Disclarmer: Todo pertenece a la maravillosa Stephenie Meyer.
Capitulo 3. Vamos, atrévete.
Entraron a la cafetería, y ambos se colocaron a la fila para el almuerzo.
– Entonces, si tienes tantos problemas en tu relación con Tanya, porque no cortas por lo sano y terminas con ella, acaso necesitas más razones… si ya me dijiste que hace tiempo no tenían una relación como tal, y presumiendo no te debes sentir lo necesariamente cómodo con ella como debe ser… y sobre todo que a tu familia, no le cae excepcionalmente bien… ¿Qué haces con ella entonces? – pregunto Bella.
– Mmm difícil de comprender… y justificar Bella, pero realmente todo se puede resumir a que soy un cobarde.
La cara de Bella lo decía todo, sus gestos entre sorpresa, incredulidad, espasmos, nada ni los años que le llevaría conocerlo, ni las experiencias que había vivido con él, se le abría ocurrido pensar sobre él como un cobarde, pero un perfecto cobarde.
– Pero Edward, ¿Qué… cómo… cómo así de cobarde Edward, que quieres decir con "cobarde", no entiendo, cómo puedes tú ser un cobarde? – le preguntó Bella como si fuera la mayor de las intrigas del mundo, con una profunda importancia vital, era increíble Edward Cullen, él, el dios griego, adonis británico cobarde… ¿quién lo diría no?
– Bella, la situación es complicada, cuando empecé mi relación con Tanya, yo no estaba muy bien que digamos, o sea no era lo que soy ahora, era un chiquillo, no pasaba de los 21 años, y Tanya era despampanante, ya en esa época era modelo, sus genes italianos ayudaban en gran medida, y yo en Londres, era el nuevo juguete que volvía al hogar, chiche nuevo, juguete nuevo, como quieras, y yo siendo conocedor de mis encantos, me aproveche de la situación. Tanya poseía un status envidiable, y yo como no, tenía que hacerme de eco, estaba entrando a un mundo en el que si quería triunfar tenía que tener a todos a mis pies – confesaba Edward dejando a Bella totalmente sorprendida, es como si él estuviera haciendo un voto de confianza con ella, pero lo increíble era que en menos de 10 horas se habían reconocido completamente, con nombre y apellido, sabían que ahora iban a ser compañeros en el trabajo, pero, ¿por qué él estaba confiando en ella?
– A ver Edward, calma, no te confieses así de rápido que me mareas, tú sabes que tus herramientas van más allá de tu simple encanto sexual.
– ¿Simple encanto sexual?, así de simple categorizas a mis encantos Bella… – dijo Edward interrumpiéndola.
– Déjame continuar Edward, si lo categorizo de esa manera, es porque yo sé que tu posees otras herramientas mucho más efectivas que esa para poder tener a todos a tus pies; Edward, eres inteligente, eres un as en los negocios, fuiste el primero de tu generación, posees un apellido privilegiado, no creo que hayas llegado a Londres como el niñito de la beca solidaria o algo por el estilo, por lo cual no entiendo porque utilizaste a Tanya para crearte un status quo cuando lo podrías crear por ti mismo – le dijo Bella de manera demandante por una explicación, ya que ella por sí misma no podía entender lo que pasaba en la cabeza de Edward para hacer eso.
La cafetería estaba llena de funcionarios de la empresa, quienes miraban a la pareja, los rumores sí que corren rápido, pensaba Edward quien era consciente de las miradas que les dirigían, era raro ver como Bella no se inmutaba, acaso ella no tenía conciencia de que era un imán para hombres, con su actitud, con sus ojos, con ese cabello que parecía seda exportada de la misma china, y sobre todo aquel cuerpo pecaminoso, sentado frente a él, esperando una respuesta lógica sobre su actuar, pero verdaderamente no sabía porque sentía la confianza de confesarse son ella, de decirle todo, sin censura alguna. Se sentía como un atrevimiento pero sabía que no lo era, Bella despertaba en él las más diversas e inusitadas reacciones, como en ese momento, en plena cafetería saturada de gente, con varios pares de ojos observándolos, Bella con su cara de ángel del cielo, cual ninfa de los bosques, su ninfa, le estaba provocando la excitación más grande que haya tenido en un lugar público. Inclusive aún mayor que esa vez que entró a un club nocturno en Londres luego de una pelea con Tanya.
Donde nacían todos estos sentimientos que ella, simplemente ella le despertaban, era la primera mujer que lo hacía sentir tan vivo, eso es verdad, ni siquiera con su primera relación sexual se había sentido tan excitado y tan satisfecho como esa noche en el Caribe, ¿le pasaría lo mismo a ella?, y si fuera así, ¿también sería la primera vez?
– Si, Bella lo sé; se delo que soy capaz y de lo que le provoco a las personas, sobre todos a las de tu sexo y en especial lo que provoco en ti… – en ese instante una corriente eléctrica recorrió rápidamente el cuerpo de Bella, fue también en ese instante en que los pezones de Bella cobraron vida propia, se levantaron como cúspides del Everest, y todo en reacción al tono oscuro y grave, sexy. Pero este hombre que de la noche a la mañana le cambio el mundo, le removió el piso, y era necesario asumirlo la había iniciado en una sensación que antes nunca había sentido tan profundamente, aquella noche había sentido no una sino varias y repetidas veces los orgasmos más fuertes de su existencia, la pregunta era, ¿los podría repetir?, ¿lo podría volver a sentir tan vívidamente? – pero prefiero contarte esto en mi oficina, no mejor en la tuya, en la mía se podría decir que tenemos una espía muy insinuadora – le interrumpió los pensamientos Edward.
– Veo que conservas tu humor, por lo menos no piensas en mí como una entrometida, ¿eso es bueno no? ¿Porque ahora me siento tan observada? – pregunto ilusamente Bella.
– Cariño es porque estamos siendo observados por el 67% de la cafetería, aproximadamente.
– ¡Huy!, que cálculos, Cullen, debe ser por tu presencia, te apuesto que ningún otro Cullen viene en su hora de comida a este lugar tan mundano.
– ¡Oh! si tienes razón Bella, pero no por lo que tú te imaginas, si no porque cada uno tienen una media naranja, y en vez de gastar el tiempo aquí sin poder desconectarse, optan por hacerse el tiempo y comer con sus parejas, es así de simple.
– ¡Ah! ¿Y porque tú no lo haces?
– ¿Qué, almorzar con mi pareja o con mi media naranja? – pregunto Edward haciéndose el inocente.
– Porque lo preguntas así Edward acaso en tu caso no se cumple la regla Cullen – pregunto Bella en tono cómico.
