Construyendo a Dave, desmontando a Sebastian
Capítulo 3 – De cómo estrenar un pijama
Dave le había pedido a Sebastian que se quedara a cenar pero él se negó educadamente. No insistió, después de todo Sebastian tenía que conducir de regreso a Westerville y Dave tampoco quería hacer la cena incomoda. Cuando Patricia, la novia de su padre, llegó, ellos tres cenaron hablando apenas de su día. Dave no tenía muchas ganas de compartir sus cosas con ellos; antes quería poner en orden las cosas en su cabeza.
Terminaron de cenar y subió a su habitación con la intención de hacer algunos deberes y de olvidarse de todo lo malo. Lo estaba haciendo bien, recordando los labios de Sebastian sobre su cuerpo, sin embargo, la paz paró cuando escuchó a su padre llamando a la puerta por segunda vez en el día.
—¿Estás ocupado? —Paul observó a su hijo sentado en la silla de su escritorio con la portátil encendida.
—No, sólo estoy haciendo algunos pendientes.
Paul asintió y se sentó en la cama de su hijo sin saber cómo continuar con la conversación. Era tan difícil retomar la comunicación…
—Tu hijo es homosexual, Paul. Por eso es por lo que tenemos que empezar. Algún día llegará a su casa con un chico. Ese chico será su novio, su pareja, y tú tendrás que aceptarlo.
—Nunca tuve problemas con eso, doctora —dijo Paul. La psiquiatra de Dave negó.
—Es muy diferente ver esto desde dentro, Paul. Tu hijo besará a otro hombre, sujetará la mano de otro hombre, abrazará a otro hombre, hará el amor con otro hombre, y tú verás algunas de esas muestras de afecto. —Paul tragó saliva—. Sí, cuando nos pasa a nosotros no es tan sencillo. Y con Dave eso será lo de menos. Además tendrá que lidiar con las consecuencias de su suicidio frustrado. Habrá gente que lo mirará con lástima, con asco o con rechazo y eso hará que se sienta mal. En esos momentos Dave te necesitará, tendrá la enorme necesidad de saber que estás ahí incondicionalmente, que serás su pilar. Tienes que aprender a aceptarle, no sólo a tolerarle. Tienes que aprender de nuevo a ser su padre, a dirigirlo por un camino positivo en el que viva su nueva realidad. Paul, debes estar al cien por cien seguro de lo que quieres si de verdad quieres estar con tu hijo de esa manera porque, de no ser así, sólo le harás daño.
—No pienso dejar solo a mi hijo.
—Bien, entonces procura que no se aleje de ti. Empieza hablado de nuevo con él, interésate en cada detalle nuevo de su vida. No será fácil, Paul, pero si quieres ayudar a tu hijo, debes luchar.
Paul se permitió soltar un suspiró después de recordar las palabras de la terapeuta de su hijo. Era el momento de tener los cojones suficientes para tomar al toro por los cuernos.
—Ese chico que ha venido…, ¿es tu novio? —preguntó el señor Karofsky.
Dave giró la silla y miró a su padre atónito. Tal vez en otra situación Paul hubiese considerado que la cara de su hijo era muy cómica.
—No… Sebastian es… un amigo. —Paul asintió de nuevo. Distraídamente, empezó a peinarse la barba con los dedos.
—Amigo, claro. Y debe ser un amigo muy especial porque ha conducido desde Westerville hasta aquí sólo para ver cómo estás, te ha sujetado la barbilla en gesto muy cercano y se ha ido a su casa con la ropa arrugada sólo por jugar FIFA , ¿verdad? —Dave boqueó.
—Papá… Nosotros tenemos… una especie de relación —balbuceó Dave. Paul abrió mucho los ojos y se humedeció los labios lentamente.
—Entonces estás teniendo sexo con ese chico.
—¡No! No es que… —Pero Dave no siguió. Paul casi pudo ver cómo todos los escudos de su hijo se levantaban ante la sola mención de su intimidad.
—Ayúdame, Dave. Para mí no es fácil hablar de esto pero estoy intentándolo. Yo soy nuevo en esto y tú no pones de tu parte cuando quieres mentirme y mantenerme lejos de ti. —Dave abrió la boca para decir algo pero calló unos segundos y luego, más sereno, miró a su padre.
