Disclarmer: Todo pertenece a la maravillosa Stephenie Meyer.

Capitulo 4. Bienvenida Realidad.

Algo sonaba a lo lejos, algo que no la dejaba dormir, era molesto, su posición era cómoda, y además estaba calientita, lo cual era un dichoso milagro ya que estaban empezando el invierno, pero el ruido era insistente; por lo cual Bella se empezó a abrir los ojos lentamente, su almohada era rara, se movía. La luz dentro de la pieza estaba incrementándose lentamente, lo mismo que el sonido que ahora identificaba, provenía de aquella montaña de ropa a los pies de la cama. Abrió los ojos completamente y escucho la respiración relajada de otra persona. Giro su cabeza y vio el rostro más hermoso que había visto en su vida. Con rasgos perfectamente masculinos, su mandíbula cuadrada, su nariz característicamente británica, para luego ver su frondoso cabello, hermoso, que con la luz del sol al amanecer se veía realmente como un verdadero dios.

– ¡De donde viene ese maldito ruido! – dijo Edward en una voz muy ronca, haciendo vibrar su pecho y de paso la cabeza de Bella.

– Es mi celular, lo ocupo de despertador en las mañanas.

– Ya es mañana, ¡no! Quiero seguir durmiendo aquí contigo.

– Pero hay que ir a trabajar, aparte ¡ay!, Edward mis piernas están muy enredadas con las tuyas, y suéltame un poco por favor – dijo Bella tratando de levantarse pero la mano de Edward la sostenía fuertemente de la cadera y le impedía moverse.

– Mmm, que pasa si no quiero, si quiero pasar el resto del día aquí en tu cama – en un tono muy travieso dijo Edward.

En ese instante se sintió el zumbido de otro celular, era el de Edward, el cual ignoro cabalmente. Se detuvo el sonido del despertador de Bella, y Edward giro su cara para quedar enfrente de la de Bella, la subió un poco más arrastrándola por todo su cuerpo, haciéndolos gemir a los dos al mismo tiempo. Sus rostros quedaron al mismo nivel y sus miradas lo decían todo.

– No sabes cuánto me arrepiento de haberte abandonado esa noche en el hotel, debí haber sido menos cobarde y haberme quedado contigo.

– No, estuvo bien así, la despertada de esa mañana fue caótica, mi cabeza y yo misma no estaba preparada para despertar contigo, fue muy drástico nuestro actuar. Esa mañana cambiaron muchas cosas al interior mío, que si hubieras estado presente resultaría mucho más problemático – le afirmo Bella de manera que el propio Edward no se sintiera culpable con lo que había hecho. Levantándose de la cama, Bella se dirigió hacia su closet, mientras que Edward se deleitaba con la visión de su ninfa completamente desnuda, exhibiendo sus preciadas curvas, en las que anoche el mismo había perdido el control. Además su propia mirada era un signo de completa devoción a ese ser, la actitud de Edward era de completa adoración a Bella, como lo había hecho la noche anterior. Una completa adoración a su ninfa.

– ¿Por qué no te conocí antes, si eras amiga desde el primer día de universidad con Alice? – pregunto Edward.

– Me extraña que preguntes eso, cuando yo entre a la vida de los Cullen, tú estabas abstraído en tu faceta londinense, con suerte llamabas a Esme cada quince días – le decía mientras sacaba su ropa para la oficina – además teníamos que conocernos de manera especial no crees, no sería propio de nosotros que nos hubiéramos conocido mediante Alice así simplemente. ¿Quieres tomar desayuno? – pregunto Bella.

– Me encantaría, pero qué hora es – pregunto Edward.

– Son las 7:15, alcanzamos con gusto, aparte con tu forma de manejar, no tardaríamos absolutamente nada.

– Oye que quieres decir, que manejo mal.

– No que solo manejas como un desquiciado, no quiero morir por tu culpa.

– Nunca óyeme, nunca dejaría que te pasara algo ni siquiera un rasguño, por más simple que fuera – le dijo Edward de manera segura, casi como una orden que daba en la oficina.

Bella se acerco a la cama, se sentó en el regazo de Edward, a horcajadas, mientras las manos de Edward se posicionaron en las caderas de Bella, ella se inclino más hacia su cuerpo, las manos de ella, estaban en el cuello de él, juntaron sus frentes y sus miradas, Bella hablo – me encanta esa beta protectora que tienes pero necesitamos salir de esta habitación, tenemos una empresa que manejar cariño, y créeme que la pobre Ángela, sola no puede – en eso sonó el teléfono de casa de Bella, sobre saltando a ambos y, obviamente, rompiendo toda atmosfera romántica en intención, que en el caso de Bella era degustar nuevamente esos carnosos y deliciosos labios de su Apolo.

Se inclinó hacia el costado, y tomando el teléfono – aló… Alice, que pasó… no, no te pienso contar eso, es algo intimo, no te atrevas… si quizás el viernes, pero no sé… si Esme ya me lo había dicho… Alice tienes noción de qué hora es… – mientras tanto Edward salía por fin de la cama y se dirigía al baño, no sin antes susurrarle al oído a Bella que se iba a duchar – Alice, de verdad me tengo que ir… no, no sé donde esta… que no te estoy mintiendo… ¡ay! mujer para… sabes que voy hablar contigo, ahora no es el momento, para de ser inoportuna, Adiós Alice Cullen – cortando fuertemente.

