Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.
Capitulo 1. Tú, Maldito
Estaba todo listo y dispuesto ya, para la recepción de la nueva integrante en C&F S.A., era un hito muy importante, toda la familia Cullen en pleno, excepto por un pequeño detalle llamado Edward.
– ¿Dónde está Edward? – gritaba Carlisle, con un cierto atisbo de enojo.
– Calma Papá; llamo diciendo que estaba un poco atrasado porque el avión salió con retraso de de Washington, pero llega no te preocupes – respondió con inusitada calma Alice.
– ¡Ah! no sé que voy hacer con él, le dije cinco mil veces que llegara la semana anterior, pero no, para variar nunca me escucha.
En ese momento, se abren las puertas, y todos esperan que entre en el piso aquel muchacho de metro noventa, en vez de él entro la señora Cullen, con una cara de sorpresa debido a la preocupación de su marido.
– Carlisle, calma, acabo de hablar con él y esta a una esquina de distancia – le dijo Esme con aquel tono de irremediable paz.
– Tu hijo Esme, que le costaba venirse una semana antes, todo hubiera sido mucho más sencillo y rápido, eficiente. Como me desespera a veces.
– Me extraña, amor que ahora y justamente hoy sea solo mi hijo. Carlisle, por favor, tu sobre todo sabes que es igual a ti, además acaba de regresar de Oxford, déjalo descansar un poco, aparte, quería su espacio, ambos sabemos que Edward no estaba con las mejores comodidades, sobre todo con la compañía de Tanya, debes entender que quisiera liberarse e irse a descansar un par de días al Caribe… es comprensible.
– Si amor, tienes razón, es solo que siento la premura de que hoy las cosas no van a ser tan sencillas como lo tenía planeado…
– Ah por favor Carlisle, para un minuto, basta con planificar todo, imagínate como va estar el amiente de esta oficina, con tu persona y Edward adentro, piensa en la pobre Ginna, cierto – y la mira y esta asiente – además hay que pensar que Bella no está acostumbra al ritmo tan potente de ambos…
– Tienes razón mamá, pero lo que me tiene realmente intrigada, es ¿porqué Edward se escapo en la primera oportunidad que tuvo, de su amada prometida?
– Alice, no seas así, por favor entremos a mi despacho – dijo en tono recriminatorio Carlisle, entrando seguido de los demás – todos sabemos que Tanya no es la persona más simpática del mundo, pero debemos respetar la decisión de Edward…
– Pero papá; sobre todo tú sabes que Edward, lo hace para tener una ventana abierta para la posibilidad de la reconciliación con los Denali, no vengas a posicionarte con el discurso de que mi hermano se enamoró de esa pu…
– ¡ALICE CULLEN! Para – le dijo Esme abriendo sus ojos esmeraldas – por última vez, no deseo escuchar alguna opinión de ese estilo sobre Tanya, por favor respeta las decisiones de tu hermano aunque sea…
– SI, MONO CON PILAS, RESPETAME – dijo en el umbral de la puerta, la persona que todos estaban esperando; Edward Anthony Cullen, un metro noventa de sofisticación y belleza desbordante, que en conjunto con su acento particularmente británico, engatusaba cual puma, a cualquier mujer que se le cruzaba.
Se notaba en el ambiente, que las hormonas femeninas estaban más revolucionadas, si hasta la pobre Ginna tuvo que cruzarse de piernas con tal de no salir corriendo y hacer algo tan vergonzoso como tirarse encima de ese Adonis. Y lo mejor de todo es que él lo sabía, pero lo importante es que no le daba importancia, tenía otras cosas en mente, como por ejemplo saludar a su madre, a su padre, y a esa pequeña cosa con pelos parados que abría los ojos de manera que estaba a punto de escapárseles de las orbitas.
– Papá, mamá, Alice; llegue. Perdón por la tardanza pero el avión se retrasó y había un poco de fila en el Starbucks.
Se movió con clara elegancia, y distinción, como si todos sus movimientos estuvieran calculados, derrochando perfección. A veces ni Esme creía, que como un simple ser humano podría reunir tantas beneficias características como Edward, pero no todo era perfecto, todo tenia y debía poseer un pero, en este caso era la frialdad de su hijo; la frialdad, con que le comunico hace ya once años atrás que deseaba estudiar en Inglaterra, específicamente en Oxford. En donde todo hombre Cullen se había formado universitariamente. A diferencia de Carlisle, la secundaria de Edward había sido en Norteamérica, por petición de Esme y demandas de la empresa, pero eso no significo que el muchacho perdiera su acento británico, al contrario, con el afán de diferenciarse lo acentuaba cada vez, como también crecían sus conflictos, pero eso era otra historia, lo importante en este caso era darle la bienvenida, y comunicarle la existencia de cierta mujer que complicaría la cosas con la celosa de Tanya.
