Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.

Capitulo 9. Moviendo piezas.

La habitación estaba con una tenue luz, las sombras al interior era aun definidas, pero entre el nerviosismo propio de la situación lo tenía en ascuas. La situación era complicada. Cullen lo tenía bajo seguimiento, y no solo con Seth, si no con algo peor, con sus propios jefes. Fue inútil y contraproducente su ida la casa de Cullen, ahora quería pasar la información a Félix, y huir, por lo menso de Chicago, pedir transferencia a otra ciudad, hay muchas ciudades en Estados Unidos, y cada una tenía su encanto.

Las cosas estaban peligrosas, cuando trato de comunicarse con Félix, luego de la visita a la casa de Cullen. Las cosas estaban mal. Parece que la llegada de los padres de la acecinada Denali, no tenía muy cómodo a Félix, y se le notaba en la voz.

Las sombras se movieron, lo más peligroso es que Newton sabía que no era su especialidad el hecho de que no fuera bueno para el espionaje, el tipo no sabía tener sutileza al momento de investigar en la noche. Sobre todo a gente peligrosa como eran los Volturi. Todo el departamento los estaba investigando de una manera u otra. Especialmente estas investigaciones se profundizaron luego de que esa carta de Scotland Yard llegara. No podía entender como sus jefes gozaban de excitación al enterarse que un agente llegaría a "ayudarlos" a calificar uno de los temas más complicados dentro del departamento. El asesinato de los patriarcas de los Cullen, hace algún tiempo ya tuvo diversas consecuencias. Si bien el hecho había sido en Inglaterra, cosas raras pasaron ese día a su vez en Chicago, y sobre todo el problema es que tenían directas relaciones con los propios Volturi. O sea había muchos cabos sueltos y enlaces muy fáciles de hacer para culpar a esta familia de tan sórdidos acontecimientos.

Pero Newton todavía no entendía como su tentación había sido tal, fue mucha la atracción, luego que Félix le mostrara el poderío de la mafia, el esplendor de lo que para él resultaba prohibido, y lo peor de todo, le encantaba.

Estaba a punto de alcanzar el final de la ventana, cuando su celular empezó a sonar estruendosamente. No pudo apagarlo. Solo se limito a contestarlo antes que los integrantes dentro de la casa se dieran cuenta. Pero Newton dentro de su desesperación no alcanzo a ver que una de las sombras si salió por la puerta principal y se dirigía a él.

– Aló – dijo susurrando, aun dentro de lo cauteloso podía ser patético, estaba perdido.

¿Dónde estás Newton? – la voz era gastada, a su vez se escuchaba exasperada, esa voz quería los resultados que no tenía.

– Estoy llegando, me queda un poco todavía – imposibilitado de encontrar alguna fuerza de convicción.

Ah… claro.

– Si creo que en diez minutos llego – Newton agradeció que le estuviera creyendo.

– Newton, Newton, Newton, acaso todavía no aprendes; ¿Por qué susurras?

Se dio cuenta muy tarde, que la voz venia justo enfrente de él, estaba perdido, ese era su final. Porque no escucho a la testigo Stanley, tenía razón, esto eran aguas muy turbias y los únicos sanos en todo esto eran las propias víctimas. Como le hubiera gustado ser como Cullen, tener una formación extraordinaria. Tentar al diablo y salir ileso. Llegar en gloria y majestad y ver como todo el mundo cae a sus pies. Y por supuesto conseguir a la chica. Sintió que algo pego fuerte en su cabeza, lo boto, su cara chocó con la mezcla entre hojas, pasto y lodo. Sintió algo fresco saliendo de donde le propinaron el golpe.

– Newton, idiota, de verdad, siempre lo pensamos, ahora lo confirmamos. El jefe estará dichoso de verte.

– James, vamos apúrate tíralo hacia dentro por la ventana, no hagas más comentarios, todavía no hemos decidido matarlo – la voz de Félix estaba realmente fastidiada, para detener esta situación tendría que enfrentar personalmente a Cullen.

Tiraron por la ventana a Newton cual saco de papas. Menos mal que estaba abierta, si no la lluvia de cristales rotos no hubiera sido placentera al momento de tocar el suelo.

Sintió unos calmos pasos acercarse, y la inclinación de un cuerpo hacia su rostro, este dijo con una voz fría y calmada – que tengo que hacer para que me entiendas, cuando dije, no quiero la nariz de Cullen en este hecho ¡Es porque no quiero AL PUTO EDWARD CULLEN en este hecho!, y que es lo que hacen: el estúpido llega cual héroe, rescata a la damisela, llama a mas refuerzos, los agentes y todo el departamento policial de Chicago ahora me mira, mientras Cullen y su familia, tranquilos en su hogar. Edward Cullen ni sufre, tiene a la chica, tiene los refuerzos, tiene su vida, tiene los papeles,tiene la empresa, Y ME TIENE A MI DE INBÉCIL.

Y el punta pie que le llego al estómago no se le recomendaría a nadie, hasta sintió que la sangre le subía por el esófago y le salía por la boca, Dios como deseaba estar en su casa, o no mejor haber cobrado la invitación de la tonta de Stanley, quizás estaría haciendo algo mejor ahora.

– Papá, no queremos tu rastro en el idiota, piensa con más calma.

– Tienes razón. Pero te repito a los imbéciles no los aguanto.

– Acabemos con esto entonces. Newton, a ver qué hacemos contigo, definitivamente, Cullen en algunas horas más dice todo, por lo tanto no sería conveniente que volvieras al departamento, por lo cual… si, cierto, por decisión unánime en esta habitación, vivo no sales.

En que se había metido Dios, que había hecho.

– James; limpio, no quiero ningún error o el que sigues eres tú, pero con mis propias manos.

Tanto Aro como Félix abandonaron la cabaña. Se dirigieron a su auto, los guardaespaldas los esperaban; antes de escuchar cualquier cosa, ambos ya habían subido al auto, que arranco raudamente.

– Mañana quiero que hables con Swan, quiero que pierda los estribos, tal como Tanya, quiero que sea nuestra mejor herramienta, no quiero más armas de doble filo, quiero armas con filo solo para mí, ¿entendido?

– Sí, claro como el cristal.

– Y Félix escúchame bien cualquier error que cometas ahora, significara nuestro hundimiento, las cosas en la empresa están de mal en peor, no hay manera que nos salegamos de esta, por esto mismo, antes del fin de semana nos iremos a las Bahamas, solos, no quiero que traigas a nadie.

– Y mamá y mis hermanas.

– Nos están esperando, no necesitamos más tropiezos hijo, de verdad se cuanto y como; ahora necesito que revises bien la oficia de Swan, me parece que Cullen ya la está ocupando como escondite, necesitamos esos papeles ahora.

Aro y Félix, estaban sumidos en sus pensamientos, cuando el teléfono de Félix sonó, de inmediato lo contesto – Jefe ya está listo el trabajo, que hago con la placa.

– Lo de siempre James, quédatela, es tu trofeo.

Gracias Jefe, cualquier cosa que necesite me avisa.

– Adiós James; deja limpio.

Félix cortó, ya estaban llegando a casa, la cosa era sencilla, antes de que el auto parara en su casa Aro habló por última vez en la noche – el próximo quiero que sea Cullen, entendido, no quiero a su niñita, lo quiero a él, a mis pies, suplicando por su vida. ¿Entendido?

Luego de esto ambos se bajaron del auto, mientras Félix, se carenaba como lo iría hacer mañana, pero mañana será otro día.