Dirigiéndose hacia la puerta del baño que estaba abierta, puesto que Edward todavía no entraba a la ducha – tu hermana de repente me saca de mis casillas, es como un bicho molesto que se te mete al oído y no se calla nunca, aparte es como si nunca se le acabaran las baterías y además es una entrometida, quería saber si habíamos tenido de nuevo sexo.

– Ni que me lo digas cariño, pero supongo que le dijiste que no.

– En realidad le dije que no es de su interés.

– Pues le deberías haber dicho a mi querida hermana, que desde ahora y para siempre conmigo nunca más vas a tener sexo, si no que vas a hacer siempre el amor, y créeme si quiere detalles que me pregunte, ahí la espantaremos y nunca más te molestara – mientras se acercaba a Bella y la abrazaba por la cintura, acercando sutilmente sus cabezas – porque imaginándose a su hermano mayor con su mejor amiga, créeme que no le resulta excitante.

– Pues si serás malo Cullen, la pobre solo estaba preocupada por saber donde habías pasado la noche, y será mejor que me beses ahora y luego te digo su recado porque te vas a enfurecer.

De inmediato y sin desperdiciar otro segundo, Edward capturo nuevamente su manjar preferido, por fin, se estaban dando los buenos días como Dios manda, por fin sentía esos deliciosos labios nuevamente. No supo cómo pero a los pocos segundos ambos estaban comiéndose mutuamente, de manera hambrienta devorándose, hasta que Bella sintió algo helado en su espalda, despego con sumo cuidado sus labios de los de Edward. Eran las cerámicas de su baño.

– Que quieres de desayuno, panqueques o tostadas.

– Tostadas está bien.

Bella sutilmente arrastro a Edward a la ducha, dando con el agua, lo empujo debajo de su regadera – ok, tú te duchas mientras yo preparo nuestro desayuno, lávate bien – bromeo Bella.

Tomando su bata y su celular de la montaña de ropa, también el de Edward, lo dejo encima de la cama, se podía deducir que tenía muchos mensajes, pero por respeto a él, no los revisó. Si los ignoraba era porque estar con ella era más importante, él mismo se lo había dicho anoche, y para ella también lo era, por eso mientras iba hacia la cocina, reviso su Blackberry, sorprendiéndose por la cantidad de mensajes que le había mandado Jacob. 10 mensajes. Por Dios, ese hombre de verdad que estaba desesperado, pues bien que se desespere un poco más.

A los 10 minutos Edward entró a la cocina, sorprendiendo a Bella, mientras este la abrazaba por la cintura y le deba pequeños mordiscos en su descubierto cuello.

– Mmm que olor más rico hay, además sabes cocinar, mira que suerte la mía.

– Si y no la tientes Cullen, acaso fue una ducha express lo que hiciste – con tono de pregunta.

– No, es que en realidad me apure porque te extrañaba.

– Ay, que romántico, pero ¿Quién eres y que hiciste con mi Edward, frívolo y calculador?

– Con que tu Edward no, entonces tú serás mi Bella, aunque por siempre.

– Por y para siempre; nos estamos convirtiendo en unos melosos, patéticos. Me voy a duchar en 15 minutos estoy de vuelta, para que no me extrañes.

Bella salió corriendo de la cocina para dirigirse al baño, mientras que Edward, se empezaba a comer la fruta que Bella le había dejado servida en el comedor. El diario también estaba ahí, y lo iba a aprovechar para leer, mientras ella regresaba.

Cuando regreso, ella traía, ya su bolso y las Blackberry de ambos, le tendió el suyo a Edward – No quiero ser intrusa, pero encuentro que serás mejor que revises tus mensajes, parase que son bastantes – sugirió Bella.

– Si tienes razón, que quieres agua o leche – le pregunto Edward, mientras este seguía el consejo de Bella, empezó a revisar sus mensajes y ese fue el primer choque con la realidad. O alguien se había muerto o Tanya estaba creando problemas para llamar su atención – Bella, ¿cuál era el recado que me dejo Alice?

– Dijo que por nada del mundo te aparecieras por tu departamento, porque te ibas a llevar una sorpresa muy grande, pero yo pensé que tenias casa – le dijo Bella entre calmada y curiosa.

– Es que me estoy cambiando, no me gustan los lugares pequeños – le dijo mientras leía su celular.

– Pasa algo malo…

– Porque lo dices.

– Es que cambio tu mirada, se puso fría, como la que tuviste en la reunión de ayer.

– No te preocupes, es solo el avistamiento de unos cuantos problemillas.

Terminaron de desayunar, de arreglarse; y salieron del departamento de Bella.

– Porque dejas tus cosas aquí – pregunto Bella en un tono sumamente cauto.

– Te molesta que las deje – sorprendido Edward, acaso su ángel no quería que se quedara con ella.

– No es eso, pero no resulta problemático que te mantengas aquí y no vayas a tu departamento o casa.

– Am… cariño, ese ahora no representa un problema, es más si me quedo aquí, claro con tu consentimiento, va a ser mi completa salvación.

– Entonces que así sea – dijo Bella, abrazando la cintura de Edward y alzando su rostro, para capturar y devorar los labios de Edward una vez más. Pero no había pasado desapercibido el titubeo que tubo Edward, la pregunta era, ¿Por qué no la podía llamar amor?

