Miraba el camino que se extendía al lado del carruaje, enormes paisajes verdes con arboles a lo lejos. Apretó suavemente los pantalones que llevaba puestos, completamente nervioso. Después de 12 años de no ver a sus padres, simplemente se ponían nervioso sin razón. Miro al frente y se encontró con el rostro de Francis sonriente.
— ¿No está alegre, príncipe?— menciono el tipo, viendo como el carruaje comenzaba a bajar la velocidad.
—…si…—
Entonces fue cuando los escucho, los gritos, asomo su cabeza por la ventana y observo el pueblo, la gente llorando y gritando de alegría.
Alegría de ver al futuro gobernante del reino en casa.
Sonrió suavemente y saco una de sus manos para saludar a la gente, que intentaba acercarse y tocarla. Francis sonreía mientras se cruzaba de piernas y miraba con atención al joven. No lo había visto muy feliz cuando se vinieron pero al parecer la alegría ya había vuelto a él. Cuando los gritos se hicieron más bajos, Arthur saco su cabeza por la ventana, observando la enorme edificación que se extendía frente a él. El palacio real.
Su hogar.
Cruzaron el pequeño puente que había para después poder pasar por entre medio de los bellos jardines. Miles de rosas blancas cubrían parte del, era precioso.
—Parece que se esmeraron en el arreglo del jardín— murmuro el rubio mayor, el otro solo asintió.
El carruaje se detuvo por completo, justo frente a la entrada principal del castillo. El conductor se bajo y abrió la puerta para que los jóvenes salieran y en cuanto puso un pie en el suelo, las puertas del castillo se abrieron estruendosamente, ni si quiera tuvo tiempo de reaccionar cuando ya lo tenían envuelto en un fuerte abrazo.
— ¡Arthur, hijo mío!— grito una voz femenina, el chico se separo levemente y miro a la mujer ligeramente confundido.
— ¿Madre?— pregunto quedamente.
—Quien más iba a ser Arthur— menciono ella, las lagrimas cayendo desde sus ojos verdes hasta su barbilla, donde caían lentamente sobre su pecho.
—…es que te vez tan…vieja— la mujer frunció el ceño, mientras que el chico le sonrió levemente.
— Ignorare eso— lo tomo de los brazos y lo sacudio delicadamente— ¡por dios! ¡Estas tan grande y…guapo!
—Gracias— murmuro el apenado, miro a su alrededor, la mayoría de los sirvientes estaban reunidos afuera, incluso su tutor cuando él estaba pequeño, ¿Roderich? O algo así.
— ¡Hijo!— levanto la vista, la máxima autoridad del reino avanzaba hacia él, en otras palabras su padre. En pocos segundos el hombre ya lo estaba abrazando.
—¡Qué bueno verte de nuevo, padre!— el hombre separo y le tomo el rostro entre las manos, observándolo con cuidado.
— estas tan grande…y conservaste las cejas— el mayor le paso los pulgares por el lugar mencionado— Creí que Francis te las depilaría… ¡¿pero qué hacemos aquí?...¡hay que pasar adentro! ¡Esta noche tenemos fiesta! ¡Francis, prepara el mejor banquete!
—pero… ¿Qué hay con la guerra?— pregunto Arthur.
— Mañana nos preocupamos por eso…mientras hay que disfrutar el momento—
El hombre lo tomo por los hombros y segundos después tenía a su madre abrazándolo por la cintura. Su padre lo mando a cambiarse para que después varias sirvientas se lo llevaran jalando a su habitación, su madre caminaba detrás del, observando sus movimientos. En su cuarto, solo podía mirar ropa volando por todos lados y su madre discutiendo con las sirvientas, sobre cuál era el mejor traje para ponerse para la noche y cuando lograron decidirse llego lo peor.
Desvestirlo.
