Construyendo a Dave, desmontando a Sebastian
Capítulo 5 – De cómo el final no siempre es el final
Cuando Dave lo besó con esa facilidad delante de todos, Sebastian quedó tan atónito como el coro de McKinley. Y cuando el señor Schuester les invito a separarse, Dave prefirió pedirle permiso para retirarse. Tenían que hablar. Dave quiso llevarlo a la cafetería de siempre pero Sebastian quería algo más íntimo porque estaba seguro de que, además de sobre lo suyo, terminarían hablando del motivo por el que Dave por fin se había animado a cantar frente al club Glee.
Dave lo llevó a su casa; su padre estaba en el trabajo y Patricia también. Al llegar, Sebastian se encaminó hacia la habitación de Dave y se tumbó en la cama acurrucándose en el calor que desprendía. Dave se quitó la chaqueta y se acostó a su lado abrazándole. Se quedaron en silencio por unos segundos hasta que Dave empezó a contarle todo lo que había sucedido con su madre. En algunos momentos Sebastian sintió la necesidad de desollar a la mujer pero se recordaba constantemente que era la madre de Dave. Algo le decía que a Karofsky no le gustaría nada que lo hiciese.
—Así que… terapia reparativa. —Sebastian lo dijo apretando los dientes y abrazándose más al cálido cuerpo de Dave.
—¿La conocías? —Dave lo miró extrañado.
—Un imbécil socio de mi padre le sugirió que me inscribiera cuando le dije que era gay. Mi padre lo mandó a la mierda, rompió la sociedad y casi hace que lo corran de Francia. —Dave silbó asombrado.
—Tu papá suena como un tipo impresionante. —Sebastian asintió. Sus ojos se quedaron fijos en los labios de Dave y lo besó.
—En realidad, amor, mis padres son bastante impresionantes. Mamá cree que tener un hijo gay es lo mejor y mi padre siempre ha estado muy orgulloso de mí. Creo que la única queja que tengo de ellos es que trabajan mucho y los veo poco. Pero siempre es genial verlos, aunque sea por separado. Se divorciaron cuando yo tenía siete años. —Sebastian se movió de los brazos de Dave para terminar sobre su pecho.
—Mis padres se divorciaron cuando yo tenía tres años. Al principio le dieron la custodia a mi madre pero cuando consiguió un trabajo fuera de Lima prefirió que me quedara con papá para no dejar a mis amigos ni la escuela. Ellos siempre se habían llevado muy bien, hasta que… —Sebastian sonrió a Dave y volvió a besarle.
—Mi padre viene este fin de semana. ¿Te gustaría conocerlo? —preguntó Sebastian. Dave asintió antes de sujetarlo y colocarlo encima de él para besarlo con más profundidad. Las manos de Sebastian se movieron para desabrochar los botones de la camisa de Dave, quien de pronto abrió los ojos.
—Espera. —Sebastian siguió con los botones hasta que Dave lo detuvo suavemente y le elevó el rostro para mirarle a los ojos—. Tenemos que hablar de lo que sucedió en Isla del Rey.
Sebastian no quería hablar de eso, por lo menos no en ese momento. Dave había tenido que soportar las ideas idiotas de su madre y lo que menos quería ahora era lidiar con un nuevo drama cuando estaban tan bien. No sabía qué era, tal vez la necesidad de Dave de sentirse querido y aceptado, o tal vez de verdad lo había extrañado, pero la cuestión es que estaban besándose como nunca. Dave lo quería, quería sentirlo, y Sebastian se aprovecharía de eso porque no sabía cuánto iba a durar.
—¿Podemos dejarlo para después? Estamos solos… —Sebastian inclinó el rostro para besar a Dave en el cuello—. Podemos aprovechar el tiempo. —Dave le respondió con un beso en la boca. Sebastian gimió cuando las manos de Dave se colaron por debajo de su chaqueta y buscaron el camino hasta su piel.
—Mi padre…
—No tiene porque enterarse —dijo Sebastian terminando de desabotonarle a Dave la camisa. Gimió frustrado al notar que debajo traía puesta una camiseta interior blanca que impedía que le viese por fin el torso desnudo. Estaba a punto de arrancársela cuando Dave volvió a balbucear.
