Hola de nuevo... si lo sé, me he tardado hoy más que antes en actualizar y cualquier excusa esta de más pero en verdad que los problemas reales me apartan de la fantasía, intentare que no me agobien tanto y poder actualizar más seguido en fin espero les guste como ha quedado el capitulo. Con cariño para todos ustedes...


Yukari

Por Amy Black

Capitulo 6 "¿Infidelidad?"

Es un sueño encontrarte

te abrazare a cada instante

y mi amor te daré con cada beso.

Hoy he dejado de tener miedo.

Hoy no estaré solita.

Hoy por fin te he encontrado.

Pero algo pasa

y la calma se va

las nubes negras vuelven aparecer.

No te vayas…. Porque vuelvo a temer.

- ¡PAPÁ! - gritó Yukari, mientras se liberaba del abrazo de la rubia mujer y búsqueda del refugio paternal. Sus palabras sorprendieron a todos pero en especial a una mujer.

Yoshino Nara miró a su hijo y después a la pequeña, de cabellos negros y mirada cancina. Entonces comprendió que esa era la sorpresa de la que hablaba su marido. Era abuela. Con aquella afirmación sus ojos brillaron, su sonrisa se contrajo pero todo cambio en un instante cuando miro que la niña corría hacia su padre y no ese no era su hijo.

Shikamaru, se sorprendió casi al mismo instante que su madre y su mente de inmediato pensó más allá. Su rostro lejos de mostrar asombro mostro enojo y decepción.

Temari permanecía absorta a los pensamientos que en esos momentos invadían la mente de madre e hijo. No entendía porque Yukari abrazaba a Shikaku Nara y se aferraba él pero pronto lo entendió todo.

- Tenía tanto miedo. La casa se quemo, mi oka san no la vi pero Akane chan me dijo que había muerto y que debía huir. – dijo la niña entre lágrimas. – Mientras corría sentí un fuerte dolor en mi espalda pero ahora papito, ya no tendré miedo.

Shikaku consoló a la pequeña entre sus brazos, ella podía enternecer su áspero corazón, el cual latía con premura y se contraía al sentir toda su tristeza. – No te preocupes mi niña, ya estoy aquí. – dijo el Nara sin romper el abrazo.

Aquellas palabras fueron la confirmación de su temor. ¡Ese hijo de…! La había engañado y peor a un, pretendía que ella pensará lo contrario cuando ante sus ojos tenía la prueba de la infidelidad. Apretó los puños tan fuerte que sus uñas comenzaron a lastimar su piel y el velo de la irá comenzó a cegar su buena disposición.

Shikamaru estaba absorto ante aquella escena, no podía simplemente creer que el hombre que tanto admiraba fuera protagonista. Su padre siempre había sido su ejemplo, la rectitud y sobre todo la clase de hombre que él deseaba ser. Como hijo no podía creer aquel engaño, pero como hombre podía entenderlo; giro su mirada hacia su madre la conocía demasiado bien para saber esta por explotar, una vez más giro su mirada hacia su mujer.

Temari por su parte miraba con dulzura a la pequeña, ahora entendiendo a que se debía su cariño por ella y se preguntaba. ¿Sentiré lo mismo con mi hija? Un sentimiento de vacio volvió apoderarse de ella pero entonces antes de se volviera más fuerte sintió una mano apretar la suya recordándole que no estaba sola.

- ¡Nara Shikaku! ¿Qué rayos está pasando aquí? – exigió Yoshino, su voz estaba alterada y su mirada atemorizaba.

- Querida. – dijo Shikaku sonriendo mientras rompía el abrazo y se dirigía hacia la iracunda mujer. – No es lo que parece.

- Acaso crees que soy una estúpida. Esa chiquilla no es más que la confirmación de tu traición. – Yoshino finalmente había sacado las palabras que quemaban su interior.

- Mujer no es lo estas pensando. – dijo Shikaku en voz calmada, sabiendo que le esperaba una larga conversación con su amada mujer. – Esta niña es… - sin embargo sus palabras quedaron inconclusas pues Yoshino se había encargado. Su mano había impactado la mejilla de su esposo.

