Disclarmer: Todo pertenece a la maravillosa Stephenie Meyer.
Capitulo 2. La Ninfa y su Apolo…
Entro a la oficina raudamente, ignorando completamente a su secretaria, tendría que hablar con Carlisle, por ese pequeño problema, tenía que cambiarla de inmediato, si no las cosas no funcionarían. Pero en ese instante no era el principal problema que tenia. Que paso, que el mundo empezó a confabular en su contra, ¿qué error había cometido?, ¿que se perdió? El deseo más profundo de su ser se había hecho realidad, el volver a ver a esa Venus de belleza, de pasión y mujer al fin y al cabo. Si lo reconocía, que aquella noche ella lo hizo perder el control. Siempre tan frío, pero a la vez conflictivo, solo en algunos casos, pero nunca se involucraba con desconocidas como sucedió aquella noche, lo volvió loco, aunque exactamente no sabía que fue lo que pasó.
Se sentó en su silla, y se apretó el puente de su nariz, como reflejo. Siempre había sido consciente de sus actos, lo calculaba absolutamente todo, pero cuando apareció ese ser, lo desarmó por completo. Le quito toda la lógica racional que poseía, no sabía si fue el calor, el brillo de su piel bronceada, el vestido, su pelo o su esencia, además, hoy casi lo complica todo.
Cuando ella salió del ascensor, destilando belleza pura, era de estatura normal, con esos zapatos debía medir alrededor de un metro setenta, si esos zapatos eran altos, porque en el Caribe, él era capaz de sacarle cabeza y medio torso de altura, encajaba a la perfección en su espacio del hombro y su brazo, como si estuviera hecha solamente para él. Su cara angelical, lo había atraído desde que entro al bar del hotel, la postura era única, un perfecto imán para hombres pero especialmente para él, era su perdición.
No sabía de que habían hablado si es que hablaron, solo supo que después de un sorbo a su Jack's Daniel, poseyó los labios de esa ninfa, y que luego la poseyó entera, sin restricciones y repetidas veces. Lo cual era especial, ya que no le gustaba repetirse el plato, aunque eso sonara burdo era verdad, tenia contadas las veces que se había acostado con Tanya, eran tres, y muy esporádicas. Pero sabía que el deseo que despertó Bella en él no se debía a que no había tenido sexo últimamente, si no porque en verdad es mujer era capaz de encenderlo cual encendedor de cigarro. Tenía que averiguar más no podía arriesgarse a tener a su principal debilidad ahí, a exactamente 15 pasos de distancia, no había forma en la cual pudiera concentrarse. Tenía que llamar a Alice, pero corría el riesgo que esta se enterara de que se había acostado con ella; no definitivamente lo mejor era ser honesto consigo mismo, y con ella, tenían que hablar con la verdad por delante.
Alcanzando su teléfono, le pidió a su "eficiente" secretaria que le comunicara con Bella.
– Swan al habla…
– Bella por favor vamos a tomarnos un café, necesito con urgencia hablar contigo por eso que tu sabes, por favor.
– Cullen, soy Isabella para ti, y no puedo no he terminado de instalarme en mi nueva oficina, y acuérdate de la reunión de directorio más tarde; no, no puedo, hablamos a la noche.
– ¡Pero!
Ya le había cortado, no cabía más tenía que llenarse de paciencia, por mientras tenía que encontrar la forma de sacarse la imagen del cuerpo desnudo de Bella de la cabeza y la mejor forma era con el trabajo.
– Stanley, tráeme los informes de los últimos 6 meses ahora – si realmente era un hijo de puta con ese tono pero que más iba a ser, le cayó mal su secretaria, y a todo esto tenía que hablar con Carlisle…
– ¿Si señor Cullen desea algo más? – respondió Stanley de la manera más insinuadora posible, quedo todo asqueroso, nada se comparaba con los susurros de Bella mientras la penetraba una y otra vez.
– NO – ¿dios como se iba a controlar?
Mientras su secretaria le conseguía esos informes, se comunico con Carlisle…
– Papá, necesito tu ayuda…
– Si me lo imagino, ¿qué le hiciste a Bella?
