Construyendo a Dave, desmontando a Sebastian

Capítulo 4 – De cómo abrir los ojos a la verdad


Dave llegó a Isla del Rey buscando a Sebastian para darle una sorpresa. Los últimos días había estado muy ocupado con los ensayos del club Glee y los exámenes finales y eso había provocado que lo descuidase bastante. Así que, en cuanto pudo, se reservó un par de horas para viajar a ver la presentación de los Warblers en el recreativo de Isla del Rey. Después de todo, se lo merecía. Sebastian podía ser un total hijo de puta con todo mundo pero con Dave se había portado muy bien y él le agradecía su paciencia, que parecía ir más allá de cualquier límite que Karofsky conociese. Seguramente Sebastian había tenido chicos mucho más dispuestos y mucho más seguros, sin embargo eso parecía no importarle mucho cuando se trataba de Dave.

Dave caminó hasta al escenario pero no vio a Sebastian por ninguno lado. Había mucha gente pero ni rastro de nadie con la chaqueta de Dalton. Se dio media vuelta y se chocó con un chico. Por lo que podía recordar se llamaba Thad.

—¿Estás bien? —Dave le ayudó a levantarse—. Disculpa, estaba distraído y…

—No hay problema, Dave. Imagino que vienes a ver a Sebastian. —Dave asintió—. Te llevo, aquí es fácil perderse entre tanta gente. Además, aunque no lo creas, somos populares y no creo que te hubiesen dejado entrar.

Dave caminó con el chico de Dalton hacia la parte de atrás del escenario. Thad era bastante simpático y parecía no poder dejar de hablar.


Sebastian suspiró cansado. No quería estar allí pero se había comprometido y estaba seguro de que, si no cumplía, Trent era capaz de golpearle con su polvera. No le quedaba otra que joderse pero no podía dejar de suspirar por el anhelo de estar en otro lado. Tal vez en una habitación neutra y sin ningún atractivo más que el chico que estaba en ella, sus fuertes brazos, su pecho cálido, sus ojos dulces, sus perfectos labios... Sebastian gimió por lo bajo.

Dave no había tenido tiempo para verle entre semana y ahora que era fin de semana él tenía que estar en Isla del Rey con el Nathan Lane de Dalton y su jaula de las locas.

—Mira eso que viene caminando hasta nosotros. —Trent se relamió los labios y su voz tenía una emoción para nada contenida.

Sebastian se giró, sonrió, salió corriendo y saltó sobre Dave que lo atrapó tambaleándose un poco.

—Hola, oso —saludó Sebastian. Dave soltó una pequeña carcajada y reajustó sus brazos para sostenerlo mejor.

Rett. —Sebastian enmarcó una ceja—. ¿Qué? —preguntó Dave.

—¿Hablas ruso? —Dave se encogió de hombros—. ¿Qué quiere decir? ¿Pequeño? —Dave negó—. ¿Entonces?

—Te lo diré luego.

Dave inclinó un poco la cabeza para poder besar a Sebastian pero, antes de que eso sucediese, alguien se acercó a ellos y les interrumpió aclarándose la garganta. Dave deslizó a Sebastian hasta el suelo para poder saludar al imbécil de Trent.

—Hola, Dave. Sebastian no nos dijo que vendrías a vernos. —Sebastian vio la estúpida sonrisa que Trent le dio a Karofsky y no pudo evitar sentir repugnancia, sobre todo cuando Dave respondió cortésmente a la sonrisa de la nena Nixon.

—Hola, Trent. En realidad Sebastian tampoco lo sabía. Quería darle una sorpresa. —Trent decidió acercarse un poco más a Dave pero Sebastian de inmediato sujetó con fuerza la mano derecha de Karofsky que parecía no enterarse del pequeño juego territorial que se estaba llevando a cabo frente a él—. Será genial verles actuar en vivo. Kurt me ha dicho que son muy buenos. —Sebastian rodó los ojos. Mi precioso Kurt, Kurt, Kurt, Kurt. Si escuchaba una vez más ese nombre su cabeza implosionaría.

—Trent, bombón —dijo Sebastian con una sonrisa burlona—, creo que te están esperando para volver a ensayar el número.

—Nos esperan a los dos. —Sebastian negó y tomó las mejillas de Trent con los dedos para darles unos ligeros pellizcos que Nixon consiguió esquivar.

—Fui yo el que monté esa coreografía, me sale perfecta y soy el centro de todo. Y ustedes tienen que lograr verse. Anda, ve y ensaya. —Dio un empujón a Trent y se colocó frente a Dave.

Nixon se despidió de ellos. Sebastian quiso volver a montarse en Dave pero éste lo detuvo.

