Hola de nuevo... quiero empezar este capitulo agradeciendo a todos los que me dejaron un review... en verdad no espere tanta respuesta, tanto es así que este fic que estaba pensado para cuatro capitulos pasa a ser de 7 o de 9.... espero seguir contando con sus comentarios y todas las sugerencias son bien recibidas, una vez más gracias.

Daniel, espero que pronto tus problemas se solucionen, Rose... sigue recuperandote y Naravills, gracias por todo tu apoyo... Nekita, amiga gracias por tus parrafos y tu confianza. Sin mas los dejos con la lectura.


Yukari "El nombre del amor"

Por Amy Black

Capitulo 2 "La llegada de un Nara"

"...Dulce niña, tierno amor

Que miras los cielos

Con esperanza pura.

Hemos visto tu dolor

Hemos visto tu dulzura

Hoy te espera una gran aventura..."

Muy cerca de la frontera con el país del viento, se encuentra un pequeño pueblo muy pobre. Olvidado, casi abandonado muy pocos fueron los que se quedaron. Justo a la orilla del bosque se encuentra una vieja casona, que otro tiempo perteneciera al hombre rico y que ahora sirve de casa para algunos niños que ha sido llevados por sus padres que han ido a la guerra. Muchos de ellos volverán por sus retoños y otros no irán jamás.

Los pequeños son cuidados por 6 personas, cuatro de ellas mujeres y dos hombres, ellos tratan a los niños como si fueran de ellos.

Hace algunos años, antes de que el conflicto estallara una mujer apareció cerca del bosque, estaba gravemente herida y fue imposible salvarla. Un bebe recién nacido buscaba calor en aquel cuerpo casi frió. Yukari, la llamaron así por petición de una carta, que supusieron era de su verdadera madre. Enterraron a la mujer y desde entonces la pequeña vive con ellos.

Yukari, creció en un ambiente sano y hasta cierto punto familiar pero no fue hasta que comenzó a ver a los pocos niños de la aldea que pregunto por sus padres, sin tener una respuesta que calmara su sentir decidieron decirle que ellos la habían dejado bajo su protección y que tal vez un día vendrían por ella. Jamás imaginaron que aquello lo tomaría como una promesa y que siempre esperaría por ellos.

Poco a poco los niños fueron llegando y la pequeña dejo de estar sola.

Shizuru, una ex shinobi de 47 años era una mujer bondadosa y pacífica, encargada de aquel improvisto orfanato. Aquellos niños siempre la hacían olvidar los horrores de su pasado shinobi, tal vez por eso los quería tanto.

Su seguridad y bienestar era lo principal, por eso ahora frente a ella se encontraban tres shinobis de la Hoja.

- Nuestra reciente paz hace que poco a poco nuestros miedos desaparezcan pero aun así tememos por algunos rebeldes que pudieran intentar algo en contra de nuestra aldea; es por eso que le he pedido ayuda a su aldea. – explicó Shizuru a los tres hombres frente a ella.

- Descuide nosotros… - intentó decir uno de ellos antes de ser abruptamente interrumpido.

- ¡Shizuru san! – gritó una mujer entrando en la vieja habitación que servía de oficina principal

- ¿Qué ocurre Akane? – preguntó Shizuru con un deje de tranquilidad en sus palabras. – Aunque algo en mi interior me dice que sé el motivo de tu angustia es Yukari. – sus labios se curvearon ante lo que imaginaba.

- Esa niña va a sacarme canas verdes. Se ha enterado de lo que ha hecho… - dijo Akane sin poner atención en los hombres que la observaban. – Amarro unos patitos con un cuerda a la pata… debió de ver aquello…

- Tranquila Akane… no creo apropiado que nuestra visita se entere de los detalles de una travesura. – dijo Shizuru haciendo que la joven viera por primera vez a los shinobis y que un leve sonrojo adornara sus mejillas.

- Lo siento mucho yo… - trato de disculparse la joven.

- Has pasar a Yukari. – dijo Shizuru mientras Akane desaparecía de la habitación. – Disculpen caballeros…

Una pequeña entro en la habitación, su cabeza estaba baja en señal de que esperaba una tremenda reprimenda.

- Yukari, podrías decirme ¿Por qué lo has hecho?... A caso no te dan pena los pobres patitos.