– ¿Qué? ¿Yo?, nada papá recién la vengo conociendo… ¿de dónde sacaste eso?
– Por la actitud que demostró luego de verte hijo, es como si hubiera visto a su peor pesadilla, ¿te diste cuenta que es como si la hubieras asustado?
– Oh papá tú y tu imaginación, nunca antes había visto a Bella – pero si había sido su mejor pesadilla…
– Bueno, ¿qué es lo que necesitas hijo?
– Cambiar a mi secretaria…
– Eh pues eso no se va a poder, ya que no hay más disponible, y que este entrenada.
– Pero no me importa, en dos días puedo entrenar a una secretaria…
– No Edward, en dos días las asesinas con tu ritmo…
– Pero se me insinuó papá…
– POR FAVOR EDWARD CULLEN, no eres puro y casto para atormentante por una simple secretaria – sí, eso era verdad, su tormento estaba en la oficina de enfrente, si esto lo podría solucionar fácilmente, solo tendría que ser un demonio en persona…
Cortó pronto con su padre, y se estaba sacando el saco, cuando entro su secretaria.
– Mmm señor, Cullen no sabía que estaba en tan buena forma…
– No es de su incumbencia Stanley – dijo interrumpiéndola; la muy atrevida.
– Bueno Edward pero seamos honestos, estas como quieres, aparte Tanya me conto que la tenias muy abandonada… y quería saber si por acá querías liberar tensiones – mientras decía esto Jessica se le iba acercando cada vez más e intentando jugar con su corbata.
– A ver perdón no entiendo absolutamente nada – dijo tomando distancia, más de la prudente. Esa tipa sí que estaba necesitada, tenía que encontrar un escape pero pronto – como es eso de Tanya… es señorita Denali para ti, no seas tan confianzuda que si por mí fuera estarías afuera de este edificio hace mucho rato.
– ¿Pero como así no te acuerdas de mí Eddie?, si soy la mejor amiga de tu prometida.
– Valla amiga, que se le insinúa descaradamente al novio, no prometido de SU mejor amiga.
– Ah pero Eddie.
En ese momento el control se fue a las pelotas, por primera vez se enojo con uno de sus trabajadores, la tomo por la muñeca y mirándola con una furia prácticamente incontrolable, casi echando fuego por los ojos, le dijo – ESCUCHAME BIEN, STANLEY, SOY EN PRIMERA INSTANCIA TU JEFE, Y SI NO CAMBIAS LA ACTITUD ME IMPORTARIA UN COMINO QUEDARME SIN SECRETARIA, POR LO TANTO O CAMBIAS O TE VAS – parece que si se había excedido, pero estaba realmente furioso, definitivamente ese no era su día… Jessica lo miraba con un temor casi vital, como si estuviera viendo a un depredador a punto de matarla.
De repente se abrió la puerta – ¡por Dios Edward! suelta a la chica, estas a punto de cortarle la circulación, cálmate – de inmediato llego Bella, su ángel, su ninfa, su Venus, a su lado, tomándole el brazo y al mismo tiempo trasmitiéndole una corriente que verdaderamente le iba a ser corto circuito a la sinapsis de sus neuronas si quedaban, luego de haber visto es bello rostro.
– No se preocupe Señora Isabella, fui yo la que inicio todo, es mi culpa.
– Es señorita Swan para ti, Stanley, no quiero volver a repetírtelo – con una voz totalmente lúgubre le recrimino Edward – déjanos solos que tenemos temas que arreglar con la señorita Swan.
– Dios Edward que rayos te pasa, te poseyó un demonio o que, estabas a punto de matarla o algo parecido, que fue lo que te dijo o te amenazo esa mujer para que la hallas tratado así – algo cambio y eso lo supo.
– ¿Qué haces acá?
– Este vengo a… si esto quería saber cómo lo hacemos con mi auto para la noche, y además quería saber si sabias los temas a tratar en la reunión, si eso eh Edward ¿me estas escuchando?
– ¿Mmm de verdad viniste solo por eso? – se estaba arreglando la corbata y arremangando las mangas, era ya un tic realizar esa acción, solo aparecía cuando estaba muy nervioso, como ahora con la presencia de ella.