Yukari miro asustada la escena pues no comprendía porque aquella mujer actuaba de esa manera y luego simplemente comenzaba a llorar mientras su "padre" intentaba abrazarla, recibiendo golpes por cada intento. ¿Es mi culpa? Pensó la pequeña.

Shikamaru había sido testigo de infinidad de regaños de su madre hacia su padre, pero está era diferente a todas las demás. Sabía que a su padre le esperaría mucho antes de que su madre cediera a escucharlo, suspiro cansadamente mientras masajeaba su sien. "Todo estará bien." Le susurro Temari apretando aun más fuerte su mano.

- Es mi culpa. – Se repetía nuevamente Yukari sintiéndose nuevamente extraña. – El mundo de los adultos es muy problemática, aun así debo ayudar a papá. – se dijo la pequeña mientras avanzaba hacia la pareja con la convicción de que debía hacer algo. – Mamá… papá no te ha contado sobre mí, deja que yo lo haga. – una sonrisa pura se dibujo en sus labios mientras abrazaba a Yoshino.

Sin embargo los adultos suelen actuar más por sus impulsos en momentos de enojo.

Yoshino dirigió una mirada severa a la pequeña, sabía que no era su culpa sin embargo el sentimiento de enfado la cegó. Aparto toscamente a la pequeña de ella haciéndola caer al suelo, luego volvió su mirada a su marido. Yukari sintió como su corazón se estremecía pues nunca antes la había despreciado de aquella manera.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó Temari a la niña acercándose pero fue abruptamente detenida.

- Déjala no le ha pasado nada. – dijo Shikamaru bruscamente sin mirar a la niña. – Puede ser mi hermana y debería ser más afectuoso pero por el momento no me apetece ser de otra manera.

- Pero Shikamaru…. – Temari estaba sorprendida por las palabras de su amado. – Ella es tan solo una niña, no deberías hablarle así.

- No pelearemos por ella ahora, lo importante es que mis padres aclaren su situación lo antes posible para que nosotros podamos iniciar nuestra búsqueda. – respondió Shikamaru sin dejar de ver a sus padres.

Yukari sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas, sentía un dolor en el pecho se sentía muy sola. Por su culpa, su "papá" tenía problemas, Shikamaru estaba enfadado con ella y su nueva "mamá" parecía no quererla cerca, solo Temari le mostraba afecto pero de igual manera no quería ocasionarle problemas.

- No debería estar aquí. Mis papás reales no me quisieron, fui una tonta pensando que unos nuevos me querrían. Adiós papito, no te olvidare. – pensó Yukari retrocediendo un poco.

- Vamos Nara Shikaku, ¿Qué explicación me darás? – reclamaba Yoshino aun con lagrimas en sus ojos. - ¿Qué mentira vas a contarme?

- Mujer, ¿crees que sería capaz de engañarte? ¿Acaso no recuerdas lo que te conté sobre la pequeña?

- ¡Mentiras! Todo lo que me dijiste no son más con eso. Esa niña es tan parecida, como puedes seguir negándolo. – lloraba Yoshino mientras apretaba los puños. – Pero no seré como esas mujeres que se marcha sin esperar explicaciones, quiero saberlo todo Nara Shikaku. – su voz sonó con firmeza.

- Padre, se que este es asunto solo tuyo y de mi madre así que nosotros nos retiramos debemos…

- No hijo, creo necesario que tú y Temari estén aquí mientras cuento todo lo referente a la pequeña Yukari. – dijo Shikaku con seriedad. – Solo pido no ser interrumpido mientras hablo. Temari, te considero parte de esta familia así que no te sientas incomoda.

- No se preocupe por ello. – responde Temari viendo fijamente a Shikaku.


Yukari aprovechando aquella distracción se oculto tras los matorrales, seco sus lágrimas y dando un fuerte suspiro huyo de aquel lugar. Sentía todo su cuerpo pesado y no sabía el por qué pero importaba. Su respiración no tardo mucho en agitarse, no quería detenerse porque temía ser encontrada. Sin embargo su débil condición poco ayudaba, su vista comenzaba a nublarse y el ardor en su espalda a incrementarse; finalmente se detuvo.