Edward se removió entre las sábanas, y se topo con el templado cuerpo de Bella. Todavía estaba oscuro afuera pero su sueño estaba intranquilo. Algo no estaba bien, era como si estuviera esperando un gran sonido que lo despertara de repente y tuviera que salir de la casa cual bombero en medio de un incendio. Pero la persona que tenia al lado se acomodo contra él. Estaba cumpliendo una función que nunca pensó que la iba a desarrollar. La sensación era lo mejor. Sentir sus cabellos, tan cerca de su nariz, sentir esa respiración rítmicamente y armónicamente maravillosa contra su cuerpo, de verdad le ayudaba a imaginarse el paraíso, que empezó a conocerlo gracias a ella. Pero cuando llegaba a ese paraíso era lo mejor, y una reseña de eso era aquel cuerpo que estaba contra el suyo, era la maravilla, era su diosa, su ninfa, en especial de aquel refugio que estaban construyendo, el problema era que ahora él no lo concebía sin ella, no podría retroceder.

No supo cuando exactamente volvió a los brazos de Morfeo, pero lo que si sintió fue el zumbido de un celular, y luego el pequeño quejido de Bella, contra su pecho, lo peor era que ella inconscientemente movía las caderas en una peligrosa zona del cuerpo de Edward. No podría seguir durmiendo eso era un hecho.

Bella estaba casi molesta, porque había llegado tan pronto aquel día, significaría nuevamente estar separada mucho tiempo de Edward, estaba tan cómoda, era su lugar favorito, estar en aquella casa, en aquella habitación, en esa cama, particularmente con ese hombre. Era su perdición, sentirlo tan a flor de piel, su respiración compasada, que le daba una sensación única, entre pasión, protección, deseo y ternura. Necesidad y amor, pero sobre todo ella sabía que él era su centro de estabilidad, era su universo, él lo era todo. ¿Cómo le haría entonces hoy para volver a la realidad de la oficina, y encarar a bastardaos malditos como Félix?; aquel pensamiento la hizo molestarse más, y aumento que nivel de su quejido.

Edward se asusto – Bella, amor ¿estás bien? – preguntando somnolientamente, tratando de acomodarse, pero en esos movimientos, se dio cuenta que algo estaba fuera de lo normal en su cuerpo, algo que no le había pasado desde los inicios de su adolescencia.

– Mmm – y ella se había dado cuenta antes que él, como era posible; increíble la naturaleza de su ninfa, realmente hacia lo que quería con él, a cada momento. Antes de cualquier otro movimiento Bella comprobó la hora en el reloj del celular, aprovechando el impulso para apagar la alarma.

Cual femme fatal se acerco a Edward con una seductora mirada, y aprovechando su nueva posición, Bella se posicionó en su regazo, jugando peligrosamente con su nuevo descubrimiento. Con las manos en los hombros de Edward, Bella se acercó sutilmente a su oídio, tentando a Edward con una generosa vista a su anotomía, y ella casi pegando sus labios a su oído – parece que he visto un lindo gatito – con una vos que inmediatamente llevo a Edward a replantearse los planes de ese día, realmente tenían que salir de esa cama. Era un sacrilegio abandonar el templo para la entrada de su paraíso, era injusto, un completo crimen.

– Acaso anoche no fue suficiente – dijo Edward buscando la respuesta en aquellas pozas de chocolate, que ahora le recordaban al chocolate más afrodisiaco que hubiera probado jamás.

– Quizás, pero tú me guardas unas bellas sorpresas también, resulta ser un buenos días en dos partes. Primero con tu rostro, la bienvenida en tu cambio al respirar, luego abres aquellas maravillosas orbes de jade que me fascinan, para luego despegar esos tiernos, seductores, maravillosos, y exquisitos labios, para que con tu sexy voz mañanera me digas buenos días amor – Bella junto ambos torsos, mientras Edward la abrazaba contra él, en una especie de presión entre ellos – para luego la segunda parte, que es igualmente de buena, siento en mis caderas una precisión que no se puede asegurar bien lo que es, pero iré descartando, tus piernas no lo son, tus manos, no estaban más arriba. Por lo cual nos deja aquello, mi llave.

– Tu llave – la interrumpió Edward, con humor a su vez.

– Si mi llave, con la cual es la única que puedo llegar al paraíso y tocarlo, sentirlo y vivirlo, claro está que es solo contigo.

– Entonces porque dices que viste a un lindo gatito.

– Porque eso es en lo que te convertirás en unos segundos más.

Y la acción empezó, más desbordada que nunca, si bien anoche fue una especie de amor entre necesidad y reconciliación, de una pelea que nunca hubo. Pero ambos necesitaban posicionarse desde un nuevo escenario, desde el nuevo escenario que les brindaba su nueva relación de compañeros de vida, y de alma. Ahora Edward entendía lo que Bella le estaba pidiendo. No era un castillo, o dinero, o más seguridad. Nada material, era tan solo su humilde compañía en su vida, como su pareja, mínimo. Y él gustoso se entregó, al igual que ella. Anoche había sido casi perfecto. La única imperfección era que tenían que volver a la realidad. Y Edward una vez más suspendía lo que deseaba o necesitaba decirle a Bella.

El despertar juntos era como una especie de estado de conciencia de la espectacularidad de la naturaleza del uno y del otro. Ambos no cabían en la gracia con que ambos despertaban en ese deseo. Las bocas de ambos batallaban en los labios del otro como nunca; anoche no había estado presente tal fiereza pasión, con rasgos animalisticos. Era como nunca antes, Edward la atraía a su cuerpo cada vez más, como también Bella se hacía con una dependencia vital de Edward.

– ¿Tenemos tiempo? – pregunto Edward, mientras respiraba para capturar nuevamente sus labios.

– Sí, además, lo olvide – Bella no cabía en su gozo, ese hombre era un delicia.

Mientras tanto Edward con su fuerza, se termino de acomodar, en la cama. Optando una posición totalmente de 90 grados, obligando a Bella entrar en contacto directo con la zona de la pelvis de Edward. Estaba fuerte, duro y listo, la estaba clamando. Bajando las manos desde su cintura, hacia sus caderas, y con sus largos dedos sutilmente tocaba su firme y suave trasero. Sus miradas se encontraron mientras Edward alzaba a Bella, sus ojos se juntaron y el brillo era increíble, asombroso. Y, a Bella lo único que le nació fue una linda carcajada quisquillosa, mientras se dejaba manejar por Edward.

Con cuidado y mirándose mutuamente, Edward la fue colocando sobre su humanidad, Bella lentamente lo comenzó a sentir, estaba como nunca antes, duro y caliente, mientras él la sentía igualmente, más templada que nunca; siguieron un movimiento lento, con calma y toda la paciencia del mundo. Hasta que el movimiento acabó, la extensión de Edward ahora estaba completa adentro de Bella y ella todavía se preguntaba como aquello podía caber en ella. Mientras ambos sonreían con una sonrisa tonta, como completos adolecentes. Pero en el fondo de sus miradas podían encontrar una suerte de felicidad, una felicidad eso si temporal, que duraría solo aquel momento, lo intuían a ciencia cierta.

Edward con sus manos firmes en las caderas de Bella, llevaba el ritmo de la situación ya que él estaba sentado, hacia que Bella se movieran sobre él, mientras ella se dejaba actuar gozosamente, perdiendo el ritmo normal de respiración, y a la vez emitiendo jadeos armoniosamente a medida de que Edward la penetraba cada vez más profundamente.