– Eh… Edward por Dios, ¿qué te ocurre… estas bien?
– No, para nada, estoy pésimo no sé qué me pasa, no me puedo concentrar en nada y estoy con un humor de perros, pero estoy seguro que se debe a ti.
– Oh; a ver calmémonos, bueno en verdad lo pensé bien y creo que es necesario que hablemos, por lo menos en ponernos de acuerdo aunque sea en lo que vamos a aparentar… – mientras decía esto se iba acercando cada vez más a Edward.
– Mmm aparentar, no creo lo que sí creo es que empecemos bien, con una buena y confiable amistad, te parece – también el acercándose como un efecto satelital entre ambos, era evidente la atracción, e inevitable – que piensas Bella… tu cara no está tranquila… – dijo de manera sigilosa la voz de Edward, al mismo tiempo acunándole el rostro entre sus manos.
– No por favor, mantén tu distancia, no estamos en un lugar seguro, además quiero confirmar algunas cosas… ¿es verdad que estas comprometido? – la cara de Bella era de indignación pura, Edward se preguntaba cómo le hacía para cambiar de genio tan rápidamente, ¿era una señal del arrebato hormonal?, si lo más probable.
– Jajaja Bella, Bella, no estoy comprometido, pero lamentablemente si tengo novia…
Bella levanto su mano y la dejo caer en contra de la mejilla derecha de Edward, el sonido retumbo en toda la oficina, y Edward abrió los ojos completamente, primera vez que le daban un cachetada como esa, pero sobre todo lo que dolió además del cuerpo, fue la reacción de Bella, algo al interior de él, estaba consciente que en parte se merecía aquella cachetada.
– ¡Eres un maldito!, ¡de verdad, estabas con otra y te acostaste con migo! , ¡Uf eres una escoria! – Bella prácticamente le gritaba, pero aun así conservaba un tono dentro de lo normal, lleno de rabia, furia, enojo, disgusto, rechazo, pero nunca repulsión a él, siendo lo primero que debería sentir, pero no fue así.
En cambio Edward inmediatamente la puso en contra de la pared, apresándola entre su cuerpo y la pared de su oficina, acercando peligrosamente su rostro al rostro de Bella, sentía una rabia especial, proveniente de un deseo carnal que despertaba lo más animalístico en él, era profundamente incontrolable, con una mano agarro firmemente su esbelta cintura, mientras que la otra la posicionaba en el rostro de Bella, sus piernas se abrían paso entre las de Bella, era realmente el encaje perfecto para ambos, calzaban como dos piezas de rompecabezas.
– No por favor, Bella no entiendes, mi relación con Tanya es rara, es más como un negocio que algo más…
– ¡Y además eres un maldito frívolo!
– Que no mujer, cálmate, no, de verdad, yo no me siento atraído a Tanya como lo que fue contigo, en realidad con ninguna mujer anterior, ¿es que acaso hoy no te paso lo mismo que a mí?
– A ver y… "eso" que me tenía que haber pasado ¿qué tendría que haber sido?
– Bella no nos mintamos, acaso no sentiste que estábamos solo tú y yo en recepción y que tu cuerpo cambiaba, y volvía a ser el cándido de aquella noche, tan receptivo a nuestros roces como ahora, ¿es que acaso no lo sientes? – si claro que sentía algo, aparte de la pared presionada contra su espalda, el tempo de la respiración no la acompañaba en este minuto, pero sobre todo lo sentía a él, a su fibroso cuerpo como la presionaba, como sus senos estaban presionando el tórax de Edward, como sus caderas apenas las podía mover, por la presión de las masculinas, y cierta protuberancia que calzaba justo con su bajo vientre, que justamente la ponía a temblar, y sus manos ahora ya no estaban en la muralla, si no en el cuello y en el cabello del hombre. Aquel cabello que era la perdición de toda fémina, ese cabello que solamente ella pudo dominar…
– Vez la reacción es evidente, algo nos pasa, y tenemos que averiguarlo…
– ¿Y… quien… di-dijo que ha-b-b-bía que a-vvee-rigu-arrrrlo?
