Bueno, por fin os traigo el capítulo 3. Este capítulo tiene alguna sorpresilla, pero aun nos mantenemos dentro del entrenamiento de Yusuke e Izaya.
Seguramente, el fanfic se alargue a seis capítulos, depende de las ideas que me surgan. Lo que sí tengo claro es que el capítulo cuatro será el último en lo referente al entrenamiento de Yusuke e Izaya.
Por último solo decir que espero que os guste ^^
Yusuke e Izaya, después de haber entrenado duramente, decidieron tomar un descanso de medio día y así aprovechar para apuntarse al torneo.
-Al parecer ahora todo el que quiera participar, incluso si soy yo mismo, debe de apuntarse… La verdad es que se ha vuelto muy serio este torneo –Se quejó Yusuke. –El problema es que seguramente todo esté lleno de demonios y me reconozcan… ¡Ah! ¡Ya se! –Tal y como hizo al resucitar, se ocultó tras unas gafas de sol y una gorra.
-Sí, seguro que nadie te conoce así… -Dijo Izaya con ironía.
-Calla niño. –Tras un capón, decidieron ir sin más discusión.
Tal y como Yusuke predijo, el lugar estaba infestado de demonios. Muchos de ellos se habían presentado en la anterior elección (El propio Izaya les reconocía por haber visto las retransmisiones de los combates) y ninguno destacaba por su aura o por su apariencia. Había un par de demonios que parecían fuertes, pero que con un poco más de entrenamiento, para Izaya no serían nada.
Este buscó con la mirada un indicio de Inezumi, sin embargo no pudo ver ningún rastro. Seguramente, se habría presentado antes… O aun no lo había hecho.
La inscripción de Izaya fue sencilla, no hubo problema, sin embargo, quien atendía a las inscripciones sí que era un problema…
La mujer de pelo azul atendía a todos los participantes con una sonrisa, sin embargo, al ver a Yusuke, su mirada se clavó en él, como si hubiese visto un fantasma del pasado y tratase de recordarlo.
-Oye… Yo te conozco, ¿verdad? –Preguntó acercándose más a él, sin importarle la fila de demonios y humanos con poderes que esperaban ser inscritos.
-No, no lo creo, vámonos Izaya. –Dijo Yusuke nervioso intentando huir de allí a toda prisa.
Sin embargo, esta vez las cosas no le irían tan bien a Yusuke.
-Claro que le conoces. –Respondió una voz masculina, algo grave, pero con cierta suavidad. -¿O vas a hacerte el loco después de tantos años?
-… -Yusuke miró al hombre que le había dirigido la palabra. No supo qué decir al no tener ni idea de quien se trataba.
-Oye Botan –Dijo el hombre. -¿Por qué no descansas en tu trabajo y nos vamos a un sitio donde no haya nadie?
-Disculpe, pero… ¿Quién es usted? –Preguntó sin saber tampoco quien era.
El hombre suspiró casi con desesperación.
-Hazme caso y ya está. –Dijo fríamente.
Todos siguieron al hombre de pelo plateado, vestido de traje, con un gorro elegante y unas gafas de sol. Aunque no sabían quien era, algo dentro de ellos les decía que era alguien de fiar.
Pronto llegaron a un lugar desierto, sin un alma. Allí solo se encontraban Botan, Yusuke, Izaya y el hombre misterioso, el cual, no tuvo más remedio que quitarse el gorro y las gafas para ser reconocido.
El pelo de color plata cayó por su propio peso llegando hasta la espalda, sus ojos, amarillos brillantes iluminaron el corazón de sus dos conocidos.
-¡Kurama! –Exclamaron al unísono.
-¡Pensaba que te habías perdido en las profundidades del infierno! –Exclamó Yusuke aun sin revelar su identidad.
Kurama rió y les miró momentáneamente con nostalgia, después tornó una mirada seria.
-Estos últimos años… Es cierto que he estado en el infierno bastante ocupado, pero no estaba perdido… He estado investigando en nombre del mundo espiritual –Afirmó sin alzar mucho la voz.