El beso estaba en su pleno auge, cuando sonó el timbre del ascensor, avisando que habían llegado a su destino, lastimosamente se separaron, y se dirigieron al auto de Edward – necesito saber si confías ciegamente en mí – quiso saber Edward.

– Si, confío ciegamente en ti – le respondió Bella con una brutal honestidad que nuevamente sorprendió a Edward.

– Por lo tanto, pase lo que pase, es necesario que recuerdes que te amo más que a mi vida ahora, tú eres el centro de mi universo, tú eres mi realidad ahora Bella, ¿lo entiendes?

– Si lo entiendo, yo también te amo, pero ¿Por qué dices esto justo ahora que vamos a la oficina, acaso paso algo malo?

– Si y no, las cosas se complicaron y vamos a tener unas visitas no gratas en la oficina que nos van a estar esperando y ese algo malo, va a suceder te lo puedo firmar, va a ser antes de las cinco de la tarde – con eso Bella sí que se estaba asustando, pero confiaba en él, hasta confiaría su vida en él cualquier sea la circunstancia.

– Y se puede saber quien o quienes son esas visitas.

– Tanya Denali y Félix Volturi. Es necesario que estés conmigo todo el día, quiero que compartamos oficina, no confío en Félix, a pesar de que sea mi primo, no quiero que este cerca de ti.

– Edward, yo sé defenderme.

– Pero no de un Volturi, cariño, es distinto, Félix es un desgraciado prácticamente y si llega a tocarte aunque sea uno de tus sedosos cabellos, primero lo mato.

– Edward me estas asustando.

– Bella, dentro de la empresa hay gente… como decirlo… gente que no es de fiar y que hay que mantenerlos lejos, lo más lejos posible, entre ellos Aro y Félix Volturi, por lo cual te pido que no te alejes de mi, así me resulta más fácil protegerte.

– Esto tiene que ver con tu "misión" verdad.

– Como sabes eso.

– Alice y Esme… en las conversaciones que teníamos cada tarde en los fines de semana que me iba para tu casa, Esme me contaba el porqué de su hijo predilecto no estaba con ella y con Carlisle. Su versión es que estabas haciendo una misión para proteger a la familia, y lo demás lo hacías por un bien a la empresa – Edward le tomo una de las manos a Bella, infundiéndole confianza, amor y cariño, para que fuera perdiendo el miedo y/o el nerviosismo que se estaba haciendo presente a raíz de la conversación.

– Calma, con lo inteligente que eres, lo descubrirás en un dos por tres, pero lo importante es que yo estaré a tu lado, amor, así que calma.

– Creo que sería oportuno decir, bienvenida realidad.

– Sip, amor, bienvenidos a la dura realdad.

Llegaron al edificio de la compañía, pero la actitud de ambos era muy distinta a la que tenían en el departamento de Bella, estaban guardando las apariencias, Edward, le había dicho a Bella en el auto, que era más seguro así, a pesar de que era una actitud muy sínica de parte de ambos, pero era lo mejor que podían hacer.

Al salir del ascensor, Edward se dirigió al mesón de recepción del piso, en donde estaba Ginna, mientras Bella se iba a su oficina, como si ambos se hubieran encontrado en el ascensor y no llegado juntos, "de verdad ambos somos unos buenos actores", pensó Edward.

– Hay alguien esperándome en la oficina verdad Ginna.

– Si, pero yo le dije a esa señorita que se quedara aquí en el mesón esperándolo, pero dijo que no, que ella más importante y…

– Gracias Ginna, y disculpa por el atrevimiento, ella puede ser un poco inconsciente a veces.

– No se preocupe Señor Cullen además, su padre ya llego y me pidió que le recordara que pasara por su oficina cuando pudiera.

– Gracias Ginna – si, parece que su padre no se olvido tan simplemente de la conversación de ayer, pero tenía que entrar pronto a su oficina si no quería que Tanya realizara algún desastre.

Entrando al pasillo, diviso la figura de Bella, entrando a su oficina, y al mismo tiempo la puerta de su oficina abriéndose, y de ella saliendo Tanya, si aparentemente había llegado el momento.

– Bella, aguarda, te quiero presentar a alguien – le dijo Edward, ella se giro mirando hacia la persona que estaba saliendo de la oficina de Edward, no lo podía creer, Tanya la otra, pero porque él le estaba haciendo esto a ella, como podía presentarle con tal desfachatez a la otra. Pero tenía que acordarse del contexto en el que estaba. En la oficina Bella era la compañera de equipo de Edward, solo eso, nada más.

"Restríngete a solo tus atribuciones Bella, solo a tus atribuciones laborales, nada más…" – se decía mentalmente Bella.

– Tanya, ella es Isabella Swan, mi compañera de labores – las presento Edward, haciendo la actuación de su vida, con una cara de frialdad absoluta, pero en sus orbes esmeraldas destellaba un deseo de comprensión hacia Bella, simulando un hito de esperanza y comprensión que le brindaba.

– A sí que ella, es la fantástica compañera que te consiguieron, dime no podría ser un poco mas nerd quizás – dijo Tanya tratando de sonar cómica, pero solo se quedo en el tratando.

Bella noto como su tono demostraba cierto temor, como también la mirada inquisidora y observadora que le brindaba. Fue entonces que se armo de valor, y demostrando que no era cualquier persona si no alguien mucho más capaz que ella, una simple… no importa, Bella era mucho más que Tanya. Incluso el propio Edward le había dicho eso, segundos antes, con la mirada. Eso también la preocupaba, ella y Edward se estaban volviendo muy cercanos, quizás íntimos, pero estaba bien, o por lo menos eso creía ya que ambos se estaban comunicando solamente con la mirada ¿es que de verdad estaban hechos el uno para el otro? eso se tendría que averiguar.