– ¿Acaso no te lo estas respondiendo de inmediato?
– ¿Cómo lo haces?
– Qué cosa, mi ninfa…
– Respirar tan tranquilamente.
– ¿Y quién te dijo que estoy tranquilo? – acto seguido Edward tomo la mano de Bella que estaba en su cuello, y la dirigió a la zona que pervertía cada vez más a Bella, a donde la pasión realmente provocaba el descontrol de ambos – vez, lo que provocas ninfa, ¿Qué es lo que me has hecho?, que cosas haces detrás de mí para que yo pierda de tal manera el control de la situación, casi no me pude contener cuando llegaste, tan perfecta, tan deseable. Y tú ahí con tu perfil altanero y despanpanante, provocando uno de los mayores placeres para la vista, y yo sin poder tocarte como Dios manda, porque malditamente estábamos enfrente a mi hermana y padres. No podría secuestrarte…
– Basta, Apolo, basta, déjame volver, luego hablamos necesito respirar, por favor… – Bella prácticamente le rogo piedad y se empezó a retorcerse con el fin de poder salir del agarre, pero mientras más se movía, más excitaba a Edward, pero ella tampoco lo podía soltar, cada vez lo apretaba más y más, era inevitable, y… ¿donde lo podían hacer?, aparentemente Edward no tenia los sillones que ella tenía en su oficina, y era imposible cruzar para allá, sin que nadie se diera cuenta.
– Repítelo, ninfa, por favor repítelo.
– ¿Qué cosa?
– Mi nombre, repite mi nombre… el nombre con el que tú me bautizaste esa noche por favor…
– A… po… lo.
Y en ese momento fue como si un fósforo hubiera caído a una posa de parafina, Edward no se aguanto más y se apodero de los carnosos labios de Bella, en primera instancia besándolos pasionalmente. Ambos labios se tocaran cabalmente, para luego tomar aire y hacerle abrir la boca, empezando la batalla de dominación, sus lenguas bailando en una danza milenaria que emulaba el acto de amor más físico existente, mientras que Edward buscaba el ángulo más preciso en donde poder pegarse aun más a Bella, esta dirigía sus manos hacia el cuello de este, ambas manos, mientras que su pierna, la que no estaba entre las piernas de él, se alzaba raudamente hacia su cadera, aumentando aún más el contacto de ambos cuerpos. Estaban perdiendo la conciencia, hace mucho que sus cuerpos no estaban juntos, mas de 72 horas, y de verdad estaban realmente desesperados, como si estuvieran en el desierto en busca del oasis perdido, las manos de Edward también se movían, la de cuello, peligrosamente bajaba hacia su pecho, mientras que la mano de la cintura bajaba directamente hacia su trasero, buscando tocarlo nuevamente y presionándolo al mismo tiempo.
– Ah – gimió Bella en la boca de Edward.
– Señor Cullen, es la hora de su reunión – avisaba el alto parlante del teléfono del escritorio de Edward. Haciendo que ambos saltaran de la sorpresa.
Pocos segundos después, se escucharon unos golpes en la puerta de Edward, era Jessica, curiosa por lo que estaba pasando adentro de esa oficina, deseaba a toda costa entrar, mientras Edward y Bella se estaban acomodando las ropas.
– Stanley nadie la ha solicitado, si sé que es la hora no soy novato en este mundo, a si que haga el favor de restringirse a su trabajo solamente – le dijo Edward muy molesto, era verdad aquella mujer lo sacaba de las casillas, la pregunta era si era por su amistad con Tanya, o por su tono e insinuaciones.
Porque realmente con las amistades de Tanya en Inglaterra, nunca existió confianza, eso también influyo el deseo de retornar a Chicago, con su familia, y también con el deseo de reencontrarse con el grupo nuevamente, a la hora de almuerzo los llamaría, y en una de esas hasta conocían a Bella, mediante Alice. Pero momento, ¿porque estaba haciendo planes de proyección con Bella cuando aun estaban en punto muerto?, de donde salen todas estas interrogantes que le provocan nuevamente plantearse ¿qué rayos le había hecho esa mujer?, si antes estaba todo tan perfecto ¿qué mierda había pasado?