– Hijo, hola… pero como se te ocurre andar siempre al límite, no sabes que me molesta estar así… – Carlisle prácticamente le recriminaba.
– Calma papá, todo va a salir bien – en un tono casi somnífero – que te tiene tan preocupado viejo cuéntale a tu primogénito que siempre puede hacer algo por ti…
– Edward, ¡esto no es un juego de verdad que estaba preocupado!, aparte tenemos que hablar.
– Lo estamos haciendo papá.
– Edward por favor esto es serio; mira, para el puesto al que te vas a integrar, el directivo solicito la participación de un segundo, como un compañero, en otras palabras un aliado codo a codo, específicamente como un co-gerente.
La cara de Edward era como una escultura ni siquiera un musculo se le movía, pero sus pensamientos, iban invocando la conjunción de todos los epítetos más amorales que pudiera encontrar y solo para empezar con "los malditos…" para luego terminar con "de verdad son malas personas, malas personas".
– Bueno que tan terrible puede ser, no creo que sea imposible el no trabajar como un equipo, además si el directivo lo está solicitando tan cortésmente, no podemos decirle que no, y que nuevamente comiencen las presiones por el supuestos nepotismo que has insaturado padre ¿o no?
– No hijo, el nepotismo se acaba hoy, de los Cullen que quedaremos en esta empresa, seremos solamente tú y yo y nadie más.
– ¿Pero Alice, y mamá que harán?
– Hijo, yo por fin me voy a dedicar a mi hobby, y empezare por tu departamento, como se que Tanya no vivirá de inmediato contigo, me tome la libertad de sacar copias de tu llave, y empezare mañana con la decoración – dijo Esme, tratando de dominar el indomable pelo de su hijo. Caricia que a Edward le hizo recordar, aquella noche, en el Caribe, la semana anterior, con aquella ninfa de castaños cabellos y ojos, aquel rubor en su rostro, que encendía hasta el más mínimo bello de su cuerpo. Si había sido contundente, tres veces seguidas, ni él se lo creía menos mal que tenía su reserva de condones, quizás deba llamar nuevamente a Emmett, agradeciéndole, el grato recordatorio de la protección, si no quien sabe que hubiera pasado.
Cerró los ojos un instante y lo único que pudo ver era a aquella mujer postrada en la cama, mirándolo fijamente, con respiración dificultosa, con sus manos descendiendo por su esculpido torso, y al mismo tiempo admirándolo, hecho que lo excitaba aún más, más que ver su cabello totalmente alborotado, sentir aquel escultural cuerpo femenino todo sudado con un especial aroma, a fresas… todo lo incitaba a seguir penetrándola hasta lo más profundo de su ser, y oh dios su boca, los sonidos de su boca…
– Edward, dentro de cinco minutos va a llegar tu aliado… espero que no seas muy duro con él – le dijo Carlisle irrumpiendo sus recuerdos.
– ¿Qué? Ah, no creo, que tendría que pasar para yo reaccionar así – lo decía irónicamente como si nunca hubiera matado a una mosca, o nunca se hubiera involucrado con esa ninfa… ¡oh dios que había hecho ella para que luego de 72 horas todavía no se la podía sacar de la cabeza!
Sonó el teléfono, casi aclamándolos a todos, era Ginna que avisaba que el "aliando" había ingresado al edificio.
Estaba nerviosa, si, quizás demasiado, porque la llamada de Alice, la preocupo bastante "Siii te digo que llamo y dijo que empezaba el lunes al igual que tú, pero calma que no muerde, quizás sea un poco alto de ego, pero nada más , aparte es mejor vas a saber a lo que te enfrentas de inmediato…"
Si todo era tan simple porque se sentía que estaba caminado en el pasillo de la muerte, cual prisionero, como en Dead Men Walking… Y todo por culpa de Alice y sus aprensiones premonitorias, y además sin justificaciones. Él no le iba a ser nada, ¿no muerde verdad?
Como iba a ser posible que un simple humano, hijo retornado, pudiera ser tan malo como lo pintaba Alice, pero eso ahora no era lo importante; por fin iba a probarse a sí misma, que todo lo que había tenido que pasar, estudiar, sacrificarse; por fin iba a rendir frutos, y se lo iba a demostrar a todo el mundo. Porque se acabó la Bella que era manipulable por todos, desde ahora existía Isabella, que iba a ser respetadas por todos. Si, es verdad aquella noche de acción en el Caribe le ayudo a replantearse varias cosas, entre ellas su dependiente relación con Jacob, tenía que cortar pronto por lo sano y definitivamente, él en ese minuto no era lo sano.
