Hola!!! Han pasado tantas cosas en esos días que tarde en actualizar.... pero hay una en especial y es el reencuentro con mi amiga de la infancia, mi hermana... por x circustancia nos separamos y caminos diferentes tramos pero nos hemos vuelto a encontrar.... comprobando que aquel pacto que hicieramos de niñas se ha hecho fuerte... Este capitulo esta dedicado a mi amiga Erika.

Quiero agradecer a mi beta, Maria T. por toda su ayuda y paciencia... eres la mejor y a mi amiga Marina, que siga disfrutando de su regalo....


Yukari "El nombre del amor"

Por Amy Black

Capitulo 3 "Un deseo..."

Si estoy caminando,

su mano toma la mía.

Si paseo en mi bici,

me sujeta por atrás.

¡Él es el más grande,

él es mi papá!

Subida en sus hombros,

me hace volar.

Fuertes son sus besos,

largos son sus brazos.

Su peinado es singular,

Así debe ser mi PAPÁ...

- ¡Yukari! ¡Yukari!... – gritaba una niña mientras busca con desesperación a su amiga. – ¿Dónde estás?

- Porque tanto escándalo... – respondió una voz perezosa tras unos arbustos. - ¡Misato! ¿Qué haces aquí?

- ¡Yukari!, eres muy mala... he estado buscándote por todos lados mientras tú estabas durmiendo... – reclamó Misato, mientras su rostro dejaba ver a su amiga su enojo.

- Lo siento. – dijo Yukari avergonzada. – Luego de clase, vine aquí para dibujar un rato y luego me recosté, nunca me había puesto a ver lo interesante que podrían ser las nubes. Son esponjosas, he imagino que son suaves.... no recuerdo en que momento me dormí. Lo siento.

- ¿Cómo logras siempre salirte con la tuya? Me he preocupado, estaba por llamar a la sensei...

- Lo siento...

- Mejor vayámonos, no quiero pasar mi ultima tarde contigo peleando.

Aquellas palabras hicieron eco en Yukari, ocasionando una repentina tristeza. Su querida amiga Misato se marcharía por la mañana, sus padres irían por ella. Había estado evitando todo el día recordarlo, sabía que era egoísta pero no quería que se fuera no quería quedarse sola.

Entonces las palabras de aquella conversación, que había escuchado a hurtadillas entre su sensei Akane y Shizuru san, llego a su mente en ese momento.

- Me alegra ver que la gente esta volviendo y muchos de ellos por los niños que nos dejaron a nuestro cuidado durante la guerra. – comentó Shizuru sentándose en su silla tras el escritorio. – Lo único que nubla mi alegría, es el destino incierto que se ciñe sobre Yukari.

- Shizuru san, comparto su preocupación. Yo misma he visto lo que ha hecho para evitar ser adoptada y temo las consecuencias, sufrirá al ver partir a sus amigos... sobre todo a Misato, son como hermanas.

- No debí permitir que Higashi san la entusiasmara con la promesa de que sus padres volverían, pero era tan pequeña y llena de preguntas que no le di la importancia. – respondió Shizuru masajeando su sien.

- Pero Higashi san me contó que existía una carta, escrita por su madre. Tal vez nosotros podríamos...

- La carta no es de su madre, si no de la mujer que la traía. Con sus ultimas fuerzas alcanzo a escribirla y lo único que sabes de sus padres, es que uno pertenece a la aldea de la hoja y otro a la aldea de arena.

- Pero podríamos investigar y tal vez encontrar a sus padres...

- No Akane, no lo haremos. – dijo Shizuru sin ánimos. – No sabemos el verdadero motivo que llevo a esa mujer cargar con la pequeña, desde lugares tan lejos y tan herida, al parecer huía de algo o de alguien.

- Pero y ¿si ellos la están buscando? Podría existir una esperanza.

- Akane, comienzas hablar igual que Yukari. – mencionó Shizuru sonriendo ante la comparación. – Y antes que tú, también lo hacían Higashi y Mamoru. Todos deseamos la felicidad de la pequeña que nos hemos olvidado de los misterios de su llegada con nosotros; existe la posibilidad de que ni siquiera sus padres la estén buscando.

- Tiene razón, no había pensado en ello. – suspiró Akane con pesadez. - ¿Qué haremos?

- Lamentablemente el permiso que nos fue otorgado por el señor feudal del fuego esta por expirar y debemos volver a nuestra aldea ahora que el malentendido fue aclarado. Me gustaría poder llevar a Yukari con nosotros al país del Arroz, pero no es lo correcto. – meditó sus palabras con suavidad, si había algo que Shizuru detestaba era tomar ese tipo de decisiones. – Debemos buscarle un hogar.