- Shizuru san… por eso lo hice. Si los patitos se perdían estarían solitos, sin su mamita y entonces lo pasarían mal; podría llegar alguien malo y lastimarlos. – dijo la pequeña mientras sus ojos se llenaban de lagrimas. – No quisiera que se quedaran sin sus papitos. Lo siento mucho.

- Yukari tienes un corazón noble pero no es la manera en que se hacen las cosas. La patita no tendría porque dejarlos. – agregó Akane con cierta molestia.

- Akane, me parece que lo que ha hecho Yukari ha sido más noble que malo, no podemos reprenderla por tener un buen corazón. – dijo Shizuru mirando tiernamente a la niña. - Pequeña puedes salir a jugar.

- Gracias Shizuru san. – contestó Yukari sonriendo.

- La pureza de los niños es inimaginable. Siento mucho haberlos hecho ver todo esto caballeros. – se disculpo Shizuru con los tres ninjas frente a ella.

- No se preocupe, nosotros también somos padres y aunque ahora nuestro hijos son mayores, sabemos lo difícil que son esa edad, sobre todo las mujercitas. – contestó Inochi Yamanaka.

- O de lo problemático que son los niños. – agregó Shikaku Nara.

- Y de lo comelones que son algunos… - finalizó Chota Akimichi.

Una leve risa inundo la habitación antes de que la mujer volviera a hablar.

- Volviendo a nuestra platica, nuestra aldea….

Mientras tanto afuera de la casa, una niña esperaba a su amiga. Sus manos apretaban ligeramente su mandil en señal de que estaba nerviosa pero aquello desapareció apenas la vio aparecer y sin pensarlo corrió hacia ella.

- ¡Yukari! Estaba muy asustada… sentía como si me estuvieran regañando a mí.

- Lo siento Misato, no lo volveré hacer…

- Miren aquí está la niña que se cree niño… - dijo la voz burlona Ryuichi. - ¿Te volvieron a retar?

- Deja de molestar, si no te dejare el otro ojo morado.

- ¿Acaso crees que te tengo miedo?... Si la otra vez te deje, fue porque eres una niña y un niño no debe golpear una niña. Por cierto, sabes la nueva noticia… muy pronto tendré padres.

- Deben estar locos… quererte como hijo, vaya tontería.

- Estas celosa porque ellos te iban a adoptar, pero no quisieron una hija marimacho.

- ¿Qué dijiste? – dijo Yukari enojada dejándose ir a golpes a Ryuichi.

- Basta de una buena vez. – dijo una voz gruesa y firme. – Sepárense de una buena vez.

- ¡Mamoru san! – gritaron los niños y de inmediato Yukari y Ryuichi se separaron.

- Están por dejar de verse y se despiden peleando. – comentó Mamoru a los dos niños. – Los buenos amigos no deben pelear.

- Ella no es mi amiga. – dijo Ryuichi.

- Ni él mi amigo. Sus padres deben ser unos estúpidos para escogerlo como hijo…

- No lo son y no dejare que hables mal de mis nuevos padres. – gritó Ryuichi enojado, apretando sus puños. – Tus padres no te quisieron y por eso te dejaron aquí, nunca vendrán y te quedaras sola, niña tonta y fea.

- Basta de una buena vez, ambos discúlpense por lo que han dicho. – dijo Mamoru con severidad.

- ¡Nooo! – gritaron ambos niños.

- Muy bien, entonces hoy no habrá postre para ninguno de los dos y pueden irse a sus habitación de una buena vez. – reprendió Mamoru. – Y no me hagan tener que llevarlos.

- Mis padres si vendrán, todos ustedes lo verán… - gritó Yukari en un arrebato de enojo y de tristeza, como deseando estar segura de que ellos irían por ella. Sin esperar a que alguien dijera algo, salió corriendo sin rumbo fijo.

Sentía un dolor creciendo dentro de su pecho, como si estrujara su corazón. Una ligera lluvia comenzó a caer y no importo si se empapaba.

"Quiero que regresen… cada vez que cierro los ojos, los imagino a mi lado… cuidándome y protegiéndome"

Dijo entre sollozos mientras sus ojos se inundaban y sus lágrimas se confundían con el agua de la lluvia. Corría sin importarle nada más que aquel sentimiento de vació, como si su propósito en la vida hubiera sido arrancado… ¿Cuál es mi propósito?