En cierta forma ambos estaban liberando un poco de tensión acumulada, que les quedaba desde ayer, pero a su vez tenían conciencia de lo que se les venía. Sabían que el hecho de estar así de juntos, de alcanzar sus nirvanas juntos, los unía cada vez a un nivel de profundidad asombroso, aumentando aquella fuerza invisible que los mantenía juntos como magnetos.

El ritmo; luego de un rato y de ambos cuerpos sudorosos, fue aumentando, Edward prácticamente sujetaba cada vez más fuerte a Bella, casi apretándola dolorosamente. Pero la única concentración de Bella era en lo que le estaba haciendo Edward, ese acto intimo, lo único que le importaba era sentirlo aún más profundo en cada embestida; el ritmo era vertiginoso, y ella no podía más. Nuevamente fijo su mirada con la de Edward, y ambos en su lenguaje amoroso, se sincronizaban y entendían, estaban confirmándose mediante un beso apasionado, aquel en donde capturaban sus besos en medio de una respiración, respirando el aire del otro. Cuando Edward no pudo más y toco el paraíso, se inclino hacia delante, provocando que Bella tocara con su espalda las arrugadas sabanas de esa cama. Al momento en que ella toca su espalda con las sabanas, llego a su nirvana, las contracciones de las paredes de su interior dejaron sin aliento a ambos. Estaban exhaustos; pero no podían seguir, tenían mucho que concretizar, entre esas cosas, un pequeño problema de nombre Félix Volturi.

Con cuidado, Edward se fue separando lenta y tortuosamente de Bella, quien estaba su sentido común, en verdad no había palabras para describir como acaba después de cada relación. Era una magia completa, cada vez la llevaba al paraíso, y ella lo sentía como si fuera la primera, como aquella primera vez, era un Dios, pero era su propio Dios.

Edward estaba saliendo de la cama, cuando Bella se dio vuelta hacia él, y con un look totalmente consecuente a lo que acababan de hacer, lo que a Edward volvía loco, era ver sin restricciones la verdadera naturaleza de su ninfa. Era una mujer tentadora, que entre esas sábanas, con ese cabello totalmente desordenado y con ese cuerpo, pálido, desnudo y brillante, lo incitaban a realizar los pecados más ardientes que alguna vez se le podrían ocurrir.

– Me acompañas, ¿verdad? – le pregunto Edward con aquella voz tan profunda que la hacía ronronear por su compañía.

– Siempre, hasta el fin del mundo – le respondió gateando hacia él, tratando de salir de ese enredo de sabanas y almohadas. Y con su cabellera como un halo de inocencia alrededor de su mirada, Edward la miraba embobado, su figura moviéndose de tal manera que era la tentación declarada para Edward. Solo esperaba que el tiempo les alcanzara.

Bella con su risa juguetona, se acomodó en la espalda de Edward, pasando sus largas y hermosas piernas alrededor de la cintura de Edward. Mientras él las asía aún más a su cuerpo. Los brazos de Bella pasaron por el cuello de Edward abrazándolo por detrás. Lentamente Edward, sujetando a Bella contra él, se levanto de la cama y se dirigió hacia el baño. Mientras Bella, no paraba con su risa, cual enamorada en su primera cita. Estaba radiante, simplemente radiante por disfrutar tales cosas con Edward. Estos recuerdos los atesoraría por siempre, a pesar de todo lo que tuviera que acontecer, ella siempre recordaría esos momentos con Edward.

Entraron al baño, y Edward sin esperar nada se dirigió a la ducha, mientras Bella pensaba en las posibilidades que podrían suceder. Y no se estaba equivocando, Edward ingresó, y en vez de abrir el agua caliente, abrió el agua helada, provocando un grito de sorpresa en Bella.

– ¡Edward!, está congelada, tonto. Abre la caliente, por favor, no; esta heladísima ¡EDWARD CULLEN!

Edward no paraba de reírse

– Vamos amor, no es para tanto, tienes que acostumbrarte, si no nos bañamos con agua helada luego de estos bellos despertares, se nos va hacer imposible movernos de aquí.

– Y quien dijo que nos queríamos mover de aquí.

– La paz que quiero buscar, amor. Si no logramos esa paz pronto, no podremos concretar ningún sueño, sobre todo de los que estábamos hablando anoche. Sin paz no puedo amor, aún es muy peligroso – hizo comprender a Bella quien por cierto se estaba acostumbrando al agua helada, gracias a la compañía y cercanía del cuerpo candente de aquel hombre, su propio Dios heleno.

Tiernamente, Edward tomó, el jabón de ducha y con la suave esponja empezó a limpiar a Bella cuidadosamente, en cada rincón de su cuerpo, con ternura y dedicación. Mientras tanto Bella disfrutaba gozosamente de las caricias de Edward, era magistral, su toque era suave y cálido, cuidadoso pero con una ternura que despertaba en ella otro deseo reciproco, el cual era también de protegerlo. Si bien lo poco que había hablado con Alice y con Esme, no le daba una versión completa de lo que exactamente había pasado con Edward. Pero cuando ayer lo escuchó, comprendió que recién, gracias a la vuelta con su familia y a su encuentro con ella por fin, Edward se podía sentir como sus hermanos, y con las ganas de construir su propia familia. Bella lo sentía; era su actitud, y antes se lo había dicho, él tenía sueños que deseaba cumplir, deseaba paz, y si en las manos de Bella estaba la posibilidad de llevar a cabo, haría lo imposible para cumplir los sueños de Edward.

Mientras Bella era jabonada por Edward, ella a su vez con otra esponja suave, y con un poco de jabón líquido también empezó a lavar a Edward. Tranquilamente con sus cuidadosas manos. La sensación era única, casi tan única como lo era para ella. Era un simple acto de higiene, pero para ambos estaba lleno de declaraciones y de gestos que implicaban un significado mucho más fuerte y más importante que cualquier otra papel o palabra. Ahora mismo se estaban declarando una vez más su compromiso con el otro, sumando a su vez lo que se habían dicho en la noche, las vastas declaraciones de amor y compromiso. Como lo fue hace unos momentos, pero ahora era distinto. Se les venía algo importante, para Edward el comienzo del fin, mientras que para Bella el enfrentamiento con quienes la habían querido matar.

Terminaron la ducha entre tiernos arrumacos, pronto Bella salió a la parte de su closet, que todavía no estaba con ropa suya, pero que gracias a las donaciones de las Cullen, pudo encontrar algo digno para dirigirse a la oficina.

Edward estaba en su salsa, le encantaba esto de vivir con Bella, era lo que más le encantaba especialmente cuando implicaba a Bella en posiciones sexys y poniéndose o sacándose ropa. Era su perdición.

Bella pronto termino de vestirse y como siempre se dirigió a la cocina, a preparar el desayuno. En tanto Edward recordó la llave que había encontrado en el departamento de Tanya. Tendría que llevarla a la oficina, estaba seguro que esa era la copia de la caja fuerte de su oficina que se había perdido. La cosa es que como había llegado esa copia allá. Ya que Edward no había pisado ese departamento nunca antes, solo ahora cuando recogió a Irina. Por eso mismo debería desplegar todo su entrenamiento ahora en la oficina, si no resultaría imposible, averiguar el status quo de los Volturi y al mismo tiempo proteger a Bella.

Vistiéndose completamente de negro y de manera sport, con zapatillas bastante delicadas y simples; tendría que poseer pasos ligeros para pasar desapercibido en la empresa. Tomando una pequeña mochila para guardar una cámara y una pequeña grabadora digital, entre otras cosas, con el propósito de conseguir las pruebas necesarias para inculpar a los Volturi en Chicago, por lo menos. Dentro de unas horas Eleazar se marcharía con su familia a Inglaterra. Y todo estaría más calmo para poder trabajar.

