Sus ojos se abrieron poco a poco, reacostumbrándose a la luz, era una sensación muy extraña, era como si viera todo por primera vez aunque claramente recordaba como se veía el mundo, aunque no estaba seguro de donde venía ese recuerdo que cada vez le parecía mas vago y ajeno.
Miro a su alrededor buscando algo que le ayudara a orientarse, algo conocido, aunque no estaba seguro de que era exactamente algo conocido y lo hizo de un modo mas bien instintivo. Tras su inspección de la habitación concluyo que estaba en una especie de comedor o algo similar, había una mesa al centro de todo y varios adornos en las paredes, también se encontraba ahí una vitrina que contenía copas y vajillas y demás cosas.
Se acerco a la vitrina, no recordaba las palabras, pero conocía lo que eran, una vez mas de forma instintiva, se acerco mucho a ella y la luz que entraba por una de las ventanas pues aunque tenue aún había luz del sol, hizo que su rostro se reflejara y por un instante no se reconoció a si mismo.
Vio en el reflejo a un hombre joven, cabello rojo abundante y en un peinado que parecía desafiar toda ley de gravedad, sus ojos eran de un verde muy profundo y bajo de ellos había un par de lunares, uno bajo cada ojo que le recordaban un par de lagrimas. Retrocedió un poco, se fijo en sus ropas, eran simples, solo una camisa verde y un pantalón de color marrón, y al final de ellos un par de botas negras. Era extraño y a la vez aterrorizante… ¡no se reconocía! Sabia que era el en el reflejo, tenía que ser el, pero no se recordaba así, de hecho no se recordaba en lo absoluto así y de ninguna otra manera, era una sensación estremecedora, lleno de terror y desesperación se dejo caer sobre sus rodillas.
-Eres tú, aunque no recuerdes quien eres tú. Es solo un periodo, pasara pronto y lograras recordar con claridad todo.
Giro rápidamente la cabeza en la dirección de la que venía la voz. Justo a sus espaldas, el movimiento tan precipitado le mareo un poco pero se recupero pronto y se puso de pie encarando el espacio vacío del que podía jurar había venido la voz.
-¡¿Quién eres?!
Trato de llenar su pregunta con un valor que no sentía pero su voz reflejaba la inseguridad de la que era victima.
-¿Estas seguro que lo que sientes es miedo?
-¿De que hablas?
En ese momento lo lleno una sensación fría o mas bien dicho la falta de sensación alguna. Era algo muy extraño hasta hace un momento habría asegurado que lo que sentía era temor, pero ahora que la voz misteriosa lanzaba esa pregunta se daba cuenta de algo aún peor, no sentía miedo, de hecho, no sentía nada solo ese inmenso vació que dejaba el recordar que era y como era lo que debía sentir y no sentirlo.
Frente a el apareció un hombre de estatura alta, y complexión media pero regia. Estaba vestido con una especie de gabardina que le cubría y envolvía por completo, lo bastante larga como para cubrirle el calzado y coronada por una capucha que cubría su cabeza y sumía su rostro en una profunda sombra.
El lo observo, no le infundaba respeto pero el aura que emanaba de el era sin lugar a dudas poderosa, si pudiera sentirlo seguramente le hubiese infundado un gran temor.
-¡Únete a mi y haré que esa sensación de vació en tu pecho desaparezca!
Era un atrevimiento de ese extraño el venir así y formular semejante exigencia mientras ofrecía una promesa incomprensible. Porque no podía comprender como aquel desconocido sabía acerca de la sensación.
-¿Quién eres?
-Mi nombre es Xemnas, disculpa mi falta de cortesía pero el tiempo nos apremia.
-¡Bien Xemnas quiero respuestas y las quiero ahora¿Dónde esta...? –Trato de decir un nombre, un nombre que no podía recordar, que ya no conocía se confundió y olvido esta confusión tan rápido como llego, rehaciendo su pregunta.- ¿Dónde estoy?
Xemnas no contesto mas que con un largo silencio que hizo que se desesperara cada vez mas, hasta que estallo en una especie de rabia sin sentimientos.
-¡Te hice una pregunta!
Al decir estas palabras extendió sus brazos a sus costados y abrió lo mas que pudo sus palmas, entonces del aire se materializaron un par de discos rojos con cuatro puntas y el borde afilado, y esa era la única parte donde el color era de un plateado casi blanco. Cerro los puños para sujetarlas de una especie de asidera con forma de cruz, justo cuando toco el metal un amplio circulo alrededor de el y Xemnas se describió con grandes llamas. No entendía como lo hacía pero entendió que el podía controlar estas llamas, salto en un ataque contra el encapuchado, pero el desapareció en el aire. Presintió que ya conocía una técnica similar.
El golpe solo consiguió asestar contra la mesa que fue destrozada por el impacto, trato de girarse para buscar a su objetivo, pero al volver la cabeza se encontró con la palma derecha de el muy cerca de su rostro, después de eso vio un gran destello y y callo contra lo que quedaba de la mesa, el circulo de fuego despareció y al levantar la cabeza volvió a ver a Xemnas, aun con la mano extendida hacia el, como esperando un motivo para atacar de nuevo.
-Ya habrás notado que mi poder no se compara con el tuyo, a pesar de tu dominio sobre un elemento. ¿Te unirás a mí¿O serás destruido?
-No hay muchas opciones ¿verdad? Supongo que lo mejor será unirme a ti…
Xemnas hizo una mueca similar a una sonrisa, complacido por la decisión del joven que yacía en el piso, le hizo un gesto con la mano invitándolo a levantarse. Después se coloco en una pose mas relajada.
-Te enseñaremos a usar tus habilidades, aunque algunas serán innatas de tu propia naturaleza así que solo tú podrás descubrir como y cuando usarlas.
-¿Me enseñaran? Entonces¿somos un grupo?
-Bienvenido a nuestra organización, numero ocho. Ahora deberás decidir cual es tu nombre en esta nueva existencia.
Al pronunciar estas palabras, el muchacho pudo recordar todo lo acontecido antes de llegar a ese comedor, la ciudad, el amanecer, las joyas, el oro, las huidas, el como había vivido todos esos años, incluso ese atardecer donde empezaría una nueva vida y como fue atacado y se defendió inútilmente de un enemigo que no comprendió.
Abrió los ojos, ya que los tuvo que cerrar ante la descarga de imágenes mentales. Frente a el había tres letras brillantes sostenidas de la nada. E A L. Reconoció que era un nombre, su propio nombre, al menos el nombre que había usado hasta ese momento. Las letras comenzaron a girar muy rápido a su alrededor, cada vez mas y mas rápido. Las letras se detuvieron de golpe al mismo tiempo que su voz emanaba de su boca.
-¡AXEL!
-Así sea entonces, -seis encapuchados mas aparecieron a través de unos extraños portales negros- bienvenido a nuestra organización¡Axel, ráfaga del danzante fuego!
Un portal negro se empezó a formar a su alrededor, lo envolvió rápidamente y luego desapareció, dejándolo ataviado con una gabardina idéntica a la del resto, descubrió su rostro de la capucha y sonrió por primera vez desde que llegara a ese extraño lugar.