– En parte se cumple, y en otra parte no, la parte que no se cumple es que no me gusta comer y darle tiempo a una relación que nació muerta, y si la cumplo porque estoy comiendo con mi media naranja.
Antes que Bella pudiera rebatir esa afirmación, fue interrumpida.
– Señor Cullen, pensé que usted no bajaba a estos lares, tan mundanos, para usted… pero como lo hizo… ¿los puedo acompañar? – pregunto inquisitivamente Jessica.
De inmediato Edward se levanto y sujeta la mano de Bella, levantándola de la mesa también.
– Si quieres te puedes sentar tú, porque nosotros ya terminamos, aparte tenemos que hablar de unos puntos de la reunión, si nos disculpas Stanley.
Salieron apresuradamente, Edward y Bella, se dirigieron al ascensor para subir a sus oficinas respectivas, luego de haber entrado al espacio reducido, el cerebro de Bella no descanso preguntándose muchas cosas a la vez, había muchas dudas, muchas preguntas que conquistar, y ojala que pronto se presentara la ocasión para responder estas incógnitas.
– ¿Bella, puedo trabajar en tu oficina?
Simple pregunta, simple respuesta, pensó Bella.
– No.
– Pero…
– No, no quiero prestarme a habladurías de parte de la boca de tu especial secretaria, sobre todo con las atribuciones que tú me acabas de explicar, por lo tanto no creo que se conveniente, además ya nos ha visto dos veces juntos y no me siento cómoda con eso – le argumento Bella.
– Ok, de acuerdo aunque no me lo trago totalmente, tú y yo sabemos, que Stanley no abrirá su boca, porque la amenace y aparte, tiene las horas contadas dentro de esta oficina y empresa. No me gusta sentirme vigilado, sobre todo, por parte de Tanya – le rebatió Edward.
– No te voy a confesar la primera razón del porque no puedes trabajar en mi oficina, así que confórmate con lo que te dije, Cullen.
– Pero aunque sea ayúdame y préstame algunas horas a Ángela… por favor.
– Lo pensaré… – poniendo cara de pensante cómico, Bella salió del ascensor y se dirigió a su oficina, mientras Edward la llamaba.
– A las 18:30, nos vamos Bella, acuérdate.
– Pero quiero pasar a mi casa, por lo menos a cambiarme de ropa.
– Bueno pasaremos.
– Ok, pero me esperarás en el auto, Cullen – el tono de Bella no dio opción a replica.
– Bella, tienes una llamada en la línea 3, es de Canadá – dijo Ángela, descolocando completamente a Edward, quien estaba totalmente sorprendido por las pretensiones de distanciamiento que estaba realizando Bella, ¿por qué ahora quiere distanciarse de él?, ¿Qué había hecho que no se dio cuenta?
– Gracias, Ángela, de inmediato voy, nos vemos y suerte Cullen, ah y ten paciencia que la necesitarás.
Ahora Edward tenía ganas de callarla con uno de sus besos. Si de verdad estaba un poco molesto con las burlas de Bella, pero eran burlas totalmente adorables que no importaba que se estuviera burlando de él, eran las bromas de ella, que lo hacían reír.
Eran las 18:45, y Edward todavía no estaba listo, Bella estaba preocupada, trataba de comunicarse con el vía telefónica y le era imposible; obviamente que gracias a la presencia de Jessica, la cual cooperaba mucho. Ángela se había ido una hora antes, para ser el primer día de trabajo, fue liviano, claro Bella tenia estimaciones de que por lo menos toda la semana fuera de esta forma, todo estaba corriendo como estaba presupuestado, excepto aquello.
Ese aquello, tenía nombre y apellido, Edward Cullen, era evidente que no podía sacárselo de la cabeza, que fue lo que le hizo ese hombre para que ella estuviera como niñita adolecente sin ser capaz de controlar sus hormonas. Fácil ella misma se respondía sus interrogantes, pasión ardiente y primitiva, que podría derretir fácilmente a un tempano de hielo, inclusive si este era milenario, Edward Cullen era capaz de todo, inclusive de dejarla esperando 15 minutos.
En eso su Blackberry Strom vibro, era un mensaje de texto de un número desconocido que decía lo siguiente:
Urgente S.O.S.
Bella por lo que más quieras ven a mi oficina, ármate de una excusa potente y ¡SALVAME!
¡Estoy a punto de matar a Stanley, vamos cariño sino, no llegaremos a la comida con mi familia!
E. C.
De verdad que Edward debía haber perdido la paciencia, como para haber mandando un mensaje, es que de verdad se tiene que estar sintiendo amenazado por su integridad física. Pero momento desde cuando Bella se siente que lo conoce de toda la vida, porque… bueno eso ahora no importaba, lo que si era de suma importancia era rescatar a Edward, por lo tanto se inicio a la misión, rescatando al tempano de hielo Cullen, versión 1.0. Esto porque; fácil, ella creía que como estaban las cosas no iba a ser la primera vez que salvara a Edward de las garras de la espía de la oxigenada Denali. Bueno manos en acción.
Tomando sus pertenencias, Bella se dirigió a la oficia de Edward, que no tenía mucha diferencia con la suya, solo la vista, que era mucho más bonita ya que tenia mirada hacia el parque central de la ciudad de Chicago, mientras que su oficina solo a un traga luz del propio edificio, pero la oficina no podía ser perfecta, si le faltaban los sillones. Esos grandes de tres cuerpos, de cuero negro, acolchado, preciosos, más adelante Bella se los recomendaría.
– Señorita Stanley, todavía por acá – dijo en tono de pregunta Bella entrando a la oficina de Edward.
– Bueno Señorita Swan, Ed… perdón el Señor Cullen no me ha dicho que me retire todavía – le respondió en mal tono Jessica, como queriendo insinuar de que no era debido que Bella se metiera en su trabajo. En donde Jessica tenía razón.
– Bueno pero tú, debes siempre sujetarte a los horarios que te da la empresa, no el Señor Cullen, si quieres cumplir horas extras, debes dirigirte al departamento de recursos humanos, por lo cual te recomiendo que te retires antes de que te topes con el señor frialdad y créeme que no tendrá misericordia en despedirte en este mismo instante – le dijo con toda la autoridad que encontró en la rabia que le daba la mirada desquiciante y falta de respeto que le brindaba Jessica.