—Estuviste bastante rudo, ¿no crees? —Sebastian se encogió de hombros y después enredó los brazos en el cuello de Dave—. Sebastian…

—¿Qué? Vamos, sólo le he dicho un par de verdades. Además, él necesitaba regresar al ensayo. —Justo cuando estaba a punto de inclinarse para robarle un beso, Dave se separó de él.

—No es necesario ser tan rudo con las personas —le espetó Karofsky. Sebastian suspiró frustrado.

—Pues esto es lo que hay. Lamento si no te gusto así pero no puedo ser una estúpida carmelita descalza sólo porque tú quieras que sea bueno y lindo con todo mundo. ¿Qué pasa, que esa mierda de aceptarnos tal y como somos no es recíproca? —preguntó Sebastian molesto. Dave entendía lo que quería decir. Sebastian ya le había dicho que él era como era y que no podía pretender cambiarlo porque sí. Sujetó al chico de Dalton por la cintura y lo abrazó con fuerza.

—Lo es. No quiero que cambies porque sí, menos aún cuando no hay un motivo real para hacerlo. Es sólo que quisiera que la gente viera todas esas cosas buenas que sólo me muestras a mí. —Sebastian sonrió seductor mientras rozaba su entrepierna con la de Dave.

—Es que son sólo para ti. Quiero que sólo conozcas esa parte buena de mí. —Dave notó algo nuevo y diferente en sus ojos. Estaba la seducción, claro, con Sebastian siempre había seducción. Pero esta vez también algo más, algo genuino que hizo a Dave tragar saliva—. Ahora deberías besarme. —Dave elevó el rostro y atrapó los labios de Sebastian en un beso suave que les hizo quedarse sin aliento—. Me tengo que ir ya. Esas colegialas no puedan hacer nada sin mí. —Guiñó un ojo a Dave y se fue hacia el escenario.


Dave no podía dejar de sentir cierta agitación al ver a Sebastian bailando en el escenario. Se movía libremente, atraía todas las miradas y su sonrisa era insolente y altanera. Sabía lo que tenía y lo bien que se veía y no necesitaba que ninguna multitud se lo dijese.

Desde el día en que notó su atracción por Kurt, Dave supo que estaba perdido. A él le gustaba un tipo concreto de chico, ese tipo en el que Sebastian encajaba a la perfección. A base de experiencias, Dave entendió que iba a tener muy poco éxito con ese tipo de chicos. Él no era un galán como Blaine. Entonces, ¿qué veía Sebastian en él? ¿Por qué quererlo a él cuando podía tener a cualquiera? Tal vez todo se reducía de nuevo a la culpa.

Sebastian estuvo especialmente entregado en Glad you came y Dave sólo pudo corresponderle con una sonrisa. Se sentía abrumado: una parte de él le decía que corriera, que Sebastian no tenía que estar con él, pero otra parte quería quedarse y aprender a su lado.

Cuando la actuación terminó, Dave decidió caminar hacia entre bastidores del escenario y esperar a su Warbler.

—Hola. —Dave estaba un poco distraído contestando un mensaje a su padre cuando escuchó la voz de Trent—. ¿Te he asustado?

—No, para nada. Sólo estaba un poco distraído. —Trent le lanzó una sonrisa que le puso nervioso—. ¿Ya han terminado? Es que no quiero interrumpir a Sebastian.

—Sí, ya hemos terminado. Él está dando órdenes a los pobres tipo de sonido para que desmonten nuestro equipo. —Dave asintió mirando distraídamente hacia el otro chico y Trent se le acercó un poco más—. ¿Sabes? Esa noche en el bar fue muy interesante. —Dave tragó saliva y asintió—. Al final casi me arrepiento de haberle hecho eso a Sebastian.

—Sí, fue una broma bastante pesada de parte de ustedes —respondió Dave. Trent le sonrió encantador mientras se encogía de hombros.

—He sentido bastantes ganas de regresar a ese bar y tal vez encontrarte…

—Lo siento pero ahora voy muy poco; tengo los días bastante ocupados entre la terapia, el club Glee, la escuela y Sebastian. —Eso descolocó un poco a Trent.

—Entonces… No pensé que Sebastian fuese de esos tipos a los que les gustan las citas y la exclusividad. —Dave pudo notar la decepción en su tono y recordó como su propia voz se entrecortó hablando con Kurt en San Valentín. Sólo por eso pasó por alto que Trent prejuzgara a Sebastian.