—Mi pad…
—En serio, no se va enterar…
—¿De qué no me voy a enterar? —Sebastian saltó de la cama al escuchar la voz de Paul Karofsky a la vez que se abría la puerta. Dave también se levantó de la cama mientras intentaba abotonarse la camisa—. Escuché ruido y me alarmé. No pensaba que hubieses llegado ya. —El señor Karofsky miró directamente hacia Sebastian y éste trago saliva al notar la seriedad del hombre.
—Tú también has llegado muy temprano —dijo Dave.
—Están haciendo una auditoria sorpresa en el despacho. —Sebastian sentía la tensión en el ambiente. No estaba seguro de lo que estaba pensando el señor Karofsky pero sabía que no era nada bueno, aún menos cuando el prototipo de novio para su hijo era el virginal Kurt Hummel.
—Hoy he cantado. —Las facciones del señor Karofsky se suavizaron visiblemente cuando sonrió a Dave.
—¿Cómo te ha ido? —Dave se encogió de hombros pero su sonrisa le delató. Cantar le había servido para poder sacar todo eso que quería decirle a su madre pero no podía—. Bien —continuó Paul—, prepararé la cena antes de que llegue Patricia, para variar. —El señor Karofsky observó a los dos alternativamente—. Quiero esta puerta abierta. Y espero no enterarme de nada, menos si aún siguen siendo sólo amigos.
—Créame, me he esforzado porque eso cambiase… —Sebastian lo dijo sin darse cuenta, le salió así, natural. Vio cómo señor Karofsky le sonreía por primera vez en todo el tiempo que hacía que le conocía. Dave estaba sonrojado y mirándole con los ojos muy abiertos.
El señor Karofsky salió de la habitación y Sebastian caminó hacia Dave, quien seguía sin moverse pero ahora también sonreía.
—Creo que debería marcharme…
—No. —Dave le cogió de las manos—. Quiero decir… Quédate a cenar, si puedes y quieres. —Sebastian ensanchó su sonrisa.
—Quiero… —Sebastian se humedeció los labios y Dave negó, aún sonriendo.
Dave no podía creer que ésa fuese la casa de Sebastian; era una mansión. Tampoco podía entender que hubiese tanto lujo para un chico que se pasaba el tiempo solo en casa. Ahora comprendía por qué dormía en el colegio y pasaba las tardes en la cafetería: Sebastian no quería estar solo en esa enorme casona. Dave lo conocía lo suficiente como para saberlo.
—Ven. —Sebastian lo llevó de la mano hacia un vestíbulo enorme que terminaba en una puerta doble de madera. Sebastian abrió sin tocar y Dave se paró en seco al ver a un hombre sentado en un sofá hablando por teléfono. El hombre, al verlos, cortó de inmediato la llamada y Sebastian soltó la mano de Dave para abrazarlo—. Dave, éste es mi papá, Arthur Smythe. —Dave dio un apretón amistoso a la mano que le ofrecía.
—Así que tú eres el famoso Dave.
Y a partir de ese momento la conversación fluyó como el agua de los ríos. El señor Smythe era bueno, muy bueno. Poco a poco fue obteniendo todo tipo de datos de Dave: el nombre de sus padres y a qué se dedicaban, sus gustos, hablaron del suicidio, de su terapeuta, de lo sucedido con su madre y, por último, de todo lo referente a Sebastian en su vida. Arthur Smythe era un profesional sacándoles la verdad a las personas, obteniendo toda la información que quería siendo encantador y sin hacer notar que la quería. Sebastian tenía un buen maestro porque de pronto Dave se encontró hablándole de un montón de cosas como si fuese un gran amigo. Los Smythe eran unos expertos en seducción.
Dave también pudo notar lo bien que se llevaban Sebastian y su padre. Había una admiración mutua. El señor Smythe escuchaba con atención a Sebastian cuando hablaba de negocios y le daba su opinión sobre la política turística de los Estados Unidos. Eso impactó a Dave; Sebastian, además de ser extremadamente caliente, era extremadamente brillante. Era obvio que se haría cargo de los negocios de su padre y que estaba más que satisfecho con ese futuro.
