece por el otro lado de la puerta. Nos la quedamos mirando, y ella a la inversa, durante unos segundos, hasta reacciona.

-¡Kay! ¿Eres tú, no? –exclama contenta- Vaya… ¿Dónde estabas? Mika te buscaba...

-Hubo un problemilla -la interrumpe Macc-. Llegas tarde Levi, muy tarde.

-Eso creía, ¡pero si tú estás aquí significa que no!

-Vete ya… Corre, largo.

Refunfuñando Levi se despide de mí y se va a paso ligero. Macc y yo entramos a la habitación, que sigue la misma decoración que el resto del internado. Él deja las maletas al lado de mi supuesta cama, y yo coloco mi bolso encima. Por la manera de hablar de ellos dos, me da la sensación de que se tienen confianza, y decido hacer algo de interrogatorio.

-Vaya, vaya Macc… ¿Qué te traes con esa chica?

-Lo has notado eh… Es mi hermanastra. Es una larga historia, no apta para alumnos a no ser que te lo cuente ella. Así que…

-Yo que ya me imaginaba una bonita historia de amor –digo sarcástica.

Estalla en una carcajada y me mira sin creerse lo que le acabo de decir.

-¿Alumno profesor? Tonterías, jamás sería para siempre.

Le miro pensativa, puede que tenga razón. Son relaciones difíciles: edad y demás. Aunque yo no creo en las "dificultades de la vida", yo creo que todo es difícil si tú de verdad te lo crees. Pero bueno, tan solo son dos opiniones distintas. Abro mi bolso para empezar a instalarme.

-Bueno, sería de ver. ¿Porque no pueden durar? Ambos tienen sentimientos y derechos, pueden enamorase como cualquiera otra persona –opino yo mientras coloco mis libros en la estantería libre.

Él se apoya en el marco de la puerta y se queda mirando como torpemente consigo poner los libros en la estantería más alta.

-Claro que tienen derecho a enamorarse. Pero aun así hay problemas por el medio.

Me ofrece su ayuda y coloca los dos libros restantes. Suspiro y me siento en la cama.

-Yo no creo en los problemas.

-.-.-.

Espero que os haya gustado, el primer capítulo. Repito lo que dije en el Prólogo: Los primeros son más bien suaves e introductorios. Me gusta que conozcáis bien a los personajes. ¡Espero reviews! Es lo que me da ánimos :)