-¿El señor Koenma le mandó una misión? –Preguntó Botan olvidándose por completo de Yusuke
-Así es… He estado vigilando a Hiei entre las sombras. –Afirmó mirando al infinito con algo de tristeza. Creemos que quiere destruir el mundo espiritual…
-¿Hiei? ¿Para qué querría hacer algo así? –Cuestionó Yusuke extrañado.
-Para eso he estado investigando… Hiei se hizo parte de la guardia de Mukuro, así que puede haber pasado cualquier cosa… Antes de que me descubrieran, solo pude adivinar una cosa… Y es que Mukuro se retiró de la lucha y Hiei ocupó su puesto… Él mismo me dijo que advirtiera a Koenma de que tuviese cuidado. –Las palabras de Kurama sonaban completamente ciertas. En boca de cualquier otro hubiesen dudado, sin embargo, todos sabían que él no mentiría.
Izaya, por su parte, observaba con ilusión la silueta de Kurama. Tenía en frente de él a otro de los guerreros legendarios, sin embargo, algo no le cuadraba… ¿Kurama no tenía el pelo rojo?
-Eso es horrible… -Musitó Botan con lágrimas en los ojos. –Hiei no sería capaz de hacer algo así sin ningún motivo… Algo ha tenido que impulsarle a ello…
-Actualmente Hiei es uno de los seres más poderosos del mundo demoníaco. Se que se ha inscrito al torneo, así que he decidido apuntarme también… Yusuke, tú y yo somos las únicas personas que podemos pararle los pies a Hiei si es que realmente planea hacer esa barbaridad… -Ni siquiera Kurama estaba seguro de esos planes de Hiei, al fin y al cabo, el propio Hiei no confirmó literalmente las sospechas que tenía Koenma.
-¿¡Yusuke! –Se exaltó Botan. -¡Por eso me sonabas! ¡Eres Yusuke! ¡Claro!
No tuvo más remedio que quitarse su "elaborado" disfraz.
-¿Tú y yo? ¿Detenerle? ¿Para qué? En este torneo puede ganar cualquier ser malvado, todos lo sabíamos… Si gana Hiei, mala suerte.
-¿Estás hablando en serio? –Se extrañó Botan.
-Además… Yo ya no estoy en condiciones de luchar… -Comentó agarrándole el hombro a Izaya, que seguía asombrado mirando a Kurama. –Este chico será mi heredero de ondas espirituales. Si él quiere detener a Hiei, no seré yo quien lo impida.
-No digas tonterías, Yusuke –Interrumpió Kurama mirando a Izaya y desviando su mirada a Yusuke rápidamente –Se que llevamos mucho tiempo sin luchar, pero ese no es motivo para pasar tus poderes de una forma tan prematura.
-Estoy cansado de ganar sin esforzarme. –Explicó. –Además, hago lo que quiero, ¿O es que aun no me conocéis? –Preguntó algo irritado. –No me hace gracia que nadie acabe con la tranquilidad de este mundo, pero no puedo meterme en los deseos de los ganadores… Si da la casualidad de que Hiei gana el torneo y pretende destruir el mundo espiritual, el humano o el que sea, mala suerte…
-… -Kurama observó en silencio a Yusuke cerrando los puños. –Es decir, que no harás nada.
-No exactamente. Ya he dicho que si Izaya quiere, puede hacerlo.
-P-Pero yo… –Izaya habló por primera vez, sin embargo, Kurama volvió a interrumpir.
-Yusuke, este chico no tiene ni un cuarto de tu fuerza y poder actuales… ¿Cómo pretendes que le haga frente a Hiei en menos de una semana?
-Yo mismo le estoy entrenando… Y te diré una cosa, dentro de una semana, este chico será más fuerte que yo. –Yusuke hablaba con seriedad y con ambición en sus ojos.
Kurama le observó, prefirió no comentar nada acerca de esa afirmación.
-Hiei es uno de los demonios más poderosos… Pero tú y yo también lo somos. Si no quieres hacer algo, no lo hagas… Al menos me alegra que el poder no se te haya subido a la cabeza –Afirmó Kurama con una leve sonrisa.