– Alice, si ya vamos, lo que pasa es que tuve un pequeño percance… si calma… si a Bella la llevo yo… no, no creo que sea necesario… si genial… no, esperen si en 20 minutos estamos allá… que no se… que no, yo no la había visto antes, Alice, ¡como se te ocurre! que te mentiría a ti hermanita no, bueno déjame cortar que ya salimos para allá, y ah dile al papá que necesito conversar con él con suma urgencia… si yo también adiós – Edward hablaba por teléfono desde su oficina obviamente con un tono que se le notaba que estaba molesto con algo o con alguien.
– Vez te digo, hazme juicio, mejor será que salgas antes que se enfurezca más… – le dio la oportunidad Bella, pero Jessica con su cara de "ok, me estás hablando a mí…y tu quien te crees que eres", no le daba crédito alguno a Bella, en eso la puerta del interior se abrió y salió Cullen, con la chaqueta y la corbata en la mano. Su pelo cobrizo con destellos dorados, más desordenado que nunca, debió haber estado nervioso por algo, pensaba Bella, y sus ojos demostraban algo que le aportaba una rabia especial, distinta a la normal, pero que en realidad a ojos de Bella, era una nueva emoción que por primera vez veía en sus ojos.
– Y tu Stanley que haces todavía acá, si te dije que te fueras a las 17:30, acaso no me escuchaste antes, o es que de verdad no piensas, no te quedo claro lo que te dije con eso de echarte de este lugar… pues bien no metía, mañana date por enterada no te quiero ver más acá – expreso en un tono que erizaba los bellos más recónditos del cuerpo, te dejaba temblando entera pero de pavor, Jessica de verdad estaba conociendo el miedo y lo que significaba meterse en problemas con Edward Cullen. Era como meterse a la boca del lobo.
– Sí, Señor Cullen, no se preocupe ya me voy – aún en su tono de cuasi sumisión, las miradas que le estaba dando a Bella, en cierto sentido eran preocupantes, ya que el odio presente era evidente, pero por otro lado no había mucho de qué preocuparse, pues acababa de ser despedida.
– ¡Ah!, que bueno Bella que ya estás acá, como vez estamos sumamente atrasados, ¿vamos? – le pregunto Edward en un tono evidentemente distinto al normal que ocupaba con Jessica.
Ya desde ese instante Bella se estaba preguntando si de verdad Edward no sería bipolar o algo por el estilo. Edward la tomo del brazo y haciéndola caminar hacia el ascensor, pulsando el botón de los estacionamientos se cerraron las puertas de este. Mientras que al otro lado estaba Jessica con una cara entre odio y aturdimiento por lo que acababa de ver, ¿Cómo era posible que Edward tocara a una mujer en público o por lo menos frente a una tercera persona?
Si, es verdad nuestro tempano de hielo Cullen se estaba derritiendo y la culpa de todo lo tenía Bella. Eso lo sabía claramente Edward, Bella tenía un efecto impactante que tenía que resguardase de ese si deseaba que los planes se llevaran a cabo, ya que ahora tenía que proteger a un nueva persona que nunca se imagino que volvería a encontrarse, si era a Bella, quizás si existía el destino y este estaba escrito en las estrellas.
– Bueno, ¿qué le dijiste a Stanley? – preguntaba un poco ido Edward.
– Eh, no, este la verdad, solo le recordé algunas cosas de la mañana que le dijiste y bueno le viste su cara, es evidente que no está cómoda con la situación y que yo además le caigo pésimo.
– Ok, está bien en realidad con lo que me importa lo que piense.
Ambos salieron del ascensor, y Bella no tenía idea a que auto tenía que dirigirse a sí que siguió a Edward, y preguntándole se acercó – estás seguro que me deseas llevar para la casa de tus padres y que lleguemos juntos, y luego me tendrás que ir a dejar a mi casa, conste.
– Bella, no te preocupes, no te dejaría nunca al borde del camino, no es mi estilo.
– Ese es el problema Cullen, ya no sé cuál es tu estilo, de verdad que me tienes intrigada, con tu actitud frívola y calculadora con el resto y mientras que conmigo eres exquisito manjar a probar.
– Así que ahora soy un suculento manjar – interrumpiéndola.
– Oye tú momento, nunca dije que fueras suculento.
– Quizás no con tu boca pero si con tus ojos, Bella, se como me devoras con la mirada.
– Bueno ok, tengo hambre ¿nos podemos ir ahora? – preguntó exasperada Bella, ese hombre la sacaba de sus casillas muy a menudo, eso era malo para su propio equilibrio emocional; un serio problema.
Ambos subieron al auto, era un Audi R8; espectacular para Chicago y para correr, era gusto de hombre y necesidad de hombre, no había que corroborarlo, Edward Cullen era muy masculino, inclusive en sus juguetes de cuatro ruedas.
Ya en el camino Bella quería iniciar la conversación con respecto a Tanya, y el deseo real de Edward por iniciar esta relación muerta desde su nacimiento – bueno Edward, antes de que lleguemos, quiero que me contestes una pregunta, ¿puede ser?.
– Sí por supuesto, ¿cuál es? – ahora pregunto curioso Edward.
– Quiero saber sobre tu motivación real para estar con Tanya.
– Una venganza – simplemente le contestó.
– Venganza de ¿qué?
Edward conservo el silencio, simplemente la ignoró, Bella tenía que conformarse con esa simple respuesta, venganza. Ok, pero la pregunta era con respecto a que era la venganza.
Llegaron a la casa de los Cullen, Bella ya la conocía, solo que no la parte trasera, la cual correspondía en gran parte al jardín posterior y una bella terraza.
Pero aun así Bella estaba nerviosa, no sabía exactamente porque era, pero no estaba tranquila, no era como las otra veces que iba de visita a la casa de los Cullen, era algo especial, era una presión focalizada en su garganta y en su estomago, era como cuando iba por primera vez a un lugar, quería que todo pasara rápido.
Edward, por unos segundos desvió la mirada del camino hacia el rostro de Bella, y vio reflejado en el toda la preocupación que estaba sintiendo en esos instantes, fue cuando Edward dirigió su mano, la que estaba en la palanca de cambios, y tomo la mano de Bella, desasiendo de paso el nudo que existía entre ambas manos, y en la que escogió le dio un suave apretón con el propósito de llamar su atención. Y lo consiguió.
– Oye, que yo sepa, ellos te conocen y demasiado bien, no te van a morder, ¿sabes? – le dijo Edward tratando de calmarla.
– Si, lo sé pero no sé lo que me pasa, es como si estuviera haciendo algo que me va a sentenciar por el resto de la existencia, como si estuviera metiéndome en problemas – le confesó Bella, en un tono que estaba muy cercano a la aprensión.
– A ver… – Edward se aparto del camino – ¿cómo así, paso algo que no note?