—Nos conocimos en un bar…
—¿Hay un bar gay en Lima? —preguntó Paul distraídamente, pateándose luego mentalmente por su tonta curiosidad.
—El Scandals, está al oeste. —Paul asintió levemente y miró fijamente a su hijo alentándole a seguir—. Fue antes de que todo sucediese. Durante semanas estuvimos hablando y nos hicimos algo así como amigos hasta que él me dijo algo que me molestó. Luego se enteró de lo que me pasó, me dedicó su actuación de su coro en las Regionales y ahora nos estamos conociendo.
—¿Conociendo? Eso debe implicar algún tipo de intimidad, ¿no? —volvió a preguntar Paul. Dave se sonrojó de nuevo y asintió.
—Pero no es lo que crees. Yo no… No me siento cómodo para llegar hasta eso.
Paul observó el apesadumbramiento de su hijo. Esperaba que las visitas al terapeuta fuesen provechosas para ambos.
—En algún momento tendrás que hablarle a tu hijo de sexo. Y olvídate de todo lo que le hayas dicho antes; es evidente que el sexo no es lo mismo para las mujeres que para los hombres. Investiga. Puedes preguntarme cualquier duda o podemos conseguir a alguien que te oriente. Dave es joven y está despertando tardíamente a su sexualidad. Ha estado suprimiendo sus deseos durante años y eso puede hacer que ahora quiera experimentar todo de golpe o que se cierre ante todo lo nuevo. Cualquiera de los dos puntos es un exceso. Tienes que lograr que se sienta bien con su sexualidad, Paul. Dave no irá a ti a por las respuestas sobre las dudas que tenga sobre sexo así que eres tú el que tienes que mostrarle que estás dispuesto a escucharlo y ayudarlo en ese tema.
—¿Sabes que para el sexo oral también se recomienda usar condón? —Dave abrió enormemente los ojos y miraba a su padre como si fuese un ser de otro planeta—. Sobre todo si no conoces las parejas sexuales anteriores de tu pareja. Hace unos días estuve buscando alguna información e investigando por ahí…
—¡Papá, por favor! —Dave se puso de pie y caminó alejándose de su padre pero Paul no se lo permitió. Lo tomó por los hombros y le hizo sentarse en el sillón de al lado de la cama.
—Para mí tampoco es agradable hablar de esto pero lo vamos a hacer porque no quiero que te pongas en peligro.
—Pero si ni siquiera quiero hacerlo… —se quejó Dave. Paul se permitió soltar una carcajada.
—¿Han hecho algo? ¿Sexo oral? ¿Tocarse…? —Dave miró hacia la ventana. Paul colocó una mano sobre la rodilla de su hijo y le dio un apretón para traer de nuevo su atención—. Durante mucho tiempo has estado ocultando esta parte de ti y ahora es normal que quieras hacer todo lo que otros chicos de tu edad ya han hecho. No te digo que esperes, sólo ve a tu ritmo y protégete siempre. Hijo, yo más que nadie quiero verte feliz y quiero que sea con una persona que te valore y que te quiera, no que sólo sea una situación del momento. ¿Me explico? —Dave asintió.
—Gracias, papá. —Los ojos de Dave se inundaron de lágrimas y su voz se quebró un poco—. Nunca pensé que tú…
—No es fácil, hijo, pero ir al terapeuta me ayuda bastante. —Paul se frotó el rostro con las manos—. No hay un manual para esto, Dave. Sólo sé que eres mi hijo, que te quiero por sobre todas las cosas y que la sola idea de perderte me paraliza el corazón. —Paul se tragó el nudo de la garganta.
—Papá, ¿cómo habría sido esto si yo no hubiese llegado a…? —Paul bajó el rostro.
—No lo sé, Dave —dijo mirando a su hijo—. Tal vez me habría costado más querer buscar ayuda para poder entenderte y ayudarte. —Las lágrimas rodaron por las mejillas de su hijo—. No quiero mentirte, hijo, lo único que te puedo decir es que no te habría abandonado porque eres mi hijo, eres la mejor parte de mí y de tu madre. —Paul abrazó a su hijo con fuerza. El sollozó que escapó de la garganta de Dave le llegó al alma—. Vamos a estar bien, hijo. Vamos a superar esto.