– Sí, yo soy Isabella Swan, y es una lástima que no te guste mi apariencia, no tendría porque, solo soy la compañera de labores de Cullen – le respondió Bella, en un tono muy seguro que a ella misma sorprendió.

En eso Ángela se asomo por la puerta de la oficina de Bella – Bella, el señor Black en la línea 3, dice que es urgente.

Edward no quedo indiferente a eso, las dudas florecieron como flores en primavera, la principal era porque le resultaba tan familiar ese apellido, a quien se lo había escuchado. Así que decidió adelantarse – Ángela por favor llévate mi maletín, y creo que mis llamadas van a dar a tu escritorio, las podrías atender, mientras soluciono el problema con la Señorita Denali.

– Si, no hay problema Señor Cullen.

Bella lo miro sorprendida, ahora sí que estaba confundida… primero la sorpresa de la oxigenada de Denali, luego la molestia de Jacob, y ahora el problema de Cullen con Denali, ¿es que acaso ella era un problema? Si definitivamente siempre Denali había sido un problema complejo en la vida de Edward, la cosa era saber qué problema exactamente provocaba Tanya en la vida de Edward.

Mientras Edward se iba con Tanya a su oficina, Bella entraba a la suya, ahora tenía que solucionar su propio problema y ese era Black, Jacob Black. La pregunta del millón era, desde cuando Black era una piedra en el zapato de Bella.

Llego a su escritorio y alzo el teléfono, pero mentalmente seguía contando hasta mil si era necesario, con tal de recobrar la paciencia que había perdido al momento de salir de ese maldito ascensor.

– ¡Bella!, por fin contestas, ¿Dónde te habías metido?, me tenias preocupado, ¿Cuando llegaste de vacaciones? Será posible que me pueda comunicar contigo de buenas maneras, o que ahora que estas con los Cullen, te vas a volver una snob y no te podrás juntar con la gente normal…

– Black, para, pero !que bicho te pico!, porque me hablas así, que mierda te hice para que me ofendas – le dijo interrumpiéndolo y además en un tono de sincera indignación.

– Ah, Bella, no me conformo, no encuentro solución, debería pedirte perdón. O decirte lo siento por mi resiente actitud pero no lo es tal. Sigo en mi postura que los Cullen comparten responsabilidad por nuestro quiebre, y no te puedo olvidar, además me sigue indignando que te hayas ido sola de vacaciones, todavía conservaba la esperanza de que recapacitaras y volvieras conmigo como debe ser.

– Jacob, definitivamente ahora sí que eres un desagradable, no me interesa lo que sigas pensando, aparte no eres nadie, para darte explicaciones, o pedírmelas. Solo eres un ex novio, y estoy dudando seriamente si sería bueno conservar una amistad como la que deseo, desde tu postura tan errónea. Por lo tanto si no tienes más que decir y no hay otro tema importante de que hablar, te pido que no molestes más. Tengo mucho trabajo, recuerda que es mi primer día – le dijo Bella, en un tono serio, muy semejante al que ocupaba su compañero, aquel hombre que ahora era el centro de su universo, que estaba en la oficina de enfrente con una oxigenada estúpida que… calma, ella no valía la pena, no, solo era la molestia del momento.

– Isabella…

– Adiós señor Black – luego de cortar se comunico con Ángela – por favor, empieza a retener las llamadas del señor Black, a menos que sea algún caso de vida o muerte.

– Sí, Bella no te preocupes.

– Ah, y cuando llegue Ed… el Señor Cullen, hazlo pasar a mi oficina, creo que hasta que no tenga nueva secretaria trabajara conmigo.

– Sí, no hay problema.

Qué manera de empezar el día, una lástima de verdad, ya que la noche anterior había sido realmente de ensueño, mejor que cualquier fantasía, pero nada en la vida era sencillo y luego del sueño viene la realidad. Si por eso Bella se repetía una vez más, bienvenida realidad.

En la oficina de Edward, las cosas iban tensas, el aire ya se podía cortar con un cuchillo, y aparentemente eso era lo que quería, pero nunca pensó que fuera tan sencillo lograrlo. Nunca pensó que fuera tan fácil provocar la ira de Tanya.

– Edward Cullen, como me puedes hacer esto.

– Hacer que cosa Tanya – con toda la calma y tranquilidad del mundo, le contestó Edward. De verdad que el tiempo estaba a su favor, quizás el proceso de quiebre tomaría menos tiempo de lo que había calculado y todo gracias a las propias mujeres, ¿quién lo diría?

– Son dos cosas que me tienen indignada Edward, pensé que lo nuestro era serio.

– ¿Qué, acaso ahora no lo es?

– ¡Para de interrumpirme!

– Yo no te he levantado el tono de mi voz, por lo tanto tu no lo hagas Tanya, tranquilízate y dime que es lo que te tiene tan mal para que tú te hayas levantado tan temprano y te aparezcas por aquí.

– Como te odio a veces Edward, si no fueras un dios en la cama te juro que te hubiera dejado hace mucho.

– No jures en vano Tanya.