—Sebastian es un gran tipo —dijo Dave en tono firme logrando que Trent se sonrojara—. Y… bueno… nosotros lo hacemos. —Dave se humedeció el labio inferior—. Tenemos citas, quiero decir…

Sebastian estaba oculto detrás de una de las cortinas del escenario. Había seguido a Trent cuando notó como, disimuladamente, se apartaba del grupo. Y aunque al principio de la conversación lo único que había querido era sacarle los ojos a la nenita, ahora estaba algo agradecido al hombre de malvavisco. Dave le había dicho que salían juntos. Dave estaba siendo terriblemente adorable y fiel. Todas las dudas que podía haber tenido sobre Dave se habían calmado.

Salió de su escondite con una sonrisa triunfal en el rostro, besó la mejilla de Dave y le abrazó.

—El equipo ya ha terminado. Ya puedes reunirte con los chicos en el autobús —dijo Sebastian a Trent.

—¿No vienes con nosotros? — preguntó Trent en tono cortante y elevando una ceja. Sebastian le devolvió la mueca con una sonrisa aún más resplandeciente.

—No, iré más tarde. O tal vez mañana. Quiero que el viaje de este maravilloso osote valga la pena. ¿No crees que se lo merezca?

Trent suspiró pesadamente y asintió resignado. Después le dio un abrazo a Dave y se fue.

—Qué intenso, ¿no crees? —dijo Sebastian. Dave entrecerró los ojos.

—¿Has escuchado algo de lo que me ha dicho? —Sebastian jaló la mano de Dave para empezar a caminar.

—No. Vamos, camina. Me muero de hambre y no puedo mantenerme sexy y caliente si muerdo de hambre. —Sebastian sabía que Dave no le creía—. A menos que quieras ir al Scandals para poder comerte a ese esponjoso hombre malvavisco. —Dave negó y jaló a Sebastian de la cintura para atraparlo entre su cuerpo y una de las paredes. Lo besó hasta dejarlo sin aliento y temblando un poco entre sus brazos.

—Cuando quieres eres horrible.

Sebastian no habría podido estar de mejor humor durante toda esa tarde. Dave estaba respondiendo fácilmente a sus avances pero lo más importante era que había puesto en su lugar a Smoochy de una forma hasta caballeresca. Definitivamente estaba emocionado con todo: con la comida, con el paseo por el parque y con la amable compañía de Dave, que también parecía contento.

Dave no se había dado cuenta del tiempo que había pasado hasta que recibió un mensaje de su padre preguntándole si llegaría a dormir a casa, porque no quería que manejara tan tarde de regreso a Lima. Era fácil perderse en todas las emociones que Sebastian le proporcionaba, era sencillo seguirle cuando te acostumbrabas a su ácido sentido del humor y a su natural mala leche.

—Es tarde. Papá pregunta si ya voy de regreso. —Sebastian miró su reloj.

—Dile que nos quedamos —decidió Sebastian. Dave negó en un principio—. Será sólo una noche, yo pagaré la habitación y prometo portarme bien. —Sebastian lo abrazó y pestañeó un poco—. Además, estoy rendido y no quiero viajar a estas horas. —Dave sabía que no podía hacer nada contra en esa mirada.

—Bien, consigamos una habitación para que pueda llamar a papá y decirle dónde estoy.

Encontraron una habitación disponible en un hotel bastante lujoso que fue del agrado de Sebastian. Dave insistió en pagar a pesar de que eso le metería en problemas con su padre pero Sebastian sacó su tarjeta dorada y no admitió ninguna discusión sobre quién pagaba el hotel. En cuanto estuvieron instalados, Sebastian se apoderó de la ducha y Dave aprovechó para llamar a su padre.

—Hola, papá.

—¿Vienes ya? —La voz de su padre sonaba un poco más severa de lo común.

—No, papá, sigo en Isla del Rey. Sebastian y yo hemos pensado que era mejor pasar aquí la noche para que ninguno tuviese que conducir. —Escuchó a su padre soltar el aliento.

—Bien, pero quiero que uses protección…

—¡Papá! —No podía creer que su padre pudiese decirle eso.

—¿Qué? Son dos adolescentes solos en una habitación de hotel… No soy idiota, hijito. —Dave pudo escuchar a su padre tragando saliva y suspirando pesadamente—. Sólo quiero que te protejas, que no hagas nada para lo que no estés preparado y que… estés feliz, ¿ok? —Dave boqueó—. Llámame a primera hora, cuando vengas para acá. Descansa, hijo.

Dave arrojó el móvil a la mesita de noche más cercana y luego se dejó caer en la cama; de pronto estaba muy cansado. Cerró los ojos e intentó que dejar la mente en blanco. Cuando escuchó las llaves de la ducha cerrándose, sonrió. Pudo percibir los pasos de Sebastian sobre la madera del piso. Abrió los ojos para encontrarse con un Sebastian sólo cubierto por una toalla enrollada a su cintura.