Y siguió llorando bajo la lluvia, gritando y llamando a sus padres. Poco a poco la llovizna fue cesando y al poco tiempo un arcoíris se asomo entre las nubes. La pequeña Yukari se sentía agotada, triste y vacía. Fue entonces que algo llamo su atención, un extraño artefacto la había protegido de la lluvia por un momento, era negra como una sombra.

- No debía un chiquilla como tu correr bajo la lluvia podrías resfriarte. – dijo una voz gruesa saliendo detrás de un árbol.

- ¿Quién es usted? – preguntó la niña con curiosidad. – Y ¿Qué es eso? – dijo señalando el artefacto arriba de ella.

- Es una especie de sombrilla de sombra, que te ha protegido de la lluvia. – respondió el hombre deshaciendo su jutsu y aquello sobre Yukari desapareció.

- ¿Sombrilla? Más bien parecía una araña aplastada… - dijo Yukari riendo provocando que el hombre riera también.

- Me recuerdas a mi hijo, precisamente él dijo lo mismo en una ocasión.

- Su hijo debe ser muy listo... – dijo Yukari entre risas.

- Eres más linda cuando ríes que cuando lloras pequeña, deberías reír siempre. – comentó el hombre mientras la pequeña se sonrojaba.

- ¿Me vio mientras lloraba?

- Descuida pequeña, todos hemos llorado alguna vez; generalmente yo lo hago cuando mi querida esposa me reprende. – susurro el hombre. – Por cierto, ¿Cuál es tu nombre pequeña?

- Me llamo Yukari, y ¿usted?

- Mi nombre es Nara Shikaku y es un placer conocerte linda. – dijo Shikaku sin entender aun que le había hecho ir tras la niña cuando la vio correr, solo sintió una opresión en el pecho y sin más había ido hacía ella. El verla llorando de aquella manera le había recordado a su querida esposa, Yoshino; una mujer dura pero indiscutiblemente frágil y más cuando se trataba de su retoño.

- Su peinado se parece al de una piña… es gracioso, me gusta. – murmuró Yukari aun con una sonrisa en sus labios.

- Es el halago más raro que he recibido, gracias linda. – respondió Shikaku sintiéndose extraño. – Será mejor volver, no me gustaría que te enfermeras.

Desde ese momento la pequeña no se separo de Shikaku, quien cada vez sentía querer más a la niña. Cada vez encontraba algún parecido con su hijo, Shikamaru ó de su esposa Yoshino; a sus compañeros les resulto curioso ver al aburrido y problemático de su camarada, embobado con tan tierna criatura.

- Quien lo diría, Shikaku Nara fascinado con una niña cuando toda su vida pensó que eran demasiado problemáticas. – dijo Inochi irónicamente.

- Basta Yamanaka…

- Inochi, deja que nuestro amigo vuelva a revivir los años en que su hijo era tan solo un crió. – agregó Chota riéndose al ver el rostro molesto de su amigo.

- Pueden burlarse todo lo que quieran. – dijo Shikaku cansado mientras se sentaba sobre el pasto. – Algo en esa pequeña me hace recordar a lo que más amo y por raro que pueda parecer, no quiero separarme de ella. Necesito volver a Konoha y hablar con Yoshino.

- No estarás pensando en… adoptarla. – dijo Inochi viendo a su compañero fijamente.

- Tú lo has dicho, pero esta es una decisión que no puedo tomar solo…

****

Tres días habían pasado, desde el inicio de su viaje hasta su destino, un lugar solo para los dos. Una sonrisa se dibujo en sus labios al recordar a su querida Temari, ansiaba verla, tocarla y sobre todo hacerla suya una vez más; cuantas noches de soledad había pasado con su recuerdo y ahora finalmente volvería a tenerla entre sus brazos.

Una sonrisa se dibujo en sus labios y sus ojos brillaron con más intensidad al verla a lo lejos. Temari esperaba a su amado con la misma intensidad que él, había tantas cosas que deseaba, finalmente las pesadillas terminarían.

- ¿Crees en el amor a primera vista o tengo que volver a pasar delante tuyo? – dijo Shikamaru sonriendo.

- Te he extrañado tanto, mi dulce bebe llorón. – respondió Temari abrazándolo con fuerza, como temiendo a despertar y no tenerlo con ella.

- Y yo a ti, moría por ver esa sonrisa tuya… que solo a mí me das. – besó su cabeza mientras su brazos la apretaban más a él. – Jamás volveremos a separarnos. – dijo Shikamaru con determinación. – Aun cuando los ancianos de nuestras aldeas decidan otra tontería, no estoy dispuesto a ceder esta vez.