—Miren lo tarde que es. Ya es hora de que probemos bocado, ¿no creen? Voy a ver si ya tienen lista la comida.
Cuando Arthur Smythe salió del despacho, Dave soltó un largo suspiro.
—Tu padre acaba de sacarme toda la historia de mi vida en… —Miró su reloj y silbó sorprendido—, dos horas y media.
—Sí, papá es muy bueno haciendo ese tipo de cosas. No te das ni cuenta y de pronto ya le estas contando tu secreto más preciado. Es una habilidad, lo que nunca pensé es que la utilizaría contigo.
—¿Por qué? —Sebastian se encogió de hombros—. ¿Soy el primer chico que le presentas?
—Tal vez sea eso. Debe de estar emocionado porque he traído a alguien especial para mí. —Dave miró a Sebastian detenidamente. Sabía que después de ese fin de semana no habría vuelta atrás; Sebastian le había dejando entrever que quería una relación real. Dave estaba dubitativo en ese sentido pero sabía que no quería dejar ir a Sebastian.
—¿Cómo supo tu padre que habíamos estado en Isla del Rey? —Dave cambió de tema y se sintió terrible al ver un atisbo de decepción en los ojos de Sebastian.
—La tarjeta de crédito. Mi papá mira los estados de cuenta, sabe dónde estoy, cuánto pago y qué compro. En realidad me tiene muy vigilado aunque también es muy sutil.
Dave se humedeció los labios. Estaba nervioso y quería decir algo pero aún no se atrevía.
—¡Chicos! —La voz del señor Smythe rompió el momento.
La noche cayó muy rápido para el gusto de Dave, quien aún no quería quedarse a solas en una habitación con esa bomba sensual llamada Sebastian. El señor Smythe se despidió de ellos guiñándole a su hijo y haciendo sonrojar a Dave con ese simple gesto que no tenía porque significar nada, pero Dave estaba demasiado nervioso.
Sebastian se lo llevó a su cuarto. Era enorme, con el piso de madera reluciente y una cama tan grande como intimidante. Dave cerró los ojos unos segundos y se tranquilizó. Ya había visto a Sebastian desnudo, sabía no harían nada que él no quisiera y, lo más importante, tenía que tener los cojones suficientes como para dejar las cosas claras con Sebastian antes de hacer cualquier cosa. Cuando abrió los ojos se encontró con la mirada confundida de Sebastian.
—¿Estás bien? Puedo dormir en la recámara contigua si no te sientes comod… —intentó decir Sebastian. Dave le besó, lo necesitaba para terminar de tranquilizarse. Sebastian prácticamente ronroneó entre sus brazos y, con eso, Dave tuvo el valor necesario para sujetarlo de la cintura y llevarlo hasta la cama. Dave se separó cuando Sebastian lo jaló hacia el lecho.
—No quiero posponer más nuestra charla —dijo Dave. Sebastian enmarcó una ceja.
—¿Me besas así y crees que después podemos hablar con tranquilidad? Creo que algo no te funciona bien. —Dave sonrió un poco, sujetó las manos de Sebastian entre las suyas y empezó a hablar.
—¿Aún crees que te puedo dejar por Kurt? —Sebastian se tensó y se tragó el nudo de la garganta. Dave no sabía ser diplomático, de inmediato había ido al tema.
—¿Hay algún motivo para que no deba de creerlo? —Sebastian no quería decirlo de esa manera pero la verdadera razón de su miedo era el amor que Dave aún sentía por Kurt, así que prefirió rebatirle con otra pregunta. Lo vio dudar, tal vez buscando la respuesta. Sebastian se sorprendió cuando Dave besó sus manos con delicadeza.
—Sí, lo hay. Quiero estar contigo, Sebastian, y no hay nadie que pueda cambiar eso. —Sebastian lo besó haciéndole caer en la cama y Dave suspiró en el beso—. Y quiero que seas el primero. —Sebastian nunca se había sentido tan abrumado.
—¿El primero? La verdad es que todo este tiempo había estado pensado en que tú me follarías hasta dejarme sin sentido. —Dave sonrió.
