FELIZ DIA DEL AMOR Y LA AMISTAD…O SAN VALENTIN!...me vale como se diga, es mañana pero que se la pasen bien con sus amigos y sus novios si es que tienen(que en el fondo desearíamos que fueran un personaje de hetalia) Gracias por los reviews! La verdad es que no esperaba tantos….pero ya… ya presente mi obra de vaselina, y aunque no lo crean ¡a la maestra le encanto! Dijo que fue de las mejores obras que le presentaron.

Contestando algunos reviews.

MyobiXHitachiin: no juego con tus sentimientos…simplemente me gusta ser mala y dejarlas con la duda :)

ShirayGraunt: no te deprimas! No me gusta que la gente este triste… es tan…triste... en realidad, por accidente volví a subir el segundo capítulo, a mí también me llego la notificación del tercer capítulo, y mi cara era de "WTF, si yo no he escrito el tercer capítulo…!a la verga!(expresión mexicana para demostrar sorpresa XD) me han hackeado el fanfiction", asi que me puse a hacer cuentas y me di cuenta de que era error mío U.U sobre las marquitas no te puedo decir, puesto que se revelaría parte de la historia.

Bueno, el padre de Alfred me salió medio malo…bueno un poquito más que malo, seria malvado…pero es necesario, por el bien de la historia. No me agrado mucho el capitulo, no se, como que le falta algo.

Ojala también les guste este capítulo…

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— ¿A dónde va, príncipe?—

El chico termino de abrochar los botones de la camisa de seda blanca, guardando el collar con forma de cristal dentro de ella, y giro su cabeza para mirar al francés, que lo observaba confundido.

— A pasear al bosque—

El otro hizo mueca de sorpresa y se empezó a acercar al heredero, que se ponía las botas cafés, para dejarse caer sobre él. El chico lo empujo y tomo la capa blanca sobre el perchero, poniéndosela rápidamente.

Mon petit, al fin vas a salir de tu cueva— la fascinación en la voz del rubio era notoria y lo único que lograba era molestar al rubio.

— ¿Tienes algún problema con eso?— pregunto fieramente el de ojos verdes, ahora poniéndose los guantes negros, Francis negó con la cabeza.

—Al contrario, me alegro mucho— cuando Arthur abrió la puerta dispuesto a irse, el francés lo detuvo por el hombro— Es mejor que te lleves la espada.

— ¿Para qué demonios iba a querer la espada?—

—Por si acaso, a lo mejor alguien ha logrado entrar al bosque…entonces así si te podrás defender—

Arthur asintió y fue por la espada, colgándola en el cinturón que llevaba puesto y salió de la casa. Lo único que miraba era la nieve extendiéndose por todo el lugar, era bellísimo. Sus pasos eran lentos y calmados, como si con la pisada más leve la belleza del lugar iba a desvanecerse. Un sonido proveniente de los arbustos lo distrajo y por poco lo hace caer, busco al causante y lo primero que miro fue un conejito blanco.

—Hola pequeño… ¿qué haces por aquí?— puso al pequeño animal frente a su rostro y sonrió levemente, siempre le habían gustado los conejos.

El problema era que uno de sus niñeros, Scott, siempre que lo veía con uno, lo tomaba y le tiraba una flecha, aquel niñero siempre fue muy cruel con el…además de que se la pasaba fumando todo el tiempo. Continuo con su caminata por el enorme sendero, fue entonces cuando descubrió una figura en la distancia. Parecía un hombre, podía ver como su capa se ondeaba suavemente, al principio no logro reconocer el problema en esto, pero sí lo hizo cuando este se encontraba a varios metros del…para su suerte parecía ser algo distraído.