—Toda tuya, grandote —le dijo. Dave se dio la vuelta hasta el otro extremo de la cama.

—¿Qué? —preguntó con la voz floja.

—La ducha… es toda tuya. —Dave asintió mientras Sebastian sonreía perversamente.

Entró y se desvistió lo más rápido que pudo. Se colocó debajo de la regadera y abrió la llave del agua fría. Estaba congelada pero Dave necesitaba algo así para calmarse después de haber visto el cincelado torso de Sebastian rociado de humedad. Dave estaba duro pero no quería masturbarse en la ducha, por lo menos no con Sebastian en la cama ahí al lado.

Sebastian esperó a Dave tumbado en la cama. Seguía desnudo y esperaba que eso despertara un poco a la bestia que Dave escondía. Lo vio salir en camiseta y bóxers. Dave no podía notar la desnudez completa de Sebastian porque estaba debajo de las sábanas, así que entró a la cama e inocentemente lo abrazó.

—Sigues desnudo, ¿cierto? —Sebastian frotó su cuerpo con el de Dave.

—Las sábanas están tan frescas que no lo he podido evitar. Además, quería que notaras lo bien que encaja mi cuerpo desnudo en el tuyo.

Lentamente, Dave llevó una mano hacia la pierna derecha de Sebastian y gimió al sentir esa piel tan suave. Fue subiendo hasta llegar al muslo y se detuvo gimiendo de excitación contendida. Sebastian echó hacia atrás la cadera rozándose con la erección de Dave.

—¿Estás así de duro por mí? —preguntó Sebastian. Dave gimió ronco y clavó los dedos en la pierna de Sebastian. Con la mano que tenía libre recorrió su torso y se relamió los labios al sentir los patrones de sus músculos.

—¿Qué quieres que haga? —Mientras preguntaba a Sebastian, Dave tenía la garganta seca y mecía lentamente la cadera.

—Lo que tú quieras hacer…

Sebastian se giró hasta estar boca arriba sobre el colchón. Dave tuvo una visión perfecta del magnífico cuerpo de Sebastian. Dudó durante unos segundos pero cuando Sebastian empezó a acariciarse suavemente, Dave sujetó su cadera con fuerza para besarlo. Sebastian gimió abrazándose al cuerpo aún vestido de Karofsky. Dave besó la mandíbula de Sebastian. Con el fantasma de sus labios siguió hasta los pezones y se detuvo conteniendo el aliento.

—Yo… no sé… —titubeó Dave. Sebastian estaba muy excitado. Cogió la polla de Dave entre sus manos y le dio un apretón haciéndole gemir.

—No tienes que saber, sólo déjate llevar.

Dave, tentativamente, lamió la sensible piel y Sebastian sollozó de puro placer. Dave mordió un poco antes de succionar mientras Sebastian se retorcía buscando más fricción. Dave podía no tener ninguna experiencia pero su forma de ser hacía que se le viese muy caliente; además de que tenía muchas ganas de aprender, de hacerle sentir bien. Dave fue bajando hasta pasar la lengua por los abdominales de Sebastian, quien ancló los dedos en la camiseta de Dave.

Dave se detuvo una vez más cuando los labios casi rozaban la polla de Sebastian. Él respiraba pesadamente e intentaba controlarse aunque lo que quería era hundir la polla en la boca de Dave. En lugar de eso, tragó saliva y acarició su mejilla con el dorso de la mano.

—Sebastian… —Dave se relamió los labios—. No sé cómo… pero… —Sebastian le sonrió tranquilizador.

—¿Seguro? —Dave asintió tímidamente y Sebastian se tragó un gemido. Necesitaba mucho autocontrol. Cogió su polla y la colocó sobre los labios de Dave—. Empieza con la lengua —La voz de Sebastian se quebró; era demasiado para él. Cerró los ojos para concentrarse porque no garantizaba no correrse si veía a Dave recorriéndole la polla con la lengua—. Hazlo tan lento como quieras, soy materia dispuesta…

Suspiró al sentir la humedad. Dave fue lento, tortuosamente lento: lamía probando desde la base hasta la punta, se detenía en el glande, jugaba con la piel del prepucio. Dave estaba alucinado con el sabor, la forma y lo sensible que era cada parte del cuerpo de Sebastian, pero sobre todo su polla, dura y palpitante, necesitada de cada caricia que él le diese.