—Sí, bueno, ya has sido el primero en todo lo demás y… Me encantaría eso pero… Pero primero quiero saber lo que se siente. —Dave llevó una mano al cabello de Sebastian mientras le daba besos en el cuello.
—¿Por qué nunca lo hiciste con alguien del Scandals? Había un montón de tipos mayores y atractivos que seguro que babeaban por un oso como tú. —Sebastian se estremecía por los besos tan sensuales de Dave y sus dientes mordisqueándole un poco la piel estaba haciendo que casi perdiese el control.
—Varios me pidieron que los acompañara a su departamento pero no quería que fuese así. Quería a alguien que me importara y a quién yo le importara. —La voz de Dave sonaba amortiguada porque tenía los labios pegados a la piel de Sebastian. Llegó hasta su barbilla y luego a sus labios para besarlo con pasión—. Alguien como tú, Rett.
Sebastian gimió hundiéndose más en el beso, en las caricias. Saltó de la cama y se desvistió con prisa al ver a Dave sobre su cama con esa mirada de hambre mirando su torso desnudo. Cuando terminó de desnudarse, Dave respiraba más pesado. Podía notar lo excitado que estaba por el bulto en sus pantalones. Sebastian tragó saliva y rogó a su autocontrol; lo necesitaba para darse el tiempo de desnudar a Dave tranquilamente.
Lo primero fue quitarle cada prenda de la cintura para abajo. Sebastian se tomó algo de tiempo para probar de nuevo el sabor de la polla de Dave, para reconocer su dureza y sentir nuevamente lo rico que era tenerla en boca. Después subió lentamente mordiendo el hueso de la cadera de Dave. Le sujetó suavemente de las manos para sentarlo en la cama y lo besó tan lento como pudo. Cerró los ojos y gimió cuando coló las manos por debajo de su camiseta. Esa era la primera vez que lo vería completamente desnudo y Sebastian quería que David se sintiera cómodo. Le sacó la camiseta tan suavemente como pudo y luego abrió los ojos mirando a Dave.
Lo notó vulnerable y temeroso por ser visto completamente desnudo pero Sebastian lo besó y recorrió lentamente con las manos su pecho hasta que lo sintió completamente tranquilo. Llevó su mirada hacia el pecho de Dave y gimió. Era tan hermoso, tan masculino, con los pectorales desarrollados y ese hermoso vello negro y sedoso que Sebastian recorrió con los dedos sollozando de puro placer. Era tan suave. Los pezones de Dave estaban duros, claro signo de excitación. De la excitación de los dos, porque Sebastian nunca había estado tan caliente. Lo recostó de nuevo en la cama para besarlo. Mordió sus labios y bajó hasta el pecho. Con la punta de la lengua probó la seda de la que estaba hecho el vello. Dejó besos por todo el torso de Dave, quien se retorcía debajo de él, tocándose y frotando su cuerpo con el de Sebastian.
—Espera. —Sebastian no podía disimular la necesidad en su voz. Corrió hacia el cajón de la cómoda y cogió la caja de condones y el lubricante.
Regresó a la cama y tomó todo lo que pudo de la polla de Dave en la boca. Abrió el lubricante con urgencia y derramó una generosa cantidad en sus dedos y un poco más sobre el escroto de Dave dejando que resbalara hasta la hendidura de las nalgas, después lo esparció lentamente mientras no dejaba de chupársela. Podía ver el hermoso pecho de Dave subir y bajar rítmicamente.
Sebastian probó a meter su dedo índice en el culo de Dave. Fue suave y sintió como la piel se estiraba un poco para dejarlo entrar. Dave estaba tan entregado, tan dueño de todos los sentidos de Sebastian, que cada gemido y jadeo hacía que lo deseara más. Su dedo índice entraba cada vez más fácil, así que añadió uno más y le estiró e imaginó lo que sería sentir ese calor en su polla. Dave gimió satisfecho mientras empezaba a moverse follando la boca de Sebastian.
—Hazlo ya —rogó Dave. Sebastian no pudo decirle que no. Se incorporó rápidamente y se colocó el preservativo. Dave abrió las piernas para él mostrándose completamente dispuesto. Sebastian rescató unas cuantas almohadas para ponerlas debajo de la cadera de Dave.
