Capítulo 8: Del árbol al suelo y de nuevo árbol.

Las hojas comenzaron a caerse de los árboles que él mismo plantó cuando reconstruyó el Templo Aire del Sur.

Daba su caminata diaria alrededor de los jardines del lugar para contemplar el amanecer. Con la mirada hacia a

"Es posible que mi mente no funcione con la intensidad de antes. Puedo olvidar muchas cosas. No obstante, ese día que llegamos al templo aire no se me borra. Fue cuando encontré el esqueleto de Gyatso.

¿Y qué de la ocasión en la que regresaron al templo aire? Aun no nos casábamos. Por una razón que desconozco elegimos el templo aire como el lugar ideal para vivir. Nos dimos entonces a la tarea de remodelar el sitio.

El día que nos casamos fue asombroso. Todos estaban allí. Supongo que fui la envidia de muchos hombres al tenerte caminando a mi lado rumbo al paso más importante que se da en la vida. Vivimos tranquilos y en paz. Justo dos meses después nos enteramos de que nuestra primogénita venía en camino. No tenía la menor idea de qué clase de maestra sería. Tampoco supe sobre nuestros otros dos hijos. Aun así, los amo a los tres por igual. Una maestra agua, un no-maestro y un maestro aire. En mis años de vida monacal no me pasó por la cabeza que formaría una familia o que tendría tres hijos estupendos. Pero el tiempo de que volaran a otros rumbos llegó pronto. Esas tardes jugando bola aire o a correr por el pasto, o jugar a los "maestros" cuando nadie descubría su talento de maestro. Desde que esos tiempos se fueron alejando, Kya, Siddhartha y Tenzin, todo volvió a ser como antes. Sin embargo, ahora tenemos más recuerdos, conocimiento, sabiduría, canas y experiencia. Después de todo no es tan "como antes". Es una nueva etapa que está por terminar y…"

-¿Papá? ¿Te encuentras bien? – preguntó Tenzin, quien notó de inmediato su letargo de pensamientos.

El avatar viró hacia él. Extendió los brazos para darle un largo abrazo.

-Tenzin ¿Cómo has estado?

-yo estoy bien. Tú eres quien me preocupa.

-No temas, hijo. Estoy más fuerte que un león-tortuga

-Lo mismo dijo el abuelo Hakoda y…

-¡Me sé la historia completa!

El silencio no se hizo esperar. El joven maestro demoró en adivinar que sucedía en realidad. Era extraño para él pensar que la gente alrededor de él no confiaba en que se salvaría. Lo más increíble era que, nadie de ellos le había dicho que moriría. Pese a todo, Aang fue el primero en saberlo.

Los periodos de demencia-lucidez dejaron de presentarse. Estaba, efectivamente, más sano que un león-tortuga, pero el momento de que esa maquinaria colapsara se veía cerca. Todos hacían como que no lo sabían y Aang se hacía el que no sabía. Era un juego de tontos contra el tiempo y la muerte.

Padre e hijo se miraron a los ojos tan profundamente que sentían el miedo del otro.

-Bien. Mis hermanos están con mi mamá en el pequeño salón. Estamos preparando algo de comer. Si quieres venir…

-ahorita los alcanzo. Debo acabar mi caminata matutina.

Aang sonrió falsamente y su hijo se percató. Acto seguido, este se fue hacia donde había indicado.

El cielo no reía con el avatar. El cielo se reía del avatar.

"Un destino se acepta como viene".

O-O-O-O-O-O-O

La cancha de bola-aire resucitó en menos de dos horas; padre e hijo jugaban animadamente el antiguo arte de los nómades del aire. Mientras tanto, Katara e hija conversaban largamente sobre lo que estaba sucediendo, tanto en Ciudad República como con Aang. Con ellas se encontraba Siddhartha. El rato transcurrió agradable y sin ningún daño o consecuencia mayor; jugaron, rieron, se abrazaron, y al caer el sol en el violáceo horizonte se encendió una fogata. Danzas antiguas de la nación del fuego, más anécdotas y recuerdos se contaron. Al final, la tarde que Aang tanto quería se realizó, mas sus hijos debían partir a sus hogares donde, seguramente los extrañaban también.

Todos y cada uno de ellos se despidieron con un largo abrazo, a grado tal que a Tenzin le rodó una lágrima hasta la barba. Kya y Siddhartha se tragaron el llanto hasta llegar a casa, pero el más pequeño de ellos casi se desploma en los brazos de su padre.

-¿Por qué llorar, Tenzin? – interrogó no tan extrañado Aang

-Solo ten presente que todos nosotros te queremos mucho, Papá – le contestó su hijo al separarse del abrazo.

-Lo tengo presente a diario, campeón. Por cierto, saluden de mi parte a sus parejas. Y también a los retoños. Por cierto Tenzin, muchas felicidades por tu compromiso con Pema.

-Gracias.

El maestro aire montó su bisonte volador donde también iban sus hermanos. Luego de que todos subieron, el animal voló hasta perderse en la obscuridad.

Katara tomaba a su esposo por el brazo, ambos viendo la escena. Cuando el avatar menos lo imaginó, ella también tenía lágrimas en los ojos, lo cual lo llevó a tomarla de la mano y besar su frente, seguido de un abrazo.

-Estaremos bien – musitó – ahora, vayamos a dormir. Esas nubes que se avecinan no tienen pinta de ser muy amigables. En realidad, se sienten como las nubes de la tormenta que nos atrapó en el viejo puerto. El cielo estaba bastante claro… me sorprende que haya cambiado el clima tan repentinamente…

O-O-O-O-O-O-O

Las nubes no dejaron caer nada; no hasta dos noches después. El cielo se caía en cada gota, y en cada segundo se caía Aang…

Ya está cerca el final de esto. Gracias por tomarse el tiempo de leer esto.