Cuando Sebastian abrió los ojos se tuvo que sujetar con fuerza la base de la polla. Dave le estaba mirando con hilo de líquido preseminal en los labios. Dave abrió la boca para tomar lentamente la polla de Sebastian, quien soltó un trémulo . Siguió hasta que sintió que la polla le chocaba con la parte posterior de la boca. Se retiró de la misma forma lenta y notó a Sebastian temblar. No podía estar más caliente. Quería seguir con esa polla en la boca así que la tomó de nuevo, esta vez con más decisión, y la chupó haciendo ruidos hambrientos, naturales porque tenía hambre de ella, de sentir lo que era tener intimidad con un hombre, con ese hombre que tanto deseaba.

Sebastian temblaba como una hoja movida por el viento. Dave estaba imparable y el calor de su boca era jodidamente abrasador. Deseaba tanto ser follado por ese chico que no le hubiese importado suplicar para conseguirlo. Desafortunadamente, sabía que eso no iba a suceder; Dave aún no estaba listo. Pero Sebastian quería al menos darle un buen simulacro.

—Espera. —Su voz salió tan tenue que tuvo que hablar de nuevo—. Quiero intentar algo. —Él mismo salió de la boca de Dave, quien lo miró extrañado. Los dos respiraban acelerados—. Quítate el bóxer. —Dave ni siquiera protestó; se movió de inmediato quitándose la prenda y dejando libre su gloriosa polla—. Joder, sólo la había visto una vez pero creo que estoy enamorado de ella. —Dave sonrió entre dientes. Sebastian se colocó boca abajo separando las piernas.

Rett, no…. —Sebastian giró el rostro para mirarle.

—Lo sé y no es eso. Sólo colócate encima de mí. —Dave lo hizo con ciertas reservas—. Ahora frota la polla entre mis nalgas. No sabes lo mucho que quiero sentirte y esto es lo más cercano que tendré. ¿Puedes complacerme?

Dave separó las nalgas de Sebastian y colocó la polla entre ellas. Se movió un poco disfrutando de la fricción y los gemido de Sebastian. Se mecía lentamente porque tenía miedo de que la polla se le desviase. Pero Sebastian quería más, necesitaba más, así que meneó la cadera haciendo que el ritmo de Dave aumentara.

—Saliva —dijo Sebastian con la voz sofocada de excitación.

—¿Qué? —Dave separó de nuevo las nalgas de Sebastian fijando su atención en el culo de su chico.

—No tenemos lubricante y lo necesitamos para la fricción. Nos ayudaría tu saliva caliente sobre mi piel. ¿Quieres ayudar? —Dave lo hizo y la sensación resbaladiza lo superó. Se movió con mayor libertad, haciendo vibrar la cama debido al ritmo que marcaba. Hubo un momento en que cayó con los puños a cada lado de la cabeza de Sebastian—. Quítate la camiseta —le suplicó entrecortadamente—. Por favor, necesito… Mierda… No me hagas suplicar de nuevo. Prometo no mirar hasta que te la coloques de nuevo.

Dave se detuvo, se sacó la camiseta y cayó de nuevo sobre la espalda de Sebastian, quien gimió alto. Lo vio llevarse una mano por debajo del cuerpo y elevar más la cadera. Dave siguió moviéndose furioso mientras Sebastian se tocaba y se dejaba envolver por el cuerpo de Dave. Sebastian deseaba eso: el calor, el pelo del torso de Dave sobre la espalda, los fuertes brazos rodeándole, levantándole para lograr una fricción perfecta.

Sebastian se corrió sobre las sábanas gimiendo hasta que la garganta dolió. Dave siguió moviéndose hasta que se derramó por la espalda del chico de Dalton. Cayeron de nuevo en la cama sin separarse.

—Te juro que no miraré, sólo no dejes de abrazarme así —pidió Sebastian.

Dave suspiró satisfecho y besó cariñosamente el hombro de Sebastian. Unos segundos después se quedaron profundamente dormidos.


Sebastian se estiró perezosamente como si fuese un gran gato. Aún estaba envuelto entre el calor de Dave. Pegó más su espalda para sentir el leve cosquilleo que le provocaba el vello del pecho de Dave. Le había prometido no mirar pero tal vez podría girarse un poco fingiéndose aún dormido y así podría tener una buena vista de ese osote que tenía detrás. Estaba a punto de hacerlo cuando escuchó las primeras notas de Somebody to love y sintió a Dave saltar inmediatamente de la cama. Contrajo la mandíbula pero no se movió ni un centímetro.

—Hola, Kurt. —Cuando escuchó a Dave poner ese tono dulce, Sebastian sintió que algo pesado se le instalaba en el estomago—. No, lo siento pero, ¿necesitas algo? —Dave y su estúpida necesidad de ayudar—. Kurt, cálmate, por favor. Enseguida voy para allá. —Sebastian se tragó un gemido de frustración—. No, sólo espérame una hora, ¿vale? Ey, ey, bonito, calma. Todo se arreglará.