Esta vez fue Yusuke el que prefirió no decir nada al respecto. Rápidamente, se produjo un silencio incómodo que Izaya cortó sin darse cuenta.
-De todas formas… ¿Él es Kurama? ¿El famoso demonio que encerró a Toguro? –Preguntó Izaya con un brillo especial en los ojos.
Kurama respondió afirmativamente.
-Por favor… Me gustaría que me contestaras a una pregunta… -Izaya tornó su mirada algo suplicante. -¿Cómo puedo derrotar a Toguro?
-¿Toguro? –Preguntó extrañado. -¿A qué viene eso? – La noticia de la huída de Toguro no se había extendido, no era un demonio peligroso, por lo que el mundo espiritual prefirió no manifestarlo más allá de las partes afectadas del problema de su huida.
-Verás… Fuimos de excursión a ver a Toguro cuando mi amiga Inezumi tocó tu planta y se desvaneció… Él escapó llevándosela consigo… Tengo que detenerle antes de que la haga cualquier cosa, no puedo permitir… Que la pase nada… -Dijo cerrando los puños con culpabilidad.
-Eso no es posible –Dijo Kurama ignorando las preocupaciones del chico por un momento. –Es cierto que los poderes que usé antaño se debilitan poco a poco porque van perdiendo poder espiritual, pero es imposible que esa planta se desvanezca solo por tocarla… Haría falta el porder de un demonio de nivel B por lo menos para que eso ocurriese.
Las palabras de Kurama llevaron a Izaya momentáneamente al pasado. Él reaccionó al ver a Inezumi acercando su mano a la planta… Y reaccionó con una explosión de poder. Comenzó a temblar violentamente, pero manteniendo aun firmeza en su palabras, preguntó.
-¿Y si el poder de nivel B vinieran de un humano…?
Yusuke agachó la cabeza. Él sabía desde el principio los motivos; era evidente después de haber sentido la explosión de poder de Izaya tan cerca. (Seguramente, de no haber sido por ella, Yusuke nunca hubiese encontrado el lugar)
-…También… -Respondió haciéndose una idea de lo que había ocurrido al ver el temblor del chico.
Izaya comenzó a lanzar lágrimas por sus ojos, con gran sentimiento de culpa y rabia. La culpa no había sido de Inezumi, si no suya.
Los tres conocidos, se quedaron en silencio sin saber cómo reaccionar.
-De todas formas… -Comentó Kurama. –Yusuke, piénsate bien lo que estás haciendo. Si en el torneo me toca pelear contra ti…
-No espero menos de ti, Kurama –Afirmó Yusuke con una sonrisa, sabiendo de antemano que Kurama lucharía con todo lo que tiene contra él.
Seguidamente, Kurama miró a Izaya y decidió añadir algo a su silencio anterior.
-Ese demonio parecía invencible… Pero no lo es. Toguro tiene partes vitales irremplazables… Si le haces polvo al cien por cien, no volverá a regenerarse jamás. –Afirmó. –Aunque para conseguir eso, necesitarás tener un poder tan grande como el que tienes a tu lado… -Dicho esto, saludó a Botan y a Yusuke con la mano y desapareció.
-Oye Botan… -Dijo Yusuke rascándose la cabeza. Se quedó pensativo por un momento y bajó la mirada. Después de un suspiró, no comentó nada. –Nada, no importa… Oye, Izaya –Al mirarle, observó que el chico que había quedado en el sitio, con la cabeza agachada. Yusuke pensó que se había perdido en la desgracia. –Si no lo ves bien, yo…
Antes de que pudiese terminar su frase, Izaya agarró de la muñeca a Yusuke, con firmeza y seguidamente elevó la cabeza hasta poder mirarle la cara con un ojo.
-Quedan dos semanas… hazme más fuerte… -Su mirada era firme y tajante. Eso borró todas las dudas de Yusuke.
-Eso ni lo dudes. –Sonrió olvidándose de lo que iba a preguntarle a Botan.
-¡Chicos! –Irrumpió ella misma el momento. –Yo le apuntaré, así que podéis iros.
