"El Abrazo del Ángel"

Jigen No Hanashi

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"… necesitaremos descansar para comenzar despiertos con nuestras vidas." Había dicho el dragón blanco la noche anterior… a pesar de la certeza de que requerían ese descanso, casi no lo tuvieron, era media noche cuando la sacerdotisa lo asaltó entre las sábanas para dejarlo exhausto… y los primeros rayos del sol los habían sorprendido revueltos en un perezoso vaivén iniciado por el pelinegro, no era de extrañar que tardaran en empacar sus cosas, tampoco era de sorprenderse que el cochero los encontrara ojerosos, con un par de sonrisas cómplices y terminando de comer apenas.

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Cap 5.- Inicio

-Creo que esta es la última, ¿la pongo con las demás?

-N-no, majestad, ya le dije, no es… por favor…

-Déjala Phineas, es más terca que una mula… yo subo esta, la estabas dejando. – Dijo el rey Faneliano mientras tomaba otro baúl de la entrada y lo colocaba en la parte de atrás de la carroza, su mujer lo miró con disgusto al no notar aquel último baúl con cosas, el cochero se notaba nervioso, Van por su parte solo atinó a sonreír antes de darle a la pelirroja un beso en la mejilla para luego levantarla en vilo.

-¡BÁJAME VAN!

-¿Para que me hagas subir primero? No, gracias.

Phineas era un faneliano espigado y de mediana estatura, con sus cabellos negros atados en una cola de caballo baja y muy pequeña, sus rasgos a pesar de todo eran sumamente masculinos y marcados, era joven, cierto, y luego del Gran Incendio había visto muchas más cosas de las que hubiera deseado, pero lo que veía ahora ante sus ojos, bueno... de una cosa estaba seguro, ni su padre, ni su abuelo, ni el padre de este ni su antecesor habían sido testigos de una pareja de nobles como aquella, se sabía de memoria los relatos de cómo era recoger a una joven pareja de recién casados, especialmente las historias de reyes y reinas fanelianos que entraban en aquella casa enorme un poco enamorados y salían cambiados de por vida, más vivos, si, más apasionados también, sabía que se hacían muestras de cariño sincero y cauto, tomarse de las manos, miradas profundas, los más osados se habían besado incluso frente a alguno de sus ancestros… pero nunca había sabido de una reina que compitiera con el rey para subir los baules del equipaje, o que pataleara al ser levantada por el rey para ingresar en el carruaje, de hecho, a parte de ellos solo un rey había subido a su esposa en brazos para regresar a Fanelia, hizo memoria, su abuelo se lo había contado, el rey Lacour Perein Fanel había tenido que alzar a su joven esposa, Karina Maam Cheztio debido a lo frágil que era, tan frágil, que había muerto luego de dar a luz a su único hijo, el bisabuelo del actual rey… quizá lo que más lo sorprendió aquella tarde fue darse cuenta de que una vez acomodados dentro la reina le soltaba un puñetazo a su rey mientras la puerta del carruaje se cerraba… definitivamente, aquella era una historia que nadie le podría creer nunca pero con la que entretendría a sus hijos, a sus nietos y con algo de suerte… incluso a sus bisnietos.

-Jajajajajajajaja, eres una salvaje, ¿segura que eres una princesa?

-Muy gracioso

-Yo solo decía… pero así está bien… será mejor que cerremos todas las cortinas.

-¿Por qué? ¿quieres más? De haberlo sabido nos habríamos saltado la comida igual que el desayuno.

El brillo travieso en aquellos ojos verdes, las risitas entre cómplices y burlonas que emitía en voz baja y la forma en que se estaba moviendo hacia él lo hicieron sonrojarse un poco, lo había tomado por sorpresa, el sentir aquella mano pequeña sobre su muslo lo hizo recordar que ya no era un chiquillo, sonrió mientras la jalaba con brusquedad del brazo para darle un beso en los labios, la retuvo ahí mientras usaba su otra mano para deslizar con cuidado la falda roja que cubría las piernas de aquella mujer, la sintió urgirlo a profundizar aquel beso mientras acariciaba con cuidado la piel desnuda, estaba a punto de tocarla donde deseaba cuando recordó donde estaban, la soltó despacio y alejó su rostro para verla, completamente sonrojada, con la mirada febril y los labios ansiosos. –Corremos las cortinas porque no debemos conocer la ubicación de este lugar, ¿recuerdas?