– Amor, ¿estás listo? ¡Por lo menos es desayuno lo está y te espera ansiosamente para ser comido por ti! – dijo Bella, reflejando su buen estado de ánimo, ese día lo enfrentaría de la mejor manera posible.

– Si, ya voy, solo estaba arreglando unas pequeñas cosas, ya bajo – una pequeña sonrisa se instalo en el rostro de Edward. Esa mujer sacaba fuerzas de la nada, era espectacular.

Bajando apresuradamente, y con las llaves del auto en la mano, Edward se encamino a la cocina; se fue acercando a Bella, previamente dejando las cosas en la mesa que estaba en el centro de la cocina, y abrazándola por detrás, besó la coronilla de su cabeza – quiero que hoy seas cautelosa, por favor, no quiero que te arriesgues a nada, en especial con Félix – en tono serio pidió Edward a Bella.

– ¿Crees que algo saldrá mal? ¿Estás nervioso? – preguntó Bella, dándose vuelta entre sus brazos y alzando los suyos hacia el cuello de Edward, alzo su vez su rostro para tocar sutilmente sus carnosos y sabrosos labios. Dándose vuelta casi de inmediato, para terminar de preparar los cafés – calma que todo saldrá bien, nadie se meterá con nosotros, somos invencibles, además termínate el desayuno quiero que te alimentes me preocupas, no estás comiendo bien.

– Está bien, tu siempre cuidándome, que haría sin ti.

– Ni lo pienses, mejor será.

Edward se acerco a la mensa, tomando unas frutas y cortándolas maestralmente, tomo el cereal con leche que le había dejado Bella, y como buen chico obediente, empezó a comer su desayuno.

– ¿Y tú no vas a comer? – quiso saber Edward.

– Ya comí, antes que bajaras.

Terminando pronto su desayuno, Edward termino de preparar sus cosas, y asegurándose que todo estuviera en orden salió de la cocina.

– Vamos amor, ¿estás lista?

– Si vamos, voy bien – pregunto sobre su aspecto, estaba nerviosa, habían pasado muchas cosas, y tenía que volver a la oficina en gloria y majestad.

Edward la observo detenidamente, sus ojos más verdes que la más bella esmeralda; Bella sentía que la estaba desnudando con la mirada.

– Y que piensa.

– Pienso que estás, a ver, como decirlo. Estas vestida formalmente, tus curvas se notan a simple vista, tus pechos asoman amenazantemente a través de ese escote, tus caderas invitan a un baile desenfrenado para toda una noche, como el de anoche. Y tus piernas, largas, pálidas, con curvas sutiles, que invitan a ser tocadas besadas y apreciadas con un sutil toque de mis dedos, que suban por ellas y que lleguen suavemente a ese templo que me hace sentir las más extremas sensaciones invitándome sin cansancio al mejor de los paraísos; ¡uf! si amor, se podría decir que vas bien, sexy como nunca antes. Por lo mismo me encantaría que te pusieras algo encima. Acuérdate de que Félix va a ir a tu oficina y no quiero que todo se arruine porque intente propasarse contigo – dijo Edward.

– Mmm quien lo diría Edward Cullen un poeta de tomo y lomo; calma no pasará nada. Yo no dejare que se me acerque ni siquiera un milímetro – dijo mientras se acercaba con mucha decisión hacia Edward, tomo su rostro firmemente, y acerco sus bocas, dándole un beso, sutilmente invitándolo a iniciar una armónica danza. Mientras Bella capturaba los labios de Edward, las manos de Edward bajaron desde el cuello de Bella y recorriendo todas sus curvas, hacías sus caderas. Cuando llego a ellas, las tomo fuertemente y las presionó contra él; los efectos físicos se hacían notorios.

Despegando suavemente sus bocas Edward hablo – como desearía quedarme aquí contigo, haciéndote el amor todo el día, pero tenemos que partir – le dio un último beso. Se separado y tomo los bolsos de ambos, salió de la casa seguido por Bella.

Bella tomo una chaqueta de tiro corto justo antes de salir de la casa, pero se extraño de ver que Edward se subía a un nuevo auto, un Volvo XC60 1, negro. De donde había salido. Y además tenía casi todos los vidrios polarizados. Bella con un poco de reticencia se acercó al auto.

– Edward de ¿dónde sacaste este auto? – entre sorpresa y preocupación no sabía que hacia un auto nuevo ahí.

– Es tu nuevo auto, tu Audi TT, está en buenas manos, lo despache a Forks, a una casa que tenemos ahí, cosa que cuando vallamos a ver a tus padres tengamos un auto allí. Ahora este, es para tu seguridad, me iré conduciendo, pero solo a la ida, para que tú en la vuelta lo puedas conducir, yo me iré en la parte de atrás, lo más seguro es que estarás más vigilada para la tarde. Lo bueno es que este auto es a prueba de balas. Y como tiene vidrios polarizados, las cámaras de seguridad no me verán llegar. Por algo estoy de negro – le dijo Edward como contándole una aventura, sus ojos brillaban y cuando termino le saco un poco la lengua, como confesándole una travesura a su compañera de vida.

– Estás loco ¿lo sabías? , ¿Cómo pretendes que conduzca este camión?

– Amor no es tan difícil ya verás, y te sorprenderás hasta donde llegarías en este auto.

– Pero contigo, me muero si voy sola en este auto, ¿Qué pasa si me sucede algo?

– Bella por favor, amor calma, bien ponte el cinturón y concéntrate que nos vamos a la empresa.

Mientras Edward iba manejando, Bella iba concentrada en su mente, no se quería sacar la felicidad y el optimismo de esa mañana, había despertado con nuevas fuerzas, con unas ganas de vivir increíbles. Pero sobre todo compartir esas ganas con Edward, ganas de vivir sus sueños con él. Lo necesitaba como el aire; pero su cabeza era un plan armado. A penas se había terminado de vestir, su cabeza empezó a crear la actitud en como asumiría su enfrentamiento con Félix, tenía que demostrarle a ese tipo que ella no era cualquiera. Y lo que habían hecho con su departamento lo iban a pagar, pero con creces.

Edward iba concentrado en el camino, tenia temor. Obviamente iba a servir a Bella en bandeja de plata al estúpido de Félix Volturi, como nunca hubiera deseado; si, se estaba arrepintiendo, pero tenía que hacerlo de esa forma con el propósito de que tanto Bella como él mismo supiera cómo estaban posicionados los Volturi. Pero cada vez se convencía de que el fin estaba a la vuelta de la esquina. Pronto todo acabaría y estaría con Bella para el inicio de una nueva vida. Todo esto tendría que acabar.

Condujo la camioneta hacia la entrada de los estacionamientos de la empresa, justo detrás de Carlisle, dejándolos pasar sin la necesidad de verificar con el guardia quienes eran. Carlisle los había autorizado. Era de suma importancia que Edward no dejara rastro de su paso por la empresa el día de hoy.

Estacionando en uno de los recovecos más oscuros dentro del estacionamiento, que para maravilla de Bella y el plan, era el suyo propio, se bajaron de la camioneta. Carlisle se acercó a Bella para conducirla. Bella empezó a ponerse un poco nerviosa, perdió de vista a Edward, realmente era un buen agente, sintió que la camioneta se cerro, pero a Edward no lo sintió. Carlisle la obligo a caminar hacia el ascensor, aun por la sombra. Carlisle la tomo del brazo suavemente – Eleazar se marchó esta mañana, con Carmen e Irina.