-¿Como que le? –Preguntó Yusuke –Que no quiera saber de los planes de Hiei no significa que no quiera participar. Hace muchos años que no me enfrento a nadie debidamente… Hacerlo en igualdad de condiciones es más tentador que saber que ganaré de antemano.
Botan afirmó con la cabeza y sonrió; Ese era el Yusuke que conocía.
Izaya y Yusuke continuaron su entrenamiento de forma intensiva; Izaya se quejaba menos y se esforzaba a tope: El sentimiento de culpa le había decidido a hacerlo todo por su mano, dando lo mejor de si mismo por recuperar a Inezumi.
Además de los entrenamientos, de vez en cuando se acercaban al lugar de inscripciones del torneo. Izaya tenía la sensación de que podría encontrar todavía a Inezumi antes de que comenzase todo. (De paso, vería el tipo de candidatos que acudían.) Había mucha variedad; tanto humanos como demonios y semis. Es cierto que la mayoría habían perdido mucho poder desde el tipo de seres que se presentaron doscientos años atrás, pero aun permanecían algunos tipos escalofriantes, cuyo poder casi podía equipararse con el del mismísimo Kurama… O con Yusuke.
El tiempo que estuvieron allí, descubrieron que el favorito de la gente era el propio Kurama, lo que hacía que Yusuke sintiera cierta nostalgia. Había muchos demonios y semi-demonios que eran nombrados, lo que les preocupaba y a la vez les hacía desear seguir con el entrenamiento para llegar a superarles. Y también descubrieron… Que Toguro y los suyos aun no se habían inscrito, tal y como Izaya pensó.
Se cruzaron ambos caminos, provocando cierto forcejeo espiritual.
-Vaya… ¿No eres el mocoso que estaba con Nezu-chan? –Preguntó tomándose muchas confianzas con la chica.
Izaya buscó con la mirada a Inezumi, ignorando las palabras del que aun le superaba espiritualmente… El entrenamiento que Toguro había llevado a cabo, también parecía mejorarle a él. Inezumi se hizo ver por detrás de este.
Su mirada estaba en blanco, pero se notaba cierta seriedad maligna… Miró a Izaya como quien mira a un extraño, con la mirada perdida.
Al verle las heridas de los entrenamientos, Izaya aumentó su forcejeo espiritual sin efecto alguno en Toguro, que sonreía con disfrute.
-Inezumi… La culpa de que estés ahí es mía… juro que te salvaré y te traeré de vuelta a casa…
Inezumi sonrió con los ojos, mostrando superioridad.
-Yo ya estoy en casa… estúpido humano…
Su voz, fría y rajante, llegó al alma de Izaya.
-¿Qué…? ¿¡¿Qué le has hecho? –Preguntó rabioso, lanzándose a por Toguro, siendo parado a tiempo por Yusuke, quien le agarró un brazo.
-¿Yo? Yo solo la he entrenado. Lo que piense ahora de todos vosotros no es asunto mío –Comentó satisfecho, sonriendo con orgullo.
-Tú eres Yusuke Urameshi… ¿verdad? –Preguntó Inezumi ignorando la escena. –Es cierto, ese poder espiritual que posees es muy particular… Me hará ilusión enfrentarme a ti en el torneo.
Yusuke miró a la chica sin albergar ningún tipo de sentimiento, ni siquiera respondió a su intento de desafío.
Sin mediar más palabra, Yusuke se llevó a Izaya a rastras, el chico no podía creerse que Inezumi se hubiese tan prepotente en tan poco tiempo y más siendo como era… Dijera lo que dijese Toguro, él sabía que la había lavado el cerebro.
-Has actuado muy bien –Una vez se fueron ambos, Toguro habló, dirigiendo sus palabras a la chica, a pesar de que su mirada se dirigía al horizonte.
-¿Eso crees? Estaba muy nerviosa… ¿Crees que Izaya querrá enfrentarse a mí después de esto?