– ¿Edward estás listo?
– Ah sí, estoy listo, solo estoy buscando mi notebook…
– Edward esta justo acá – justo en frente de sus manos.
– ¡Ah sí, que ciego estoy!
– ¿Seguro estas bien?, le puedo decir a Carlisle que no estás disponible para la reunión, que estás haciendo un negocio para algún país – mientras ella le tocaba la frente con el fin de comprobar si tenía fiebre o no.
Pero él solo se concentraba en su tacto. Cerrando los ojos e inspirando fuerte, le pregunto – ¿estás lista tú?
– Sip – acentuando la "p".
– Bien vamos a mostrarle al directorio lo perfecto que nos podemos complementar en el trabajo… además de la buena compañera que poseo.
– ¿Que acaso me estuviste estudiando Cullen? – pregunto incisivamente Bella.
– ¿Qué? Obviamente que si Bella, ahora lo sé todo de ti, gracias a los informes que presentaste al momento de entrar a la compañía y también por lo que me dijo Alice – diciendo esto emprendieron camino hacia la sala de reuniones – Stanley, no quiero recibir ninguna llamada el día de hoy, ni aunque sea el propio Obama que llama no quiero escuchar sonar mi teléfono, ¿quedo claro?
– Eh si señor Cullen – respondió claramente asustada Jessica.
Cuando salieron de la oficia, pasaron por la de Bella, para buscar su notebook.
– Bella, te llamo tu padre, preguntando cómo había salido el encuentro con Edward – Ángela, la secretaria de Bella, no se había dado cuenta de que Edward seguía muy de cerca a Bella.
– Gracias Ángela, si vuelve a llamar dile, que mañana en la mañana lo llamo por favor.
– Oh Señor Cullen discúlpeme, el atrevimiento de llamar lo por su nombre, pero con la señorita Swan quedamos de acuerdo en tratarnos por el primer nombre.
– No te preocupes Ángela, calma, pero estas segura que te quieres quedar con Bella, porque también te puedes ir conmigo, es más serías de gran ayuda para la empresa si decides cambiarte – inclinándose cada vez más hacia el escritorio de Ángela y dejando que sus ojos brillaran deslumbrándola solo un poco.
– Para de engatusar a mi secretaria Cullen, es MI secretaria, no es mi culpa que Jessica no cumpla con tus expectativas… ya fue suficiente nos podemos ir a esa bendita reunión; por que en verdad estoy un poco nerviosa.
– Calma, si los vas a dejar con la boca abierta.
– Nos vemos Ángela… si llama Jacob, dile que estoy ocupadísima hasta el viernes por favor.
– Si Bella no te preocupes.
Salieron de la oficina de Bella – déjame compartir contigo a Ángela por favor, es una cuestión de vida o muerte.
– ¿Estás loco?, entre mis necesidades y tus demandas Cullen somos capaces de matarla.
– Bueno no importa me las arreglare – haciendo un tierno puchero; pero luego se le vino a la cabeza el nombre de Jacob, que claramente lo reconocía de lo que había hablado con Alice anteriormente, pero ahora le entraba la duda de quién en verdad era ese muchacho en la vida de Bella.
– ¿Y Bella quien es Jacob?
– Mmm estás curioso Cullen eh, bueno se podría decir que es mi Tanya.
Maldición, si estaban siendo honestos entre ellos mismos, y ella le creyó, por algo será verdad, pero aun estaba más integrado con la cercanía de ese muchacho y la formalidad de la relación de ambos, tendría que preguntarle en la cena de la noche, ya que ahí no se podría negar o lanzar una tonta broma para distraerlo.
Entraron a la sala de reuniones, estando ya Carlisle, y el resto del directorio de C&F S.A., ahí fue cuando Bella se puso nerviosa, y con justa razón casi diez pares de ojos analizándola a cada paso, y además que estaba en desventaja, era la única mujer en la habitación; también fue cuando Edward muy protectoramente apoyo a Bella, poniendo de manera gentil la mano en la espalda de esta, brindándole la seguridad necesaria para seguir adelante y sentarse.