– ¿Y mi mamá se quedo sola con Alice? – pregunto la voz de Edward casi en un susurro que hizo saltar a Bella – amor, calma soy yo estoy detrás de ti – tranquilizándola, se veía que estaba nerviosa.

– Bella, quédate tranquila todo irá bien – hablo Carlisle, en un tono paternal que tranquilizo un poco a Bella. También recordándole cuanto lo echaba de menos.

– Papá, necesito que tomes el ascensor más cerca de la puerta, para poder subir por las escaleras.

– Estás loco – le interrumpió Bella – ¿cómo pretendes subir por las escaleras hasta la oficina?

– Con mi buen estado físico, después de hoy en la mañana pensé que te había quedado claro ¿no? – ese comentario hizo sonrojando un poco a Bella, estaban frente a Carlisle.

– Por eso mismo no te preocupes Bella, primeros iremos a mi oficina hasta que Edward llegue a la tuya, no te dejaremos nunca sola, palabra de Cullen – le dijo Carlisle, emulando el saludo scout.

– Sí, claro amor, palabra Cullen, ¡papá por favor!, eso era cuando Emmett y yo éramos pequeños. Bella amor, solo entra a la oficina luego de mi mensaje, necesito tiempo también para entrar en la mía, pero lo más probable es Félix ya al haya revisado. Quiero que te calmes y actúes como si fuera un día normal, de acuerdo.

– Si, pero, no me preocupes más, no quiero que me dejes sola frente a Félix por favor – Bella se acerco entre la oscuridad a la figura sombreada de Edward, cogiendo suavemente cintura, apoyo su frente contra el pecho de Edward. Alzando un poco su rostro, lo miro profundamente a sus ojos, a pesar de la oscuridad pudo distinguir sus ojos preferidos, aquellas esmeraldas, donde pudo notar como la seguridad volvía a crecer nuevamente dentro de ella. Sin Edward no podría hacer lo que tenía que hacer.

Bella junto sus frentes, y los ojos de Edward se cerraron al mismo tiempo en que sus manos atraparon la cabeza de Bella, sosteniéndola suave pero firmemente, ambos se dieron un beso suave, como si estuvieran besando a la criatura más frágil que hubiese existido. Con calma juntaron sus labios, llevando a cabo una declaración de amor y de promesa de volverse a ver pronto.

Carlisle carraspeo sutilmente, y Edward se separó lastimosamente de Bella, no quería dejarla, era la hora de la verdad. No podría alargar más la situación, las cosas tenían que aparecer.

– Chicos, es hora de subir, Edward cuando llegues al piso avísame, tendré a Bella en mi oficina hasta que todo esté listo, como acordamos.

– Si papá, calma, solo te pido que por favor no dejes antes a Bella, déjala cuando sea inevitable, o sea cuando Félix aparezca. No quiero que la dejes antes – insistió Edward mientras seguía sosteniendo firmemente el rostro de Bella, acariciándola sutilmente, mientras ella cerraba los ojos firmemente, era como si estuviera rezando para que todo saliera de acuerdo a lo estipulado.

De un segundo a otro Bella se sintió desprotegida, Edward subía por las escaleras, demostrando su buen estado físico; magistral estado físico. Claro que eso ella ya lo sabía, lo habían puesto a prueba mucho últimamente.

Carlisle, con sutileza, apoyó su mano en la espalda de Bella para indicarle que debían subir por el ascensor. Había llegado el momento. Bella miro a través del espejo del ascensor y noto el cambio, Carlisle la miraba asombrado, se veía como ella asumía una máscara para prepararse al enfrentamiento. Pronto, llegaron al piso, era el momento que no podía fallarle a Edward por ningún motivo.

Cuando ambos salieron del ascensor, lo primero que vieron fue a Stanley caminando por el pasillo central al lado de Félix, y ambos, tanto Bella como Carlisle, tomaron razón de que las cosas se estaban complicando antes de tiempo. Stanley miraba duramente a Bella; y ella a su vez también, también podía ser dura y fría como un tempano, sin duda las facetas de Edward se le estaban mimetizando en su personalidad. Genial estaba aprendiendo inconscientemente. Félix estaba sorprendido de ver Swan en la oficina, era sin duda una grata, formidable y agradable sorpresa y sobre todo sin el rostro del imbécil de Cullen. Mejor, le estaba sirviendo en bandeja a Swan.

– Pero miren quien llegó si no es más que mí adorado tío Carlisle, y la nueva en el equipo, la bella Bella Swan, quien lo diría. Mujer pensé que no vendrías hasta dentro de unos días más, ¿cómo estas luego de lo de tu departamento? – le pregunto Félix, acercándose y asechándola de inmediato. Bella no cedió ni un milímetro en su mirada.

– Félix, tanto tiempo que no te veía. Por fin te digas a trabajar – le dijo en tono severo. Simplemente Bella no daba tregua, no era tan sencilla, si Félix quería acercársele, que le costara, por algo también ella era la novia de Edward Cullen, no era simplemente una mujer con la que se topo en el camino.

– Rayos Bella, que fuerte, realmente me sorprendes yo que pensaba que eras tierna como un lindo gatito en celo.

– No precisamente para ti Volturi – Bella quedo a unos pasos de la protección de Carlisle. Y dirigiéndose a su oficina con un caminar digno de matar a cualquier hombre, en especial Félix Volturi, que por primera vez se fijaba en lo maravillosa y engatusante que podría ser esa mujer – Carlisle, no te preocupes, dentro de 20 minutos seguimos hablando de ese contrato, primero quiero hablar con Ángela para ver como están las cosas… ¿ok?

– Si Bella no te preocupes, te espero en mi oficina – le respondió Carlisle, que atajo la indirecta de cambio de planes drásticos, lo harían a la manera de Bella, pero tenía que avisar pronto a Edward tendría que esperarse para entrar a la oficina de Bella.

Bella siguió caminando hacia su oficina, cuando sintió una fuerte mano asiéndola de su brazo, se dio vuelta y vio que era Jacob. Mientras con su mirada perspectiva vio que Félix despachaba a Stanley en el ascensor, pero el problema era que de donde había salido Jacob. ¿Por qué mierda estaba él precisamente en su oficina este días?, lo único que pedía Bella era que nada fuese a la mierda ahora.

– Jacob, maldición ¿qué haces acá? – le pregunto en un tono duro – ¿de dónde saliste?

– Te estado esperando en tu oficina.

– Lo siento Bella, trate de decirle que no recibirías a nadie, pero no me quiso escuchar – pidió disculpas Ángela.

– No te preocupes Ángela, ya veremos cómo solucionamos esto, llama a la oficina de Carlisle y dile que en una hora más estaré en su oficina. Y tu Jacob, pasa a mi oficina – ahora si las cosas estaban fregadas. Bella se acerco a Ángela le dijo muy cerca del oído solo para ella escuchara – atenta a la puerta de emergencia de las escaleras, Edward tocara en cualquier minuto para entrar, que nadie te vea lo llevas a mi oficina, ¿ok?

– Si Bella te pasare la llamada – le respondió Ángela en tono normal, Jacob se había acercado peligrosamente por detrás de Bella.

– Jacob te dije a mi oficina.

– Te estaba esperando – sin darse cuenta de que estaban hablando Ángela y Bella.