-Más bien querrá enfrentarse a mí, pero… No te preocupes, si sigues así, acabará queriendo enfrentarse a ti. Haz que parezca que ya no eres la misma y que quieres acabar con él y lo hará… Aunque la verdad, no se que pretendes enfrentándote a él…
-Izaya ha sido siempre una buena persona… Se que quiere protegerme, pero quiero demostrarle que yo misma puedo protegerme… y también puedo tomar mis propias decisiones… Quiero que vea que me he hecho fuerte… Tanto física como espiritualmente. –A Inezumi le brillaban los ojos al hablar.
-Qué chica más rara… Aunque no puedo meterme con ello… Ya sabes que tu objetivo a pesar de todo es ganar, ganar y llevarnos de nuevo a la oscuridad del mundo demoníaco, donde por fin, no te sentirás sola.
Inezumi asintió con determinación. Realmente, creía en los planes de Toguro y los apoyaba completamente. Ni siquiera dudaba en que el objetivo de Toguro, pudiese ser otro totalmente distinto…
-¿Es que eres idiota? ¿Qué crees que te hubiera pasado si te hubieses enfrentado a él? –De un tirón, Yusuke empotró a Izaya en la pared, justo tras desaparecer en una callejuela cerca del lugar en el que estaban. -¿Crees que hubieras salido bien parado? ¡Aguanta tu ira para cuando tengas que sacarla! –Yusuke sermoneaba a Izaya a pesar de que él mismo sabía que haría lo mismo en su situación… De hecho, por su mente no paraba de proyectarse a si mismo lanzándose contra el hermano menor Toguro al ver morir a Genkai.
Izaya mantenía la cabeza gacha y el aire espiritual fluyendo con ira.
-Deja de malgastar el poder espiritual –Comentó Yusuke dándole un capón, devolviendo a Izaya a la normalidad. -¿Tanta ira tienes? Entonces entrena con todo lo que tienes, mejora… Y deja de malgastar el tiempo.
Izaya se levantó del suelo y miró a Yusuke con tristeza.
-Destrozaré a ese Toguro… Por haber mancillado la mente de Inezumi… ¡No dejaré de él ni el polvo de sus restos! –Su mirada se tornó agresiva, seguidamente, fue a golpear a Yusuke, quien le paró con algo de dificultad.
-Me alegro de que pienses así, pero… Lo mejor en un combate es mantenerse sereno… ¡Porque si no, no podrás ver más allá de tus narices! –Para demostrarlo, Yusuke golpeó el costado del chaval, quien se retorció con dolor y cayó al suelo sin aire. –Todavía te falta mucho por aprender Izaya, tanto física como psicológicamente… Te prometo que mejorarás siempre y cuando estés dispuesto a escucharme… Y hacer lo que yo te diga que hagas.
Izaya se levantó del suelo jadeando, las piernas le temblaban del golpe. Había faltado poco para que se le rompieran las costillas.
-Eso… No hace falta decirlo… -Con es resto de su fuerza, respondió, seguidamente, se desmayó.
-…Vaya… Me he pasado con el golpe… -Yusuke sacudió la mano con la que había parado el puñetazo de Izaya. El daño que le había adjudicado había hecho que automáticamente dejase de modular tanto la potencia. Por suerte, pudo darse cuenta antes de golpearle, si no lo hubiera hecho, Izaya hubiese muerto al instante.
Izaya soñó mientras estaba inconsciente. De nuevo apareció esa aura espiritual tan extraña. No sentía nada en absoluto y lo único que podía hacer era escuchar su nombre repetidas veces; alguien le llamaba con calma, solo le llamaba.
Se sentía flotando en medio del aura, el cual era oscura, aunque con algún toque dorado.
"¿Dónde estoy?"-Se preguntaba Izaya sin hablar, relajado.
-Izaya…
-¿Quién eres? –Preguntó murmurando.
-Tu aura… mejorar… dorada… -La voz mencionaba palabras sueltas, las cuales, no eran comprensibles para él.
-Izaya…
-¿Quién… eres…? –Repitió
-Izaya… ¡Izaya! –La voz de pronto se tornó conocida. Yusuke le llamaba.
