Gracias por los reviews…qué bueno que les haiga gustado, lamento lo del problema con él, pero no me dejaba leerlo y me empecé a desesperar así que lo borre y lo subí nuevamente.
TIENEN QUE VER ESTO… ESTABA EN UN DIARIO INGLES… NO PUDE EVITAR DECIR "AWWW"… http . www. zerochan. net/ 982059
Nota: En este fic Alfred es mayor que Arthur, cuando nuestro cejon tenga 18 el gringo va a tener casi 21, y Alfie no usa lentes. Además después de cada separador, el tiempo cambia, es decir los chicos ya cumplieron más años. No va a ser muy largo…tal vez 5 o 6 caps.
Bueno espero les guste este capítulo….
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—Arthur no te puedes encerrar ahí hasta que cumplas 18— el francés se recargo su cabeza en la puerta con cansancio, le pego con su puño varias veces, esperando la respuesta del menor.
—Si lo puedo hacer bloody git— suspiro suavemente y bajo las escaleras.
Al no sentir la presencia del rubio, el chico abrió la puerta y se asomo al pasillo, iba a brincar de la alegría pero escucho los pasos del otro se iban acercando nuevamente a la puerta se encerró rápidamente en su habitación. Francis miro las llaves y tomo una de color gris plomo, introduciéndola con cuidado en la cerradura, empujo la puerta, listo para entrar, pero Arthur la empujo, tratando de que no la abriera.
—No sabes respetar la privacidad—
—No— contesto el francés divertido, empujando con fuerza y logrando que el chico cayera de sentón en el suelo.
Alzo una ceja divertido, poniéndose una mano en la boca para intentar que la risa no saliera de ella. El adolescente de doce años se tallo el trasero y se levanto rápidamente. El mayor observo el cabello enmarañado del futuro gobernante, si normal se miraba mal, imagínenlo después de despertarse. El chico frunció el ceño con aquellas enormes cejas que poseía y cuando cayó en cuenta de algo, se lanzo sobre la cama tapándose de pies a cabeza con la sabana. Francis lo miro extrañado y se acerco a la cama, sentándose en la orilla y jalando con cuidado la sabana.
— ¿Qué le sucede, príncipe?— seguía haciendo fuerzas para poder quitarle la sabana, pero parecía como si esta estuviera pegada a la piel del chico— Arthur, suéltala.
— No— y justo cuando el francés la jalo con fuerza el chico la soltó, haciendo que este se cayera de la cama.
— ¿Qué es lo que tiene?— pregunto sobándose la espalda el ahora joven de veinticuatro años, el adolescente miro sus piernas, a lo que el otro hizo lo mismo.
—Me empezaron a salir las mismas marcas que a mis padres—
La voz del niño sonaba apagada mientras tallaba con cuidado sus piernas, sobre estas se empezaban a extender unas líneas color blanco, imposibles de notar a simple vista debido a la blancura de la piel del príncipe, tomando formas de espirales y objetos extraños.
— Es común, a sus padres le aparecieron a su edad— el francés le sonrió con dulzura al mismo tiempo que se paraba— Cuando la magia se empieza a acumular dentro de usted, las marcas comienzan a aparecer, y también cuando su cuerpo empieza a cambiar, para dejar de ser el de un niño y pasa al de un adolescente.
El niño asintió y el otro se retiro, avisándole que en un momento haría el desayuno. Arthur se levanto cuando el chico salió, acercándose lentamente a la ventana. Lo único que miraba eran arboles y aunque Francis no lo creía, en el fondo se podía ver el castillo de su reino, bajo su vista, como siempre el camino estaba cubierto de nieve. Frunció el ceño y salió de la habitación, obedeciendo ante el llamado del francés.
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—… y eso fue lo que paso—
El comedor quedo en silencio cuando el hombre dijo la última palabra, los presentes se vieron entre ellos, dudando en decir una palabra o no. El hombre tomo la copa que había a un lado de su plato de comida y se bebió el licor de un trago.
— Entonces… ¿no me tengo que casar?—
El hombro dejo de hablar con la sirvienta y miro a su hijo, el menor se tenso al sentir la mirada severa de su padre.
—El reino de Waldeis no acepto el matrimonio, así que no— el hombro bebió un poco del contenido de la copa entre sus manos, ya la habían rellenado, y sonrió burlonamente— A menos de que quieras que te case, por ejemplo, la princesa del reino de Waldwasser.
—No, gracias— el chico miro al frente— no me quiero casar y menos con la niña bipolar— volvió su vista a su padre— ¿Qué vas a hacer para tener el reino?
— Pequeño Alfred, ¿no comprendes?— el chico de cabellos como los campos de trigo negó con la cabeza, lentamente— Vamos a atacar el reino y nos quedaremos con él.