La joven se soltó para cerrar la cortina a su lado y a su espalda sin quitarle los ojos de encima. – Si jugamos un poco tampoco prestaremos atención al camino – Preferiría descansar, alguien no me dejó hacerlo anoche.

Ambos sonrieron, se dieron un último beso, menos pasional que el anterior, él pasó un brazo por detrás de la espalda de la hechicera, acunándola, ella se acomodó en su hombro mientras respiraba despacio para calmar su corazón y su cuerpo, solo de pronto, ante el calor que sentían y la quietud de aquel sencillo abrazo, se arrullaron con el traqueteo suave del carruaje al dar vuelta por el camino, para cuando comenzaron a tomar algo más de velocidad estaban profundamente dormidos.

El sol estaba muy cerca de las montañas, el carruaje no tardaría mucho en llegar al castillo, o al menos eso era lo que esperaba la joven que escudriñaba desde el balcón en el despacho del rey, se sentía agobiada y le dolían los dedos de las manos, los ojos le escocían un poco de tanto que había estado leyendo y definitivamente, su humor no había sido tan malo desde hacía años, sabía que debía dejar aquel lugar helado y volver adentro donde el aire era cálido y agradable, pero no quería sentarse de nuevo en aquella silla, por cómoda que fuera, no quería ni ver los papeles que aun tenía que revisar, especialmente no quería estar adentro cuando su salvación atravesara las puertas del Castillo del Samurai.

-Lady Merle, debería entrar o pescará un resfriado.

-Les dije que no quería que me molestaran.

-¿Ni siquiera yo?

Los ojos azules de la mujer gato se cegaron un momento mientras volteaba a causa del fulgor que el sol reflejaba en la pechera de acero del hombre alto que le había hablado, se movió un poco para no captar el sol, divisó entonces las curvaturas verdes que adornaban aquella armadura y pudo ver con claridad al hombre detrás de esta, usaba ropajes negros detrás de la protección del pecho, una hebilla en forma de cabeza de dragón por tratarse de un soldado de la guardia real, su piel trigueña no hacía más que denotar al máximo aquellos ojos verdes que la veían con dulzura, a diferencia de la mayoría de los fanelianos, su cabello era castaño, tan oscuro que casi pasaba por negro, de no ser por aquel flequillo sería fácil notarle las cejas, un par de gruesas y perfiladas líneas castañas, un poco de cabello le asomaba por detrás de la cabeza, la hermana del rey sabía con certeza que ahí había una pequeña coleta sujetando el cabello para que no le estorbara al joven Capitán, no pudo evitar soltar un suspiro de frustración cuando sintió la mano de Ren tomarla delicadamente del brazo mientras la conducía de nuevo dentro de aquella habitación asfixiante, comenzaba a entender porque su hermano se la pasaba de tan mal humor la mayor parte del tiempo.

-Bien, he traído una taza de té caliente, ya está endulzado, si bebe un poco se sentirá mejor.

-De acuerdo… ¿sucede algo jefe Orgen?

El anciano sacerdote de Escaflowne se acercó entonces mientras dejaba una hoja en el escritorio, hizo una reverencia y salió de la habitación, Merle bufó con fastidio mientras tomaba la hoja y leía con cansancio, aquella ley del hielo que le habían impuesto los sacerdotes desde que se comprometiera con Ren la disgustaba, cosa que prefería camuflajear con apatía, para cuando terminó de leer lanzó un bostezo mientras colocaba la hoja en uno de los cajones donde había estado archivando los asuntos que solo dependían de su hermano, observó la pila de hojas pendientes mientras bebía otro sorbo de té de cantalu para luego volverse a incorporar.

-¿Falta mucho aun para que regresen?

-No, ya no deben de tardar.

-Entonces que mi hermano se encargue de lo que falta, ya le dejé ese asiento suyo bien caliente.

-Merle, no seas así, una dama tan dulce y lista como tú debería ser un poco más considerada con su hermano.

-¿Considerada? Las pulgas son consideradas, llevo haciendo su trabajo desde el día de su boda, que de gracias que solo quedó ese montón.

-Ese y todos los papeles que has estado colocando en el primer cajón.