Sin soltar al pequeño mamífero se adentro en los arboles que había a los lados del sendero, tratando de escabullirse entre ellos. El chico lo noto el sonido de sus pasos y se detuvo, momento que aprovecho para observarlo con atención. La piel del chico era blanca pero no lograba superar a la suya, sus cabellos eran dorados y entre ellos resaltaba una corona plateada, lo cual solo le daba una respuesta, este era un gobernante de algún reino. Pero… parecía demasiado joven para serlo.

— Lo siento pequeño— murmuro el rubio y soltó al conejo, dejando que caminara detrás del chico, que ya había desenvainado su espada, dispuesto a atacar a quien se le travesara. El chico se giro y luego miro hacia abajo, agachándose después para tocar la cabeza del pequeño animalito que segundos antes había estado en sus manos.

—Pero si solo eres un pequeño conejito—

Arthur aprovecho el momento y saco su espada lentamente, parándose detrás del su víctima. Sin evitarlo un grito de guerra escapo de su garganta. Mala idea. El chico se volteo rápidamente parando el ataque con su espada. Se notaba que este también entrenaba. Miro el rostro del joven, observando aquellos ojos azules como el mismo cielo que vio junto a sus padres cuando era pequeño. Este lo miro como si estuviera embelesado y el de ojos verdes frunció más el ceño. Se despego del chico y dejo que este se levantara con un elegante salto hacia atrás. El sonido de ambas espadas chocando era lo que se escuchaba únicamente en el bosque.

Cada vez que sentía el filo de la espada del chico cerca de su garganta, no podía evitar temblar ligeramente. Con Francis era diferente, este siempre iba tener cuidado de no lastimarlo, pero aquí era el contrario…la intención era lastimarlo e incluso matarlo. Estar pensando en otras cosas y no concentrarse en la pelea no era bueno, un golpe lo mando directo al suelo, cayendo recostado sobre la nieve, se levanto de un brinco, y cuando se paro, lo primero que sintió fue el filo de la espada tocando su barbilla, mientras que la levantaban con cuidado.

—Parece que tienes practica— la voz joven del chico hizo que lo mirara a los ojos, este tenía una sonrisa burlona en el rostro—Pero no la suficiente.

Eso hizo que su sangre hirviera, quito la espada de su barbilla de un golpe con el antebrazo y le proporciono una patada en el rostro al otro, mandándolo al suelo. Se tiro sobre él, decidido a partirle el rostro con el arma, pero este atravesó la espada a lo largo, parando el ataque. Ambos ojos se miraban con furia, dispuestos a asesinarse con la mirada. Pero el de ojos verdes relajo el ataque, haciendo que él otra hiciera lo mismo, levantándose del torso de este. El chico hizo lo mismo, guardo su espada al igual que el de ojos verdes y pasó una mano por el cabello, intentando peinarlos nuevamente, dándose cuenta de que la corona ya no estaba sobre ellos. Abrió los ojos con sorpresa y empezó a mirar a los lados, buscándola con la mirada. Arthur alzo una ceja y miro hacia el lago, viendo como un objeto brillaba sobre el centro de este.

Comenzó a avanzar hacia a él, siendo observado por el rabillo del ojos por el chico de ojos azules. Se paro en la orilla del lago, dudando en pararse sobre él, existía la posibilidad de que el hielo se partiera y cayera al agua fría, muriéndose de hipotermia después. No. No valía la pena morir por la corona del chico que casi lo mata. Iba darse la vuelta para irse y dejar al otro a su suerte, pero este llego y se paró a su lado, sin pensarlo piso sobre el hielo, partiéndose este al instante, haciendo que su pie se hundiera. Arthur reacciono y lo tomo del brazo parándolo sobre la orilla nuevamente. Se quedaron viendo la corona, como si intentaran que a esta de salieran piernas y viniera hacia ellos

—Ve tú por ella— menciono el dueño de la corona después de unos minutos.

— ¿Por qué yo?— replico el de desordenados cabellos rubios— Es tuya, arréglatelas tu solo.