Sebastian estaba conmocionado y sentía que una ira indescriptible se apoderaba de su cuerpo. Esperó a que Dave regresara a la cama pero eso no sucedió. Dave entró a la ducha y cinco minutos después estaba afuera, vistiéndose rápidamente. Sebastian se levantó cuando notó que se sentaba en la cama para ponerse los zapatos.

—¿Te vas? —preguntó. Dave se giró y tuvo el descaro de sonreírle.

—Estaba a punto de despertarte. Necesito estar urgentemente en Lima. —Sebastian asintió —. Kurt me necesita —dijo distraídamente mientras terminaba de vestirse.

—¿Kurt? Claro… Y tú vas corriendo como un perro faldero. —Dave cambió la expresión de su cara.

—¿Qué…

—¡Vamos! —Sebastian se levantó violentamente de la cama enrollándose la sábana en la cintura; no quería que Dave volviese a verlo desnudo y menos aún mientras hablaban de Hummel —. Bonito…

—¿Estás celoso? —Sebastian resopló—. Bonito es…

—¡Me importa una mierda lo que sea! —Dave endureció el rostro pero no dijo nada—. ¿Qué —dijo en tono irónico—, Bella ya se ha cansado de follar con Gastón y ahora quiere destrozar su remilgado culo con la enorme polla de la Bestia?

—Sebastian, basta ya. —Smythe negó—. Kurt es mi amigo y si tiene problemas con Blaine voy a ayudarlo. —Sebastian rodó los ojos.

—¿Y si Kurt ha decidido darle una patada en el culo a Blaine me vas a decir que no vas intentar quedarte con él? Dímelo, sé honesto conmigo.

—Claro que no, Sebastian —respondió Dave. Sebastian tragó saliva intentando deshacer el nudo que se le estaba formando en la garganta—. Estoy contigo y no voy a correr detrás de Kurt. Además, él ama a Blaine. —Sebastian sintió que se le rompía el corazón cuando escuchó el tono derrotado de Dave.

—Ya… Qué noble. Claro, quieres que sea feliz. ¿Cuándo te entregan la armadura y el caballo blanco? O tal vez ya los tienes, ¿cierto? —Dave estaba rojo de ira y vergüenza—. Después de todo te le declaraste en San Valentín y no estás con él porque ama a Blaine. En serio que te mereces una medalla. —Sebastian volvió a tragarse el nudo de la garganta—. Sales de nuestra cama para correr tras él… Es admirable.

De pronto Dave comprendió que no sólo eran celos.

—Sebastian…

—Lárgate. —Smythe caminó hacia la ducha. Dave quería detenerlo pero Sebastian lo empujó—. Se te va a hacer tarde. —Sebastian se encerró en el cuarto de baño y se dejó caer en el suelo con la espalda apoyada en la fría puerta.

—Sebastian, por favor. Vamos a hablar —suplicó Dave. No hubo respuesta—. ¿Cómo vas a regresar? No tienes coche…

—Tengo dinero. Gracias por ofrecerte. De nuevo, se te va a hacer tarde para salvar a la princesa. —Dave gruñó—. Termina de largarte de una vez. —Dave quería tumbar la puerta pero ése sólo sería un acto de violencia inútil.

—Te llamaré más tarde para asegurarme de que has llegado bien a casa y para que hablemos. —De nuevo, no hubo respuesta.

Sebastian escuchó la puerta cerrarse y sólo en ese momento se sintió seguro para poder llorar. Las lágrimas brotaron casi por sí solas. Era un sentimiento abrumador y profundo. Sebastian jamás se había sentido así.


Dave no podía creer que llevase tres días sin saber nada de Sebastian. Había intentado hablar con él desde la noche de su pelea pero nada, Sebastian no respondía ni a sus llamadas ni a sus mensajes. Sabía por Trent que estaba de peor humor que nunca, que salía poco y que no podían hablar de él sin que Sebastian empezase a soltar insultos mordaces. Dave estacionó su camioneta en el garaje y se bajó con la intención de pensar en otra cosa; todavía tenía que presentar una canción para esa semana y no había forma que se le ocurriese nada.

Entró por la pequeña puerta que comunicaba el garaje con la casa. Su padre seguía en el trabajo y Patricia seguramente estaría preparando la cena después de llegar también de trabajar. Esa mujer era una maquina. Dave la quería, era una gran pareja para su padre y, mientras lo hiciera feliz, para él era perfecta. Estaba a punto de subir a su habitación cuando el timbre sonó.