Era como estar en un interrogatorio, Carlisle, presentándolos a ambos mientras los del directorio tomaban apuntes fervientemente, de verdad que no era una situación muy cómoda ni para Edward ni para Bella. Luego que Carlisle pudo terminado de exponer, las características de ambos, empezó la ronda de preguntas; e inmediatamente empezó Aro, primo de Carlisle.
– Bueno Edward, todavía no nos das una razón lógica por la que decidiste retornar a Chicago, y dejar tan prometedora carrera en Londres.
– Es muy simple Aro, y dudo que tú lo comprendas, es por la familia, ya los estaba echando de menos, fue tiempo suficiente, ¿no crees?
– Mmm si pero no creo que por capricho de Esme solamente hayas decidió volverte, o ¿es que acaso existía otra razón?
– Eso ya es bastantemente personal Aro para discutirlo en la sala de juntas.
Bella estaba sorprendida, por la frialdad que emanaba Edward, a decir verdad nunca lo había visto así, de las pocas veces que lo había tratado, los rumores nuevamente tenían razón, cuando quería podría ser el mejor de los déspotas; si Edward poseía una importante doble personalidad, que solamente ella podía hacer patente, era como si dentro de la personalidad de Edward cohabitaran en perfecta sincronía el hielo y el fuego.
La mayoría de las preguntas o mejor dicho los dardos estaban dirigidos a Edward, y este los atajaba magistralmente, era fenomenal es ese sentido y en muchos más, ¿hasta cuando la sorprendería?, parece que si verdaderamente se completaban en lo laboral. Porque a pesar de que ambos habían estudiado en diferentes universidades, él en Oxford y ella en Berclay, tenían muchas cosas en común, como por ejemplo, pertenecer a los mejores de su generación, claro que Edward en el primer lugar, y ella en el tercero, del ranking mixto pero primero también en el femenino, y eso era decir ya bastante. Esperando que el directorio se diera cuenta de quien tenían en frente.
– Bueno Carlisle, me sorprendes una vez más, pensé que Edward había sucumbido a los vicios de la lejanía del hogar y de los ingleses, pero parece que me equivoqué. Ha demostrado con creces que se merece de sobre manera e incuestionablemente el puesto en la compañía y qué decir de la Señorita Swan, que hace justicia a tu elección, realmente me sorprende, solo espero que no me defrauden, por mi parte tienen mi voto chicos, les dejo en sus manos el manejo de esta empresa – expuso uno de los integrantes del directorio.
– Gracias señor Brown, es un honor – se adelanto Edward en responder por los dos.
– El mío también y espero que se sepa de ustedes por sus logros en los negocios y no por los escándalos, Edward en especial tu; ya que aparentemente Isabella es una muchacha seria y centrada.
– No será necesario advertirnos tanto señor Smith, de verdad la totalidad de los supuestos escándalos que ocurrieron en Londres eran una completa blasfemia; pensé que eso había quedado claro hace bastante – Edward realmente estaba incomodo con ese tipo de recriminaciones.
– No te preocupes Edward yo confío en ti y en Isabella por su puesto, y obviamente tienen mi voto.
– Gracias seños Gilles, de verdad es un agrado sentir su respaldo – Edward seguía incómodo con los dardos que le habían sido dirigidos.
– Bueno como tenemos ya más de la mayoría, me encantaría presentarles a los nuevo co- gerentes de la compañía; si no piensan lo contrario ¿verdad Aro, señor Adams?
– Si Carlisle, no te preocupes, me gusta el tipo de pareja que conforman Isabella y Edward solo me gustaría verlos en acción – ¿porque justo en ese momento Bella sintió un leve calor en sus mejillas?
– ¿Aro que piensas?
– Mmm no se Carlisle, Edward todavía no me convence – expreso.
– Pero que quieres realmente Aro – interrumpiendo abruptamente Edward de verdad exasperado – que vuelva tu hijo a la empresa luego de que…
– Edward basta, cálmate – le interrumpió Carlisle – no es la ocasión ni el momento indicado para tratar estos temas.
