Disclaimer: Stephenie Meyer es la dueña de todo. Lo cual hace mi vida más desgraciada. Pero la trama es mía, y eso me hace feliz como una lombriz.

Summary: – Tanya está tan podrida por dentro, y es tan fea por fuera, que su contraparte tendría que ser un ángel... – Murmuró Jasper mientras veía el espejo. Entonces pensé que podría formar una perfecta pareja con esa loca pitonisa que maldijo a mi novia.


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Don't you say goodbye

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Esa mañana me desperté fresco como una lechuga, contento y con más energía que nunca. Algo dentro de mí, me decía, no que este día, sino a partir de ahora, mi vida daría un vuelco totalmente diferente al de ahora.

Sin embargo, físicamente me sentía animado, pero mentalmente estaba agotado y cansado. En parte por la rutina –un puto circulo ciclotímico, por el esfuerzo que hacía al levantarme cada mañana y por mi novia Tanya.

Al principio de nuestra relación dudaba si era amor, y creía que era una simple atracción, pero no, puedo demostrar y tengo pruebas que lo nuestro es amor del puro, y Tanya me entregaba tanto amor como yo para con ella, bueno quizá no tanto pero yo no lo merecía, yo ni siquiera merecía tener a una mujer como ella, cerca…

Desde hace unos meses, estaba más distante conmigo, y ya no era tan cálida. Ahora, cada vez que contemplaba sus orbes celestes como el hielo, cada vez que observaba sus pupilas sentía que sus emociones eran cubiertas por una capa mentiras.

Quizá era alucinaciones mías, pero cada vez que movía sus labios, parecía querer decir algo, pero de su boca no salía ningún sonido más que un suspiro débil, o algunas veces fuerte, queriendo llamar mi atención.

Sentía su piel fría, y a ella misma en sí, ausente, distraída… Y yo, como el buen novio que era me preocupaba su estado mental.

Cada vez que le preguntaba algo, me respondía con un sencillo Nada, algunas veces algo más elaborado tipo: "No me pasa nada".

Recuerdo con vehemencia como cada noche me pasaba llorando por su desconfianza hacia mí, y por como ver al amor de mi vida muriendo lentamente, algo la estaba matando y yo quería saber que era, quería que estuviera junto a mí. En esta vida. Porque si ella iba lejos no sabía que haría.

Ni siquiera le contaba nada a su acérrima amiga Rosalie, que la esquivaba cada vez que podía, ni al psicólogo del grupo, a Jasper, gemelo de Rosalie.

Mi hermano Emmett tampoco decía nada, de hecho, ninguno de ellos decía nada, creo que era porque no lo notaban, pero ellos no estaban ahí cada noche consolando sus lágrimas silenciosas, y me dolía, porque si ella sufría yo también sufría con ella. A pesar de que no supiera sobre qué se supone que estábamos sufriendo.

Físicamente, Tanya también había cambiado. Su cabello, totalmente liso sin necesidad de planchas, y de un perfecto rubio, estaba cada vez más opaco, seco y sin vida. Por arriba, la raíz se le estaba tiñendo de un leve castaño. Además, la piel de Tanya era bronceada casi oro, tipo Barbie Malibú y bueno… Ahora era más bien pálida marfil, como las teclas de mi amado piano.

- ¿Segura que no te pasa nada, cielo mío? – Le pregunté aquella mañana, ella ni siquiera me veía, o sea sí… Pero no enfocaba mi rostro. Sus ojos celestes apagados y me pregunté si ella estaba así por algún tema familiar.

– Nada – respondió como una autómata. Los ojos azul oscuro de Jasper revolotearon hasta posarse en ella. Tanya removía su café de manera lenta, casi sin darse cuenta que tenía un café delante.

A diferencia de los movimientos oculares de Jasper, los de Rosalie relampaguearon directamente hacia la figura de mi novia. Emmett veía todo nervioso.

– ¡Ya está bien, hombre! – Se quejó gritando – Llevas toda una semana ignorándonos, ignorándome, ¡a mí! ¡A tú mejor amiga! – Se justificó como si eso fuera una razón suficiente – merezco algo de tú respeto, de tú confianza, ¿estás enferma? ¡porque eso es lo que delata tu cuerpo! – Tanya lentamente alzó su cabeza hacia Rosalie y la miró sin mirarla. Entienden la idea.

Una vez, en una de nuestras conversaciones, Tanya me confió un secreto. Y este era, que una muy buena forma de evadir a Rosalie en una pelea era escucharla hasta que se cansara y se callara. Supongo que estaba adoptando ese método ahora.