– No, no ha pasado nada, pero estoy nerviosa, será quizás porque vengo contigo, por primera vez, como que recién estoy decantando todas las emociones del día de hoy, que para variar con tu compañía han sido demasiadas – Bella respondió más tranquila.
– Bueno, eso está mejor, en cuanto a lo de que vengas conmigo no te preocupes, ellos lo saben, aparte piensan que es bueno en al mediada de que nos estamos conociendo, no sé si te he dicho, pero estar contigo me resulta tan natural, es como si nos conociéramos de toda la vida.
– Sí a mí también me pasa lo mismo, ¿raro no?
– Ja ja ja, somos un par de freakis – diciendo esto, continuaron y entraron al camino privado de la residencia Cullen. Era majestuosa.
Estacionaron el auto, y se bajaron de este, no estaban ni siquiera en el primer escalón de la entrada, cuando un hombre gigante, se abalanzo contra Bella, la pobre tiro su bolso del susto.
– Bellie, Bells, hermosa te eché de menos, ¿dónde te habías metido?, Rose me dijo que estabas de vacaciones, ¿cómo estuvieron, conociste a alguien, a quien debo hacerle picadillos por meterse con mi ángel de cristal ah?
– ¡Ay! Emmett quítate, que me aplastas, hombre, cuidado que no puedo respirar. Estaba en el trabajo; si el Caribe estuvo fenomenal y no, no me metí con ningún desconocido, así que guarda tus ansias de combate bad boy – le dijo respondió Bella, desasiéndose del abrazo marca Emmett, mientras que al mismo tiempo Edward miraba maravillado la relación que proyectaban Bella y Emmett, como una verdadera familia. Esto despertaba en él una serie de sensaciones tan agradables, así como nuevamente el deseo de querer quedarse con su familia nuevamente. Esa sensación de pertenencia que había perdido hace tiempo, de verdad Bella lo estaba volviendo a la vida.
– Bueno Alice, Rose y mamá te están esperando adentro, aparte Jasper te quiere dar las gracias por todo, ahora que era ese todo no lo sé y me quiero enterar conste – le dijo Emmett.
Bella entró a la casa, dejando en la puerta a los dos hermanos, que hace tiempo que no se encontraban; si mal no recordaba Edward, no veía a Emmett, desde la ceremonia civil de su matrimonio, ya que para la gran fiesta y ceremonia por la Iglesia, los compromisos de Londres no le habían dado respiro de escape, eso le significó una seria y densa discusión con sus padres, y lo que significaba la familia realmente y el error que estaba cometiendo por faltar a la ceremonia; era el primer matrimonio de la familia Cullen, pero era más importante aquello, si lograba estar en esa reunión, podría hacer todo lo necesario para que el plan funcionara, y finalmente, su familia estaría fuera de cualquier peligro, y ahora también Bella entraba al círculo.
– Hola, Emmett, también estoy feliz de verte, ¿cómo ha sido el matrimonio?, ¿muy duro?
– No, Edward es más ha sido genial, ni te imaginas, Rose y yo ya nos estamos proyectando para aumentar la familia Cullen y tu Edward, ¿cómo estas con tu querida Tanya? – pregunto inquisitivamente Emmett.
– Emmett mejor no te metas donde no te llaman, de acuerdo – le respondió entrando a la casa – yo sé que no les cae bien Tanya, y prefiero que en esta comida Tanya no se tema ni blanco de bromas o comentarios sarcásticos, no quiero que se nombre en esta casa, aunque sea solo por esta noche – le dijo Edward en su clásico tono de frialdad que ocupaba en la oficina. Y claro que era consciente de lo que estaba haciendo, pero todo era por el bien de la familia, como le había enseñado Carlisle, era su función como hijo mayor también, ¿verdad? Por lo mismo Edward había asumido esa responsabilidad; ya llegaría la oportunidad de hablarlo más profundamente con Carlisle.
Entraron a la casa y la cara de Edward era de total seriedad, hasta que escucho un sonido muy particular, una risa que despertaba en él una sensación de satisfacción y al mismo tiempo se sentía entero por primera vez, pero sentía de nuevo esa aprensión.
– Bienvenido hijo, por fin llegan, ¿qué les demoro? – le pregunto Esme, apartándolo de esos pensamientos que lo atormentaban especialmente en esas situaciones familiares y también en la compañía de Bella, pero ¿qué significaría eso?, acaso Bella de un instante a otro se había convertido en una de las mayores preocupaciones de su vida. En ese instante, Edward dirigió su mirada esmeralda hacia los ojos castaños de Bella, y lo que encontró allí le confirmó lo que estaba pensando: si Bella ahora era su mayor preocupación, verla ahí con la familia, era la imagen que le faltaba completar, y lo mejor de todo, era que no se veía extraña o rara, al contrario; Bella calzaba perfectamente en la foto, es como si hubiera nacido para ser parte de esa familia.
También se le vinieron a la cabeza los recuerdos recientes, recordándole lo bien que encajaban ambos, el uno con el otro, lo bien que se complementaban, lo perfectos que eran el uno para el otro. Sus pensamientos se estaban dirigiendo a una situación que él no quería reconocer, no por opción sino más bien por conveniencia, no estaba bien que reconociera que Bella, para él era o iba a ser lo más importante en su vida.
– ¡Cullen!, acaso te comieron la lengua los ratones o qué, vamos despabílate – su ninfa le estaba gastando una broma bastante evidente. Pero nuevamente no lo molestaba, y eso que estaba frente a la familia, que sobre todo debía destacar la faceta fría de su personalidad, por el bien de la misma. Le daba lo mismo en realidad.
– No Bella, todavía no me comen la lengua las ratas. Papá tengo algo urgente que hablar contigo, puede ser después de la cena, no te preocupes, pero me urge – le solicito Edward.
– Es que no puedes dejar el trabajo en la oficina Edward, siempre te he visto así, siempre con la cabeza en el trabajo, que el informe, que Londres, que New York, que la próxima semana tienes que viajar a Alemania… basta Eddie, descansa, aprovecha que traje a tu hermano a Chicago, aunque sea por unas cuantas semanas, olvídate del trabajo y disfruta de la familia Eddie, de verdad.
– Quien te mira y quien te ve Rose, la modelo mejor pagada según Forbes, dándome un sermón sobre el trabajo – acercándose a ella – ¿quién eres y que hiciste con la arisca de Rosalie?
– ¡Eddie!, vamos volvimos al humor raro claro… bueno basta que ya todos estamos un poco ansiosos y hambrientos, además le tenemos que dar la bienvenida a Bella a la familia – dijo Alice, con el sutil tono de mandato y a la vez de simpatía que siempre la caracterizaba.