- ¡Yukari!... ¿Estás escuchándome? – preguntó Misato e hizo volver al presente a la niña.

- Si tu eres feliz, yo también lo seré. – dijo Yukari, sintiendo que sus palabras no eran del todo ciertas. – Voy a extrañarte mucho. – sus ojos comenzaron a llenarse de lagrimas.

- Yo también lo haré... – respondió Misato con tristeza. - Pero sabes creo que tus papitos vendrán muy pronto por ti. – añadió abrazando a su amiga. – Y entonces seremos felices las dos.

- Mis padres no vendrán, ellos no quieren de mí. – dijo Yukari llorando. – Pero sabes ya sé como es mi papá, y no quiero otro.

- ¿De que hablas Yukari?

Yukari rompía el abrazo, y recogía del suelo una hoja de papel. Ver lo que había dibujado, la hizo sonreír.

- Él es mi papá... y no quiero otro que él.

- Pero Yukari, él es ninja de la hoja... Nara san. – dijo Misato sorprendida.

- Y será mi papá... – dijo Yukari sonriendo.


*****

Shikamaru no había podido dormir bien, a pesar de tenerla en sus brazos; la había hecho sufrir y no solo a ella, a su pequeña también. ¿Cómo sería? ¿Estaría bien? ¿Creería que otros son sus padres?... miles preguntas lo hostigaban. En ocasiones como esa, se lamentaba de su mente porque no podía ser un poco como Naruto... menos pensamientos y más acción.

Ahora se encontraba viajando junto a su amada Temari, en dirección al noroeste aun pequeño poblado cerca de la frontera con el país del viento, existía la esperanza de que la amiga de Temari se hubiese ido a aquel lugar. Deseaba con todas sus fuerzas que así fuera. Les tomaría al menos un par de días.

- Estas muy callado... ¿Qué sucede? – se atrevió a preguntar Temari, luego de estar observando el rostro de su amado durante algunos minutos.

- Solo mi mente, que no deja de pensar. – respondió Shikamaru. – No debes preocuparte, nuestra prioridad es encontrarla y darle todo el amor que le fue negado...

- Oh, Shikamaru... perdóname tanto, un descuido mío ocasiono todo esto.

- No seas tonta mujer, tú no tienes culpa alguna... si alguien debería pedir perdón, ese soy yo. – se recrimino Shikamaru, deteniéndose en la rama de un árbol. – Lo que hice no lo hace un hombre, permití que tu honor se manchara y ahora nuestra hija también pago el precio de mi torpeza.

- No quiero que vuelvas a culparte. – dijo Temari enojada. – Tú estabas haciendo lo correcto para poder estar juntos, tú no sabías. Hagamos algo, no volvamos a culparnos... dejemos el pasado atrás y solo veamos el futuro. – tomo entre sus manos aquel rostro masculino que la derretía. – Te amo.

- Y yo a ti aún más, mi adorada, mi mujer problemática. – musitó antes de besarla apasionadamente. Nada, ni nadie lo separaría de ella nunca más.


******

Tres días más tarde....

- Hemos terminado nuestra misión aquí, Shizuru san. – informó Inoichi Yamanaka. – Mañana partiremos a nuestra aldea.

- Agradezco su ayuda y la del Hokage; por favor háganle llegar este mensaje. – dijo Shizuru entregando un rollo de pergamino. – Espero que en su estancia haya sido agradable y les informó que hemos preparado una pequeña cena en su honor.

- Muchas gracias, Shizuru san... – dijo rápidamente Chousa Akimichi. – Una cena jamás se desprecia.

- Shizuru san... – musitó Shikaku Nara que había permanecido en un rincón. – Quisiera pedirle un favor, podría otorgarme la custodia de la pequeña Yukari.

- ¡Shikaku! – dijeron Chota y Inoichi, sorprendidos de las palabras de su compañero.

- Me gustaría llevarla conmigo a casa, en este poco tiempo le he tomado un cariño especial. Si usted me lo permitiera, mi esposa y yo seríamos los padres que necesita esa pequeña. – dijo Shikaku viendo serenamente a la mujer.

Aquella confesión tomo por sorpresa a Shizuru, en parte porque le recordaba el hecho que debía encontrarle un hogar a la pequeña y por otro lado el hombre que tenía enfrente, conocía muy poco de él como para confiarle a Yukari.

- Se lo que debe estar pensando, Shizuru san. – Shikaku sonrió mientras dirigía su mirada primero hacia sus compañeros y luego a la mujer. - ¿Cómo puede saber la clase de hombre que soy? ¿Cómo pretendo llevarme a una niña que apenas conozco?... yo se lo explicaré...