—Voy… a… —balbuceó Sebastian. Dave asintió frenético.
Sebastian hubiese querido ir poco a poco pero sabía que lo mejor era hacerlo de una vez, así que colocó las manos sobre las rodillas de Dave y entró en él de una sola embestida. Dave jadeó, seguramente de dolor y un poco de placer. Sebastian empezó a moverse buscando diferentes ángulos con la cadera hasta que pudo ver la sorpresa en los ojos de Dave.
—Justo ahí, ¿cierto, oso? —Sebastian volvió a golpear de nuevo.
Sebastian se lo folló con toda la energía que tenía, moviéndose frenéticamente, golpeando una y otra vez, animado por los gemidos de placer y los gruñidos de Dave. Mientras, él también movía su cadera logrando que todo llevara a Sebastian cada vez más cerca de llegar. Vio la mano de Dave tomar su propio miembro y acariciarse tan rudo como era follado. Dave se corrió unos segundos después. Una cantidad generosa de semen caliente bañó el pecho de Sebastian, que cayó colocando las manos a cada lado de la cabeza de Dave. No pudo evitar besarlo pero no fue un beso pasional y sucio sino uno lento. Sebastian quería disfrutar de sus labios, de su lengua moviéndose perezosa. Bajó la boca hasta capturar el pezón izquierdo de Dave y lo succionó dejando una marca. Dave enredó sus brazos en el cuello de Sebastian, acarició suavemente su cabello y le besó. Sebastian movió los brazos hasta colocarlos debajo de los de Dave, lo sujetó por los hombros y se lo acercó más.
Sebastian sabía que estaba perdido. Lo diría, sabía que lo diría y no quería hacerlo, no cuando él era el único que lo sentía. Se apartó del beso y escondió el rostro en cuello de Dave. Justo cuando se corrió mordió la tierna piel que tenía cerca de sus labios. Eso impidió que lo dijera pero nada, absolutamente nada, podía hacer para no sentirlo.
Sebastian despertó envuelto en unos grandes brazos. Al abrir los ojos sonrió. Sabía que era una sonrisa de idiota, nadie tenía que decírselo, pero no le importaba. Dave se veía tan bien dormido; estaba sereno y tranquilo. Sebastian frotó el rostro en el pecho de Dave sintiendo el suave vello bajo las mejillas. Después salió de la cama para asearse un poco, tomó la primera bata que encontró y fue a la cocina.
A él le daba lo mismo esa tontería del desayuno en la cama pero sabía que a Dave le parecería un gran detalle, sobre todo cuando le había robado su gran V la noche anterior. Sebastian sonrió satisfecho: había sido el primero. Tal vez no sería el único, pensó a pesar de su buen humor. En la cocina ordenó un buen desayuno y se sentó en uno de los taburetes de la barra a esperar.
—Pensé que tendría que despertarte. —Sebastian miró a su padre que ya estaba vestido con un traje.
—¿Algo importante? —Arthur asintió cogiendo la taza de café que le habían puesto sobre la barra.
—Tengo que viajar a San Antonio. Espero regresar mañana por la tarde. Lo siento. —Sebastian negó sonriente.
—Así tiene que ser, papá. —Su padre sonrió cuando vio la bandeja del desayuno.
—Despídeme de él. Tendré que agradecerle que por primera vez en todo lo que tienes de vida te hayas levantado sin que tenga que ir a despertarte. —Arthur le dio a su hijo un beso en la frente y salió de la casa.
Sebastian tomó la bandeja con los platos y subió a la habitación. Cuando entró vio la cama vacía y luego el sonido del agua corriendo en la ducha. Sebastian dejó el desayuno en la mesa, caminó hacia el cuarto de baño, abrió la puerta lo más sutilmente que pudo y tiró la bata antes de entrar a la bañera asustando a Dave.
—Ey, no te escuché. —Sebastian lo besó sin decir nada. Dave lo envolvió entre sus brazos regresándole el beso con más fuerza. Se acariciaron debajo del agua hasta que Dave se levantó llevándose a Sebastian con él.