—Yo voy, Patricia. —Dave abrió la puerta y sus ojos se abrieron enormemente—. Mamá, ¿qué haces aquí?

Janet Torrance abrazó con fuerza a su hijo. Dave se fundió entre los brazos de su madre. Desde el intento de suicidio su madre no le había llamado. Le había dejado muy claro que no aceptaba su homosexualidad y que estaba enfermo.

—Tenía que verte, Davey. —Dave la dejó entrar y la llevó a la sala—. Hijo, me da tanto gusto que estés bien. —Janet volvió a abrazarle.

—Mamá… Me has hecho mucha falta… Yo… —Dave no quería llorar pero había extrañado mucho a su madre. Antes de que todo ocurriese ellos habían tenido una buena relación y Dave quería volver a tenerla más que cualquier otra cosa.

—Hijo, no podía esperar a verte. Hoy he estado en Columbus y he hablado con un psicólogo que me ha asegurado que puede ayudarte. —La sonrisa anhelante de su madre hizo añicos el corazón de Dave.

—¿Ayudarme? —preguntó Dave con cautela. Janet asintió.

—Hay una terapia que cura la homosexualidad. Se llama Terapia Reparativa. —Dave se puso de pie.

—No estoy enfermo, mamá. —Janet negó sonriendo.

—Lo estás, hijo, sólo que te han hecho creer que no es así. El psicólogo me lo explicó todo. Él puede curarte —Dave perdió su mirada en un punto de la sala—. Probablemente esto pasó cuando tu padre y yo nos separamos. El divorcio debió dejar marcas permanentes en tu vida. La figura masculina de tu padre tal vez se tambaleó. Sólo tienes que ir a terapia, hijo. Allí hablarás con algunos chicos que tiene tu mismo problema y te darás cuenta de que estás mal y de que realmente no quieres tener sexo con un hombre. Lo que realmente deseas es sanar tu masculinidad y sólo podrás curarte cuando esa necesidad de amor, de atención, de afecto y aprobación por parte de los hombres que sientes se satisfaga. —Dave negó débilmente—. Hijo, te sientes avergonzado de ser homosexual porque serlo te victimiza, te coloca inevitablemente en contra de la sociedad convencional. —Dave vio a su madre sacar un montón de folletos de su bolso y dárselos. Para ese momento, Dave ya no podía controlar las lágrimas—. La terapia te ayudará a amar a otros hombres, no como tus parejas, sino como hermanos.

—¡Basta ya! ¡Es suficiente! —La voz de Patricia era fuerte y estaba llena de ira contenida—. Le tengo que pedir que se marche ahora mismo. —Janet la miró de arriba a abajo.

—Me gustaría poder hablar más rato con mi hijo. —Patricia negó, tomó el bolso de Janet y lo llevó hasta la puerta.

—Ésta es mi casa y usted se tiene que ir ahora mismo. —Patricia la empujó hacia la salida y regresó a la sala donde Dave aún estaba de pie, llorando en silencio y con las manos llenas de trípticos sobre la terapia—. Dave… Espera. —Dave se giró sin mirar a Patricia. Simplemente boqueó y subió corriendo las escaleras. Patricia fue detrás de él pero no le alcanzó. Dave cerró la puerta del ático casi en su cara—. Dave, ábreme por favor. Dave… —Patricia golpeó la puerta tres veces más antes de coger su móvil y llamar a Paul.

Paul llegó a su casa diez minutos después de haber recibido la llamada de Patricia. No esperó a tocar, derribó la puerta del dormitorio se su hijo; ya se lo perdonaría después. El corazón le golpeó con fuerza en el pecho cuando no encontró a Dave a primera vista. Se dirigía hacia al armario cuando escuchó un sollozo. Dave estaba sentado en el suelo al lado de su cama, hecho un ovillo y llorando desconsoladamente. Aún tenía los folletos entre las manos. Paul se sentó al lado de su hijo y lo abrazó con fuerza para que llorara en su pecho.

—Esto nunca debió pasar, hijo. —Dave se abrazó más a su padre.

—Yo sólo quiero ser normal, papá.

Los ojos de Paul se llenaron de lágrimas. Levantó a su hijo y se aclaró la garganta antes de hablar mirándolo a los ojos.

—¿Es esto lo que quieres? —dijo señalando con la mirada a los trípticos en las manos de Dave quien los miró, consciente por primera vez de que aún los tenía.

—No —dijo Dave suavemente pero con firmeza en su negativa.

