Curarte el alma

Scorpius Malfoy

"Cuando seas mayor, entenderás muchas cosas" decía su rubio padre mientras tomaba de su mano en el parque.

El niño tenía ocho años y había recibido su primer rechazo en el mundo mágico, lo repudiaban por ser hijo de un mortifago. Aunque él no tenía la edad suficiente para saber el significado de esa palabra podía imaginarse que, por el trato, era malo. Sea lo que sea, jamás juzgaría a su padre, a Scorpius no le compete eso.

"Cuando seas mayor…" repitió su padre convencido.

Scorpius caminaba por los pasillos de Hogwarts, su mirada perdida y caminar sereno demostraba que no estaba pendiente de su alrededor. "Cinco meses…" ´pensó con una sonrisa triste. Once meses habían pasado desde que Rose se había marchado a Beauxbatons, pero los problemas no habían cesado. James Potter y el resto de su familia, no habían cesado de echarle la culpa. A él no le importaba mucho, después de todo, Rose se había marchado gracias a la ayuda de su familia, específicamente su padre.

Recuerda haberle pedido el favor una noche, después de escuchar a la pelirroja expresando su deseo de marcharse de ese lugar e ir a un colegio nuevo, empezar desde cero. El rubio habló con su padre, muy a su pesar, le pidió ayuda para conseguir una vacante en ese colegio de Magia y Hechicería. No se arrepentía, ella parecía feliz en sus cartas, la forma de escribir y expresarse. En su última carta le dijo que tenía muchas amigas y amigos, eso era una de sus tantas preocupaciones, lo último que supo de ella fue hace cinco meses después de su última carta.

Lentamente comenzó a tener sentimientos encontrados, a pensar que solo lo había utilizado y que él solo fue el puente para olvidar al desgraciado que le arruinó la vida. En ocasiones, mandaba al demonio todos esos pensamientos y seguía esperando por una carta o algo, era tiempo perdido.

-¡Hey! –Scorpius se detuvo y se giró con elegancia, fijando su mirada en el pelinegro que corría hacia él. –Amigos, los he buscado… por todo el maldito castillo… -el rubio formó una sonrisa, le divertía esa situación.

Desde que Albus Potter se retracto de todo lo dicho, él había vuelto a confiar; no era difícil, el pelinegro le había caído bien desde siempre. Solo que el rencor lo había cegado, era estúpido culparlo por el pasado de sus padres y sus tíos. Además, el rubio jamás repudiaría a su padre como lo han hecho otros, su pasado no le interesaba, solo el presente y el futuro.

-¿Qué paso, Albus? Estás berreando y no has llegado al punto… -espetó Lily, su prima, con diversión.

-Tengo noticias de Rose, ella…

-No me importa –dijo el rubio apartándose del grupo, su amigo Jimmy solo pudo sonreí y negar con la cabeza.

De cierto modo lo entendía, él estaba enamorado de esa chica desde hace tantos años y ahora se sentía traicionado. El primer mes de ausencia había sido una locura, Scorpius estaba muy ansioso, al punto de no comer ni dormir. Después comenzaron esas depresiones constantes, aunque no los demostrara frente a todos, Jimmy podía verlo en sus ojos; no por nada lo conocía desde que eran unos niños.

-Espera, Scor, tienes…

-Déjalo, Potter, él no quiere saber nada de ella y con razón –espetó el rubio con un leve tinte de acidez en su voz. -¿Qué noticias traes de ella?

Albus no sabía si hablar o mejor callar.

-Ella… volverá dentro de un mes, pero no viene sola –susurró Albus frunciendo el ceño. –Estaba tan feliz porque había recibido una carta de ella, que no pensé en Scor –dijo cambiando su tono de voz. –Ella… ella está viviendo con un tipo, su nombre es Leian y ambos pidieron transferencia a Hogwarts… aquí está la llave del apartamento de los Malfoy.

Albus escupió lo último sin mirar a los ojos al rubio, no quería ver su reacción y tampoco quería contradecirlo porque sabía que estaba en lo correcto, su prima no debió hacerlo. Pero muy al contrario de lo que pensaba, Jimmy solo pudo reír, sorprendiendo a Albus. Lily no estaba muy diferente, pero decidió no tocar ese tema, al menos no por ahora, ya tendría un momento a solas con él y le tenía que decir toda la verdad.

Por otro lado, Scorpius caminaba hacia las mazmorras. Detestaba admitirlo, pero odiaba ese lugar… solo faltaban meses y se iría de Hogwarts, dejando su vida y todo atrás. Ya lo había decidido, se iría lejos a América del Sur, Brasil específicamente. Entrenaría con un equipo especialista en criaturas mágicas, aunque su padre no estaba contento con todo eso, era lo mejor.

Quería alejarse de todo lo que le recordara a Rose, vivir en esta parte del mundo no era opción. Estaba cansado que lo juzgaran, estaba cansado de ser el centro de atención y sobre todo, estaba cansado de fingir. El rubio quería vivir en un lugar donde pudiera ser él mismo y no una marioneta de su propia personalidad falsa. Ser frio y calculador solo eran parte de una máscara cuidadosamente elaborada al cumplir once, sabía que las personas lo señalarían por ser lo que era y por el pasado de su familia, por eso se encerró en su propia burbuja; solo Adams sabía su verdadero ser, sus debilidades y su vida, no permitiría otra persona más en su vida.

Pero cometió un error al abrirse con Albus, a pesar de haber superado todas esas trabas, ya no podía confiar en el castaño como antes, ya no podía confiar en nadie.

