Capítulo 7: Aun el árbol no cae de pie.
Nefasta alborada la que venía tal vez a arruinar a Katara ese día. A lapsos logró entrecerrar los ojos y medio dormir, pero no conseguía reposar por completo. Cuando los primeros rayos entraron por la ventana, temió lo peor.
Viró hacia donde pensó estaría su marido, cosa que no sucedió. En realidad, ni siquiera se encontraba Aang allí.
"¿A dónde pudo haber ido?" reflexionó la maestra agua, imaginando que probablemente no pudo haber ido tan lejos.
El templo aire del sur era el lugar que más le agradaba a Aang. Era una lástima que estuviera inconsciente durante tantos meses. Fue como haber dormido, solo que soñando presagios terribles y recordando pasajes ominosos.
Su esposa optó por que debía pasar sus últimos días en el lugar que lo vio crecer. Era el único sitio de maestros aire que no había sido testigo de execración alguna.
A pesar de haber estado en cama tanto tiempo, el avatar se encontraba de pie y con mucha vitalidad, inclusive se encontraba en la cocineta desde temprano para preparar el desayuno.
Katara intentó buscarlo por todo el templo aire, jamás sospechando que estaría en dicho sitio. Tras media hora buscándolo hasta por debajo de las rocas, por fin dio con su paradero, solo para encontrar que el desayuno estaba servido.
-es una hermosa mañana ¿No te parece cariño? – preguntó Aang haciendo esa misma pose provocativa de cuando estiraba músculos cada mañana.
-demasiado hermosa, diría yo – respondió Katara mirándolo atentamente. No tenía rastro alguno de enfermedad. No obstante, seguiría preguntándole cosas para ver sus reacciones.
-¿En qué momento te levantaste?
-me desperté apenas sentí que era de mañana. Medité un momento y practiqué algo de aire control. Después di una vuelta y vine a la cocina. No te quise despertar, así que traté de hacer todo con el menor ruido posible.
El avatar le lanzó una mirada de complicidad, y antes de sentarse a comer con ella besó su mano.
-pe…pero, ayer estabas más que enfermo. El doctor me dijo…
-el doctor puede decir muchas cosas… pero no ha vivido ciento sesenta y cinco años para saber que el esqueleto sabe cuando moverse. Tampoco sabe hacer esto.
Sacó un par de canicas que de inmediato dominó con aire control en círculos. Típico desde la isla de Kyoshi. Por algún motivo extraño de explicar, a Katara aun le molestaba esa técnica. Sin embargo, el verle tan sano y mejor de un modo difícil de explicar hizo que se olvidara por completo lo mucho que odiaba eso, hasta le sacó una risa.
El desayuno transcurrió entre risas, varias fingidas por ella. Algo de veras no encajaba. O podría ser que los espíritus después de todo tuvieran previsto algo más para él, y por eso es que aun no tomaron a su esposo.
-Y dime ¿Qué rayos hacemos en el templo aire del sur?
-después de que caíste enfermo opté por volver aquí. Como te dije, el doctor no te daba muchas expectativas de vida, y sugirió que sería bueno que pasaras estos instantes aquí.
-opto porque deberías consultar a otro especialista – contestó con cierta molestia, y al mismo tiempo con tono de broma – aunque no recuerdo por qué me enfermé.
-después de que salimos de la cueva…
-la cueva…
Se hizo una pausa mutua donde ambos se tomaron de la mano, sin evitar ese tono rojo que aparecía en sus mejillas.
-bueno. Después de eso nos fuimos volando en Appa para llegar a Ciudad República, el cual era tu plan. Pero las cosas se complicaron cuando pasamos un poco cerca del desierto, realmente nada. Un aire frio se sintió, y te despreocupaste. Justo en ese momento dejaste de tener conciencia de ser tú y antes de que pudiéramos llegar a la Ciudad…te enfermaste. Y tres meses después aquí estamos.
-…bien
-…bien…
-propongo que vayamos a ver a nuestros hijos, o hagamos una pequeña reunión familiar. Hay que ver a los nietos, a todos. Sigo preguntándome cuándo Tenzin nos dará nietos.
-muy pronto se casará con Pema. Han tenido una larga relación.
-¡Qué bien! ¡Ese es mi muchacho, el más pequeño! ¡Tengo ganas de jugar bola-aire con él!
-de acuerdo. Supongo que debo mandar el halcón mensajero a Tenzin. Él sabrá avisarles a sus hermanos para que vengan al reencuentro.
Aang salió de la cocina bastante emocionado, entretanto Katara formulaba cientos de pensamientos, ideas y alucinaciones estúpidas en su mente. Esto le pesaba más a ella que a él.
O-O-O-O-O-O
Tenzin recibió el mensaje de su madre. A pesar de que se encontraba haciendo cosas de suma importancia, optó por ir. Las noticias eran buenas; su padre tenía mejor salud y lucidez.
"Su padre quiere verlos a todos. No hay excepciones. Convoca a tus hermanos para que se junten. Los quiero tan pronto como se pueda en el templo aire del sur."
El hijo del avatar era alguien aun más sofisticado, y lanzó uno de los lémures a volar con el mensaje hasta donde sus hermanos vivían. Sería una reunión familiar. Todos irían a pesar del sentimiento vacío que los perforaba; Aang no tenía gran tiempo de vida.
