Antes que nada, quiero agradecer a todas (porque por estos lugares somos más mujeres, al menos he notado) quienes han dejado sus comentarios. Me alegro que les esté gustando este fanfic. He tardado en subir capítulos porque he andado corta de inspiración. De hecho, este capítulo no me agradó mucho, pero espero sus comentarios respecto a él. También me he visto tratando de obtener noticias sobre Korra, la cual recién salió de última hora que Nick lanzará la serie en enero. Pero aun es un rumor. Solo espero que la serie llegue pronto. Sin más preámbulos, a comenzar el siguiente capítulo.
Capítulo 3: ámbar añejo sabor nostalgia.
Los años que habían transcurrido desde que no habían visitado Ember eran si acaso unos veinte años, cuando Tenzin aun estaba algo pequeño. Era un lugar hermoso para vacacionar con el señor del fuego Zuko, y para convivir un largo momento con Sokka y sus chistes pésimos que, sin embargo, eran los favoritos de Tenzin y de los hijos de todos ellos. Las noches alrededor de la fogata y algunos otros recuerdos que se quedaron dormidos sobre los arrabales del tiempo eran aquellos que precisamente Aang recordaba a medias, o simplemente no los recordaba.
Durante el camino de ida hacia la isla Ember, había olvidado incluso por qué estaban volando sobre Appa, hasta incluso olvidó por un momento quién era él. Todo esto transcurrió durante la noche. Al llegar a Ember, algunos de los recuerdos regresaron.
Era una mañana de brisa tierna cuando arribaron hacia dicho lugar; las olas chocando contra las rocas, gente que salía a hacer su caminata matutina y otros más simplemente admirando el mar.
Aang se encontraba recostado sobre el regazo de Katara, en tanto Appa se conducía hacia la isla, tal como si ya tuviese memoria de cómo llegar allí. Apenas si los primeros rayos del sol estaban asomándose en Ember.
-...ya...hemos... ¿hemos llegado? -interrogó Aang bastante somnoliento
-si...ya llegamos - respondió Katara amablemente, tanto así que el maestro aire alucinó que un halo de luz rodeaba a su mujer.
El entrañable sitio los estaba esperando con algunas cuantas sorpresas. Si bien es cierto el dicho de que todo conspira para que logres lo que te propones, tal parecía que la locura amable de Aang sería ayudada por las situaciones del destino.
Descendieron de Appa enseguida que este tocó tierra.
-Puedes descansar, amigo - comentó el maestro, acariciando a su bisonte volador.
Las aguas de los recuerdos comenzaban a tocar sus pies aun con el calzado puesto. El olor de sal, gente y deja vu se hacía presente en cada momento. Dejaron a Appa descansando en la arena mientras Aang le ofrecía la mano a Katara en señal de que caminaran juntos hasta el centro del lugar.
Mientras algunos niños corrían en contrasentido hacia la playa, otros más iban con rumbo hacia el centro de la isla Ember, tal como estaban haciendo ellos. Los aromas de la comida recién preparada, el ruido de la gente animosa y el sonar de turistas y turistas era algo conocido, aunque algunos leves recuerdos apenas si se asomaban en la mente de Aang.
-Aquel es el teatro donde hicieron una mala actuación de nosotros - señaló el avatar, sonrojado y disminuyendo el tono de su voz
-Aquel teatro...es inolvidable. Fue tan pésima la actuación...
-ha sido una de las noches más largas y confusas de mi existencia. Esta isla acogió varios momentos de confusión pre-bélicos.
Caminaron, y continuaron así por un largo momento hasta que no pudieron seguir y decidieron parar a comer algo a uno de los restaurantes. En el aire se sentía una sensación de silencio e incomodidad. Les faltaba soltura, o por lo menos olvidar que no les quedaba mucho tiempo. Ellos sabían que el tiempo era oro...pero el maldito fantasma de la desilusión y la tristeza los rondaba más de lo que se imaginaban. Ambos comieron en silencio, apenas cruzando algunas miradas de desaire.
Todo transcurrió monótono aquella primera tarde. Pese a que Katara sentía esa presión en el corazón de romper a llorar desconsolada, sentía gran paz interior, y temor a lo que pudiera venir. Apenas si le había dado tiempo de asimilar la noticia y de acostumbrarse a vivir sin Aang a su lado. Obvio que, el estilo de vida cambia después de tantos años.
Andando con su esposo, tomada de su brazo y viendo el panorama del atardecer en Ember, supo enseguida que algo estaba fallando, y si seguía así, los días que pasaran en Ember serían aburridos. Esto no estaba permitido a estas alturas.
Todo se había ido entre recuerdos semi-fallidos entre Aang y Katara, al menos hasta que el ocaso comenzó a dibujarse con tonos tenues sobre el horizonte; con esos colores cobrizos típicos de él, las olas viniendo con mayor fuerza, las gaviotas volando hacia el sol...todo conspiraba.