– ¡Te mantienes callada todo el puto día! Con lo parlanchina que eres… Abstraída de nuestras conversaciones, y estoy sospechando que poco te importan. Veo como tu figura va decayendo poco a poco, no puedo soportarlo. Si al menos… Te pudiéramos salvar, no lo sé, salvarte de lo que sea que te está matando por dentro, ¡pero habla maldita sea, habla! – A este punto, Rosalie estaba de pie y pateando la silla. Todo lo que decía ella, tenía razón, y por dentro yo me estaba muriendo del dolor.

– ¿Dónde estás, Tany? Te nos estás muriendo lentamente, y no nos vas a decir nada… Supongo.

La cabeza de Tanya estaba reacia a moverse, y yo lo sabía, sin embargo, negó lentamente haciendo que uno de sus rizos (antes por la cintura y ahora por el hombro) se deslizara hasta caer, pero sus labios, resecos y sin color los cuales yo moría por darles vida, parecieron moverse para hablar.

– Creerías, creeríais que estoy loca.

– No hay nada en este mundo por lo que creeríamos que estás loca. – Respondió Jasper por mí, ya que yo me encontraba incapacitado de hablar. Tanya parecía saber mi dolor, y verlo con sus propios ojos pero propio le importaba, y no sabía que me dolía más.

Las primeras palabras por mi novia desde semanas, desde su cambio tan repentino, causaron un impacto en mí, y no sabía si era por la presión y la tensión de estas semanas, pero me hizo llorar más fuerte.

– ¿Podrías al menos intentar explicarnos para poder comprender? – Suplicó Emmett.

Vi como la duda centelleaba en los ojos de mi amada, y temí por mi vida, así que hice lo único que me quedaba por hacer: pedirle de rodillas.

– Te lo pido.

Tanya me miró, obviamente, cubriendo sus emociones en sus ojos… Me era tan difícil de leer, aunque sus reacciones me eran malditamente esperadas. Como se nota que conocía cada punto de ella.

– Está bien, pero tenéis que venir conmigo mañana a las siete, a… –Tanya tragó saliva y respiró profundamente – En Forks, han abierto una feria y bueno… me interesaría que vinieseis…

– ¡¿Disculpa? – Chilló Rosalie – ¿Te está pasando todo esto y tú solo piensas en ir a una maldita feria?

– Solo… id. – Dijo bruscamente Tanya levantándose de un golpe de la silla y tirándola en el proceso.

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Al llegar a casa, lloré como nunca antes lo había hecho. Y es que esto era lo bueno de estar solo, nadie que te criticase, que se burlase de ti o te viera con pena, compasión o lástima.

Mis lágrimas fueron en aumento hasta hacer mi visión borrosa, y esto era porque me imaginaba una vida sin mi amor, sin el amor de mi vida. Tanto dolor se agrupaba en mi costado, que por doler, me dolía hasta el aliento, y era tanto, que creí que moriría de dolor.

Me acurruqué en mi humilde sofá. Desconecté teléfonos, ordenadores, televisión, mente y… Corazón.

No sé, no sé si me dormí y llegué a ese estado de inconsciencia por el dolor de mi mente que me estrujaba los nervios y el alma, no sé si me dormí por estar toda la noche llorando, o… No sé si me dormí, por escapar de esta realidad de mierda e irme a mi mundo de los sueños personal – El cual ni Tanya tenía conocimiento – con un ángel, la única persona o ser celestial que lograba quitarme tanto sufrimiento, como el que me llevaba encima.

Por una fracción de segundos, no pertenecí a esta dimensión.

Al jardín del amor me llegué
Para ver lo que nunca antes viera:
Una capilla construida en su centro,
Donde solía jugar yo, en la hierba

Las cancelas de la capilla estaban cerradas
Y los mandamientos, escritos en su puerta.
Me volví, pues, al jardín del amor,
Donde las más dulces flores crecieran

Y lo ví ahora lleno de sepulcros,
Y vi lápidas donde antes había flores,
Y sacerdotes de capa negra entre ellas
Y en zarzas enredados mi alegría, mis amores

quien encadene mi alegría malograra su vida dada, pero quien bese la alegría en su aleteo vivirá en el alba de la eternidad.

Entonces, ella me sonrió… Y el jardín se iluminó. Los espejos, y ella y yo dimos la vuelta, al son del vals, entonces, su risa hizo florecer a las rosas rojas… Nos movimos como olas en una marea, ahogándonos en miel… Y ella, se me escapó justo como la ola se le escaparía a la arena, su mano, rozando la mía, ahogándome en cordura y ahogándome de amor… Corrí, hasta llegar a verla sentada en el pozo de los candados, y la melodía volvió a cambiar. Entonces ella sonrió y todo volvió a tener sentido.

Me desperté de golpe, aturdido por la belleza y complejidad de mi sueño.

Entonces, en un arrebato de pasión desconocida:

– Voy a la feria.