La familia Cullen en pleno, dejando a tras las miradas de preocupación, de rencor, de ansiedad, de nerviosismo y también las de nostalgia, pasaron a comer. Fue una cena agradable, todos compartieron como si siempre desde un principio estuvieran conectados, siendo evidente el enlace familiar.
Conversaban de todo; la confianza y la paz eran memorable, pero Carlisle confirmo lo que sospechaba desde hace meses, su hijo, el que más se parecía a él le estaba ocultando algo, y ahora que por fin estaba cerca de él, tendría la posibilidad de aclarar lo que estaba pasando, además la pobre de Esme, seguía sufriendo cada vez más, estar separada de Edward, era un sufrimiento que carcomía interiormente a Esme, tenía que acabar esa situación. Además tenía las sospechas de que Edward estaba metido en algo realmente grave o importante que le llevaba actuar como lo estaba haciendo.
Rose y Emmett contaban sobre su vida en Los Ángeles; que, por razones de trabajo de ambos se tuvieron que mudar. Emmett no pertenecía a la empresa de la familia, nunca le intereso integrarla, pero si los negocios, como prueba de ello es que es un alto gerente de los Lakers, no era de extrañarse, él escogía a los jugadores y veía a los principales auspiciadores de los mismos y del equipo en su conjunto. Mientras tanto Rose, era una de las modelos del momento, y su contrato con Victoria's Secret, le obligaba a estar en Los Ángeles, al igual que su marido. Pero se veían bien, por lo menos esa era la apreciación de Bella, se veían felices a pesar de estar al otro lado del país, y estando lejos de su familia, se vean complementados. Y lo estaban.
Cuando llegaron al postre, ya estaban todos al día, y notablemente Edward estaba más relajado y se sentía realmente cómodo, en el momento en que Esme le estaba entregando su postre su Blackberry Storm, empezó a vibrar, y lo ignoró, se dijo que si era importante, tendrían que llamarlo a casa o hacer más mérito, como decía Bella.
Terminaron, y todos ayudaron a Esme a levantar la mesa y llevar las cosas al lavaba vajillas; luego Bella salió al jardín. Entre la necesidad de distanciarse de Edward, ya que había quedado enfrente a él, así como la necesidad de fumarse un cigarro. Bella no se dio cuenta que Alice la siguió, ella tenía que corroborar las sospechas que le nacieron en la mañana al verlos juntos, las miradas que se mandaban, las bromas que se decían, eran para ella evidencia consistente que entre ellos había algo, o por lo menos había gato encerrado.
Bella se dirigió al columpio que había cerca del fondo del jardín que colindaba con un frondoso limite, que daba hacia una explanada, que según Bella recordaba era un club muy famoso y exclusivo de Chicago, pero la cercanía, era no tan así, más bien eran 30 minutos caminado hasta llegar a la cancha de golf más cercana. Que si la propiedad de los Cullen era privada y exclusiva, si lo era.
Bella se sentó en el columpio y encendiendo su cigarro, empezó a balancearse, estaba mirando si las estrellas se veían hoy, Alice se sentó a su lado, cuando sintió su presencia, sonrió.
– No te puedes quedar con la duda, verdad. Tú y tu curiosidad te darán muchos problemas Alice, tienes que canalizar estos impulsos. Y saber respetar la privacidad de tus amigos y familia, hay cosas que es mejor son no saberlas, y dejarlas allí en lo oscuro – le dijo Bella en un tono que Alice ya conocía pero obviamente no respetaría; Bella se resigno; Alice la conocía mucho, sabía que tendría que sacarle la verdad.
– Algo paso en el Caribe, llegaste tan cambiada. Eras otra mujer, se te veía completa, satisfecha, como si hubieras vivido la experiencia de tu vida, como si hubiese conocido a alguien y te otorgara los placeres más increíbles del mundo.
– Alice, no me obligues.
– Y ese alguien era del sexo opuesto, obviamente, no creo que a estas alturas de tu vida pongas en duda tu sexualidad, o se te despierten arrebatos, en fin. Lo debiste conocer en el bar del hotel la penúltima noche, querías terminar esas idílicas vacaciones de la mejor manera, y la mejor forma era ir a ese bar – el tono de Alice era completamente serio y seguro de lo que estaba diciendo, a Bella la estaba dejando muda, el nivel de aciertos era categórico. Bella nunca le dijo lo que había pasado esa noche, y menos le aseguraría hoy, sobre todo con la presencia de Edward allí también, tenía que protegerlo – ese hombre – continuo Alice – te debió haber descolocado completa, hipnotizados desde el primer segundo, cualquier otro hombre es escoria al lado suyo, inclusive ahora le debes fidelidad, esa noche te marcó por el resto de tu vida. Lo que hicieron a ambos los marcó. Te maleo, se adueño de tu persona, eres propiedad de él, exclusiva, y ¿sabes que es lo peor?, es que tú estuviste de acuerdo en todo, él tuvo el consentimiento para marcarte como suya y de nadie más. Él es el centro de TU universo. Y también creo que tú eres el centro del suyo – sentencio categóricamente Alice.
– ¿Cómo sabes que soy su centro del universo? – pregunto Bella, sintiendo que había atrapado a Alice.
– Porque él lo acaba de demostrar, te dejó entrar en lo más íntimo de él. Edward se convirtió en el centro de tu universo, y tú el centro de su universo. Él te poseyó como nunca, te dio las sensaciones más increíbles que nunca más podrás sentir con otra persona, si es que lo haces. Y lo mejor de todo es que se te está mostrando en todas sus facetas, es honesto, no está ocultando absolutamente nada, y me da envidia porque es la primera vez que lo hace y lo hace con mi mejor amiga. Quien llego a nuestras vidas hace tres años, que cada día que pasa nos maravilla cada vez más con su personalidad, yo sabía que debería haberte llevado a Londres antes conmigo. Así no estaríamos en esta situación tan complicada.
– Alice, no crees que estás viendo mucha tele… te estás imaginando cosas que no son – le dijo Bella tratando de despistarla o haciéndola por lo menos contraer la duda, aunque fuere pequeña.
– Bella, no nades contra la corriente, amiga no eres un salmón; los conozco a los dos, aparte ambas sabemos que tengo el don de médium, aunque suene gracioso – ambas se inclinaron entre sí sonriéndose – así que lo que digo es verdad – termino aseverando completamente Alice.