Solo pudo ver como las sirvientas, todas jóvenes y de rostro bonito, se acercaban a él con una sonrisa maliciosa, mientras que su madre solo reía levemente. Lo jalaron y toda su ropa salió volando en cuestión de segundos, lo único que pudo hacer fue jalar la sabana que había en la cama y enrollarse torpemente en la cintura para cubrir sus partes íntimas. Las chicas solo rieron junto con la reina.
— ¡¿Qué es tan gracioso?— pregunto él con el rostro sonrojado.
—Tu cara, cariño— contesto la reina—…ahora sí, chicas primero denle un baño.
— ¡Sí!— gritaron animadamente las sirvientas, ahora que las contaba eran 5.
Y antes de que pudiera quejarse ya lo habían lanzado a una enorme tina de baño con todo y sabana. Estaba llena de espuma, para su suerte. Las sirvientas rieron levemente pero la reina entro y mando a que todas se salieron, indicando que ella se haría cargo. Arthur, inconscientemente, jugaba con la espuma en sus manos, riendo levemente, hasta que sintio algo sobre su espalda.
— ¿Madre?—pregunto él, después de girarse para ver a la persona, quien tallaba su espalda con un trapo húmedo— Tú no deberías de hacer esto, es trabajo de las sirvientas.
—Cuando…—intento ella empezar a explicar— Cuando eras un bebé, yo nunca tuve la oportunidad de bañarte ni de cuidarte, ni siquiera jugaba mucho contigo. Ellos siempre me decían que era responsabilidad de las sirvientas hacer eso. Cuando creciste un poco mas fue lo mismo..y después te fuiste… ahora quiero aprovechar lo que no viví junto a mi único hijo durante todos estos años.
Arthur sonrió levemente y dejo que su madre lo ayudara.
—Es extraño— murmuro el menor— El agua no se congela cuando la toco.
—Es porque tiene algo especial para que eso no suceda… a tu padre siempre le ocurría lo mismo cuando estaba más joven, entonces creo esto, así que ya no pasa mas— termino ella sonriente.
Cuando terminaron, el chico salió de la tina y la mujer le paso una toalla... En su habitación estaban las sirvientas, quienes le ayudaron a ponerse el traje. Le recordaba a los que vestía Al…se sonrojo con solo pensar en esa persona, aunque en realidad estaba reprimiendo las lagrimas. El traje consistía en una casaca blanca, con botones plateados y miles de adornos del mismo color, pantalones azul marino y botas cafés. Guantes blancos y capa, del mismo color que los pantalones, sujetada por las hombreras de la casaca. Las sirvientas lo sentaron en una silla e intentaron peinar su cabello, cosa imposible, al final lo dejaron así.
La Reina se acerco con una caja entre las manos, y se paro frente a Arthur, abrió la caja y el menor observo el contenido sorprendido. Una corona de plata, con incrustaciones de diamantes y zafiros, era hermosa.
— Tu padre y yo la hemos mandado a hacer desde hace mucho…no sé si te queda bien, pero después de la guerra te prometo que te mandare a hacer otra mucho mas bonita— menciono la reina.
Entonces coloco la corona sobre la cabeza de Arthur. Este se levanto y se acerco al espejo frente, sin creerse lo que miraba. Su madre puso sus manos en los hombros de él y le sonrió al reflejo.
—...bienvenido a casa, príncipe…—
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Ya se esta, recortito…..!ODIO EL RELLENO! Pero tenía que subir algo… esta es solo la llegada de Arthur a su hogar, asi que falta mas, la guerra y el final que nos hace vomitar arcoíris de lo dulce, que se nos da diabetes a todo lo que da. Pero bueno…Son dos capítulos más, porque dividi uno… espero y les haya gustado este…
PD: el segundo capitulo de My Guardian Angel esta en trabajo…
PD2: Se dan cuenta que el apellido de mi cuenta es Engel lo cual significa ángel en alemán (Eso k?)
PD3: sabían…nahhh! Ya nada :)
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