El pitido del ascensor sonó, y Bella viéndose en los espejos de este, viendo que su figura fuera perfecta, salió de este, calzando los últimos Jimmy Choo, que Alice, le guardo en su closet, se dirigió al mesón central donde estaba Ginna. Si definitivamente ese traje Stella McCartney le acentuaba la figura perfectamente, como a ella le gustaba.
– Ginna, soy Isabella Swan, creo que los Cullen me esperan.
– Si aguarda un minuto que les aviso.
E inmediatamente una Alice, con cara de felicidad extrema salió de la puerta del fondo, prácticamente corriendo, pero al mismo tiempo sus ojos demostraban una extraña preocupación, algo había pasado, y luego lo conversarían…
– Bella, por fin llegas, prepárate más por favor, no hagas ningún juicio antes de conocer bien a mi hermano, es que cuando la gente está en un pilar en lo más alto del éxito tu sabes que la caída es estruendosa, Bella por favor, cuidado con su ego, puede ser muy, muy dañino.
– Alice, cálmate, ¿no muerde verdad?
Esme se acerco – Es cierto Bella, querida. ¿Cómo estuvieron esas vacaciones antes de la avalancha de stress que se te viene encima, y a todo esto ya terminaron los arreglos para la mudanza de Alice? – muy gentilmente le pregunto, en esos últimos años había si la madre que Renné no había sido, ya que Renné estaba muy centrada en la social life de Phoenix, con su nuevo marido, como para llamar a su única hija Isabella, en fin ¿quien dijo que la vida era simple?
– Isabella, ¿como estas?, ¿fue muy difícil entrar? – Carlisle, siempre tan preocupado, de verdad era un gusto entrar a trabajar en ese ambiente tan confortable, si, pareciera que estaba pisando el paraíso…
Desde que conoció a Alice, todo en esa familia, la había atraído, el amor que proyectaban, la confianza, el cariño, en realidad todo, por eso no era de extrañarse que haya aceptado la proposición de Carlisle, para entrar al concurso para obtener el puesto de Co–gerente general de C&F S.A., lo genial que fue es que el directorio la escogió, por lo tanto no hubo problemas ni pie para las habladurías, ya que se sabía que Bella era muy cercana a la familia Cullen.
Mirando la cara paternal de Carlisle, sintió que una cuarta persona salía de la oficina, por fin iba a conocer al mayor de los Cullen, a quien Alice, le temía tanto, que acaso era un monstruo… no aparentemente no, según lo dicho por Esme, que en realidad era el predilecto tanto de ella como de él, pero al mismo tiempo sabía que era un niño problema; bueno que le vamos hacer, la vida no es simple.
– Edward, ella es Isabella Swan, tu aliada en esta empresa, espero que no haya ningún problema – le dijo Carlisle en un tono amenazador dentro de lo más educadamente posible.
Fue en ese instante en que Bella dirigió su mirada castaña, hacia esa persona, y fue como si se estuviera lanzando de un bongie. ¿Acaso el destino le estaba jugando una mala pasada?, porque a ella le pasaban estas cosas, que había hecho en su vida pasada para que ahora le cayeran todas las maldiciones habías y por haber en este mundo.
Así que ese rostro insaciable de pasión tenia nombre y apellido, Edward Cullen, Eddie, para los amigos, británico arrogante para otros, y para ella en especial, británico potente sexualmente activo, hermoso Adonis, esos ojos esmeralda brillantes, y ese cabello que solo había sido dominado en aquella cama. Inmediatamente su cuerpo se tenso, no reaccionaba, no supo de que manera, pero estaba como una estatua, clavada al piso con sus ojo desorbitantes, y su cara de espasmo, no orgásmico sino de sorpresa. ¿Pero porque a ella?
– Isabella Swan, quien lo diría ¿no? de nuevo tu y yo, ¿sería azares del destino quizás? Jajaja, no, no lo creo, lástima que Alice no fue lo necesariamente honesta para haberme mostrado con anterioridad una foto tuya…
– Edward que pasa, ¿acaso habías visto antes a Bella? – le interrumpió Alice.
– No Alice, no lo había visto antes, solo que me debe estar confundiendo con otra persona, si soy Isabella Swan, un gusto Edward Cullen – dijo tendiéndole la mano.
Pero, él para variar fue más rápido, y la abrazó, en voz alta dijo – espero que resultemos ser una buena pareja, como todos en esta empresa lo esperan… – pero susurrando le dijo – que agradable sorpresa ninfa…
– Maldito cállate, y mejor será que mantengas esa faceta de sínico que te asienta tan bien, no sabes cómo me encantaría desarmar ese look tan perfecto que posees ahora – Bella le responde en medio del abrazo también susurrando.