Sebastian estaba haciendo algo que jamás pensó que haría con nadie y menos por gusto: ir al cine. Y cuando decía ir al cine se refería en realidad eso, no era una de sus formas de referirse a follar sin sentido. Dave le había invitado a ver una película y lo más extraño era que de verdad se estaba divirtiendo con él y su estúpida y caballeresca forma de ser.
—¿Quieres algo más que ese mocca para ver la película? —Dave le estaba dando una cita, la primera cita que Sebastian tenía desde… En realidad nunca había tenido una. Las citas no eran lo suyo; había que hablar y hacer como que te interesaba lo que te decían así que se saltaba toda esa tontería e iba a por lo interesante. Sin embargo, Dave estaba siendo escandalosamente encantador con él.
—No. —Las luces de la sala se apagaron cuando ellos iba subiendo las escaleras. Sebastian dio un paso en falso y casi se cae pero Dave lo detuvo y lo llevó de la mano hasta sus asientos. Ese estúpido y simple gesto protector disparó los sentidos del chico de Dalton. Sabía que si alguien le preguntara lo negaría pero Dave cada vez le gustaba más por esos tontos detalles. Y ni siquiera lo había visto desnudo.
—¿Pasa algo? —Sebastian se apoyó ligeramente sobre el costado de Dave.
—Eres un bicho muy raro, Dave. Te molestan algunas muestras de afecto público, como los besos y las caricias, pero no te das cuenta cuando me tomas de la mano, me retiras la silla o pagas la cuenta. Sabes que no soy una chica, ¿cierto? —Dave sonrió mirando la pantalla.
—Alcancé a dar una buena mirada ese día en mi armario. Eres un gran chico. —Sebastian sonrió y se acercó más a Dave—. Además, no creo que haya ninguna ley en contra de ser caballeroso con un hombre, menos aún si es tu cita. El mundo sería mejor si todos fuésemos un poco más educados entre nosotros. —Sebastian soltó una carcajada que pronto fue acallada por los silbidos de la gente.
—Pasas demasiado tiempo con esa orientadora de tu escuela. —Dave sofocó su risa y Sebastian no pudo suprimir las ganas de besarlo. Dave cedió un poco pero se retiró.
—Sebastian…
—Lo sé. El cine, la gente y todo eso. —Intentaron ver la película pero ya había incomodidad entre ellos. Sebastian vio a Dave cerrar los ojos unos segundos. En el gesto había frustración. Le hubiese gustado por hacer algo más, sin embargo, respetaba a Dave, tenía que hacerlo. De pronto sintió una gran mano sobre la suya y Sebastian sonrió deslumbrante.
—La semana pasada papá me dijo que había estado investigando sobre sexo gay. —Santana soltó una carcajada. Reencontrarse con ella había sido una de las mejores cosas que le habían pasado desde que regresó a McKinley.
—Se está esforzando, D —respondió ella. Dave asintió distraídamente.
—El detalle es que yo ni siquiera he llegado tan lejos. —Santana cerró de golpe su libro de cálculo.
—Estás viendo al lémur, ¿no? —preguntó. Dave frunció el ceño.
—Se llama Sebastian. Y sí, salgo con él, pero no me siento cómodo ni siquiera besándonos en público.
—Estamos en Lima, Ohio. La gente mirará y les reprobará pero no pueden hacer nada. Dave, es momento de que te dejes llevar. Kurt y Blaine son más discretos pero Britt y yo nos besamos en todo momento y en todo lugar. Es nuestro derecho y ningún estúpido grupo de gente enferma nos lo va a quitar. Además, me encanta ver su cara de asco. Alimenta mis ganas por seguir haciéndolo. —Dave le sonrió.
Quería hacerlo, de verdad quería, pero no terminaba de sentirse cómodo. Aunque no podía mentirse, Sebastian le provocaba sensaciones nuevas. En ocasiones simplemente quería sujetarle por la cintura y besarle para que quitase esa mueca sarcástica que ponía contantemente.