El aura fue desapareciendo poco a poco en un remolino, hasta ver la cara de Yusuke.
-Ya era hora… ¿Cuánto pensabas dormir? –Preguntó molesto.
-¿Dónde… estoy? –Preguntó levantándose, con dolor de cabeza.
-En mi casa –Respondió Yusuke yéndose hacia otra habitación. –Siento el golpe, pero no pensé que estarías durmiendo tres días seguidos.
-¿Tres días? –Preguntó algo alterado.
-Sí. –Afirmó dejando una taza de té en la mesilla. –Recuperaremos los días con entrenamiento intenso.
-Sí… -Afirmó bebiendo té, sin soltarse la cabeza.
-¿No te duele el costado? –Preguntó Yusuke sentándose en el suelo, fumando un cigarro.
-No… -Tras contestar, se acomodó y miró a Yusuke –No sabía que fumabas.
-Si bueno… Dejé de fuma hace muchos años… Ahora solo fumo en contadas ocasiones. –Respondió con una mirada melancólica.
Izaya observó la habitación. Estaba desordenada y llena de polvo, se notaba que hacía muchos años que nadie vivía ahí.
-He quitado las telarañas y demás cosas asquerosas, siento la pocilga. –tras decir esto, se levantó y se quedó mirando por la ventana.
De pronto, por los ojos del chico se cruzó un pequeño cuadro, con el polvo limpiado totalmente. Eso le llamó la atención, por lo que alargó el brazo para cogerlo y verlo de cerca.
-Este eres tú, ¿verdad? ¿Quiénes son los otros dos? –Preguntó mirándolo de cerca. –Esta chica es muy guapa, ¿es tu novia? –Preguntó sin ninguna maldad en sus palabras.
El silencio llenó la habitación de incomodidad, Yusuke soltó el humo de su cigarro y lo apagó en la cornisa de la ventana.
-Era mi mujer… Keiko. –Dijo con algo de melancolía. –El chiquillo era nuestro hijo, Kosuke… Su nombre lo eligió ella, siempre fue muy típica en esas cosas. –Rió sin dejar de mirar a la calle.
De pronto, Izaya recordó que Yusuke era un demonio, todo eso le hizo pensar en que habría sido mejor no haber preguntado nada. Guardó silencio bebiendo té.
-No te sientas cohibido. Pregunta si quieres, en cuanto estés mejor no verás ni oirás nada más allá del entrenamiento. –Afirmó Yusuke con algo de dolor.
-¿Qué fue de…? –Preguntó con curiosidad, dejando la foto en su sitio.
-Cuando Keiko tuvo al pequeño… -Interrumpió. -Creo que fue el momento más feliz de mi vida… Yo mismo me pregunté por qué sentía tanta emoción al pelear cuando nada de eso podía compararse con esa emoción… -Afirmó apoyándose en la ventana. –Él creció como un humano normal, no tenía problemas, era buen estudiante, todo lo contrario a mí… Pero… él crecía y yo me quedaba así, joven, más joven que él y que Keiko… Fui un idiota y sentí miedo, así que desaparecí de sus vidas en un día cualquiera… No volví a saber nada de ellos.
Izaya agachó la cabeza. Sabía que para Yusuke sería complicado contar algo como eso.
-¿No te despediste de ellos?
Yusuke cerró la ventana de un golpe seco que puso a Izaya en alerta.
-¿Por qué no nos vamos a seguir? –Preguntó con su tono de siempre. –Te veo bastante bien para estar recientemente herido.
Izaya se levantó y, ya sin dolor de cabeza, salió del lugar, no sin antes echar un último vistazo al pequeño marco.
El entrenamiento fue especialmente duro para Izaya. Yusuke no parecía tener la intención de contenerse ni de darle tregua al sufrido chico.
-A este paso vas a matarle –Una voz sacó de la concentración a ambos muchachos.
A pesar de haber estado entrenando con dureza, Yusuke no aparentaba haber hecho nada de ejercicio, al contrario que Izaya, el cual jadeaba sin aliento, agradecido por dentro de la interrupción.