- Ni mucho menos yo… no después de todo lo que he vivido. – añadió Temari aferrándose aun más a Shikamaru. – No vuelvas a dejarme.

- Temari, no lo haré otra vez… no dejare que me aparten de ti. – prometió besando su cabeza. - Temari, ¿Qué pasa? Tú no eres así. – cuestionó Shikamaru preocupado. – ¿Ocurrió algo mientras estuve ausente? – sintió temor a sus propios pensamientos.

- Oh Shikamaru… Los recuerdos me atormentan…

- ¿Qué sucedió? – preguntó Shikamaru con temor.

- Hace seis años, cuando nos vimos por última vez y nuestros cuerpos se fundieron en uno solo… algo precioso nació, tu semilla se quedo dentro de mí fortaleciendo nuestro amor. – miró hacia Shikamaru buscando sus ojos.

- Algo tuyo y mío… - una sonrisa se dibujo en su varonil rostro, la felicidad de saberse padre lo inundo. – Mi amor… estuviste sola y yo… - Shikamaru callo de pronto al ver que Temari aun no terminaba.

– No me importo que el consejo de mi aldea se enojará e intentará persuadirme de perderlo, no dejaría que nada le pasará pero… a tan solo días de alumbramiento alguien me ataco y el parto se adelanto. – Temari guardo silencio por un momento al ver el rostro asustado de su amado.

- ¿Quién te ataco? ¿Dónde estaban Gaara y Kankuro? – preguntó con angustia.

– No te asustes, nació… aunque caí en un ligero estado comatoso. Gaara y Kankuro, no se encontraban en la aldea, no fue su culpa. A mi despertar muchas cosas ocurrieron, me aterre al ver mi vientre plano y aun más el no saber donde se encontraba nuestro bebe. Fueron mis hermanos quienes me informaron que había sido niña pero que había fallecido. Quise morir en el acto, te había fallado… los días transcurrieron en depresión y más cuando veía a las mujeres cargar a sus bebes.

- Temari, sufriste todo eso sola y yo no estuve contigo, ¿Qué clase de hombre soy?...

- Shikamaru, tú no lo sabías y no había modo de que lo supieras. Y no cuestiones la clase de hombre que eres… porque Kami me puso en mi camino al mejor de ellos. Te amo.

- Aun no sé como una mujer como tú, está conmigo. Tú eres la que me hace el hombre soy. No quiero imaginar todo lo que pasaste y todo lo que sufriste, en silencio… Nos casaremos como lo planeamos y muy pronto tendremos un hijo y esta vez no estarás sola.

- Oh Shikamaru… sabía que no me dejarías y que compartirías conmigo este sufrimiento pero aun hay algo más. Hace tres días, cuando preparaba mi equipaje para venir a tu encuentro fui llamada por uno de los ancianos del consejo de la arena. – dijo Temari sin romper el contacto visual. – Ese hombre me narro el más vil de sus actos, ese hombre fue el causante de mi ataque y aun más, del destino de nuestra pequeña… - su voz comenzó a romperse. – Intentó asesinarla mientras yo no podía defenderla, pero mi amiga Takara logro salvarla y escapo con ella… y por lo que Gaara logró enterarse nuestra pequeña aun sigue con vida… Shikamaru, debemos…

- No hace falta que lo digas, vamos a buscarla hasta el fin de mundo y pararemos hasta que la tengamos en nuestros brazos. Te prometo que no descansare hasta verla en tus brazos.

Sus miradas volvieron a conectarse y sus almas se encontraron entre un laguna negra y una laguna verde.

- ¡Bésame! – pidió Temari con deseo.

Y fue aquello una invitación para que sus labios se unieran, fue embriagador el néctar de sus bocas. Mientras sus manos recorrían sus cuerpos, hambrientos y ardiendo en deseo. Una caricia del alma para dos corazones lastimados por la distancia.

Fue el crepúsculo testigo de lo que hicieron sobre el pasto, de cómo sus cuerpos se unían y de los gemidos ensordecían los sonidos de la naturaleza.

Retozaron sus cuerpos de deseos de amar, recorriendo con lujuria cada parte de su ser acariciando de los pies a la cabeza. Shikamaru paso su lengua reconociendo la anatomía de su mujer, depositando en su boca sus deseos.

- Te amo… - susurro Shikamaru.

Continuara…