—Demonios. —La voz de Santana le hizo perder el hilo de sus ideas.
—¿Qué pasa?
—Kurt quería hacer una reunión del team gay mañana en mi casa pero mi madre tiene una reunión. Tendremos que posponerlo. —Era su último año y Kurt quería dejar lista la liga para padres, amigos y familia de gais y lesbianas en McKinley. Estaban justos de tiempo y un retraso podría ser contraproducente.
—Podemos hacerlo en mi casa, nosotros casi nunca recibimos visitas. Tendría que pedirle permiso a papá pero no creo que me diga que no.
—Eres un gigantesco oso de peluche, en serio. Podrías invitar a tu mascota. —Dave la miró mal—. Perdón, a Sebastian. Dice Kurt que contigo se porta como un ser humano y no como la vil serpiente que es.
—¡Santana, basta! —Su amiga rodó los ojos—. No puedo invitarle a un lugar donde quieren lincharle.
—Calma, grandote. Después de las Regionales quedamos en paz con él. Lo único que quiero es tratar al casi-novio de mi amigo. No es algo malo, ¿o sí? —Dave se lo pensó un poco. Tenía poco tiempo libre y quería ver a Sebastian.
—Se lo diré pero lo sacaré de ahí en cuanto vea una sola señal de alerta. No quiero que Kurt y tú peleen con él. —Santana palmeó el brazo de Dave.
—Vamos, que Sebastian también tiene las garritas muy afiladas. No creo que necesite que nadie le defienda. Mejor dile que si se comporta nosotros nos comportaremos con él.
Sebastian no quería estar allí. A él nunca le había gustado compartir, ni siquiera cuando era niño y sus padres le decían que tenía que hacerlo. ¿Por qué tenía que compartir algo que quería para él? Ésa era una costumbre muy desagradable de los seres humanos. Y ahora le tocaba compartira Dave con sus amigos. Suspiró frustrado y golpeó suavemente la puerta. Paul Karofsky le abrió con la misma mueca seria de la última vez pero con algo nuevo: su mirada era un poco más dura.
—Señor Karofsky —saludó inclinando la cabeza.
Se quedaron mirándose incómodos por unos segundos. Parecía que el padre de Dave quería decir algo pero que no terminaba de decidirse. De pronto, el timbre de la puerta cortó el momento. Paul abrió la puerta y su rostro cambió para tornarse más amable.
—Kurt, muchacho. Pasa, pasa. —Sebastian gruñó por lo bajo cuando escuchó el tono amable del señor Karofsky.
—Buenas tardes, señor Karofsky. —El padre de Dave negó con una sonrisa.
—Paul, llámame Paul. —Sebastian rodó los ojos cuando la sonrisa de Hummel se ensanchó. — ¿Y tú eres…? —preguntó el señor Karofsky mientras le tendía la mano a Blaine.
—Blaine Anderson. Soy el novio de Kurt y compañero de Dave en el coro.
Sebastian vio cómo la sonrisa del padre de Dave vacilaba. Era tan jodidamente obvio. Pobre, seguro que quería que su hijo fuese virgen hasta los treinta. No podía ver otra razón por la que prefiriese a Hummel para novio de Dave. La parejita se giró y Kurt le hizo una mueca a Sebastian pero éste le ignoró y, con su mejor cara, le saludó.
—Blaine, Kurt. Estoy seguro de que será una reunión muy agradable —les dijo Sebastian. Kurt enmarcó una ceja.
—Seguro que lo será —respondió Hummel. El señor Karofsky pareció notar lo pesado del ambiente y se aclaró la garganta atrayendo la atención de los tres.
—Dave está en su habitación con algunas de sus compañeras. Suban, por favor. —Amablemente, señaló las escaleras.
Sebastian fue el último en su subir. Mientras lo hacía, sentía la pesada mirada de Paul Karofsky en su espalda.
Sebastian escuchó la voz Dave desde el pasillo que llevaba a su habitación. Hablaba animado con chica sobre unicornios de colores y parecía que le estaban contando una historia a alguien. Cuando se acercó, lo vio sonreír deslumbrante hacia Kurt y su hobbit y algo dentro de él rugió molesto; odiaba que Dave fuese tan cercano a ese par de cursis. Empujó a la pareja y saltó para sentarse sobre las piernas de Dave. Intentó besarle pero él se lo impidió sutilmente sujetándolo por la cintura y elevándolo para sentarlo en la cama. Sebastian se sintió ofendido por la acción de Dave pero en vez de dejárselo ver prefirió darle una buena lección.