-¿Capitán, me ha estado espiando acaso? No se si sentirme halagada o preocupada.

-Halagada diría yo, sabes que mi primer deber aquí es protegerte.

-No, no es cierto, capitán Ren, debes proteger a mi hermano y guiar a su guardia.

-Esas son mi segunda y mi tercer tarea, te lo he dicho muchas veces, mi prioridad eres tú.

El capitán se acercó despacio sin perder de vista el rubor leve que cubría el rostro frente a si, complacido con aquellos ojos gatunos y soñadores que lo veían antes de permitirle robar un beso de aquella boca que se le había prometido tiempo atrás, tomó de las manos a la secretaria del rey con dulzura y un poco de galantería, la escuchó ronronear con ligereza mientras deshacía el beso con lentitud, y mantuvo su cabeza agachada a fin de encontrar aquellos cabellos rosas cuyo aroma a girasoles lo volvía loco.

-¿Crees que mi hermano nos deje vivir en una de esas pequeñas casas que hay en el ala sur?

-No lo se, pero tengo vista una cerca de la entrada del castillo por si acaso.

-No quiero vivir lejos del Amo Van.

-No será así, ambos tenemos que vivir cerca, o no podremos cumplir nuestras obligaciones.

-Ambos debemos permanecer en el castillo para que nadie nos moleste cuando no cumplimos con nuestras obligaciones.

-¿A mi Lady le preocupa que el pueblo se ponga igual que los sacerdotes en un par de lunas?

-A la Gata le preocupa no estar cerca cuando mis sobrinos nazcan y mi hermano se vuelva un manojo de nervios.

-¿Todavía te preocupa que no podamos…

-No lo digas…

Se mantuvieron abrazados un poco más, antes de que un sonido peculiar llegara a los finos oídos de la ojiazul, por un momento dio la impresión de que un resorte se había accionado en sus patas, saltó hacia atrás para impulsarse de manera inmediata a la puerta por la cual salió a una velocidad vertiginosa, el capitán de la guardia real sonrió con un poco de tristeza preguntándose si alguna vez aquella beldad gatuna le mostraría devoción y lealtad en la misma medida que al rey, meneó la cabeza un poco para despejarla antes de salir a formar a la guardia para recibir a su rey, no debía ser ambicioso, debía contentarse con saber que su amor era correspondido en la forma en que había deseado.

El ritmo del carruaje comenzó a volverse cada vez más lento, Luin fue la primera en despertar, se asomó con cuidado por las cortinas, notando al instante como el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte mientras atravesaban la gran puerta de entrada al castillo, notó que algunos de los guardias se apresuraban al Patio Principal, así como algunas de las jóvenes que trabajaban en las cocinas y en las habitaciones, fue entonces que decidió despertar a Van, lo movió un poco por los hombros y él abrió los ojos, tuvo el tiempo justo para despejarse, justo a tiempo para sentir como se detenía el carruaje y escuchar a Phineas bajando del asiento del conductor.

La puerta se abrió, la joven pareja comenzó a bajar con calma para ser recibidos por una comitiva de sirvientes y soldados, el Capitán de la guardia y la hermana adoptiva del Rey los esperaban justo al principio de la fila, se veían contentos de verlos, aunque la gata mostraba signos de cansancio y fastidio en el rostro, ambos dedujeron que no lo había pasado muy bien.

-Sean bienvenidos de nuevo Sus Altezas. – Dijo Ren al tiempo que hacía una reverencia junto con el resto del personal.

-Bienvenido de nuevo hermano, Luin, que gusto que hayas vuelto.

-Levántate Merle, no es necesario que hagas eso.

-Mejor acompáñanos mientras me dices cuantos papeles me están esperando en el despacho.

Iban caminando cuando notaron erizado el pelo en la cola de Merle, la peliroja sonrió con disimulo, al parecer la gata no esperaba ser descubierta tan pronto.

-No, no es gran cosa, solo unos cuantos papeles sobre el escritorio… y algunos más en el primer cajón.

-Entiendo, ve con Luin a nuestra habitación y ayúdala con el equipaje, yo iré a atender esos papeles de una vez.

-¿Estás seguro que no pueden esperar para mañana? Necesitas descansar.

-Te advertí que estaríamos ocupados al regresar, no te preocupes, haré lo posible por terminar pronto.