– Y tú no sabes cómo me gustaría llevarte a mi escritorio, y desarmarte a ti eses look tan exquisito que te pusiste, además el sol del Caribe resultó efectos maravillosos en ti…
Se separo de él, porque de verdad no sabía cómo iba a reaccionar, o si se iba a lanzar sobre él, como una Terminator o como una leona en celo…
– Si también es un gusto conocer al famoso Edward Cullen, y reafirmar por fin todos los rumores que te rodean…
– Qué tipo de rumores, Bella…
– NO, para ti es Isabella, todavía no poseemos las confianzas necesarias Cullen – él muy sínico…
– Ah pero eso se soluciona en un dos por tres no Swan…
¡Pero porque mierda, se sentía así cuando pronunciaba su nombre!, o la palabra mágica que la encendía cual encendedor de cigarros, ese hombre tenía que cuidar su acento, si quería trabajar con ella.
– Fantástico, se conocieron ahora, Alice, será mejor que dejemos solos a los ejecutivos de esta empresa… Bella por la noche vas a comer a la casa ¿verdad?, esto hay que celebrarlo, además Jasper vuelve por la tarde… y le tengo que dar unas cosas de Alice, por favor Bella anda.
– Si Esme no te preocupes…
– Genial… ¿te paso a buscar? – preguntaba Alice.
– No, yo al llevo – interrumpió el sínico del momento.
– Mmmm creo que no… traje mi auto, me gusta la independencia Edward… – respondió con altivez Bella.
– Bueno amor nos vemos más tarde…
– Señor Cullen, el señor Denali, en la línea 1 – interrumpió Ginna.
– Gracias Ginna, lo atiendo en mi oficina… Edward tu sabes donde están sus oficinas lleva a Bella…
– Si, no se preocupe señor Cullen…
Si, era necesario ponerse una armadura lo haría. Las oficinas eran donde lo había supuesto… Que desesperante esa sensación… lo quería matar… pero al mismo tiempo quería apoderarse de esos perfectos labios carnosos, que la llevaron al nirvana más placentero que había estado.
– Bueno estas son, la de enfrente es la mía, adentro encontraras a tu secretaria, Ángela Webber, en tu teléfono el anexo 2 es para mi oficina… y para lo otro…
– ¡NI TE ATREVAS CULLEN, MENOS AQUI…!
– Entiendo pero no te exaltes preciosa, calma yo no muerdo ¿verdad?
– Ahora no lo creo tan así…
– Ah no verdad, en realidad te mordí entera esa noche no…
– Cullen, no juegues con fuego que te puedes quemar…
– Así que con esas estamos, perfecto… acuérdate que tienes una hora para instalarte y luego reunión con el directivo, hay que presentarte… además bonito look… aunque me gustaba más el de la cama… ese tú sabes… excitante…
– ¡Oh cállate!
En ese momento de la oficia de Edward, salió una rubia voluptuosa, pero que a simple vista se notaba que no iba a durar mucho en ese puesto, la secretaria de Edward…
– Edward... este tienes una llamada de Italia, quieren confirmar que inicias operaciones en la empresa…
– Señorita Stanley, para usted soy Señor Cullen, y gracias, pero estoy ocupado con la Señorita Swan…. dígales que esperen.
– Mentira que ella es tu secretaria… mmm ¿tanta carne para tan poco perro?
– Jajaja Swan, que chiste no… pero te equivocas… perro nunca, león, puma, tigre, todo lo que quieras pero chucho nunca…
Después de esa confesión ella estaba temblando, será porque sabía lo que estaba hablando… ¿porque quizás de verdad había probado de esa fuerza felina?
– Bueno como quieras… yo me voy a mi oficina, nos vemos Cullen…
– No tan rápido Swan, luego de la cena, tu y yo vamos a tener una conversación tenemos cosas pendiente que no pueden seguir así.
– Me alegro Cullen por fin dices algo coherente…
– Si, si como quieras pero en la noche te regresas conmigo… además ¿creo que vivimos cerca no?
– ¿Acaso me la vas a poner difícil?
– Ninfa, ¿quien dijo que la vida era fácil?
Si es verdad, quien había sido el estúpido, sínico maldito que la había engatusado para pasar la mejor noche de su vida… la respuesta Edward Cullen. Lo tenía en frente, era evidente; y existía otro problema no podía decirle que no… era su socio, el mejor de su generación en Oxford, mujeres y hombres mataban por trabajar con él, y ella lo hacía y además se había acostado con él, oh dios quería morirse.
Solo faltaba preguntarse… ¿quien dijo que la vida era simple?
CONTINUARA…
GRACIAS JANET….