La expresión en el joven rostro de apenas quince años pasó de ser de confusión a sorpresa, miro a su madre, que se había mantenido callada durante todo el desayuno, tratando de que esta dijera algo. La joven mujer levanto la mirada y le sonrió a su hijo con pena. El chico suspiro y miro sus manos, viendo como unas pequeñas marcas rojizas se extendían por ellas.
— ¿Cuándo piensas hacerlo?— pregunto finalmente de varios minutos de silencio.
— Por lo que se, el príncipe fue refugiado en algún lugar hasta que cumpla dieciocho años— entrelazo los dedos y recargo su barbilla en ellos, mientras que subía los codos a la mesa— Hasta entonces será.
El chico asintió y se levanto, retirándose del comedor. No le agradaba en lo mas mínimo tener que atacar un reino que nada malo les había hecho.
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Se levanto temprano, primero fue al baño e hizo sus necesidades y después fue a la planta baja, yendo hacia la cocina para tomar algo para comer. Pero con lo que se encontró fue con una puerta cerrada y una hoja con un escrito de la letra cursiva de Francis. "Se tiene prohibida la entrada al príncipe de Waldeis a esta cocina, por la seguridad de esta" eran las palabras de este, frunció el ceño y arranco la hoja, arrugándola y lanzándola al suelo. Intento abrir la puerta varias veces pero nunca lo logro. Se dio por vencido y se fue a su habitación a esperar a que el francés despertara.
Se baño, se cambio, leyó un libro se Shakespeare completo y el francés nunca se levanto. ¿Qué demonios le había sucedido, que el chico no llegaba?, ¿se lo habría comido un lobo, oso o algún otro animal salvaje?, tal vez, simplemente se había muerto por una mala masturbación. Mientras bajaba las escaleras se empezó a reír de sus propias palabras, mirando sus pies con atención, debido a las marcas blancas que se extendían sobre ellos, estaba a punto de soltar un carcajada fuerte cuando alzo la vista, mirando como un par de ojos azules lo miraban con confusión, lo único que salió de su garganta fue un grito de miedo.
— ¿De qué se ríe príncipe?— la ceja del francés se alzaba ligeramente mientras que con una de sus manos se tapaba la boca, con la intención de no reírse y que el heredero se ofendiera.
—De nada que te interesa, rana hija de puta— la mueca de ofendido que hizo el francés solo causo que el enojo en él se acumulara aun más.
Bajo los últimos escalones decidido a darle una patada en las bolas al de cabellos ondulados, pero cuando faltaban solo nos pasos para estar frente a el, el filo de una espada estaba frente a su rostro.
— ¡¿Qué demonios haces?— y aunque lo tratara de negar, aquello había sonado como un chillido…hecho por una niña pequeña.
— No crea que no debe de entrenar— el mayor se acerco a la puerta de la cabaña, agachándose para recoger un objeto en el suelo— a partir de hoy empiezan sus entrenamientos "militares"…impartidos por mí, claro.
— ¿qu…— antes de que pudiera empezar a reclamar, el chico lanzo el objeto que había tomado del suelo al joven príncipe de ahora 15 años.
El francés se fue a la cocina dejando al adolescente solo, este tomo el mango y la desenvaino lentamente, observando con cuidado los grabados que se extendían por la hoja. Respiceinhorizonteetquodregnuminquodetopus, quoderatmeaetnuncsuusvestrum...principemArthur, eran las palabras que había grabadas por el centro de este, tenía tiempo que no leía en latín y la mitad de las palabras no las entendía. La guardo nuevamente y la puso cerca de la puerta, entro a la cocina y mito como el rubio movía algo en una olla.
— ¿Para qué tengo que entrenar?—
Francis dejo de moverse y se giro lentamente para ver al rubio, observándolo fijamente, ya no era tan pequeño, había ganado varios centímetros y su cuerpo no era tan delgado, simplemente tenia mas forma.
— ¿Recuerda el Reino de Waldbrand?— el niño asintió lentamente, en fondo tenía el presentimiento de que no era algo bueno— Waldbrand…— se tallo la nuca nerviosamente— le declaro la guerra a Waldeis… ¡Pero! van a atacar hasta que el príncipe de ese reino tenga 21 años.
Fue ahí cuando sintió que su mundo se derrumbo.
A pesar de que sus padres lo mandaron a refugiar, habían firmado un tratado con el reino vecino y a pesar de eso iban a atacarlos. Durante todo un año se la paso entrenado, soportando heridas, caídas y golpes que el francés le daba, porque a pesar de ser tan afeminado resulto tener mucha más fuerza física que el. Siempre se tropezada con las raíces del los arboles cuando entrenaban al aire libre…pero no importaba, todo lo hacía por que amaba su reino.