- No quiero estar sola. Tengo frío y se está poniendo oscuro. Tengo miedo. – pensaba Yukari mientras sentía mojada su espalda. Cerro sus ojos pues comenzaba a sentirse muy cansada y deseaba dormir; extrañamente sintió algo tibio y cálido, sintió como el aire golpeaba su rostro. Abrió los ojos y vio la imagen borrosa de un hombre. - ¿Quién eres? – se preguntó.

- … Ya te tengo… - dijo el hombre sonriendo.


- … por orden del Hokage mi equipo fue enviado a una aldea al norte de Konoha que hace frontera con el país del viento. En dicha aldea existe un viejo orfanato donde esperan los niños a sus padres tras ser separados de ellos en la guerra, por circunstancias fuera de nuestro control terminamos ayudando en ese lugar y fue la primera vez que vi a la pequeña Yukari. Estaba en la entrada de la vieja casona cuando la vi pasar presurosa corriendo bajo la lluvia, hubo algo que me hizo seguirla.

- No debía una chiquilla como tu correr bajo la lluvia podrías resfriarte. – dijo una voz gruesa saliendo detrás de un árbol.

- ¿Quién es usted? – preguntó la niña con curiosidad. – Y ¿Qué es eso? – dijo señalando el artefacto arriba de ella.

- Es una especie de sombrilla de sombra, que te ha protegido de la lluvia. – respondió el hombre deshaciendo su jutsu y aquello sobre Yukari desapareció.

- ¿Sombrilla? Más bien parecía una araña aplastada… - dijo Yukari riendo provocando que el hombre riera también.

- Me recuerdas a mi hijo, precisamente él dijo lo mismo en una ocasión.

- Su hijo debe ser muy listo... – dijo Yukari entre risas.

- Eres más linda cuando ríes que cuando lloras pequeña, deberías reír siempre. – comentó el hombre mientras la pequeña se sonrojaba.

- ¿Me vio mientras lloraba?

- Descuida pequeña, todos hemos llorado alguna vez; generalmente yo lo hago cuando mi querida esposa me reprende. – susurro el hombre. – Por cierto, ¿Cuál es tu nombre pequeña?

- Me llamo Yukari, y ¿usted?

- Mi nombre es Nara Shikaku y es un placer conocerte linda. – dijo Shikaku sin entender aun que le había hecho ir tras la niña cuando la vio correr, solo sintió una opresión en el pecho y sin más había ido hacía ella. El verla llorando de aquella manera le había recordado a su querida esposa, Yoshino; una mujer dura pero indiscutiblemente frágil y más cuando se trataba de su retoño.

- Su peinado se parece al de una piña… es gracioso, me gusta. – murmuró Yukari aun con una sonrisa en sus labios.

- Es el halago más raro que he recibido, gracias linda. – respondió Shikaku sintiéndose extraño. – Será mejor volver, no me gustaría que te enfermeras.

- Y desde aquel momento la pequeña me seguía y yo comencé a quererla. Como no hacerlo si en ocasiones me recordaba a ti Yoshino y otras veces a Shikamaru. En pocas palabras estaba embobado con tan tierna criatura. Al finalizar nuestra misión solicite la custodia de la pequeña.

- Shizuru san... – musitó Shikaku Nara que había permanecido en un rincón. – Quisiera pedirle un favor, podría otorgarme la custodia de la pequeña Yukari.

- ¡Shikaku! – dijeron Chota y Inoichi, sorprendidos de las palabras de su compañero.

- Me gustaría llevarla conmigo a casa, en este poco tiempo le he tomado un cariño especial. Si usted me lo permitiera, mi esposa y yo seríamos los padres que necesita esa pequeña. – dijo Shikaku viendo serenamente a la mujer.

Aquella confesión tomo por sorpresa a Shizuru, en parte porque le recordaba el hecho que debía encontrarle un hogar a la pequeña y por otro lado el hombre que tenía enfrente, conocía muy poco de él como para confiarle a Yukari.