-Vengo con noticias –Koenma no parecía muy contento, lo cual se reflejaba en su cara seria y en los papeles que llevaba en la mano.
-¿Qué ocurre ahora? –Preguntó Yusuke con una mueca.
-Te recuerdo que sigues siendo detective del mundo espiritual. Y que sepas que no te saldrá gratis el haberte escaqueado de tu trabajo ciento cincuenta años. Tuve que pedirle a Kurama que trabajase por ti como un favor personal… -Comentó Koenma bastante molesto. –Pero de esta no te escaqueas.
-Oye… ¿Es que no ves que estamos entrenando para evitar que alguien caiga en las garras del mal? –Preguntó con ironía desviando la mirada a Koenma, con una mueca molesta.
-Por mí como si te juegas el destino del mundo. –Tras pensar un momento lo que diría, Koenma tosió restando importancia a la frase que acababa de soltar. –Pues llevarte al chico si quieres, será un buen entrenamiento…
Tras unos segundos de silencio, Yusuke pareció convencido, dejó su pose de guardia y atendió a Koenma.
-¿De qué se trata? –Preguntó con un tono vago.
-Al parecer, se está dando una serie de asesinatos en serie que la policía no puede resolver… Hemos encontrado huellas espirituales demoníacas, así que creemos que puede ser obra de algún demonio escurridizo.
-Si tienes la huella espiritual… ¿Por qué no lo identificas? –Preguntó Yusuke tras bostezar.
-Si fuera tan fácil ya lo hubiese hecho… Veréis, se trata de un demonio con una capacidad sorprendente para camuflarse. ¿Recuerdas el poder de Yanagisawa? Algo así… Puede metamorfosearse en un humano y por lo tanto cambiar su huella espiritual.
-¿Y cómo quieres que le cace?
-Este demonio se alimenta de humanos, pero no de humanos cualquiera, de humanos con un poder espiritual medio-alto. Es un tipo de demonio poco común… -Mientras Koenma explicaba esto, miraba a Izaya, valorando su poder espiritual. Yusuke se dio cuenta de ello y miró seguidamente a su aprendiz.
-Ah, ya entiendo… -Yusuke sonrió, por primera vez en mucho tiempo, coincidió en la idea que rondaba la cabeza de Koenma.
-No llevará mucho tiempo. Suele atacar Shibuya, así que no tardaréis mucho.
-¿¡Shibuya! –Preguntó Izaya extrañado. -¡Se tardan horas en legar a Shibuya!
-¡No te preocupes! Si tenemos transporte personal…
Tras las palabras de Yusuke, resonó por el bosque un graznido bastante llamativo. Después un aleteo y finalmente un golpe cercano. Los tres salieron fuera, el únio extrañado parecía Izaya.
-Este es Pu. Es mi bestia espiritual particular.
-¿¡Si tenías esto cómo pudiste estar perdido tanto tiempo por estas tierras! –Preguntó Izaya con nerviosismo.
Yusuke reaccionó ante esa frase con una patada mientras se sacaba cera de los oídos.
-¡Cállate y monta! Estaremos allí en menos de una hora, haremos el trabajo y seguiremos con lo que nos concierne.
Los tres subieron en Pu y tal y como indicó Yusuke, en menos de una hora llegaron al lugar.
La tecnología de Shibuya era sorprendente. Había variedad de razas, ya fueran de demonios, semi-demonios o humanos. Las calles estaban llenas de gente.
-¿Cómo pretendes que encontremos a nadie aquí? –Preguntó Izaya.
-El demonio ataca cuando alguien se queda solo, sea donde sea… ¿Por qué no vas al centro comercial? Yo crearé la situación para que te quedes solo. –Afirmó Koenma sin preocupación.
-De acuerdo… ¡Un momento! ¿Cómo que por qué no voy? ¿¡Por qué tengo que ser el señuelo! –Izaya gritó, aunque el bullicio de la gente era tal que casi no se percibió en la calle.