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—Alfred—
El joven de 19 años dejo de moverse, mientras blandía la espada en el viento. Giro su cabeza observando como su padre entraba lentamente al cuarto de entrenamientos. Ambos par de orbes como el mismo cielo en los cálidos días de verano se encontraron, empezando una batalla para poder dominar al otro, y después de varios segundos termino ganando el mayor, que se acerco con una radiante sonrisa en el rostro.
—Estuve pensando…— el joven guardo la espada para después acercarse a los enormes ventanales, dejando que los rayos de sol pegaran contra su joven rostro— si el príncipe de Waldeis no muere en batalla, te casaras con él.
— ¿Qué?— el repentino giro que dio el chico hizo que por poco cayera al suelo.
—Lo que escuchaste— los pasos de su padre eran firmes mientras se acercaba a él— Te vas a casar con él, si después quieres violarlo, matarlo o algo, es tu problema.
—Pero…padr…—intento replicar el joven.
—Nada de peros— cuando sintió el filo de una espada en su cuello no pudo evitar tensarse, el rey la pego aun mas contra su cuello, logrando que un pequeño hilo de sangre empezara a correr por su pecho desnudo, puesto que entrenaba sin camiseta— Harás lo que yo diga.
—Sí, Padre—
El hombre despego la espada del cuello y dejo que el chico se retirara. Mientras caminaba por el enorme pasillo tocaba su cuello, con la intención de que no saliera más sangre. Llego a la enorme habitación que le pertenecía y tomo ropa del armario de tamaños monumentales. Fue al baño y limpio con un pañuelo la herida, volvió a su habitación y se vistió con aquella fina casaca color negro de adornos en oro en conjunto con pantalones del mismo color, tomo la capa roja y se la puso, al igual que las botas de cuero color café, y por orden de su padre, puso sobre su cabello una corona de plata, resaltando entre los cabellos de oro con facilidad.
Salió de la habitación y avanzo rápidamente entre los pasillos, haciendo que los empleados se movieran rápidamente, al parecer el príncipe estaba enojado. Cuando llego a la puerta del palacio escucho la voz de su madre hablarle, la ignoro y salió del, caminando rápidamente hacia el establo, montando rápidamente el caballo color negro y alejándose del castillo y de el pueblo rápidamente, haciendo que la capa se ondeara con el viento. Sin darse cuenta ya se estaba acercando a la división de Waldeis y Waldbrand. Hizo que el caballo bajara la velocidad y fue cuando paso por un lugar que llamo su atención que se detuvo por completo.
Se bajo del caballo y camino hacia ciertos arbustos a su derecha, frunciendo el ceño ligeramente.
— una cantidad considerable de magia se desprende de aquí— acerco su mano cubierta por un guante de cuero café lentamente y toco con cuidado una de las ramas, en cuanto lo hizo sintió como una pequeña descarga eléctrica recorría todo su brazo— Demonios.
Cerró los ojos y estiro su brazo, recitando unas palabras por lo bajo, las ramas se movieron lentamente y el joven abrió los ojos, observando el camino. Dio un paso y entro, no sin antes amarrar el caballo en una rama, la temperatura bajo considerablemente, era común, en el reino de Waldeis era mucho más común el frio que el calor. El camino que se extendía ante él era hermoso, nieve por el suelo y sobre los arboles, y a lo lejos se podía apreciar un lago completamente congelado.
Empezo a caminar, mirando hacia todos lados como un niño pequeño dentro de una tienda de juguetes. Cuando iba a la mitad del camino escucho como ligeros ruidos se escuchaban, puso la mano en la empuñadura de la espada que colgaba de su cadera, listo para atacar a quien se acercara, podía escuchar la respiración de alguien. Saco la espada y se puso en posición, y sin imaginárselo los pasos se escucharon detrás del. Se giro rápidamente pero…no había nada. Guardo la espada y frunció el ceño, los sonidos se volvieron a escuchar frente a él, bajo la mirada y alzo una ceja al ver lo que había sobre el suelo.
—Pero si solo eres un pequeño conejito— se agacho tocando con cuidado la cabeza del animal, escucho pasos detrás del, sonrió burlonamente y puso su mano sobre la empuñadura lentamente.
Cuando escucho el grito de guerra dado por aquella persona logro que se girara rápidamente, el conejo se fue del lugar y el quedo con una rodilla sobre el suelo y la otra doblada, apoyándose en una de sus manos, mientras que con la otra intentaba parar el ataque de aquella persona…aquella persona que poseía los ojos verdes más bellos que había visto en su vida.
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