– Para de intervenir que esto es serio – totalmente exacerbada Tanya. Se calmo un poco y continuo – ¿Cómo le pudiste hacer eso a la pobre de Jess?, la dejaste sin trabajo, con lo que me había costado ponerla en ese puesto, sabes lo que tuve que hacer? Claro pero no te importa, lo hago para reconfortarte, para que tu trabajo sea más llevadero para que tengamos más tiempo juntos, porque lo necesitamos, tenemos que solidificar esta relación Ed, tenemos…

– Tanya, tenemos es mucha gente, y con lo de respecto a tu Jess, mira que no es de tu incumbencia, o sea para que entiendas de una vez por todas, porque parece que en Londres no entendiste, mi trabajo es mío, mi trabajo, mi problema – Edward estaba gozando aquello, con la cara de sorpresa de Tanya y sus gestos evidentes remarcando la propiedad de su trabajo, Edward la estaba tratando cual adolecente con sus berrinches – por lo tanto lo que hiciste con tu Jess, estuvo completamente erróneo. Tu misma te prestaste para haber hecho esas estupideces, que dices haber hecho. Y mi tiempo, de nuevo es mío y yo y solamente yo lo controlo. Entonces cual es el otro gran e importante problema que tienes.

– ¿Por qué no llegaste anoche a la casa? – le dijo Tanya tratando de recobrar la fuerza de rabia que poseía y a la vez tratando de cobrarle las intenciones de relación perdida que estaban adquiriendo.

– De nuevo Tanya, "a la casa" queda muy grande, es mi departamento, o sea mío. No es tuyo, no es tu territorio. No quiero repetírtelo, de verdad que pareces una adolescente haciendo berrinche por la nada.

– Con qué es eso – con voz temblorosa y menos chillona – parezco una adolescente haciendo berrinche, son tus cosas, por eso no las puedo tocar, verdad, pero en donde quedo nuestra relación – tratando de seducirlo, en vano, Edward estaba hecho un tempano de hielo.

– Pensé que tomando la decisión de venirme solo desde Londres, para acá había sido suficiente – en el tono más gélido que podría haberlo dicho, hasta el mismo se estaba sorprendiendo lo buen actor que estaba siendo – realmente no deseaba ser tan público ni tan evidente para que tu status y tu prestigio salieran intactos Tanya – si como no, ni él se creía tal desfachatez – no me deberías haber seguido, pensé que con esa discusión en Londres había quedado todo claro.

– Nunca pensé que me harías esto Edward, pensé que eras perfecto, que los rumores no eran ciertos.

– Haber, primero soy humano, segundo, el que cometió errores, no soy yo precisamente, así que cuida tus palabras Tanya piénsalo muy bien antes de recriminarme, porque ninguno de los dos es santo. Por lo cual también te recomiendo – acercándose muy peligrosamente y de forma totalmente intimidante a ella – cuida tu tono y forma de hablarme, ojo con lo que dices, ya que los Volturi también están aquí, y creo que a Heidi, verte aquí haciendo como ama y señora no le gustaría mucho que digamos, sobre todo si no desean incomodar a Félix o ¿sí?

Con ellos dejo totalmente sin respiración a Tanya, "como mierda se había enterado de aquello" se estaba preguntando mentalmente Tanya.

– ¿Cómo lo supiste? – su tono fue casi inaudiblemente.

– Puedo ser muchas cosas Tanya, pero tonto jamás, creo que una vez te lo dije y te lo vuelvo a repetir, es la única cosa que te voy a repetir, con migo NADIE, juega, escuchaste, te quedo claro, NADIE y… repíteselo también a Félix, creo que en el último año, has visto a mi primo más veces que yo mismo y eso que somos familia – con tono totalmente sarcástico y de humor negro, y acercándose a la puerta de su oficina le dijo a modo de conclusión – será mejor que te retires, estás tentando a tu suerte quedándote más tiempo.

Tanya tomo sus cosas, y con paso furioso camino hacia Edward – te arrepentirás.

– No me amenaces, acuérdate que sin mi tú no eres nadie, o te tengo que recordar de donde te rescate, no verdad, por lo mismo, no jures ni amenaces en vano, puede que salgas más perjudicada.

Dicho esto, a Tanya solo le aquedo irse con la cola entre las patas, sumado a rabia, miedo, furia, temor, frustración, un sinfín de emociones pero interiormente solo tenía el deseo ferviente de dos cosas, primero de matar a Edward, quizás no literalmente, pero lo odiaba más que nunca, mientras que como segunda sensación este sería solamente el comienzo de un tortuoso periodo, si estaba en el principio del fin.

Edward salió de su oficia luego que Tanya hubiera desaparecido dentro del ascensor, se dirigió rápidamente a la oficina de Bella, la necesitaba, habían pasado como 15 minutos, y la extrañaba a raudales, era como una droga para él, se comportaba como un completo adicto sin lógica alguna. Saludó cortésmente a Ángela y paso directamente a la oficina de Bella, cerrando cuidadosamente la puerta. Ella estaba reclinada sobre su notebook, lo que se lograba ver de su cara, se encontraba en suma concentración, profundamente involucrada en su trabajo, tan así que no sintió que alguien había entrado a la oficina.

Edward se dirigió sigilosamente a su escritorio, y por detrás del respaldo de la silla de Bella, se inclino, magistralmente sin realizar ningún ruido, ese hombre tenía grandes facultades, entre ellas ser totalmente sigiloso cuando se lo proponía.

