Bueno esta historia se me ocurrió una tarde y pues decidí publicarla, espero les guste...


Curarte el alma

Prefacio

Rose Weasley estaba sentada sola en la torre de astronomía, lloraba como nunca lo había hecho. Por primera vez en su vida no se creía perfecta y todos sus sueños y ambiciones habían bajado de golpe. Dos meses atrás, John Maxwell, el hombre de su vida había terminado con ella de la forma más despreciable que podía existir.

Había estado tan emocionada. Se sentía algo asustada claro está pero totalmente emocionada. Había confirmado que estaba embarazada de nada más y nada menos que su novio. Rose pensaba que no había prueba más pura de su amor que ese bebe que estaba creciendo dentro de ella. Pero nunca imaginó que él los rechazaría.

Caminaba a toda velocidad con el corazón acelerado a causa de la emoción, Rose estaba a punto de confesarle a su novio que estaba embarazada, iban a ser padres. Cruzó rápidamente las puertas del gran comedor y lo vio, estaba comiendo, se notaba feliz y confiado.

Rose sonrió feliz, semanas atrás había accedido a mostrarle que lo amaba. ¿La razón? su relación con John se estaba apagando y ella no deseaba eso. Entonces, él le pidió una prueba, le pidió un voto de confianza y ella se lo había dado. No había sido como ella lo imaginó pero de seguro se debía por ser su primera vez. De seguro ambos disfrutarían de sus relaciones en un futuro, sin embargo, ese momento fue una tortura pero tenía que aguantar y dejarlo disfrutar, pronto le tocaría a ella.

Recordó con felicidad las palabras de amor que le había dedicado su novio. Él le correspondía, la amaba como ella lo amaba.

-John, debemos hablar… tengo algo importante que decirte –le dijo Rose con una sonrisa nerviosa en los labios.

-Perfecto, esperaba por ti –le dijo el pelinegro cortante. –Te escucho.

-¿Podemos ir a los jardines? –de pronto no se sintió tan segura, ¿acaso había hecho algo malo?

-Todo lo que tengas que decirme, Weasley, será aquí –espetó con cansancio John.

-Bueno… -Rose tomó asiento mientras revolvía rápidamente sus rizos. –Estoy embarazada… -susurró sin mucho tacto y con la mirada perdida en el suelo.

-¿Embarazada? –gritó John logrando llamar la atención de todos en el gran comedor. –Eres una zorra, ya sabía yo que no eras virgen cuando te entregaste a mi… seguro te has revolcado con toda la población estudiantil de Hogwarts.

Rose abrió los ojos como platos, ¿Cómo se atrevía a decirle esas cosas? ¿Acaso se encontraba en una pesadilla?

-John, baja la voz… todos nos están…

-A mi me interesa un bledo tu integridad, Weasley… -gritó aun más fuerte. Su hermano y sus primos se acercaron rápidamente. -¿Para eso te entregaste a mi?

Rose no podía emitir sonido alguno, lagrimas amargas caían por su rostro mientras reprimía sollozos sin mucho éxito.

-¿Qué te dije, Hugo? Tu hermana es una zorra y tu tratando de defenderla, allí esta… defiéndela ahora –las últimas palabras las dijo elevando su voz varias octavas.

-Hermana… yo creí –susurró Hugo sin mirarla a los ojos y luego negó con pesar.

-Hugo, ¿Cómo puedes… -Una fuerte cachetada detuvo su defensa. Se giró sorprendida al ver como su prima Lily la miraba con odio.

-Yo te creí… eras mi modelo a seguir… pero solo eres una maldita zorra –eso fue más de lo que pudo soportar, corrió hacia los jardines.

Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios, eso no había sido lo peor. Su padre, Ron Weasley, le había propinado la paliza que nunca en sus 16 años había recibido. Le había insultado y le había quitado todos los derechos de salida, estaría confinada en el colegio y en su hogar por siempre, o al menos eso le había dicho.

Lo más triste era ver que su madre no había intervenido, ver su rostro decepcionado le había roto el alma en mil pedazos.