—¿Puedes sostenerme así de fácil? —dijo Sebastian con un hilo de voz.
Dave llevó sus manos a las nalgas de Sebastian y lo elevó para que pudiera enganchar las piernas en su cadera. Salieron de la ducha mojando el piso de la recamara. Dave colocó el cuerpo de Sebastian sobre el sofá de piel frente a la cama. No habían dejado de besarse en todo el tiempo.
Sebastian quería acariciar cada pequeña parte del cuerpo de Dave y se levantó arrodillándose sobre el sofá. Sus manos fueron al pecho de Dave y lo acariciaron con vehemencia.
—Eres tan hermoso… —dijo Sebastian sin dudar.
—Quiero follarte, Sebastian. Quiero escucharte gemir mi nombre mientras tienes mi polla dentro de ti.
Sebastian se giró, elevó su cadera y sonrió el escuchar el jadeó de Dave. Lo que Sebastian no esperaba era sentir las manos de Dave separándole las nalgas y luego el tibio aliento del chico sobre su culo.
—He querido hacer esto desde que lo vi… —gruñó Dave lamiéndole tentativamente—. Si algo te molesta o lo hago mal… sólo dímelo.
Sebastian sólo quería que se callara y utilizara esa lengua para algo más productivo, como enterrarla en su culo justo como lo hacía en ese momento. Dave iba despacio, quería sentir todo, grabar en su mente lo que era tener ese tipo de intimidad con Sebastian: verlo arquearse al ser penetrado con su lengua, escucharlo gemir su nombre cada vez más alto cuando le lamía y sentir como su cadera se movía buscando más.
—El lubricante…. está… en la cama… —Dave corrió hacia la cama. Cuando regreso al sofá, Sebastian estaba tocándose y gimiendo necesitado—. Sólo hazlo, lubrícate bien y entra en mí. Joder, he querido esto desde que te conocí.
Dave gimió e hizo lo que Sebastian le había dicho, golpeó las nalgas de Sebastian con su polla y luego la frotó entre ellas haciendo que Sebastian rogara de nuevo. Dave entró lentamente en él, no quería correrse de inmediato y sabía que lo haría si no tenía paciencia. Cuando estuvo completamente dentro, colocó las manos sobre la cadera de Sebastian y se tomó unos segundos para respirar. Sebastian se incorporó, giró su rostro y besó a Dave. Éste empezó a moverse, primero suave, pero sabía que Sebastian quería más. Dave suspiró cuando logró el control suficiente como para embestir a Sebastian con fuerza haciendo crujir el mueble alentado por los gemidos de Sebastian diciendo su nombre. Dave sabía que debía escucharse por todo la casa pero no le importaba.
Paró un momento para girar a Sebastian, sostenerlo de la cadera y volver a penetrarlo. Lo levantó para empotrarlo sobre la pared más cercana y follarlo tan duro como su cuerpo se lo permitiera. Sebastian estaba en el nirvana total. Se aferraba al macizo cuerpo de Dave y gritaba su nombre. Sabía que se correría en cualquier momento y que sería el mejor orgasmo que hubiese tenido en toda su vida. Justo cuando Dave lo besó de nuevo, Sebastian se corrió a grandes chorros bañando el vello del pecho de Dave. Él llegó también en ese instante soltando todo el aire de sus pulmones y gritando el nombre de Sebastian. Seguidamente, Dave lo llevó a la cama y se abrazaron hasta que ambos recuperaron la respiración.
—No podré mirar a tu padre a los ojos. Seguro que lo ha escuchado todo. —Sebastian le sonrió
—Papá tuvo que salir por una emergencia. —Dave se sintió un poco mal con Sebastian. Había estado muy emocionado con la idea de pasar el fin de semana junto a su padre—. No te sientas mal, oso. Hace mucho que entendí lo importante que es el trabajo de mis padres. De alguna forma se tiene que pagar todo esto. ¿Sabes? Antes papá siempre me decía que me compensaría el tiempo, y de hecho lo hacía: cada vez que tenía vacaciones las pasaba conmigo. Cuando tenía nueve años le pedí a papá que nunca me dijera de nuevo eso de te lo compensaré. Ellos no tienen nada que compensarme. Hacen lo que pueden para que yo tenga estos lujos así que lo entiendo.