– No te pensaba llevar de la mano – con esto ahora más que nunca odiaba a Jacob, cualquier cosa podría pasar ese día.

– Bella, porque no me has devuelto las llamas, ¿qué te ha pasado?, ¿qué nos paso? – le dijo Jacob justo al entrar al despacho de Bella. Definitivamente ese hombre no entendía cuando las relaciones se terminaban.

– Jacob cuando entenderás que no quiero más, cuando entenderás que cuando dije basta era para siempre sin vueltas atrás.

– No te creo siempre, hemos estado juntos, desde niños, estamos hechos el uno para el otro, como no lo entiendes Bella. TENEMOS QUE ESTAR JUNTOS – Jacob se acerco peligrosamente a Bella, sus ojos estaban más negros de lo normal; y se le notaba que había perdido cualquier rastro de razón en su mente. Bella se sentía atemorizada y atrapada – cómo pudiste, yo te dije que no salieras de Forks, te dije que te quedaras conmigo en La Push, ahí podríamos tener nuestra familia perfecta, como debe ser. Quizás ahora estarías criando a nuestro primer hijo, tendrías todo lo que quisieras, no estarías pasando los peligros que ahora pasas. ¿Por qué Bella? Que necesitas para volver. TIENES QUE VOLVER. TE NECESITO EN FORKS.

– ¡Cállate! Tú no eres nadie para exigirme – pero Bella calló, Jacob había alzado su brazo, extendiendo su mano, y los sentimientos de temor del pasado habían vuelto con mayor fuerza, se sentía muy amenazada por el contexto de la situación, Jacob iba a pegarle de nuevo. Cerró los ojos fuertemente esperando el golpe.

– Tócale un pelo y te mato – dijo fríamente una voz. Tomando firmemente el brazo de Jacob y tornándolo hacia su espalda en un fuerte torniquete. La cara de Jacob se deformó, y Bella abrió los ojos luego del grito agonizante de Jacob – que no entiendes que ella no quiere nada más contigo, imbécil.

Bella vio que Jacob estaba contra el suelo y arriba de él, Edward apuntándolo con un puñal, con una rabia increíble su cara.

– Edward – los ojos de Bella se estaban llenando de lágrimas. Se había asustado, ahora que sus miradas se encontraron, la rabia creció aún más dentro de Edward.

– Que mierda haces aquí.

– Quien eres tú.

– Yo estoy haciendo las preguntas idiota, que mierda haces aquí.

– Vine a recuperar a Bella.

– Pues lamento decirte que llagaste más que tarde, muy tarde. Ahora has algo inteligente y vete, vuelve a tu refugio chucho, nunca más te quiero ver cerca de Bella; acaso no entendiste que no hay más. Ella ya no te quiere a su lado.

– Imbécil, quien eres tú para decir si puedo o no estar al lado de Bella. Ella me pertenece – y Jacob fue interrumpido por un fuerte golpe de parte de Edward. Este no le iba a dar tregua, como era posible que le levantara la mano a Bella; eso no podría ser.

– Edward basta, llamare a seguridad… cálmate por favor, Félix puede entrar en cualquier minuto.

– Nadie me sacara de esta oficina ¡ah! – se quejo nuevamente Jacob, Edward le había pegado como nunca antes nadie le había pegado.

– Chucho, o sales de esta oficina vivo o te mato.

– Suéltame.

– Bella llama a la seguridad.

– Pero eso hará venir a los demás y tú...

– Bella, llama a seguridad – el tono de Edward fue de orden, tenía que reaccionar antes que cayera en estado de shock, se notaba la desesperación en Bella, y él tenía que evitar eso ante todo – Bella cariño mírame, estoy aquí, nada te pasará.

La puerta se abrió fuertemente, a través de ella entró Carlisle y alguien que nadie se esperaba, Emmett, sin duda hoy era un día lleno de sorpresas.

– Emmett, ¿pero cómo? – Edward estaba muy sorprendido.

– Este es el imbécil que te pegaba verdad, ¡chucho maldito! – dijo Emmett dándole un puntapié.

– ¡¿QUÉ?, ¿este hijo de puta te pegaba? Bella, ¡BELLA! – Edward tenía sus orbes verdes en ese imbécil como se atrevió a pegarle a Bella – ¡hijo de Puta! – entonces sin más Edward se ensañó contra Jacob.

– Edward no, amor por favor, no; seguridad ya viene acuérdate que nadie te tiene que ver, por favor Edward – Bella sujeto por detrás a Edward, tratando de impedirle que siguiera pegándole duramente al casi inconsciente Jacob – no lo mates, no vale la pena. Jacob no vale la pena… Edward por favor, amor, por favor.

Edward paró cuando sintió las lágrimas de Bella en su cuello; había hecho llorar a Bella, no podía mostrarse frágil no en ese día. Rápidamente se giró hacia ella y se dirigieron al baño privado del despacho de Bella, se tenía que tranquilizar, sobre todo si entraba algún Volturi.

Con fuerza, la abrazo contra él, llenándola de consuelo y tranquilidad. Con cuidado, le empezó a decir cosas tranquilizantes en su oído. Mientras ella iba lentamente encontrando la paz.

– Calma, él no va a volver a tocarte, yo estoy contigo, nadie te tocara. Lo juro, amor, nadie te tocara un pelo. Todo saldrá bien; según lo que me alcanzaron a decir, estuviese genial con Félix, Jacob ya se fue. Todo saldrá bien esto pronto terminara; saldremos de la oficina y luego tendremos la continuación de nuestras vacaciones te lo prometo, nadie nos separará.

– Me lo prometes. Retomaremos lo que habíamos dejado allá en el Caribe verdad… sería genial, sería como el anticipo de nuestra luna de miel.

– O más bien nuestra luna de miel.

– Edward, ni si quiera me has preguntado… y ya estás pensando en la luna de miel. Yo quiero las cosas como dios manda. Por eso luego de esto nos iremos a un anticipo de nuestra luna de miel – dijo Bella ya recuperándose; su tono era muy cómico.

Edward se tranquilizo, dejándole un beso en su frente, abrió lentamente la puerta del baño para ver cómo estaban las cosas. Jacob ya no estaba en la oficina, estaba solo Emmett, permitiendo que Edward y Bella salieran del baño. Bella con un pañuelo, se estaba arreglando el maquillaje cuando reparo en la presencia de Emmett. Dando un pequeño chillido se le tiro a los brazos. Se estaba reencontrando con su casi hermano.

– Pero Emmett ¿cómo?, ¿qué haces aquí? – le pregunto Bella con un regocijo increíble. No podía creer la cantidad de emociones que estaba pasado el día de hoy. De las lagrimas a la felicidad de un segundo a otro.

– Vine a desempeñar lo que desde un principio tuve que hacer. Vine a apoyar a mi hermano. Como desde un principio – mirando fijamente a su hermano mayor, quien sabia que el brillo de los ojos de Edward era porque definitivamente la familia se estaba reuniendo de nuevo y todos en torno al apoyo hacia Edward.

– Gracias Emmett, de verdad gracias – Edward se infundio en un profundo abrazo con Emmett casi se sentía como una reconciliación, pero la cosa es que nunca se pelearon, solo era el esperado reencuentro – y Rosalie, ¿dónde la dejaste? – pregunto Edward, que sutilmente estaba sacando una lagrima de su ojo. Solo Bella alcanzó a notar ese gesto y eso la hizo quererlo aún más. Simplemente lo abrazo por la cintura, haciéndole saber que ella también estaba emocionada con el apoyo de Edward.