-Es evidente, tienes un poder espiritual acorde y parece buena idea para mejorar en tu entrenamiento. Estaremos vigilando por si la cosa de pone fea, pero intenta cargártelo tú. –Comentó Yusuke
-¡De cargártelo nada! –Exclamó Koenma. –Debes de capturarlo con vida. Debilítale, solo eso. Tiene que pagar por sus crímenes.
Sin decir nada más, cada uno se fue a su lugar. Una vez dentro del centro comercial, el cual se encontraba hasta los topes, Izaya trató de no hacer denotar su poder del todo, para llamar la atención al demonio.
Después de un rato, la alarma de incendios comenzó a sonar.
"¿Esta era la idea de Koenma para dejar solo el centro comercial…?"
La gente comenzó a salir, empujando a Izaya de vez en cuando, el cual se estaba empapando por el agua que caía de los sistemas antiincendios. No apareció ninguna señal de policía o bomberos, lo que significaba que realmente, Koenma se había ocupado de todo.
Aprovechando la soledad, Izaya hizo más notable su poder espiritual. No tardaron mucho en sonar unos pasos tras de él.
-Chico, ¿Estás bien? –Preguntó una mujer con el uniforme de dependienta de una de las tiendas. Deberías de salir de aquí, las puertas antiincendios han saltado, no hay nada que robar, si esa era tu intención… -Comentó tímida.
-Estoy bien, no te preocupes –Izaya había olvidado que el demonio al que se enfrentaba, podía transformarse en humano.
-Vamos, yo te acompañaré… -Acercándose unos pasos, la mujer cambió a un semblante tenebroso y su voz cambió con ella. -¡Al otro mundo!
Abriendo una mandíbula descomunal, trató de morder a Izaya, el cual, al ver semejante cambio, reaccionó con cara de sorpresa y con un salto hacia atrás.
-Eres muy hábil, humanucho… ¡Pero eso no te servirá de nada! –Volviendo al ataque, el demonio sacó una larga cola que reventó el traje de dependienta. Iba directa a la cara de Izaya.
Con gran maestría, Izaya lo esquivó. Esa velocidad no era nada comparada con la de Yusuke.
El chico estaba asustado, nunca se había enfrentado a nadie que no fuera Yusuke y se notaba por sus movimientos innecesarios y nerviosos. Sin embargo, poco a poco comenzaba a centrarse y a acordarse de las clases que le había dado.
-No te creas tan bueno solo por esquivar mis ataques… ¡Te acabaré devorando igual! ¡A ti y a ese poder espiritual tan sabroso que rezumas!
Sin perder la calma, Izaya concentró su aura en los puños y se lanzó al ataque.
-¿Crees que puedes hacerme algo? Vamos… ¡Soy un demonio de nivel C medio! Un enclenque como tú no podrá ni tocar…
En medio de su retahíla de palabra, un puñetazo acudió a su estómago, haciendo que se retorciera y tuviese que comerse sus palabras.
-Maldito humano… -Susurrando se lanzó con todas sus fuerzas a por Izaya, quien, aumentando su nivel espiritual y concentrándolo en el puño, le miraba sin pena.
-¡Reigan! –Con su grito, el poder de su puño se empotró contra el monstruo, quien cayó al suelo completamente derrotado, débil, pero sin morir.
-Maldito… seas… Tu nivel de aura… no es media… -Tras decir eso, se desmayó.
Yusuke y Koenma entraron satisfechos por el trabajo de Izaya.
-Bien hecho, pero… Invéntate un nombre propio para tus ataques, puedo denunciarte por copyright. –Yusuke sonrió al ver el fruto de sus esfuerzos y agarró a Izaya por un hombro. –Vámonos a seguir, aquí creo que hemos terminado.
-Ah, si, claro. –Respondió Koenma haciendo su trabajo pendiente con el demonio y un par de ayudantes. –Muchas gracias Yusuke, Izaya.
Tras decir esto, los dos se fueron volando en Pu. Izaya estaba especialmente contento, había derrotado a un demonio de nivel C casi sin esforzarse. Eso significaba que iba bastante bien en su entrenamiento.
Y no estaba de más. Quedaba una semana para que comenzara el torneo.