—Me encantaría hacerlo, cariño, pero no creo que los aquí presentes estén preparados para ver todo lo que tú y yo hacemos en la cama. —Vio con deleite como Dave se ponía rojo. El comentario le hizo atragantarse con su propia saliva mientras Kurt abría enormemente los ojos y Blaine, igual que Dave, comenzaba a toser. A Sebastian le sorprendió un poco que las chicas ni siquiera se inmutaran.
—Sebastian —advirtió Dave de forma tajante.
—Lo siento. —Los compañeros de Dave parecieron no creer que acabara de decir eso. Pero Sebastian no se lo ha dicho a ellos; era sólo para Dave. Después de todo, él era su única razón para estar allí.
—Bueno, después de este momento tan insólito, vamos a trabajar. Tenemos que presentarle a Figgins el proyecto antes de que termine la semana —comenzó Kurt sentando a Blaine en la silla más cercana al escritorio de Dave y alejándole así lo más posible de Sebastian.
Durante la última hora, Dave se había dedicado a esquivar las sugerentes caricias de Sebastian mientras intentaba poner atención en Kurt, que a su vez se movía por toda su habitación e intercambiaba comentarios con Anderson y Santana. Sebastian se había quedado sentado en un taburete al lado de Dave apoyando la espalda en su brazo. Cuando se cansó de las negativas de Dave, prefirió jugar con su móvil sin prestar atención a la reunión.
Quince minutos después, el padre de Dave apareció para darles unos bocadillos. Dave se sorprendió de ver el cambio de Sebastian, que fingió interesarse en lo que Kurt decía a su padre e incluso opinó. Cuando Paul se fue, Sebastian regresó a su posición. Dave decidió pasarle el brazo por la espalda y acercárselo un poco más. Sintió algo cálido recorriendo su cuerpo cuando vio la sonrisa que el chico de Dalton le dedicó a cambio de ese gesto tan simple.
—Les hablaremos del Trevor Project. —Kurt lo mencionó con firmeza pero Dave notó un ligero temblor en sus palabras.
—No basta con hablarles de él. Tenemos que acercarlos, hacer de esa línea de ayuda una realidad para ellos y no sólo algo que han escuchado en la televisión. —Mientras hablaba, Dave miraba a Kurt. Sabía que las miradas de todos los demás estaban encima de él. Su terapeuta se lo había advertido: a menudo la gente tiene curiosidad aunque rara vez pregunta conscientemente. Dave se armó de valor y se aclaró la garganta para seguir—. Cuando… lo intenté… —Dave desvió la mirada hacia la ventana. El cielo estaba oscurecido y el silencio en su habitación era sofocante—. Nunca pensé en el Trevor Project. Simplemente vi una puerta, una puerta enorme, que me ofrecía la solución más sencilla. Sería sólo un momento, un pequeño momento de sufrimiento para mí, pero con una dulce recompensa: dejar todo atrás, no tener que lidiar con el dolor de mis padres, con las palabras de mi madre ni con las consecuencias de mis errores. Simplemente todo se acabaría. —Dave se limpió con el dorso de la mano las lágrimas que le rodaban por las mejillas. Sebastian se había incorporado un poco y sostenía le firmemente la mano—. Pensé en mi padre… encontrándome…. Pensé en el dolor inmenso que le causaría pero también pensé que se le pasaría. Todo pasa y ese dolor tarde o temprano se iría. En ese momento cualquier lógica se va de tu cuerpo y sólo quieres que todo termine. —Dave se dio un momento para tragarse el nudo de la garganta—. Por eso no basta con hablar de esas líneas de ayuda. Tenemos que lograr implementar los recursos para que esas crisis no sucedan. Prevenir antes de llegar a las llamadas de alerta o, en el peor de los casos, de que esa llamada ni siquiera exista.