Sutilmente Bella alcanzo una de las manos de Edward, se la sujeto y le dio un leve apretón con el fin de que se calmara y contara con su apoyo, además ella misma estaba intranquila por las miradas inquietantes que le brindaba Aro. Bella solo quería salir de esa sala. Gentilmente Edward le devolvió el apretón de manos, era como si estuvieran creando una nueva forma de comunicarse, en la que solamente ellos sabían ese lenguaje, esa forma era propia de ellos, era un gesto tan solidario pero a la vez tan intimo.
– Bueno creo que podemos dar por terminada esta reunión ¿no creen? – termino Carlisle – solo me queda avisarles cuando serán las reuniones informativas de los avances, creo que se los daré a mitad de semana cuando los chicos ya estén bien instalados y coordinados en sus agendas.
– Ok, Carlisle no te preocupes, mientras tu todavía estés acá como el buen mediador que siempre eres no creemos que surjan problemas – aclaraba el señor Brown.
Mirando la hora se sorprendieron, era ya la hora de almuerzo, y el directorio ya estaba casi completamente retirado, solo quedaba Aro, quien estaba teniendo una acalorada conversación con Carlisle.
– Papá, Bella y yo vamos a ir almorzar ¿quieres que te esperemos?
– No tranquilo hijo, a parte creo que tu madre me debe estar esperando, por lo mismo dejamos la conversación Aro, no pienso sacrificar mí tiempo familiar en tus locos arrebatos, querido primo.
Edward y Bella salieron de la sala de reuniones, y se dirigieron a la oficina de Bella a la cual entraron. Ángela ya se había retirado para su hora de almuerzo. Mientras que ambos depositaban sus respectivos notebooks en el escritorio de Bella, Edward alcanzo la puerta de la oficina y la cerro silenciosamente, para luego abrazar gentilmente y cariñosamente a su ángel de paz.
– Gracias por todo Bella – ella dio vuelta para quedar en frente el uno del otro.
– Pero de que Edward, al contrario tu atajaste todos los dardos, es más la mayoría iban dirigidos a ti.
– Si lo sé Bella, pero aprecio mucho ese apretón de manos que me diste cuando estaba perdiendo los estribos, de verdad me significo mucho.
– Tonto, somos un equipo, sonara cliché pero estamos junto en esto, solo hice lo que cualquier compañera haría en mi lugar – el problema era que ¿Por qué él lo sentía de una manera muy lejana a lo profesional? Un gruñido inundo la quietud de la oficina – ups, esa fui yo, estoy muerta de hambre.
– Bueno vamos, que también hace hambre por acá – respondió Edward.
– Ok, vamos – se dirigieron hacia el ascensor que los llevaría a la cafetería.
Bella aprovecho para preguntar – ¿bueno al final que vamos hacer con mi auto hoy a la noche?
– Ese muy fácil mi querido Watson… dejarlo donde está, el edificio está con seguridad las 24 horas del día.
– Pero no crees que sería muy extraño que lleguemos juntos si apenas hoy nos conocimos de manera "civilizada".
– Bella, por favor, me extraña que tú conociendo tanto como conoces a mi familia, pienses que se pueden complicar por eso.
– ¡Ja! – un poco molesta – no lo digo por eso tonto, lo digo porque puede estar Tanya en la noche.
– Por eso no te preocupes, Tanya odia las reuniones familiares, ya ni le aviso cuando tengo una.
Entraron a la cafetería, e inmediatamente se pusieron en fila para el almuerzo.
– Entonces, si tiene tantos problemas tu relación con Tanya, porque no cortas por lo sano y terminas con ella, acaso necesitas más razones, si ya me dijiste que hace tiempo no tenían una relación como tal, y presumiendo no te debes sentir lo necesariamente cómodo con ella como debe ser; y sobre todo que a tu familia, no le cae excepcionalmente bien ¿qué haces con ella entonces? – no pudo evitar preguntar Bella.
– Mmm difícil de comprender… y justificar Bella, pero realmente todo se puede resumir a que soy un cobarde.
GRACIAS JANET…..