– Se quedo con mamá y Alice, están preparando todo para dejar la cuidad, Edward, al igual que papá creo que es peligroso mantenerse aquí, por lo menos déjanos llevarnos a Bella,

– ¡NO! – respondió firme Bella.

– Emmett, preferiría que todos ustedes dejaran la cuidad, pero tanto Bella como yo no podemos ni por un minuto. Así que mejor que ustedes partan. La bomba está punto de explotar.

Termino de hablar Edward cuando sonó el altavoz del teléfono de Bella, era Ángela anunciando la visita de Félix Volturi.

Bella soltó a Edward, y su cara cambio, sus ojos se volvieron fríos al igual que los de Edward, quien rápidamente se aprovechó de meter debajo del escritorio de Bella. Emmett estaba sorprendido, y con la voz baja le pregunto a ambos que tenía que hacer, y Bella le dijo que solo escuchara.

– Hazlo pasar Ángela, gracias – dándose vuelta y abrazando a Emmett le dijo al oído – no se tiene que enterar que Edward está en la habitación sígueme la corriente – sintiendo que la puerta se abría Bella hablo en voz alta – gracias Emmett, por tu apoyo de verdad muchas gracias.

– Pero que ternura Emmett no sabía que fueras sensible, en especial con mujeres que no son Rosalie.

– No Félix, primo, Bella es como mi otra hermana menor, está en la familia desde hace mucho tiempo, gracias a su amistad con Alice, ellas prácticamente son siamesas.

Sorprendentemente se abrió la puerta y entraron en gloria y majestad Rosalie y Alice.

– Si primo, Bella es prácticamente si siamesa y se puede saber ¿qué estás haciendo aquí?, porque que yo sepa, el consejo acaba de pedir tu renuncia – respondió Alice con aquel tono que congelaba a todos. En especial tomando de sorpresa a Edward y a Bella. Y sobre todo a Edward nunca pensó que sus hermanos y su cuñada harían acto de presencia.

– Alice, como sabes eso, tú ni siquiera trabajas en la empresa, eres una simple mantenida de papi.

– ¡Félix!, estás en mi oficina y te pediría educadamente que no insultes a nadie en mi presencia.

– Pero Bella, cariño porque tan arisca – Félix trato de acercarse a Bella. Pero el cuerpo de Emmett se lo impidió.

– Mira niñito de papi Aro, no te lo quiero repetir pero si vuelves a ofender a alguna mujer de aquí, te volverás a sentir como el niñito de 15 años que era mi punching ball preferido ¿te queda claro?

– Emmett – nervioso Félix – no he dicho nada, como se te ocurre que ofendería a estas lindas mujeres.

Edward estaba rojo de rabia y furia, solo quería azotarle la cabeza a ese Félix, como deseaba retorcerle el pescuezo.

– A que vienes Félix, de verdad tengo una reunión pronto con Carlisle y estoy apurada.

– Pero te veo tan bien acompañada.

– Félix no tenientes al diablo, de verdad que mi paciencia se está acabando, te repito ¿qué quieres?

– Bueno en realidad muchas cosas, entre ellas la posibilidad de conocernos, ¿qué opinas?

Alice, trató de esconder su risa, pero fue casi inevitable, inclusive Emmett y Rosalie, tenían gestos de risa en sus caras.

– Félix de verdad no puedes pretender que Bella tenga algo contigo, algo más que solo ser compañeros de piso en la empresa o mejor dicho que eran compañeros – dijo Alice.

– Félix honestamente, estás mal enfocado. Bella ya está comprometida, es más venimos a decirle que por la noche hay una comida en la casa de sus suegros. Si celebraremos de la manera más espectacular el compromiso de Bella y su novio; ¡ah! Se me olvidaba, tú y tu familia también están invitados – dijo Rosalie, con sus facetas de actuación y postura que dejo embobado y sin entender nada a Félix.

– ¿Como Bella, estás comprometida? – no pudo evitar preguntar Félix.

– Si primo, así que hay cosas de familia que hablar, di pronto la verdadera razón de porque te viniste a meter a la oficina de Bella – interrumpió Emmett sabiamente, impidiendo que Félix, preguntara quien era el afortunado.

– Yo…

Félix no podía hablar, los Cullen lo habían hecho de nuevo, o era Bella; lo habían sorprendido. ¿Cómo era posible?

En eso la puerta nuevamente se abrió. Quienes ingresaron sorprendieron a todos; eran agentes del FBI, con Carlisle al lado, Bella atinó a ponerse detrás del escritorio, cosa de estar más cerca de Edward y que supiera que estaba cerca de él. Edward con cautela se acerco donde Bella. De verdad hoy era un día de sorpresas Seth y el resto del equipo se habían adelantado de la mejor manera.

– Carlisle, que significa esto – pregunto Bella de inmediato.

– Señorita Swan, lamentamos la interrupción, pero tenemos una orden de arresto contra el Señor Félix Volturi – hablo uno de los agentes.

– ¡¿Cuáles son los cargos? – Félix pregunto sorprendido y desesperado.

– Son varios, pero creo que sería mejor que accediera, su abogado está afuera esperándolo.

– Solo dime los cargos, es mi derecho no pienso salir de esta oficina sin que me los digas – Félix ahora parecía una pobre rata acorralada.

– Bueno, empecemos – dijo chistosamente Seth, quien había sido reconocido por su voz, por Edward – en primer lugar contrabando de estupefacientes y varias drogas, lavado de dinero, estafa a la empresa de la familia Cullen. Así como también es acusado del la premeditación de los asesinatos de Tanya Denali y el agente del FBI Michael Newton. Y por último, también por premeditación, de la explosión del inmueble de la señorita Swan, aquí presente. Así que si nos hace el favor de salir de la oficina para proceder con la lectura de sus derechos – amablemente Seth.

Todos estaban sorprendidos, menos Edward pero todavía seguía oculto. Fantástico, Seth había descubierto las pistas que había dejado, sutilmente. Genial todo estaba saliendo de maravilla, ahora el único problema era lo que había dicho Rosalie para la noche. Maldición, maldición; necesitaría sacar sus armas.

Todos estaban impávidos, mientras Félix salía entre los dos agentes. Había caído un, ahora solo faltaba el otro y la misión estaba lista. Cuando sintió que la puerta se volvió a cerrar, Edward salió rápidamente de su escondite y abrazo a Bella. Se sentía con un peso menos, Félix había caído. Bella por su parte le confirmaba al oído que una parte había terminado, y a la vez le daba pequeños besos en su cuello y oreja. Alice y Rosalie, estaban sorprendidas Edward había salido de la nada, y además no sabían que estaba él ahí también.

Edward se giro a mirar a Carlisle; preguntando con la mirada si todo eso era verdad – si hijo, todo en orden y en verdad. Pero Aro sigue en el piso, no es recomendable que salgas de aquí.

Bella lo asió aún más a ella, estaba empezando el final ahora. Bella escondió su rostro entre el cuello de Edward y su hombro e inhaló profundamente. Necesitaba sentirlo de nuevo, muy cerca de ella. Edward miró a su familia, o parte que estaba presente – ¿dónde está mamá? – pregunto.

– Está afuera con Ángela la pobre se asuntó con Jacob, y luego con los agentes, paso por un periodo de mucho estrés – respondió Carlisle.