Shikaku tomó asiento frente a Shizuru y tras sonreír perezosamente continuo.

- Los hombres que están aquí, me conocen de toda la vida y ellos pueden decirle la clase de hombre que soy. En la aldea de la hoja, me espera mi mujer con la que llevo varios años, tengo un único hijo que ha estas alturas ha decidido su camino y no dudo que tarde en tener su propia familia. Decirle que siempre desee otro hijo no sería sincero, pero tal vez ahora que me acerco al ocaso deseo de nuevo sentir que alguien depende aún de mi vitalidad. Esa pequeña ha llenado el hueco que mi hijo dejara al crecer, es por eso que reitero mi deseo de hacerla parte de mi familia. – dijo Shikaku cruzando los brazos.

- Agradezco su sinceridad. – dijo Shizuru sonriendo. – He visto el acercamiento de Yukari con usted, luego de la partida de su amiga Misato. Y créame que le soy sincera al decirle que no tengo los argumentos para negarle su petición... sin embargo no puedo pasar por alto los requisitos. Es necesaria la presencia de su esposa para adopción.

- Lo entiendo perfectamente. – una sonrisa se dibujo en los labios del Nara. – Y volveré con mi esposa para hacer todo legalmente.

Minutos más tarde Shikaku caminaba seguido de sus compañeros que seguían sin creer lo que habían escuchado en aquella habitación.

- ¿Estás completamente seguro de lo que vas a hacer? – preguntó Chousa.

- Shikaku, nuestro tiempo de padres ya paso. Deberías esperar la llegada de los nietos; tuviste suerte de que Shikamaru no fuera un chico problema y pretendes ahora involucrarte con una pequeña que apenas conoces.

- Inoichi, tiene razón nuestra etapa ya paso ó es que acaso tienes la crisis de la edad, en la que buscas sentirte más joven. – alego Chousa intentando buscar una lógica para lo que pretendía hacer su amigo.

- Por más que intenten hacer pensar lo contrario, ya he tomado una decisión y estoy seguro de que cuando Yoshino la conozca sentirá lo mismo que yo. – dijo Shikaku. – No puedo explicarles lo que esa pequeña me hace sentir cuando me dedica una sonrisa ó la angustia que se apodera de mi corazón cuando la veo llorar. Es como si algo me impulsara ha protegerla, cuidarla y mimarla.

- ¿Y te has puesto a pensar que dirá Shikamaru? – preguntó Chousa.

- Lo que mi hijo piense no afectará mi decisión. Además tarde o temprano aceptaría mi decisión, Shikamaru es un gran chico no deberían subestimarlo. – respondió Shikaku mientras seguía caminando. – Ahora si me disculpan tengo una cita y no la perdería por quedarme a platicar con dos viejos.


*****

Shikamaru y Temari habían viajado sin descanso, y la que más lo resentía era ella. Se sentía débil, exhausta y sus ojos le pesaban. Shikamaru no tardo en darse cuenta del estado de la kunoichi y se detuvo.

- ¿Qué pasa Shikamaru? Debemos seguir, ya estamos tan cerca. – dijo Temari fingiendo estar bien, aunque estuviera a su limite.

- Creo que será mejor descansar un poco. – respondió Shikamaru, sabía que si le preguntaba sobre si se sentía bien, ella le mentiría. – Hemos viajado por muchas horas y apenas hemos descansado. Si seguimos a este paso ambos caeremos fatigados ó peor a un llegaremos sin fuerzas a nuestro destino.

- Si, creo que tienes razón. – respondió Temari con pesar pero admitir que él tenia razón.

Dos horas más tarde tenían listo su campamento, Shikamaru le había pedido a Temari descansar pero ella se había negado hacerlo sola y él como buen novio le servia de almohada y ambos miraban el cielo.

- Te has puesto a pensar, en como es ella... – dijo Temari de pronto.

- No había pensando en ello, pero ahora que lo dices... la imagino con tu bella sonrisa... esa que solo tienes para mí.

- Pues yo la imagino más como tú, solo espero que no sea tan vago y tampoco que sea como yo, demasiado aguerrida. – una risita se escapo de su boca ante aquella mención. – Es perfecta, porque tiene lo mejor de ambos.

- Ella representa nuestro amor y nuestra huella en este mundo. Hace unas semanas soñaba con estar contigo y ahora que lo estoy, sueño con estar con ella y juntos los tres iniciar nuestra familia. – murmuro Shikamaru.

- Siento ansiedad, quisiera ya estar en ese lugar y encontrarme con ella pero también miedo de lo que podamos encontrar. ¿Y si algo le paso?...