– En el Caribe me metí con tu hermano, hasta lo más hondo de mi ser fue lo mejor que puede haber hecho como mujer, lo amé como nunca amé a un hombre, y sabes, lo más loco de todo – en ese instante por una de sus mejillas corrió una solitaria lágrima – es que parece que me enamore del hombre equivocado, lo amo como nunca pensé amar a una persona, es un maldito, frívolo y calculador, maquiavélico en su actuar y negociar, pero a la vez es honesto, cordial, buen compañero, con una simpatía y humor muy especial. Es capaz de llevarte al nirvana tan solo con tocar tus labios, y sus ojos son una ventana del paraíso. Alice la cagué con ganas, me enamore de quien estaba prácticamente prohibido, dime como lo voy hacer ahora, aquí en el trabajo, como voy ahora a mirar a tu papá y a tu mamá. Soy una tonta.
– Bella, no seas cobarde, tú no eres así, tu eres valiente, eres capaz de enfrentar a medio mundo por tus ideales, y creo que ahora el caso "I love Cullen" no se va a mantener al margen de ese actuar – le dijo Alice, con el propósito de confortarla de cierta manera.
Soltó una risita – que tienes y como lo haces, ojala yo tuviera las capacidades que tu posees para ver el futuro, el pasado, y arreglar el presente. Serias de gran ayuda para Edward y para mí.
– ¿Específicamente ayuda en qué, compañera? – dijo llegando a los columpios Edward. De inmediato Bella limpio la solitaria lágrima y su senda que habían quedado en su mejilla.
– Y tú que no estabas hablando con papá… que haces aquí.
– Tú también Alice, vas a tomar esa actitud sarcástica y dura conmigo, por ser como soy, acaso.
– No Edward, Alice, solo lo hace porque le extraño el que ya estuvieras listo.
– Corazón, no sé si tienes o no reloj, pero ya son las 21:45, han estado acá afuera mucho tiempo.
– Huy, Jasper me va a matar, hablamos mañana Bella, ¿ok? – le pregunto Alice.
– Sí no te preocupes – le respondió Bella, quien estaba encendiendo su ya tercer cigarrillo, no se había dado cuenta de que ya se había fumado el segundo.
– ¿Me darías uno? – le pregunto Edward.
– Si como no, toma.
– Necesito pedirte un favor, Tanya me ha dejado alrededor de 20 llamadas perdidas, me estará esperando en mi cama, y créeme no quiero vomitar esta noche.
– Mmm, que forma más extraña de pedirme si puedes dormir con migo, no lo sé Edward tienes que hacer meritos.
– Gracias Bella, el merito empezará en el auto te lo prometo. Además creo que ya es hora de irse ¿no lo crees?
– Si tienes razón, aparte hoy ha sido un día agotador.
Ambos entraron a la casa, y se despidieron de todos, Rose y Emmett se hospedaban en la mansión Cullen por mientras. Y Alice y Jasper también se iban, Carlisle se acercó a Esme – tengo algo importante que decirte, aparte de que te amo, obviamente.
– ¿Qué paso?, Carlisle no me asustes.
– Tiene que ver con Edward, ya sé en lo que estuvo en todo este tiempo, Esme tenemos a nuestro hijo de vuelta.
El edificio de Bella estaba cerca de la casa de Edward, el departamento en sí era prácticamente nuevo, Bella lo había compartido con Alice, por un año, luego que ambas salieron de la universidad, pronto cumpliría el segundo año en el, habían pasado muchas cosas juntas, y de verdad que le echaba de menos, sus ruidos, su presencia, sus berrinches, era muy grande el departamento para ella sola, era muy silencioso.
– Bella, ¿dónde estaciono? – le pregunto Edward, dándose cuenta Bella, que habían llegado en tiempo record a su departamento.
– En mi estacionamiento, donde debería estar mi auto – se estacionaron, y bajaron del auto, en eso Edward baja un bolso de mano del maletero del auto – ¿y eso Edward? – no pudo evitar preguntar Bella.
– Es mi muda de ropa, hoy paso la noche en tu departamento – le respondió Edward, mientras ambos se dirigían al ascensor, que ya los estaba esperando.
– Pero si no has hecho méritos, como te voy a dejar dormir así como así en mi casa. Aparte suena muy tentativo verte sufrir un poco de la mano de tu querida Tanya, seria genial ver tu cara de desesperación mañana en la mañana – respondió en tono risueño Bella.
Entrando al ascensor Edward arrinconó bruscamente a Belle, y acerco su rostro peligrosamente al de ella – nunca es demasiado tarde para empezar, por lo mismo yo no tengo ningún problema – murmuro Edward sobre sus labios, ambos alientos se mezclaba, y en ese instante Bella perdió todo rastro de lógica en su mente, Edward tenia de nuevo esa mirada que la hipnotizaba.
La mano que estaba desocupada, se posiciono en el cuello femenino, acariciándolo a un ritmo muy relajante, entre su pulgar y la piel de Bella se sentía una corriente que llegaba a cada termino nervioso, la respiración de Bella se hizo irregular, mientras que la respiración de Edward era pura ansiedad, la cual correspondía al deseo de volver a tocar esos labios carnosos, llenos de ese sabor exquisito, era como probar su droga, la necesitaba, la conversación con su padre lo dejo muy complicado y su única vía de escape era con Bella.
Las manos de Bella se dirigieron a la altura de la cintura de Edward, agarrándose de la chaqueta de este, se posiciono lista para el encaje perfecto de ambos cuerpos, los cuales estaban funcionando sin mandato alguno, es como si tuvieran vida propia, y ambos hubieran decido unirse con una fuerza irracional, semejante a la atracción de los imanes. Lo primero que colisiono fueron sus frentes, los ojos de ambos perdidos en entre sí, Edward volvió a acariciar el cuello de Bella, subiendo un poco más su mano que ahora estaba justo debajo de la quijada de Bella, muy cerca de su oreja, y los dedos de este entre los sedosos cabellos de Bella. Bella ya tenía la vista nublada, si no besaba pronto a Edward, iba a desfallecer, las corrientes que su cuerpo emitía eran casi insostenibles. Él reclinándose sutilmente tocó los labios de Bella con sus labios, para que en el segundo siguiente se distanciara nuevamente. Ambos se miraron de nuevo, sabiendo que lo que se les venía iba a ser una batalla como aquellas, sin control, estaban en un lugar seguro, nadie los iba a reconocer, era como aquella noche en el Caribe.
Ambos aspiraron una gran bocanada de aire, que contenía las esencias de ambos; cerrando sus ojos, sus labios colisionaron nuevamente, ambos besándose con una devoción digna de ser retratada en cualquier cuadro amoroso, era una declaración contenida, tocándose una y otra vez, estirando sus propios labios para darse mutuamente esa declaración, en secreto, en silencio, algo que ya era inevitable.