-Vaya, vaya –Scorpius respiró hondo y giró sus ojos sin detenerse, no caería en los juegos de James, no otra vez. –No te vayas, es de mala educación dejar a las personas con la palabra en la boca –espetó el castaño divertido.

Al ver que no le prestaba atención, decidió actuar.

-Te dije que te detuvieras –gritó lanzando un hechizo silencioso.

Scorpius voló por los aires y cayó en el piso, se pudo escuchar varios huesos crujir, pero eso no detuvo a James en su venganza.

-No sabes cuánto tiempo esperé para poder hacerte pagar, mis padres sufrieron por culpa del tuyo y yo te haré pagar por eso, Mortifago –espetó James con ira.

El rubio comenzó a reír, sus carcajadas se escuchaban por todo el lugar enfureciendo más al castaño. Y para sorpresa de muchos, él se puso en pie y lo apuntó con su varita.

-Ya basta, Potter, no quiero utilizar mi magia –siseó Scorpius, destilando veneno en su voz.

Él no era conocido por ser agresivo, pero toda persona tiene un límite y el rubio había encontrado el suyo. Traiciones y mucho más lo llevaron al límite, ya no permitiría que nadie más lo humillara, si lo que deseaban era un Scorpius diferente, lo habían conseguido.

Un haz de luz negro salió de la varita del rubio creando una honda de poder que podía derribar a cualquier ubicado a diez metros de distancia. Escuchó gritos y quejidos que lograron hacerlo sonreír, él nunca había sido altanero y mucho menos desafiante, ese día había nacido un nuevo Scorpius Malfoy. Se alisó la capa y quitó el sucio que había en ella, sus ojos destilaban rencor y mucho odio, y algo en su actitud daba miedo. Sin embargo, jamás contó con el ataque de Hugo, hermano de Rose Weasley.

Fue torpe en muchos sentidos, algo infantil y de los primeros años de duelo, pero logró hacerle más daño que cualquier otro. El rayo rojo golpeó su frente y lo expulsó a varios metros, el grupo felicito a Hugo por tal acto, los había defendido, pero lejos de sentirse orgulloso, se sintió asustado. Entre risas y felicitaciones, el pelirrojo no apartaba la mirada del cuerpo de Scorpius. Comenzó a caminar hacia él, lento al principio hasta comenzar a correr, ahogó un grito al ver lo que estaba pasando.

Scorpius Malfoy aun respiraba, pero tenía los ojos abiertos y las pupilas completamente dilatadas. De su boca salía un líquido rojizo y espeso, eso no era bueno. Hugo comenzó a correr hacia la enfermería, no presto atención a los gritos de su primo y sus amigos, solo tenía una meta y eso era conseguir a la enfermera Jensen. No le importo su posible castigo o expulsión, era hijo y hermano de las mujeres más inteligentes del mundo, como para saber que ese tipo de reacción acarrea una consecuencia, una terrible y dolorosa.

-¿Por qué se fue? Si el golpe fue perfecto –aseguró Bonos con sorpresa. –Solo perdió el conocimiento y eso es normal…

¡Crack!

La enfermera Jensen había aparecido con Hugo, estaba pálida y asustada, algo raro en ella.

-¿Estás seguro que solo fue un Desmaius? –Preguntó nerviosa. –No tendría por qué haber reaccionado así… tal vez un desmayo, pero no esto…

Ella levantó a Scorpius con un hechizo y comenzó a caminar, detrás iba Hugo muy nervioso.

-Y ustedes cinco… -se detuvo de pronto la enfermera. –Esto no se quedará así –sentenció antes de partir.

Lily

Han pasado semanas desde que Scorpius fue atacado, lo remitieron a San Mugo, al área de enfermedades causadas por hechizos. Aunque Jimmy no lo demostrara, sabía que estaba muy preocupado y ansioso, dos días atrás recibió una carta del Señor Malfoy. Le informaba que Scorpius había despertado y que se reincorporaría hoy, pero que debía estar preparado.

Yo no entendía muy bien a lo que se refería con eso, tal vez el rubio estaba molesto con mi hermano y Hugo, y no era para menos.

-Lily, ¿puedes concentrarte de una buena vez? –Espetó Albus con fastidio. Él era mi pareja en el proyecto de defensa contra las artes oscuras. –No deberías preocuparte, sé muy bien qué hacer… Albus, solo tienes que escribir lo que te voy a decir. ¿Y bien? –dijo después de hacer una pobre imitación de mi voz.

-Cállate –espeté cortante, odiaba que hiciera eso. –Solo estoy preocupada por lo que pueda pasar. Mi hermano está muy confiado y se jacta de ser enviar a Malfoy a San Mugo… Hugo no es el mismo desde ese día y Jim no ha dejado de estar ansioso desde ayer –dije con nerviosismo, sabía que él me estaba escuchando, pero ignoraba mis palabras.

-Tranquilos, Scor es fuerte, no dejará que nadie lo rebaje, eso lo sé –afirmó Albus sonriente. –Hablando del rey…

Todo el gran comedor quedó en silencio. El caminar del rubio era decidido, sin una pisca de temor. Se podría decir que actuaba algo altivo. Me giré solo un poco para ver a mi novio, estaba sorprendido y extrañado al mismo tiempo, al igual que él, yo sabía que Scorpius jamás se comportaría de esa forma. Se acercó a la mesa de los Slytherin y se sentó al lado de Jimmy.

-Hola, amigo, ¿Cómo estás? –Preguntó preocupado.

-Pienso que bien, al menos algunas cosas están en orden –susurró sin apartar la mirada de la mesa Gryffindor, específicamente de James.

Esto no me daba buena espina y Rose estaba a punto de llegar.