Dave dejó escapar el aire y cerró los ojos. De pronto, se sintió rodeado por unos brazos. Por el aroma supo quién era. Sin llegar a abrir los ojos, abrazó a Kurt con fuerza y se dejó llevar por la hermosa sensación de recibir un abrazo justo cuando más lo necesitaba.
Sebastian escuchaba las palabras de Dave pensando en lo terrible que debió ser para él pasar por todo eso completamente solo. Cuando estaba a punto de levantarse para abrazarlo, vio a Hummel llegar hasta Dave en dos grades zancadas. De repente, los dos estaban abrazándose con fuerza, compartiendo un momento íntimo frente a todos los demás.
Sebastian se levantó. Quería irse pero sabía que era un ataque de celos y que por eso no podía hacerlo. Pensándolo bien, Dave no era nada suyo y ése sólo era un abrazo fraternal. Desvió el rostro cuando la mustela Hummel empezó a susurrar cosas al oído de Dave. No pudo evitar sentirse agradecido de ver también los celos pintados en el rostro de Blaine.
Paul se alejó de la habitación de Dave lo más silenciosamente que pudo. No había sido su intención escuchar, sólo quería saber si no se les ofrecía alguna cosa más, pero, cuando estaba a punto de entrar y preguntar, escuchó la voz de Dave. Se congeló y no pudo más que quedarse y oír todo lo que su hijo había dicho.
Bajó hasta su despacho, encendió el ordenador y escribió en el buscador Trevor Project. Nunca había escuchado nada de esa asociación, no tenía ni idea de que existía y se sentía mal por ello. Su hijo había estado luchando con su sexualidad y él no lo había notado hasta que había sido demasiado tarde, hasta que vio que Dave se estaba autodestruyendo, y aún así dudó del motivo. Su hijo tenía razón, debían prevenir, debían hacer más presentes todas esas herramientas de ayuda para los padres y para los chicos. Él casi pierde un hijo por no prestar atención, por no estar preparado. No le deseaba a nadie ese sentimiento tan horrible. También pensaba en todos esos padres que habían perdido a un hijo o hija a causa de su sexualidad. Su corazón se contrajo de sólo pensarlo.
Patricia les había invitado a cenar después de que diesen por terminada la reunión. Dave se sentía mucho mejor: comió con sus amigos; intentó adivinar por qué Sebastian estaba tan callado, pero Smythe no quiso decirle nada así que lo dejó pasar; escuchó animado las historias de su padre, y disfrutó de unos momentos hasta que la cena terminó y la novia de su padre preguntó algo en lo que él no había pensado.
—¿No es un poco tarde para que manejes hasta Westerville? — preguntó Patricia a Sebastian, sacándole de balance.
—Pues…. no. Estoy acostumbrado. —Sebastian terminó su café. De pronto Dave se percató de las señales que Patricia le hacía a su padre.
—Si no hay inconveniente —empezó Paul con la voz un poco rasposa y un tono raro—, puedes quedarte aquí. —Dave no podía creer que su padre acabase de proponer lo que acababa de proponer. Claro que eso no quería decir que Sebastian fuese a dormir con él, ¿no?
—Bueno, nosotros tenemos que irnos. —Kurt les dio las gracias y antes de irse abrazó de nuevo a Dave. Antes de que se separaran le susurró «ten cuidado con él».
Sebastian esperaba que le dieran instrucciones para ir a alguna habitación pero nadie lo hizo. El padre de Dave y su novia simplemente se despidieron de ellos. Sebastian había notado la reticencia del señor Karofsky pero al parecer era una decisión de pareja y Patricia se había llevado a su marido de la mano hacia su cuarto dejándoles a Dave y a él en la puerta del ático.
Dave no entendía por qué su padre dejaba a Sebastian pasar la noche con él pero ya hablarían de eso. Le dio a Sebastian un pijama que su madre le había enviado con la talla equivocada. Su pobre madre le había comprado pijamas de seda, seguramente costosísimos, todos de talla mediana. Dave no podía entender que su madre no se diese cuenta de que él no tenía esa talla desde los trece años.
—¿Quieres ducharte primero? —preguntó Dave. Sebastian sonrió, cogió el pijama y suspiró pesadamente.