-Te estaré esperando.

La pareja se separó apenas entraron al edificio principal, Merle guió a la antigua sacerdotisa por las escaleras hacia un área del castillo que en realidad no había visto en sus visitas anteriores, esto mientras intentaba mantener la calma ante las preguntas "extrañas" que su cuñada le hacía intentando molestarla un poco, finalmente dieron vuelta en uno de los pasillos, había solo una puerta en aquella área, era de madera roja con unas pocas incrustaciones en plata y oro, había dos dragones alados tallados en la madera del marco en un color azul marino, los ojos eran incrustaciones de rubíes pequeños y sencillos, Merle sacó una llave antigua y se la entregó a la sacerdotisa después de abrir la habitación, al ingresar, Luin notó la diferencia entre esa y el resto de las habitaciones, el muro no era de piedra como en la habitación que tenía Van tiempo atrás, los muros eran más parecidos a los del resto de las habitaciones, madera, aromática según pudo notar la pelirroja, con empapelado de arroz la mitad superior de la misma, aquella habitación era enorme, había una cama gigantesca en una esquina, la cabecera había sido acondicionada para cumplir con la función de llenar el hueco triangular entre las paredes y la cama, pero también tenía un par de repisas y una puerta, al parecer, las repisas servirían para colocar las espadas de ambos monarcas mientras que las puertas ayudaban a mantener un librero oculto; a cada lado de la cama había una mesilla de noche con una lámpara, un poco más lejos, también a cada lado, un armario de madera, Luin reconoció al instante el enorme mueble con dragones donde Van guardaba su ropa, el mueble al otro lado, de proporciones similares, tenía grabados que nunca había visto, tres planetas unidos por un enorme árbol inmenso de cuyas ramas colgaban estrellas, al acercarse un poco más, se dio cuenta de que el planeta de la derecha correspondía al Dragon World, el de la izquierda a Céfiro y el del centro era Gaea, con Mundo Místico y la Luna asomando por un lado, era un trabajo hermoso.

Había un tocador lleno de cajones y anaqueles pequeños con su respectivo banco al lado del armario de la Reina, y una pequeña sala con sillones individuales frente a una chimenea, una puerta al lado de dicha área debía conducir al cuarto de aseo, o eso dedujo Luin al notar la puerta con tallados de doncellas con grandes cántaros que vertían agua en un lago, había también una sola ventana enorme, un balcón pequeño en realidad, cubierto por dos cortinas ocultas tras una puerta de bambú, la pelirroja observó también un último detalle que le había pasado desapercibido en un principio, un par de fuertes postes que iban del piso al techo justo a los pies de la enorme cama, eran columnas fuertes y robustas, abajo, en lugar de una adornada piecera había un enorme taburete, no comprendió de que se trataba, no le hallaba un uso práctico, fue entonces que Merle pidió a las mucamas que dejaran el equipaje en el suelo y se retiraran.

-¿Qué te parece?

-Es… Impresionante.

-Mi hermano se tomó muchas molestias al encargar las cosas, no hay adornos en las paredes, dijo que tú te encargarías de eso.

-Esta habitación, ¿era así antes del incendio?

-No, era mucho más grande, el Amo Van nació en este lugar, durmió aquí al menos un año.

-Ya veo… ¿y porque esta no tiene los muros de piedra? La habitación que Van tenía antes…

-Esa habitación fue planeada como bodega.

-¿Bodega?

-Mi hermano se negó a tener una habitación propia antes de casarse, cuando reconstruyó el castillo hizo algunas mejoras, las modificaciones fueron mínimas, todas pensadas en que los espacios fueran más prácticos y más seguros también, decidió acondicionar una de las bodegas y fortificarla para que fuera la columna que sostuviera la mayor parte del edificio… ¿no te habías dado cuenta de eso?

-No, en realidad, pensé que su habitación debía estar más fortificada porque era el Rey.

-Te equivocaste, esta era la habitación destinada a mi hermano desde que su madre desapareció en el Bosque… nunca la tomó… hasta ahora.

-…

-¿Quieres que te ayude a desempacar?

-No, gracias Merle, lo haré yo, así me entretendré esperando a Van.

-Si yo fuera tú, no lo esperaría despierta… por cierto, nos vemos en la cena.