Bella para no caerse, ya que sus piernas no le respondían, las posiciono entre las de Edward, sus caderas nuevamente se tocaban abierta e íntimamente, mientras las manos de Bella, por fin abrazaron la cintura de Edward, de una manera muy particular como si lo estuviera reclamándolo como propio. Mientras que Edward, aceptando gustosamente esta nueva posición con Bella, y gustoso de sentir esas caderas que lo iban a condenar al infierno, apretó el agarre de la cabeza de su ninfa, dando a su vez una señal de profundización del beso. Y vaya que lo fue, la lengua de Edward no tuvo piedad, entro una y otra vez a la boca de Bella, esta vez proclamándola como propia, en plena exclusividad. Los mensajes sublimes en ese beso, era millones y ambos lo estaban sintiendo, a partir de ese minuto las cosas no serian como antes, todo cambio. Ese beso era la confirmación de las sospechas de ambos, lo inevitable era ya presente dentro de sus vidas.
El timbre que avisaba que llegaron al piso del destino sonó, y Bella con tremenda dificultad despegó su boca de la de Edward, dándose cuenta recién, que estaban en su piso, recogió del suelo, su bolso, claro que esa acción significo que tuvo que arrastrarse entre la pared del ascensor y el ahora excitadísimo cuerpo de Edward. Sacando sus llaves, empujo con cautela el cuerpo duro del hombre, y ambos salieron del ascensor, el problema era que Bella estaba un poco, en realidad demasiado desorientada como para recordar cuál era la dirección correcta para su puerta.
– ¿Cuál es el numero de tu departamento? – pregunto en una voz muy grave Edward.
– El 1507.
– Este es, dame la llave casi no puedes caminar.
– Ves lo que provocas, desconsiderado, ¿y así pretendes que te deje dormir en mi casa?
– Si, pero pretendo dormir contigo, en tu cama, entre tus sabanas, y tu… desnuda.
– Ed… wa… rd.
– ¿Qué?
– No sigas ya has hecho suficiente mérito, ahora solo restríngete a abrir esa condenada puerta, que ya no aguanto más.
– A sus órdenes mi princesa – contestó en tono gracioso Edward.
Ambos entraron, y de inmediato sus cuerpos se unieron nuevamente en una batalla campal de pasión, el bolso de Edward chocó con el piso, al igual que el bolso y los zapatos de Bella, los sacos de ambos cayeron el sofá negro de cuero mullido del living de Bella. Luego las manos de Edward subieron sutilmente la falda del vestido de Bella, para que después estas subieran hasta sus nalgas y le dieran un suave pero contundente apretón, para bajar luego lánguidamente por sus muslos y separarlos suavemente, y alzarlos para que estos abrazaran su cintura. El cuerpo de Bella ahora quedaba a su misma altura.
– Hacia dónde está tu cama.
– La puerta del fondo, creo que esta todo abierto.
Y lo estaba, pero a pesar de la oscuridad, Edward no perdió el paso y llevo a ambos cuerpos al cuarto de Bella. El cual estaba con un poco más de iluminación debido a las luces que venían del exterior, fue fácil entonces encontrar la cama. Edward la coloco en la cama, por el borde final de esta, mientras se sacaba sus zapatos como podía, fue subiendo las manos por las curvas de Bella, hasta llegar al broche del cierre del vestido de Bella, bajándoselo con sutileza, dejo a la vista su sostén, el cual era muy sexy, negro con encaje, sin saberlo desde ese minuto ese era el modelo favorito de Edward, o sea el regalo recurrente para Bella, ya que sus senos no se podrían ver más apetitosos dentro de esas fundas de encaje, y sobre todo su delicioso pezón como recordaba, el cual ahora estaba en medio de unas bellas flores estilo neoclásico, si definitivamente un majar digno de los dioses, un manjar digno para él.
Mientras las manos de Bella trabajaban en la camisa de Edward, que por arte de magia salió de los pantalones de este y la estaba abriendo hacia la visión más perfecta que pueda tener una mujer, el toroso de su propio, particular y exclusivo adonis sólo para ella.
El vestido abandono el cuerpo de Bella, para ser dejado en el piso, al igual que la camisa de Edward, para que ahora fueran los pantalones de Edward, el objetivo más importante para sacar. Edward se estaba desasiendo de las medias de Bella, cuando suspendió por unos instantes la misión de Bella, para sacar del bolsillo de su pantalón los condones.
– ¿En qué instante pusiste los condones en tu bolsillo?
– Cuando te estabas despidiendo de mis padres, saque algunos que tenía en el bolso.
– Qué acaso siempre llevas ese bolso contigo, y lleno de condones por tu híper sexualidad – con un dejo de celos le recrimino Bella.
– No, para que sepas, ese bolso, es de secundaria, mañana te puedes fijar y te darás cuenta que dice el nombre de mi escuela, y está lleno de ropa que había en casa de mis padres, o sea ropa muy informal, no quiero pensar como le haremos mañana y con respecto a los condones, se los saque a Carlisle, que supongo que como hijo bueno que soy no se molestara.
– De verdad, Edward el niño ejemplo en todo.
– Cállate y sigue bajándome los pantalones, que es lo mejor que has hecho en los últimos minutos.
– Acaso besarte no ha sido "lo bastantemente bueno".
– No, besarme ha sido solo el comienzo de tufin.
Esa fue la declaración de guerra que les faltaba, los pantalones cayeron inmediatamente al suelo, mientras Bella alcanzaba la altura de las almohadas en la cama, y Edward se colocaba contra ella, como el más feroz depredador, en conjunto de su mirada brillante y su pelo indomable, con lo duro de su cuerpo, era una amenaza más que valida, para la vida de Bella, que corría peligro absoluto.
Con el cuidado de que el peso de Edward no aplastara a Bella, se posicionaron uno encima del otro, las manos de Edward viajaron al broche del sostén de Bella, liberando de la hermosa prisión a los llenos y bellos senos de Bella, los cuales eran un espectáculo de la naturaleza exclusivo para Edward. Ya que Bella era solamente suya y de nadie más; si era verdad era un maldito egoísta.
Las manos de Bella, no podían creer lo que estaban tocando, por fin estaba tocando nuevamente a su propio dios griego, al que pensó que nunca iba a tocar nuevamente, era él, vivo y real, en su cama a punto de quedar desnudo y dispuesto a cabalgarla una vez más, para llevarla otra vez aquel lugar en donde ella se sentía realmente mujer, a ese nirvana de pasión y lujuria, de desenfreno y de placer, en donde solo cabía entre ellos la palabra amor.