—Me gustaría ducharme contigo pero no siempre se tiene lo que se desea, ¿cierto?
Dave quiso pararle pero Sebastian no lo dejó. Le dio un suave beso y entró rápidamente a la ducha. Dave esperaba que Sebastian saliese vestido porque si no terminaría durmiendo en la habitación de huéspedes. No puedo evitar sonreírle al verlo con el pijama puesto y con cara de sueño. Al parecer el baño había adormilado a la bestia. Dave tomó su ropa para dormir y se dio una ducha rápida. Al salir no se esperaba ver a Sebastian sentado en la silla de su escritorio, con unas gafas y puestas leyendo.
—No sabía que usabas gafas. —Sebastian se encogió de hombros.
—Sólo para leer. ¿Vamos a dormir? —le preguntó. Dave asintió y se dio media vuelta. De pronto había unos brazos rodeándole el torso y los labios de Sebastian besándole el cuello.
—Sebastian… No… —La voz de Dave tembló.
—No vamos a hacer nada. Sólo quiero besarte y que me beses. —Las manos de Sebastian recorrieron lentamente el torso de Dave por encima de la ropa—. Ni siquiera tenemos que sacarnos ni una sola prenda.
Sebastian siguió besando el cuello de Dave, mordiéndole el pabellón de la oreja y lamiendo la sensible piel de detrás. Miró la silueta de Dave reflejada en la pantalla de televisión. Lo estaba disfrutando: tenía los ojos cerrados y gemía tan suavemente.
Dave no lo soportó más; se giró, sujetó a Sebastian con fuerza entre sus brazos y lo besó con hambre. Sebastian se subió en él ágilmente enredando las piernas en la cintura de Dave, que se tambaleó un poco pero que se recuperó pronto. Sin dejar de besarle, Dave lo lanzó a la cama. De pronto no supo qué hacer y se puso nervioso de tener a un chico en su cama, debajo de él, besándole así. Quiso alejarse pero los brazos de Sebastian lo rodearon y no pudo separarse. No quería hacerlo.
Sebastian había sentido las dudas de Dave pero no le permitió alejarse. Se movió para que ambos quedaran sobre la cama, enganchó su pierna izquierda a la cadera de Dave, le sujetó una de sus grandes manos y se la llevó al muslo haciendo que lo recorriera lentamente. Dave gimió y terminó acariciándole sin ayuda. Sebastian necesitaba poder sentir la piel de Dave pero se conformó con acariciar sus músculos sobre la tela de algodón. Su imaginación trabajó a mil por hora cuando sintió unos pectorales firmes y la polla de Dave presionándose insistente sobre su erección.
Se movieron por toda la cama, acariciándose por encima de la ropa, frotando sus cuerpos. Cuando Sebastian sentía vacilar a Dave, le besaba o acariciaba con más fuerza. Y funcionaba, porque Dave le respondía, se movía y empezaba a ser todo eso que Sebastian sabía que escondía.
Dave lo colocó encima de él. Cuando sus grandes manos llegaron a las nalgas de Sebastian, éste gimió y enterró el rostro en el cuello de Dave mientras molía su cadera para aumentar la tan deliciosa fricción. Sebastian mordió el cuello de Dave. Sentía como éste se movía debajo de él. No podía creer que estaba llegando, no podía creer que unas caricias por encima de la ropa iban a ser suficientes. Pero ahí estaba, moviéndose como si de verdad estuviesen follando y besando a Dave para acallar sus gemidos.
Dave cambió de nuevo las posiciones y quedó encima de él. Sujetó la pierna derecha de Sebastian para engancharla a su cadera. Dave era tan grande, tan poderoso, tan jodidamente fuerte… Empezó a moverse con más ritmo, besando el cuello de Sebastian y recorriendo su cuerpo con las manos. Sebastian escondió la cara en el pecho de Dave para ensordecer su grito de éxtasis cuando se corrió. Dave se desplomó encima de él. Sebastian podía sentir su polla palpitando y la humedad de la corrida de Dave.
Segundos después buscaron una posición cómoda para dormir. Sebastian no puedo evitar sonreír como un tonto cuando Dave besó su frente y lo acercó más a su cuerpo.