— Vamos ayúdame, de seguro tu eres más liviano que yo y el hielo no se quiebra contigo—

Miro fijamente los ojos del otro, perdiéndose lentamente en ellos y en el rostro del rubio. Bajo la mirada sonrojado y suspiro con desgano. Piso con el cuidado más grande del mundo el hielo, escuchando como esta crujía levemente, se recargo por el completo y puso el otro pie, nada sucedió. Empezó a caminar con el mismo cuidado, poniendo al otro nervioso, hasta llegar a la corona, se agacho por ella y sonrió triunfante, el chico parado en la orilla suspiro con alivio. Se giro lentamente y cuando dio el primer paso…resbalo. Cayo de sentón en el suelo y por consecuente el delgado hielo se partió dejándolo caer al agua. El otro en cuanto miro esto, rompió el hielo frente a él y se lanzo.

Sentía como si dagas fueran atravesando su cuerpo lentamente, con la intención de causarle más dolor, abrió los ojos y lo primero que miro fue un par de orbes azules que lo miraban con preocupación. Por el rostro del chico empezaban a brillar pequeñas marcas rojizas que llamaban su atención. Cerró los ojos nuevamente, esperando su muerte con paciencia.

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Abrió los ojos y se sentó con brusquedad, mirando donde se encontraba. Seguía en el mismo lugar, justo a un lado del lago. Se paso una mano por el cabello y observo los dos agujeros sobre el lago, Una brisa de aire paso y sintió congelarse, seguro por el hecho de que había caído al hielo. Aunque…en su mente tenía una duda, ¿Cómo demonios había salido del agua y había sobrevivido a una hipotermia?

— Ya despertaste—

Giro su cabeza hacia donde la voz provenía, observando el par de ojos azules que lo miraban con alivio. Frente al chico había una pequeña fogata, de seguro para que el chico mantuviera el calor corporal. Se acerco lentamente y observo con cuidado el objeto que había a un lado del.

—Gracias por sacar mi corona— la sonrisa nerviosa de este causaba el mismo sentimiento en el— Casi te costó la vida.

—No hay de que— contesto simplemente— Y gracias a ti por sacarme del lago, arriesgando tu vida.

—No fue nada— el recuerdo de lo sucedido horas antes vino a su mente con claridad y cerró los ojos para poder recordarlo bien.

En cuanto entro al agua, abrió los ojos, sintió como estos le picaron, pero continuo nadando hasta llegar al cuerpo del chico, todo estaba oscuro y a pesar de eso lo pudo encontrar. Se acerco a él y le miro el rostro, este abrió los ojos cuando lo hizo. Sin darse cuenta su cuerpo activo esa protección que tenía contra el frio, siendo notable en el destello que desprendían las marcas sobre su piel. Tomo al chico por la cintura y nado hacia el agujero que él había hecho. Saco la cabeza y tomo una bocanada de aire, aventando al chico sobre la nieve y luego saliendo por sí mismo.

Empezó a respirar fuertemente, las marcas rojizas brillaron un poco más fuerte y que tenía desapareció por completo. Miro al joven, acerco su oreja al rostro de este, sintiendo la respiración entrecortada de este. Abrió la camiseta de este rápidamente y puso una mano sobre su pecho. La piel casi azulada del frio cambio de color, aunque no hubo mucha diferencia, el chico ya era pálido por sí solo. Miro el pecho de él, algo le llamaba la atención pero no era capaz de identificarlo. El rostro del chico había cambiado de expresión, siendo la de ahora completamente pasiva.

Pero hubo un detalle del rostro de este que llamo su atención, el color no había vuelto a sus labios. Acerco su rostro al del sin pensarlo dos veces, sintiendo como poco a poco ambas respiración se empezaban a mezclar, estaba punto de darle un pequeño roce a los labios del chico cuando este movió una de sus manos. Dio un brinco y su respiración se acelero notoriamente, la sangre se acumulo en sus mejillas lentamente, ¿Qué demonios estuvo a punto de hacer? Miro la mano del chico, abriendo los ojos en sorpresa al ver lo que había entre ella.