—Tarde o temprano nos lo hubieses dicho. Lo que sucedió te empujó de la forma más ruin pero eso sólo quiere decir que el mundo está lleno de chicos sin corazón, de personas que se creen con derecho de juzgar. —Dave sollozó y bajó la mirada pero su padre se lo impidió—. Lo normal es ser feliz, Dave. Todo lo demás es lo anormal, es lo que se debería ver mal, es lo que se debería señalar. Piensa, hijo, ¿en qué momentos te has sentido normal? —Dave boqueó—. Piénsalo bien, hijo. Te estoy preguntando por cuándo lo has sentido, no por cuándo lo has querido…

Dave cerró los ojos y pensó en la angustia del día de San Valentín pero también en la liberación que significó hablar con Kurt; recordó los besos de Sebastian, lo bien que se sintió sujetando su mano en el cine y luego, distraídamente, cuando caminaban, y tocarlo, besarlo, sentir sus músculos duros sobre el cuerpo. Durante años Dave pensó que lo habían timado, que él sólo quería una familia, una esposa, dos hijos y una bonita casa, pero después, poco a poco, fue aviniéndose con esa parte de su vida y cambió sus imágenes mentales. Un esposo, un hijo, una buena casa y una vida por fin feliz, lejos del dolor y los prejuicios sociales. Por eso tuvo el suficiente coraje para hablar con Kurt.

Su papá tenía razón. Hubiese salido del armario, tal vez tarde, tal vez no, pero lo hubiese hecho. Todas las cosas que le habían hecho sentirse normal habían llegado cuando fue honesto consigo mismo, con lo que en realidad quería. Se abrazó a su padre con tanta fuerza que terminaron tambaleándose. Paul sonrió un poco.

—Sólo cuando he sido realmente honesto conmigo. —Paul asintió sonriendo a su hijo y logrando que Dave sonriera también. Se limpió las lágrimas de los ojos y luego, con los pulgares, retiró las lágrimas de las mejillas de su hijo.

—Ninguna persona merece tus lágrimas. Y quién las merezca no te hará llorar.

Dave no podía creer la suerte que tenía con su padre. Él, entre todas las personas, se había convertido en su pilar, en su amigo y en una fuerza inconmensurable para su alma. Por la noche, después de hablar con su padre durante un buen rato, pensó en la música. Anderson le había dicho que en ocasiones le ayudaba a sacar sus sentimientos para canalizarlos y hacerle sentir mejor. Dave suspiró.


—¿Alguien que esté listo? —En cuanto el señor Schuester preguntó, Dave se puso de pie sorprendiendo a todos. En sus semanas en el club Glee nunca había sido muy activo.

—Estuve pensando un poco en hacer esto. No tenía intención de participar pero ayer sucedió algo que me dolió demasiado, algo que no puedo ni siquiera describir con palabras porque es demasiado doloroso. Espero que esta canción me ayude un poco.

Yesterday I died, tomorrow's bleeding
Fall into your sunlight
The future's open wide beyond believing
To know why hope dies
Losing what was found, a world so hollow
Suspended in a compromise
The silence of this sound is soon to follow
Somehow sundown

Dave cerró los ojos evitando las miradas de todo mundo. Sólo quería que ese sentimiento desapareciera.

And finding answers
Is forgetting all of the questions we call home
Passing the graves of the unknown

Por primera vez el sentimiento de decepción se estaba yendo y se estaba siendo reemplazado por la furia que sintió en algún momento durante la conversación con su madre.

And Ive lost who I am
And I can't understand
Why my heart is so broken
Rejecting your love
Without love gone wrong
Life
Less words
Carry on

Hubiese querido ser lo suficientemente fuerte para mirar a su madre a los ojos y decirle que era ella la que estaba equivocada, completamente equivocada.

But i know
All i know
Is that the ends beginning

Abrió los ojos y escuchó a la banda tocando mientras él dejaba escapar lo que sentía. Sabía que, si su madre no lo aceptaba, entonces ya no valía la pena. Vio Kurt llorando y le sonrió para reconfortarle antes de terminar la canción.

Theres a light
Theres the sun
Taking all the shattered ones
To the place we belong
And his love will conquer all
Yes his love will conquer all

Yesterday I died, tommorrows bleeding
Fall into your sunlight

Dave no lloró, simplemente soltó todo el aire de sus pulmones. Vio a Kurt señalándole la puerta. Dave se giró y se encontró con Sebastian en su uniforme de Dalton y con las mejillas un poco enrojecidas, al igual que sus ojos. Al parecer se estaba aguantando el llanto. Dave caminó hacía él, lo jaló por la cintura y lo besó apasionadamente dejando atónitas a todas las personas del salón, incluyendo al propio Sebastian.