Su vida en el colegio tampoco era muy agradable, casi nadie le dirigía la palabra y la mayoría la observaban con asco y pena. Pero eso ya no le importaba, la soledad no era tan mala. Conversaba a solas con su bebé… ¿A quien quería engañar? La soledad era terrible, ni siquiera Malfoy le dirigía un insulto, le tenía asco.

-Mi amor, nadie en este mundo nos necesita… -dijo Rose decidida. –Tus abuelos me odian, tu papá no nos quiere y mi familia me repudia. Lo mejor será desaparecer, pero ¿Cuándo?

Rose no se decidía aun de terminar con aquella tortura, ser Gryffindor no valía nada si le tenías miedo a la muerte.

Las campanadas sonaron a lo lejos, era hora de ir a clases. Luego tendría tiempo para volver y pensar en su destino. Bajo rápidamente, tenía práctica con Thompson su profesor de duelo. Al llegar se formo al igual que el resto de sus compañeros, sin embargo ya había dado inicio a la clase.

-Vaya, Señorita Weasley, nos honra con su presencia –dijo el profesor arrastrando la palabras con odio. -30 puntos menos para Gryffindor…

Rose frunció el ceño pero no se quejo.

-Le toca pelear contra su prima, Roxanne –Rose no se quejo, ya estaba acostumbrada a los duelos con su familia, ya no gozaba de privilegios ni con su propia familia.

Se acercó al centro del aula con la mirada gacha, no se atrevía a ver a su prima a los ojos. Sabía que estaba decepcionada.

-Hola, pequeña prima, prepárate –le indicó la rubia sin medir sus palabras.

-No tengas consideración, amor –John le daba ánimos a su nueva novia y esta ensancho más su sonrisa. –Recuerda, nos mintió con su embarazo.

A claro, había olvidado ese detalle. Todos creían que no estaba embarazada, que solo fue una vil jugarreta para retener a su ex novio.

-¿Preparadas? –amabas asintieron. –Saluden… ahora…

-Everte Statum –Rose voló por los aire y su cuerpo golpeó fuertemente contra el techo.

Rose sintió una fuerte punzada en su vientre y se alarmo, ¿Qué rayos le sucedida a Roxanne? ¿Cómo le iba a hacer eso?

-¿Estás loca? Mi bebé –gritó la pelirroja tocándose el vientre. La ira dominó sus sentidos y contraataco-. Expulso.

Sin embargo, Roxanne lo supo esquivar y sonrió victoriosa ante la falla de su prima.

-Levicorpus –Rose no logró defenderse de esta, entonces se vio de cabeza y a dos metros de alturas. Entonces, rogó… se tragó su orgullo y rogó.

-Por favor, Roxanne… no me dejes caer, mi bebé –decía la pelirroja con lágrimas en los ojos.

Scorpius Malfoy que hasta los momentos mantenía un perfil bajo comenzó a incomodarle la situación. Muy poco le importó todas las desgracias que le sucedían a Rose, pero… ese miedo y esa angustia solo podía tenerlo una madre.

Se acercó a toda velocidad para impedir cualquier locura. No sabía porque en ese momento era importante, nunca le importó pero sintió miedo por ella y por su hijo. No cabía duda, ella iba a tener un hijo.

-Weasley, detente –gritó furioso el rubio.

-Vaya, primita, te ha salido defensor –la pelirroja sonrió con malicia. –Como quieras…

Un grito desgarrador de parte de Rose sorprendió a todos seguido de un fuerte golpe. Scorpius corrió a su encuentro y se horrorizó al ver el charco de sangre que salía de sus piernas.

-Malfoy… ayúdame, mi bebé –gritaba entre jadeos. –Mi bebé…

-Tranquilízate… Maldición Weasley, ¿Qué has hecho? –bramó el rubio encarando a Roxanne que estaba horrorizada.

-Yo… yo… -gruesas lágrimas caían descontrolada en su rostro. –Yo pensé…

-No pienses, a ninguno de ustedes se les daba pensar –culminó antes de salir con Rose en sus brazos.