Edward estaba más tranquilo el escenario había cambiado. Y había que planificar más que nunca cual seria los pasos a proceder. Pero sintió el cuerpo de Bella que se movía un poco más de lo normal. Bajó su mirada y vio que Bella, estaba llorando en silencio. Había pasado por muchas emociones y extremas, en un periodo muy corto de tiempo. Tenía que contenerla y tranquilizarla, tenía que sacarla de ahí, no estaba lista para volver al trabajo todavía no.

– Bella, amor, calma, ya saldremos de esto. Todo volverá a la normalidad. Vamos, que aun nos queda otra prueba más. La cena que nos prepararon de un compromiso que todavía no hemos hecho… imagínate los astros están confabulando para amarrarme aún más a ti. Más de lo que estoy.

Bella alzo su cabeza y le sonrió, pero aun sus ojos estaban llenos de lágrimas. Estaba aun asustada.

– Bella ¿por qué sigues asustada?, es por el chucho verdad. Reviviste ese pasado que me tenias oculto… maldición lo voy a matar.

– ¡No!, no me dejes, te necesito.

– Edward creo que será mejor que saques tus cosas de tu oficina mientras sacamos a Bella.

– No, no me pueden ver. Será mejor mandar a alguien… Emmett, por favor, ve a mi oficina, con esta llave y saca todo, absolutamente todo lo que hay de la caja fuerte que está en el closet, a un costado de mi escritorio. Todas esas cosas, las llevas de inmediato a la casa. Son importantes para la investigación y la protección de la familia, confío en ti hermano.

– Si no te preocupes, vamos Rose – y tanto Emmett como Rosalie salieron de la oficina.

– Alice creo que será mejor que llames a Jasper. Necesitamos estar juntos ahora, si no quiere irse con nosotros, está bien, él te cuidara bien pero tienen que salir de la ciudad a primera hora mañana – le dijo Edward.

– Si hermano no te preocupes, creo que todos nos iremos al mismo lugar… vamos Bella, necesitas salir; vamos Bella – pero era inútil Bella no se movía ni un milímetro.

– No, Alice, por favor no la fuerces. Será mejor que se quede con Edward. Ángela ya se fue para su casa. Alice de verdad deja a Bella con Edward ella está en las mejores manos, está con quien quiere estar, no la puedes obligar. Mejor será que vallas con Jasper. Hija por favor, espéranos en casa – dijo Esme mientras trataba de alejar a Alice de Bella, quien no dejaba de presionarla para que la acompañara. Pero luego cedió ante la mirada de su padre.

Edward seguía abrazando firmemente a Bella, quien de apoco se estaba tranquilizando, Bella noto que estaban solamente ellos, Carlisle, Esme y Edward. Levanto su rostro y miro a Edward – me quiero ir, no quiero volver, no puedo – pidió.

– Si amor, ya nos vamos, pero es preferible que bajes en el ascensor, mientras yo voy por las escaleras y nos juntaremos ahí, luego iremos a la casa y descansarás. Pero no podremos perdernos la última función del show amor, tendremos que ir.

– Si, pero promete que estarás ahí cuando las puertas del ascensor se abran.

– Estaré.

Dándole un beso en la frente Edward desapareció tras la puerta de emergencia de la oficina de Bella, mientras Esme empezó a recopilar las pocas cosas de Bella.

– Vamos cariño, tenemos que bajar; Edward nos debe estar esperando.

Ambas mujeres entraron al ascensor, mientras Carlisle se quedaba en el piso.

– En una hora más estaré en casa Esme.

– No, dejare a Bella con Edward y luego subiré de inmediato, no te dejare solo.

Las puertas del ascensor se cerraron antes de que Carlisle pudiera objetar algo. Mientras el ascensor empezaba a bajar Emmett y Rosalie salían de la oficina de Edward.

– Papá; no puedo creer todo lo que ha hecho Edward. Me muero de la vergüenza de todo lo que le objete y exigí, cuando en verdad él estaba arriesgando su vida por protegernos.

– Si hijo, y eso es solo la mitad de lo que ha hecho Edward.

Mientras tanto en el ascensor, Bella quebró el silencio.

– Edward se entero de la peor manera de que Jacob era violento conmigo en nuestra relación. Siento vergüenza, no lo puedo mirar tranquila a los ojos. No me siento suficientemente apta para él. Esme lo he arruinado, mate mi relación con Edward – Bella se volvió hacia Esme, con unas pronunciadas lagrimas en sus ojos.

– Bella no, por ningún motivo, porque mi hijo iba a estar avergonzado por ti, como se te ocurre al contrario eres su razón de vivir. Edward lo único que desea es matar a Jacob, debes impedirlo ni tu ni yo queremos a un Edward asesino, corre peligro él y su carrera. Él te comprende y lo hará y es más, te apuesto que ahora él está justo al otro lado de la puerta de este ascensor esperándote con los brazos abiertos.

Y así era, Edward con sus fuertes brazos extendidos hacia Bella quien corrió a ellos.

– Edward yo subiré, luego iremos todos a la casa.

– Si mamá; ahora construyes planes cual agente del FBI.

Esme cerró las puertas del ascensor, y Edward tomando también las cosas de Bella, la levanto, llevándola en sus brazos hacia el jeep. La subió con sumo cuidado. Y luego él entro al puesto del conductor. Tomándole la mano firmemente, Edward condujo saliendo del estacionamiento de la empresa. Tenían que salir pronto de allí. En la salida, estaban todavía los autos de la policía, y algunos medios de comunicación. Menos mal que tenían los vidrios polarizados, nadie notaria que estaban saliendo.

Edward pronto acelero, sin soltar la mano de Bella. Pero ella de nuevo rompió el silencio – perdón por no contarte mi pasado. Es muy vergonzoso, no me siento apta para ti, no me siento suficiente para ti.

– Pero Bella, amor, perdón pero que estupideces estás diciendo, como puedes, ¡NO!, por ningún motivo Bella, tu eres… amor como puedes. Por favor no. Amor eres fenomenal, mi mejor complemento. Mi amor, mi mitad, mi compañera, Bella eres mi MUJER. No aceptare esta melancolía, lo que Jacob te hizo quedó en el pasado y ahí se va a quedar, vamos a empezar una nueva etapa en nuestras vidas, en donde serás la mujer que no pudiste ser al lado de él. Cumplirás tus sueños, todos ellos. Esa será mi nueva misión – dijo Edward, sin soltar su mano.

Bella se acercó aun más Edward. Y dándole un beso en la mejilla recargo su cabeza en su hombro – perdóname, por dudar de mi misma. Es que Jacob me descolocó, nunca pensé que se aparecería y me amenazara de nuevo.

– Si, mejor así. En la casa hablaremos, además nos vamos a comprometer, hay que ver el lado bueno de todo esto Bella, siempre hay que ver el lado bueno.

– Si, como por ejemplo que toda tu familia está aquí y te apoya incondicionalmente, y los hechos de hoy fueron sorprendentes pero a la vez, muy beneficiosos. Te amo Edward. Perdón por todo, pero lo único que pienso ahora es que te amo más que nunca. No sé su habría podido sobrevivir sin ti.

– Yo menos, y también lo que más se repite en mi cabeza es protegerte, amarte y adorarte. Ahora vamos a descansar y pensaremos como solucionaremos los problemas que quedan pero ahora necesito que duermas y te decantes las emociones – luego que Edward dijo eso, puso el CD de Debussy favorito de ambos, Claro de luna salió por los parlantes, haciendo que Bella se relajara, y al compas de las notas de piano, ir cerro sus ojos y cayó en los brazos de Morfeo.

1 Es el nuevo auto de Edward Cullen en la producción de Eclipse, si búsquenlo en google ¡es precioso!