La gata se fue, la pelirroja acomodó las cosas, hojeó los libros ocultos, curioseó con las cosas que había en aquel tocador nuevo, tomó un baño, cenó con Merle y con el capitán Ren, habló un rato con la jefa de las cocinas sobre la posibilidad de atender ella misma los platillos de vez en cuando, invocó una mesita pequeña de su habitación en Céfiro y una esfera pequeña de su casa en el Dragon World para poder comunicarse con sus familiares, revisó uno de los libros en la cabecera donde encontró también un plano arrugado de los muebles de la habitación en el que se señalaba que hacía falta una cuna especial para poner en el lugar del taburete, por lo visto esperaban que sus hijos nacieran en aquella habitación… la noche ya estaba muy entrada cuando decidió ponerse una pijama caliente y acostarse a dormir, estaba acomodándose entre las gruesas cobijas cuando la puerta se abrió de improviso, dando paso a un hombre de rostro muy cansado cabellos negros y ojos escarlata, Van había terminado con el papeleo al fin.

-¿Sigues despierta?

-Estaba por acostarme… ¿te ayudo con algo?, no se, ¿te preparo un baño?, ¿te doy un masaje?

-No recordaba que fueras tan complaciente, no te preocupes, ve a dormir, en un momento te alcanzo.

Lo observó cruzar la habitación casi por inercia, lo observó mientras sacaba ropa cómoda y caliente para poderse cambiar, no lo perdió de vista ni un segundo cuando arrojó la ropa al otro lado de la cama justo antes de sentarse para sacarse las botas y quitarse la camisa, se sentía cansada pero, había extrañado tanto a aquel dragón blanco, que no se dio cuenta que se había puesto a gatas para cruzar el enorme colchón y envolver a su joven esposo justo cuando terminaba de sacarse los pantalones.

-Te dije que te acostaras a dormir.

-No quiero dormir.

-Te abrazaré en un momento, no te preocupes.

La chica le dio un beso en los labios, inocente al principio, impaciente al final, Slanzar se sentía cansado por la falta de sueño, agobiado por todos los problemas que había tenido que solucionar hacía un rato, sorprendido al darse cuenta de que su cuerpo le estaba respondiendo a aquella joven de ojos vedes, no creía que le quedaran fuerzas para nada más, y sin embargo ahí estaba, acercando con una mano aquel rostro pálido para besarla de nuevo mientras la jalaba con el otro brazo y comenzaba a quitarle la ropa que traía encima, no había pasado demasiado tiempo cuando ambos se encontraban ya desnudos dentro de las cobijas, envueltos en un abrazo que se les había vuelto costumbre desde la noche anterior, ajenos a su alrededor, a la noche, a la oscuridad, al silencio que rompían con cada suspiro, con cada gemido de placer; más tarde el sol los encontraría aun unidos bajo aquellas sábanas, el día les traería cientos de cosas por hacer, responsabilidades que recaían sobre sus respectivos cargos, para el reino entero serían los reyes, los responsables de solucionar problemas aquí y allá… y nada de eso importaba, solo fundirse en aquel abrazo por última vez antes de sumirse en el sueño y volver a empezar sus vidas.

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Notas de la autora:

Mil perdones, ahora saben más o menos cuanto me lleva usualmente escribir estos capítulos… atrapar la inspiración para escribirlos mejor dicho, en fin, espero que este último cap, menos hentaiezco que el resto les haya gustado, espero próximamente poder comenzar a subir El Portal y pues, muchas gracias a todos los que han leído este fanfic extraño, gracias especialmente a shizuka22 y a Camila Fanel por todo su apoyo, a mi querido hermanito Kermit que empezó a leer ya de último, jejejejeje, espero tu comentario y bueno, sigan divirtiéndose, pásenla bonito y no dejen de leer, no importa lo que los demás les digan.

Mi nombre es Tanya Lissete Waring Suárez, tengo 27 años, soy mexicana y termino de escribir este fanfic lemon el 25 de Enero del 2012 a las 11:30 de la noche, por último y haciendo referencia al tema "principal" de esta historia, si se casan, jamás de los jamases, nunca de los nuncas pierdan la oportunidad de irse de viaje de bodas de inmediato, es una de las mejores experiencias que pueden tener.

SARABA