Su corona, a pesar de lo sucedido el chico nunca soltó la corona. Miro nuevamente su rostro sonriendo alegre, se quito el guante y puso su mano sobre los labios del chico, liberando una pequeña ola de calor, cuando retiro la mano estos ya tenían su color rosado de vuelta. Se le quedo mirando y sin darse cuenta, iba acercando su rostro al del chico lentamente… no había nada de malo si lo besaba, al fin y al cabo este nunca se iba a enterar.

—Creo que ya es tiempo de que me vaya— Arthur se levanto y sacudió su ropa, quitando los pequeños copos de nieve de ella.

—Espera— el chico se levanto, al igual que el—No te puedes ir tan rápido…— ambos se volvieron a sentar en la nieve— ¿Cómo te llamas?

— Arthur— la desconfianza en la voz del chico era notoria, tanto que su voz temblaba ligeramente.

—Yo soy Alfred y tengo 19 años— el otro frunció el ceño y suspiro suavemente.

— Tengo 16 años— las cejas de Alfred se alzaron con sorpresa para después sonreír levemente.

— Suponía que eras menor que yo— Arthur relajo el ceño un poco y alzo una de sus enormes cejas— Tu cuerpo lo demuestra.

El de ojos verdes hizo gesto de entender y se quedo viendo fijamente el rostro del otro, como si intentara atravesarlo. Observo la corona a un lado del rubio y una duda cruzo por su mente.

— ¿Eres príncipe?— Alfred lo miro confundido y después asintió levemente— ¿De qué reino?

— W-Waldbrand—

El mundo se detuvo para Arthur unos instantes, apuño sus manos lentamente. Aquel reino había mandado a asesinarlo cuando era menor, y hace unas cuantas horas por poco y lo hacen. Hizo ademan de levantarse pero una mano sujeto la suya, miro hacia un lado encontrándose con aquel par de orbes azules, más claras que los mismos zafiros. La mano del rubio era tibia, emanaba calor a pesar de estar en medio de la nieve, comparación con la suya que parecía que estaba a punto de congelarse.

— Creo que ya me tengo que ir— dijo Arthur soltándose del agarre y parándose.

— ¿Tan rápido?— pregunto decepcionado el de traje negro.

—Mi tutor se va a preocupar— Se agacho por la espada tirada a lo lejos y la acomodo en su cinturón.

— ¡Tengo una idea!— Exclamo Alfred de pronto, el otro giro su cabeza mirándolo indiferente— ¿Qué tal si nos vemos aquí todos los miércoles?

— No lo creo posible—

— Oh! Vamos… no seas amargado, yo se que tu quieres— Se acerco al chico y lo tomo por los hombros, haciendo que este lo mirara a los ojos— Por favor…así podernos ser amigos.

Esa palabra resonó en los oídos del ojiverde por varios segundos. Desde el accidente en el palacio, no había tenido a nadie que considerara amigo, y no, Francis no contaba. Para él no había problema venir, el problema era la persona… Iba ser amigo de su enemigo. Pero como dice la frase Mantén a tus amigos cerca, y a tus enemigos aún más cerca. — Esta bien— Sonrió levemente y quito las manos del chico de sobre sus hombros. Empezó a caminar, alejándose por el enorme sendero, el otro solo lo miraba alejarse con una enorme sonrisa plantada en el rostro. Arthur caminaba lentamente por el sendero que lo llevaría directo a la cabaña, volteaba de vez en cuando para ver como el otro chico se alejaba al igual que él, en el fondo, muy en el fondo, se estaba muriendo por que el miércoles llegara y ver nuevamente aquel par de ojos azules, aunque no tuviera ni un minuto de haber dejado de verlos. .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. ¿Reviews?