- Se lo que debe estar pensando, Shizuru san. – Shikaku sonrió mientras dirigía su mirada primero hacia sus compañeros y luego a la mujer. - ¿Cómo puede saber la clase de hombre que soy? ¿Cómo pretendo llevarme a una niña que apenas conozco?... yo se lo explicaré...

Shikaku tomó asiento frente a Shizuru y tras sonreír perezosamente continuo.

- Los hombres que están aquí, me conocen de toda la vida y ellos pueden decirle la clase de hombre que soy. En la aldea de la hoja, me espera mi mujer con la que llevo varios años, tengo un único hijo que ha estas alturas ha decidido su camino y no dudo que tarde en tener su propia familia. Decirle que siempre desee otro hijo no sería sincero, pero tal vez ahora que me acerco al ocaso deseo de nuevo sentir que alguien depende aún de mi vitalidad. Esa pequeña ha llenado el hueco que mi hijo dejara al crecer, es por eso que reitero mi deseo de hacerla parte de mi familia. – dijo Shikaku cruzando los brazos.

- Agradezco su sinceridad. – dijo Shizuru sonriendo. – He visto el acercamiento de Yukari con usted, luego de la partida de su amiga Misato. Y créame que le soy sincera al decirle que no tengo los argumentos para negarle su petición... sin embargo no puedo pasar por alto los requisitos. Es necesaria la presencia de su esposa para adopción.

- Lo entiendo perfectamente. – una sonrisa se dibujo en los labios del Nara. – Y volveré con mi esposa para hacer todo legalmente.

- Me marche de esa aldea con el firme propósito de volver contigo Yoshino, para que Yukari estuviera con nosotros.

- No… todo esto deber ser una mentira. Esa niña es muy parecida a ti, es tu hija y te niegas aceptarlo. – reclamo Yoshino.

- Preguntémosle a la pequeña y luego podremos… - pero Shikaku se queda absorto, la niña no está por ninguna parte. - ¿Dónde está Yukari?

Temari sintió una opresión en su pecho. Yukari no estaba por ninguna parte y peor aún estaba herida.

- Iré a buscarla. – dijo Shikaku rápidamente. – Ustedes permanezcan en este lugar por si aparece.

- Voy con usted, también estoy preocupada por la pequeña. – agregó Temari.

Shikaku y Temari desaparecieron dejando a madre e hijo con un terrible sentimiento de culpa. Habían pasado varios minutos cuando escucharon un ruido de entre los arbustos, una gran lobo blanco apareció y sobre su lomo una mujer yacía herida.

- Tu de nuevo… - Shikamaru logro reconocer al animal, era el mismo que había traído a Yukari. Se acerco de inmediato para bajar a la mujer, estaba muy herida pero viva. – Madre, debemos ayudarla.

El bosque suele ser muy engañoso y más cuando los rayos de sol llegan al suelo. Temari se sentía desesperada era como si algo le dijera que la niña estaba en problemas; Shikaku por su parte estaba muy preocupado, esa pequeña se había vuelto muy importante para él en tan poco tiempo. Dos horas más tarde tuvieron que detener su búsqueda y volver al campamento, la noche se había puesto en su contra. Al llegar al campamento descubrieron que tenían una visita, Shikaku la reconoció de inmediato.

- ¡Akane san!

La mujer abrió sus ojos con debilidad y sonrió. Yoshino permanecía a la expectativa. Temari por su parte corrió a los brazos de su amado, necesitaba su apoyo.

- No tuvimos suerte. Shikamaru me preocupa mucho la niña.

- Tranquila amor, mañana a primera hora la iremos a buscar. – Shikamaru la abrazo con fuerza. – Te lo prometo.

- Akane san, ¿Qué fue lo que paso? – preguntó Shikaku a la mujer y todos volcaron su atención a ellos.

- Fuimos atacados poco después de que ustedes se marcharan. Yo huí con Yukari pero alguien se puso en nuestro camino y tuve que enviar a la niña sola. Quería que llegara a salvo a la hoja. – explico Akane.