– Eres el diamante más hermoso que alguna vez mis manos han podido tocar, y el chocolate mas irresistible que he podido deleitar en mi paladar – susurrando en el oído de Bella muy pero muy cerca, inclusive cada movimiento que sus labios realizaban en su modulación, estos tocaban sutilmente el oído de Bella.

Bella al escuchar la voz de Edward inmediatamente se giró y capturó sin chistar aquellos labio pecaminosos que la estaban volviendo cada segundo más loca, sacaron de en medio la silla, solo estorbaba. Las manos de ambos inmediatamente se pusieron a trabajar, las de Bella, acunaba posesivamente al rostro de Edward, mientras que las de él, se iban posicionando, también muy posesivamente, en torno al cuerpo de Bella, una estaba sujetando fuertemente la cabeza de la mujer mientras que la otra estaba en la cadera, procurando que esta zona no se separara ningún milímetro entre ambos cuerpos.

Se estaban devorando, pero la senzacion era entre alivio y pasión, alivio por parte de Bella, que Edward retornara tan prontamente, y pasión en Edward, quien reafirmaba cada segundo más su dominación sobre Bella. Queriendo a la vez hacerla consiente de la pertenencia mutua que poseían. Se pertenecían. Y ambos lo sabían.

Poco a poco se fueron moviendo, tenían que encontrar un lugar más cómodo, y eso que era todavía muy temprano para aquello, pero necesitaban algo en donde apoyarse, ya que las piernas de ambos estaban cediendo a la pasión. De repente las pantorrillas de Edward chocaron contra algo duro e inmediatamente se sentó, poniendo a Bella en horcajadas en su regazo, las piernas de Bella, rodeaban las caderas de Edward, quedando la resucitada humanidad de este en pleno contacto con el valle de placer de Bella. Mientras se seguían besando desenfrenadamente, la mano de Edward que estaba en la cadera de Bella, poco a poco fue bajando por la nalga de esta, y al mismo tiempo fue levantando la pollera del vestido que ocupaba. Mientras las bocas y lenguas de ambos no se daban tregua, la mano de Edward se posiciono en la zona intima de Bella.

Mientras ella subía sus manos para sujetarle el cabello, y al mismo tiempo en que Edward tocaba la zona más erógena de Bella, esta tiraba de los cabellos de Edward, haciendo a los dos gemir fuertemente. Ambos rostros se separaron milimétricamente, tratando de recuperar la respiración, mientras los maestros dedos de Edward estaban acariciando la zona de Bella, quien por reacción natural y exclusivamente a él, empezó a mover su cadera, estimulando el movimiento de los dedos de Edward sobre la suave tela de su ropa interior y sin querer, excitando aun más a la abultada zona del bajo vientre de Edward.

– Te necesito, estoy a punto de explotar – suplicaba Edward, pero en un tono completamente erótico y sexualmente incitante.

– ¿Aquí ahora, en el sillón? – le pregunto extrañada Bella, de verdad Edward lo quería hacer a esa hora de la mañana en el sillón de la oficina, increíble – Edward no podemos, alguien puede entrar, vamos amor, calma, respira te prometo parar de moverme pero por favor, saca tu mano de ahí, o si no va ser imposible encontrar lógica alguna.

– Pero, qué pasa si no quiero parar, no quiero sacar mi mano de allí, si quiero que pierdas todo rastro de lógica… amor mío – le desafío Edward.

Quedando frente con frente y Bella apoyándose de los hombros de Edward, Bella hablo – me encantaría hacer el amor en este mismo instante, lo necesito también, me cargó conocer el rostro de esa maniquí desabrida, pero hay que poner las cosas en frio porque alguien puede entrar, imagínate si entra tu tío Aro o tu papá, a ninguno de los dos Ángela les puede prohibir la entrada a esta oficina.

Sacando dolorosamente la mano, Edward emitió un gesto de resignación, la mano la descansó en la cintura de Bella, mientras que la otra, sujeto el cuello de esta, con la intención de acercarla un poco más para el beso, entre despedida, lastima y resignación, pero sobre todo ese beso estaba dominado por el sentimiento de amor que ambos se tenían mutuamente. Edward estaba pidiendo permiso para entrar con su lengua, cuando la puerta de la oficina de Bella se abrió

– Edward, como te fue con…

– Mierda – ambos casi llegaron al techo de un brinco, como pudieron se despegaron, tratando de arreglar sus ropas, de a poco encararon a la nueva persona que había entrado a la oficina.

– Pero, que estaba pasando… ¿Edward que significa esto?

Bella no aguanto más, entre la impresión y el nerviosismo; se descalzó para correr al baño privado que tenía en la oficina y luego se encerró dentro de este, empezó a vomitar. ¿Qué le pasaba?, pues no estaba segura, pero el culpable de esta situación en gran medida era Edward. Ya que además de provocarle las más exitantes sensaciones, también era capaz de ponerla a punto de un ataque de nervios. De repente se escucho un golpeteo desde afuera, era alguien tocando la puerta, intentando abrirla, pero esta estaba trabada.

Amor, ¿qué te pasa, sucedió algo, quieres que llame a la enfermería?

¿Qué?, que había pasado, pues de todo. Acaba de sepultar su prometedora carrera por la desesperación irracional de ver a Edward con otra mujer, y que luego con su boca, venía a revolver una vez más su conciencia lógica, y que esta misma fuera su perdición.