El par de maestros se sentó a la orilla de una roca en la playa para contemplar la puesta de sol, en silencio, al igual que la mayor parte de ese día monocromo.
-¿Cuándo fue la última vez que vimos un atardecer así? - cuestionó la maestra agua
El avatar, sus rodillas contra el pecho, abrazándolas con ambos brazos había caído en una especie de lapso de vértigo y meditación profunda, más, como si estuviera perdido en su mundo. Posiblemente había perdido la noción del tiempo y el espacio de nuevo.
-Gyatso...Gyatso... - se le escuchó mascullar al anciano, quien no quitaba la vista del sol ocultándose...
Katara lanzó un largo suspiro, y enseguida se recargó suavemente sobre el hombro de su esposo. La puesta de sol de tonos cobrizos y violáceos era de esas cosas que, aunque parecía que se repetían cada día, todas y cada una tenían algo que eran diferentes a las demás. Esta era una lucha contra el tiempo, la muerte y la tristeza...era un manto color nostalgia, gastado
Ella, después de un rato intentó llevarlo a la casa de la que disponían en la playa, empero, fue inútil quitarlo de allí. No fue sino hasta un momento más en el que pudo quitarlo del sitio. De repente, el avatar comenzó a tiritar. Y como no, si el frio se comenzaba a presentar. El sol ya estaba casi oculto cuando esto ocurrió. El aire no era una ventisca de magnitud colosal, pero si molestaba hasta la médula.
O-O-O-O-O-O
Aun le dolía a Katara, pero no hallaba como quitarse ese pesar. Al estar adentro de la casa, juntos, sentados en la cocina, cenando, el ambiente se sentía más tenso que nunca. Los momentos de lagunas mentales-temporales de Aang se sumaban al poco tiempo que tenía para asimilar esto. Sin cruzar absolutamente algo, los dos se fueron a la cama, ensimismados.
La noche reinó sobre el pequeño cuarto antiguo, quizás más que ni quienes allí dormían. El más mínimo ruido se escuchaba sin la menor dificultad. Ember dormía; ellos no.
Aquella noche intentaron dormir algo exhaustos; el avatar, completamente desmemoriado, y Katara enjugó algunas lágrimas en silencio, desmoronada. Ambos, dándose la espalda, ahogados en sus propios pensamientos se habían convertido en algo más que extraños ¿O acaso necesitaban tiempo para analizar todo lo que sucedió en el día?
-mi amor... - murmuró Aang
-¿sucede algo? - preguntó la mujer
-pensé que estabas dormida
Ambos seguían aun de espaldas.
-bueno...duerme, Aang. No creo que mañana te quieras perder el sol...
-no es eso. Solo que...solo qué me acordé de cuando nuestros hijos eran tan pequeños que, me hizo recordar cuando yo apenas era un pequeño nómada...
-me parece bien que logres recordar cosas. Eso demuestra que después de todo no estás tan mal ahora
Los dos rieron levemente. En ese instante, ambos voltearon.
-cuando era pequeño, recuerdo que una noche de lluvia tenía miedo. Los truenos hacían que todo yo me estremeciera. En ese instante entró Gyatso y me preguntó qué sucedía. Le comenté que me daba miedo que se fuera a caer el templo, o que algo nos fuera a pasar. En eso, él me tomó entre sus brazos y, suavemente me cantó una canción para cuna de maestros aire; esa misma que le cantábamos a nuestros hijos cuando eran pequeños ¿Recuerdas?
-es hermosa. No la olvidaré...
-me parece un gran detalle que la recuerdes...por ahora no tengo idea de cómo iba...
Una leve risa de nuevo los invadió. Katara tomó entre sus brazos a Aang, acurrucándolo contra su pecho. Enseguida, comenzó a cantar aquella canción sin identidad, letra perdida y nombre al aire. Cantó, como la madre que consuela a sus hijos al tener el día más fallido de sus vidas.
Entretanto, allá afuera las olas iban y venían en una danza eterna con Yue, lanzando su luz sobre la superficie en su eterno devenir. Eran una especie de susurro vago que se lo llevaba el viento en su afán de ayudar a la maestra agua para arrullar al antiguo nómada. Con un suave arrullo y la canción de cuna de los nómadas, el avatar se quedó dormido con una sonrisa en su rostro.
-buenas noches, pequeño - dijo la maestra a su oído, seguido de un beso en la frente
Pronto, los dos dormían profundamente a la deriva del mar de los sueños, en el barco de un descanso inquietante y certero...como todo en esta vida.
P.D: dejen sus comentarios, y perdón por los horrores de ortografía y mal manejo de recursos literarios.