- Disculpe señorita, podría decirnos ¿Cuál es su relación con mi esposo? – preguntó Yoshino sin poder evitarlo pero los celos la consumían. - ¿Es Yukari su hija?

- ¡Yoshino! – dijo Shikaku con leve molestia por los cuestionamientos de su mujer.

- No se preocupe Nara san, supongo que ella es su esposa. – dijo Akane mirando al shinobi.

- Seguiré la búsqueda. – Shikaku volvió a incorporarse, no se sentía tranquilo sabiendo que la niña estaba sola en el bosque.

- Iré contigo padre. Temari volveré en un rato podrías…

- No intentes dejarme atrás Nara, voy con ustedes y no acepto una negativa. – dijo Temari con firmeza.

- Pero mi madre podría…

- No se preocupen por mí, yo cuidaré a la joven. – añadió Yoshino mirando a su esposo. Un instante después solo quedaban ella y la kunoichi. – Siento mucho mis cuestionamientos de antes pero en verdad deseo saber la respuesta.

- Entiendo y responderé sus preguntas pero debo antes contarle cómo fue que llego la pequeña con nosotros. Mis compañeros y yo veníamos de una aldea lejana, llegamos aún pequeño pueblo entre las naciones del viento y el fuego. Nos encargamos de un orfanatorio donde eran dejados los pequeños cuyos padres habían ido a la guerra; fue una mañana tranquila cuando encontré a una mujer herida y en sus brazos traía una bebe. – Akane endureció sus facciones ante el recuerdo de aquella joven. – No sobrevivió la noche y nos dejo encargo a la pequeña Yukari.

- ¿Quién era esa mujer? – preguntó Yoshino. Suponía que era ella la madre de la niña.

- No supimos su nombre solo que pertenecía a la aldea de la arena. Supimos que la niña se llamaba Yukari ya que estaba escrito el deseo de su madre en una carta escondida entre las ropas de la pequeña.

- Entonces ¿esa mujer era su madre?

- En inicio creímos que lo era, hasta que leímos aquella carta. Yukari había sido sacada de la aldea de su madre tras su nacimiento, alguien deseaba que muriera. – dijo Akane con un gesto de dolor. – Por largo tiempo creímos que vendrían sus padres por ella y malamente le pasamos esa creencia pero todo cambio tras conocer a Nara san.

- Pobre niña. Imagino que mi marido debió volverse alguien querido para ella. – musitó Yoshino evadiendo la mirada pues sentía culpa por cómo había alejado a la pequeña cuando la había abrazado. – Me llamo mamá… - sus ojos se llenaron de lágrimas. - ¡Oh, mi niña!


Lejos de ahí un hombre ingresaba a su casa, estaba apurado y preocupado en su regazo descansaba una niña. Se apuro en recostarla sobre la cama y comenzó a buscar un poco de medicina pues la pequeña ardía en fiebre.

- Querido, te esperaba más tarde. ¿Qué pasa? – preguntó una joven mujer al ver la inquietud de su marido.

- Amor, a mi retorno a la aldea encontré una pequeña herida y la he traído a la casa. ¿Podrías revisarla?

La joven mujer no perdió un instante más y se dirigió a la habitación, donde la pequeña yacía en la cama. El joven ninja se puso a lado de su esposa, la admiraba por su devoción por aquellos que sufrían era afortunado por estar casado con una linda kunoichi medico.

- ¿Quién puede lastimar a una pequeña de esa manera?

- ¿Qué pasa amor? – pregunta el joven.

- Tiene una herida de cuidado en la espalda, tiene mucha fiebre y eso es lo que me preocupa.

- Mamí… papí… - dijo la pequeña abriendo los ojos. – Sabia que si era una niña buena vendrían por mí.

Aquellas palabras enternecieron al joven matrimonio, ya que deseaban desde hace tiempo tener un hijo.

- No te preocupes mi niña, estarás bien yo voy a cuidarte. – dijo la kunoichi acariciando su frente.

- Mamí… ahora ya no tengo miedo.

- Nena. ¿Cómo te llamas? – preguntó el joven.

- Ay papi lo olvidaste… soy Yukari…

Continuara…