Edward déjala, es la impresión, debí haber tocado antes.

No, pero quiero saber si ella está bien, lo necesito saber... Bella amor, me escuchas… que estupidez... ¡amor!, por favor respóndeme, me estas asustando, vamos…

De verdad se le escuchaba desesperado, pero que estaba pasando, porque estaba más preocupado de ella y no de arreglar la situación allá afuera, aunque sea para salvarse su propio pellejo.

– Sí, Edward estoy bien, solo fue el susto, déjame tranquilizarme un poco y estaré bien, dame cinco minutos por favor.

Está bien, pero solo por favor destraba la puerta, me da miedo que te desmayes – por Dios que estaba preocupado este hombre, pareciera que él se asusto más por ella que de que Carlisle hubiera entrado de sopetón a la oficina mientras ellos, los tortolitos se aprestaban a tener una de las mejores fantasías de ambos, tener sexo en un sillón de cuero en un contexto público. Por dios, estaba bien que se hayan confesado cosas anoche, pero no para cumplirlas de inmediato. Qué pensaría Carlisle… ni siquiera se lo quería imaginar.

Destrabo la puerta pero la mantuvo cerrada, está bien se notaba que Edward la respetaba, pero el problema es que no se escuchaba ninguna conversación desde fuera, ¿será que se habían ido… quizás? Poniendo su frente en el espejo con el afán de calmar sus desesperantes pensamientos, Bella se lavo las manos, aun recordando el suave y sedoso cabello de Edward, se mojó un poco la cara, tenía que tranquilizarse y enfrentar sus problemas. Pero como se enfrentaría a Carlisle, siendo como su padre, encontrándola en una de las peores posiciones que la podría haber encontrado, que debía hacer. Bueno se vería en la marcha, se armo de valor, y salió del baño, encontrando una escena que no se lo esperaría.

Edward de pie mirando hacia ella, con una cara de preocupación de muerte, mientras que Carlisle, apoyado en el escritorio de Bella, mirándolos perplejamente.

– Esto era lo que querías proteger sobre todo y cualquier cosa verdad hijo… está bien estas en todo tu derecho, pero solo debo preguntarte una cosa; como conozco a Bella, deseo saber si ella realmente te corresponde.

¿Pero qué estaba pasando… donde estaba el sermón?, porque Edward la estaba abrazando y en su rostro estaba un semblante de completa preocupación.

– ¿Por qué mejor no le preguntas tu papá? – le dijo Edward un poco molesto por el hecho de que Carlisle no le creyera algo tan verídico que le estaba contando.

– Bella, no quiero atemorizarte, no quiero que pienses que corre un riesgo tu puesto en esta empresa si respondes o no la pregunta que te quiero hacer, quiero que hablamos como hablamos en casa, como si fuéramos padre e hija, es importante Bella, aquí la honestidad es primero, ¿de acuerdo? – le dijo Carlisle.

– Si – en un tono completamente nervioso.

– A ver, Edward te ha forzado o te ha seducido impropiamente.

– ¡Papá! – protesto Edward.

– No Carlisle, por el contrario, lo que estábamos haciendo es de mutuo consentimiento, además, yo no sería lo bastantemente tonta como para dejarme embaucar por un hombre, independiente que sea tu hijo o no – le dijo seriamente Bella, manteniendo su perfil serio, como toda una profesional.

– Pero, no me entra… se conocieron recién hace 24 horas, y… precisamente no quiero pensar mal de ustedes, pero ¿como…?, chicos es impactante encontrarlos en esa situación y en esa posición – les dijo Carlisle.

– En verdad Papá, nos reconocimos hace 24 horas.

– Y además no es necesario explicarte en este minuto propicio con lujos de detalles la situación en cómo nos conocimos – le dijo Bella, con la intención de cambiar de tema, ambos estaban incómodos, la posición tensa de Edward al lado suyo y ella misma que no estaba cómoda. Carlisle noto esto, accediendo al cambio de tema.

– Está bien, pero esta conversación continuará. Ahora lo que me interesa discutir es contigo Edward.

– Lo que tengas que hablar conmigo, lo hacemos en frente de Bella, no le puedo ocultar nada, menos sobre ese tema papá, ella va a permanecer aquí y necesita entender en que estoy metido – le interrumpió Edward.

– Está bien Edward, solo quiero que me digas como te fue con Tanya, ¿en qué quedaste? – le pregunto Carlisle.

– Depende del punto de vista que lo veas – Edward se sentó nuevamente en aquel sillón – para un punto de vista me fue genial, para otro me fue mal.

– Y cuál es el punto que nos interesa… – continuo Carlisle.

– Me fue estupendamente, logré mi cometido, aunque no fue necesario sacar la caballería, solo con la presentación me bastó.

– En verdad me dejaron colgada, ahora sí que no entiendo – totalmente descolocada Bella.

– ¿Acaso no le has explicado lo que estás haciendo a Bella, Edward? – pregunto inquisitivamente Carlisle.

– Anoche trate lo prometo, pero no pude, lo importante es que el primer dominó ya calló, en unos cuantos días tendremos a Félix, más cerca de lo que pensamos.

– ¿Félix? – preguntó Bella.