Las manos de Bella siguieron bajando hasta alcanzar las nalgas de Edward, les dio un apretón lleno de deseo, para luego pasar debajo de estas, y tocar su suave piel, si que era suave, como la de un niño pequeño, tierna y exquisita; que, en el cuerpo de Edward solo era sinónimo de pecado. Las manos de Bella se dirigieron a los costados de la cadera de Edward para bajar el calzoncillo de este, lo cual fue un poco dificultoso, por la considerable y increíblemente gran excitada humanidad de Edward. Quedando esa grandiosa arma de pasión libre, Bella solo se pudo regocijar al sentirla contra sus caderas, haciéndolas mover un poco más, tentando el control de Edward, una vez más.
– Eres la perfecta reencarnación de la tentación, y mi irremisible perdición, estás hecha para mí, justo a la medida, eres mi propia adicción – le susurraba Edward al oído a Bella en el tono de aquella noche, en que los dos varias veces perdieron la conciencia.
– Y tú, la mía Edward, eres el único que puede hacerme alcanzar el cielo.
Las manos de Edward por fin bajaron hacia las bragas de Bella, por fin había llegado nuevamente hacia su templo del placer1, en donde él también podía alcanzar el cielo, casi de inmediato. Desde su mejilla fue bajando mediante una senda de besos, que paso por el cuello, luego por su clavícula, llegando a su pecho, rodeando su seno y coronando su pezón con un beso con una pequeña succión que hizo ver a Bella unas pequeñas estrellas, siguió bajando por el mismo lado hacia su vientre, mientras que sus manos se apoderaban de los muslos de Bella, apartándolos entre sí de apoco. Las manos de Bella se habían reencontrado con su lugar favorito, el cabello de Edward, recordándolo exactamente como era, suave como seda e indomable como una bestia.
Mientras Edward iba tentando su suerte cada vez más en la medida que iba bajando y dirigiéndose hacia ese pecaminoso centro del placer, le decía a Bella en ese especial tono sexy – ábrete para mi, ninfa.
– Siempre, Apolo, siempre estaré abierta para ti.
Las palabras sobraban, las miradas lo decían absolutamente todo, estaban los dos listos, Bella con una de sus manos, que abandono su paraíso capilar, alcanzo uno de los condones que había quedado por ahí, lo saco de su envoltorio, y separándose lo justo y necesario de Edward, le coloco el condón en su dura, alzada, potente y gran humanidad, de paso excitándolo aun más por el hecho que una de las manos de su ángel lo estaba tocando de aquella forma, libre y desconsiderada con su auto control. Bella se mordía pícaramente su labio inferior mientras terminaba la acción, abriendo las piernas con el objetivo que él se posicionara perfectamente en el espacio que estaba creando solo para él. Mientras tanto Edward, subía sus manos nuevamente para ponerlas alrededor del rosto de Bella. Besándola tiernamente le dijo – siempre serás mía, y yo seré tuyo hasta la eternidad, no hay vuelta atrás después de esta noche, nos pertenecemos, y no tendré miedo de demostrárselo a nadie, si tú me correspondes… – mientras tanto la punta del miembro amenazaba la entrada de Bella, haciéndola esforzarse aun más en sus pensamientos, sobre todo luego de tales confesiones que realmente le quitaban la respiración, más que el propio contacto físico que estaban teniendo.
– Por siempre y para siempre, yo tampoco temeré ante el reconocimiento de ser tuya y tu ser absolutamente mío, eres por quien respiro, eres quien ha cambiado el significado de mi existencia de la noche a la mañana, y por eso mismo y más te correspondo.
En ese instante sin pensarlo Edward la embistió lo más profundo que pudo, casi tocando el tope de su interior, haciendo a Bella lanzar un profundo y anomalístico gemido, y de paso perdiendo lo que le quedaba de respiración.
Edward estaba en el paraíso, Bella le correspondía, aunque exactamente no sabía qué cosa, pero no importaba ahora la pertenencia era mutua, como también el sentimiento y la excitación, nada ni nadie los iba a separar. El método de cómo llevar a cabo eso lo pensaría mañana, ahora lo importante era ella y lo que estaban haciendo ahora; ya había dejado de ser sexo de deseo, ahora era amor, del eterno.
Bella movió sus caderas, con el propósito de incentivar al hombre que tenia encima, despertarlo del trance de la excitación y que empezara la danza del amor; alzando sus piernas y rodeando la cintura de Edward, lo apretó y este reacciono, empezó su cabalgata, sus embestidas, dentro y afuera, a un ritmo increíble, apoyado desde sus flexionados pies, hasta sus manos aferradas al borde superior del colchón creaba el impulso que ayudaba a sus caderas a completar el movimiento iniciado por las caderas de Bella. No supieron cuantos minutos u horas fueron, pero cuando alcanzaron su propio nirvana, aquel que los dos compartían, sus cuerpos estaban cubiertos de sudor que semejaba a las más preciosas pieles incrustadas de los más bellos diamantes.
El orgasmo llego, Edward alcanzo dejarse caer al constado de Bella, impidiendo que su peso muerto lograra lastimarla, mientras ambos buscaban controlar la respiración nuevamente. Edward se dio vuelta, y arrastrando a Bella a su costado, la abrazó de manera muy dominante y protectora. Mientras que Bella, se posicionaba mezclando sus piernas con las de Edward y a la vez abrazándolo por la cintura, descansaba su cabeza en el espacio del cuello y la clavícula. Luego de haber recuperado su respiración Edward fue el primero en hablar – esto cambia las cosas, ahora sí que estamos metidos en un rollo más o menos importante, pero lo que te dije anteriormente es verdad, mañana te aclarare todas tus dudas, pero necesito saber de verdad si confías en mi – mientras le acariciaba la cadera con una mano y con la otra jugaba con un mechón de su enredado cabello.
– Si que las cambia, nunca me hubiera imaginado que esto seguiría siendo así de potente, pensé que habría sido por culpa del alcohol, pero no fue así, fue nuestra propia energía que nos conduce a esto, que, es realmente adictivo. Y no te preocupes Edward, ahora eres la persona más importante en mi vida desde este instante – "y de la mía también" pensó Edward – y por lo mismo confió en ti por y para siempre.
– Gracias por atreverte – le respondió Edward en un tono sincero, lleno de amor y agradecimiento.
– Gracias por no ser un cobarde – ahora respondió Bella, con un tono lleno de adoración, acompañado de su mirada llena de amor.
GRACIAS JANET…..
1 Perdón por la alusión liss, pero me encanta esta metáfora…