—Claro. Sólo lamento que no pasemos todo el fin de semana con él como querías. —Sebastian se encogió de hombros y besó a Dave.
—Tal vez podamos aprovechar el tiempo. Ahora que te tengo aquí quiero que me folles en todos los rincones que me gustan de esta casa. Y después podemos seguir con la piscina. ¿Podrás sostenerme como hace un momento y follarme sin apoyarme en nada? —Dave se rio con fuerza pero al notar la seriedad de Sebastian le respondió.
—Por supuesto. —Sebastian sonrió de oreja a oreja.
—Maravilloso. Por eso me encantan los osos grandes y fuertes. —Dave gimió suavemente al sentir las manos de Sebastian serpenteando por su pecho—. Creo que me desharé de todas tus camisetas, camisas y chaquetas. Es antinatural que cubras esta maravilla de torso con esa estúpida ropa. —Dave se sonrojó pero tuvo el suficiente valor como para responder.
—Prefiero guardarlo sólo para ti, ¿no te parece? —Sebastian sonrió.
—Tienes toda la razón. Te guardaré sólo para mí.
Dave perdió la cuenta de las veces que lo hicieron durante ese fin de semana. Sólo podía recordar los lugares y la sonrisa de Sebastian después de cada encuentro. Nunca había estado tan cansado y tan satisfecho en su vida. La última noche en casa de los Smythe, Dave durmió abrazado a Sebastian, sintiéndolo suyo y pensando en lo mucho que pertenecía a ese niño rico y mimado. Con Sebastian a su lado las cosas se veían mejor. Aún tenía que luchar contra su madre y contra todos los errores cometidos en el pasado, pero estaba más tranquilo sabiendo que tenía a alguien y que ese alguien también lo tenía a él.
Dos meses después…
—Tengo la sensación de que esto ya lo había vivido antes. —Dave sonrió dejando el Martini sobre la barra y bebiendo de su cerveza.
—Creo que yo también tengo esa sensación, Kurt. —Dave miró hacia la pista del Scandals donde Sebastian bailaba animadamente con Blaine.
—Sólo que nunca que pensé que terminarías ligándote a Sebastian Damien Smythe. —Sebastian se giró en ese momento y le lanzó un beso a Dave—. En aquella ocasión brindamos por los pequeños pasos y ahora… —Kurt se detuvo ahí y Dave le miró. Habían sido enemigos, conocidos, aliados y ahora, los mejores amigos.
—Por el camino recorrido y por lo que aún nos falta para llegar al final feliz. —Kurt sonrió deslumbrante. Sus ojos brillaron y Dave sintió un pequeño estremecimiento de felicidad. La vida era buena.
Ambos se terminaron sus tragos y salieron disparados hacia la pista para reunirse con sus parejas.
—¿Crees que debamos preocuparnos? —Sebastian se sorprendió con la pregunta de Blaine. Miró hacia la barra y sintió un pinchazo de celos en el pecho.
—No veo la razón. Lo importante es el aquí y el ahora. Dave está conmigo aquí y ahora.
Blaine estaba a punto de decir algo pero fue interrumpido por la llegada de Dave y Hummel. Dave abrazó a Sebastian por detrás dándole un beso en cuello y moviéndose lentamente al ritmo de la música.
—¿Me extrañabas? —preguntó Sebastian mientras sentía los labios de Dave formando una sonrisa.
—Un día, hace mucho tiempo y justo aquí, en esa barra, decidí dejarlo todo al azar. Y ahora estoy locamente enamorado.
Sebastian se giró entre los brazos de Dave para mirarlo a los ojos. Dave le sonrió y se besaron como nunca. Al separarse, Sebastian no pudo evitar mirar hacia Blaine y Kurt y notó la mirada que éste último dirigía a Dave. Conocía esa mirada… Y de nuevo, los celos llegaron. Se abrazó a Dave con fuerza. Él lo sabía: sólo porque alguien no te ame como tú quieres no significa que no te ame con todo su ser.
¿Sería posible?