- No te angusties antes de tiempo, en unos días estaremos ahí. Por ahora descansemos y reunamos la energía suficiente para el encuentro. – dijo Shikamaru acariciando aquel cabello rubio que tanto adoraba. – No podemos presentarnos frente a ella todos fatigados. Ahora duerme mi flor del desierto.

- Oh Shikamaru, gracias por ser mi soporte y por amarme.

- Siempre estaré a tu lado, aunque el mundo se acabe ahí estaré para ti... es una promesa.


*****

Pasar la tarde con Shikaku Nara, había sido muy agradable para Yukari. Tras la partida de su amiga Misato había estado muy triste, aquella primera noche había caído una fuerte lluvia y los truenos había resonado por toda su habitación; nunca antes había sentido tanto miedo, tal vez mismo la había hecho ir a la habitación del hombre que veía como un padre, de Nara Shikaku. Él le había permitido dormir a su lado y la había consolado, el miedo desapareció y desde entonces, todas noches se había escabullido para dormir con su figura paterna.

Yukari, por primera vez no puso resistencia ha ser adoptada, luego de que supiera por el mismo Shikaku su intención de hacerla su hija. Tendría que esperar unos días pero luego jamás estaría sola. Shikaku había pasado toda la tarde platicándole sobre su esposa Yoshino quien sería su madre y sobre su hijo Shikamaru, quien seria su hermano mayor.

- Estoy seguros de que a ellos vas a gustarles mucho. – comentó Shikaku mientras jugueteaba con la niña.

- ¿Y podré ser un ninja? – preguntó Yukari con inocencia.

- Claro que si, serás lo que tu quieras ser pequeña. La aldea de la hoja es un bello lugar para vivir, ya lo veras. Por lo pronto tendrás que esperar mi retorno.

- Esperare la llegada de mis nuevos papitos, porque los otros se olvidaron de mi. – su pequeño rostro entristeció y sus ojos se llenaron de lagrimas. – Ellos no vendrán, porque ni siquiera saben que estoy aquí...

- No llores mi niña ó seremos dos los que lo hagamos. No pienses de esa manera, tal vez ellos pensaron que era lo mejor para ti, un padre jamás desea separarse de su hijo, solo una causa poderosa logra hacerlo.

- No lloraré, seré valiente... – dijo Yukari entre lagrimas, tenía los cerrados fuertemente y las lagrimas escapaban por sus ojos.

- Así debe hablar un Nara... – dijo Shikaku y entonces a su mente llego una escena, ver al niña llorar era como ver a su hijo hace algunos años, llorando tras su primera misión. Eran tan parecidos.

- ¿Cuándo partirá? – se atrevió Yukari a preguntar.

- Mañana partiré con los primeros rayos de sol y regresare en menos de cuatro días.

- Toma, quiero regalarte mi dibujo. Soy yo la del dibujo, para que no me extrañes. – Yukari saco de entre sus ropas un trozo de papel doblado en cuatro partes y lo extendió hacia el ninja.

- Gracias, lo llevaré siempre cerca de mi. – dijo Shikaku tomando el papel y tras verlo lo guardo en su chaleco.

Estrellita, que en el cielo estás

Quiero seguir pidiéndote

Que a mis papis cuides...

Yo me iré de aquí

Pero nunca los olvidare,

Estrellita mi mensaje has llegar

Que en mi corazón siempre van estar.

En ese momento, Shikamaru y Temari sintieron un extraña sensación, como si alguien se estuviera despidiendo. Shikamaru abrazo con fuerza a Temari creyéndola dormida, mientras que ella dejaba escapar una lagrima de sus ojos.

Ninguno de los dos supo entender lo que pasaba, ni porque el desasosiego de sus corazones, ni el vació de sus almas. Solo se aferraron el uno al otro.


******

Yukari se despidió valientemente de Shikaku Nara, sin embargo cuando desapareció en el horizonte las lagrimas bañaron su rostro. Era una cobarde, pero que niño no lo es cuando se siente como yo Yukari en ese momento; un abrazo maternal la hizo tranquilizo, su querida Akane sensei la consolaba y susurraba palabras hermosas en sus oídos.

Shizuru, acompañada de Higashi y Mamoru observaban la escena. Cuanto extrañaría a esa pequeña que había curado sin saberlo sus heridas. Tan absortos estaban en la escena, que no se percataron de un intruso... un halcón se paseaba por encima de ellos y de pronto desapareció en el bosque.

Un grupo de seis ninjas esperaba el mensaje del ave. Solo un propósito rondaba sus mentes, acabar con lo que habían dejado hace 7 años. Su objetivo sería terminar con la vida y de esa manera no dejar cabos sueltos, para poder librarse de la furia del Kazekage de la Arena.

Continuara...