– Si, el hijo de Aro, mi primo, todavía no tienes la desdicha de conocerlo y ojala que no lo hagas todavía, amor, porque sería muy complicado, me gustaría tenerte en más conocimiento de lo que estoy haciendo antes de que conozcas a Félix Volturi – le explico Edward a Bella, quien por primera vez, estaba viendo lo cansado que estaba en su mirada, quizás de verdad la discusión con Tanya lo había agotado.

Sentándose al lado de él, y tocando una de sus mejillas, cuidadosamente le pregunto para salir de dudas – ¿estás cansado?

– No, no es eso, solo que pensar en que Félix, se pueda acercarte a ti me aterra, eres como una flor en el desierto, algo tan maravilloso en un mundo tan arisco y maldito que pensar en el hecho que puedas salir lastimada, me pone mal.–le respondió Edward en un tono tan intimo que incomodo por primera vez a Carlisle, era la primera vez que se incomodaba mirando alguna relación de sus hijos, definitivamente entre Bella y Edward había algo mucho más allá que alguna amistad con deseo, era un sentimiento mucho más profundo.

– Yo me puedo encargar de retardar lo más posible el encuentro entre Bella y Félix, lo que me importa hijo es que tu no salgas lastimado, estas apostando mucho.

– Papá solo estoy como el mejor postor, ellos ya lo saben, lo que no saben es que ese mejor postor soy yo, todavía piensan en mí como un niño mimando y libertino que creyeron conocer en Londres – le respondió Edward haciendo cuenta nuevamente de su espectacular capacidad de planificación.

– Bueno, si las cosas están así por lo tanto le voy a dar la buena nueva a tu madre, pero solo la primera parte, para la segunda quiero una situación más seria, en realidad todos querríamos una presentación más seria de Bella como tu novia – en ese momento Bella sitio un calor abrazador en su cara, si, se había puesto como tomate. Todo estaba sucediendo muy rápido, y no estaba bien; nadie le había preguntado cómo se sentía con respecto a eso, en especial con su situación con Edward y lo que ocurriría hipotéticamente con Félix.

– No, esto está ocurriendo muy rápido, necesito tiempo – Bella salió de la oficina, en un gesto de plena ofuscación.

Edward inmediatamente se paro del sillón, y pretendió salir de la oficina pero no lo pudo hacer ya que Carlisle le sujeto el brazo – hijo, ten prudencia, es verdad las cosas con Bella aparentemente van muy rápido, será mejor que te lo tomes con calma, acuérdate del daño colateral que le puedas provocar, y si resulta ser eso que me dijiste ayer, con mayor razón, cuídala como la flor del desierto que es, si es única como dices que es, trátala como tal, no la presiones, déjala respirar, que se acomode a tu ritmo, si es tu compañera, tu pareja, tu mitad, tu universo, o tu vida como ayer me dijiste, dale su espacio y deja que se acomode, ella viene de una situación agobiante hijo, ten en consideración aquello. Tómense el día libre ambos, no hay mucho que hacer, creo que los negocios por hoy no avanzaran mucho que digamos. Además estamos recién empezando, anda ve a buscarla y sácala de aquí antes que se tope con alguien – diciendo esto Carlisle soltó a Edward, quien salió rápidamente de la oficina y se fue al pasillo principal. Y ahí la vio, su ninfa, mirando hacia el parque, con una posición levemente encorvada, y con los brazos cruzados por delante.

Se acerco y toco levemente sus hombros antes susurrar en su oído – amor, lo siento de verdad, perdóname si te estoy presionando mucho, pero de verdad me asusta la idea de que alguien se te pueda acercar y hacerte daño, no estoy tranquilo. Como dije despiertas en mi, cosas que jamás creí posibles.

Bella levanto su vista – todo está ocurriendo muy rápidamente, no sé cómo vamos a terminar, necesitamos decantar todas estas sensaciones, sentimientos, deseos, todo lo que pasa por nuestras cabezas, y si dices que vas a ser sincero conmigo, pues bien tomate el tiempo y explícame, ¿porque estoy corriendo tanto peligro y me quieres proteger? – le demando Bella.

– Pues eso pretendo hacer; mi padre nos ha dado libre el día, nos va a cubrir, no hay muchas cosas que hacer, nos vamos cuando estés lista. Y te voy a llevar a un lugar en donde tú y yo podemos hablar tranquilamente – le dijo mientras la abrazaba cuidadosamente.

– ¿A dónde me vas a llevar? – no pudo evitar preguntar Bella.

– A mi casa, ese lugar es suficientemente seguro, casi nadie lo conoce, y no vamos a ser interrumpidos – le respondió Edward.

– ¿Casi?, acaso Tanya…

– No, no amor, nunca, tu vas a ser la primera mujer que entre a mi casa y la conozcas, en realidad también va a ser tuya, pero no te quiero presionar, antes solo había entrado Esme, ella la decoro – le respondió Edward mientras acariciaba la cara de Bella, teniendo un efecto tranquilizador en el cuerpo de ella.

– Está bien, voy por nuestras cosas entonces.

– Si yo te espero donde Ginna – dijo Edward cuando Bella se alejaba del ventanal para dirigirse a su oficina.

Mientras, Edward pensaba que verdaderamente Carlisle tenía razón, no podía darse la libertad de complicar sus cosas con Bella, ella era muy importante para su existencia, tenía que cuidarla y protegerla, pero a la vez darle su espacio. Si, era complicada la situación pero quien dijo que la realidad era una cosa fácil que comprender, por eso una vez más se repetía bienvenida realidad.

GRACIAS JANET…..